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UNA LECTURA SOBRE EL ENSAYO SOBRE EL ORIGEN DEL LENGUAJE, DE J.G. HERDER

Ricardo Hurtado Simó.

Octubre de 2009

  

 En este ensayo de alrededor de cien páginas, Herder hace un estudio sobre el origen del lenguaje que gira en torno a tres pilares esenciales:

1. Por una parte tendríamos que indicar el motivo de esta obra, que consiste en la oposición a la idea de que el lenguaje tiene un origen divino, tesis en la que entraremos posteriormente con más detalle.

2. Tras haber señalado el motivo, es preciso subrayar ahora el siguiente pilar, a saber: la pregunta sobre si el hombre ha podido inventar el lenguaje por sí solo.

3. Y como tercer pilar, nuestro protagonista se pregunta acerca de  la explicación de cómo fue posible dicho invento.

  

   Antes de entrar en el análisis de los planteamientos de Herder, creemos oportuno destacar que su exposición es más que una filosofía del lenguaje; por su prosa cuidada y por su innumerable cantidad de ejemplos que la ilustran, la temática también abarca cuestiones de antropología y filosofía de la cultura.

El punto de partida para abordar la cuestión acerca del origen del lenguaje debe ser la relación entre el hombre y los demás animales, ya que si conseguimos establecer las líneas fundamentales que nos vinculan y nos diferencian del resto de seres vivos podremos llegar a saber qué es lo específicamente humano. Así, tanto los animales como los hombres tenemos muchos rasgos en común, siendo quizás los más destacables a juicio de Herder que vivimos ligados a la naturaleza y que tenemos las mismas facultades sensitivas, o sea, que tanto unos como otros somos seres del mundo y que sentimos las cosas que nos acaecen a través de los mismos medios. Animales y hombres compartimos a su vez un lenguaje, el de la naturaleza, aquel que hace que nos expresemos ante el dolor o la alegría, el entusiasmo o la tristeza. Quien convive con un perro o un gato sabe bien que éstos sienten tanto o más que nosotros; ¿quién no ha visto a un perro ladrar de alegría ante la presencia de su amo? Pero no debemos confundirnos y mezclar la expresión afectiva con la complejidad del lenguaje. La expresión de sentimientos no es lenguaje propiamente dicho, es algo de origen sensitivo; aún así, este tipo de manifestaciones establecen un nexo entre el lado más salvaje del hombre y el más social ya que el lamento de un desamparado siempre conmueve y hace aflorar la conmiseración y el auxilio.

Tras haber expuesto las similitudes entre lo humano y lo animal, es preciso tratar lo que verdaderamente nos separa de ellos. Para Herder, lo propio de los animales es su instinto y su total dependencia de la naturaleza. Para la supervivencia, el oso panda necesita comer bambú y la abeja necesita el néctar de determinadas flores. En los animales, su acción viene dada por el instinto natural, e incluso su lenguaje (por llamarlo lenguaje) tiene su por qué en el instinto.  A su vez, nos llama la atención el hecho de la “hiperespecialización de todos los seres vivos, causada porque sólo tratan de un aspecto concreto del mundo; el hábitat natural el esencial para la supervivencia de las especies. Herder enlaza la “hiperespecialización con el lenguaje:<<Cuanto más pequeña es, pues, la esfera de los animales, tanto menos necesitan el lenguaje>>[1].

Por el contrario, es sabido el carácter plural del hombre, que físicamente no destaca e incluso inferior al resto de seres vivos. El ser humano no es autóctono de ningún hábitat, y este es un rasgo distintivo y propio. El hombre no está hecho para una determinada labor, y por ello es libre, porque además no está sujeto a la naturaleza; la libertad es al hombre lo que al animal es el instinto. Otro rasgo específicamente humano es la razón, la capacidad de reflexión. Con estos dos elementos, razón y libertad podemos poner ya en boca de Heder que,

 <<Si el hombre tuviera instintos animales, no podría poseer lo que llamamos su razón, ya que esos instintos arrastrarían sus facultades tan oscuramente hacia un punto, que no le quedaría ningún espacio de conciencia libre>>[2].

