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Antes de la Historia como disciplina: Heródoto ya era historiador

 

Gabriel Rayos García y Alejandro López Benavidez

 

“Desde Heródoto hasta nuestros días, a lo largo de veinticinco siglos, se extiende el largo cortejo de sus intérpretes: traductores, comentaristas y críticos; todos los que alguna vez tuvieron algo que ver con él y presentaron declaración en el proceso perpetuo que la posteridad no termina de instituir sobre el caso de Heródoto. Proceso que no termina, al menos mientras Heródoto sea esta figura remota colocada en la linde de la historia” (F. Hartog).

 

“Heródoto el Historiador”

 Heródoto se puede considerar el padre de la historia[1], porque se convierte en un actor participante en los hechos que él mismo documentó, los cuales se manifiestan en el conjunto de obras que elaboró a lo largo de su vida, las cuales afortunadamente sobreviven hasta la actualidad, traducida a varios idiomas incluyendo el español; miembro de una familia acomodada o “noble nace en el año primero de la Olimpiada 74, o sea en el de 3462 del mundo, en Halicarnaso, colonia Dórica fundada por los Argivos en la Caria. Llamábase Liche su padre, y su madre Drio, y ambos sin duda confiaron su educación a maestros hábiles, si hemos de juzgar por los efectos.”[2].

 La obra de este pensador griego “estaba escrita en dialecto jónico, y más tarde fue dividida por los gramáticos de Alejandría en el siglo III o el II a. C., uno por cada musa: (Clío, Euterpe, Talía, Melpómene, Terpsícore, Erato, Polimnia, Urania y Calíope),”[3] pero se debe considerar que esta obra, como la mayoría de los escritos griegos, describen al “otro” o los “otros”, fuera del pueblo griego, “porque los textos de los clásicos, y de Heródoto en partícula, deben ser sometidos a una “exégesis” literaria, al igual que lo son las historiografías clásica, ya que reflejan una intención que “falsea” la realidad”[4] pero a pesar de lo anterior la herencias que dejó Heródoto del mundo antiguo, ayuda a comprender aspectos, que de otra forma se desconocerían, por lo antes mencionado “todo historiador al momento de abordar el estudio de su propia disciplina y de su desarrollo como pensamiento, quiera o no, debe volver sobre la obra de Heródoto, ya sea para identificarse o distanciarse”[5] considerando todos los devenires posibles en la interpretación de la información como fuente para construir la historia antigua, como diría el mismo Heródoto revivirla, “una denominación que aparece por primera vez como título de una obra, comienza con esta declaración de propósitos: «esta es la exposición de los resultados de las investigaciones de Heródoto de Halicarnaso para evitar que con el tiempo los actos humanos permanezcan en el olvido»”[6].

 La idea de preservar está implícita en Heródoto, porque la mayoría de los griegos que escribieron se enfocaron en la reflexión filosófica, y desde luego con gran destreza e inteligencia, al momento de desarrollar las propuestas, pero la obra de Heródoto para su tiempo “era la obra más extensa que hasta entonces se hubiera escrito —debía ocupar unos treinta rollos de papiro, con una longitud total de un centenar de metros— y estaba concebida sobre todo para leerla en público y en voz alta”[7] este escrito es el más conocido titulado: “Historias” en nueve libros, cuyo tema central es las Guerras Médicas, comienzó su obra intentando justificar las causas de la guerra y la acabó de una forma tan brusca que algunos autores la consideran una obra inacabada. Otro pensador griego que acompañó a Heródoto en el quehacer de la historia del mundo  griego fue Tucídides (460 – 399 a C.) es considerado como filósofo y políticos, pero más que nada historiador del pasado que:

 

