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COMENTARIO DEL LIBRO I DE LA GAYA CIENCIA DE FRIEDRICH NIETZSCHE.

 Simón Royo Hernández

 

El libro I de la Gaya Ciencia comienza con el título “Los maestros del fin de la existencia (Die Lehrer vom Zwecke des Daseins)” (§1). Nietzsche afirma que la esencia del sentido de la existencia es la conservación de la especie y que a tal instinto están subordinadas todas las demás facultades humanas. Pero tal afán de vivir trasciende el plano biológico y se convierte, en sus manos, en una tesis ontológica: la que hizo decir a Spinoza que “todo ente tiende a perseverar en el ser”. [Más adelante veremos como Nietzsche no se conformará con la conservación y deducirá que la esencia del sentido de la existencia reside en el impulso hacia la “conservación y aumento” (§349), algo muy comentado por Heidegger en su injusta calificación de Nietzsche como último metafísico]. 

Si bien uno de los elementos más esenciales en el pensamiento de Nietzsche y en este libro I de la Gaya Ciencia de Nietzsche es que “el hombre necesita creer de vez en cuando que sabe por qué vive” (§1), unamunianamente no le basta con sobrevivir, con la conservación biológica de su ser viviente, ni con el legado de una obra cultural, intelectual, científica o artística para la posteridad. Al fin y al cabo la tierra comenzó con el hombre y terminará sin él, de modo que la perduración anhelada no es la de una modalidad más extensa del tiempo de Crónos sino la inmortalidad del alma cristiana y, en la perspectiva de Nietzsche, la del tiempo intensivo y eterno del Aión

Hay una necesidad de un por qué para la existencia pero los “interrogantes hacia el valor de toda la vida” la juzgan como mala a causa del sufrimiento y la condenan, porque “la sola idea de que existe dolor es poco menos que insoportable”. La pregunta por el valor de la existencia y sus posibles respuestas están subordinadas a las experiencias de placer y dolor físico y psíquico que se hayan tenido, que son cambiantes en los hombres y a lo largo de la historia. El sufrimiento es el que según Nietzsche lleva hacia el juicio: “la existencia es algo malo” ("Das Dasein ist etwas Böses", §48). Y ello sobre todo porque hay muerte y disolución en la nada, lo que es temido como el mayor de los males y el más grande de los sufrimientos, por lo que necesita de todo tipo de artimañas para el autoengaño. De ahí el dilema de si mirar o no mirar el mal  (§52) de si conocer la verdad aunque pueda ser no sólo agradable sino también dolorosa o cerrar los ojos a ella, de si hacer caso a Platón y su “filosofar es aprender a morir (Fedón) o a Spinoza y su “un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida” (Eth.4PLXVII). 

El libro I de la Gaya Ciencia comienza con el problema del sentido de la existencia y termina con ese mismo problema, porque la pretensión de esconder la muerte, la violencia y el dolor, de su ausencia y de la presencia de su ausencia, convierte a los europeos en un volcán apagado, unos monolitos rodeados de tedio y aburrimiento, bajo una existencia rutinaria y anodina. Eso provoca el  que “el apremio es apremiante” (Noth ist nöthig!, §56, trad.akal).a Aquí la traducción de librodot es errónea, ya que traduce como: “¡Las situaciones violentas son necesarias!”, cuando lo que Nietzsche indica es que lo que el tedio civilizatorio genera como una necesidad no es necesariamente algo violento sino la acción. En los jóvenes europeos ve Nietzsche un ansia de actuar. Con Heidegger o Baudrillard diríamos hoy que hay una ausencia de acontecimientos, que no ocurre ni sucede nada, aunque Heidegger no dejase esas cosas en manos de las decisiones de los hombres sino que dijese aquello de que el “Ereignis ereignet!”: el acontecimiento acontece. No cuando nosotros queramos sino que depende del destino del ser y otras cosas que ahora no entran a colación. 

Ahora podemos volver al principio del libro I de la Gaya Ciencia y, desde su final, recoger lo expresado sobre la conservación  de la especie con mayor profundidad. Desde tal plano biologicista (superficial) y ontológico (profundo) se nos dice que hasta el momento tanto el criminal como el santo han colaborado en la preservación de la humanidad. Pero tenerse individualmente por bienhechor de la humanidad es una tragedia que hoy ya se ha convertido en comedia. De ahí que las figuras extremas del santo y el criminal pierdan relevancia. 