El hombre no es un animal distintivo sino una criatura dotada de reflexión; la reflexión es natural en el hombre.

En su argumentación, Herder deja claro que la diferencia entre el ser humano y los  animales no es de grado sino de esencia. No podemos reprochar nada  a esta afirmación del filósofo alemán desde el prisma de la coherencia lógica de su argumentación, ahora bien, desde el punto de vista histórico científico, se podría objetar que lo que nos distingue de los demás seres vivos es una diferencia no cualitativa sino cuantitativa, pero claro, en la época que le tocó vivir a Herder , hablar sólidamente de evolución era algo  impensable.

Ratificado ya lo específicamente humano, a saber, su libertad y su capacidad de razón(o reflexión), podemos retomar el problema sobre el origen del lenguaje, aunque antes hay que destacar el papel que Herder le otorga al ama: el alma es el “motor” de los sentidos, es el principio de vida y por tanto, es requisito indispensable para la acción humana, y dentro de ella el lenguaje.

El lenguaje humano nace en el hombre y para el hombre, pues es él la criatura que lo necesita para su devenir por el mundo. El lenguaje nace para distinguir las realidades del mundo, pero es mucho más que expresar palabras, según Herder, lo decisivo está en el interior, en la facultad del alma, o lo que es lo mismo, en la razón. El pensador alemán hace una doble distinción en el hombre de acuerdo con los rasgos más característicos de su parte interna y su parte externa: internamente, lo propio del hombre es su razón(o reflexión); y externamente destaca por su lenguaje. La pregunta ahora es clara, ¿de dónde nace el lenguaje exactamente? Leyendo atentamente llegamos a la conclusión de que el lenguaje humano es posible gracias a una facultad primordial, la reflexión:

<<El hombre, desde la condición reflexiva que le es propia, ha inventado el lenguaje al poner libremente en práctica por primera vez tal condición (reflexión)>>[3].

 

 Esta tesis es sin duda el nudo gordiano del asunto, pues conlleva negar el origen divino del lenguaje y a su vez afirmar que el lenguaje es algo connatural al ser humano. Las afirmaciones de Herder crean polémica, y por ello creo indispensable situar las diferentes posiciones enfrentadas.

-Primero, sobre el origen del lenguaje y su presunta causa divina, Herder se opone radicalmente, y centra sus críticas en la filosofía de Süssmilch; Süssmilch es un eclesiástico y economista alemán que concibe  el progreso de la humanidad como expresión  de un orden teleológico divino y defiende la idea del origen divino del lenguaje; según Herder, hay tres posibles argumentos para mantener esa tesis:

1.     El lenguaje es de origen divino porque es imposible explicar sus raíces desde causas humanas.

2.     Un origen humano es imposible de explicar para cualquier ser humano.

3.     Sólo mediante la esencia y la lengua de Dios se puede concebir el origen y la explicación del lenguaje humano.

Herder critica estos tres argumentos porque en su base no son más que un sutil antropomorfismo divino, por el contrario, afirmar que el hombre ha creado su propio lenguaje eleva la capacidad creadora de Dios, moldeando un ser capacitado para hablar por sí mismo. Negar el origen antropológico del lenguaje conlleva subordinar todo lo humano a lo divino: poesía, música, ciencia, etc, serían ramas procedentes de una semilla ajena.

-La segunda disputa se centra en Rousseau. El pensador ginebrino duda de que en el estado de naturaleza en que sitúa al hombre en su “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres” sea útil el lenguaje, aún así, considera que el primer lenguaje del hombre es el grito natural; posteriormente, la comunicación entre hombres se fue haciendo más estrecha y se añadieron gestos y refinamientos simultáneamente. Rousseau parte de la premisa de que el hombre no es sociable y que por tanto no necesita del lenguaje para comunicarse con sus congéneres. Es más, el filósofo ilustrado hace una afirmación que abre la puerta a un origen divino del lenguaje o a causas externas al hombre:<<(...) y convencido de la imposibilidad casi demostrada de que las lenguas pudieran nacer y establecerse por medios puramente humanos>>[4]. Para Rousseau, el lenguaje es algo que nace en el hombre a raíz de determinadas circunstancias, y es por tanto un accidente, mientras que Herder defiende la idea de que la reflexión forma parte de la esencia del hombre y es causa sustancial del lenguaje.

