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Anarkia / Anarcolepsis

de Simón Royo

 

Presentaciones del libroi por:

1. Hugo Savino

2. Concha García González

3. Francisco Javier Rodríguez Fonseca



 

                

 

                 

1. Lo desconocido se escribe

Hugo Savino

Ósip Mandelstam: «En la poesía siempre es la guerra.»

Poética de Simón Royo Hernández: «// El libre / que ha sido esclavo / es más libre ///»

Y Anton Chejov: «Se dirá: ¿y la política? ¿Y los intereses del Estado? Pero los grandes escritores y los grandes artistas solo deben mezclarse con la política en la medida en que sea necesario defenderse contra ella.» Carta a Souvorine a propósito del Caso Dreyfus, 6 (18) de febrero de 1898.

Simón Royo Hernández: «// Eres-tiempo // no-lo-pierdas / vanamente / esclavamente /»

«Pensar inventa simpatías de pensamiento, así como pensar encuentra antipatías de pensamiento.» Henri Meschonnic.

El lector que ha sido domesticado, si logra escapar del círculo de la domesticación, si atraviesa esa obligación social de responder siempre lo mismo, de ser solidario del tentador, y de lo que dice criticar, puede acercarse a este libro, leer estas líneas no pautadas, líneas que se leen y se descifran. Y en esa travesía descubre que la poesía es una continuación de la prosa. Anarkía desata ese nudo de los géneros y se escribe mientras leemos. No hay que buscarlo en la narración de lo trillado, hay que abandonarse y dejarse leer. Nos escribe. Está ahí, botella al mar. No busca lectores, busca secuaces. Simón Royo Hernández se aventura en la exploración de lo desconocido del lenguaje, no expone en este libro una manera de ser, expone una manera de ritmar, la suya, de subjetivar en la lengua.

Poética de lo improductivo que hay que inscribir, no hay teoría previa del valor, se hace: «/ lo improductivo / se torna / fructífero / provechoso / envío libre / dirigido / desde nadie / hacia todos /».

Anarkía no es un libro para filósofos de Estado. Simón Royo Hernández nunca será un filósofo de Estado. Y como no lo es, escucha «disonancia / todos / sonantes-disonantes», le responde a esa tríada. Le responde a los autores que lee, que lleva en el cuerpo. Los trata por el amor y la irreverencia.

Libro contra el aplastamiento del sujeto, libro del y para el sujeto del poema, libro que no te come la voz, que te la da, que te deja escuchar y escucharte. Que abre espacio entre él y el lector. Que no recurre a la comunicación, o a la retórica conceptual, que está del lado del leguaje. Libro de esa sabiduría que no pierde de vista la ignorancia que produce todo saber, libro de la zozobra y libro de citas: «Sabiduría / an-arquica / sin-principios / que-sabe / zozobrar / que / vislumbra / por / retroalimentación / por-retorno / las-emergencias / del-caos / zambullidas / una / y / otra / vez / en / lo-aleatorio / Klinanímico ///».

Libro de desvío y derivaciones. No apto para el lector polilla que como se come el tapiz cree que lo conoce.

Simón Royo Hernández recorta el tiempo de su historicidad, experiencia de vida, que es experiencia de lecturas, ese continuo, y hace una relación y un recorte distinto al regular, saca a su libro del régimen de la puntuación y del relato, de lo reconocido, y lo pone en su ritmo, único y singular.

«El anarcántropo / es / aristócrata intelectual / respecto / a / la inteligencia / solamente admite / el máximo e igual / para todos / lo demás / es / será / fue / siempre / farsa / engaño / trampa / mentira / pena / condena / para / la mayoría ///». Ese «lo demás» nos intenta envolvernos con su retórica de Maestro, nos pide comprensión, a ese «lo demás», a su impostura, el libro Anarkía no le cede nada. Ni le regala la voz ni la farsa de la comprensión.

Responder Anarkía. ¿Entender? Sí y no. No importa. Igual responderle al libro. Re-enunciar mi respuesta a ese sujeto histórico que pone este libro no permitido. Simón Royo Hernández, el que firma este tapiz, no hace interpretación, escucha el movimiento de las voces con su voz. Aquí es la voz la que escucha. Por fuera de los caminos trillados de la frase sujeto-verbo-predicado.