Después de que Galileo nos arrebatase el ser centro del universo y Darwin el ser de estirpe divina y no animal, Nietzsche, percibe que hemos perdido la unidad de sentido que nos daba el considerarnos seres racionales y que somos eminentemente irracionales. Tal descubrimiento y acontecimiento primeramente es trágico, después ha de ser cómico, para terminar superándolo con nuevas e insospechadas unidades de sentido. ¡Tenemos que lograr reírnos de nuestra insignificancia personal! (véase el comienzo de Sobre verdad y mentira en sentido extramoral). En esto y otras muchas cosas que me interesa subrayar, Nietzsche, coincide con Marx:  

“La historia no hace nada a medias y atraviesa muchas fases cuando quiere conducir una vieja forma social a la tumba. La última fase de una forma histórica es su comedia. Los dioses de Grecia, ya trágicamente heridos de muerte en el Prometeo encadenado de Esquilo tuvieron que sufrir una segunda muerte cómica en los Diálogos de Luciano. ¿Por qué esta marcha de la historia? Para que la humanidad se separe alegremente de su pasado” (Karl Marx Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, 1844). 

La risa aliada con la sabiduría es la primera definición de gaya ciencia. Platón y San Agustín, como señaló Umberto Eco, estarían en desacuerdo. Nuestro San Manuel Bueno Martir de Unamuno es un personaje de comedia, ya no de tragedia, pues sabe que no hay más allá pero finge por su rebaño no saberlo. Y es que a Unamuno, lector empedernido de Schopenhauer, Kierkegaard y Nietzsche, no le bastaba con la perdurabilidad inmanente en la tierra que pueden proporcionar los hijos (genéticamente) y la obra (culturalmente), ya que su gran ego requería una eternidad hiper-personal: 

“Frente a este riesgo, y para suprimirlo, me dan raciocinios en prueba de lo absurda que es la creencia en la inmortalidad del alma; pero esos raciocinios no me hacen mella, pues son razones y nada más que razones, y no es de ellas de lo que se apacienta el corazón. No quiero morirme, no, no quiero ni quiero quererlo; quiero vivir siempre, siempre, siempre, y vivir yo este pobre yo que me soy y me siento ser ahora y aquí, y por esto me tortura el problema de la duración de mi alma, de la mía propia (…). Y para qué quieres ser inmortal? -me preguntas-. ¿Para qué? No entiendo la pregunta, francamente, porque es preguntar la razón de la razón, el fin del fin, el principio del principio (…) todo eso de que uno vive en sus hijos, o en sus obras, o en el universo, son vagas elucubraciones con que sólo se satisfacen los que padecen de estupidez afectiva, que pueden ser, por lo demás, personas de una cierta eminencia cerebral. Porque puede uno tener un gran talento, lo que llamamos un gran talento, y ser un estúpido del sentimiento y hasta un imbécil moral. Se han dado casos. (…). Lo que llamo el sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos es por lo menos nuestro sentimiento trágico de la vida, el de los españoles y el pueblo español, tal y como se refleja en mi conciencia, que es una conciencia española, hecha en España. Y ese sentimiento trágico de la vida es el sentimiento mismo católico de ella, pues el catolicismo y mucho más el popular, es trágico. El pueblo aborrece la comedia. El pueblo, cuando Pilato, el señorito, el distinguido, el esteta, racionalista si queréis, quiere darle comedia y le presenta al Cristo en irrisión diciéndole: ¡He aquí el hombre!, se amotina y grita: ¡crucifícale! No quiere comedia, sino tragedia. Y lo que el Dante, el gran católico, llamó comedia divina, es la más trágica comedia que se haya escrito (…).Y hay una figura, una figura cómicamente trágica, una figura en que se ve todo lo profundamente trágico de la comedia humana, la figura de Nuestro Señor Don Quijote, el Cristo español en que se cifra y encierra el alma inmortal de este mi pueblo. Acaso la pasión y muerte del Caballero de la Triste Figura es la pasión y muerte del pueblo español. Su muerte y su resurrección. Y hay una filosofía y hasta una metafísica quijotesca y una lógica y una ética quijotesca, y una religiosidad -religiosidad católica española- quijotesca. En la filosofía, es la lógica, es la ética, es la religiosidad que he tratado de esbozar y más de sugerir que de desarrollar en esta obra. Desarrollarlas racionalmente no; la locura quijotesca no consiente la lógica científica.

