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EL SUICIDIO

Simón Royo Hernández (octubre 2010)

 

PLATÓN – FEDÓN – SUICIDIO

 

-¿Con qué fundamento, pues, afirman que no es líci­to matarse a sí mismo, Sócrates? Pues yo, justo lo que tú decías hace un momento, ya se lo había oído a Filolao, cuando convivía con nosotros, y también otras veces a al­gunos otros, que no se debe hacer eso. Pero nada preciso he escuchado nunca acerca de esos asuntos.

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-Bueno, hay que tener confianza -dijo-. Pues tal vez enseguida vas a oírlo. Quizá, sin embargo, te parecerá extraño que este asunto frente a todos los demás sea simple, y que nunca le ocurra al hombre, como sucede con los demás seres, que se encuentre: en ocasiones en que tam­bién a él le sea mejor estar muerto que vivir, y en los casos en que le es mejor estar muerto, quizá te parezca extraño que a esos hombres les sea impío darse muerte a sí mis­mos, sino que deban aguardar a otro benefactor.

Entonces Cebes, sonriendo ligeramente, dijo expresán­dose en su dialecto:

-¡Sépalo Zeus!

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-Pues sí que puede parecer -dijo Sócrates- que así es absurdo. Pero no lo es, sino que, probablemente, tiene una explicación. El dicho que sobre esto se declara en los misterios 18, de que los humanos estamos en una especie de prisión y que no debe uno liberarse a sí mismo ni esca­par de ésta, me parece un aserto solemne y difícil de com­prender. No obstante, me parece que, a mí al menos, Ce­bes, que no dice sino bien esto: que los dioses son los que cuidan de nosotros y que nosotros, los humanos, somos una posesión de los dioses. ¿O no te parece a ti así? –

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-A mí sí -dijo Cebes-.

 

-Así pues -dijo él-, ¿también tú si alguno de los seres de tu propiedad se diera muerte a sí mismo, sin ha­berlo indicado tú que deseas que esté muerto, te irritarías con él, y, si pudieras darle algún castigo, se lo aplicarías como pena?

-Desde luego -dijo.

-Tal vez, entonces, desde ese punto de vista, no es absurdo que uno no deba darse muerte a sí mismo, hasta que el dios no envíe una ocasión forzosa, como ésta que ahora se nos presenta 19.


 

SAN AGUSTÍN – LIBERO ARBITRIO – SUICIDIO.

 

San Agustín Obras de San Agustín. Edición bilingüe. Volumen III. Obras filosóficas: Contra los académicos. El libre albedrío. La dimensión de alma. El Maestro. Naturaleza y origen del alma. La naturaleza del bien. BAC. Madrid 1971. 5ª edición. Traducciones y notas Victorino Capanaga et alii.

 Para San Agustín pecar es tender hacia la nada, los hombres que buscan el no-ser padecen de un tendere in nihilum, un tender hacia la nada. Pero ser, ser siempre, es el anhelo más profundo del espíritu humano, con lo cual parece un contrasentido buscar la muerte. Agustín llega a la conclusión de que no se mata nadie sino con la ilusión de liberarse de unos males presentes, luego en realidad no se busca el no ser, sino de manera equivocada, se busca el ser más feliz. Porque según Agustín la inclinación humana general es a ser, es hacia la plenitud del ser.

Agustín afirma que al quitar la vida al cuerpo no se le quita al alma y por encima de las leyes humanas (que admiten que un soldado mate a otro) dice que está el precepto “no matarás” de las leyes divinas indicando que seguir tal precepto está en las manos del hombre. (Aquí pudiera verse una defensa del martirio, porque al morir por la fe, por no renunciar a la fe, sólo moriría el cuerpo. Pero también podría verse como una incitación a los soldados a desertar). La pureza (pudictia) del alma le es constitutiva, de modo que no se pierde por los daños que se inflingen al cuerpo. (Algo que pudiera verse como un visto bueno a la flagelación y la mortificación de la carne en aras de la perfección del espíritu).

Finalmente Agustín no admite ni siquiera matar en defensa propia, ya que el precepto mencionado antes es de la ley eterna que está gobernada por la divina providencia (Cfr. Lib.arb. I.37-38 BAC) y por encima de la ley humana; luego matarse a sí mismo está igualmente prohibido.

