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LA VIRTUD Y EL TÉRMINO MEDIO

Unas reflexiones sobre Aristóteles en su “Ética a Nicómaco”

José María García Mauriño
 

Qué es el término medio

Es ese espacio que dista lo mismo entre ambos extremos. Y por lógica y en teoría es uno y el mismo para todos. Es como una media aritmética, entre cero y diez, la mitad es cinco. Pero, si tratamos de hacerlo en relación a nosotros mismos, no es ni uno ni el mismo para todos. Porque cada no es distinto y en cada circunstancia se ha de medir de distinta manera. Lo importante no es saber qué es el bien o en qué consiste la virtud, sino en ser bueno, realizando la función propia de cada uno como SH. Este equilibrio no es una norma general para todos igual, no es de una vez por todas, sino que hay que descubrirlo por la prudencia y la recta razón. Y para eso hay que tener conocimiento, saber razonar, ser todo un conocedor (epistemon) el que tiene ciencia, el que se plantea y profundiza las cosas, el que calibra, el que evita el exceso y el defecto y además lo prefiere. (EN II,6,11106, a,22-35). (EN = Etica a Nicómaco)

El término medio es un término muy difícil de precisar en los textos del autor. Lo ejemplifica con el exceso y el defecto de comida y bebida que pueden arruinar la salud. Se trata del equilibrio necesario para el cuerpo, la armonía de aquellos elementos que intervienen en la salud. Y lo aplica al comportamiento humano. Aristóteles define la conducta moral como un término medio (mesotés) entre el exceso y el defecto, determinado por la prudencia de un SH que posee la frónesis. Y la frónesis es la prudencia. Y para tratar de aclarar algo, añade: “según la recta razón (orzos logos) y es recta, la que está de acuerdo con la prudencia (...) Está claro que no es posible ser bueno en sentido estricto sin prudencia, ni prudente sin virtud moral” (EN VI,13,1144 b 21-23 y 32-33). Es una definición un tanto abstracta y confusa. Parece la pescadilla que se muerde la cola. Es muy difícil saber qué entiende Aristóteles por “prudencia”. Por orzos logos Aristóteles entiende la actividad del espíritu que da las directrices para el actuar humano. (Düring,726) En otro texto dice que es la “virtud que busca los medios para este fin”, para conseguir la felicidad. (EN VI,12,1144 a,10).

La prudencia aristotélica tiene dos vertientes, una intelectual y otra de aplicación práctica. Como ejemplo, Aristóteles pone la medicina: esta ciencia tiene por una parte la dimensión intelectual, el conocimiento de la salud, y por otro, la aplicación de ese conocimiento al caso particular del enfermo. Así, la virtud moral es, en parte, el conocimiento de un valor objetivo, teórico, (zeoretikón), y en parte, la aplicación de ese conocimiento a la conducta humana. Hay que tener en cuenta que el conocimiento de la salud no nos hace más sanos, ni tampoco el simple conocimiento de una virtud ética nos hace virtuosos. La sabiduría filosófica no es la causa eficiente de la felicidad, sino su causa final. Por medio de esta sabiduría práctica (frónesis) es como intentamos llegar a la felicidad. Pretendemos llegar con una serie de medios al fin, al bien supremo que es la felicidad.

No sabemos qué es la Virtud, en qué consiste su esencia, porque “el presente estudio no es teórico, porque investigamos no para saber qué es la virtud, sino para ser buenos” (Libro II,2,1103 b,26-32). Es decir, cómo hay que hacer para realizar esa virtud que nos hace felices. La recta razón parece estar en consonancia con el proceso de descubrimiento personal de cada uno por medio de las actividades, cualidades, excelencias, que nos llevan a conseguir la felicidad. Eso sólo lo puede descubrir y realizar cada uno, según “su” propia naturaleza. No hay norma general. Lo recto y lo correcto lo tiene que descubrir cada uno, según su particular moderación y equilibrio, entre el exceso y el defecto Esta moderación es el término medio.

