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Francisco Giner de los Ríos: “La educación técnica en la Institución Libre de enseñanza”, in Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, número 186,15 de Noviembre de 1884.

LA EDUCACION TÉCNICA EN LA INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA (versión publicada por Textos de la Caverna. Madrid. Junio de 2003)

(Informe presentado por el autor en la Conferencia de Educación en Londres, y traducido y leído en ella por el profesor de  la Institución Sr. Capper.)- por D. Francisco Giner.

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  Me levanto a hablar en nombre de una nación que, por circunstancias largas de explicar, no figura en la Exposición presente, pero en la cual se nota en estos últimos tiempos un movimiento incuestionable y creciente para conformar la educación al espíritu moderno: movimiento del cual tan sólo deben esperar su regeneración las naciones.

 En 1868, el ministro Sr. Ruiz Zorrilla estableció la más completa libertad de enseñanza; en 1869, un profesor eminente, el Sr. Castro, fundó la “Asociación para la enseñanza de la mujer” en constante progreso hasta hoy, y en ella una cátedra para enseñar los principios de sistema Fröbel. Merced a este mismo movimiento, en 1876 el Gobierno estableció en Madrid un “Jardín de la Infancia» y otra clase (oficial ya, por tanto,) con el mismo objeto en las dos Escuelas Normales centrales de maestros y maestras. En 1881, hemos tenido un Congreso pedagógico; en 1882, la segunda de aquellas Escuelas ha sido organizada, y ha comenzado a reedificarse el local de la de maestros, cuya reorganización es de esperar también; el magisterio de los párvulos se ha confiado por completo a la mujer, abriendo a la vez un Curso normal para la preparación de las nuevas maestras, según los principios fröbelianos[1]; se ha creado un Museo pedagógico, cuya organización, bastante diversa de la de todos los demás de Europa, os expondrá su director, el profesor Cossío, en la sección correspondiente[2]. Por último, se han aumentado los sueldos de los maestros menos remunerados, y acaba de publicarse una interesante Estadística de nuestra educación primaria.

 Además de estas reformas, gran parte de las cuales debemos especialmente al ministro de Fomento Sr. Albareda (1881-1882) y al director de Instrucción pública, Sr. Riaño, el número de las escuelas elementales va creciendo, aunque poco; vánse renovando sus locales y su mobiliario, dotándolas de algún material científico; el Gobierno ha dictado en 1883 las condiciones a que debe obedecer todo nuevo edificio escolar para recibir subvención. Sin embargo, lo que todavía importa mucho más es que lenta, pero insensiblemente, va penetrando en nuestras escuelas el nuevo espíritu educativo, ya con las excursiones escolares, ya con el trabajo manual, ora  con los elementos de las ciencias naturales, el dibujo y aun el modelado: en suma, los métodos realistas e intuitivos que aspiran a desenvolver las facultades en presencia de las cosas, en vez de atrofiarlas con el aprendizaje mecánico y el verbalista de los libros de texto.

 Estos progresos son debidos al movimiento general de las ideas pedagógicas en Europa y América y a la conciencia de la necesidad de dar a nuestra educación nacional un carácter más práctico y fecundo. Pero casi todos han sido iniciados- séame lícito decirlo- por la Institución Libre de Enseñanza, que tengo el honor de representar en este Congreso, y sobre cuyas ideas respecto de la educación técnica deseo más especialmente llamar vuestra atención en el presente informe.

 Antes, sin embargo, permítaseme añadir algunas palabras sobre esta esfera de la educación, en nuestra enseñanza oficial, en la cual puede decirse que apenas ha comenzado. Poseemos, con todo: a/ En Madrid, una escuela de artes y oficios, desgraciadamente sin talleres[3]; pero donde se enseñan el dibujo, el  modelado, los principios de las matemáticas, la física, la química y la mecánica industriales; b/ En todas las capitales de provincia y en muchas otras ciudades importantes, escuelas nocturnas de dibujo y modelado; c/ Algunas, pocas, con carácter más práctico y completo, v.gr., para capataces de minas, en los centros de esta industria. Debo también mencionar la conferencias y clases análogas que para los obreros sostiene en Madrid con gran éxito una Sociedad privada, “El Fomento de las Artes”.

