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CARTA DE ROUSSEAU A MADAME DE LA TOUR (3 de enero de 1769). Traducción y presentación de Simón Royo Hernández. Madrid, febrero de 2001.

Presentación:

La relación epistolar entre Marie-Anne Alissan de La Tour y Rousseau duraron 15 años, desde 1761 hasta 1776. Madame de La Tour se haría paulatinamente cargo de la defensa pública de Rousseau frente a las críticas de que era objeto por parte de David Hume. En 1766 esta gran amiga de Rousseau, hizo aparecer anónimamente su <Carta al autor de la Justificación de J.J.Rousseau ante la contestación que le ha sobrevenido por parte de M.Hume>. En 1767 compondrá sus <Reflexiones sobre lo acaecido a propósito de la ruptura de J.J.Rousseau y de M.Hume>, cuya publicación fue pospuesta. En la Carta de Rousseau a Marianne del 20 de enero de 1768 ya la calificaba el pensador como “mi digna abogada”, y en la carta que traducimos, el filósofo, aquejado de grandes dolencias, suplica a su amiga que continúe haciéndole ese “servicio”, ya que él se encuentra muy débil para defenderse personal y públicamente por medio de la pluma.

Pese a su grave estado Rousseau no habría de sucumbir, ya que con posterioridad a esta carta terminaría las Confesiones y escribiría sus Ensoñaciones de un paseante solitario.

 

Rousseau a Madame de La Tour.

En Bourgoin a 3 de enero de 1769.

 

“Aquellos que tienen la necesidad de que un hombre en mi estado les recuerde su existencia son indignos de que lo haga. Yo sabía, querida Marianne, que vos no os encontrabais entre ellos, por eso esperaba vuestras noticias y estaba cierto en recibirlas, pero mi situación no me permitía demandárselas. Mi corazón no puede cesar de estar pleno de vos.  Os tenía tanto aprecio por todas las cualidades amables que me habéis mostrado. Un solo servicio más de verdadera amistad me imprimirá para siempre un sentimiento más fuerte que cualquier otro vínculo, un sentimiento que ni la ausencia ni el tiempo podrán hacer prescribir; y sea lo que sea lo que me quede de vida, usted me será tan respetable como querida hasta mi último suspiro.

Desde hace algunos días ya no puedo escribir sin sufrir mucho, y pronto, si mi estado empeora, no lo podré hacer en absoluto. Un dolor de estómago acompañado de hinchazón y de ahogos ya no me permite agacharme, toda otra postura que la de estar recto me sofoca, y hace ya tiempo que no puedo calzarme a mí mismo. Quiero atribuir esta dolencia extraordinaria al aire y al agua del país pantanoso que habito. Si me salvo, os lo escribiré. Si sucumbo, Marianne, haga honor a la memoria de su amigo, y tenga la seguridad de que vivió y de que morirá digno de los sentimientos que le habéis testimoniado”.

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