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Reflexiones filosóficas de Xavier Zubiri sobre el sentimiento estético.

RICARDO SÁNCHEZ GARCÍA, Profesor de Ontología, Hermenéutica, Filosofía contemporánea y Filosofía Antigua de la Universidad Autónoma de Guerrero, México.  

Abril de 2010.

[RICARDO SÁNCHEZ GARCÍA (Breve reseña curricular)Profesor de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Guerrero. Licenciatura y doctorado por la Universidad Complutense de Madrid. Es autor del libro El concepto de metafísica en Xavier Zubiri (Morelia, 2008, en prensa), así como de numerosos artículos en revistas nacionales e internacionales como Análisis fenomenológico de ‘El sembrador’ de Van Gogh (Devenires, Morelia, nº 18, 2008), Habitar poéticamente el mundo. Discusión en torno a lo originario en Nietzsche y Heidegger (Valladolid, 2003), El concepto de religiosidad en Xavier Zubiri (Guerrero, 2004), La crítica zubiriana a la logificación de la inteligencia (Guerrero, 2005), Fundamentos ontológicos de la filosofía de Schelling, según Hegel (Guerrero, 2006). Ha dictado numerosas conferencias y seminarios de investigación en los campos de la ontología, la metafísica, el pensamiento griego, la fenomenología, la hermenéutica y la filosofía zubiriana. Miembro del Círculo Latinoamericano de Fenomenología, y de la Sociedad Española de Fenomenología. Es Coordinador del Seminario Permanente de Investigación sobre Pensamiento Contemporáneo de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Guerrero, y Miembro del Cuerpo Académico de Ética de la misma Universidad. Dentro de la misma institución ha sido Subdirector Académico y en la actualidad es Coordinador de la Licenciatura en Filosofía.]

El texto sobre el que queremos realizar el presente ensayo lleva por título Reflexiones filosóficas de Zubiri sobre lo estético. Ciertamente Zubiri dedicó escasas páginas al tema de la estética, lo cual limita mucho las posibilidades para comprender el lugar que ocupa dentro de su filosofía. Las interpretaciones entre los especialistas zubirianos varían considerablemente. A esto hay que añadir un hecho curioso, y es que de esas escasas páginas mencionadas, Zubiri nunca tiene la intención de que se circunscriban al tema de la Estética, sino que a sonde apuntan es a la cuestión del sentimiento, a propósito del cual reflexiona sobre la categoría de lo bello. Pretendemos indagar en este extraño planteamiento zubiriano, no muy ortodoxo. Nos ceñiremos a las lecciones orales que en el mes abril de 1975 llevaron por título “reflexiones filosóficas sobre lo estético”[1].

Debe quedar claro desde el principio que curiosamente este trabajo no pretende ser un estudio sobre el Arte o la Estética en la filosofía de Zubiri. Y ello aun teniendo presente el comienzo del mismo, cuando Zubiri dice que el objeto de estudio va a ser el fenómeno estético, y que en principio toma el concepto de “estético” como sinónimo de “bello”. Y es que el tema está en que para Zubiri, y esto es esencial no olvidarlo, “no está dicho en ninguna parte que la belleza sea objeto propio del arte”[2]. Es más, aparte de la clásica distinción entre belleza artística y belleza natural, cabe una investigación sobre algo más banal y más mundano que por ello mismo se sale de los márgenes de la Estética entendida como disciplina autónoma en el conjunto de los saberes, a saber, tratar de averiguar “qué se entiende al decir de algo que es, pura y simplemente, bello”[3]. Repárese en los dos términos subrayados porque van a ser fundamentales para mostrar la posibilidad de abrir un espacio al estudio de lo bello al margen de la Estética y el Arte.

A propósito de esa necesidad de abrir un espacio con tales características conviene también destacar la importante observación zubiriana de que su estudio versará no sobre qué cosas son bellas, ni cómo lo son, ni cuándo, etc. La investigación es previa a todo eso, lo cual es más propio de una disciplina como la Estética, y es aquí donde sale a la luz el modo estrictamente filosófico como Zubiri plantea la cuestión. La temática tiene que ver no tanto con los contenidos, sino con la forma, o podemos decir también que no se trata de un discurso sobre lo bello, porque todo discurso sobre lo bello no toma distancia de la cosa bella para determinar qué es lo que la determina como bella, sino que labora y se demora en cuestiones de contenido, esto es, en los distintos cánones de belleza que se han sucedido, etc. Así, Zubiri hará lo que podríamos llamar, utilizando una expresión muy usual en filosofía del lenguaje, un metadiscurso sobre lo bello, entendiendo por tal una investigación del predicado “bello” en el juicio “esto es bello”. Al fin y al cabo el texto pretende ser una reflexión filosófica sobre lo bello. Ahora bien, debemos señalar que en el capítulo segundo del citado texto zubiriano se aborda una temática más cercana a lo que podría considerarse la esfera del arte. Ello tiene su razón de ser y lo veremos a su debido tiempo. Finalmente, quisiéramos destacar que en el espacio que Zubiri pretende abrir ocupa, como es lógico, un lugar destacado la pasión o el sentimiento, sobre todo en el capítulo primero.

 

Lo primero que considera necesario hacer Zubiri con el fin de lograr abrir un espacio al estudio de lo bello fuera de cualquier pretensión artística, es mostrar un fenómeno curioso que se ha repetido a lo largo de toda la Historia de la Filosofía a la hora de tratar de determinar qué significa que algo sea bello. El fenómeno en cuestión consiste en que siempre se ha definido lo bello mediante dos aspectos distintos pero íntimamente conexos. Mostremos brevemente esto por medio de varias definiciones dadas. Por ejemplo, el fundador del neoplatonismo, Plotino, dijo que la belleza era la manifestación de la Idea en sí, y, por tanto, lo bello vendría a ser algo así como el esplendor de la Idea. Hegel también se va a servir de los mismos rasgos para definir la belleza, pero en él la Idea en sí será el Espíritu Absoluto. En San Agustín, se trata también de esplendor, pero de lo verdadero, que viene a ser la misma definición que da Heidegger. Finalmente, Santo Tomás dirá que son bellas aquellas cosas que son agradables de ver, no en el sentido que sean bellas las cosas agradables, sino a que la cosa, por el mero hecho de ser vista u oída, por ejemplo, ya place, es agradable. Pues bien, si con toda esta breve e insuficiente exposición histórica hemos logrado reparar en las distintas definiciones dadas cabe ver como en todas ellas hay como dos aspectos: por un lado, la belleza es manifestación, esplendor, complacencia, etc., y, por otro lado, ello recae sobre algo que puede ser la Idea en sí, el Espíritu Absoluto, la Verdad, etc. Tenemos, pues, una cierta actualidad de la cosa –tómese el concepto de actualidad en su sentido más vago y general-, una actualidad que puede estar modalizada de muy diversas maneras, y también tenemos la cosa misma actualizada. Así pues, a este propósito conviene señalar lo siguiente:

