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El Faro Crítico. 15-M. LA REVOLUCIÓN COMO UNA DE LAS BELLAS ARTES. Amargord ediciones. Madrid 2011.

Helmuth Kraken

Universität Würzburg

 

Esta reseña pretende recoger un poco de la esencia de un libro lúcido y fundamental realizado por un colectivo denominado “El Faro Crítico”. En dicha obra se nos trata de explicar desde múltiples ángulos el fenómeno que aglutinó en el kilómetro cero de Madrid, en la puerta del Sol, a una gran cantidad de personas diversas, cuyo rasgo común no era otro que la indignación. Hoy ya sabemos que como la mecha de un polvorín el fenómeno se extendió a lo largo y ancho del mundo Occidental. 

Análisis de este suceso no han cesado de publicarse y cabría mencionar, además del libro que nos ocupa, el artículo inmediato que Luis Fernández Castañeda realizó para “La Caverna de Platón”, compuesto por las preguntas y respuestas más pertinentes al caso. 

A continuación seguiremos el libro mencionado de principio a fin. Una escritura fluida que mantiene una posición que bien pudiera tacharse de anti-sistema, ya que en su mismo Prólogo se nos deja claro que: “Parece que todo posible remedio sólo es multiplicable por cero” (p.12). Si bien al mismo tiempo se procede “invitando a todo el que perciba la actualidad como borrosa e incoherente, a tomar partido en comunidad”. Estamos por tanto invitados a formar parte de una realidad y de una realización, una obra puesta en marcha por parte de una comunidad operante; una pequeña multitud de singularidades centrada en la filosofía política que compone una meseta entre las mil que el filósofo Gilles Deleuze proponía que surgiesen por el mundo. 

La división del libro es clara en cuanto a atravesar tres grandes bloques o capítulos nodulares: 1. Contextos. 2. Acontecimientos. 3. Propuestas para un nuevo comienzo. Obviamente es el tercer bloque el que aglutina un capítulo colectivo que quizás haya sido el más difícil de realizar y que, lamentablemente, resulta el más corto de la entrega. 

Siendo el libro que reseñamos la realización de una comunidad vamos a prescindir de nombrar a los autores, aunque los haya, para que se pueda percibir el bloque de conjunto que forma el posicionamiento político de un colectivo o comunidad donde caben las ambigüedades y el disenso.

En la primera contribución se nos dice, ya desde el título, una atrevida sentencia: que “el neoliberalismo es la forma postmoderna del fascismo” (p.17). Además, al argumentar a favor de la proposición antedicha, se descalifica “La Academia”, que para los no iniciados, significa las Universidades y todos los centros superiores de estudio y de conocimiento. Se descalifica la Academia pero se citan, sin embargo, a sus adalides, por ejemplo se mencionan: “los estudios de Michel Foucault y Jean Baudrillard” (p.18). Tal fenómeno tiene que ver con la ambivalencia afectiva con la que, los formados en la Academia, despotricamos contra ella. No obstante eso constituye siempre una vía secundaria y no queremos perder la principal. En las Notas consignadas al final del libro (p.147-144) se reúnen todo el elenco de autores manejados por los diversos articulistas. Un vistazo a las mismas y se comprobará que la mayoría de los citados pertenecen o pertenecieron a esas instituciones de formación de postgrado de las que se dice: “nosotros podremos preguntarnos qué ha hecho hasta hoy la Academia por la liberación de la explotación, el engaño y la estupidez” (p.17). 

Principalmente se indica cómo con el surgimiento del biopoder “aparece la normalización, que al principio disciplina los saberes y los cuerpos y que más tarde regularizará las multitudes, sus deseos y necesidades, contando así con la sumisión voluntaria de la población” (p.19-20). Algo que no puede sino recordarnos a los leídos hasta la ruina el famoso capítulo VI inédito de “El Capital” de Marx, así como el “Discurso sobre la servidumbre voluntaria” de La Boetie: El capitalismo habría rebasado la capacidad de reproducir mercancías y ya estaría en condiciones de producir subjetividades.  