Y ahora, antes de concluir, y despedirme de mis lectores, quédame hablar del papel que le está reservado a Don Quijote en la tragicomedia europea moderna (Miguel de Unamuno El sentimiento trágico de la vida). 

No hay sentido predeterminado de la existencia humana como tal sino que cada cual, como artista y creador, tiene que construirse a sí mismo y, transvalorando todos los valores, dotarse de su propia ética y de su propia metafísica. Y eso, nos dice Nietzsche, porque las éticas impuestas por la tradición son “estúpidas y antinaturales”. Para pasar de camello a león y de león a niño es preciso comprender que el más excelso trágico, Esquilo, habló de “«las olas de innumerables risotadas»”, pero resulta que la cita que nos proporciona Nietzsche es una traducción incorrecta (o que él manipula o escribe de memoria) de los versos 89-90 del Prometeo

Este libro de Nietzsche, visto entero, comienza por la risa y termina con ella (§1 y §383). La risa y la alegría liberan a la vida de su pesadez, le quitan los fardos al camello y la ira al león, pero la idea de llegar a modificar la naturaleza humana hasta ese punto también parece de risa, luego clamar por ello es como predicar en el desierto (in der Wüste). Sin embargo es el “ansia de certeza” (das Verlangen nach Gewissheit, §2) el impulso hacia la verdad, la tendencia hacia el ser intelectualmente consciente, lo que distingue a los hombres superiores de los inferiores. Los interrogantes de la vida sobre los que la mayoría no se pregunta son la máxima expresión del sentimiento vital y del deseo de vivir plenamente. 

Al distinguir “Noble et vil” (§3, en latín en el original) Nietzsche califica lo primero como desinterés, luego lo segundo, lo vil, lo común (Gemein) queda calificado como interés, ventaja, provecho, beneficio, utilitarismo, egoísmo o instrumentalización. Para el vil su contrario es increíble, inverosímil, no puede existir. Pues cuando fuera de toda duda ve que en el noble hay una “ausencia de toda intención egoísta” (trad.Akal), que “no existen interéses y ganancias personales” (trad.librodot), lo considera un objeto de burla. (Werden sie von der Abwesenheit selbstischer Absichten und Gewinnste allzu deutlich überzeugt, so gilt ihnen der Edle als eine Art von Narren). (S’ils se voient par trop convaincus de l’absence d’interês et de gains personnels, voilà que l`homme noble n’eest plus à leur yeux qu’une sorte de fou. Trad. Gallimard). El aner kalós kaí agathós de la Grecia clásica, el varón bello y bueno, quien era considerado como el excelente, el que tenía la areté (excelencia, virtu, Tugend) hoy es tenido por loco, bufón o tonto. Prueba de ello es que en griego moderno la misma y ancestral palabra «agathós» (bueno) quiera decir hoy en día bonachón, tonto, bobalicón. Pero es que además, el noble tiene la  extraña y minoritaria “pasión por el conocimiento” (trad.Akal) “un amor apasionado hacia el conocimiento” (trad.librodot) (§4), (er begreift es nicht, wie man zum Beispiel einer Leidenschaft der Erkenntniss zu Liebe seine Gesundheit und Ehre aufs Spiel setzen könne), “el vil no cree, por ejemplo, que por el amor de una pasión del conocimiento, el noble se juegue su vida y su salud” (mi traducción). 

El noble puede ser considerado como “malo” (böse) al ser un “espíritu más fuerte” orientado hacia “lo nuevo”, al contrario que el vil. Los “deberes absolutos” (§5), son la manera de justificarse como sometido y esclavo sin necesidad de avergonzarse, estratagema que permite el imperativo categórico de la servidumbre voluntaria. Como en Freud, la civilización exige la represión de los instintos, lo que crea un malestar en la cultura y, quien sigue sus propios valores singulares, en lugar de su propio interés como unidad de acción de los individuos en una sociedad capitalista, es reprendido por el colectivo. [Queda mucho por hablar sobre lo noble y lo vil pero como habré de responder a Jean que ha dedicado su intervención a ello, lo dejaré para el debate]. 