      1- Por el lado de la actualidad la cosa bella se actualiza en el sentimiento. La belleza acaece en el sentimiento. Pero Zubiri añade que esa actualización en el sentimiento registra un carácter peculiar que hace que hablemos más bien de un sentimiento estético. Ya veremos en que consiste esto.

      2- Por el lado de la cosa real actualizada, el sentimiento estético, dice Zubiri, está vertido a la realidad, y lo que habrá que indagar es la índole peculiar de dicha versión, o lo que es lo mismo, cómo está actualizada la realidad en el sentimiento estético. La cuestión no puede ser más sencilla de ver y de enunciar, pero a la vez, como veremos, se va a alzar como punto esencial para lograr determinar qué sea lo bello.

 

            Pues bien, estos dos aspectos que aun siendo distintos, no obstante están íntimamente implicados, constituyen los dos grandes capítulos en que Zubiri divide su texto. Esto es importante porque se nos muestra como Zubiri acepta reflexionar acerca de lo bello al modo como se ha hecho a lo largo de la Historia de la Filosofía. Conviene, además, que no perdamos de vista el modo como ha quedado planteado el tema hasta ahora. Al principio de nuestra investigación hemos dicho que Zubiri pretendía indagar qué es lo que queremos decir cuando decimos de algo que es bello, esto es, en qué consiste que algo sea bello. Pues bien, después de la distinción que hemos hecho más arriba entre actualidad y cosa real actualizada, cabe llegar a la siguiente afirmación: decir que una cosa es bella equivale a decir que esa cosa real, gracias a su carácter de realidad –ya veremos cómo deba entenderse ese concepto de realidad- se nos actualiza en el sentimiento. Ensayando, pues, una definición algo precipitada podemos decir que la belleza es algo así como una actualización del carácter de realidad de una cosa en el sentimiento. Vamos a ver que todo el texto zubiriano no es otra cosa que una explicitación de esa definición.

 

 

            Centrémonos en el tema de la actualización de la cosa bella. Lo que primeramente cabe indicar es que, en tanto que es una actualización lo es de la cosa en tanto que bella, y ello acaece en el sentimiento, pero a su vez como es una actualización del carácter de realidad de dicha cosa, por ello el sentimiento resulta cualificado como estético. Ya explicaremos con detenimiento ese giro, pero ahora ello nos sirve para entender por qué Zubiri divide el capítulo en tres parágrafos: en el primero definirá qué sea un sentimiento; en el segundo, qué relación hay entre sentimiento y realidad; finalmente, el parágrafo tercero se dedicará ya propiamente a qué sea un sentimiento estético.

Reparemos por un momento en esa división tripartita. Parece ser que con ella Zubiri nos quiere hacer ver que para lograr definir aquello en lo que consista la actualización de lo bello se hace imprescindible recorrer previamente como un camino con dos paradas: una primera para definir qué sea el sentimiento, y otra para mostrar la necesaria presencia en él de la realidad. Así, la conclusión es clara: en la actualización de la cosa bella se habrá dos conceptos íntimamente ligados, a saber, el de “sentimiento” y el de “realidad”. ¿Qué lugar ocupa la realidad en todo ello?¿Por qué se hace imprescindible traerla a colación para definir algo que en un principio cabe encuadrarlo en la esfera de la subjetividad como es la actualización en el sentimiento?. Pensamos que sobre el concepto de “realidad” se vertebra el verdadero eje para entender aquello en lo que consiste la actualización peculiar de lo bello, y ello le lleva a Zubiri de pleno a enfrentarse con planteamientos más propios de la modernidad. Pero vayamos paso a paso y centrémonos primero en qué entiende Zubiri por “sentimiento”.    

 

            Hasta el siglo XVIII no se usó la palabra “sentimiento” como término técnico en Filosofía. Hasta entonces se incluía dentro del deseo, pues se concebía que el hombre posee dos facultades, a saber, la inteligencia y la voluntad (deseo o apetito). Los sentimientos venían a ser modos especiales de apetito, de deseo, de tendencia, en el sentido de tender a algo. ¿En qué consistía ese carácter especial? “Las pasiones son para los antiguos –aquí antiguo abarca para Zubiri hasta el siglo XVIII- afecciones, pathemata, que el hombre tiene en sus tendencias o respecto de las cosas o por las cosas a las que tiende”[4]. Los sentimientos serían a modo de afecciones o pasiones que padece el ánimo en su continua labor de desear. Son aquello que se deriva de la tendencia, por eso son un modo de ella. Así, sin tendencia no habría sentimiento. Dado que somos seres que continuamente ponemos en juego nuestra voluntad en multitud de formas distintas, por eso estamos siempre afectados por pasiones o sentimientos. El deseo es la facultad que nos pone en acción, y con ello nos pone en interrelación con las cosas y las demás personas, y en esa interrelación aparecen las pasiones de toda índole: amor, esperanza, temor, miedo, etc. Pensamos nosotros, al hilo de lo que venimos diciendo, que el ideal de sabio que defendió el estoicismo se ajusta a la perfección con lo que decimos, pues justamente al centro donde apuntaban todos sus esfuerzos era en hacer de la voluntad una instancia no apetitiva, esto es, pensaban que el dominio de las pasiones sólo vendría aboliendo el deseo. Es más, pensamos que Descartes también parece encajar muy bien en este molde, pues aunque él no pretenda abolir las pasiones, no obstante, como ponen de manifiesto los artículos 45 al 50 de su libro Las pasiones del alma, la pretensión última es dominarlas y ser señor de ellas. Sirva como ejemplo de esto el título del artículo cincuenta: ‘No hay alma tan débil que no pueda, estando bien guiada, adquirir un poder absoluto sobre sus pasiones’. Compartimos con Zubiri la tesis de que, en último término, el cartesianismo no es sino un enorme voluntarismo: “A la postre, el presunto racionalismo cartesiano será más bien un ingente y paradójico voluntarismo”[5]. Pero ya tendremos ocasión para tratar esto con detenimiento. Lo importante ahora es volver a recordar que ya sea en el estoicismo o el cartesianismo, hasta el s. XVIII para Zubiri los sentimientos están amarrados a la voluntad de tal manera que no tienen realidad propia, y por ende nunca podrá haber un análisis de ellos que excluya a aquella; toda investigación acerca de los sentimientos tiene que ir a parar, tarde o temprano, al tema de las voliciones, los apetitos, las tendencias.

