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Kant y los derechos de los animales.

Comentario  y análisis de un

 texto de Kant

Lucio García Fernández

 

La polémica persistente en nuestros días respecto a los derechos de los animales, cuya presencia en los medios de comunicación la ha convertido en alocución prácticamente diaria, me recordó hace poco un texto de Kant en el que la misma es abordada de un modo que, hasta cierto punto, ha sido olvidado por las posturas enfrentadas, cada vez más extremas, que litigan en la mencionada polémica. El texto, en suma, es el siguiente: 

 Juzgando según la mera razón, el hombre no tiene deberes más que hacia el hombre (hacia él mismo o hacia otro); porque su deber hacia cualquier sujeto es una coacción moral ejercida por la voluntad de éste. Por tanto, el sujeto que coacciona (que obliga) tiene que ser, en primer lugar, una persona, en segundo lugar, esta persona tiene que estar dada como un objeto de la experiencia: porque el hombre tiene que actuar en pro del fin de la voluntad de esta persona, y esto sólo puede suceder en la relación recíproca entre dos seres existentes [...]. Ahora bien, contando con toda nuestra experiencia, no conocemos ningún otro ser capaz de obligación (activa o pasiva) más que el hombre. De aquí que el hombre no pueda tener ningún deber hacia cualquier otro ser más que hacia el hombre y en el caso que se imagine que tiene un deber semejante, esto sucede por una anfibología de los conceptos de reflexión, y su presunto deber hacia otros seres es sencillamente un deber hacia sí mismo; a este malentendido llega al confundir su deber con respecto a otros seres con su deber hacia esos seres.

Este presunto deber puede referirse a objetos no personales o a objetos ciertamente personales pero absolutamente invisibles (que no se pueden exponer a los sentidos externos). Los primeros (no humanos) pueden ser la simple naturaleza no material, la parte de la naturaleza organizada para la reproducción, pero carente de sensación, o la parte de la naturaleza dotada de sensación y arbitrio (los minerales, las plantas, los animales); los segundos (sobrehumanos) pueden concebirse como seres espirituales (los ángeles, Dios). Nos preguntamos ahora si hay una relación de deber entre los seres de ambas clases y el hombre, y cuál es.

Con respecto a lo bello en la naturaleza, aunque inanimado, la propensión a la simple destrucción (spiritus destructionis) se opone al deber del hombre hacia sí mismo: porque debilita o destruye en el hombre aquel sentimiento que, sin duda, todavía no es moral por sí solo, pero que predispone al menos a aquella disposición de la sensibilidad que favorece en buena medida la moralidad, es decir, predispone a amar algo también sin un propósito de utilidad (por ejemplo, las bellas cristalizaciones, la indescriptible belleza del reino vegetal).

Con respecto a la parte viviente, aunque no racional, de la creación, el trato violento y cruel a los animales se opone mucho más íntimamente al deber del hombre hacia sí mismo, porque con ello se embota en el hombre la compasión por su sufrimiento, debilitándose así y destruyéndose paulatinamente una predisposición natural muy útil a la moralidad en la relación con los demás hombres; si bien el hombre tiene derecho a matarlos con rapidez (sin sufrimiento) o también a que trabajen intensamente, aunque no más allá de sus fuerzas [...], son, por el contrario, abominables los experimentos físicos acompañados de torturas, que tienen por fin únicamente la especulación, cuando el fin pudiera alcanzarse también sin ellos. Incluso la gratitud por los servicios largo tiempo prestados por un viejo caballo o por un perro (como si fueran miembros de la casa) forma parte indirectamente del deber de los hombres, es decir, del deber con respecto a estos animales, pero si lo consideramos directamente, es sólo un deber del hombre hacia sí mismo.