Los maestros de la existencia que se proponen como ejemplos de la existencia de deberes absolutos lograr persuadir a los demás si ellos mismos creen en ellos y adoptan dicha ejemplaridad. Son, como quien los defiende y proclama sin creerlos, por ello, dogmáticos, pero al menos no dejan que se les convierta en instrumentos, ya que ellos son quienes instrumentalizan. Así funciona, según Nietzsche, el imperativo categórico de Kant, no tiene precio sino valor quien universaliza su singularidad, Cristo convirtiendo a todos en cristianos, pero los demás son subsidiarios de un valor de la vida que no ha sido puesto ni propuesto por ellos, por tanto, los fundadores de morales y religiones instrumentalizan y dominan a quienes les siguen. Los veremos caracterizados como médicos del alma más adelante (§306) cuando los puritanos maestros de la existencia quieran persuadir a todos los demás de que están enfermos y necesitan de una curación, para la cual, casualmente, ellos tienen el remedio. 

Nietzsche quiere hacer saber que faltan muchas cosas por conocer a un mundo que cree ya saberlo todo, cosas ignotas como por ejemplo: “una historia completa (…) del castigo” (algo que parcialmente hará Foucault en “Vigilar y Castigar” o en su “Historia de la locura en la época clásica”). La ciencia genera la ilusión de que conoce lo que ignora. En tiempos de Nietzsche, el filósofo se da cuenta de que “la ciencia no ha levantado aún sus monumentos ciclópeos; ¡también llegará su tiempo!”, lo que ya podrá constatar Heidegger en su ensayo “La época de la imagen del mundo”, donde nos muestra que los grandes rascacielos y las grandes autopistas son el nuevo egipcianismo de la era postmoderna, una vez convertida la ciencia en empresa. Ello nos da una muestra de cómo muchos pensadores contemporáneos han procurado llevar a cabo investigaciones que Nietzsche dijo que no se habían realizado, que estaban por hacer y que alguien en el futuro las realizaría. Ya Nietzsche había declarado que “la ciencia barbariza” y Heidegger añadirá que “la ciencia no piensa”. 

Al analizar el concepto de con conciencia (Das Bewusstsein, §11) Nietzsche enfatiza su carácter inacabado, incompleto, su falta de desarrollo, la conciencia a su juicio acaba su tarea y su camino al incorporarse el saber y volverlo instintivo. Entonces se alcanza la verdad. No es por tanto una cuestión de evolución o desarrollo fisiológico, biológico, cerebral, lo que le falta a la conciencia, porque ya ha habido quienes lo han hecho y los hay en el presente. Es como el pianista que primero toca pendiente de lo que hace, de dónde pone los dedos, hasta que ya no tiene que poner su atención consciente en la técnica, sino que la ha internalizado de tal forma que sus dedos se mueven solos. Nada que ver entonces con la biología y todo que ver con la teoría estético-ontológica de Nietzsche en el plano individual del artista. El ciclo de la recuperación del instinto tras el tránsito por toda la civilización es su correlato colectivo. Algo que veremos más adelante al llegar al pensamiento del eterno retorno (§341). 

El biologicismo de Nietzsche, sus ideas acerca de la transmisión hereditaria de las cualidades de padres a hijos, no es sino lamarckismo (§8-10), una idea falsa que Darwin y la genética de las mutaciones al azar han desmentido, pero que difícilmente podrá ser erradicada de las mentes de una sociedad que ha hecho del principio de herencia económica una base copiada de la falsedad de la herencia biológica. Nietzsche ha estado interesado con anterioridad en las ciencias punteras de su tiempo, que eran el darwinismo y la psicología, pero si bien en lo segundo se volvió el más profundo de los psicólogos, en lo primero no llegó a comprender sus rudimentos y no supo librarse de los prejuicios de su tiempo. Tomará de todas formas de las ciencias su método genealógico que buscará los orígenes nada morales de nuestras convenciones morales a lo largo de la historia (Genealogía de la moral), genealogismo que se tornará Arqueología del saber en Foucault. (Quizás se puede disculpar a Nietzsche en este punto del biologismo lamarckista, ya que hoy en día, el equivalente de estar al tanto de las nuevas ciencias exigiría intentar versarse en teoría cuántica, supercuerdas, la pretensión de unificación de las cuatro fuerzas, los avances en el proyecto genoma y la teoría matemática del caos). 

