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El libro  más peligroso de la Biblia

                        ( Por Norma Oralia Rodríguez Galarza. Universidad Autonoma de Cd. Juarez. Méjico.). Octubre de 2006

 

            Dentro de lo más profundo del Antiguo Testamento se encuentra un libro, que podemos calificar como el más peligroso de la Biblia. El Eclesiastés, o El Predicador. Es un relato de la existencia de un hombre. De el sabemos que fue un Rey que gobernó Jerusalén, descendiente de la casa de David, se especula que pudo haber sido el Rey Salomón, pues de no ser así, como  se puede explicar  que  este libro, fuera  escogido para integrar el Antiguo Testamento.

 

 

            Más que ser un libro religioso, se puede clasificar de un tratado de filosofía práctica. En el que en un dialogo interno el Predicador  reflexiona sobre ¿Cual es el sentido de la vida?, ¿Qué es aquello a lo que el hombre debe dedicar sus esfuerzos?,  ¿Cuál es el bien supremo? ¿Cuál es el fin ultimo de la vida? etc.  Nos aconseja,  en un tono de enojo, desaliento, pesimismo y hasta de ironía sobre sus experiencias.    Reflexiona sobre la brevedad  y la contradicción de la vida, las injusticias y frustraciones que ocurren en ella, llega a la conclusión de que la vida misma, no vale la pena, es fugaz y pasajera,  toda esta ya predeterminado por Dios. Describe los sucesos y las cosas como se presentan ante él en la realidad. Somete a un riguroso examen lo que la generalidad de los hombres consideran valioso como: la riqueza, el placer, el trabajo, la sabiduría y niega que esto pueda ser el bien supremo de la existencia.

 

 

Estos son algunos de los dichos del Predicador:

 

 

¡Todo es vana ilusión, es querer atrapar el viento!

 

 

DE LA SABIDURIA

 

            “Vaya carga pesada que ha puesto Dios sobre los hombres para humillarlos con ella” (Ecl. 1 -14)

 

            De la sabiduría y del conocimiento, llega a la triste conclusión de que: “En realidad a mayor sabiduría, mayores molestias; cuanto mas se sabe, mas se sufre” (Ecl. 1 -18).

 

            Se propuso ser sabio pero llego a la conclusión de que: “¡Fuera de mi alcance esta todo lo que existe!, ¡es demasiado profundo y nadie puede comprenderlo!” “En mi intento de encontrar la razón de las cosas, yo, el Predicador, he hallado lo siguiente: ¡que todavía no he dado con lo que realmente busco!  He encontrado un hombre entre mil, pero ni una sola mujer entre todas ellas. (Ecl. 7: 24, 27 y  28).

 

            “Después me puse a reflexionar sobre la sabiduría, la estupidez y la necedad ¿Qué mas podrá hacer el que reine después de mi sino lo que ya antes ha sido hecho? Y encontré que es más provechosa la Sabiduría que la necedad, así como es más provechosa la luz que la oscuridad. El sabio usa bien los ojos, pero el necio anda a oscuras. Sin embargo me di cuanta que a todos les espera lo mismo, y me dije: “lo que le espera al necio también me espera a mi, así que de nada me sirve tanta sabiduría. ¡Hasta eso es vana ilusión! Porque nunca nadie se acordara ni del sabio  ni del necio; con el correr del tiempo todo se olvida, y sabios y necios mueren por igual”. Ecl. 2: 12, 13, 14, 15 y 16).

 

DE LA MUERTE

 

            “También digo en cuanto a la conducta de los humana que Dios esta poniendo a prueba a los hombres para que se den cuenta que también ellos son como animales. En realidad hombres y animales tienen el mismo destino unos y otros mueren por igual, y el aliento de vida es el mismo para todos. Nada de más tiene el hombre que el animal. Todo es vana ilusión y todos paran en el mismo lugar del polvo fueron hechos todos y al polvo volverán”. (Ecl. 3: 18, 19 y 20).