 

            El texto puede ser dividido en tres partes: la primera, que coincide con el primer párrafo,  propone la idea kantiana de deber como fundamento de la moral. Deber hacia sí mismo como fuente de obligación. Desde esta idea encarará el problema del derecho de los animales. La segunda, expuesta en los párrafos segundo y tercero, expresa el respeto hacia los objetos naturales y espirituales obligados por el puro respeto del ser humano hacia sí mismo. Por amarse a sí mismo sin propósito de utilidad. Y la tercera, propuesta en el párrafo cuarto, afirma el respeto hacia los animales por puro respeto del ser humano a sí mismo; más si cabe por la vinculación de aquellos con la especie humana. Derecho a matarlos o a servirse de su trabajo por supervivencia, pero no a causarles sufrimiento.

 

1.      ¿Dónde se ubica el texto?

El texto forma parte de la obra Metafísica de las costumbres. En concreto se trata de los parágrafos 16 y 17 de la Parte Primera de la misma. Esta obra representa la culminación del pensamiento moral de Kant. Fue publicada en 1797, en plena madurez del autor. Se suele dividir el pensamiento kantiano en periodo precrítico y periodo crítico. El segundo está caracterizado por el uso del método trascendental, que consiste en la búsqueda de las condiciones que hacen posible el conocimiento y la moral distinguiendo entre los elementos a priori y lo a posteriori. Dicho periodo crítico se inicia con la publicación de la Crítica de la Razón Pura en 1781, en la que analiza el uso teórico de la razón, y continúa con la Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres (1785), en la que comienza el tratamiento de la razón práctica. En esta obra analiza la conciencia moral como primer paso de la fundamentación del uso práctico de la razón. Para ello aclara los conceptos de buena voluntad, deber, imperativo categórico y autonomía de la voluntad. Kant continúa la tarea de fundamentación de la moral en la  Crítica de la Razón práctica (1788), obra en la que afronta el problema del bien y de la felicidad en relación a la voluntad. El periodo crítico finalizaría con la publicación de la Crítica del juicio en 1799; donde intenta unificar los usos teórico y práctico de la razón como dos funciones de la racionalidad humana.

El nombre metafísica de las costumbres hace referencia al fundamento de la moral; hoy la llamaríamos ética. No obstante, enfatiza la búsqueda de principios a priori del comportamiento moral. Es el complemento de la metafísica de la naturaleza, tratada en la Crítica de la Razón pura. Obra de difícil lectura por lo desmañado del estilo literario. La Metafísica de las costumbres analiza los principios universales del derecho y trata de establecer la eticidad de la razón jurídica desde el fundamento que le presta su carácter a priori. Se divide en dos partes: la Doctrina del Derecho y la Doctrina de la Virtud, ambas precedidas de una introducción. La obra está precedida también de un prólogo en el que Kant ubica dentro de su filosofía el análisis de la razón jurídica, y de una introducción general en la que se discuten cuestiones nucleares: la distinción entre voluntad y arbitrio, desde los presupuestos de la libertad y el deseo, y entre derecho y moral. En la Doctrina del Derecho Kant analiza los principios fundamentales del mismo y concluye que el Derecho no se opone  a la moral, porque aunque coacciona al individuo externamente, sirve a la autonomía de la voluntad como un instrumento para su realización. De este modo, la desobediencia hacia el Derecho es observada por Kant como una vuelta al estado de naturaleza. En la Doctrina de la Virtud, el autor analiza los principios morales fundamentales: inclinaciones, deber, virtud, fines, felicidad y bien. A continuación pasa a la consideración de los deberes del hombre hacia sí mismo, de los deberes del hombre hacia los demás hombres y hacia otros seres, y es aquí donde se sitúa el análisis expresado en el breve texto de referencia.

Tanto el texto como la obra en la que se encuentra ubicado son una muestra del afán de la Ilustración por basar el comportamiento humano en la guía que representa la razón. En este caso desde una perspectiva ético-jurídica. Combatir la irracionalidad en la que se basaba la vida ética, jurídica y política de las personas de esta época. Kant representa uno de los intentos más profundos en cuanto a la fundamentación ilustrada y humanista de la vida de las personas en la racionalidad de estos mismos.