“Vivió durante el siglo V a C. Fue admirado por Hobbes y, según aseguran algunos, también por el General Degaulle: “… mantenía siempre a mano la traducción de Madame de Romilly y de Tucídides”. Pero Tucídides no era ni filósofo ni cultivador de la ciencia política, “sino un indagador y expositor del pasado, un historiador”. Tucídides narra la guerra entre los peloponesios y los atenienses, poniendo por escrito un conflicto tremendamente fuerte para el mundo griego de esa época; entre los años 401 y 404 a C. [8]

 

Pero la obra de Ticídides no es tan extensa en comparación a la de Heródoto, al menos lo que se conserva hasta nuestros días; se tiene que considerar que las interpretaciones de los sucesos históricos narrados por Heródoto, “estaban totalmente influida por el sesgo religioso politeísta, bajo la concepción teológica de la vida, describiendo la derrota del persa Jerjes como un castigo a su soberbia, además tiene toda la imprecación de la construcción griega del “otro””[9], lo antes mencionado se relaciona con el quehacer del historiador, ya que ningún investigador se separa de su parte subjetiva al momento de realizar un análisis histórico, los elementos personales están implícito y van a influir en el resultado de la investigación básicamente en un aspecto cualitativo, más que cuantitativo.

 Asimismo se debe considerar que la obra de Heródoto, más allá de su subjetividad, se apegó al contexto del cual se desprenden las distinta narraciones de este pensador griego, por este motivo están impregnadas de la presencia indirecta de los dioses a través de oráculos y sueños, utiliza muchos coloquialismos (expresiones propias de la lengua hablada), sintácticamente prefiere la coordinación a la subordinación, finalmente a Heródoto le gustaba también incluir en sus relatos digresiones (relatos que no tienen nada que ver con el relato principal) y discursos. Por lo anterior se debe considerar que:

 

“Heródoto es a la vez más primitivo y más libre. Con mucha frecuencia aparecen en sus páginas diversas e incompatibles versiones del mismo acontecimiento. Y esto no lo hace al azar sino por deliberado designio. En efecto, en una conocida reflexión metodológica afirma lo siguiente: “Por mi parte, debo contar lo que se cuenta, pero de ninguna manera debo creérmelo todo, y esta advertencia mía valga para toda mi narración” (VII. 152)”[10]

 Contextualizando el dialogo anterior, Heródoto en sus escritos “su propósito central era relatar los enfrentamientos entre los griegos y persas, desde la revuelta de Jonia hasta la expedición de Jerjes (entre el 500 y el 480 a.C.)”[11], y por las características de los relatos con gran veracidad descriptiva y capacidad del relator, involucrando el contexto histórico que rodea el evento, en muchos de los pasajes de su obra, como lo reafirma Josep Fontana (2001):

 

“Cuando los griegos consiguieron derrotar un ejército y una flota persas muy superiores: unos acontecimientos de los que Heródoto conservaba recuerdos personales, puesto que su ciudad natal se vio implicada en la lucha, y que relata con una gran precisión —si dejamos a un lado la exageración en las cifras de los combatientes y de las naves de los persas, basándose a menudo en testimonios orales. Sin embargo, antes de llegar a la descripción del conflicto, y esto es lo que lo emparenta especialmente con los logógrafos, la Historia nos ofrece una descripción del mundo conocido por los griegos, basada en los conocimientos adquiridos en los viajes que Heródoto había realizado a Egipto, Fenicia o el Mar Negro, y en las conversaciones con viajeros que habían ido incluso más allá. Sus descripciones de países y costumbres son vivas e inteligentes.”[12]

 

Por este motivo los viajes de Heródoto le proporcionaron suficiente conocimiento para enriquecer sus narraciones al momento de escribirlas, construyendo una gran visión del mundo antiguo conocido por los griegos hasta ese momento[13], por este motivo se debe considerar que Heródoto fue “quien descubrió la capacidad del método histórico para comprender el mundo como un todo[14], una capacidad idéntica a la que para el mismo fin poseen la poesía y la filosofía.”[15]

 

Pero a pesar de todo los elementos que Heródoto proporcionó en sus obras, se debe considerar en guardar las distancias con el quehacer del historiador o estudiosos del pasado en alguna de las disciplinas profesionálizantes academicistas (Filosofa, Historia, Antropología….), no se debe considerar a este pensador como parte de algún grupo de investigadores del quehacer histórico, o que en algún momento determinado, pensó escribir sus relatos para un grupo académico o público especifico utilizando herramientas metodológicas similares a las de un historiador actual[16].