Por otra parte, la teoría que aquí esboza Nietzsche de los umbrales de percepción, que dolor y placer han de crecer en la misma proporción, anchura y profundidad (§12), parece que no puede considerarse solidaria a nivel individual y a nivel colectivo. Puesto que tiene fácil contra-argumento a nivel colectivo, ya que los genocidios (índio, negro y judío) o las bombas atómicas (Hiroshima y Nagasaki) no han incrementado la alegría del mundo al aumentar el dolor de la humanidad. Nietzsche es bastante certero en sus análisis del individuo pero no lo es tanto en sus análisis de la colectividad. Así, resulta más cierta su indicación de que el conócete a ti mismo, la máxima de Apolo, Delfos y Sócrates, tenga que ser capaz de soportar el dolor de mirarse a sí mismo de cerca y con detenimiento (§15), cosa extrapolable del individuo a la humanidad, al conocer de lo individual a lo colectivo, que la del hedonismo, quizás valido a nivel individual pero desde luego refutable a nivel colectivo. Por eso el papel de la ciencia, que lo mira todo de cerca y al detalle, ha sido el de desencantar el mundo, reducirlo a lo cuantitativo y mensurable eliminando lo cualitativo, de modo que Nietzsche ponga el ejemplo de un pobre y sabio hortelano que ya no tiene ni siquiera el consuelo de poder considerar el arroyuelo de su huerto como mágica propiedad de “la ninfa de los manantiales” que el está destinado a cuidar en usufructo (§17). 

El problema más importante que subyace al pensamiento de Nietzsche es que es totalmente individualista -de ahí su existencialismo- pero hay suficientes momentos de convergencia con Marx como para que pueda ser Nietzsche y no, como planteó Derrida en su fabuloso libro “Espectros de Marx” de 1993, Max Stirner, quien pueda servir para complementar el marxismo. De tal modo que logremos un pensamiento para el por-venir en el que se consiga que ni lo colectivo subsuma y fagocite a lo individual, ni lo individual destruya e impida lo colectivo. La filosofía Occidental, desde hace 2500 años, se debate con el problema de lo Uno y lo Múltiple, abordado a distintos niveles de emergencia. 

Veo, por ejemplo, la confluencia entre Nietzsche y Marx en sus sendas críticas a la sociedad industrial: “La más diligente de todas las épocas -la nuestra- no sabe aprovechar su mucha diligencia y dinero sino para producir cada vez más dinero y cada vez más diligencia” (§21). El hombre “desprendido de sí mismo” de Nietzsche no es otro sino el hombre alienado (Entfremdung) y extrañado (Entausserung) de Marx, el trabajador. El “desprendimiento” (Selbstlosigkeit) es la pérdida de sí mismo, de ahí que lleve razón Jean cuando indica que nada tiene que ver aquí el ser desprendido con el ser desinteresado, pues no es que uno sea un generoso desprendido, sino que la sociedad capitalista lo desprende a uno de su sí mismo, de su individualidad, singularidad. Esto sitúa a Nietzsche en contra del liberalismo protestante y del capitalismo industrial de la sociedad de masas. 

Nietzsche se encuentra entre los filósofos que consideran que vivimos un proceso de decadencia, en una época (como ya han ocurrido otras) caracterizada por la degradación y la corrupción. De ahí que señale como casos de corrupción (enfermedad) cuatro síntomas: 1. la superstición. 2. la relajación. 3. el refinamiento de la crueldad y 4. la corrupción de las costumbres por el soborno y la traición (§22). (No puedo detenerme en ellos por no extenderme más aún). En el §23 vuelve Nietzsche a cierto arrejuntamiento con Marx al declarar que: “la necesidad de resguardarse de alguna manera de los terribles altibajos de la fortuna abren incluso las manos más nobles en cuanto un poderoso y rico se muestra dispuesto a volcar oro en ellas”. Ya Platón excluía a los sabios-gobernantes de su república ideal de la propiedad privada, ya que de no hacerlo, sabía muy bien que dejarían bien pronto de ser sabios. 