Ahora bien, Zubiri se pregunta si es correcto afirmar que todo sentimiento sea un modo tendencial. Sin duda que las tendencias desencadenan sentimientos, pero no todo sentimiento es un modo tendencial. Esa es la cuestión. Zubiri hace una pregunta que pone en claro ese hecho: “¿Y el que está triste porque es melancólico?”[6]. Se puede decir que el ser melancólico se debe a factores psicofísicos peculiares con los que nace el hombre. Sin duda, pero el tema está en que la melancolía no se deriva de una peculiar tendencia que la desencadena, sino que sencillamente está sin que la haya motivado nada. Sencillamente me encuentro triste, y no más. Lo mismo podría decirse, según Zubiri, de un hombre que está alegre debido a que ha tomado demasiado alcohol. Aquí el estar alegre tampoco se deriva de ninguna tendencia. En ambos casos hay una causa (los rasgos psicofísicos heredados y la ingerencia de líquido alcohólico), pero las causas no ocupan lugar, no son relevantes para una dilucidación de lo específico del sentimiento. Lo importante y lo propio de ambos sentimientos –el de tristeza y el de alegría- no se encuentra en que tengan una causa, sino que estriba en que son formas como el sujeto se encuentra. Lo más elemental de todo sentimiento no es ser un modo tendencial, sino un estado, un modo como se encuentra el sujeto. Antes de ser modo tendencial, todo sentimiento es estado. Esta es la tesis que establece Zubiri.     

            Claro está que la afirmación a la que hemos llegado tiene una gran importancia  para la definitiva ruptura del esquema dualista de las facultades del hombre que había perdurado en el pensamiento occidental hasta el siglo XVIII, como hemos dicho más arriba. Defender que los sentimientos son ante todo y antes que nada estados, es defender su independencia respecto de las tendencias, y, por ende, de la voluntad. Este giro acaece para Zubiri en el siglo de la Ilustración. El hombre no sólo tiene voluntad e inteligencia, sino también sentimientos. Zubiri dice que claras muestras de ese hecho lo dan pensadores como Schulze, Mendelssohn, Tetens, y sobre todo Kant en su Crítica del Juicio. ¿Qué será el sentimiento entendido ahora como estado?. En esta época la respuesta generalizada es la de que es un modo subjetivo de sentirse. Aquí el término fundamental es el de “subjetivo”. Ahora bien, la raíz del asunto consiste en el modo como se entienda dicho concepto. Para Zubiri aquellos pensadores tendieron a pensar que los sentimientos no son sin más subjetivos, sino que lo son en la forma de la intimidad: “los sentimientos pertenecen al orden estricto de la intimidad”[7]. ¿Pero qué se entiende por intimidad?¿Acaso algo parecido a un núcleo al que sólo tengo acceso yo?¿Pero es legítimo identificar lo íntimo con lo que es exclusivamente mío?¿Y, además, qué significa aquel núcleo y esa exclusividad?

Para Zubiri el error de la época ilustrada respecto al modo de entender los sentimientos no estribó en que fueran subjetivos, sino en la intimidad que asociaron a ellos. Se pensó que algo es íntimo cuando me pertenece sólo a mí y por ello mismo es algo que permanece oculto a los demás, pero “intimidad -dice Zubiri- es aquel momento que tienen todas las cualidades de un hombre por el hecho de ser mías”[8]. El color de la cara, la longitud y grosor de mis dedos, etc., todo ello es íntimo porque es mío. Dichas cualidades se me hacen presentes como siendo mías, y ello las muestra a su vez como intimidades. Así, pues, lo más íntimo termina siendo lo menos oculto, lo más patente. Otro texto de Zubiri incide en lo mismo y quizás nos sirva para dejar esto claro:

El mí como intimidad no es lo más oculto, lo más hondo que hay en el hombre. Como si fuera algo ininvestigable, a donde solamente pudiera llegar el psicoanalista. La intimidad, sin embargo, no es una especie de núcleo subconsciente, interno, inexpresable, inefable, que uno guarda en secreto. No. El color de la cara, el tono de voz, la cabellera, etc., todo forma parte de la intimidad, porque todo ello es mío: es mi color, mi cara, es mi expresión[9].

 En definitiva, caracterizar los sentimientos como íntimos es un error porque ello se asienta sobre el supuesto de la identificación entre intimidad y aquello que está oculto a los demás, y dicho supuesto se nos desvela como carente de sentido. Ahora bien, lo que no discute Zubiri es que los sentimientos sean un modo de sentirse el sujeto. Lo que habrá que indagar es qué sea ese sentirse.

