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Sobre la comicidad en Bergson


 

Ruiz J. Párbole, UNED

 

sruiz735@uned.es


 


 


 

Introducción
 

La risa es un fenómeno extraño, no solo por la mera reacción fisiológica que no parece darse en otras especies animales, sino también por las causas que inducen ese fenómeno. La pregunta filosófica que nos ocupa es: ¿Qué es lo gracioso? Y no solamente hay que preguntarse por lo que es gracioso sino también si hay legitimidad moral en que algo sea gracioso, ya que al parecer la risa siempre ha tenido un cariz subversivo, y a su vez ha sido víctima de un reproche inconsciente, que probablemente haya sido el de “no tomar en serio algo”. Platón creía que no era conveniente fomentar la risa en los jóvenes, precisamente porque eso era indicio de una falta de seriedad, la seriedad que debe corresponder al ánimo. Sería otro debate interesante plantear por qué motivo la seriedad y la sobriedad extrema son las caras que quieren proyectar allí donde hay cultivadores de la intelectualidad y moralidad. Pero es evidente que reír está asociado con una disposición anímica momentáneamente alegre, no obstante, en absoluto el humor supone un distanciamiento con respecto a lo intelectual, ya que efectivamente el acto de burlar la realidad, que es lo que es en esencia el humor, amplía las perspectivas cognitivas. Precisamente si el humor es anestesia del corazón eso podría reforzar la objetividad respecto a algo, pues la contrapartida del juicio racional siempre han sido precisamente las emociones. Es el caso por ejemplo del que sufre vergüenza o se siente ridículo por algo, quien podría apartar las emociones negativas que traen de suyo y sustituirlo por la risa, poniendo así una distancia que nos permite omitir el supuesto problema.

Obtenemos entonces un esclarecimiento dinámico de la actitud humorística cuando suponemos que consiste en que la persona del humorista debita el acento

psíquico de su yo y lo traslada sobre su superyó. A este

superyó, así hinchado, el yo puede parecerle diminuto, todos sus intereses desdeñables; y a raíz de esta nueva distribución de energía, al superyó puede resultarle fácil sofocar las posibilidades de reacción del yo.”1

Básicamente lo que siempre se ha conocido por quitar hierro al asunto. Así es justamente como Freud ha concebido el humor, como la capacidad de descargar el estado de tensión constante que nos exige la rectitud moral. Veremos como los planteamientos filosóficos acerca de la risa van en esta línea de la liberación.

 

El espacio del juego, las tensiones y la cosificación
 

Las premisas que nos ofrece Bergson para entender la comicidad son en esencia dos, al menos en el primer modo de la comicidad. Estas son la indiferencia moral y la reciprocidad social. Parece ser que la risa es un tipo de antítesis de la moralidad, ya que para motivar la carcajada se requiere que apaguemos los sobresaltos de la ética o los mecanizados deberes morales cuando estamos ante una situación ridícula. Por ello el humor es siempre fuente inagotable de conflictos, porque no todo el mundo es capaz de poner a dormir por un rato la alerta emocional. Respecto a esto, la comedia debemos entenderla como un espacio de juego, en el que se simula la ausencia de moralidad. Situaciones que en un contexto de normalidad podrían suscitar reacciones empáticas de pronto tornan en una caricatura. Por ello, al hablar de comedia tenemos que hablar de un “modo juego”. Banalizar una circunstancia penosa o un defecto se antoja necesario para poder reír. Para ser más precisos, es en este espacio de juego donde se llevan a cabo las bromas como formas particulares de humor. Bromear es perseverar en la exaltación de lo anormal. Como es evidente, no es un proceso arbitrario el hecho de decir que ahora vamos a banalizar la importancia de una situación para empezar a reír, sino que la situación o escena que presenciamos nos tiene que ofrecer un cierto rasgo que nos indique que ahora sí es el momento para el humor, para entrar en ese juego. Ese rasgo es lo hilarante, lo grotesco, lo raro. Eso es lo que experimentamos cuando vemos que nuestras expectativas acerca del carácter de una persona son desafiadas por lo exagerado. En Freud la explicación del humor también puede asociarse a un modo de juego, en tanto que el yo vulnera la importancia de la realidad, rechaza las exigencias que esta trata de imponer, y por eso es por lo que desde una perspectiva psicosocial siempre ha parecido peligroso, porque supone que el individuo ha sido capaz de silenciar la pesada carga afectiva que le corresponde como ser humano, y el hecho de superponer el placer a la realidad es lo que según Freud haría alguien que padece una psicopatología. Aquel que niega la realidad no está cuerdo. Sin embargo, el humor hay que entenderlo como un desplazamiento psíquico temporal. Ahí podemos fundamentar según el psicoanálisis la razón por la cual la risa es sinónimo de placer, básicamente porque podemos jugar y divertirnos de la misma manera en que lo hacen los niños, a saber, utilizando esa capacidad infravalorada en la filosofía y en general, que es la imaginación, yendo y volviendo de lo serio a lo no-serio. La imaginación, como capacidad de proyección y alteración de la realidad se postula como el acto de rebeldía ante las convenciones.

