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LITERATURA PARA EL ESTUDIO DE PLATÓN.

Simón Royo Hernández (Octubre de 2010)

 

MARY RENAULT

 Mary Renault, La máscara de Apolo. Editorial Círculo de Lectores. Barcelona 1996. (Traducción de Hernán Sabaté).

 SINOPSIS-RESEÑA:

 Este libro es una excelente lectura complementaria de La República, ya que trata del modo como Platón intentó llevar a la práctica sus teorías. Según esta excelente novela histórica Platón, el gran filósofo, y Dión, el político siracusano, fueron amantes. Dión fue el noble siciliano con el que intentaría Platón provocar una revolución político-social en Siracusa, con La República como modelo.

 Renault nos envuelve en una trama de espionaje y política a través de los viajes de un actor de teatro, lo que le permite explayarse en detalles del mundo griego clásico difíciles de conocer. Respecto al teatro y las mujeres, por ejemplo, nos dice que los actores de teatro representaban magistralmente los papeles femeninos (al estarle vedada la actuación a la mujer), o que en la Grecia clásica estaba bien asentada la institución de la dote, pues sin ella no era posible casar “bien” a una mujer; o que un asiento en el teatro costaba dos óbolos. Nos revela que existía la prostitución y que entre las hetairas las había cultas y célebres, como las cortesanas del Renacimiento y que también existían burdeles de muchachos. Pero también destaca como había mujeres filosofas, como Lastenia de Mantinea, que pertenecían a la Academia.

 La distinción entre como concibe al hombre un artista y un filósofo se pone en boca de Nicerato, el actor, el protagonista del relato: “para mí, la vida de un hombre es un árbol de raíces retorcidas. Para un filósofo político, en cambio, debe ser como un diagrama de Pitágoras” (Cap.11, p.219). En boca del actor espía, metido en la conspiración platónica, se ponen sentencias sublimes, como cuando dice que: “La mayoría de los tiranos, al hacerse con el poder, empiezan por dar muerte a la aristocracia; así pues, los conservadores son tan enemigos de los tiranos como los demócratas" (Cap.14, p.262); o se señala que, estando en un año Olímpico, el actor Nicerato se dirige al lugar de los juegos donde había “algunos efebos adorables cuyas proporciones aún no había estropeado, como sucedía con las de los atletas maduros, el ejercicio desequilibrado para especializarse en un concurso” (Cap.17, p.328), muestra de que la autora conoce bien la obra de Platón y como en ella se crítica el deporte especializado. Aunque el actor, a menudo aparece como portavoz de las palabras de otro: “Un estado es la suma de sus ciudadanos. Si han renunciado a su virtud personal, ¿cómo podrán elaborar una moral pública?” -dice Nicerato, citando palabras de Dión (Cap.22, p.388).

 La acción se desarrolla en un momento preciso, no es el primer intento de Platón de hacerse con el poder en Siracusa para llevar a efecto su programa filosófico-político, pues ocurren los hechos al quinto año de exilio de Dión, cuando llegaron noticias de que en Sicilia había terminado la guerra (con los cartagineses) y podían intentar de nuevo tomar el poder. En ese entonces, Platón, tendría según la autora más de setenta años y se trataría de su tercer viaje a Siracusa. Dión habría asistido a las enseñanzas orales del filósofo y habría quedado totalmente convencido de la verdad de sus propuestas y la necesidad de llevarlas a cabo no sólo en la teoría sino también en la realidad. Pero las cosas vuelven a salirle mal y Platón deja Sicilia por tercera vez. El actor Nicerato ya no volverá a ponerse la máscara de Apolo para actuar transformándose en el dios.


 

IRIS MURDOCH

  

Iris Murdoch, El fuego y el sol. Por qué Platón desterró a los artistas. Editorial F.C.E. México 1982. Traducción de Pablo Rosenbleueth. (orig.inglés The fire and the sun. Why Plato banished the artists, Oxford University Press, London, 1977).

 SINOPSIS-RESEÑA:

 Es el de Murdoch un interesante ensayo cuyo título ya nos remite al fuego de la caverna y el sol del firmamento, dos elementos metafóricos esenciales en la filosofía platónica. Según la autora Platón, como Kant y Tolstoi, sienten un miedo puritano hacia el arte, al que no ven sometido a reglas y del que temen sus excesos y libertades. El diálogo es un medio para la voz, para el habla: “Platón escribía con recelo” (p.45), nos señala Murdoch, observando lo que se ha llamado en Grecia paso de la oralidad a la escritura.

 Su enemigo es el sofista que es equiparable e identificable con el artista pues domina el arte del hablar falsamente al que se opone denodadamente la dialéctica, que equivale a decir la verdad (cfr.p.62). El artista-sofista es el principal enemigo de la dialéctica (p.121), (excepto considerando la ironía, la sofística socrática, como motor de la dialéctica, como lo negativo en Hegel a decir de Kierkegaard). Frente al escepticismo por un lado y el dogmatismo por el otro oscilará el pensamiento de Platón, más entre los extremos que en el término medio.

 Habría, sin embargo, un epicureismo en Platón (p.64), caracterizado por la homosexualidad del amor casto, por el Eros y el enamoramiento: el Demiurgo crea el tiempo como una “imagen móvil de la eternidad” (p.102), sugiere la escritora, siendo el amor de Sócrates y Alcibíades una relación espiritual (p.110), lo que muestra que la autora del ensayo se alinea junto al puritanismo platónico.

 El mal no es sino un error y constituye un fracaso racional (p.106), es siempre producto de una mala dialéctica o pseudodialéctica. Respecto a la iconoclastia platónica (p.108, rechazo de las imágenes), Platón no habla de copiar las formas sino de verlas, en el sentido de, en cierta forma, volvernos como ellas. Luego el Platón iconoclasta será aquel que rechace el arte por motivos teológicos (p.120), ya que es, a juicio de la autora, un reformador religioso (p.115). Por ese motivo llamar reaccionario a Platón, como hizo Kart Popper, no puede ser sino una ingenuidad histórica (p.117), puesto que, en contrario, bien podrían recordarse Las Leyes (805) donde se argumenta a favor de la igualdad de sexos y de la admisión de mujeres filósofas (p.119) en las instituciones.

 En definitiva la ensayista piensa que el fuego de la caverna es tomado por el sol cuando el arte sustituye con ilusiones y sombras a la filosofía y la verdad (p.122-123). Platón es enemigo del arte  malo no de todo arte, pues considera que el buen arte es veraz o verosímil e impulsa hacia el bien (p.145). Y al final se podrá apreciar como la ensayista se las tiene que ver con la paradoja de que el propio Platón sea un artista, con la paradoja del Platón que escribe o escritor (p.158-159).

 

 

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