 

            “El sentimiento es un modo de estar realmente en la realidad, o si se quiere, es sentirse realmente en la realidad”[10]. La caracterización del sentimiento nos lleva, pues, al concepto de realidad. Ahora bien, parece confuso el uso que hace aquí Zubiri del término “realidad”, pues, ¿qué puede significar sentirse realmente?¿Acaso es un tipo de sentir especial y distinto de otros sentires?¿Y cómo es que el hombre puede sentirse realmente en la realidad?¿Acaso no es redundante ello y sería mejor decir que es un sentirse en la realidad?. Pero es que, además, esto último parece que nos abre la temible puerta del realismo ingenuo, con el consiguiente peligro de recaída en posturas trasnochadas y poco críticas. En definitiva, tenemos que esperar una explicación zubiriana de esa definición con el fin de apartar cualquier atisbo de acercamiento a dicho realismo, si es que es esa su intención. Pues bien, lo primero que hay que decir es que la aclaración de dicho concepto va a desvelarse como un momento definitivo para la postura zubiriana ante lo que sea el sentimiento. Por tanto, es este un tema de no poca importancia. Zubiri expone lo que entiende por ‘realidad’ mediante un breve estudio comparativo del proceso sentiente en un animal y en un hombre. Veamos esto.

Dicho proceso para el animal consiste a grandes rasgos en lo siguiente: hay primero un momento aprehensor que lo constituye la presencia de unos estímulos. Estos modifican el tono vital en que se halla el animal y con ello suscitan una respuesta y nada más que una respuesta. Pongamos un ejemplo: una gacela en una inmensa llanura africana está comiendo algunas hierbas. De repente repara en unos extraños movimientos a cincuenta metros aproximadamente. Es un tigre que se aproxima a gran velocidad. La visión de los movimientos modifican el tono vital en el que se hallaba la gacela; de una situación de relajamiento generalizado de los miembros de su cuerpo se pasa a una situación de fuerte excitación, con palpitaciones aceleradas de su corazón, etc. Finalmente, la gacela comienza a correr con gran vivacidad realizando toda serie de trayectorias curvas, etc., con el fin de no ser capturada.

Pues bien, en el caso del hombre también hallamos los tres mismos momentos que están presentes en el animal: aprehensión de estímulos, modificación del tono vital y respuesta. Ahora bien, hay una pequeña diferencia entre el hombre y el animal que va a suponer un cambio absoluto de todo el proceso sentiente. Esa pequeña pero fundamental diferencia está en el simple hecho de que el hombre aprehende los estímulos no sólo como desencadenantes de respuestas, esto es, como estímulos-respuesta, sino como siendo tales porque son de suyo estimulantes. Zubiri dice que son realidad estimulante. Un ejemplo para ilustrar esto: al percibir esta silla que está delante de mí sin duda que ella va a desencadenar una respuesta mía, ya sea en la forma de sentarme en ella porque esté cansado o de sortearla para no golpearme con ella. La silla es un estímulo, sin duda. Pero el tema está en que en el simple hecho de percibirla, las notas que aprehendo (su color, su forma, etc.) las aprehendo como perteneciendo a la silla, como siendo ‘de suyo’ de la silla. Podríamos decir, con Zubiri, que las notas son aprehendidas bajo una cierta formalidad común a todas ellas: es la formalidad del ‘de suyo’, de que pertenecen ‘en propio’ a la silla. Pues bien, esa formalidad la va a denominar Zubiri formalidad de realidad. La realidad es originariamente una formalidad, un modo como quedan las notas aprehendidas para el sentiente humano. Dejemos que sea el propio Zubiri quien, mediante un ejemplo, deje bien asentado el concepto de realidad como formalidad del ‘de suyo’:

En la mera  estimulidad el calor y todos sus caracteres térmicos no son sino signos de respuesta. Es lo que se expresa diciendo ‘el calor calienta’. Ahora -en la aprehensión de realidad-, en cambio, son caracteres que pertenecen al calor mismo, el cual sin dejar de calentar igual que calentaba en el anterior modo de aprehensión –la propia del animal, la aprehensión de estimulidad-, sin embargo, queda ahora en un modo distinto. No ‘queda’ tan sólo como perteneciente al proceso sentiente, sino que ‘queda’ por sí mismo en cuanto calor ‘en propio’. Es lo que expresamos diciendo ‘el calor es caliente’. ... Al decir que el calor ‘es caliente’ el verbo ‘es’ no hace sino indicar que lo inteligido, el calor, tiene los caracteres que le pertenecen ‘en propio’. Ya no se trata del calor como mera alteridad perteneciente signitivamente al proceso del sentir, sino de una alteridad que como tal no pertenece sino al calor por sí mismo. El calor aprehendido ahora no consiste ya formalmente en ser signo de respuesta, sino en ser caliente ‘de suyo’. Pues bien, esto es lo que constituye la realidad. Esta es la nueva formalidad: la formalidad de reidad o realidad[11].

            Una vez expuesto con brevedad la génesis del concepto de “realidad” como formalidad, nos interesa ver en que medida ello repercute para el momento de tono vital presente en el proceso sentiente. A la luz de lo visto, la modificación tónica lo será de la realidad. Si para el animal dicha modificación consiste en una afección del estímulo (afección estimúlica), para el hombre es una afección del estímulo entendido como realidad estimulante; lo que hay es afección de realidad. Por ello dirá Zubiri que “el sentimiento es un modo de estar, pero de estar en la realidad, de sentirse en la realidad”[12]. Así, la afección de realidad es lo que Zubiri denomina sentimiento. Tres  puntos debemos destacar respecto del posicionamiento zubiriano:

      En primer lugar, es evidente que para Zubiri sólo el hombre tiene lo que se dice sentimientos, porque sólo en él hay formalidad de realidad; un animal no tiene sentimientos, sino lo que Zubiri llama meras afecciones.