 

Sin embargo, en Bergson las motivaciones de la actitud humorística tienen otro enfoque. Él habla de la rigidez que se antepone a la fluidez que uno esperaría sobre un carácter o una situación concreta. Podríamos decir que la intervención de la extravagancia inofensiva en la cotidianidad nos abre el espacio del humor. Esa es la peculiaridad que tiene la comedia en contraposición al drama, puesto que éste no permite hacer una distinción tan clara entre lo real y lo ficticio, y por ello es que nuestras emociones no permiten la desconexión. No es así en el caso de la comedia, ya que el reconocimiento de lo absurdo nos da la posibilidad de abandonar momentáneamente la sensibilidad. Cuando vemos un aspaviento ridículo o una circunstancia hilarante la identificamos como un juego ya que las personas involucradas en la escena ocultan su esencia de humanidad mostrándose como marionetas que sobreactúan involuntariamente. Cuando los seres humanos parecen abandonar momentáneamente su esencia nosotros nos abstenemos de mantener una consideración seria sobre dicha persona, ya que se nos está presentando como una caricatura de sí misma o como un muñeco. Pero además, el defecto que se presencia hace gracia en la medida en que no es reconocido por quien lo padece, sino que como dice Bergson, lo ignora. Este es el momento en que la víctima de una broma adquiere la consideración propia de un títere, porque aparenta no ser controlado por sí mismo, sino por unos hilos que penden sobre sí.

Esto es particularmente interesante porque hay que traer a colación la otra premisa, la de la reciprocidad social. La risa siempre busca aliados, acontece cuando se puede compartir, cuando indirectamente podemos preguntar a otro testigo si ha visto lo que ha visto, si ha percibido esa falla en el sistema. Reír es un acto eminentemente social para Bergson, y es así porque lo social no es otra cosa que una expectativa vital más o menos uniforme. Es decir, la gracilidad y la elasticidad son las propiedades formales que uno siempre espera, de acuerdo con un contenido que varía en función del contexto sociocultural. Tal es el caso de las modas, como bien ejemplifica Bergson, las cuales están interiorizadas de tal manera que no se advierte rigidez en quien se asocia a éstas, lo cual sí ocurriría si alguien contrasta con dicha moda, ya que sería percibida la apariencia como tal en oposición al ente, que es justamente lo que no ocurre cuando se cumple la moda, en la cual no hay disociación ya que se considera como algo fluido. Entonces, es por eso que la excentricidad se convierte en risible.

Pero imagínense a un excéntrico que se viste hoy a la moda de antaño: es el vestido, entonces, lo que reclama nuestra atención, lo distinguimos absolutamente de la persona, decimos que la persona se disfraza (como si toda vestimenta no disfrazase), y el aspecto risible de la moda deja la sombra para salir a la luz.”2

El asunto es que nosotros como seres humanos tenemos una consideración de nosotros mismos muy elevada, dando por descontado que la razón que opera en nosotros mantiene a raya toda interferencia material. Es por eso por lo que uno de los motivos cómicos más recurrentes es cuando dicha materialidad o animalidad vence a un individuo por un instante. A ese individuo concreto le habría fallado la compostura, y ahí está la sociedad para recordárselo. Por ello Bergson habla de la ceremonia como el traje que lleva puesto la sociedad, la esfera que aúna expectativas comunes respecto a los acontecimientos y comportamientos, y que precisamente por la seriedad que guarda la ceremonia está siempre al acecho lo gracioso, porque siempre puede aparecer ese mecanismo rígido que desvirtúe la esencia que esperamos, mostrándose ante nosotros como objeto. La sociedad siempre cosifica aquello que rompe sus esquemas.

