Portada

Artículos y fuentes Actividades-aula

Arte y Filosofía

Hª de la filosofía

Imaginario filosófico

Libros- reseñas

Entrevistas, links,noticias,...

Comunidades de la Caverna

Philo-Chat News-filosofía

 

LAS FUERZAS DE LA VIDA, 2

Invitación a la lectura de Pasajes al posthumanismo, de Simón Royo (segunda parte)

Luis Fernández-Castañeda

Aludimos aquí sólo a algunos de los problemas que trata el libro que comentamos, sin afán exhaustivo ni recapitulatorio, sino como invitación que es a su lectura.

 

 La cuestión de Marx

 Aún hoy, nadie que lea la tesis XI sobre Feuerbach (“Los filósofos sólo han interpretado diversamente el mundo; de lo que se trataría es de transformarlo”), de Marx, puede permanecer impasible. Más aún, estas palabras escritas en Bruselas (¡vaya!) en 1845, aunque publicadas por Engels en 1888, son la semilla de la que brota buena parte del pensamiento moderno, como esperamos mostrar en otro lugar. Este libro se concibe a sí mismo como una investigación postmarxista en la estela de la Teoría Crítica.  Realiza una crítica a determinadas posturas de Marx, reivindicando al mismo tiempo su gesto político, su voluntad de transformación. ¿Se ha pensado un mundo mejor que el del comunismo, entendido como el derecho de acceso de todo individuo a lo mejor? Como con el resto de las tradiciones de pensamiento, no practica el autor ni un ataque ni una defensa a ultranza: se trata más bien de aprovechar todo lo bueno que se nos pueda ofrecer. A estas alturas, sería indecente por insensato formar banderías o forjar ortodoxias. Cuando nos estamos jugando el sentido de la cultura y de la vida, lo que se impone es un nuevo eclecticismo. Palabra denostada y de mala prensa, signo de un pensamiento estancado, esconde sin embargo una potencialidad aún por explorar.  

 

Los obstáculos para una ciudadanía crítica

 Del máximo interés resulta el análisis que hace el autor del estado de la educación ciudadana en nuestro tiempo. Siendo una base imprescindible para la democracia, clasifica a la población por su distancia respecto al ideal de ciudanía crítica, describiendo los grupos que resultan de ello. En general, nuestro sistema socioeconómico hace todo lo posible para evitar que sus habitantes ejerzan el pensamiento libre, y los modos en que lo hace, junto con sus consecuencias, constituyen una de las partes más llamativas y originales del libro.

 

 La cuestión mesiánico-escatológica

 Si bien el capitalismo necesita de la energía vital de los individuos -así concluíamos la primera parte de esta reseña-, esto sólo debe producirse cuando el potencial revolucionario de dicha energía haya sido desactivado. Esa es la labor ideológica del nihilismo. El cercenamiento de las esperanzas vitales, es decir, el nihilismo, tiene prioridad sobre cualquier otra operación. De lo que se trata, más concretamente, es de impedir que las fuerzas de la vida pueda alcanzar algún horizonte de significado que desborde los intereses del capital. La gente puede sentir pasión por el fútbol, o por los coches, o por el carnaval, pero no por la política, a la que debe ver como un mundo repulsivo y complicado. A este respecto, la religión es un formidable enemigo, pero el capitalismo ha aprendido a lo largo de los siglos a domesticarla, y la religión también ha ayudado en su propia domesticación. Uno de los mecanismos más interesantes y relevantes es el del mesianismo y la escatología. Estableciendo un horizonte temporal lineal pero indefinido de realización, Occidente ha aprendido a esperar. La táctica de la dilación, la continua postposición del asunto, el desplazamiento de toda promesa ad calendas graecas no sólo ha “educado” libidinalmente al hombre, sino que lo ha civilizado en el sentido capitalista: hay que saber esperar. Todo tarda tiempo. Y como inmenso mecanismo de compensación, el consumo instantáneo, el aquí y ahora de Internet y de la tarjeta de crédito. A este respecto, el autor realiza un ajuste de cuentas interesante y arrojado con Levinas, que alcanza momentos memorables, como cuando escribe: “Según Levinas, el ‘deseo de una alteridad absoluta’ es un ‘hambre insaciable’. Esta matriz teológica como Totalidad infinita, como escatología mesiánica pseudopaulina, como alteridad absoluta del protestantismo de inspiración kierkegaardiana, como infinitud del desarrollo capitalista en su versión secular; esta hambre que sólo se sacia con el canibalismo, el detonante de las atrocidades de la historia, es la que Levinas quiere como instauración de la paz mesiánica. ¡Qué confusión!” (p. 127)

Frente al humanitarismo luterano, que colocaba al hombre ante el vacío de su propia conciencia, el posthumanismo lo libera de su sujeción, de ser él mismo el centro, como anunciaba Nietzsche en Verdad y mentira en sentido extramoral. Pero esto supone también un desplazamiento del sujeto político hacia aquello que no quiere entrar en el juego del poder, que quiere escapar de esa dinámica por la que el capitalismo integra toda disidencia. El resultado es la fragilidad y ambivalencia del progreso: desde la caída del muro de Berlín “los costes de embridar el monstruo económico y proporcionar unas condiciones pasables de existencia para una minoría, no solo pudieran ser demasiado elevados, sino que pudiera ser que se gravasen físicamente sobre la mayoría desfavorecida del planeta y psíquicamente sobre esa minoría supuestamente privilegiada.” Por eso una de las estrategias de lucha, indica el autor, es eludir el conflicto, no entrar en el juego, no dejarse agostar las fuerzas en una pelea desigual, cultivarlas en ámbitos alternativos. No sé trata sólo de que otro mundo sea posible, sino de que nos es necesario. Ahí encuentra el proyecto filosófico su mordiente, su punto de ebullición, aquello que lo justifica.

 

VOLVER A PORTADA