 Además, en muchos institutos de segunda enseñanza, hay clases de dibujo- pero no obligatorias;- en algunos de ellos, estudios puramente teóricos de aplicación a la industria y al comercio; y en la enseñanza superior, tenemos las escuelas usuales de ingenieros de caminos, minas, montes y agrónomos, así como de arquitectura. Nuestro principal defecto ( que tiene el triste consuelo de ser general en el Continente) es la preponderancia del carácter teórico y la falta de trabajos prácticos, falta que, por fortuna, comienza a sentirse y a remediarse. Citaré el ejemplo de las excursiones de los alumnos llevadas a cabo en la Escuela de Minas.

 Vengamos ahora a la Institución libre.

La Institución libre de enseñanza es una corporación privada, fundada en 1876 por suscripción voluntaria para cooperar a los progresos de la educación, ya dándolos a conocer por medio de conferencias y folletos, ó del BOLETÍN que publica, ya aplicándolos y ensayándolos en sus propias clases, que abrazan, aunque en muy reducido número, desde la educación de los párvulos hasta la enseñanza superior y aún la investigación científica. En la contribución, todavía pequeña,  que España procura aportar a la obra de la ciencia, algunos de los trabajos más importantes en filosofía, geología, astronomía, química, derecho, historia, arqueología y otros ramos, son debidos a profesores de la Institución Libre. Sobre la mesa quedan, a disposición de los miembros del Congreso, ejemplares de nuestro BOLETÍN y de algunos folletos pedagógicos últimamente publicados, deplorando que al estar escritos en nuestra lengua no permita a muchos de dichos miembros darnos su opinión, para nosotros tan respetable.

 La Institución Libre es también la primera que en España ha introducido el trabajo manual en toda la enseñanza primaria , y tal vez una de las primeras en Europa que lo ha incluido en la secundaria por considerarlo un elemento indispensable, no sólo de la educación técnica, sino, dentro de ciertos límites, de toda educación racional humana. A causa de nuestros escasos medios (la Institución no ha pedido ni recibe subsidio alguno del estado ni de las corporaciones locales), los trabajos de esta índole se reducen hoy tan sólo, además de los propios de los Kindergarten, a los siguientes:

Dibujo.- Siempre del yeso y del natural, nunca de la estampa.

 Modelado.- Ha comenzado desde le año último en la sección de párvulos y ahora continuará en las demás [4].

 Construcción y vaciado de relieves topográficos, según las curvas de nivel.

 Carpintería.- Desde los 9 o 10 años en adelante. Los alumnos de las secciones últimas han construido ya algunos muebles para sus clases.

 Torno.- Se está instalando para comenzar en el próximo curso [5].

 Construcción de cuerpos geométricos de cartón, así como de ciertos aparatos fáciles para las lecciones elementales de física y química.

 También, en cierto modo, pueden quizá incluirse en este capítulo la formación de herbarios y colecciones de minerales y otros objetos de Historia Natural; y los trabajos prácticos de laboratorio químico, que ya desde los 12 o 13 años hacen por sí mismos los alumnos, habiendo llegado, antes de concluir la segunda enseñanza, a practicar durante todo un año ciertos problemas fáciles de análisis.

 Esto es lo que hace la Institución en punto a trabajos manuales en el período de la educación general (primera y segunda enseñanza), regido para nosotros por idénticos principios, sin solución de continuidad, y hasta con un mismo programa (en lo esencial), salvo las lenguas, desde la sección de párvulos hasta el bachillerato: programa que comienza, naturalmente, por líneas microscópicas, aunque sólidas y útiles siempre para la vida, y que luego se van diferenciando y desdoblando gradualmente.

 Otras cosas pensamos hacer, y entre ellas el enlace continuo de los trabajos manuales con los propios del sistema Fröbel, desde los cuales han de seguirse,… pero “de buenas intenciones, dice Dante, está empedrado el infierno”; así,  no hablaré de lo que la Institución piensa hacer, sino de lo que ha hecho.