Puede producir confusión este modo de concebir la virtud, cayendo en un falso equilibrio, que en nada tiene que ver con este análisis del autor. Conviene aclarar lo que no es el término medio. Hay que entender esa frase latina tan manoseada y tan falsa: “in medio consistit virtus”, en el término medio consiste la virtud. Nada más lejos del pensamiento de Aristóteles que huye de la mediocridad, de esa “aurea mediocritas” de los antiguos. Él busca otra cosa. En la EN aparece el término Mesotés, que quiere decir equilibrio entre dos extremos, entre el exceso y el defecto (Libro II,6,1106 a,22-35). No como si fuera una media aritmética, la media entre el 2 y el 10 será el 6. Pero esto es puro cálculo matemático. No es eso lo que dice el autor. El habla del término medio, de una media, o medida, en cuanto a nosotros, al SH. Es una medida activa que regula el comportamiento de cada persona. Todos procuramos la Felicidad, y la Felicidad es una Utopía, y la Utopía nunca es un término medio entre dos extremos. Parece más bien ser un extremo.

 

A veces el término medio es un extremo

La virtud ética tiende al término medio. La Virtud busca el equilibrio, la armonía, porque no la tiene de forma natural, espontánea. Y si la busca es porque tiene la capacidad de encontrar ese punto de moderación, ese no inclinarse ni al exceso ni el defecto. No busca la neutralidad imposible, sino la armonía consigo mismo. Y ocurre que esa armonía con respecto a lo mejor y al bien, para sí mismo, es, muchas veces, un extremo. No hay posibilidad de término medio entre la muerte y la vida, entre el robo y la honradez. “Es, por tanto la virtud un modo de ser (exis) selectivo (proairetiké), siendo un término medio (mesóteti) relativo a nosotros, determinado por la razón y por lo que decide el hombre prudente (frónimos)” (Libro II,6,1106 b,35-36). No se trata de ser más o menos fuerte o tender a una mayor o menos templanza, sino en esa moderación (sofrósine), prudencia, sensatez, sencillez que cada cual elige y estima oportuna. Porque en el término medio no hay exceso o defecto ni exceso o defecto del término medio. (Libro II,6,1106, b,15-20). El ser de izquierdas o de derechas, son extremos, pero no son excesos en política. No es posible, en la realidad ser de “centro”, porque no hay distancia equidistante entre la izquierda y la derecha.

Es claro que el adulterio, el homicidio, la envidia, el terrorismo, la corrupción, son ideas llenas de perversidad, son malas en sí mismas y no hay otra postura que su rechazo, de que no hay término medio. Por otra parte, no hay exceso ni defecto en la moderación, en la serenidad, en la justicia, son buenas en sí mismas. Por ser el término medio, en cierto modo, un extremo. La misma Felicidad es un extremo, es el Bien supremo, una Utopía a la que se tiende, y no es un exceso, ni cabe un defecto. Se puede ser más o menos feliz. Pero entre la felicidad y la no felicidad no hay medio, ser o no ser.

Hay personas que no buscan el término medio, propio de la virtud. Hay virtudes que son extremas y siguen siendo virtudes. Se trata de las llamadas virtudes “heroicas”, las que de algún modo arriesgan su vida, sus bienes, su prestigio, su posición social o política, con unas pretensiones que van más allá de toda moderación. Son los/las que se sitúan en la punta de la virtud. No toda virtud tiene que colocarse en el término medio, y si no se coloca en esta posición no se le puede llamar virtud. Eso no es verdad. La esplendidez es un extremo, que no es ni tacañería ni generosidad. Se sitúa más allá de lo que podría llamarse exceso. El que da su sangre en un hospital, va más allá de la prudencia. El que arriesga su salud en un experimento científico para mejorar una vacuna, no tiene nada de moderación. Se trata del orzos logos de cada uno, su razón le hace ver la conveniencia de esa acción.

 

Las dimensiones propias del término medio:

Podemos considerar dos dimensiones en este difícil equilibrio, la personal-individual y lo social o política.

La dimensión personal:

Todo lo que pasa en las personas son pasiones (pathe) facultades (dynameis) y modos de ser (hexeis) –Libro II,5,1105, b,20-30-. Y añade el autor que todos esos poderes potencialidades, facultades, excelencias, que llama virtudes (aretai), no son ni facultades ni pasiones, sino “modos de ser” de las personas. Es decir, algo que se adquiere y se construye en cada persona. Cada persona vive y se desarrolla en la polis, en la sociedad, en condiciones siempre concretas, en medio de una realidad histórica, y en la forma en que se organiza esa sociedad concreta, en sus estructuras sociales y políticas y económicas, Porque el ideal de un individuo racional es la Felicidad y no sería en absoluto factible a la mayoría de la población, si no cambian las condiciones de vida propias de esta historia reciente.
 