Esa penetrante visión de fondo que atisba el sometimiento y la servidumbre de los habitantes de Occidente también nos dice que: 

“Ni siquiera los socialistas han tenido otra preocupación. Nunca hemos vivido en occidente dentro de una lógica socialista; siempre se mantuvo la lógica del capital, con paliativos que no le eran esenciales -por eso ahora desaparecen-. Pero conservadores y socialistas no admiten que la nueva situación que ellos -como siempre de acuerdo en todo- nos preparan, pueda ser llamada fascismo” (p.28). Añadiendo que:  

“Sobre todo, aquello esencial en que coinciden el fascismo primitivo y el neoliberalismo es la invasión, la sustitución de lo social por lo económico: los seres humanos son tratados como si fueran, sólo, elementos de un proceso económico, generador de beneficios. Esa sustitución llevó en otras épocas a que pudieran ser empleados para fabricar jabón y lámparas de piel con sus cuerpos” (p.29). 

Una exposición clara en defensa de una tesis que sólo titubea al final, un filosofar con el martillo que tras amalgamar el 15M con el terrorismo y compararlo con los Baader-Meinhof concluye, sin embargo, que: “todo nos lleva a pensar que esta situación sólo puede hallar salida en una revolución pacífica” (p.30). De ahí que veamos como decepcionante un final tan suave después de unas diatribas tan fuertes. Y sin embargo el alegato es coherente, porque se encuentra en sintonía con quienes utilizan la pluma y el papel como bombas de respuesta ante un brutal ataque. 

En la misma línea se mantiene el segundo artículo titulado: “democracia postmoderna y subjetualidades insostenibles”. Este nos aporta unos inteligentes trazos de causalidad de aquellos factores que llevaron al 15M. Veamos tan sólo un par de párrafos esclarecedores: 

“Estos párrafos tan sólo quieren ilustrar cómo el comienzo de la secuencia histórica que nos toca vivir tiene comienzo tras Mayo del 68 y puede ser interpretada como un movimiento de reacción frente a la eventual amenaza para el orden imperante de que, en una situación de seguridad vital para la ciudadanía, ésta pudiese dirigir sus aspiraciones políticas –o vitales en última instancia, puesto que somos formas-de-vida necesariamente sociales– hacia reivindicaciones de autodeterminación de nuestros proyectos vitales, incompatibles con el capitalismo.(…) En esta ocasión la función crea el órgano: aparece una nueva especialización empresarial, el sector publicitario, dirigida a la formación de un tipo de subjetualidad que estará subordinada a las necesidades del mercado. El ámbito económico de la producción pasa a generar la necesidad en vez de simplemente satisfacerla. Desde ahora surge una industria encargada de producir un tipo de sujeto con miras al objeto” (p.38 y 45). 

Hasta este momento quedaríamos con la extrañeza de preguntarnos por qué si el biopoder capitalista nos alcanza y conforma tan extensamente pueden existir personas como las que aquí escriben o como las que se manifestaron el 15M, personas que no han quedado en situación de dominio. ¿Cómo es posible aún no estar de acuerdo con lo que está ocurriendo? ¿Cómo pueden indignarse millones contra aquellos mecanismos capaces de lograr la servidumbre y aquiescencia de millones? Si el Capital nos hace cómo es posible que surja la disidencia, la revolución, la inconformidad, cómo pueden existir inadaptados, bohemios, rebeldes, contestatarios. La respuesta nos la ofrece ya el siguiente artículo, el titulado: “La fortuna y la muerte llaman a nuestra puerta”. 

El secreto de la resistencia nos es desvelado, casi a mitad del libro, por la tematización de lo indisponible. Aunque la sutil agresión capilar hacia los seres humanos haya llegado a extenderse hasta increíbles niveles biopolíticos hay una resistencia de la propia intensión de la naturaleza, algo “absolutamente indisponible que siempre se ha llamado physis” (p.53). 

La totalización no llega a ser tanta que no admita límites ni permita la disidencia. Lo indisponible se presenta en la forma del acontecimiento por eso “no todo son malas noticias” hay “fisuras del sistema” (p.57 y 58), pequeñas hendiduras siempre interfiriendo y por tanto todo aquello que no nos pertenece reivindica su derecho inalienable a la realidad. El 15M ha pasado como un espacio abierto “un abierto que se nos ofrece” (p.60) como afuera: Una brecha, cueva, rotura, quiebra, pasaje y rastro que no es de nadie siendo de todos. 

“Llama la fortuna. Seamos dignos de nuestra oportunidad y de nuestro acontecimiento en lugar de vivir y morir indignados…nos va la vida en ello y queda poco tiempo terrestre para poder hacerlo antes de la asfixia global” (p.65). 