      En segundo lugar, dado que el sentimiento es una afección de realidad, y puesto que ello implica un cambio en el tono vital del hombre, por ello todo sentimiento es ciertamente un modo sentirse el propio hombre en tanto que realidad. No se olvide lo que decía Zubiri más arriba sobre que el sentimiento era un modo de estar realmente en la realidad, o lo que es lo mismo, era sentirse realmente en la realidad. Cuatro veces se repite la palabra realidad: dos como sustantivo y dos como adverbio. Pues bien, pensamos que los dos usos como adverbio se refieren al estado en que el sujeto queda tras padecer una afección de realidad o, más concretamente, indican el modo como se siente el sujeto ante la presencia de dicha afección. Expliquemos esto. Es de notar que cuando Zubiri nos dice que el hombre se siente realmente, ello es sinónimo de un sentirse ‘físicamente’, y así el hombre, gracias al sentimiento, está en la realidad no de un modo representativo, por ejemplo, sino físico; no hay intermediarios ni mediaciones entre el hombre y la realidad, sino que lo que hay es absoluta presencia, inmediatez plena, la realidad está presente desde sí misma, en su genuino y primario carácter de ‘en propio’. Pero a nuestro entender ese modo de sentirse da pie para ir un poco más allá, y pensar en el propio sujeto. Al fin y al cabo es un sentirse, y en tanto que tal cabe preguntar acerca de cómo se siente a sí mismo el sujeto en esa presentación física de realidad. Y nosotros pensamos que el sujeto se siente a sí mismo como una forma de realidad, es decir, siente su propio cuerpo como realidad. En definitiva, conviene tener presente el hecho de que el sentimiento es, por un lado, una afección de una cosa en tanto que realidad, pero también es, por otro lado, un modo de sentirse el sujeto mismo, a saber, de sentirse en tanto que realidad. El sentimiento nos instala de un modo afectivo en la realidad de la cosa y al mismo tiempo como forma de realidad. Un inciso a este respecto. Sería interesante estudiar la posibilidad de establecer algún tipo de paralelismo entre ese sentirse uno mismo como forma de realidad y los desarrollos fenomenológicos referidos al tema del cuerpo (Leib). Pensamos que tanto en Zubiri como concretamente en Husserl hay un intento de acceder a la esfera del sujeto al margen de cualquier estrategia utilizada por la filosofía moderna, centrada en el plano de la representación. Ambos pensadores parecen orientarse para ello en una reinterpretación de la corporalidad humana.

      En tercer lugar, por medio del sentimiento se le hace presente al hombre la realidad en tanto que tonificante. Si no entendemos mal a Zubiri con ello quiere señalarse dos cosas: por un lado, que el tono vital, al verse afectado por los estímulos en tanto que reales, ello provoca que lo que el hombre padezca sean sentimientos, y, por tanto, la formalidad de realidad se alza como el principio del sentimiento. Por otro lado, que en dicho proceso la realidad se nos da ella misma como sentimental o tonificante; ella se deja sentir, desvela una peculiaridad suya, por así decirlo. Creemos que a ambas cosas  alude Zubiri cuando afirma que “el sentimiento es el principio tónico de la realidad”[13].

            Entender la realidad como principio tonificante, y el sentimiento como el lugar en que ello se manifiesta, esto le lleva a Zubiri a afirmar que gracias al sentimiento el hombre está lo que se dice atemperado a la realidad: “Sentimiento es estar atemperado a la realidad”[14]. Atemperar hay que entenderlo como un acomodar una cosa a otra. El sentimiento nos acomoda a la realidad. Ahora bien, si pensamos en que por realidad se entiende sólo una formalidad, de este modo cabe pensar que ciertamente a lo que estamos atemperados es más bien a los contenidos aprehendidos bajo la formalidad de realidad, son ellos mismos los que nos atemperan. Pero también es claro que sólo nos atemperan en tanto que son realidades, esto es, lo que en el fondo posibilita el atemperamiento es la formalidad de realidad. Esto es lo que, a nuestro entender, viene a significar, en último término, que la realidad sea principio atemperante. El fenómeno radical y originario no es que a través del sentimiento estemos atemperados a unas cosas o a otras, sino a que estamos atemperados justamente a la realidad en tanto que realidad, esto es, a la realidad como principio atemperante. Como hemos dicho ya, para Zubiri la Filosofía no labora sobre contenidos concretos, sino sobre aquello que los transciende estando en ellos. Y en el caso del sentimiento la realidad en tanto que atemperante es justo lo transcendental. 

Zubiri ilustra esa distinción entre contenido y formalidad mediante otra distinción, presente en todo sentimiento, de dos momentos, uno primero que sería un acto (estar alegre, deprimido, aburrido, eufórico,...), y uno segundo que sería la realidad presente en él. El primero sería el plano de los contenidos y el segundo el plano de la realidad. Y la mirada tiene que ir no tanto al acto en concreto, sino a la realidad presente en él. Es por eso que Zubiri en el presente estudio sobre el sentimiento no trate ninguna tabla concreta de sentimientos (como sí sucedió en las famosas tablas de la Escolástica, Descartes o el mismo Spinoza), sino justamente aquello que posibilita todo sentimiento, a saber, y como acabamos de decir, la formalidad de realidad en tanto que principio atemperante. Repetimos para que quede claro, el plano de la Filosofía es el de lo transcendental, pero un transcendental no allende el contenido concreto, sino en él.

            Una prueba más de la importancia de no olvidar la distinción contenido/formalidad (también acto/realidad) radica en el hecho de que sobre la base de ella Zubiri muestra como los sentimientos no pueden entenderse como subjetivos. Sin duda que en cuanto actos todos los sentimientos son actos míos; la tristeza, la alegría o la melancolía que siento son mías, nadie más las está sintiendo como las estoy sintiendo yo; en el fondo sólo yo sé lo que estoy sintiendo, y aparte de mí nadie más sabe de mis sentimientos. Pero la cuestión está en que aún siendo míos, son actos en los que la realidad queda actualizada, y, por tanto, por muy míos que sean, a pesar de ello todo sentimiento es un modo de actualizar físicamente la realidad como principio tonificante. Por lo tanto, en el sentimiento, por así decirlo, uno no se descuelga de la realidad para ocultarse en la esfera de la pura subjetividad o de la intimidad como hemos visto antes. No, sino que todo sentimiento, aún siendo mío, es un sentimiento real, y en tanto que tal siempre hay en él una realidad actualizada físicamente. Ya dijimos que el sentimiento era un modo de estar o sentirse realmente en la realidad.