Sin duda se trata de una obra que no ha recibido toda la atención que se merece. Probablemente, por su complicación y porque la importancia de la Crítica de la Razón Práctica y la claridad de la Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres han desviado la atención de los estudiosos de aquella otra. Sin embargo, resulta un escrito fundamental para comprender el pensamiento de Kant sobre la articulación entre Derecho y Moral. Además expresa algunos de los problemas a los que se tuvo que enfrentar el propio Kant a medida que su propio pensamiento moral evolucionaba; especialmente las dificultades que la construcción de una ética puramente formal conlleva, en el sentido de que resulta muy complicado prescindir de fines y motivos en la proposición de una teoría moral.

 

2.      Análisis del método

El método trascendental kantiano introdujo una novedad importante en el tratamiento de los problemas de carácter moral, frente a otros métodos como el silogístico aristotélico o el empírico-analítico humeano o el dialéctico de Platón y Hegel, que generalizan los principios morales a partir de la experiencia. El método trascendental permite atender a los presupuestos racionales de la moral y a los principios en los que fundamentar la ética con un carácter universal. Sin embargo, el gran lastre de la ética kantiana es la desconsideración de la razón histórica que la ética hermenéutica ha señalado contemporáneamente, aunque también su desinterés por el fenómeno moral como ha mantenido la fenomenología. Sin embargo, la Metafísica parece alejarse del método trascendental centrándose en los contenidos, especialmente en el análisis del bien, en detrimento de la voluntad, verdadero principio a priori que fundamenta toda la ética kantiana. No obstante, podríamos decir que en esta obra aplica el método trascendental de un modo más amplio o está menos preocupado por el mismo, puesto que se ocupa de cuestiones más prácticas referidas al bien y a los derechos.

 

3.      Interpretación

Reconocemos en el texto dos problemas fundamentales: el primero, hace referencia a la cuestión del maltrato animal, si bien dentro de la cuestión más general de cómo debemos comportarnos los seres humanos hacia otros seres. El segundo, de un modo indirecto, es el de la relación entre derecho y moral, dentro de la temática más amplia de los principios  del comportamiento moral y de los principios del comportamiento jurídico humanos.

La propia obra en la que se incluye el texto constituye una explicación del modo de comportarnos jurídicamente y moralmente los seres humanos, en especial respecto al resto de seres, desde la perspectiva racional que fundamenta la obra en la que está contenido el texto y toda la ética kantiana. Cuando los hechos no aportan prueba alguna a favor del derecho es necesario recurrir al tribunal de la razón. Además, toda prueba empírica estaría motivada por intereses particulares de personas o grupos. De ahí que el imperativo categórico, debe regular también el ámbito del derecho como ley universal. No tanto como principio deducido de la razón y perfectamente fundamentado en sí mismo, más bien como actitud racional propia del ser humano caracterizada por la libertad y el control de los impulsos egoístas que nos llevan a tomarnos como fines en lugar de medios. En suma, renunciar a los intereses privados, propios del egoísmo moral racional o irracional, y acceder a una voluntad común universal y racional. La libertad es observada como autocoacción, autocontrol de las inclinaciones, al igual que en las obras éticas anteriores de Kant. Aunque, en esta obra no opone autonomía moral a heteronomía, sino más bien autonomía moral a derecho positivo impuesto externamente. Una vez que ha distinguido entre los deberes de virtud y los deberes jurídicos, o entre la libertad interna y la libertad externa, enfatiza el carácter moral del derecho como asimilación racional por parte del ser humano y rechaza su mera imposición externa. Los fines del Derecho se moralizan en la medida en que constituyen fines de la razón humana.

