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Teorías y modelos

Una aproximación realista

 Amanda Garma

 

Abstract

            Las teorías y modelos son los instrumentos conceptuales por los cuales se intenta articular de manera sistemática el conocimiento mediante la investigación. Las teorías y modelos son indispensables para describir, comprender, explicar, y predecir  qué sucede en distintos ámbitos de la realidad. Estas representaciones son contrastables con la realidad. Se trata, entonces, de una posición realista que, según mi criterio, es, por lo menos, un supuesto filosófico fundamental para la ciencia.

 

Introducción a las ideas de teorías y modelos

 La ciencia moderna consiste en una postulación de sucesivas hipótesis explicativas validadas  por el soporte empírico de predicciones exitosas y por su capacidad de explicar que van revelando una imagen posible de la estructura del universo

Las teorías y modelos son los instrumentos conceptuales por los cuales se intenta articular de manera sistemática el conocimiento que se obtiene de la experiencia de manera sistemática el conocimiento mediante el proceso de investigación. Las teorías y modelos son indispensables para describir, comprender, explicar y predecir los acontecimientos que suceden en diferentes ámbitos de la realidad. Estas representaciones pueden encajar o no con aquello que intentan reproducir. Son  contrastables con la realidad. Esta es una posición realista, la cual, a mi entender, es un supuesto filosófico y quizá no sólo filosófico-como examinaremos más adelante-  fundamental para la ciencia.

               Para Karl Popper un ideal vital es el análisis de las teorías, pues para él las teorías dignas de esfuerzo son aquellas que se acercan a la verdad. La presunta mayor adecuabilidad de la teoría de la ciencia de Kuhn, parcialmente reconstruida por razones pragmáticas por Sneed, frente a la de Popper, radica fundamentalmente en el hecho de que el primero describe el progreso científico en calidad de historiador de la ciencia, y la historia de la ciencia parece mostrar que son principalmente razones de tipo pragmático, más que lógicas –como pretendía Popper –las que juegan un papel efectivo en el desarrollo científico.

 

Observación y experimentación

Una teoría logra sus objetivos de cognición  por medio de un método. En algunos textos introductorios se puede ver todavía una descripción del método científico como una sucesión de los siguientes pasos: observación, hipótesis, experimentación, formulación de la ley, teoría (concebida como una suma de todas las leyes).

            La realidad, por cierto, está muy alejada de estos esquemas. La experiencia de trabajo en los laboratorios  y los procesos de razonamiento y experimentación utilizados cotidianamente por miles de investigadores e investigadoras indican que la vida de la ciencia no puede reducirse a un algoritmo, a una receta metodológica o a una prolija prescripción de etapas a cubrir.

            En realidad, no es posible trazar fronteras precisas entre observación y experimentación. Cuando Aristóteles abrió huevos de gallina de diferentes edades para describir el embrión del pollo ¿observaba o experimentaba? Existe, pues un espectro de actividades que va de la observación hasta los experimentos fuertemente manipulativos.

            Tanto la observación como la experimentación es guiada, dentro del proceso de investigación, por un motivo, un plan o, en el mejor de los casos, una hipótesis.

            Por  tanto, implica una búsqueda ordenada y sistemática del conocimiento.

            La ciencia describe sistemas, conjuntos definidos en una estructura que funciona de un modo específico. Ejemplos son un gato, un reactor nuclear, un bosque. Hay sistemas macroscóspicos y microscópicos. Se supone que el conjunto de propiedades definen al conjunto. Básicamente, en un experimento seleccionamos dos propiedades observables  y las definimos como variable dependiente y como variable independiente. La idea es ver cómo la variable dependiente está relacionada con la independiente que es aquella sobre la cual intervenimos

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Explicación

                        Una teoría es pues, el conjunto de enunciados que se encuentran conectados lógicamente entre sí, pero, además, forman una unidad epistemológica ordenada  y sistemática que permite la explicación de la realidad. Dar una explicación es, en términos generales, indicar la causa de un acontecimiento .En algunas correlaciones funcionales la causa sólo se revela si la interpretamos en términos de una teoría subyacente. El fototropismo de las plantas es una correlación entre luz solar y la orientación del eje de crecimiento, pero la causa es el crecimiento tisular diferencial estimulado por hormonas vegetales.

            La propuesta del modelo nomológico de explicación es una explicación en un sentido muy débil de la palabra. Los eventos son explicados por leyes y las leyes por leyes de mayor generalidad. Estas leyes pueden ser causales o no. Más aún, Hempel admitió las explicaciones probabilísticas, es decir, que utilizan leyes probabilísticas.