 

Visión Geográfica de Heródoto

 

Hay muchísimos elementos que se pueden rescatar de los libros de Heródoto, por ejemplo la visión geográfica que está implícita en los distintos viajeros del mundo antiguo; el movilizarse en una época en donde la mayoría de la gente no viajaba, proporcionó a los viajeros griegos trazar la geografía del mundo conocido a través de sus recorridos, en este caso Heródoto tiene un aporte significativo a la geografía política griega.[17] Porque los viajes se extienden por: Atenas, Fenicia, Egipto, Mesopotamia, Libia, Cirene, Siria, entre otras partes del mundo de la época, por este motivo Heródoto en sus obras refleja lo que vio, vivió y escuchó de otras personas, por lo que en ocasiones incluye elementos que no tienen rigor histórico.

 

“Historiae” o “Los Nueve Libros de la Historia”

 

La obra “Historiae” o “Los Nueve Libros de la Historia”, fue escrita hacia el año 444 a. C., editados por un Alejandrino entre los siglos III y II a C, y como se menciona al principio de documento están dedicados a las nueve musas griegas, lo cual demuestra esta relación con la construcción de la idea de conocimiento que tenían el mundo griego.

 

Del mismo modo en su obra Heródoto proporciona la estatura para comprender una visión de la cosmovisión griega dentro del entorno social, porque la filosofía aunque parte integrar de los pensadores griegos no alcanza a definir para ese momento, un mundo histórico-social como lo hacen los escritos de Heródoto, porque según María Rosa Lida de Malkiel:

 

 “Gracias a esta obra sabemos que este griego, que no tiene muy remota la ascendencia bárbara, no parte de una realidad ordenada en claros esquemas. La filosofía no ha descubierto todavía las esencias universales, cómodamente aprisionadas en otros tantos conceptos, y falta toda la evolución del pensamiento ático para llegar, con Aristóteles, a la clasificación científica de la naturaleza, en cuyo recuento individual está deleitosamente detenida la observación jónica”.[18]

 

Las nueve musas: Clío, Euterpe, Talía, Melpómene, Terpsícore, Erato, Polimnia, Urania y Calíope.

 

Por esto los nueve libros, son ejemplares invaluables para entender la composición del mundo antiguo y de sus obras compilados en “Historie” o “Los Nueve Libros de la Historia”, en donde el primer libro (Libro I) dedicado a Clío, considerada la musa de la Historia, en este escrito se describen los eventos acontecidos dentro de las Guerras Médicas[19].

 

En el segundo libor (Libro II) nombrado Euterpe musa de la música, especialmente a la producida por la flauta; los escritos de esta libro están dedicados en su totalidad a Egipto, bajo el control de Cambises II[20], describiendo detalladamente la geografía, etnografía e historia del país de Ra (Dios del Sol), en este apartado Heródoto reconoció la capacidad de preservación de este pueblo, por esto “rinde homenaje a los egipcios por la manera en que sabían preserva el pasado: <<Los que habitan en Egipto cultivado al ser que los demás ejerciten la memoria de todos los hombres, son también con diferencia los más versados de cuantos llegué a tratar>> (Hdt II 77)[21].