            Una vez visto lo anterior, ahora podrá entenderse con facilidad la verdadera intención de Zubiri al estimar que para una dilucidación plena o filosófica de lo que sea formalmente el sentimiento debamos centrarnos en el modo como la realidad es realidad del sentimiento. ¿Qué se quiere decir con que la realidad lo es del sentimiento? Se trata de que, sin salirnos del sentimiento, veamos como está la realidad en él. Y por mor de la claridad remontémonos a lo más simple. Ya hemos dicho que en el hombre los contenidos aprehendidos lo son bajo la formalidad de realidad, y que en virtud de ello lo aprehendido queda ante mí como siendo ‘de suyo’, como perteneciendo ‘en propio’ al contenido mismo; en cualquier sentimiento la cosa queda como siendo ‘de suyo’, en tanto que realidad, afectante, esto es, como realidad afectante. Pues bien, aun no hemos destacado el hecho de que a ese modo en que queda la cosa aprehendida lo llama Zubiri “actualidad”. La expresión la hemos utilizado ya pero todavía no ha sido explícitamente tematizada. Ahora es el momento de hacerlo.

Lo primero que señala Zubiri es que hay varios modos de actualidad: por ejemplo, nosotros podemos producirla por medio de un acto arbitrario, como sucede con las cosas, temas, etc., que tienen hoy por hoy lo que se dice mucha actualidad (el genoma humano, la clonación,...). A esta actualidad la define Zubiri como extrínseca, pues es producida por el hombre; nosotros hemos forzado a que determinadas realidades cobren actualidad. La actualidad que quiere destacar Zubiri es bien distinta, es una actualidad intrínseca, que no arranca desde el hombre, sino desde la propia realidad, esto es, que sea ella misma la que se nos actualice. Esto sucede, por ejemplo, cuando algo se nos presenta por primera vez: “Cuando es una actualidad que concierne a una cosa que se me está presentando por vez primera como tal cosa ante mí, entonces es la realidad la que desde sí misma queda en cierta forma ante mí, por el hecho de que yo la haga quedarse”[15]. Así pues, llegamos ya a dos puntos importantes: primero, que la actualidad lo es para mí, cuando yo estoy delante de la cosa, dice Zubiri; sin mí no hay actualidad. Segundo, que la actualidad primaria es la intrínseca, la cual se caracteriza porque se da sin ninguna intervención activa del hombre, sin que haya voluntad que la provoque o la produzca. Ahora bien, con estas dos puntualizaciones hemos llegado a algo ciertamente extraño, porque si actualidad sólo la hay para mí, no obstante yo no hago nada para provocarla, no la produzco. Aquí está la cuestión, pues la actualidad acaece en mí, sí, pero es el contenido en tanto que real el que la provoca, emerge desde él: la actualidad es siempre ‘actualidad-de’. Aquí arraiga la idea zubiriana de que los sentimientos no son subjetivos: “El actualizarse una realidad como tal es ciertamente algo propio de la realidad. Y ahí es donde está justamente el carácter no-subjetivo que tiene todo sentimiento”[16].

            Claro está que el concepto de “actualidad” al que Zubiri llega se puede aplicar no sólo al sentimiento, sino también a la intelección y a la volición. Pero esto ahora sólo cabe señalarlo, pues lo que nos importa a nosotros en esta investigación es el sentimiento. Dado que hemos dicho que “actualidad” señala el modo como los contenidos reales quedan para mí en tanto que realidades, en el caso del sentimiento los contenidos quedan como atemperantes. En general cabe decir que el sentimiento, al poseer una actualidad específica de la realidad, y al ser toda actualidad, ‘actualidad-de’, por todo ello en el sentimiento estamos en la actualidad atemperante de la realidad. Todo sentimiento es un modo de actualidad de lo real. Ahora bien, Zubiri va a dar un paso más, un paso notorio. Como hemos recordado ya varias veces, en todo sentimiento se distinguen dos momentos, un acto y la realidad presente en él. Pues bien, Zubiri dice lo siguiente: “los sentimientos son muchos y muy diversos desde el punto de vista de los actos que el hombre ejecuta. Pero desde el punto de vista de la realidad que en todo sentimiento se actualiza, no hay más que dos sentimientos: fruición o gusto y disgusto”[17]. Esta afirmación ya determina el decurso de la investigación zubiriana. Desde luego, y ya lo hemos destacado con anterioridad, lo que Zubiri nunca pretende es hacer un análisis de los sentimientos entendidos como actos sin más; esto es, Zubiri no apunta a una dilucidación de lo que sea la alegría, ni la tristeza, ni el amor, etc. Esa investigación no es conforme al espíritu filosófico. Como acabamos de decir líneas más arriba, un análisis filosófico de los sentimientos debería centrarse en el segundo momento, en la perspectiva de la realidad. Ya dijimos que desde tal perspectiva todo sentimiento resultaba ser un estar físico en la actualidad atemperante de lo real. Pues bien, atendiendo a la realidad en tanto que actualizada, y no al acto en cuanto tal, nos encontramos con dos sentimientos que no guardan ningún tipo de relación con los demás. Pero, ¿por qué no? Al fin y al cabo no deja de ser cierto que todo sentimiento supone una actualización de la realidad. ¿Por qué, entonces, han de ser distintos el gusto y el disgusto respecto de los demás?. Quizás porque en ellos la realidad quede actualizada de un peculiar modo. Esta es la cuestión. Pensamos que no son como los demás sentimientos porque en el gusto y el disgusto se nos actualiza la propia realidad como atemperante sin más. Expliquémonos.

Cualquier sentimiento, en cuanto tal, es un atemperamiento a la realidad, pero es un atemperamiento ya cualificado por el contenido en concreto, ya sea la alegría o la tristeza, etc., esto es, en el amor, por ejemplo, estamos atemperados a la realidad pero de un modo amoroso; mejor dicho, en el sentimiento del amor la realidad está actualizada como amorosa: “es la realidad misma la que es entristeciente, la que es alegre, la que puede ser amable, antipática u odiosa”[18]. Sin embargo, en los sentimientos de gusto y disgusto la realidad queda simplemente actualizada como atemperante. Recordemos lo que dijimos más arriba sobre la realidad como transcendental: es aquello que está en todo sentimiento, haciéndolo posible (sin realidad no habría sentimiento). Pues bien, el gusto y disgusto tienen que ver con la realidad como transcendental, de modo que en ambos sentimientos lo que hay es, al igual que en todo sentimiento, un atemperarse a la realidad, pero a la realidad no en tanto que amorosa, entristeciente, etc, sino en tanto que realidad; en el caso del sentimiento esa realidad en cuanto realidad es lo que hemos designado la realidad como principio atemperante. Así pues, es claro que en todo sentimiento se puede ver la dimensión de gusto y disgusto, puesto que todo sentimiento es un atemperamiento a la realidad en cuanto realidad.