Habiendo expuesto estas dos opiniones opuestas a las afirmaciones de Herder, podemos concluir esta polémica sintetizando que Herder defiende  que el lenguaje humano no es de origen divino y no es algo previo ni posterior al hombre; es algo que nace con el hombre y gracias a sus facultades específicas.

 

Tratado este problema, nos centraremos ahora en analizar el desarrollo del lenguaje humano desde sus orígenes. El punto de partida en el lenguaje y en la distinción entre las cosas nace del oído; los sentidos son el inicio claro para descubrir el lenguaje, y digo descubrir porque el lenguaje no se inventa sino que se adquiere de la naturaleza misma, en cierto modo, el hombre traduce el lenguaje de la naturaleza en su propio lenguaje.

Herder considera que lo primero son los verbos, y el ejemplo que da es que al decir “oveja” no nos referimos a lo que designa sino a su rasgo, o sea, animal que bala. Ahora bien, ante realidades que no emiten sonido, como por ejemplo el color, la designación de tales hechos no es arbitraria, ya que los sentidos estás interrelacionados. Pero Herder no explica cómo nacen este tipo de palabras y de qué manera afecta la interrelación de los sentidos. La pieza esencial en la relación entre sentidos está en el oído, que es siempre mediador entre ellos, de modo que todo lo que experimentamos por medio de los sentidos tiene una parte auditiva. Herder reitera una y otra vez que el oído es el sentido del lenguaje. Oímos la escritura,  como cuando pensamos en la ira, que también la percibimos en su trasfondo auditivo; el lenguaje de la naturaleza y el sentimiento se nos muestra en forma de sonidos.

También respecto a la pluralidad de términos para designar una cosa se defiende un origen humano, no divino. Pues dependiendo de factores sociales-culturales-ambientales, etc, una realidad tendrá más o menos sinónimos. Como sucede entre los esquimales, que tienen trescientas acepciones distintas para el color blanco, causado sin duda por su entorno, mientras que para un habitante de una zona desértica, el número de designaciones del blanco será mucho más reducido.  En el origen del lenguaje hay una teleología, pues la naturaleza no otorga facultades en vano, y si le ha dado al hombre ciertas herramientas, es por algo. El hombre físicamente está desamparado ante la naturaleza, pero gracias al binomio razón-libertad es capaz de superar las adversidades; desde el primer momento, es un ser reflexivo y libre.

Para explicar por qué el hombre llegó a tener un lenguaje, Herder da varios motivos, según cuatro leyes naturales:

       I.            Primera ley natural: Afirma que el hombre se distingue porque reflexiona, es libre y sus experiencias le permiten progresar y perfeccionarse. Tener reflexión supone pensar en forma de palabras, << Cuantas más experiencias recoge, cuantas más cosas llega a conocer y desde puntos de vista más diversos, tanto más se enriquece su lenguaje>>[5]. Pensar en el hombre sin pensar en el lenguaje es absurdo. El perfeccionamiento del lenguaje es inseparable del perfeccionamiento del hombre; Herder también rechaza la idea de que el lenguaje haya progresado a base de aportaciones de eruditos, no es algo elitista sino próximo al sentir.

    II.            Segunda ley natural: El hombre es un ser social y por ello el lenguaje es necesario. El hombre es débil y necesita de la convivencia con otros de su especie para sobrevivir, así es como se constituye la primera sociedad, la familia padre-madre-hijo, unidos por el amor y el desamparo; es posible ahora la educación y el desarrollo de la lengua a través de la familia. Cuando el padre y la madre enseñan a su hijo la lengua, este hecho va mucho más allá y conlleva una forma de ver el mundo y una forma de actuar. Además, la expresión del tiempo está presente en todas las lenguas, algo que posteriormente estudiará en el siglo XX Benveniste entre otros, con más profundidad.

