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Crítica global de la moral kantiana

 

José María García Mauriño

 


 

La moral de Kant es una moral totalmente individualista: "Yo debo de proceder así porque me lo pide la ley moral que llevo en mi pecho". Y no puede haber nada más: lo único válido es la buena voluntad y el deber, en sí mismos, independientemente de todos los sentimientos, de que haya otros hombres, de que haya sociedad, de toda relación humana con la realidad, de que exista la comunidad, de nada.

Es partidario de esa lapidaria frase: fiat iustitia, pereat mundus; diga yo la verdad que llevo en mi pecho, la verdad que debo de decir, aunque se muera Fulano de tal, o perezca el mundo entero. Kant se repliega a la propia intimidad absolutamente personal y obedece a una ley interior, la máxima de mi buena voluntad. Es una moral que no tiene nada de comunitaria.

Kant viene a decir: "Si yo soy bueno por inclinación, porque esa chica me tiene loco y soy capaz de hacer por ella lo que sea, si estudio por sacar buenas notas, o por dar una satisfacción a mis padres, si me porto bien con mis amigos, si hago la vida agradable a mis hijos, entonces no soy bueno; eso no tiene ningún mérito; todo lo que hago, lo tengo que hacer por deber, de manera absolutamente fría, y dejando de lado mi inclinación. Si entonces, me porto con esa chica igual que con este señor por el que no tengo ninguna inclinación ni simpatía, entonces es cuando me comporto verdadera­mente bien. Lo que se hace por inclinación natural no es moral.

Está a años luz de distancia de unos sentimientos espontáneos, vitales. Lo que nos constituye como seres humanos, dice él, es la buena voluntad, el sentido del deber. Lo que es por inclinación nos asemeja al mundo de los animales.

El criterio supremo de la moral es el deber por el deber.

 

Crítica al “deber por el deber”

 

¿Es posible que un hombre, real, concreto, de carne y hueso, históricamente determinado, pueda actuar éticamente sólo por la razón, solo por la buena voluntad? ¿Se puede prescindir completamente de la realidad del hombre como ser que tiene sentimientos? ¿Se puede aislar uno casi completamente de la realidad que le rodea, de la familia, de los amigos, del barrio, de la comunidad, y sólo mirarse a sí mismo? ¿Se puede decir que el que no actúa sólo por deber no puede tener una conducta, una actuación ética correcta?
 

a) Esta ética kantiana va en contra de los sentimientos

 

El rigorismo de su ética le lleva a Kant a sostener que una acción sólo se cumple por deber, únicamente en el caso en que nuestras inclinaciones sean contrarias a esa acción.

Por ejemplo, no sería ético atender por deber a nuestros hijos o a nuestros amigos, porque tal es la inclinación natural que tenemos hacia ellos. Eso es lo mismo que hacen los animales, dice Kant. En este caso, actuamos, no por deber, sino por afecto a estas personas. No reconoce que el afecto, la amistad, las relaciones humanas, sean también una especie de deber; según él, se trata sólo de una inclinación.

Kant menosprecia la influencia de nuestras inclinaciones naturales, nuestros sentimientos, en las decisiones del acto moral; sólo cuenta la razón, sólo cuentan los imperativos de la voluntad; el amor, la simpatía, la enemistad, el odio, etc. que tengamos a las personas, no debe contar.

Esta es la crítica que hacen los filósofos Schopenhauer (1788-1860) y Bertrand Russell (1872-1970).

Ese principio ético, elemental, de no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti (la regla de oro), es traducible en términos kantianos a ese otro imperativo categórico "debemos tratarnos a nosotros mismos y a los demás, siempre como fines y nunca como medios"; tampoco esto puede convertirse en regla moral.

Por ejemplo, un criminal podría recordar esta regla de oro al Juez que le va a condenar a 10 años de prisión a un delincuente común. Si no quieres que los demás te condenen a ti, tú no debes condenar nunca a los demás, podría achacarse al juez.

Además, arguye Russell contra Kant, no es un imperativo categórico, sino solamente hipotético: se podría traducir así: si quieres que el prójimo te trate bien, no le hagas daño, trátale bien. Y la ley moral única es el imperativo categórico, absoluto.

 

b) Argumentos contra la ética formal kantiana


Los argumentos de Max Scheler (1874-1928) van en esta línea: dice que Kant confunde a priori con formal y con racional; para este autor existe un a priori que se capta intuitiva y emocionalmente, que no es de la sola razón: se trata de otro factor distinto, y que es el valor.

Se puede decir que el valor se traduce en intuiciones éticas que tenemos todos y que hacen posible una ética material a priori; es decir, sus principios son evidentes, y no son comprobables ni demostrables, son a priori; tampoco se pueden rechazar por la razón, la inducción o la observación.

Junto a la lógica de la razón, este autor admite la lógica del corazón; iría en la línea de Pascal (1623-1662): "el corazón tiene razones que la razón no comprende".

Nicolai Hartmann (1882-1950) afirma que la universalidad de la ley moral, no es algo que sea necesariamente formal, no es algo que tenga que estar vacía de contenido; la ley moral puede tener un contenido sin perder su naturaleza a priori; el error de Kant consiste en confundir 'material' con 'empírico'. La ética material no tiene por qué extraerse de la experiencia; también puede ser a priori.