El SH no es una naturaleza totalmente individualizada, sino que tiene en su entraña una dimensión social o política. No puede quedarse abandonada sólo a ese mecanismo de la pasión y el deseo. Tampoco se pueden negar, porque forman parte de la estructura misma de la naturaleza humana, pero puede modificarse, y en esa modificación entran la areté, (virtud) la paideia (educación) y la polis (coidad).

La virtud, la educación y la ciudad. Estas tres son las encargadas de ajustar las posibles desarmonías que cada individuo comete al responder a los estímulos del mundo. “Algunos creen que los hombres llegan a ser buenos por naturaleza, otros por el hábito, otros por la enseñanza, por la educación (paideia) En general, la pasión parece ceder no al argumento, sino a la fuerza... Pero es difícil encontrar desde joven la dirección recta hacia la virtud, si no se ha educado uno en tales leyes...” (Libro X, 9,1179b,20-35). Conviene insistir en que esta educación no se dirige puramente hacia la teoría, sino sobre todo hacia la praxis. Es el ezos la virtud ética que reclama el autor. Quien no sabe dominar sus afectos y sus pasiones, no es capaz de escuchar al logos, a la racionalidad. Este logos constituye la forma suprema de “mediación”, del mesotés. La racionalidad es el “medio”, el orzos logos, la recta razón La suma de consciencias que integran una comunidad, viven en ese medio que tiende a equilibrar los excesos y defectos de cada individuo, de cada egoísmo, en la aceptación de “lo otro”, en la aceptación del ámbito social, el ámbito de la comunidad, de la polis.

 

La dimensión social o política:

El término medio, el equilibrio entre el exceso y el defecto, tiene una dimensión comunitaria. Se trata de una medida activa que regula el comportamiento del individuo. Recordemos que solamente en la aldea, en la tribu, en la“ciudad”, no en la soledad, o el aislamiento, es donde se puede llegar a la plenitud, a una cierta Felicidad. La Felicidad es imposible al margen de la “polis”.

El individuo tiene que actuar dentro de esa ética, a saber, de acuerdo con las necesidades e imperativos morales generales de la comunidad. Esta es una de las claves de ese concepto dinámico y social de mesotés. Este concepto surge del trabajo, del proceso productivo (diríamos hoy). de la transformación de la materia. De una materia bruta en materia útil por medio del trabajo.. Es una mediación que el individuo introduce en la sociedad. En este trabajo es donde el individuo intercala su virtud ética en la sociedad, en la historia. Es el punto de inserción de una individualidad, en el espacio social. Esta incidencia de lo individual en lo colectivo de la praxis en la teoría es posible gracias a la riqueza de una concepción muy profunda de la areté y una de las grandes aportaciones de la ética aristotélica. El término medio no se traduce en neutralidad política entre la derecha y la izquierda. No equivale a mediocridad, a equilibrio político, porque ninguna de las dos posturas representa el exceso o el defecto. La soñada neutralidad de una ética racional se hace inalcanzable, y los presupuestos, exclusivamente teóricos, imposibles. La pretendida neutralidad, imposible por otra parte, siempre favorece las posturas conservadoras. Tampoco es término medio la postura pretendidamente de centro entre el Norte y el Sur. El único término medio posible es la justicia que tiende a un reparto de bienes igual y proporcional para todos los SH.

 

El término medio es una Virtud dialéctica

Entre el exceso y el defecto se da una relación dialéctica. Son dos extremos que de alguna forma se ponen en contacto dialécticamente. No hay defecto sin exceso, ni exceso sin defecto. La realidad está compuesta de contrarios. Y en esos contrarios se da una cierta unidad, una armonía, un equilibrio, más o menos tenso. Es el arco que tensa la cuerda y tratar de acertar con la diana. Es un movimiento que va de un polo al opuesto, es un cambio: no se queda ni en el exceso (por ejemplo, el borracho que bebe demasiado) ni en el defecto (no beber nada), quedándose en un término medio en un equilibrio, en lo que se estima que es correcto. Es la estimación propia de la razón (del orzos logos) que hace un SH cualquiera. Quedarse en el medio puede ser una postura correcta o no, según sea la persona que haga esa estimación. Hay que saber escuchar al logos para llegar a un equilibrio. El logos es el que realiza el movimiento, el cambio, el que pasa de la tesis a la antítesis, para quedarse en la síntesis. No se queda ni en el Norte (tesis) ni en el Sur (antítesis) sino que pasa al sentido de Justicia global (síntesis). Al no estar a gusto en uno de los extremos, el defecto, tampoco se encuentra bien en el exceso, entonces inicia un paso, un movimiento, hacia el medio, donde se da la armonía. Entre la hartura y el hambre, se da un medio que es el que descubre el orzos logos, el que acierta con el medio, porque tiene una medida, la sobriedad, la que puede hacer feliz a todos los seres humanos SH. En definitiva es la Felicidad la que da la pauta en las decisiones a tomar cuando se contemplan los extremos.