 

Por consiguiente Heródoto a la civilización egipcia le dedicó grandes espacios en la Historiae, después de los escitas[22], que es otro pueblo al cual también describió ampliamente en sus obras,[23] porque dentro del libro tercero (Libro III) conocido con el nombre de la musa Talía; abordó nuevamente al pueblo egipcio describiendo las causas que indujeron a Cambises a atacar Egipto[24], al mismo tiempo narró la campaña militar de este emperador persa, así como todo su reinado, hasta sus últimos días, que se hace cargo del reino Darío I.

 

Dentro del cuarto (Libro IV) nombrado Melpómene, Heródoto describió y aportó elementos valiosos del contexto histórico-cultural de la expansión persa, hacia Escitia, en donde explico la campaña militar contra este pueblo y el territorio de Libia por parte del Imperio persa, Heródoto dice lo siguiente al respecto:

 

1.- Después de la toma de Babilonia, se realizó la expedición de Darío en persona contra los escitas. Como la población de Asia era abundante, y grandes los tesoros que ingresaban, codició Darío castigar a los escitas, pues al invadir antes el territorio de los medos y vencer en batalla a los que les hicieron frente, habían sido los primeros en abrir las hostilidades. Porque, como he dicho antes, los escitas dominaron la alta Asia durante treinta años menos dos.[25]

 

Por otra parte el quinto libro (Libro V) nombrad Terpsícore, proporciona elementos importantes para comprender el avance persa que se cierne contra Grecia, y ver como se dieron las acciones militares hacia los pueblos de Macedonia y Tracia, asimismo para entender la sublevación jonia y como Aristágoras de Mileto[26] pide ayuda a Esparta y Atenas[27], resaltando que la visión de Heródoto durante este apartado, brinda valiosa información para desarrollar la historia de estas dos ciudades griegas. Asimismo el sexto libro (Libro VI), nombrado Erato, es una continuación de la I Guerra Médica, describiendo la invasión del Imperio persa en Macedonia, y al mismo tiempo contextualizando la historia contemporánea de Esparta y Atenas.

 

Al mismo tiempo el libro séptimo (Libro VII) dedicado a la musa Polimnia, dentro de este apartado Heródoto narró los acontecimientos y mantuvo la contextualización de su relato en el cual explicó los sucesos que se dan al momento de la muerte de Darío y como Jerjes I tomó el mando del Imperio y decidió invadir de Grecia, Heródoto mencionó lo siguiente:

 

4. Luego de designar a Jerjes futuro rey de los persas, Darío se disponía a su campaña; pero al año siguiente de estos sucesos y de la sublevación de Egipto, haciendo sus preparativos, le sorprendió la muerte,  habiendo reinado en total treinta y seis años, y sin que le fuese dado castigar a los egipcios rebeldes ni a los atenienses.

5. Al morir Darío, recayó el reino en su hijo Jerjes. Al principio Jerjes no tenía ningún deseo de marchar contra Grecia y reclutaba tropas contra Egipto. Hallábase a su lado, y era de todos los persas quién más podía con él, Mardonio, hijo de Gobrias, que era primo de Jerjes e hijo de una hermana de Darío, y le habló en estos términos: «Señor, no parece bien que los atenienses, que tanto mal han hecho a los persas, no expíen sus delitos”[28].

 

Además describió la enorme expedición por el paso del Helesponto y el desarrollo de las operaciones militares durante la incursión punitiva, y asimismo abordó la visión griega contando como los ejércitos helenos se prepararon para incursionar en la batalla de las Termópilas.

 

Por otra parte el libro octavo (Libro VIII), nombrado Urania, en este apartado Heródoto describió la Batalla de Artemisia, la ocupación de Atenas, explicado como la población y la flota ateniense se refugió en la isla de Salamina, explicando cómo se dio la Batalla de Salamina, lo cual le cuesta la derrota al emperador persa, haciendo referencias a lo anterior Heródoto comenta:

 

4. “Entonces, estos griegos que habían llegado a Artemisio, cuando vieron muchas naves surtas en Áfetas, y todos los lugares ocupados por el ejército, como la situación de los bárbaros resultó distinta de lo que habían pensado, llenos de temor planearon la huida de Artemisio al interior de Grecia”[29].