 A la carpintería, al torno, al modelado, al dibujo de la figura y de aplicación a la arquitectura y la mecánica, a los trabajos prácticos de laboratorio, de topografía, de construcción, a las excursiones geológicas, mineras, industriales, han comenzado en este curso a unirse trabajos de herrería, que hacen durante siete horas y media a la semana. Hasta ahora, los trabajos son de lima y ajuste; inmediatamente entrarán a tornear metal y luego vendrán a la calderería, estudiando a la vez la fundición y sus distintas operaciones. Estos trabajos, junto con los demás, pueden considerarse como la base común de toda educación manual para las diversas profesiones técnicas, más o menos elevadas. Como nuestros medios no nos han permitido seguir el edificio que hemos comenzado a construir para la Institución (y del cual dejo sobre la mesa una descripción sumaria), nos hemos visto obligados a hacer uso de la generosa hospitalidad con que han puesto a nuestra disposición sus talleres La Compañía de los ferro-carriles del Mediodía de España y la fábrica de fundición del Sr. Bonaplata, en cuyos centros trabajan nuestros alumnos bajo la dirección de una persona técnica, que les presta el desinteresado servicio de una verdadera enseñanza. De otra suerte tendrían que sufrir el aprendizaje de taller, que, a pesar de la práctica tradicional inglesa, está lleno de inconvenientes.

 Como indicación del pensamiento dominante en la Institución libre, he aquí una breve nota de los trabajos que han hecho nuestros alumnos de la sección politécnica en el último curso (desde 1º de Octubre 83 a 15 de Julio 84). Edad media, 15 años.

 Han proseguido su cultura general, con inclusión de estudios y trabajos filosóficos, literarios, etc.; han desarrollado sus trabajos especiales en mecánica y física experimental, química inorgánica y orgánica, prácticas de laboratorio y conversaciones sobre los problemas teóricos que suscitan los diversos ejercicios, con resúmenes doctrinales de estas lecciones en los cuadernos de los mismos alumnos.

 Botánica.- Experimentos de fisiología, ejercicios de recolección y clasificación en el Jardín Botánico de Madrid y en excursiones al campo.

 Geología y mineralogía.- Comprendiendo la cristalografía y la óptica cristalográfica, la petrografía y las excursiones geológicas, con la correspondiente recolección y clasificación de rocas minerales y muy poco de fósiles.

 Zoología.- Con mucha menos extensión. En el año próximo la estudiarán en forma de anatomía y fisiología comparadas.

 Complemento y perfección de las matemáticas elementales.- Como preparación a las teorías superiores de álgebra (según Baltzer) y a la geometría analítica.

 Geometría descriptiva.- Nociones muy elementales.

 Continuación de las lenguas  francesa e inglesa.

 Meteorología y astronomía.- Nociones elementales con ejercicios y experimentos.

 Esta es la parte que podría llamarse de ciencia pura. En cuanto a la aplicada o propiamente técnica, han hecho los siguientes estudios:

 Construcción.- Trabajos prácticos de mecánica aplicada, cálculo de resistencias, trabajos gráficos, replanteos, presupuestos y otros análogos, con estudio de obras en construcción; historia de la arquitectura por medio de fotografías y de excursiones a los principales monumentos de España, que casi todos conocen ya, haciendo de ellos croquis y dibujos ornamentales en sus cuadernos.

 Máquinas de vapor.- Estudio práctico de las que han visto funcionar en sus mismos talleres, con la teoría que de esta inspección se desprende. Dos de los alumnos se han ejercitado además en el manejo de algunas de estas máquinas hasta caldearlas y ponerlas en movimiento.

 Topografía.- Trabajos de campo, con lecciones teóricas sobre ellos, y manejo de los principales aparatos.

 Minería.- Laboreo de minas y metalurgia. No han hecho todavía ensayos metalúrgicos de laboratorio; pero han visitado con sus profesores- uno de los cuales es por cierto un distinguido ingeniero inglés, Mr. F. Gillman- varios establecimientos mineros de importancia, v. gr., los de Almacén (azogue), Reocin (zinc), Mieres (carbón y hierro), Cáceres (fosforita), etc.

Agricultura.- Trabajos y excursiones al campo, para presenciar las albores y operaciones de las principales industrias rurales, y lecciones sobre estas prácticas.

 Nada han podido hacer todavía en este año sobre química industrial.