 

El término medio es una Virtud cósmica

Este equilibrio, propio de la virtud, tiene en Aristóteles una profundidad mayor de la que puede aparecer a primera vista. No se coloca en el ámbito individual y personalísimo de la conciencia de cada uno, sino que la sitúa en el conjunto del Universo, del Cosmos.

Este equilibrio que estamos diciendo es lo propio de toda persona que adquiere una virtud ética. Toda persona es un microcosmos, porque forma parte del gran cosmos. Es decir, del universo, el macrocosmos, ese “todo ordenado y bello”. Este cosmos tiene un orden establecido por una inteligencia superior: En el orden del tiempo, por ejemplo, no se pasa de un extremo a otro. No se pasa del frío del invierno al calor asfixiante del verano, sino que existe una etapa intermedia que es la primavera. Tampoco se pasa de la luz del día, a la oscuridad de la noche, sino que hay un paso intermedio que es la tarde; en el campo no florecen las espigas al día siguiente de sembrarlas, hay todo un proceso agrícola. Este orden del cosmos es el que debe de tener el SH que es un "micro-cosmos". El, según su recta razón, según su sabiduría, tiene que poner orden en su pequeño cosmos, tiene que poner las cosas en su sitio, de lo contrario sería un caos, no un cosmos.

Lo mismo debería ocurrir en la ciudad, en la polis, que tiene que haber un orden, de tal manera que sea un reflejo del cosmos, y así habrá equili brio entre la dimensión individual de los ciudadanos y su dimensión social o política. Lo que en realidad se plantea es si creemos que debe existir un orden en el mundo. Y de que el orden de la ciudad, de la sociedad, sea realmente el reflejo de ese orden cósmico. Así en la ciudad, podrán ser felices todos, que es lo que grita la naturaleza y además es la suprema aspiración de todo SH.

La felicidad es pues, ese esfuerzo inteligente por poner en orden su propia naturaleza, por desarro llar todas sus cualidades, en hacer que funcionen todas sus excelencias, en poner en acto todas sus potencias.

Esta es la felicidad: una actividad racional propia de la virtud perfecta. Pretende Aristóteles que la ciudad sea feliz, que todos los ciudadanos partici pen en la ciudad, para que funcionen las instituci ones y el SH pueda alcanzar su propia plenitud en su vida ciudadana, nunca en solitario.


 


 

BibliogfrafÍa


 

Aristóteles: Ética Nicomáquea. Con una traducción de Julio Pallín Bonet, y una buena introducción de Emilio Lledó. Muy bien presentada     por Ediciones Gredos, Madrid 1985 y en su 5ª reimpresión, Madrid 2000.

Aristóteles: Ética a Nicómaco. La versión griega que empleamos la hemos tomado de la edición bilingüe y traducción de Julián Marías y María Araujo. Introducción y notas de Julián Marías, Clásicos Políticos Centro de Estudios Constitucionales Madrid 1959. Acertada traducción por su fidelidad y concisión.

Aristóteles: Obras Completas (W.D.Ross, ed). La primera edición es de 1923. Traducción de la 5ª edición del inglés se hizo en Buenos Aires 1957. Fue la 1ª edición latinoamericana. La edición que manejamos es la 2ª Ed. Charcas de l981, también en Buenos Aires.

Aubenque, Pierre: El Problema del ser en Aristóteles  traducido del francés 1962 y publicado por editorial Taurus en Madrid, 1974.

Aubenque, Pierre: La prudencia en Aristóteles, Crítica, Barcelona 1999.

Düring, Ingemar: Aristóteles, Universidad Autónoma de México, 1990.

Jaeger, Werner: Aristóteles. Base para la historia de su desarrollo intelectual, 1ª edición en alemán en 1923, y en español 1946, y la 5ª reimpresión en el año 2000, de Fondo de Cultura Económica.

Montoya, José; Conill, Jesús: Aristóteles, Sabiduría y Felicidad, Cincel, Madrid 1985.


 

 

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