En definitiva, a la vista de lo anterior, ¿cómo define Zubiri el sentimiento de gusto o la fruición, como también le llama? “La fruición es la satisfacción acomodada a la realidad actualizada en el sentimiento”[19]. A nuestro entender esa definición dada no es completa porque le falta justamente el aspecto de la realidad como transcendental. Habría que complementarla con lo siguiente: la fruición o el sentimiento de gusto es ante todo una actualidad de la realidad en cuanto realidad. Pero Zubiri ha añadido que es una satisfacción. Zubiri utiliza como sinónimos los términos satisfacción, complacencia y goce. De este modo, cabe completar la definición diciendo que la fruición es la satisfacción, complacencia o goce acomodado o atemperado a la realidad en tanto que realidad actualizada en el sentimiento como principio atemperante.

            Ahora bien, conviene apuntar sucintamente algo que más adelante Zubiri tratará con detenimiento pero que ahora es conveniente exponer porque nos sirve para perfilar mucho mejor el concepto de realidad en tanto que actualizada en el sentimiento. Se refiere a la realidad en tanto que principio atemperante. Porque, ¿qué significa a fin de cuentas la realidad como principio atemperante?¿No hay acaso un modo más fácil de expresar esa peculiaridad de la realidad? Zubiri quiere buscar un concepto que pueda recoger sobre sí dicha peculiaridad. El concepto que estima como más apropiado para ello es el de “temperie”. En el sentimiento la realidad es temperie. El significado usual de dicho término es el de “estado de la atmósfera, según los distintos grados de calor o frío, sequedad o humedad”. Pensamos que trasvasado esto al plano de los sentimientos tenemos que estos son precisamente los que nos atemperan a la realidad y por ello mismo son los que la actualizan como temperie; la temperie es la realidad entendida como ámbito, como espacio general delimitado por y para el sentimiento, al igual que los distintos grados de calor, etc., son los distintos modos en los que queda la atmósfera, son los distintos estados de ella. La temperie viene a ser entonces una nota transcendental de la realidad actualizada en el sentimiento. Pero ya tendremos ocasión de tratar esto en el segundo capítulo de la presente investigación.

 

            Una vez que hemos tratado los temas de qué sea un sentimiento y qué significa el que la realidad esté actualizada en él, ahora Zubiri cree tener la base suficiente para tratar lo que se llama el sentimiento estético. No se olvide que eso es lo que andábamos persiguiendo desde el principio de este primer apartado de nuestra investigación. ¿Qué es entonces un sentimiento estético? Ante todo, cabe pensar que en tanto que sentimiento será un acto, como todos los sentimientos lo son. Pero, ¿hay acaso un sentimiento estético, al igual que hay un sentimiento de amor, tristeza, etc.?¿A qué estamos aludiendo cuando decimos que hay un sentimiento estético, a un sentimiento más como otro cualquiera, o a algo distinto? Recordemos, además, que todo sentimiento actualiza la realidad. Pero, en tanto que actualiza la realidad, tiene una doble dimensión de fruición y disgusto: “fruición y disgusto son dos cualidades que tiene todo sentimiento en tanto que atemperamiento a la realidad”[20]. Así pues, en el sentimiento hay un acto y una realidad actualizada de un modo fruitivo. Pero, ¿qué es lo que caracteriza y diferencia al sentimiento estético respecto de otro sentimiento? Vayamos paso a paso.

Ciertamente ya hemos dado una definición de lo que sea el sentimiento estético aunque no de un modo explícito. Es conveniente que ahora abordemos esa definición aunque repitamos alguna idea ya expuesta. Sigamos en esto el proceder de Zubiri, quien se vale de un ejemplo para desarrollar esa cuestión. Fijémonos en una manzana. Yo puedo tener multitud de fruiciones respecto de ella, en tanto que está muy rica, madura, de gran sabor, que tiene un verde amarillento especial, etc. Dichas fruiciones son de la manzana real, pero lo que realmente se está gozando son las cualidades de la manzana, esto es, de su sabor, forma, color, etc. Es lo que Zubiri llama un atemperamiento a la realidad por razón de las cualidades que tiene la cosa real. Pues bien, a ese nivel de las cualidades es al que Zubiri llama nivel talitativo, nivel de una cosa real atendiendo a que es tal realidad concreta, y, por tanto, sin atender a ella en tanto que es real. Ahora bien, el goce o la fruición que pretende exponernos Zubiri no es el que se da en el nivel talitativo, y deja esto bien claro cuando dice que “yo puedo tener también la fruición y la complacencia en algo real no por las cualidades que tiene, sino pura y simplemente porque es real”[21]. Como ya sabemos, al nivel de la cosa real en tanto que real es al que Zubiri llama nivel transcendental. Pues bien, el sentimiento estético es justamente la fruición atemperada a la realidad no en virtud de sus cualidades, sino en tanto que es pura y sencillamente realidad. En el ejemplo de la manzana, si se la considera no como teniendo un sabor agradable, una forma incitadora, etc., sino como siendo realidad, entonces tenemos sin duda un sentimiento estético de ella, esto es, en dicho sentimiento, por un lado, estamos atemperados a la realidad en cuanto tal realidad (y no atemperados a tal o cual aspecto de la cosa real), por otro lado, la realidad está actualizada en cuanto tal, y, finalmente, tenemos una fruición, complacencia o goce de la propia realidad en cuanto tal y actualizada en el sentimiento. Permítasenos que ilustremos esto con otro ejemplo del propio Zubiri. Un padre puede querer a su hijo aunque éste sea un asesino redomado; puede, pues, tener fruición o complacencia de él en tanto que es hijo suyo, y esto se sitúa en el plano talitativo. Pero también puede tener complacencia en él por el mero hecho de ser real, y entonces lo que tendría sería un sentimiento estético. Este sólo acaece en el plano transcendental de las cosas, esto es, en su consideración como simples realidades, marginando lo que sean concreta o  talitativamente.  