En el ser humano la autonomía de la voluntad supone autocracia, es decir la conciencia de dominar las inclinaciones para alcanzar los fines que la razón propone. Kant trata de establecer los deberes y virtudes para alcanzar tales fines racionales, lo que nos hace sospechar del carácter puramente formal de la ética kantiana. Así, aparecen la felicidad y la perfección como fines que se encarnan en deberes. Tratando de salvar el carácter formal de la ética, Kant define la virtud como la conformidad de la voluntad con el deber.

El problema central de la obra es el de la fundamentación del derecho respecto a la moral. Este último se ha fundado en Dios por parte del cristianismo, mediante la articulación entre de ley positiva, ley natural y ley divina, como en Tomás de Aquino; de este modo, el derecho queda supeditado a la moral y ésta a la religión, y a un fundamento trascendente pues. El iusnaturalismo, desde Grocio a Puffendorf, actualiza el derecho positivo como regla que debe encarnar los principios de la moralidad humana descubiertos en la dimensión racional propia de la naturaleza humana, sin negar que en ella existan inclinaciones irracionales. O se ha desvinculado de cualquier moralidad como es el caso del positivismo jurídico de Hans Kelsen. O como ha sucedido con los diversos relativismos, desde los sofistas hasta nuestros días, porque cualquier orden legal resulta particular en tanto se basa en un orden moral relativo. Kant por su parte distingue entre derecho natural y positivo como forma de diferenciar entre un derecho pre-estatal y un derecho estatal. Kant no es un iusnaturalista, la naturaleza humana en cuanto noúmeno no se puede conocer. El derecho kantiano en un derecho racional, basado en intuiciones morales que asientan el contrato estatal a partir de un estado de naturaleza en el que predominan los temores mutuos entre los hombres, como había dicho Pufendorf. Así, el contrato social tampoco debe ser visto como el fundamento del Derecho, como en el caso de Hobbes, para quien el contrato garantiza la limitación racional de las inclinaciones naturales humanas y egoístas a favor del bien común utilitario,  puesto que es simplemente la regla que permite constituir la sociedad jurídica, un instrumento que encuentra su fundamento en la racionalidad moral, porque ayuda a la auto-obligación moral del hombre en la búsqueda de su realización perfectiva.

El texto aplica la concepción anteriormente esbozada al trato con los otros seres y especialmente con los animales. Evitar su maltrato y sufrimiento es una obligación moral (activa) para el ser humano por su carácter de voluntad racional, por puro respeto a su propia racionalidad, la cual elige en el ejercicio de su libertad. Y en consecuencia debe ser una obligación jurídica (pasiva) también. No se trata de una obligación hacia los demás de un modo directo –aunque la anfibología de los términos nos lleve a pensar que así es-, sino una obligación indirecta que surge del puro respeto de cada cual hacia lo que de humano reconoce en sí mismo. Es una forma de controlar una de sus inclinaciones naturales, la tendente a la destrucción de su medio y de sí mismo. Todo lo contrario de esa inclinación natural hacia la vida que consiste en alimentarse de ellos o servirse de su ayuda, y que nuestra razón reconoce como justas y necesarias.

Kant se situaría en un punto intermedio entre las diferentes formas de resolver la cuestión del trato humano hacia los animales. Así, en un extremo encontramos todas aquellas posiciones que justifican la explotación animal desde la premisa de la inferioridad de los animales respecto al ser humano, que oscilan desde la afirmación de la irracionalidad de los primeros respecto de los segundos hasta su ubicación inferior en la escala zoológica. En realidad, todas estas posiciones parten desde una posición ética utilitaria egoísta, ya tome como referencia al individuo particular o a la propia especie humana como grupo. En el otro extremo, las posiciones que mantienen la imposibilidad de justificar la explotación animal, siendo tal pretensión el intento de fundamentar una actitud “especieista”, que en su extremo más radical conduciría a un vegetarianismo estricto, desde una perspectiva ética utilitarista del bien común, ya sea el de la propia especie humana o el más general de la condición animal. Estas posiciones se han argumentado en los derechos humanos con vistas a la consecución de los fines de la propia especie, la primera, y en una supuesta “igualdad de derechos” entre todos los animales, la segunda. Esta última no estaría basada en la racionalidad como elemento común de los animales, sino en la capacidad de sufrir.