Por otra parte Agustín argumenta que el que no quiere existir por ser infeliz lo que no quiere es ser infeliz y no realmente no existir, así como el que desea el descanso y la quietud, no desea con ello realmente no existir, sino cesar en el movimiento, con lo cual, lo que quiere es más bien ser una realidad más perfecta (de ahí las prácticas monásticas de meditación y quietud, para no turbarse con los movimientos con las afecciones contrarias que les están asociadas)..

“EV. –No negará esto nadie que lo vea, lo cual es fácil, que la sustancia viviente es preferible a la no viviente, y que la que da la vida es preferible a aquella que la recibe” (Libero arbitrio BAC. I.72).

 

[QUÉ ES PREFERIBLE NO EXISTIR O SER DESGRACIADO]

 III. 64. AG. –Alguien me podría decir «Más querría no existir que ser desgraciado». Yo le respondería inmediatamente: Mientes, porque ahora mismo eres un desgraciado y, sin embargo, por ninguna otra razón quieres no morir sino porque quieres existir; y así, no queriendo ser miserable, quieres, no obstante, existir. (…) Existes voluntariamente y eres infeliz en contra de tu voluntad” (Libero arbitrio BAC. III.64. [PL. 32,1279-1280]).

  

[TENDENCIA INNATA DE TODO HOMBRE HACIA LA EXISTENCIA]

 III. 68. (VII 20). AG. –Podría aún mi objetante insistir: «Incluso siendo desgraciado, quiero más ser que no ser del todo, por la razón de que actualmente existo; pero, si antes de existir hubiera podido elegir, entonces hubiera preferido el no ser a ser miserable. El temer yo ahora dejar de existir, a pesar de ser infeliz, es efecto de mi misma miseria, en virtud de la cual no quiero lo que debería querer, pues debería querer más no ser que ser miserable. 69. Ahora confieso que prefiero existir, aún siendo desgraciado, a no ser nada; pero con tanta más sinrazón quiero esto cuanto soy más miserable, y tanto más miserable soy cuanto con más claridad veo que no debía haber querido serlo». En este caso, le respondería: Mira no te equivoques en aquello en lo que tú crees estar más seguro; porque si fueras dichoso, sin duda más querrías ser que no ser, y siendo al presente infeliz, quieres más ser, incluso así, que no ser en absoluto, puesto que no quieres ser desgraciado. 70. Considera, pues, en cuanto puedas, el grande bien que es la misma existencia, pues la prefieren no menos los desdichados que los felices. Si consideras bien esto, verás que eres desgraciado en cuanto no te acercas al sumo ser, y en cuanto juzgas que es preferible que alguien no sea, a que sea infeliz, en cuanto no ves al ser que es por excelencia; y verás que, no obstante, tú quieres ser, porque has recibido el ser de aquel que es el sumo ser (…). 72. Así, pues, cuanto más ames el ser, tanto más desearás la vida eterna y con tantas más ansias desearás ser formado de manera que tus deseos no sean temporales” (Libero arbitrio BAC. III. 68-72. [PL. 1280-1282]).

 

[ANÁLISIS DEL SUICIDIO. –SU RELACIÓN CON LA TENDENCIA AL SER]

“III, 76 (VIII 22). Considera también lo inconveniente y absurdo que es decir: «Quisiera más no existir que ser miserable»”. Porque decir: «Quisiera más esto que aquello», es elegir alguna cosa, y el no ser no es cosa alguna, sino la nada. Por tanto, de ningún modo puede elegir bien cuando lo que elige es la nada. Dices que realmente quieres existir, aun siendo miserable, pero que no deberías quererlo. ¿Qué es entonces lo que deberías querer? «Debería querer más bien el no ser», me dices. Si debieras haber querido esto, entonces esto es para ti lo mejor; (77) más lo que no existe no puede ser mejor, y más en razón está el querer no existir que el pensar deberías quererlo.

Por otra parte, si alguien elige acertadamente una cosa apetecible, se hace mejor cuando llega a conseguirla; pero no podrá llegar a ser mejor el que no existe; nadie, pues, puede elegir acertadamente el no ser.