El siguiente texto, sin embargo, nos muestra la ambigüedad con la que se recibe el evento. Su título: “Hagamos acontecer. El 15M como ruptura habitable de la transición”, pareciera decir que el acontecimiento es algo disponible y efectuable por el ser humano indignado. Y, efectivamente, así se desarrolla el texto al que ahora aludimos terminando con el siguiente alegato: 

“el 15 M sería un acontecer, una acción desgarradora y, simultáneamente, reuniente de lo desgarrado que llevaría a su plenitud, sin exclusiones ni cesiones, de acuerdo al particular modo de enlace por la diferencia activa, modo de ser que obliga a hacer comunitario-política la vida (…) Hagamos acontecer y no transición entre lo idéntico” (p.79). 

Parecía haber quedado claro que el evento no es algo disponible, realizable por los seres humanos, sino la intensión de la physis, cuando se nos insta a que lo hagamos. Se nos pide que hagamos y no hagamos lo que de suyo nadie puede hacer. Un fecundo debate anida en la centralidad de este libro que lectores y autores podrán tener en cuenta para sucesivas series. Parece que este es el comienzo de una bonita amistad. 

Pasamos el ecuador de la parte media del libro y nos encontramos con un texto que considera el 15M como una “Esperanza”, como “el acontecer de la diferencia en la postmodernidad”. Se tiene plena conciencia de que se está viviendo “el Acontecer de la Revolución Postmoderna” (p.83) con lo cual de nuevo se nos sumerge en la ambigüedad. ¿Son los sujetos de la filosofía quienes generan el acontecimiento o tenemos que insistir en que éste se da o no se da con total independencia e indiferencia de las identidades? Por lo visto no se pueden generar acontecimientos por parte de los seres humanos ni sus corrientes filosóficas pero sí que se puede serles propicios. Propiciarlos, serles oportunos. Por eso se nos indica en este escrito toda una genealogía de filósofos y corrientes filosóficas que habrían caminado por la crítica de la racionalidad totalizante. De ahí que haya sido fundamental “la aportación de una alternativa coherente con las necesidades de la politeía democrática actual. La alternativa de las topologías inter-conexas y activas que se trazan rearticulando los lenguajes racionales del pluralismo no relativista, el que es propio de las diferencias enlazadas por acciones participativas comunitarias, el que tanto necesitamos” (p.93). Aportación que los filósofos vinculados a la postmodernidad se arrogan en su quehacer académico. Habrá que tener cuidado de que no se nos quemen las alitas de cera si nos acercamos demasiado a Sol. 

Y como esta reseña corre el riesgo de convertirse en comentario en lugar de recomendación,  abreviaremos, sucintamente, los tres artículos que restan, entre el vosotros y el nosotros o el nosotros del vosotros, (ya que hemos admitido con gusto la prohibición del yo enfático) para apuntar unos cierres de texto, como el que dice entre la miel y la sangre: 

“Confiad, pues, en las circunstancias. Como cristianos, que reniegan públicamente de su credo, pero que confían ciegamente en el Apocalipsis. Pero las circunstancias, globales o locales, somos nosotros” (p.110). 

El que dice desde la superación de la antropología y una claridad que, por fin, mojándose políticamente, ilumina el libro, que: 

“En Sol se ha generado un pensamiento político revolucionario en su contenido y en su forma, una presentación real del poder de lo múltiple, que tiene que ver con los planteamientos anarquistas de la España anterior a la Guerra Civil, la de los nietos de Durruti” (p.116). 

Y el que culmina: 

“Que el proyecto de desarrollo de una democracia directa y horizontal en todas partes, donde el tiempo que rija no sea el cortoplacista del beneficio rápido, y donde el criterio de decisión política sea el de el bien común, sea considerado en sí mismo como una apuesta revolucionaria, dice mucho de lo irracional del momento histórico en el que nos encontramos” (p.130). 

Quedémonos con las certezas inciertas, asumamos las ambigüedades de un pensamiento nuevo y si debemos pedir disculpas a los últimos textos brillantes que no han recibido un tratamiento más exhaustivo, finalicemos esta ya reseña-comentario con unos centímetros de papel (o de espacio de Internet) dedicados al Epílogo

El título del Epílogo es altamente evocador: “Propuestas para un nuevo comienzo”… No, mejor no decir más, pues esas propuestas son algo más que un final, son ya el comienzo de un nuevo libro.

 

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