Está el lenguaje, parece obvio. No lo es tanto. Las barras de Anarkía son su puntuación, su manera de respirar, sus espacios y sus silencios están en el lenguaje, no habitan, están en movimiento. «La totalidad / intensiva / extensiva / en densidad y grado / del lenguaje / no es / alcanzable / pues / no todo / comuna / con todo ///». En Anarkía es el poema el que hace relación. La cita, la línea, la resonancia, la historicidad, aquí, hacen poema. Está Lucrecio, y si está Lucrecio hay poema. Que lo encuentre el lector. Es uno de los fragmentos más bellos del libro.

También está la policía, como dice Balzac, es lo único que está siempre: «/// la policía / literaria / zoqueta / culta / infame / vigila / censura / detiene / encierra / tortura / mata ///», la guerra del lenguaje a veces termina en hoguera, en horca o en psiquiátrico. No hay Anarkía sin un punto de vista acerca de la policía.

Anarkía es del orden de lo intempestivo.

No es cualquier fragmento, es el fragmento Simón Royo Hernández, está firmado, pone su prosodia en el «posicionamiento / anárquico / libre / no-es-neutral / angélico / vacío / sino-que / situado / despejado / localizado / se-opone / a-toda / imposición /// Recoge / lo-libre / lo-en-común / de-antes / ahora / y / de-mañana ///». No escribe exterior al mundo, pone el cuerpo en el lenguaje. Re-enuncia las citas que elige o se le imponen, y las despliega en el tapiz. Que firma, hay que reiterarlo. Y a la vez, está atento a la polilla que lo quiere comer. No hay angelismo. Más que a la poesía, recurre al poema. Hace poema con sus citas.

Y está la línea Simón Royo Hernández, que exige un ojo que escuche y un oído que vea.

Anarkía es un libro insoluble, de líneas insolubles, y hay que leerlo en su insolubilidad misma. Un poema, su lectura, no es dado a priori. Un poema del pensamiento también está en lo insoluble. Salvo si vamos a confirmar lo que sabemos. Eso es un esquema, y uno va con su esquema y lee. Anarkía exige otra manera, exige dejarse llevar al interior del poema del pensamiento que pone en juego, abandonarse a ese interior de lo que hace, no de lo que dice, tampoco de lo que se dice de lo dicho. Anarkía es de lo desconocido no de lo conocido. Es un poema, un libro insoluble. Insoluble quiere decir escribir libros que no sabemos cómo leer ni en qué género poner. La figura de insoluble la inventó Antoine Vitez. Anarkía pide un descifrar de líneas. No es un libro ni de la poesía ni de la filosofía, ni de la transparencia, es un libro de un inmigrante, esté donde esté. El de un exiliado de los formalismos. Huye de ellos. Escribe un poema sin precedente.

Hay coacción, hay fantoche, hay servidumbre voluntaria. Pero hay libros, hay citas, hay lectura, a condición de no sacralizar ni los libros ni los autores, Anarkía muestra que hay crítica, y la hace. No está en la palabra, menos en la reiteración de lo dicho, está en la línea, en la frase, en el lenguaje. «Antídoto / leer // leer despacio / escribir / más / lentamente / aún».

Anarkía plantea un propuesta de igualdad –«si / por casualidad / das / con outsider / paria / marrano / poeta / plebeyo / indignado / rebelde / libertario / acógele / como igual ///»– , desde la alteridad radical, a la que pone en el lenguaje, le da línea y frase, lo contrario de lo que hace la Sociedad. El libro plantea, según lo leo, que hay una huelga posible ante la Sociedad, la de cada uno: leer contra la imagen del Espectáculo.

Contra la comunicación, Lucrecio, contra la información, Lucrecio, es decir leer, descifrar, línea sobre línea y entre las barras otra línea, o una palabra que hace frase: «Saturación / de-información / inane // un-lleno-más-letal / que-cualquier-vacío ///».

La puntuación de Simón Royo Hernández es su manera de respirar. Su manera de no dejarse alcanzar por el estilo.