 

Asimismo el libro noveno (Libro IX), nombrado Calíope, describe la Batallas de Platea y Micala, además menciona los trágicos amores de Jerjes y al mismo tiempo menciona como el ejército ateniense ejecutan la Toma de Sestos y continua aportando datos importantes sobre la opinión de Ciro sobre los riesgos del expansionismo.

 

Conclusión

 

A lo largo de este escrito, se puede considerar a Heródoto uno de los grandes narradores del mundo antiguo, aprovechando las oportunidades que se le presentaron por ser de familia adinerada, proveyéndole una educación valiosa, la cual empleó en entender los diferentes lugares y pueblos que visitó, dejando un tesoro en información que ha redituado en un sin fin de estudios de este pensador y su obra, también se puede inferir que logró explicar el mundo antigua desde una visión propia como griego, lo cual muchos filósofos no logran concretar, guardando distancias en el quehacer de cada uno; al mismo tiempo remarcando la importancia que tienen la “Historiae” o “Los Nueve Libros de la Historia”, para comprender la conformación del mundo antiguo descrito por Heródoto, desde diferentes ópticas como la política, geografía, militar, religiosa.

 

Bibliografía

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-Por Heródoto el rojo, HERÓDOTO, PADRE DE LA HISTORIA. Disponible en http://www.nodo50.org/arevolucionaria/articulos2/Herodoto.htm

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-Stuart, Park; David, Burt; David, Pradales, El Cetro de Oro: Ester, más allá del poder humano, Barcelona, Ediciones Andamio, 2000.


 

[1]Pero a pesar de esta afirmación se tiene que tener muchas reservas, sobre la interpretación de los documentos de la antigüedad, porque para Augusto Mariett, uno de los fundadores de la egiptología moderna, en la segunda mitad del siglo XIX su malestar hacia Heródoto, considerad desde la antigüedad como el “padre de la historia”. Desde una visión externa a la egiptología, e incluso dentro de la mimas, esta afirmación, o pensamiento, puede ser calificada de injusta e improcedente, al considerarse que todo aquello expresado, escribieron o recogieron los autores grecorromanos debe ser tenido en consideración debe ser tenido en consideración al ser los representantes de la cultura clásica, de la que nuestra sociedad occidental se considera heredera desde el Renacimiento. Sin embargo, lo expresado por los clásicos en relación a la cultura faraónica, y las que se desarrollan en el Próximo Oriente en general, es en muchas ocasiones erróneo, recogiendo historias y costumbres que en “su” época podían caracterizar a las mismas, al tiempo que en otras ocasiones se limitaban a expresar lo que la tradición, milenaria ya por entonces, había preservado de las mismas. Por otra parte, y no menos importante, sus comentarios, juicios y descripciones están limitados desde “su lógica, teniendo todos ellos la intención de describir al “otro”, a los no griegos, como inferiores. Antonio, Pérez Largachea, “Heródoto y la Arqueología”. en Boletín de la Asociación Española de Orientalistas, XL, 2004, pp. 111-122.

[2]Los Nueve Libros de la Historia Heródoto de Halicarnaso (484 A.C. - 425 A.C.), Ediciones elaleph.com, 2006. [Traducción P. Bartolomé Pou, S. J. (1727-1802)]. Disponible en http://biblio3.url.edu.gt/Libros/2011/los_9librosh.pdf.

[3]Heródoto el rojo. “Heródoto, Padre de la Historia”. en http://www.nodo50.org/arevolucionaria/articulos2/Herodoto.htm (Consultado el 20 de octubre de 204)

[4]Antonio, Pérez Largachea, Op, Cit., pp. 111-122.