 Puede juzgarse por este imperfecto bosquejo de la educación técnica de la Institución libre, que procura seguir, pero desde muy lejos, y en la cortísima medida que sus medios le permiten, el ejemplo de aquellas instituciones que, como las escuelas Politécnica y Central de París, el Technikum de Winterthur, el Politécnico de Zurich, etc., intentan llevar de frente, por un período más o menos largo al menos, los diferentes estudios que constituyen la base general de las profesiones técnicas.

 Con objeto, sin embargo, de aclarar más estos principios, pido la benevolencia de la sección para que me permita concluir la presente nota, exponiendo, aunque sin desarrollarlos, los principios que, a nuestro entender, deben presidir a toda educación técnica, o en otros términos, dirigida a las profesiones especiales que se fundan en la aplicación de las ciencias naturales.

 1º La educación técnica es una y continua, regida por el mismo espíritu y plan, debiendo suprimirse el abismo actual entre sus diferentes grados,( a) obreros, b) contramaestres, capataces, maestros, etc., c) ingenieros, arquitectos, etc.), y no siendo exacto que los unos se hayan de formar en ele taller y por sólo la práctica empírica y manual, y los otros en la escuela y la teoría, sin práctica alguna: vicio éste común a las más de las escuelas técnicas superiores de todos los países, y contra el cual se comprende que Inglaterra conserve aún su aprendizaje de taller y pasantía en muchas de esas profesiones , para asegurar al menos cierto grado de competencia práctica, de que en general carecen los ingenieros salidos de las escuelas teóricas. Es evidente que el obrero necesita cierto grado de habilidad manual de que puede dispensarse el ingeniero; pero ni éste puede prescindir de practicar, para no estar a merced (caso frecuente) de sus subordinados, ni los últimos dejan de adelantar inmensamente, cuando comprenden la razón de lo que hacen; además, se hará más fácil así despertar en los grados inferiores facultades dormidas quizá por falta de cultivo y el paso siguiente de un grado a otro. Debe felicitarse grandemente el City and Guild’s Institute [6] por el progreso que representa en este sentido con respecto a la educación superior técnica, y a la vez aplaudir el establecimiento en Francia de Écoles d’aprentissage, siempre organizadas con talleres. El aprendizaje hecho en el taller industrial es ocasional y fragmentario, no gradual; no puede pedírsele que cuide de educar, sino de aprovechar del modo más económico posible la fuerza del obrero; ni posee el maestro siempre,v. gr., en la ingeniería, la competencia necesaria en los estudios tan diversos que, tratándose al menos de los grados superiores, se requieren.

 2º El obrero, como el ingeniero, necesita comenzar por una educación general, más amplia y subdividida en cada grado superior, pero sólida e integral en todos, cosa perfectamente distinta de la cantidad y extensión de los conocimientos. Esta es la misión de los dos grados (injustamente divididos) de la primera y la segunda enseñanza, que en realidad forman una serie continua, en cada uno de cuyos términos debe poder salir de la escuela el discípulo con los necesarios elementos para vivir como hombre. Esta educación general es además el único medio para despertar a sus verdaderas inclinaciones y aptitudes. Hora es ya de pensar que si debe reputarse un mal grave que los jóvenes de las familias acomodadas elijan muchas veces su profesión por motivos ligeros o erróneos, con lo que ellos y la sociedad entera padecen,, este mal no es menor tratándose del obrero, al cual la dura necesidad obliga, pero que podría elegir mejor su oficio, si la integridad de su cultura se lo consintiese.

 3º La elección de la profesión no puede hacerse tampoco racionalmente, pasando de repente de la educación general a la especialidad determinada y concreta, sino que la especialización debe ser gradual. Esto recomienda el establecimiento de una preparación politécnica antes de entrar en la particular: a) para elegir con conocimiento de causa, b) para adquirir las bases comunes a todas las profesiones técnicas principales, y c) poder pasar en su caso de unas a otras con menor dificultad y quebranto.

 Esta preparación aventaja considerablemente a la usual, que abraza sólo ciertas materias, especialmente las matemáticas y el dibujo, y no conduce a su verdadero fin, el cual exige: 1º, que se continúen después esos mismos estudios: dibujo, matemáticas puras, etc.; 2º, que los estudios técnicos comiencen desde un principio. Es decir: ésta, como toda enseñanza, debe ser en su día concéntrica, o lo que es lo mismo, comenzar desde luego con todo el programa, desarrollándolo después gradualmente. La preparación para todo estudio, al igual que en cualquier arte, es el estudio mismo en sus primeros rudimentos, no otro estudio más o menos heterogéneo.