«Desanclamos / la-tradición /» y las líneas cuentan la épica de la voz y del oído, re-enuncian lo que se va leyendo una y otra vez, la cita re-sitúa y transforma lo que se lee en esa superficie de agujeros que es una lengua, y el lector se re-enuncia lo «que-hacemos / marchar / a-la-deriva / y / recogemos / perlas / del-semoviente / fondo-marino // cristalizaciones / afortunadas / de-la / proto-naturaleza / terrenal / (Benjamin) / e / histórica / (Arendt) / que-llevamos / con-nosotros // transformadas / renovadas / re-de-construidas / por-anarkción ///». Leo Anarkía, me leo, me oigo, me respondo en cada fragmento, entre barras /. //. ///. No hay punto final, hay recomienzo.

Leer Anarkía para salir de la fila de los arrogantes que hablan en nombre del Orden, para salir de la fila de los que trabajan de grandes estabilizadores, de ese «que-parecería / más-bonachón / de-los-ciudadanos / se-suma / a-la-cacería // cambia / su-faz-pacífica / por-la-de-asesino-impune / en-nombre-de-la-Ley ///». Salir de la fila de los que cazan anarquistas.

Simón Royo Hernández escribe la epopeya de su voz, la voz que vive y lee.

Libro que no va hacia la Sociedad, no busca servirla, es al revés, viene de la Sociedad. Por eso no se deja escribir. Libro que no chapotea en los filosofemas, en el academicismo. «estudiar / sin / ortodoxia // escribir / con / libertad /// No encaramarse / a hombros / de gigantes //».

Venir de la sociedad, venir de la estructura, venir de ahí, es salir de ahí: «no querer / ya / ni maestros / ni discípulos / (Nietzsche)»

Libro que no es cómplice de ese gran silencio que suele hacer la filosofía ante la poesía, sacralizándola. Todo su libro va contra el tiempo de la actualidad, que es la negación del poema. No hay príncipe de los poetas, hay poema, y hay desborde de género: «lo alto / «lo bajo // ventura / o desventura / se mezclan / prosa / poema / música / pintura».

El lenguaje es ordinario, todo el lenguaje es ordinario, Simón Royo Hernández lo despliega, no explica nada, escribe su revuelta, y ahí nos encontramos, de a uno, leemos este libro y vamos escuchando nuestra propia revuelta, nuestros rechazos, y la alegría de leer estas líneas en fragmentos que se escapan del mantenimiento del orden: «Altas / o / bajas / ridículas / o / excelsas / todo-el-mundo / en-Comuna / hablará / palabras-auténticas / suyas / de-todos / de-nadie // y-escribirá / con-voz / propia / e / impropia / la-historia-común / que-al-ser-anárquica / será-de-todos / y / de-nadie ///».

Anarkía 3.0 es un hápax.



 

2. Sobre ANARKÍA/ANARKOLEPSIS, de Simón Royo

Concha García González

Situaciones

Simón crea nuevas situaciones relacionadas con la lectura, con nuestra vida, como hacían los situacionistas: incitar un nuevo, pequeño cambio de perspectiva que transforme la experiencia, exhortándonos a ser catalizadores para un cambio social de ruptura de lo normativo

Oímos/ lo-inaudible/ vemos/ lo-invisible/ expresamos/ lo-inexpresable/ pensamos/ lo impensable///

Porque, nos dice….

Los-asuntos / noticias/ del-dia/ no-nos-conciernen/// Parpadeos/ pasando/ de-objeto/ en/ objeto/ no-nos-conciernen/// la velocidad/ de-imágenes/ hipo-reales/ virtuales/ que-impiden/ todo/ foco/ no-nos- conciernen///

Construcción y ritmo: forma o gestalt

Estamos ante una praxis que encarna una ética donde la construcción o concepción de un texto es tan importante como lo que el texto dice o hace. Palabras no sólo entendidas como vehículos de contenido, sino también debemos entender su dimensión material. Estas páginas nos piden que llevemos a cabo un acto de lectura, entendida como decodificación que materializa los símbolos, las letras de la página.

Porque nos recuerda que lenguaje no es en absoluto estable y hasta en su forma más abstracta la más insignificante letra está llena de sentidos semióticos, asociativos, metafóricos, históricos, semánticos, políticos…

Simon nos invita a hacer un viaje con un ritmo determinado: como si fuera una carretera y nos fuéramos encontrando con las señales y las líneas que van definiendo nuestro viaje.