 III.            Tercera ley natural: No es posible que haya una única lengua, por lo que surgieron diferentes lenguas nacionales; la cultura y la costumbre particulares generan el dialecto. Cuanto más viva es la lengua, más joven y cambiante es.

Además, al estar el hombre en todos los rincones del mundo, dependiendo de su ambiente, su lengua será diferente a la de otras regiones. Es peculiar la causa primordial que Herder le atribuye a las diferentes lenguas: el odio entre familias y naciones, motivado por la rivalidad. Por una parte, se refuerza la cohesión de la familia-tribu, y por otra, más se opone a la familia contraria.     

En esta línea, se puede sacar mucho de la afirmación<<Quien no está con nosotros, ni es de los nuestros, es inferior a nosotros. El extranjero es peor que nosotros, es bárbaro..>>[6] Se observa en frases como ésta que el pensador alemán es un claro precedente a lo que después será el romanticismo y su constante apelación a la conciencia nacionalista. Y da que pensar que en algunos pueblos actuales no se ha superado aún esta rivalidad tribal, y  cómo la diferencia entre un pueblo u otro distingue entre amigo-enemigo; y más todavía, cómo el saber o no saber una lengua determinada te marca como individuo. En tal caso, la lengua se convierte en distinción entre lo propio y lo ajeno, <<Es un bárbaro, habla otra lengua>>[7].

IV.            Cuarta ley natural: Todas las lenguas constituyen un todo progresivo, y con ellas, la cadena entera del desarrollo. Aunque esta ley a primera vista resulta complicada de entender, quiere decir que las lenguas se despliegan en el tiempo y el carácter progresivo del lenguaje nos permite la posibilidad de mirar atrás:<<el primer pensamiento de la primera alma humana se halla en interdependencia con el último  que haya tenido lugar en el alma del hombre>>[8]. Por tanto, el lenguaje es un edificio colectivo; somos hijos del primer hombre que ideó el lenguaje.

Según Herder, hay sólo una lengua, lo que sucede es que se ha ido diversificando y transformando en los diferentes pueblos de la Tierra.

 

Es una constante que, pese a la importancia de la reflexión, Herder considera el lenguaje como algo que está vivo, que está ligado al sentimiento y la experiencia, por lo que no podemos concebirlo como un frío instrumento del hombre sino como algo tan vivo como la propia existencia. Herder puede considerarse en este aspecto dentro ya del Romanticismo, ya que a su vez, destaca el papel de la poesía o la musicalidad de la expresión lingüística.

 

Probablemente, las aportaciones de Herder al problema sobre el origen del lenguaje no estén presentes en los debates actuales sobre el asunto; pese a todo, este ensayo del pensador alemán resulta ser una aportación interesante y digna de elogio. Herder ha colaborado en el desarrollo y profundización de cuestiones relevantes para la filosofía del lenguaje. No olvidemos que las playas se conforman de granos de arena, y el “Ensayo sobre el origen del lenguaje” es un pequeño pero imprescindible elemento para comprender la inmensa playa que es el hombre.

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

Ø HERDER, J.G, “Obra Selecta”, Barcelona, ed. RBA, 2002.

 

Ø ROUSSEAU, J.J,“Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres”, Madrid, ed. Longman, 1997.

 

·        Ricardo Hurtado Simó


 

[1] HERDER, J.G, “Obra Selecta”, Barcelona, ed. RBA, 2002, pág. 147.

[2] Ibid,  pág. 152.

[3] Ibid, pág. 155.

[4] ROUSSEAU, J.J,“Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres”, Madrid, ed. Longman, 1997,pág. 96

[5] HERDER, J.G, “Obra Selecta”, Barcelona, ed. RBA, 2002, p201.

[6] Ibid, pág. 219.

[7] Ibid,  pág. 220.

[8] Ibid, pág. 223.

 

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