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Reseña: Carlos Fernández Liria. El marxismo hoy. La herencia de Gramsci y Althusser.Editorial Batiscafo. Madrid 2015.

Simón Royo Hernández

 

 Puede considerarse improcedente el reseñar un libro ya de por sí divulgativo. Y además, doblemente ocioso hacerlo no solamente de manera elogiosa (para que el lector de estas líneas adquiera interés por leer el libro) sino incluso diciendo de qué trata y señalando algunas de sus tesis principales.  

Sin embargo, como vivimos en un mundo acelerado en el cual leer un libro fácil y corto de divulgación se ha convertido ya en una tarea para la que muchos no encontrarán el tiempo necesario, creo no del todo vano resumir lo que me parece el asunto más relevante del libro, aunque no sea quizá el más esencial, de modo que quien lo desee se pueda conformar con estas líneas si es que no tiene tiempo para más. 

¿Y cuál es el asunto más relevante de este libro? Pues a mi juicio lo es el sacar de las sombras y poner sobre la mesa la centralidad del pensamiento de Gramsci en el tablero de la filosofía política actual. Gramsci es el marxista de las superestructuras, el que enseñaba que aquello a lo que llamamos ideología e ideologías (sobre todo políticas) son el territorio en el que se dirime la batalla por la hegemonía, esto es, por la legitimación y predominio de una propuesta política triunfante. A través de su pensamiento y el del propio Marx, el autor del libro señala la manera como el materialismo histórico[1] y dialéctico, la doctrina escolástica del marxismo clásico que consideraba que había leyes de la historia de la misma manera que había leyes de la naturaleza, tiene que ser descartado, en favor de un conocimiento no tan determinista, pero no por ello menos conocimiento, de los procesos políticos e históricos. 

La importancia de Gramsci (y Althusser) en el marxismo actual son declaradas con rotundidad y los motivos no son otros que la realidad de la política real contemporánea: “Sin duda, el pensamiento político actualmente de izquierdas, en la medida (relativa) en que todavía conecta con el marxismo, lo hace a través de la figura de Gramsci (…). También en Europa, Gramsci ha sido el autor de referencia en los proyectos más importantes de regeneración de la izquierda, como la creación de Podemos en España o de Syriza en Grecia” (pág.79).  

El concepto central que queremos rescatar en esta presentación, ya lo hemos dicho, es el de hegemonía[2] que, rastreándose hasta Marx, se explica del siguiente modo: “…el camino que tiene que seguir cualquier lucha política si quiere ser efectiva. La clave está en lograr que los intereses particulares de una clase social puedan presentarse como los intereses generales de la sociedad en su conjunto” (pág.82-83). Y en esa dirección, es decir, pensando de ese modo, se aprecia la forma como el neoliberalismo ha impuesto la creencia generalizada según la cual los ciudadanos de numerosos países desarrollados creen que los intereses de los capitalistas y sus propios intereses coinciden. Ha sido entonces la derecha y el conservadurismo quienes han aplicado vehementemente el truco de la hegemonía al menos desde los años 80 y 90 del siglo XX en adelante, convenciendo a todo el mundo de que el neoliberalismo es la ideología verdadera e incluso natural. Ha tenido que llegar el siglo XXI para que la izquierda reaccionase de igual modo, excepto que, en su caso, resulta que no se trata ya de una treta, sino que los intereses de su ideología realmente coinciden con los intereses de la mayoría de la población. Al menos así lo he entendido yo, aunque eso no aparezca bien explícito en el libro, sino implícito al considerarse la identidad entre la hegemonía de Gramsci y la voluntad general de Rousseau. No en vano el autor del libro es un marxista ilustrado, es decir, alguien que combina el pensamiento de Marx sobre el Capital con las ideas republicanas de la Ilustración sobre el Estado de Derecho, que remitirían fundamentalmente a autores como Kant, de modo que ni la esfera jurídica ni la esfera ideológica serán considerados como meros epifenómenos supraestructurales de la infraestructura económica (aunque estén condicionados por ella) sino que, podría decirse, gozan de su propia autonomía estructural. Eso lleva al libro a desarrollar otros puntos importantes para la vigencia del marxismo en la actualidad, lo que efectúa mediante un sucinto recorrido por el estructuralismo y el antihumanismo. 

El referente polémico principal y opuesto es claramente el capitalismo, el neoliberalismo y el conservadurismo contemporáneos, mientras que también se encuentran referentes polémicos internos al propio pensamiento de la izquierda contemporánea, como la confrontación con los vínculos anarquizantes que la postmodernidad realiza al releer a Marx. Todo ello, desde luego, desde la base de una nueva lectura del propio Marx que lo rescata de esas malas interpretaciones y dogmatismos que en el pasado llevaron a unas concepciones equivocadas de su pensamiento y a unas actuaciones políticas lamentables.

 

 

-Para finalizar solamente señalar unas pocas de entre las numerosísimas publicaciones recientes que muestran la actualidad de los estudios sobre Gramsci:

 

-Moore P. Globalisation and Labour Struggle in Asia: A Neo-Gramscian Critique of South Korea's Political Economy. Tauris Academic Studies (2007).          

-Canfora, Luciano, Spie, URSS, antifascismo. Gramsci 1926-1937. Salerno Editrice (2012). 

-Allessandro Carlucci Gramsci and Languages: Unification, Diversity, Hegemony. Haymarket Books (2014).     

-Jan Rehmann Max Weber: Modernisation As Passive Revolution; a Gramscian Analysis. Brill Academic Pub. (2014).

-Diego Fusaro Antonio Gramsci. Feltrinelli  (2015). 

-Mark McNally Critical Explorations in Contemporary Political Thought .Antonio Gramsci. Palgrave MacMillan (2015).

 -David Kreps Gramsci and Foucault: A Reassessment. Ashgate Pub Co. (2015).   

 -Francisco Fernández Buey (Historical materialism book series); volume 88. Reading Gramsci. Brill (2015). Traducción al inglés del libro de Fernández Buey en castellano sobre Gramsci (2001).


 

[1] Precisamente en contra de la doctrina del materialismo histórico se cita y se comenta una Carta de Marx que hace tiempo escaneé para el MIA: https://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/m1877.htm

[2] A partir del concepto de hegemonía, de un predominio ideológico que tiene que lograrse en una batalla hermenéutica por resignificar las palabras y las doctrinas, se han producido aciertos teórico-prácticos de gran envergadura y consecuencias políticas y prácticas manifiestas y palpables; por ejemplo, cuando Ernesto Laclau realiza una nueva comprensión de la palabra “populismo”, que la libra de su caracterización peyorativa y le otorga validez filosófico-política. "Populismo" es una palabra que no aparece en el diccionario pero que se utiliza despectivamente para caracterizar al engaño de las "masas" ignorantes por parte de un partido o un líder carismático, en ese sentido sería sinónimo de "demagogismo". Quienes emplean esa palabra en ese sentido presuponen que las poblaciones son estúpidas y manipulables, que no hay democracia sino "demagogia". Por contra, la voz "populismo" ha sido definida por autores con atención a la racionalidad de las poblaciones a la hora de elegir democráticamente, enfrentándose a quienes sostienen que los pueblos son imbéciles y no saben lo que votan. A ver si lo entiendo: un partido que se autodenomina Partido "Popular" descalifica a otro partido llamándole "populista" cuando los ciudadanos con sentido común ya no votan a corruptos y ladrones.

 

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