Utiliza la acción de atomizar las palabras sobre la página e irrupción de elementos sintácticos que nos obligan a re-construir el texto a nuestra manera: a construir un espacio no jerárquico.

Guión que separa palabras que separan barras.

División espacial, división temporal. ¿La barra es espacio o es tiempo, nos preguntamos?

Una barra, dos, tres y así se construye la imagen. Y se erige una imagen: una idea-cosa- imagen en la que podemos vivir.

He experimentado el libro como un conjunto de estados, y

así he llamado a los 167 apartados del libro: como si se tratase de un conjunto de folletos u octavillas, tarjetas, cada una con su imagen dialéctica.

Nos habla desde su confederación yoica que modula constantemente, pues nos dice que

Llamamos/ siempre/ permanencia/ esencia/ de-un/ individuo/ un-Yo/ a-un/ modo/ de-devenir//

Nos ofrece una constelación que reúne diferentes hilos de saber (entendido como experiencia personal), bajo la forma unificada del libro.

Cuerpo humano y cuerpo filosófico: la filosofía como praxis personal-con los otros y hacia los otros. El libro es una materialización de una experiencia (vida) filosófica

La-erudicion/repetimos/ es/ una-de-esas/ escaleras/ que-hay-que-tirar/ después/ de-haber/ subido/ por-ellas///.

Somatizacion del lenguaje

Ya no/se-camina/se-habla/ se.mueve/actúa/uno/ igual/ cuando/ anarcántropo/ desplaza/ el-cuerpo/ y/ la-mente/borde-afuera/ de-la/ jerarquía///Las/ palabras/ se-tornan tan / palpables/ como/ un/ escupitajo///.

Creo que es mejor leer el libro en voz alta y detenerse, pausarse El lector no es un receptor pasivo. El texto es un objeto y quien lee, debe participar del acto de creación, de pensamiento de quien lo escribió.

Comedores/ de-papel/ las/ marcas/ teriomórficas/ de-nuestra / escritura/ con-el-cuerpo/ se-encarnan///

La simplicidad visual o uniformidad del texto de Simón, sólo “alterado” por el título en negrita, disimula su peso intelectual, su extensión filosófica que deviene corporeizada.

Las cosas

El texto despliega pensamiento a partir del mundo material, las cosas:

Vampiros //un enjambre/ de murciélagos// hay// revolotean/ chillan/dispuestos en Red/ como langostas/desertizan la tierra/ al extender su oscuro mundo/

una pelusa/que parece/una araña// un loro/que habla/con voz/de abuelo/muerto// un ser inanimado/que parece animado//una mezcla/de hombre/y/cerdo// hibridaciones/ monstruos/animales/disecados/causan//inquietud/angustia/desazón//

La lámpara/la montaña/el zorro/el río/el puente/la noche/…/ acciones y cosas/ nos hablan/ aunque /no sepamos/escucharlas/no sabemos/no/sin afinar/tanto/el oído/como para/traspasar/espacios/infinitos/inconmensurables//

Recrear/una/atmósfera/rodearse /de primavera//resistente/adaptativo/animal/humano/en todo/puede /habitar//en todo/lo puede/deshabitar//

O El hermoso estado del color, 1062, donde rítmica e intensamente se declama la experiencia pretérita de los colores, que en ocasiones produce estupor:

Ya nadie/ve/ el mar/ del color/ del vino// púrpura/ la muerte// la miel/ las lágrimas/ el miedo/ ya nadie/ las ve/ verdes

Somos/átomos-de-espacio-tiempo/ en-devenir-asincrónico//poli-anarchós/chocantes// inmersos/ en-un-punto/ dentro/ de-un/ inmenso/ inimaginablemente/ enorme/ Multiverso/ ingénito / y/ eterno///

Somos /una-materia-animada/ que// conoce/ entiende/ comprende/ y/ sabe// lo-poco/ que-el/ punto// focalizado// le-permite/ captar/// Un-poco/ que-es-mucho/ por-ser/ todo///

Contra los conceptos rectores

Rechazo del conceptualizar entendido como asimilación y dominio de una experiencia concreta que disminuye lo real en su complejidad, como ruptura de barreras contra el surtidor de los eventos concretos, que, nos dice, se desarrollan más allá de los límites de la cognición.