Podemos, pues, admitir que, por lo general, son los defectos de los otros los que nos hacen reír-aunque haya que añadir, es cierto, que esos defectos nos hacen reír en razón de su insociabilidad más que de su inmoralidad.”3

Como sea, parece que podemos concluir que en Bergson hay un cierto elemento de malicia, en tanto que la risa, como un dedo índice apuntando, busca corregir aquella pieza que no encaja en la sociedad, no necesariamente en sentido moral, como acabamos de ver en el ejemplo, si no más bien por adaptabilidad a las costumbres sociales. Mientras que la perspectiva freudiana nos ofrece una visión más enfocada a las capacidades del yo de trascender las imposiciones vitales.

 

El arte de la tergiversación y la ironía
 

Bergson identifica formas en las que uno aprehende algo como gracioso. Es decir, la identificación de los automatismos colándose ahí donde hay elasticidad tienen muchas formas de manifestarse y eso es lo que nos va a mostrar aquí el filósofo. Hemos dicho anteriormente que la comicidad es jugar, poner en paréntesis a la vida, pero hay muchas formas de manejar esos hilos que atan a la realidad y que nos hacen traer lo estético al mundo, en la medida en que lo imitamos, burlamos, y tratamos como un objeto de contemplación artística. Al final, el proceso de aprehensión de lo cómico es una extracción esencial de las cosas, creando así lo que se conoce como tipos o estereotipos, y que es a su vez lo que se parodia. Pero volviendo a las formas en que se manifiesta la comedia, nos encontramos con la repetición como un motivo cómico recurrente. Cuando uno maneja unos cordeles y en definitiva controla algo, simplemente quiere probar cómo se dan las cosas de un extremo a otro. Es por eso por lo que repetir es algo divertido, como una exhibición del mecanismo que controlamos. Ocurre algo similar con el ejemplo de bola de nieve, es decir, cuando una circunstancia comienza a cierto ritmo y su desarrollo gradual empieza a ser inverosímil por la magnitud que alcanza. Lo que puede observarse ahí es ese entretenimiento basado en maximizar y minimizar una circunstancia para comprobar las consecuencias, jugando con el factor sorpresa. Una situación estúpida que termina en multitudinarios accidentes o bien una situación trágica en la que se actúa de forma estúpida son cosas que nos causan risa por lo desproporcionado que tienen. Otro buen ejemplo sería aquel que nos propone una realidad dada la vuelta, donde los papeles se intercambian y lo absurdo vuelve a estar patente.


Desde un primer momento hemos dicho que la comedia era un espacio que se nos abría cuando una pequeña señal se mostraba, un código, un automatismo que nos indicaba que era el momento de apagar la seriedad. No obstante, no siempre ese elemento está tan claro, puesto que lo cómico también tiene su versión refinada, que es cuando entra en juego el ingenio. La capacidad ingeniosa básicamente consiste en introducir de tapadillo lo cómico, de manera que oscile entre lo serio y la broma. Por ello es común que muchas personas tarden un poco más en captar el tono real de lo que se ha dicho. Este tipo de comicidad atañe específicamente al uso del lenguaje como vemos, en el cual también pueden percibirse incongruencias que resulten graciosas.

Se obtendrá una frase cómica insertando una idea absurda en un molde de frase consagrado.”4

Utilizar los estereotipos del lenguaje para transmitir algo estúpido que induzca contradicción es sin duda algo inteligente que demuestra un cierto dominio del lenguaje que se utiliza. Una forma específica del ingenio es la ironía. La ironía encaja perfectamente con el modo en que venimos definiendo la comedia, pues es la vacilación constante entre la realidad y la figuración sobre cómo tendría que ser la realidad. Por ejemplo una madre que le dice a un hijo que no estudia “¿No te cansas de estudiar?” sería un ejemplo claro de ironía. Ironizar tiene que ver con el engaño, pues se trata de proyectar una intención en el mensaje expresando un contrario evidente. Se trata en definitiva de un juego entre opuestos muy interesante.