[5]Josefina, Araos Bralic. “Revisión del libro II de Heródoto: el principio de un diálogo”. en Historia y Cultura, Chile, 2010. Disponible en http://www.historiaycultura.cl/html/invitados.html (Consultada el 20 de octubre).

[6], Josep, Fontana, La Historia de los Hombres, Barcelona, Critica, 2001, p. 27.

[7]Idem.

[8] Alfonso, Gómez-Lobo. “Las Intenciones de Heródoto”. en, Estudios Públicos 59, Chile, Invierno 1995. Disponible en http://www.cepchile.cl/ (Consultado el 16 de Octubre de 204).

[9]“La respuesta sacada de la lectura de tal obra, es afirmativa, aunque con matizaciones: en su Historia hay un plan de composición: el devenir histórico universal – por supuesto, de acuerdo con sus conocimientos y los de su tiempo, pues desconocían la existencias de otros mundo-; ahora bien, este devenir histórico está narrado por un griego por lo que si exposición está en función de la relación existente entre el mundo griego – centro de la narración – y el mundo no griego (los helenos frente a los barbaros, bárbaros en su sentido etimológico: todos los que no hablan griego”. - Heródoto Historias: Libros I-IV, España, Akal, 1994, [Gonzales Caballo, Antonio Edi.], p. 11.

[10]Gómez-Lobo, Alfonso, Op, Cit., p. 3. Dentro este articulo antes citado, el autor utiliza la traducción de María Rosas Lida, de Los Nueve Libros de La Historia de Heródoto, de 1981, comentando que en su opinión, ésta es una traducción de extraordinaria de calidad, aparte de ser muy exacta, reproduce con éxito la frescura del estilo de Heródoto

[11]Fontana, Josep, Op, Cit., p. 27.

[12]Ídem.

[13]“Heródoto es heredero inmediato de los logógrafos periegetas, quienes recogían los relatos de los viajeros y curiosos sobre el tema de etnografía, geografía, historia, curiosidades, crónicas de ciudades, genealogías y que fueron los continuadores en prosa de los antiguos poetas épicos. Esta tradición de literatura basada en el viaje tiene fiel reflejo en la obra de Heródoto”. Joaquín, Ritoré Ponce. “El viaje en la oratoria griega”. en Máximo, Brioso Sánchez; ‎Antonio, Villarrubia Medina, (Edit.), Estudios sobre el viaje en la literatura de la Grecia antigua, España, Universidad de Sevilla, 2002, p. 120.

[14]“La lectura de Heródoto ha demostrado ser mucho más compleja de lo que se pensaba. El que era considerado simplemente como un buen narrador de historias, ávido recopilador de todo tipo de anécdotas y curiosidades a las que de una manera un tanto anárquica iba dando cabida dentro de su proteica obra, se ha revelado con el tiempo y tras una lectura mucho más reposada y atenta como un autor bastante más sofisticado y prolijo cuyo relato no se corresponde tan sólo con una ingenua y desenfadada narración de los acontecimientos conocidos” Javier, Gómez Espelosín. “Heródoto y la Percepción de la Geografía Política del Mundo Griego”. en STUDIA HISTORICA: HISTORIA ANTIGUA, No. 23, 2005, p. 144.

[15], Antonio, López Eire. “De Heródoto a Tucídides”. en Studia historica. Historia antigua, No 8, 1990 (Ejemplar dedicado a: El siglo IV d. C.), p. 75.