El-mejor/ orden/ no-se-logra/ mediante/ una-construcción/ sistemática// es-producto/azaroso/ de-feliz/ confluencia// afortunada-conjunción/ de-diferentes/ potencias-emergentes// impetuoso/ juego-de-la-vida// interjecciones/ auto-articuladas/ del-destino///

Las-olas-de-fondo/que-mueven/ lo- humano/ son// inhumanas/ pre-humanas/y/ sobrehumanas/// la -manera/ de-atravesar/ el-mar/ no-es/ navegándolo/ de-extremo-a-extremo/ sino-naufragando/ a-la-deriva///

Simón abraza el peligro de la identificación metamórfica: el sujeto se disuelve en una fusión dinámica, compleja que abraza una idea dinámica del mundo

La-multiplicidad/nos-es-constitutiva//cada-uno/ de-nosotros/es/ una-multitud/ llena-de/ metamorfosis/ espontáneas/ e incontroladas/// Logramos/ fugarnos/ de-lo-estable/ que-se-transforma/ en-mantenernos/ a-flote/ en-un-mar/ de-inestabilidad/// Entonces/ podemos/ existir-cabalmente/ sin-asideros/ principios/ muletas// atentos/ al-fondo/ caótico/ que-nos-provee/ siempre/ de-nuevas/ posibilidades///

Simón parece exhortarnos a vivir y no sucumbir a los empobrecimientos y a lo negativo del sometimiento a los principios, nos debemos arrojar una y otra vez a procesos irracionales e ilógicos, para destruir sin cesar la unidad semántica.

Ráfagas/rayo-electrizantes/ que-atraviesan/ la-piel// contingentes/ fugaces// instantes-plenómicos- inocentes/ cuyo-cúmulo// hace/ vida// destruye/ gerontoplasmas// hunde/ escuadras/ invencibles// erige/ sobre-sus/ ruinas// los-espacios/ en-común/ expropiados/ de-los-expropiadores// devueltos/ al-pueblo/ por-venir// constitutivos/ de-Terra/ libre/ y/ liberada///

Y crea palabras que inventan mundos.

En el mundo digital todo lo que vemos, epidermis, está generado, a partir de líneas y líneas de texto, de código, dermis. Simón utiliza las barras para ralentizar

En lenguaje de programación, lo que se escribe después de dos barras no influye en el código, pero sin embargo, es la explicación para quien quiera participar de ese código y hacerlo suyo.

Dermis del código, epidermis del texto filosófico

Me gustaría pensar que Simón nos ofrece el código, dermis, que generará una nueva epidermis, una visión de un nuevo mundo.



 

3. La fuerza de la Anarquía

Francisco Javier Rodríguez Fonseca

 

Este artefacto es un libro que contiene una serie de signos: barras simples, dobles barras, triples barras, guiones, palabras sueltas, palabras que forman frases y palabras y frases ordenadas en epígrafes, impresas algunas en cursiva y/o en negritas y otras no. Es de suponer que estas son las maneras que mejor ha encontrado el autor para transmitirnos lo que quiere transmitirnos.

Comenzar así esta exposición no es gratuito. Solo tenéis que abrir el libro y hojearlo para constatarlo. Es muy posible que lo primero que se os ocurra decir sea: “¡¿qué coño es esto?!”. La verdad es que si yo fuera el autor y esta fuera la reacción primera de quien lo abre, me sentiría halagado. Este libro sorprende, nos descoloca.

Los humanos estamos poseídos por el afán de ordenar todo lo que se nos pone delante y la escritura no se ha salvado de ese afán. Así, si lo escrito nos cuenta historias, es novela o cuento y si esas historias se nos muestran es teatro; si lo que se quiere es transmitirnos reflexiones sobre lo que sea, es ensayo; y si se trata de jugar con las palabras, es poesía. Atendiendo a esta clasificación, como todas, peregrina, ¿a cuál pertenece este escrito?