 

4.      Crítica

Desde una visión de la ética kantiana de corte formalista, el intento por parte de Kant de fundamentar tanto la ética como el derecho en la voluntad racional, única fuente de las leyes morales y legales, corre el riesgo de terminar sometiendo la ética a la razón jurídica, es decir, al derecho. Si la razón se convierte en fuente soberana de la ley establece una obligación moral ciega hacia su cumplimiento al no considerar los fines humanos relativos a la felicidad, ahogando al mismo tiempo la autonomía moral del individuo.  Si eliminamos la subjetividad, el deber puede quedar supeditado a las normas morales. Y éstas pueden convertirse en pura normatividad, en su caso extremo normatividad externa que olvida lo que el sujeto desea y anhela. Al anteponer la ley a los motivos morales, cómo detectar el cambio de motivos, incluso de motivos racionales.

Por otra parte, frente a la tradicional interpretación formalista de la ética kantiana como ética del deber, ¿no está Kant convirtiendo al deber de actuar racionalmente en el fin de la existencia humana? De este modo, en nada se distinguiría la moral kantiana de una ética utilitarista de fines, que colocaría a la justicia, basada en la razón, en un medio para la felicidad, o incluso identificaría medio y fin, justicia y bien común. En este sentido el respeto hacia los demás seres como a sí mismo radicaría en un modo de proceder que trata de dirigir al ser humano racionalmente, medio latente para alcanzar su propia felicidad, su propia perfección. Uno se hace racional ejercitando su racionalidad; se pasa de la posibilidad al hecho, pero porque la racionalidad ha recibido una valoración positiva, es decir, se la ha considerado un bien.

Cabe, no obstante, atenuar la crítica utilitarista de la ética kantiana, señalando que la misma no opone deber a fines, sino que intenta mostrar que la voluntad solamente puede controlar las inclinaciones y, por tanto, desenmascarar los fines asociados a éstas, si se autoimpone los fines de la razón humana, encarnados en deberes, que crean una auto-obligación interna o moral para el ser humano y una auto-obligación externa o jurídica para el ciudadano. Fines que se concentran en uno: tomar al hombre como fin y tarea en sí mismos, es decir como el valor máximo de la ética humanista kantiana, con lo cual se dulcifica su carácter formal y se remarca su disposición como ética del valor del ser humano en sí mismo, su dignidad.

5.      Conclusión

Las relaciones entre moral y derecho constituyen un tema de actualidad, sobre todo en el mundo contemporáneo en el que la abundancia de legislación y su complejidad técnica tienden a conformarla como un principio de ordenación política de la sociedad segregado de los fines y principios morales, o determinadas por los principios de la economía financiera, absoluto moral que elimina cualquier otra punto de vista ético.

La problemática del especieismo, al que hace referencia de un modo más directo el breve texto, es un tema de candente actualidad moral, para el que Kant nos redescubre una perspectiva nueva desde la que justificar el comportamiento humano hacia los animales, que difiere de la visión utilitarista y de aquellas otras que justifican el maltrato y la explotación animal. La experimentación con animales, las actividades festivas con el dudoso trato a animales, la manipulación genética de animales para su explotación productiva, la caza indiscriminada de ciertas especies, la domesticación forzada de determinadas especies, etc., serían rechazadas por Kant como prácticas inhumanas que nos hacen retroceder en el progresivo recorrido de la historia.

 

BIBLIOGRAFÍA

Kant, Immanuel: La metafísica de las costumbres, Tecnos, Madrid 1994, 2ª ed. Con un estudio preliminar de Adela Cortina Ors. Traducción y notas de Adela Cortina Ors y Jesús Conill Sancho.

 

 

 

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