Consideraciones últimas
 

A mi juicio Bergson está muy influenciado por las formas cómicas de su tiempo y entorno, ya que acude constantemente a los ejemplos de los vodeviles y las obras que él disfrutaba. Pero realmente dichos ejemplos no constituyen para mí un paradigma de la comedia, ya que en lo particular, no he compartido la risa con Bergson. Ciertamente él admite que una diferencia sustancial en la cultura puede cambiar la perspectiva sobre lo cómico, pero yo como persona occidental perteneciente a la edad contemporánea podría aducir que mi contexto cómico no está tan alejado del suyo, sin embargo sus ejemplos siguen sin parecerme suficientemente cómicos. Lo que concluyo de eso es que Bergson no ha contemplado que el rango en el que se mueve esa inverosimilitud o elemento grotesco que es motivo de risa puede ser más amplio. Es decir, quizá su tipo de humor podría ser catalogado como un humor muy inocente o como suele decirse un humor blanco. De modo que si la risa es una reacción por la detección de una anomalía y la consecuente malicia del espectador es preciso a mi juicio ampliar la excentricidad de una escena para que provoque la risa en ciertos espectadores. Ese sería el caso del humor negro, donde la escena cómica está rozando los bordes del espacio cómico del juego e incita reacciones emocionales en quienes poseen un espacio cómico más neutral. De hecho, precisamente porque en el caso del humor negro los propios tabúes y normales morales son objetos de burla intencionadamente incorporados, a diferencia del humor normal que únicamente los deja fuera. En este sentido me parece muy acertada la línea freudiana, en el sentido en el que el “yo” se hace cada vez más desafiante retorciendo las líneas que dibujan la moralidad, llegando a reírse de la propia indignación de la sociedad, lo cual se contrapone así a la visión bergsoniana de la comedia como complicidad necesaria ante la presencia de las incongruencias de un sistema social. Lo mismo ocurre con el uso de la ironía de modo extremo, cuando casi es indistinguible de una aseveración seria. Aunque en ese caso me plantearía si la ironía se puede llegar a desligar de lo cómico. En ocasiones he escuchado conversaciones en las que en todo momento hay ironía presente, pero tampoco había algo cercano a la risa, sino que la seriedad parecía engullir la situación, así que no sé hasta qué punto una ironía extrema podría seguir siendo graciosa.

Otro aspecto a discutir que me surge es acerca de la supuesta referencia necesaria a la humanidad para que se dé la risa. A mí me resulta gracioso por ejemplo ciertos comportamientos de los animales, como un gato que arroja objetos en una mesa, o un caballo dando coces. Probablemente los elementos cómicos que ahí se reflejan son los mismos que define Bergson, lo inesperado, lo absurdo. Eso hace que me plantee que quizá no es necesaria la referencia a la humanidad para que pueda acontecer la risa, sino que quizá el límite estaría en la animalidad, ya que como he dicho los animales también son susceptibles de defectos como la torpeza o la extravagancia en algunos casos.

Me parece interesante introducir la referencia como motivo cómico, pero tampoco creo que sea necesaria para que se dé el humor. En Bergson hemos visto que al final el motivo humorístico es aquello a lo cual incitamos a una corrección mediante nuestra risa, es decir, que lo risible es lo equivocado con respecto a algo correcto, lo absurdo con respecto a lo que tiene sentido, pero es algo que también me parece discutible. El humor plenamente absurdo existe, y éste se caracteriza por no ser contextual, por no remitir a otro ejemplo comparativo. Cuando la gente dice que no lo entiende es porque su gracia estriba en que no hay entendimiento posible, pues es simplemente algo caótico e inconexo. Lo “random” es básicamente eso, una aleatoriedad disparatada que al no permitir ningún entendimiento posible de lo que se presencia, la reacción que queda a mano es la de la risa. Sin embargo no es algo que se le pueda reprochar a Bergson puesto que este tipo de humor ha surgido recientemente con el auge de los memes y las posibilidades que ofrece la edición digital.

 


 

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NOTAS
 

1Freud, Sigmund (1927). Obras completas,Vol.XXI: El porvenir de una ilusión, El malestar en la cultura y otras obras (1927-1931). Ed. Amorrortu editores, 2007 p.160

2Bergson, Henri (1900). La risa: Ensayo sobre la significación de lo cómico. Alianza Editorial, 2016 p.60

3Bergson, Henri. Ibidem, p.127

4Bergson, Henri. Ibidem, p.110

 

 

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