No parece que nos cuente ninguna historia, al menos no vemos claramente un protagonista que luche por conseguir algo, ni tampoco, una vez que lo empiezas a leer, te embarga la expectación del cómo acabará esto. No es pues una historia, a no ser que todo sean historias. ¿Se trata de un ensayo? Por su contenido podría serlo. Hay en él conceptos y algunos desarrollos, pero es difícil encontrar un hilo argumental explícito, un encadenamiento causal que pretenda fundamentar una tesis, construir una alternativa; más bien es una proclama, un manifiesto ruidoso lleno de furia. Digamos pues que resuena a ensayo, a un ensayo filosófico, aunque solo sea por los ilustres nombres que cita, incluido un animal, perra para más señas, que se llama Nubia y que forma parte de la unidad familiar del autor. No nos cuenta ninguna historia, no es un ensayo al uso, así pues solo nos queda ver si tiene algo de poesía.

La poesía se caracteriza por jugar con las palabras y sus significados, la poesía puede hablar de cualquier cosa utilizando las palabras como le de la gana al autor, el autor establece sus propias normas y convierte a las palabras en una fuente de energía incontrolable, inquietante. En este sentido, la poesía está presente. Al igual que el poeta, el autor parece ser víctima de una luz cegadora que le deslumbra y le hace expresarse, en este caso, como quien, a pesar de estar sepultado entre los escombros de un de un edificio derruido, asoma la cabeza y afirma que está vivo. Así pues, nos encontramos con un texto que tiene de ensayo y tiene de poema a la vez aunque ni es poema ni es ensayo, como si fuera un objeto cuántico.

Aquí hay un orden, inútil, fingido, pero un orden. A primera vista, podría parecer un diccionario, pero en el caso de que lo fuera, sería un diccionario donde las entradas en negrita abren a un encadenamiento de palabras y frases, sinónimos, antónimos, asertos, incluso exabruptos, que nos muestran un campo semántico, un paisaje de ideas, una monumental escombrera acumulada a lo largo de los siglos por el ser humano, la escombrera donde habita y sufre y lucha. Todas las palabras están encerradas entre barras como si fueran trozos, añicos de un derrumbe colosal, que el propio autor ha provocado armado con la fuerza destructora de la anarquía.

Anarquía es una palabra, una fuerza, que impregna todo el texto, desde el título hasta su final, y quizá con el primer epígrafe hubiera bastado o incluso hubiera bastado con el título, expresado como un grito de destrucción y de vida. Pero para el autor eso no hubiera sido suficiente y ha querido ensañarse con todos y cada uno de los componentes de ese Todo que nos ha caído encima: no al poder, no al construir, no incluso al aprender, algo que resulta especialmente odioso para él por todo lo que ha supuesto de sometimiento, de proyecto, de orden, de olvido de la inmediatez, no a lo constituido, no a lo constituyente, pues no hay nada que constituir, solo libertad sin medida. Sin embargo, se reserva un aprender: aprender de los animales, aunque quizá ese aprender del animal no es sino una añoranza, un deseo. ¿Entonces?

Entonces, se me ocurre leer el texto en voz alta y utilizo las barras y las dobles barras y las triples barras y los guiones como pausas, pies cortos y largos, dáctilos y espondeos y entonces ese discurso hecho añicos adquiere ritmo y dota de sonoridad a las palabras, a las frases y a las pausas y ahí, en ese presente continuo de la lectura es donde la vida aparece.

Temor / voluntad / esperanza / nos arrebatan / el presente // sumidos / quedamos / en futuro incierto / en pasado cierto / ignorantes / pues / sabiduría / es / amora la presencia // no vemos / lo que / se nos presenta // el acontecer // y / se nos nubla / el actuar // “

Cada palabra vive en su propio universo, pero establece una relación con la que le precede y con la que le sigue, por sentido, por atracción, por repulsión, ¿un poema entonces?

Hace unos días, estuve en el Teatro de la Comedia gozando de una obra de uno de nuestros máximos pensadores, un pensador que piensa con historias y con ritmo, Pedro Calderón de la Barca. El protagonista era Aquiles. Su madre, la ninfa del mar Tetis, le ha escondido en una isla bajo ropajes de mujer para eludir su destino de morir en la guerra de Troya. Ante la inutilidad de la treta, Aquiles exclama: “ ¡Oh!, cuánto finge la idea, ¡oh!, cuánto vuela el deseo”. La anarquía, con su fuerza gozosamente inútil, como un deseo, irrumpe en el mundo de las ideas desenmascarándolas. Mientras, el animal nos mira y nosotros no podemos aguantar su mirada.



 



 



NOTAS

 

 

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