El formalismo de Kant se basa en un personalismo,(subjetivismo), y Kant pretende que sea una especie de personalismo-subjetivismo trascendental; todo lo de Kant es siempre muy subjetivo, y muy individualístico, y a esto quiere añadirle que sea a priori, independiente de la experiencia; y que al eliminarlo, el formalismo pierde sentido; confunde a priori con racional, apoyando a Scheler.

También rechaza con Kant las éticas heterónomas, de fines y empíricas; cree que está en lo cierto al sostener que la cualidad moral de un acto no depende de las consecuencias que tenga. Tiene valor, entidad, en sí misma.

 

c) Las limitaciones de la ética kantiana

 

La crítica filosófica no es fácil. Sin embargo, la mayoría coincide en señalar la falta de contenido de la norma kantiana, es decir, que quede reducida a una mera fórmula racional, desconectada de hecho de la realidad.

Por una parte, la coherencia filosófica de Kant, es indudable desde el punto de vista lógico; nada se le puede reprochar. Su ética a priori se encuentra en la misma dirección que la Crítica de la Razón Pura: los juicios sintéticos a priori.

Por otra parte, una norma, ley o imperativo, no serían morales si no son universaliza­bles (que se puedan extender a toos los hombres, según Kant; la universalidad de la ley moral está asociada con su carácter necesario y apodíctico. Pero, estas caracte­rísticas de la ley moral, de hecho, vuelven la espalda a la realidad, a la experiencia, a vaciar de contenido al imperativo. Entre realidad y ley ética hay una enorme distancia.

No se puede alcanzar la universalidad por la experiencia; toda norma, toda ley, es concreta; en cuanto intente universalizarse, admite excepciones, y deja de ser universal.

Por ejemplo, "no matarás", admite la excepción de la defensa propia, los que creen en la guerra justa, la pena de muerte, etc. La norma se puede universalizar 'logicamente', pero quizá no en la realidad.

Por ejemplo, el "egoísmo" es uno de los casos en que la norma es universalizable; desde luego, no admite excepciones: todos somos egoístas; pero, sin embargo, no sería moral; la razón que da Kant es poco consistente, pues supone precisamente el egoísmo: "ayuda a los demás porque en algún momento puedo necesitar su ayuda"; ayudar a los demás para romper el egoísmo, se vuelve también egoísta; porque el rechazo del egoísmo se basa en una razón de conveniencia egoísta: hoy por tí, mañana por mí.

Otro problema: ¿se puede mentir en el caso de que nos obliguen a hacerlo, cuando de nuestra respuesta depende que se cometa un asesinato?

Kant llega a afirmar que sería inmoral mentir a un asesino que nos preguntara dónde está el amigo que se ha refugiado en nuestra casa. "Fiat veritas,pereat mundus".

Y dice textualmente: "Decir la verdad cuando no podemos callar es un deber formal que tiene el hombre con sus semejantes, cualesquiera que sean los inconvenientes que pudiera ocasionarse a sí mismo o a sus semejantes".

Se trata de un solipsismo moral: el no tener ningún contacto con la realidad, le hace perder perspectiva ética; hay valores superiores que difícilmente se podrán subordinar a otros inferiores; el valor de la vida humana es superior en sí mismo a otro valor de diferente calidad. La ética debe de resolver el conflicto entre valores superiores.

 

d) Últimos argumentos


Kant se encuentra prisionero de una psicología un tanto simplista: su ética supone una psicología, en que la personalidad se divide en sensibilidad, razón y voluntad; la voluntad contempla la lucha que se da entre la sensibilidad y la razón; la sensibilidad tiende hacia el mal, y la razón señala el camino del bien.
 

Este humanismo tan simple no sería un humanismo, por faltarle el núcleo de todo humanismo moderno, como es la unidad orgánica de la personalidad humana; él divide a la persona en esas tres facultades (sensibilidad, voluntad y razón), pero no integra sus cualidades en la unidad de la personalidad humana.

Los problemas éticos no son tan sencillos; no es una lucha entre la sensibilidad y la razón, o entre el deber y las inclinaciones naturales; tienen un fondo de problemática mucho más compleja y difícil de analizar; por otro lado, ordinariamente, el conflicto se suele plantear entre dos deberes, entre dos valores que suelen estar siempre detrás de cada deber. Y lo que habría, tal vez, que detectar es el valor que entraña cualquier deber; y una vez visto esto, analizar cuáles son los valores superiores y cuáles los inferiores (otros le llaman 'jerarquía de valores"). Y ver claramente que la ética debería responder al conflicto que se suele dar entre valores superiores, entre libertad y vida, por ejemplo; entre verdad y derechos de la persona, etc.

Kant mantiene una ética que es incapaz de resolver conflictos morales reales; y se puede decir que una teoría ética incapaz de solucionar conflictos reales humanos, es una mala teoría; quizá sea ésta la mejor crítica que le podemos hacer; el principio fundamental de la universalización de la máxima moral, nada soluciona. Le falta también un factor muy serio: es incapaz de inspirar acciones valiosas: es mucho más un elemento prohibitivo, represivo, que un elemento dinamizador, inspirador de actuaciones creadoras.

 

 

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