Todo lo cualitativo se ha tornado valor de cambio y la ciencia, al promover la industria y luego la técnica, ha impulsado la alienación y el nihnilismo en de nuestra era en la cual esa nada que es el dinero se convierte en el valor supremo, el valor de cambio para todo. Pero Nietzsche no quiere sacrificar su devoción por el culto al genio romántico a cambio de lo que llama “felicidad china” (§24) o suerte ("Glücke") china del socialismo y el culto al Estado del socialismo. Nietzsche es uno de esos enfermos que no quiere curarse de alguna de sus enfermedades, sabe que su romanticismo es una enfermedad, dice que los socialistas europeos tienen razón, pero son sus pasiones las que no desean un mundo seguro, aburrido, burgués. Por otra parte, la dedicación a la búsqueda de la verdad, que es lo que más interesa a Nietzsche, la filo-sophía, no es para todos, de ahí la ilusoria idea de una sociedad de sabios (§24), pero no así de comunidades hombres que quieran superarse a sí mismos, mejorarse, sin olvidar que la noción de excelencia (areté, virtú, Tugend) que maneja Nietzsche se concibe como capacidad de transvaloración de todos los valores, mejora que tiene que abandonar las morales que hasta ahora han existido y regirse por nuevos valores. También entre el hombre nuevo del socialismo y el superhombre de Nietzsche pueden establecerse ciertas concomitancias, aunque Nietzsche sea un revolucionario de la cultura y del arte: “la llamada cultura industrial: ésta, en su modalidad actual, es incluso la forma de existencia más vil que se haya dado jamás” (§40). Como dice Marx es la burguesía y no el comunismo es lo que ha destruido toda cultura antropológica y todo valor cualitativo, lo que ha provocado la entronización del becerro de oro y ha desencantado el mundo: 

La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario.

Dondequiera que se instauró, echó por tierra todas las instituciones feudales, patriarcales e idílicas. Desgarró implacablemente los abigarrados lazos feudales que unían al hombre con sus superiores naturales y no dejó en pie más vínculo que el del interés escueto, el del dinero contante y sonante, que no tiene entrañas.  Echó por encima del santo temor de Dios, de la devoción mística y piadosa, del ardor caballeresco y la tímida melancolía del buen burgués, el jarro de agua helada de sus cálculos egoístas.  Enterró la dignidad personal bajo el dinero y redujo todas aquellas innumerables libertades escrituradas y bien adquiridas a una única libertad: la libertad ilimitada de comerciar.  Sustituyó, para decirlo de una vez, un régimen de explotación, velado por los cendales de las ilusiones políticas y religiosas, por un régimen franco, descarado, directo, escueto, de explotación.

La burguesía despojó de su halo de santidad a todo lo que antes se tenía por venerable y digno de piadoso acontecimiento. Convirtió en sus servidores asalariados al médico, al jurista, al poeta, al sacerdote, al hombre de ciencia.

La burguesía desgarró los velos emotivos y sentimentales que envolvían la familia y puso al desnudo la realidad económica de las relaciones familiares(Karl Marx El Manifiesto comunista). 

El carácter revolucionario de la burguesía liberal ha sido el del nihilismo reactivo, que ha destruido el mundo y ahora está destruyendo la tierra, el capitalismo es la voluntad de voluntad que ya sólo se quiere a sí misma, la conservación y aumento de la muerte, llegando hasta la desertización. Nada que ver con la transformación o reencantamiento del mundo mediante una nueva tabla de valores, que es lo que permitirá el nihilismo activo destruyendo la estructura metafísica que sustenta el triunfo de la muerte

Resulta muy importante la definición de vivir que aporta Nietzsche en el §26, ya que, su significado, implica una cierta ambigüedad o paradoja (pues vivir es lo contrario de morir): el que la pretensión de librarse del mal, de lo malo en nosotros mismos, de lo que quiere y debe morir en la sociedad, pueda ser una asesina permanente, porque eliminemos con lo que consideramos malo cualidades que no lo son en realidad sino por convención. Quizá por eso nos indica que el viejo Moisés dijo ¡no matarás! Porque la eugenesia gerontocida, la eliminación, le hubiese tocado a él. El puritanismo no opera de otra manera que eliminando lo malo, que siempre es lo diferente, para quedar puro e inmaculado, borrando todo lo otro. Pasajes como éste y otros de tal índole fueron los que entendidos sin la ambigüedad e incluso la ironía con la que fueron escritos facilitaron a los nazis una cierta apropiación de Nietzsche. Sin embargo, el carácter apolítico y anti-político de Nietzsche viene bien reflejado en el (§30) ya que tiene claro que los políticos no son sino comediantes preocupados únicamente por la puesta en escena, por la representación. A Nietzsche no le interesa la política como modo de transformación del mundo, revolucionario, pero sí le interesa en ese sentido la educación y el arte. De ahí que a los seguidores y discípulos de ciertas gentes se les pueda calificar hoy en día como aquellos que se desearía a un enemigo (§32), esto es, malas fotocopias de una mala copia de lo peor del maestro. 