 

            “¿Quien puede asegurar que el espíritu del hombre sube a las alturas de los cielos, y que el de los animales baje a las profundidades de la tierra?”  (Ecl.-3-21).

 

            “No hay quien tenga poder sobre la vida, como para retenerla, ni hay tampoco quien tenga poder sobre la muerte. No hay quien escape de esta batalla. Al malvado no le servirá su maldad” (Ecl. 8-8).

 

 

DEL TRABAJO

 

 

            “Llegue a odiar mi vida, pues todo lo que se hace en este mundo resulta en contra mia. Realmente todo es vana ilusión, ¿Es querer atrapar el viento!”(Ecl. 2-17).

 

            “Llegue a odiar también todo el trabajo que había realizado en este mundo, pues todo ello tendría que dejárselo a mi sucesor, y una cosa era segura: que él, ya fuera sabio o necio, se adueñaría de todo lo que tanto trabajo y sabiduría logre alcanzar en este mundo. ¡Y eso tan bien es vana ilusión!” (Ecl. 2-18 y 19).

 

“Al ver lo que yo había hecho en este mundo lamente haber trabajo tanto. Pues hay quien pone sabiduría, conocimientos y experiencia en su trabajo, tan solo para cejárselo todo a quien no trabajo para obtenerlo. ¡Y también eso es vana ilusión!”. (Ecl. 2: 20 y 21).

 

            “En fin ¿Qué saca el hombre de tanto trabajar y de tanto preocuparse en este mundo? (Ecl. 2-22).

 

 

           

DE LA RIQUEZA Y DEL PLACER

 

 

            “También me dije a mi mismo: “Ahora voy a hacerla prueba divirtiéndome; voy a darme buena vida” ¡pero hasta eso resulto vana ilusión!”. Y concluí que la risa es locura y que el placer de nada sirve”. (Ecl.  2: 1 y 2)

 

 

 

 

            “He encontrado que lo mejor y mas agradable es comer y beber, y disfrutar del fruto de tanto trabajar en este mundo durante la corta vida que Dios nos da, pues eso es lo que nos ha tocado” (Ecl. 5-18).

 

 

            “Realice grandes obras; me construí  palacios; tuve mis propios viñedos. Cultive mis propios huertos y jardines, y en ellos plante toda clase de árboles  frutales. Construí represas de agua para regar los árboles plantados. Compre esclavos y esclavas, y aun tuve creados  nacidos en mi casa; también tuve mas vacas y ovejas que cualquier otro antes de mi en Jerusalén. Junte montones de oro y plata, tesoros que antes fueron de otros reyes y de otras provincias, tuve cantores y cantoras, placeres humanos y concubina tras concubina.  Fui un gran personaje y llegue a tener más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén. Además de eso la sabiduría no me abandonaba”.  (Ecl.  2: 4, 5, 6, 7, 8, y  9).

 

 

            “Me puse luego a considerar mis propias obras y el trabajo que me había costado realizarlas, y me di cuenta que todo era vana ilusión, un querer atrapar al viento, y de que no hay nada de provecho en este mundo”. (Ecl. 2-11)

 

 

COMO CONCLUSION

 

            “¡Vamos pues! Disfruta del pan que comes; goza del vino que bebes, Porque a Dios le han agradado tus acciones. Goza de la vida con la mujer amada, cada instante de esta vida sin sentido que Dios te ha dado en este mundo; eso es lo único que sacarás  de de tanto trabajar en este mundo. Y todo lo que este en tu mano hacer, hazlo con tanto empeño;  porque en el sepulcro, que es donde iras a parar, no se hace nada ni se piensa en nada, ni hay conocimiento ni sabiduría”. (Ecl.  9: 7, 9)

 

 

            “El discurso ha terminado. Ya todo ha sido dicho. Honra a Dios y cumple sus mandamientos, porque eso es el todo del hombre”. (Ecl. 12-13)

 

  

BIBLIOGRAFIA

 

1. Eclesiastés: Dios habla hoy la Biblia versión popular, (Copyright Sociedades Bíblicas Unidas, SBU)  Printed in the United States of América. 1979.

 

 

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