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LA UNIVERSIDAD ES JOVEN

(Por Tamara Canosa Ferrío). Diciembre de 2004

 

 

La Universidad ha sido siempre fuente de inspiración y guía de un infinito elenco de reivindicaciones históricas y conquistas de derechos, en ella se gestaron movimientos de revolución social, en su seno surgieron planteamientos políticos que desembocarían en idearios de orden universal, en ella y gracias a ella se dieron los primeros pasos hacia la construcción de lo que hoy conceptuamos por ciudadanía.

 

La cultura no ha sido nunca patrimonio exclusivo de una elite intelectual inactiva e indiferente respecto de las conquistas y demandas sociales, sino que el conocimiento se ha erigido históricamente como portaestandarte de la defensa de los derechos de la persona. Es innegable, por lo tanto, el papel desempeñado por la comunidad universitaria en la evolución y desarrollo de los valores del progreso, la igualdad, la libertad y la tolerancia, y huelga decir que el siglo XXI ha hecho su aparición en la escena de la historia tomando un cariz cuanto menos preocupante, lo que pone de manifiesto que urge una reactivación de estos principios.

 

A los jóvenes nos corresponde tomar el timón de un barco que amenaza con naufragar, y es obvio que no existe foro más apropiado para comenzar a cambiar el rumbo que el paladín del saber y el conocimiento, que aquel en el que generaciones enteras sientan las bases de su formación. El primer paso se nos presenta con claridad meridiana: poner en valor el entusiasmo, el ímpetu y la constancia de quienes entregan su tiempo para trabajar por una universidad pública de calidad, libre y en disposición de formar a sujetos competentes para conformar una sociedad justa. En definitiva, participar activamente en aquellos procesos electorales de la vida universitaria, esenciales para cristalizar la calidad democrática de nuestras universidades.

 

Y para lograrlo debemos poner en marcha todos los medios de los que disponemos para promover el asociacionismo en general, y el universitario en particular. No es posible mostrarse eficiente en la labor de formar una conciencia ciudadana plural y progresista si no se tiene en cuenta que por la Universidad pasan generaciones de futuros profesionales, que en la Universidad se gestan el idealismo el ímpetu de miles de jóvenes que , no nos olvidemos, son siempre quienes asumen la responsabilidad del cambio en todos los órdenes de la vida.

 

La universidad no es ni debe ser una institución relegada al pragmatismo, y sin embargo parece que socialmente tiende a devaluarse su potencialidad renovadora y capacidad creadora. ¿Por qué?. Porque hoy más que nunca vemos como la figura del joven es desacreditada, hoy más que nunca resulta políticamente rentable hacer llegar a la sociedad un concepto deplorable y crudo de la juventud. Esto se explica en coherencia con su fuerza renovadora, a saber: el interés de la derecha en desacreditar a los jóvenes es directamente proporcional a la capacidad de presión que estos puedan ejercer. Por lo tanto, no interesa formar a hombres y mujeres intelectualmente solventes, mucho menos todavía fomentar que éstos se agrupen y se instruyan en la dinámica asociativa, no interesa porque esos son los primeros pasos para crear opinión, para fundamentar idearios, para construir ciudadanía en definitiva. Y esto lo logran ocupando con índices de consumo de alcohol, drogas, accidentes de tráfico, delitos, maltratos a los padres, embarazos no deseados...todo el espacio en los medios de comunicación que ocupan los jóvenes. Ni una palabra que recuerde que son en si inmensa mayoría personas jóvenes las que dedican su vida a misiones humanitaria, por ejemplo. Ni una palabra.

 

Si la derecha real y reaccionaria ha percibido la importancia de alienar a la sociedad en este punto, si ha interiorizado que es de sumo interés lograr transmitir y consolidar una visión contaminada de la gente joven no es por otro motivo que por su inherente capacidad para motivar cambios. No es baladí recordar aquí la dimensión del Mayo francés, fueron estudiantes quienes inyectaron a toda una generación inspiración y esperanzas de revolución y cambio, propagando un mensaje de renovación que cruzó el Atlántico para reproducirse con más vigor si cabe en Argentina. Por aquellos años el mundo todavía guardaba esperanzas de erigirse en una comunidad de iguales, el fenómeno Guevara sacudía el óxido de los viejos ideales y los transformaba en Estados, resistía las envestidas del monstruo totalitario y difundía valores que en este año 2004 coletean aún en nuestras universidades. Hace poco tuve conocimiento de unas palabras de Ernesto Che Guevara en las que se reflejan los ideales progresistas y su importante labor en pro de la igualdad: “Que la Universidad se pinte de negro, que se pinte de mulato, de obrero, de campesino, que se pinte de pueblo, o quedarse sin puertas, y el pueblo la romperá y él la pintará con los colores que le parezca”. Bien, el primer paso está claro. Y es los jóvenes a quienes nos corresponde tañer la paleta de colores.

 

 

Tamara Canosa Ferrío. (Miembro de IESGA (Iniciativa Estudiantil Galega))

 

 

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