[16]“Pero en esta lectura en clave más sutil y sofisticada de la obra de Heródoto caben también algunas matizaciones ya que no podemos esperar línea coherencia impecable de planteamientos y opiniones que respondan casi de manera unívoca a un esquema ideológico bien estructurado, de la misma forma que esperaríamos encontrar en un historiador concebido desde la perspectiva moderna. Heródoto no pertenecía a esta clase, como se ha venido recordando incesantemente en los últimos tiempos y por ello no parece necesario volver a insistir una vez más en la primera evidencia, si bien no siempre tenida en cuenta, de que no puede ser considerado uno más de nuestros colegas ni escribía para nosotros. Los estudios realizados desde la perspectiva de la estética de la percepción, que centran el interés prioritario sobre la dinámica establecida a través de la estrecha relación existente entre el autor y su auditorio más inmediato, con todos los condicionantes de todo tipo que ello implica, han venido aplicándose desde hace tiempo y con notable éxito al campo de la historia de la Antigüedad a pesar de la rémora evidente que todavía significa toda la larga y prestigiosa tradición erudita de carácter eminentemente positivista que ha ejercido de manera a veces inclemente su supremacía dentro de este terreno. Y Heródoto no ha constituido una excepción en este sentido. Estudios pioneros en este terreno como el de François Hartog sobre la construcción de un discurso sobre la alteridad han abierto una brecha importante en esta dirección y todavía hoy se escriben monografías destinadas a contextualizar plenamente su obra dentro de su tiempo con todas las claves insospechadas que se derivan de esta operación para el correcto entendimiento de su obra”. Javier, Gómez Espelosín, Op, Cit., p. 145.

[17]“La utilización de la obra de Heródoto, junto con la de Tucídides, en esta dirección ha constituido la pauta fundamental de los numerosos trabajos destinados a perfilar el mapa político griego durante los períodos arcaico y clásico de su historia. Su particular percepción de la geografía política griega es ciertamente significativa y ha condicionado en buena parte el denominado «atenocentrismo» que ha caracterizado casi todo el desarrollo de la historiografía griega, antigua y moderna”. Ídem pp. 146-147.

[18] HISTORIA DE HERÓDOTO (Halicarnaso, 485 a.C. – ¿Turio?, 420 a.C.) [Idioma original: Griego], Diciembre, 2006. [Traducción y estudio preliminar: María Rosa Lida de Malkiel]

[19]“La expansión “Guerra Médica” se usa algunas veces para referirse a todo el periodo desde la llegada de CIRO (c 544 a. C) hasta la paz de Calias (449). Incluyendo el avance hasta, a través y alrededor del Egeo, y las guerras de la LIGA DÉLICA, incluyendo EURIMEDON. Normalmente se entiende, como aquí, para referirse a la campaña de MARATÓN (490) y la invasión de JERJES (480-479). Causas: No existen documentos persas que expliquen por qué los persas se expandían hacia el oeste. Las afirmaciones de HERODORO reflejan sentimientos griegos. Sus afirmaciones de que Persia quería castigar a los atenienses por su participación en la REVUELTA JONIA (499-494) se ve contrarrestada por el hecho de que tanto en el año 490 como en el 480 se vieron solicitudes de sumisión a todos los estados griegos. Todo lo que podemos decir es que Persia expandió como se expidieron Roma y otros poderes, siendo la naturaleza del poder expandirse”. Graham, Speake (editor), Diccionario Akal de Historia del mundo antigua, España, Ediciones Akal, p. 187.

[20]“(?-521 a.J.C.) Rey de Persia (c. 528-521 a.J.C.), hijo y sucesor de Ciro el Grande. Después de conquistar Egipto en 525 a.J.C., intentó ampliar las fronteras africanas del Imperio de los aqueménidas con sendas expediciones a Libia y Nubia, que terminaron en desastre. Practicó desde entonces una política de crueldad que incluyó el asesinato de dos de sus hermanos, Bardiya y Roxana. Perturbado mentalmente, se suicidó cuando iba a enfrentarse a Gaumata que, haciéndose pasar por Bardiya, había sometido a las provincias orientales del Imperio”. En Biografías y vidas. La Enciclopedia Biográfica En Línea. “Cambises II”. En Disponible en http://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/cambises_ii.htm (consultado el 22 de Octubre de 204).

[21] John, Burrow, Historia de las historias: De Heródoto al siglo XX, Barcelona, Crítica, 2007, p. 20.