(78) Ni nos debe inducir a opinar lo contrario el dictamen de los que, abrumados por la desgracia, se han dado muerte a sí mismos; porque o recurrieron a lo que consideraron mejor, y, en este caso, cualquiera que haya sido su modo de pensar, no contradice nuestro razonamiento; o creyeron que de ese modo vendrían a no ser absolutamente nada, en cuyo supuesto es claro que mucho menos nos debe inducir el ejemplo de los que equivocadamente eligen no ser nada (….). (79 23) No obstante, expondré, en cuanto me sea posible, mi pensamiento sobre toda esta materia.

A mi modo de ver, ningún suicida, o que de alguna otra manera desea morir, está convencido de que después de la muerte no será nada, aunque hasta cierto punto opine así; porque, en efecto, la opinión tiene su fundamento o en el error o en la verdad en que se halla el que raciocina o cree, mientras que el sentimiento se funda en el hábito o en la naturaleza. (80) Puede darse el caso de que uno sea nuestro modo de opinar y otro nuestro sentimiento íntimo; esto, fácilmente se colige de que la mayor parte de los casos  estamos convencidos de que debemos hacer una cosa y nos place hacer todo lo contrario. Y a veces está más en lo cierto el sentimiento íntimo que la opinión (….) (82) (.…). Cuando alguien cree que después de la muerte no será nada, y, no obstante, se ve como impelido  por molestias inaguantables a desearse la muerte con toda su alma, y determina dársela, y, en efecto, se suicida, tiene la opinión errónea de un completo aniquilamiento, y su sentimiento es el de un deseo natural de descanso. (83) Ahora bien, lo que es descanso, no es la nada; al contrario, tiene más realidad que lo que se mueve. Lo que se mueve es causa de afectos tan opuestos que mutuamente se excluyen. El reposo, por el contrario, goza de aquella constancia en la que se entiende perfectamente lo que significamos  cuando decimos: Es, existe.

Y, por consiguiente, todo aquel deseo de morir que se halla en la voluntad no tiene por fin el llegar al aniquilamiento del que muere, sino llegar al descanso (84). De aquí que, aun creyendo, contra toda verdad, el que desea morir, que ha de dejar de existir, desea, no obstante, y con deseo natural, la quietud, esto es, desea ser una realidad más perfecta. Por lo cual, así como es del todo imposible que el no ser agrade a nadie, así también es imposible que haya nadie que sea ingrato a la bondad de su Creador por el hecho precisamente de haberle dado el ser” (Libero arbitrio III, 76-84 IX 24. PL 1283).

 

ROUSSEAU - Escritos polémicos - «Carta de J.J.Rousseau al señor Voltaire» [18 de agosto de 1756]- contra el suicidio y el pesimismo.

 “Pero, por muy ingeniosos que podamos ser fomentando nuestras miserias a fuerza de hermosas instituciones, hasta el presente no hemos sido capaces de perfeccionarnos hasta el extremo de hacer de nuestra vida generalmente una carga, de preferir la nada al ser, porque, si no, el desánimo y la desesperación se habrían adueñado de la mayor parte de la gente y el género humano no hubiera podido subsistir mucho tiempo. Luego, si para nosotros es mejor existir que no existir, bastaría eso para justificar nuestra existencia, aunque no pudiéramos esperar ninguna compensación por las calamidades que hemos de sufrir y éstas fueran tan grandes como usted las pinta (….). Piensa usted con Erasmo que pocos querrían volver a nacer en las mismas condiciones que han vivido; pero, por muy cara que alguien pusiera su mercancía, no dudaría en rebajarla mucho, si tuviera la menor esperanza de cerrar el trato (….). En el normal transcurrir de las cosas, por muy sembrada que esté de males, la vida humana no es después de todo un mal regalo, y si no siempre es una desgracia morir, mucho más raramente lo es vivir” (J.J.Rousseau Escritos polémicos. Editorial Técnos. Madrid 1994, p.8. «Carta de J.J.Rousseau al señor Voltaire» [18 de agosto de 1756]. En respuesta al poema sobre el terremoto de Lisboa de Voltaire).

 

NIETZSCHE – EL NACIMIENTO DE LA TRAGEDIA; LA GAYA CIENCIA; MISCELÁNEA DE OPINIONES Y SENTENCIAS – SUICIDIO

 De El Nacimiento de la Tragedia, cap.3.