            Algo que se deriva de la definición dada de sentimiento estético y que no puede pasarnos desapercibido es que podemos tener un sentimiento estético de cualquier cosa, pues “basta con que en lugar de considerar las cualidades que efectivamente tiene una cosa cualquiera, yo tenga la fruición y la complacencia en ello simplemente como siendo real”[22]. Es más, no es que sólo podamos tener un sentimiento estético de cualquier cosa, sino que está necesariamente a la base de cualquier otro sentimiento. Esa es la cuestión. Como hemos dicho, el sentimiento estético no es un sentimiento como cualquier otro, sino que es “una dimensión constitutiva, más o menos larvada, de todo sentimiento”[23]. Si no entendemos mal a Zubiri con esa dimensión constitutiva se está refiriendo a lo siguiente: en cualquier sentimiento la realidad queda actualizada, pero queda actualizada en el plano talitativo; de lo que tenemos fruición es del sabor de esa manzana real. Ahora bien, la cuestión está en que sólo puede haber una fruición tal sobre la base de que si puedo gozar con el sabor de esa manzana, ello sólo es posible porque la manzana, antes que nada, es realidad. Es decir, sólo puedo gozar de esa manzana porque estoy previamente atemperado a ella misma en cuanto realidad. Pues bien, debido a esto “en todo sentimiento hay una dimensión de aisthesis atemperante de lo real. Y esto es lo que se llama sentimiento estético”[24]. Lo estético de todo sentimiento es, simple y llanamente, su primario atemperamiento a la realidad. Por eso, volvemos a repetirlo, el sentimiento estético no es un sentimiento más, sino una dimensión o componente constitutivo de todo sentimiento. Lo estético de todo sentimiento será, pues, “el momento “real” de todo sentimiento, la fruición de lo real como real en todo sentimiento”[25]. El sentimiento estético es la fruición de lo real como realidad.

            Quisiéramos ahora, antes de dar por concluido este primer capítulo, realizar una breve reflexión a partir de la definición dada por Zubiri de lo que deba entenderse por un sentimiento estético. Como acabamos de decir es la fruición o el gusto atemperado a una cosa real en tanto que realidad. La contemplación de cualquier cosa en tanto que realidad, eso nos proporciona una peculiar complacencia. Esta nos abre a lo transcendental, a la realidad como principio atemperante o como hemos dicho ya, a la realidad como temperie. Ahora preguntamos si no es posible ver en todo ello una cierta actitud desinteresada respecto de la cosa. Al fin y al cabo en la actitud natural o típica de la cotidianidad no tenemos una complacencia de esas características. Digamos, más bien, que en la cotidianidad tenemos goces que se circunscriben en el plano talitativo, esto es, de las cosas reales atendiendo a las notas que la definen. Más aún, cabe pensar que en la actitud natural los sentimientos son en muchas ocasiones los que nos determinan a actuar de un modo o de otro, es decir, son los que determinan nuestras decisiones e intereses. Sin embargo, el sentimiento estético, aun siendo la raíz posibilitante de todo sentimiento, no obstante queda sustraído a la mirada de la actitud natural, y sólo aparece en una actitud de contemplación, podemos decir incluso, desinteresada. Sabemos que Zubiri reprocha justamente a Kant el haber definido justamente el sentimiento estético de un modo negativo, a saber, como un tipo de complacencia ‘ohne Interesse’ –sin interés, desinteresada-. Pero la cuestión está no tanto en que el desinterés sea un concepto erróneo para definir dicho sentimiento, sino en que sólo lo define negativamente, con lo cual si damos de él una caracterización positiva, dicho concepto sería válido. Y es justamente lo que hace Zubiri:

¿Qué es ese desinterés?. Esa es una caracterización negativa. Hay que decirlo positivamente. A mi modo de ver, positivamente es justo el carácter de las cosas tales como realidad, independientemente –o por lo menos a diferencia- de lo que las cosas puedan presentar en los caracteres que talitativamente las constituyen[26].

 Por tanto, nosotros proponemos que el sentimiento estético implica de suyo una complacencia o goce desinteresado en la medida que considera a la cosa real en tanto que real. En cambio, cualquier otro sentimiento implica siempre un cierto interés en la medida en que considera a la cosa real en el nivel talitativo, en tanto que tal o cual aspecto suyo.

 


 

[1]  ZUBIRI, X.: Sobre el sentimiento y la volición, Madrid, Alianza Editorial, 1992.

[2]  Ibid.,  p. 323.

[3]  Ibid., p. 323. [Las cursivas son nuestras].

[4]  Ibid., p. 329.

[5]  ZUBIRI, X.: Naturaleza, Historia, Dios, Madrid, Alianza Editorial, 1994 (10ª ed.), p. 163.

[6]  ZUBIRI, X.: Op. cit., [1992], p. 331.

[7]  Ibid., p. 331.

[8]  Ibid., p. 332.

[9]  ZUBIRI, X.: Sobre el hombre, Madrid, Alianza Editorial, 1986, p. 134.

[10]  ZUBIRI, X.: Op. cit., [1992], p. 332.

[11]  ZUBIRI, X.: Inteligencia y realidad, Madrid, Alianza Editorial, 1998 (5ª ed.), pp. 56-57.

[12]  ZUBIRI, X.: Op. cit., [1992], p. 333.

[13]  Ibid., p. 334.

[14]  Ibid., p. 335.

[15]  Ibid., p. 339.

[16]  Ibid., p. 339.

[17]  Ibid., p. 340 [Nota: las cursivas son nuestras].

[18]  Ibid., p. 337.

[19]  Ibid., p. 341.

[20]  Ibid., p. 344.

[21]  Ibid., p. 345.

[22]  Ibid., p. 346.

[23]  Ibid., p. 347.

[24]  Ibid., p. 347.

[25]  Ibid., p. 348.

[26]  Ibid., p. 355.

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