Más adelante Nietzsche incide en que se califica de “malo” simplemente a lo “diferente”, que es lo ni imperante, lo que no va con la costumbre, de ahí que la postmodernidad, procedente de Nietzsche, haya hecho de la diferencia su caballo de batalla. La ciencia ha surgido a través de tres errores que han supuesto lo contrario de lo que pretendían sus promotores, por ejemplo, buscando una fuente inagotable de energía se acabó construyendo la bomba atómica (§37). Y es que el “gusto” proviene de un juicio de los poderosos y ejemplares sobre lo agradable y lo desagradable que acaba determinando lo que se considera “bueno” (identidad) y lo que se considera “malo” (diferencia), o sea, por coacción, hábito y necesidad (§39). Hay aquí una cierta dosis de escepticismo humeano (la causalidad es una costumbre) y fenomenismo kantiano (no hay acceso a la cosa en sí), lo que nos recuerda un pasaje del libro que Nietzsche escribió justamente con anterioridad al que comentamos: “No hay salida ni escape posibles; no hay acceso alguno al mundo real. Estamos dentro de una tela de araña y sólo podemos captar con ella, aquello que se deje coger” (Aurora §117). El gusto (Geschmack) va con la opinión, la moda, las masas y al igual que la moral, no son realidades, sino una tela de araña, un  inadecuado instrumento de pesca para realidades que acaba pescando apariencias, lo cual en Nietzsche no acabará siendo importante para la filosofía del porvenir, porque recusará, precisamente, la distinción realidad/apariencia: “¡Qué es ahora para mí la apariencia! Ciertamente no lo contrario de cualquier esencia” (Was ist mir jetzt "Schein"! Wahrlich nicht der Gegensatz irgend eines Wesens, §54). Pero para poder tratar de la cuestión de la apariencia como danza de los fantasmas en la fiesta de la existencia organizada por los filósofos habría que tratar hoy del estatuto ontológico, es decir, del grado de realidad o irrealidad, de los espectros, de lo virtual, de los sueños, las imaginaciones o los simulacros, lo cual desborda este comentario y dejo apenas apuntado. 

Vivimos en un  mundo en el cual el capitalismo fluyente del valor de cambio heracliteo lo convierte todo en simulacro fantasmal, la irrealización es grande, los amigos se traicionan, las parejas se separan, los clásicos no se leen, de modo que si se quiere y se debe situar uno en lo excepcional, entonces, frente a la inconsistencia del mundo del postmodernismo light o como diría Jean, del esoterismo y psicologismo barato, para se realmente post-modernos, habría que volver sólido todo aquello que se encuentra en estado líquido o gaseoso, excepcionalidad que propone Nietzsche, imprimir el devenir al carácter del ser, pero sin que eso constituya una repetición meramente conservadora del pasado clásico, que también, sino una repetición con su diferencia. Y esto porque de lo que se trata no es de reproducir, que también (ojalá hubiese nuevos Bachs, Goyas, Goethes…), sino de alumbrar un por-venir y abrir paso a un mundo nuevo y mejor. 

Ese nuevo mundo, nueva epocalidad, nuevo paradigma, (en ningún caso New Age), sólo podrá surgir de la digestión, rumiamiento y rememoración, de ahí la insistencia gadameriana en la tradición, pues se llega a ser filósofo cuando uno se incorpora el pasado mediante la razón (Erkenntnis), hasta convertirlo en su instinto, en pensamiento (Gedanke). 

De lo que trata fundamentalmente el pensamiento de Nietzsche es, como toda la Historia del Pensamiento, del problema de lo Uno y lo múltiple, que resolverá con la noción de Eterno Retorno y Transvaloración de los valores. Unidad en la diferencia y devenir del ser, ¡symbolon es shibbolet!

 

 

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