 4º Por último, durante toda la serie de los estudios técnicos, no debe abandonarse la educación y la cultura generales, porque el hombre no deja un día de serlo para hacerse ingeniero. Así, v. gr., al par de los estudios propios del ingeniero de minas, deben continuarse desenvolviendo los de las ciencias puras más conexionadas con su profesión, (física, química, geología, etc.), aunque evidentemente con menor desarrollo que los de su especialidad, y tratando no más que de conservar despierto y animado el espíritu científico, de cuyos progresos dependen fundamentalmente todos los de las artes y aplicaciones técnicas. Para compensar la parcialidad, impedir la estrechez y exclusivismo, mantener flexible, libre y abierto el espíritu a todos los grandes problemas e intereses humanos, la primera garantía es esa comunicación de lo especial con lo general; y así como el abogado, o el literato o el filósofo se avergüenzan, y con razón, de ignorar las teorías y descubrimientos de un Darwin, o lo que representan en el mundo Bessemer o Siemens, así el ingeniero debe avergonzarse de no saber quiénes fueron Shakespeare, Kant o Rousseau, o por qué principios deben gobernarse las naciones.

 Contra todo esto puede hacerse tal vez una objeción: “que es imposible hacer tanto, y que la vida entera no basta para ello”. Nosotros, para responder, acudimos a un expediente muy vulgar, muy antiguo, pero bastante sólido: el del filósofo que, andando, probaba el movimiento. Lo que decimos, lo hacemos. Y si esto puede intentarse en nuestra atrasada España, ¿ qué no podría hacerse en naciones como Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, Bélgica?. El secreto de la posibilidad de resolver este problema está también en otro dicho antiguo, ha poco citado, aunque en muy otro sentido, por Lord Reay: non multa, sed multum. Es decir, que este sistema sería imposible si hubiera de seguirse el prurito usual en ciertos países de imbuir en las inteligencias de los alumnos una inmensa cantidad de trabajo, de cosas, de pormenores, que serían, sin duda, muy útiles, si no hubiese que aprenderlos a costa del sacrificio de cosas más interesantes, y lo que es peor, de la frescura del desarrollo intelectual. En otros términos, conforme al sistema de la Institución libre, la cantidad del saber,v. gr., de un arquitecto, al salir de la escuela, será tal vez menor, pero la calidad debe ser superior siempre.

 No será en Inglaterra, cierto, donde se extrañará esta oposición al prurito cuantitativo en la enseñanza. Precisamente una de las cosas que la educación continental debe aprender de la inglesa es la sobriedad. Yo no discuto los programas de al enseñanza inglesa en sus varios grados, ni puedo tener la pretensión de erigirme aquí en juez de esta enseñanza. Pero sí me atrevo a afirmar que, al corto número de horas de clase por semana, a la proporción de trabajo y descanso, y sobre todo a la compensación y equilibrio que en su educación mantiene el inmenso desarrollo de los juegos corporales, debe en gran parte Inglaterra la solidez de esa misma educación y la atenuación de cualesquier defectos que en su organización pueda hallar el generoso espíritu de reforma que comienza a  agitarse en su seno y de que es evidente señal el presente Congreso.

 

 


 

[1] Aunque ya había sido suprimido el Curso y admitido de nuevo el hombre al magisterio de párvulos, el autor del presente informe no estimó necesario indicar la contrarreforma del Sr. Pidal, tanto por creerla destinada a muy escasa duración, cuanto por no aumentar el merecido descrédito que en el extranjero tiene la organización de nuestra enseñanza.

[2] Véase el número anterior del Boletín

[3] Tal vez se subsane este defecto (bastante general también fuera de España) en el nuevo edificio que para ella se está construyendo en el Paseo de Atocha.

[4]  Actualmente se halla ya establecido en las secciones 2ª, 5ª y 6ª.

[5]  Sólo podrán ahora dedicarse a él la sección 6ª y tal vez parte de la 5ª.

[6]  Recientemente fundado en Londres, y en cuyo suntuoso edificio se ha celebrado el Congreso.

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