“Hay una vieja leyenda que cuenta como durante mucho tiempo, el rey Midas, había intentado cazar en el bosque al sabio Sileno, acompañante de Dioniso, sin poder cogerlo. Cuando por fin cayó en sus manos, el rey pregunta qué sería lo mejor y más preferible para el hombre. Rígido e inmóvil calla el demón, hasta que, forzado por el rey, acaba prorrumpiendo las siguientes palabras, en medio de estridentes carcajadas: Miserable estirpe de un sólo día, hijos del azar y de la fatiga, ¿por qué me fuerzas a decir lo que para tí es mejor no escuchar? Lo mejor de todo es totalmente inalcanzable para tí: no haber nacido, no ser, ser nada. Y lo mejor para tí en segundo lugar es —morir pronto[1]”.

 De Miscelánea de opiniones y sentencias, §94.

“94. Asesinatos legales. −Los dos asesinatos legales más grandes de la historia universal no son, hablando sin rodeos, más que suicidios encubiertos y bien encubiertos. En los dos casos se quería morir, en los dos casos se hundió la espada en el pecho manejada por la injusticia humana

 De La Gaya Ciencia Libro III, §131.

131. Cristianismo y suicidio. −El cristianismo convirtió al inmenso deseo de suicidarse, que imperaba en la época de su nacimiento, en la palanca misma de su poder; a la vez que prohibió de forma terrible las demás formas de suicidio, dejó sólo dos y las cubrió de la mayor dignidad, justificándolas con supremas esperanzas: el martirio y el suicidio lento del asceta[2]”.

 

 

18 Esos «misterios» son, con seguridad, doctrinas órficas. De acuerdo con ellas, el cuerpo viene a ser una prisión, o incluso una tumba, según las alusiones de Platón a tal doctrina, en Crátilo 400c, y Gorgias 493a (ver la amplia nota ad loc. de C. EGGERS LAN, Platón, Fedón, Buenos Aires, 1971, págs,, 97-100). Traduzco phrourá por «prisión», ya que indica un lugar vigilado; en el Crátilo se usa el término desmótērion «cárcel».

19 Sobre la consideración filosófica del suicidio, desde Platón a los estoicos, puede verse el capítulo de J. M. RisT, en Stoic Philosophy, Cambridge, 1969, págs. 233-255.

[1] Friedrich Nietzsche El Nacimiento de la tragedia, cap. 3. Cfr. Simón Royo Hernández Sección 7ª Tesis Doctoral & artículo: Nietzsche and Unamuno: The Meaning of the Earth”. New Nietzsche Studies. Nietzsche’s Ecology & Kant, Neokantianism, Nietzsche. Volume 5:1/2 Spring/Summer 2002, pp.42-56. Fordham University, New York (USA). Accesible en su traducción al castellano a través de Internet en:

“El sentido de la tierra tras la muerte de Dios” (Mayo de 2001):

http://www.lacavernadeplaton.com/histofilobis/nietzdiosespa.htm

La frase proverbial con la que se resume la sabiduría de Sileno «lo mejor es no haber nacido, no ser, ser nada. Y lo mejor en segundo lugar es morir pronto», se encontraba muy extendida en el mundo griego, pues aparece ya en Hesíodo, Certámen, vv.75-80; Teógnis, vv.425-428, y luego en un Sófocles, Edipo en Colono, vv.1224ss, que escribió el lema antivitalista de Sileno a los noventa años. También aparece en Heródoto, Historia I, 31 que le hace decir a Solón algo parecido al rey Creso. Eteocles, hijo de Edipo, dice al encarar su destino en Los siete contra Tebas de Esquilo: «mejor morir antes que más tarde». Lema que podemos encontrar también en Ovidio, que lo enuncia en sus Metamorfosis, III, I, vv.130-137, o en Epicuro, que lo refuta en su Carta a Meneceo y en sus Máximas, animando a quienes digan tal cosa a que traspasen cuanto antes las puestas del Hades. Llegando incluso a aparecer implícito o explícito en otras culturas, como en los libros bíblicos del Eclesiastés o de Job y en los Rubbaiyat de Omar Jayyam. Bertrand Russell en su The Conquest of Happiness clasificará el lema silénico, atendiendo al nivel de emergencia psicológico, entre esas causas de la infelicidad que se pueden subvertir voluntariamente, denominando a sus efectos como estado de «infelicidad byroniana».

[2] Puede verse también en La Gaya Ciencia el §107 y el §338.

 

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