[22]“En el siglo V antes de nuestra era, Heródoto nos dejó una relación detallada de los escitas cuyo país, según sus propias leyendas y las leyendas griegas sobre su origen, perteneció antes a los cimerios. Boris B. Piotrovski. “El mundo escita. Una antiquísima cultura en las esteas de Europa y de Asia”. en Boris B., Piotrovski. “El mundo Escita. Una antiquísima cultura en las Estepas de Europa y Asia”. en UNESCO (comp), Los Escitas nómadas y orfebres de las estepas, Paris, UNESCO, diciembre de1976, p. 4. También para contextualizar un análisis más completo del pueblo Escitas en la visión de Heródoto y la construcción del “otro”, se puede con consultar la obra de Hartog, François, El Espejo de Heródoto. Ensayos sobre la representación del otro, México, FCE, 2003.

[23] Francois, Hartog, , El espejo de Heródoto, Ensayo sobre la representación del otro, México, FCE, p.33

[24] “Los pormenores de la campaña de Egipto los describe Heródoto, resaltando la gran facilidad que tuvo Cambises para derrotar al último faraón de la dinastía 26, Psamético III, que vio además traicionado por algunos de sus generales previamente ganados por la diplomacia persa. Parece que también planeaba Cambises una acción contra Cartago, pero hubo de desistir, y se limitó a poner bajo control persa parte del territorio de Nubia y de Libia pues estas regiones ya están incorporadas cuando comienza el reinado de Darío, y se las menciona como proveedoras de marfil para las construcciones reales de Susa. Cambises estuvo en Egipto cuatro años para consolidar el gobierno persa, apareció ante los egipcios como legítimo faraón, hijo de Ra, y quizás los enfrentamientos que Heródoto le supone con algunos templos se debieron a un deseo de Cambises de atacar su poder económico mediante una reforma fiscal, para atraerse al mismo tiempo a las clases populares. Cambises salió de Egipto el año 522 y murió de formas antes de llegar a Persia, en circunstancias muy extrañas, narradas tan solo por, Heródoto. El misterio de su muerte va a provocar la primera gran crisis política del Imperio Persa”. Stuart, Park; David, Burt; David, Pradales, El Cetro de Oro: Ester, más allá del poder humano, Barcelona, Ediciones Andamio, 2000, p. 348.

[25] Heródoto, IV, p. 219.

[26] “Tirano de Mileto (Asia Menor) desde 505 aproximadamente hasta 496 a. C., que actuó como sustituto de Histeo durante su ausencia: su sublevación, motivada por causas muy diversas influyó en la de otras ciudades griegas. En su intento de extender el poderío de Mileto en el Egeo, organizó una expedición conjunta jónicos-fenicios de 100 naves contra la próspera isla independiente de Naxos en 500 (Hdt., v, 30)”. Simon, Hornblower; Antony, Spawforth, Diccionario del mundo clásico, Editorial Crítica, 2002, p. 41.

[27] “Hasta el año 480 a.C. El emplazamiento de Atenas estuvo ocupado de forma continua a lo largo de la época Oscura (de lo que deriva la pretensión de los atenienses de ser autóctonos), y llegó a ser una ciudad próspera y avanzada con contactos ultramarinos en el periodo Geométrico. Hacia la mitad del siglo VII a.C. comenzó un período de introspección y relativo aislamiento: el incremento de timbas y de pozos en el Átoca sugiere un aumento de población que hablaba nuevos asentamientos a lo largo del conjunto de la región. […] 490-318 a.C. Gracias a la victoria de Maratón (490) y a su vigorosa participación en la derrota del ejército de JERJES (480-479), Atenas ganó el prestigio necesario para asumir el liderazgo marítimo contra Persia. Ídem, p. 52.

[28] Heródoto, VII, p. 378.

[29] Heródoto, VIII, p. 456.

 

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