            Ante un fenómeno a ser explicado no parece ser suficiente hallar una ley que lo cubra, antes bien, uno desea saber más, busca una inteligibilidad mayor. Émile Meyerson  consideraba, a principios del siglo XX,  que en una explicación adecuada las propiedades originales más el cambio de condición deben ser igual a las propiedades transformadas., como en el caso de las ecuaciones químicas que exhiben la conservación de masa y energía. Una mayor inteligibilidad puede ser proporcionada por la explicación retroductiva o teórica o, como la denomina Mc  Mullin, estructural, que explica postulando una estructura, proceso o entidades que den cuenta de lo que pasa. Si tal explicación es satisfactoria, se justifica la existencia de las estructuras o entidades postuladas. A esto se lo denomina “inferencia a la mejor explicación”. Ahí tenemos un mundo “invisible” que nos da razón  de lo que vemos: es el mundo revelado por la teoría. A la vez, una garantía de que algo, por lo menos, parecido a las entidades teóricas existe en la realidad es que las mismas despliegan un poder explicativo. Esas entidades y procesos  postulados en la explicación  constituyen modelos, el ingrediente más significativo de una teoría.

 

Modelos, teorías,  metáfora

            Hay muchas concepciones acerca de las teorías científicas. Aquí vamos a aceptar que una teoría es un conjunto de enunciados explicativos en muchos casos de forma matemática asociados a un modelo. El hecho, el modelo y la teoría del modelo.

Se distingue entre los modelos puramente empíricos, o como se los suele llamar en física, fenomenológicos, es decir, que utilizan en su formulación sólo variables observables y que no postulan entidades teóricas, ni leyes causales, ni buscan explicar el por qué y los modelos teóricos o mecancísticos que, obviamente introducen entidades y procesos teóricos

  En este caso, con el término “modelo” designamos la estructura, entidades o procesos hipotéticos postulados por la teoría para dar cuenta de las leyes y explicarlas en sentido fuerte. Los modelos teóricos. pueden ser los matemáticos mecanicísticos o no matemáticos..Pero en ambos casos aspiran a explicar y se postulan como una idealización de cómo son las cosas,  una estructura de relaciones, procesos y entidades, que, se admite, “en algo” se parece a la realidad que constituye una imagen aproximada  o  una metáfora de la misma. La teoría cinética de los gases, la doble hélice del ADN, la tectónica de placas, la teoría electroquímica de la valencia son ejemplos de este tipo de modelo.

Los modelos se basan sobre analogías. Una cosa es análoga a otra cuando es en parte igual y en parte diferente de aquella. Supongamos una analogía entre Ay B. En un cierto sentido de analogía A, es análogo a B en cuanto a ciertas propiedades , pero para razonar analógicamente, hace falta que conozcamos las relaciones que dichas propiedades mantienen entre sí en A, es decir, hace falta que el término más conocido de la analogía (en nuestro ejemplo es A) sea conocido exhaustivamente.

 

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                        Max Black distribuye los modelos en tres niveles. En el nivel inferior  tenemos los “modelos a escala”, por ejemplo, una maqueta o una ampliación de algo ínfimo, la miniaturización de procesos sociales. Un modelo de esta clase tiene una identidad parcial. Sirven para mostrar qué aspecto tiene la cosa, cómo funciona, qué leyes la gobiernan. En el modelo es posible descifrar –leer en él- las propiedades del original. En fin, en el modelo sólo algunos rasgos son pertinentes, otros no. Un modelo sólo pretende ser fiel en cuanto a sus rasgos pertinentes. Este rasgo es el que distingue el modelo a escala imita al original, lo reproduce. Según Max Black, el modelo a escala corresponde al ícono de Peirce. Por ese carácter sensible, el modelo a escala pone a nuestro nivel y a nuestra medida lo que es demasiado grande o demasiado pequeño.

            En el segundo nivel, Max Black coloca los modelos análogos: modelos hidráulicos de sistemas económicos, empleo de circuitos eléctricos en las calculadoras electrónicas, etc. El modelo y el original se asemejan por la estructura isomórfica y no por un modo de apariencia.

            Los modelos teóricos, que constituyen el tercer nivel, tienen en común con los otros la identidad de estructura. No son cosas en absoluto; más bien introducen un lenguaje nuevo en el que el original se describe sin ser construido. Por ejemplo, la representación de Maxwell de un campo eléctrico en función de las propiedades de un fluido imaginario incomprensible. Lo importante es que podamos operar sobre un objeto, por una parte mejor conocido –y en este sentido, más familiar-, y por otra, rico en implicaciones y, en este aspecto, fecundo en el plano de las hipótesis.

 

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            Teorías y modelos

En el lenguaje común el término “modelo” es extremadamente polisémico y dentro de la filosofía de la ciencia se usaron toda una variedad de significados diferentes. Una familia de tales significados tiene que ver con la idea de realización de una afirmación o de un conjunto de ellas. Parte del significado es una teoría lógico-matemática, la teoría de los modelos .Los modelos de la teoría son realizaciones posibles en las que ocurre  lo que la teoría afirma o la que los axiomas y con ellos todo el resto de las afirmaciones de la teoría son verdaderos.

Una misma teoría puede tener modelos muy diferentes. No hay ninguna teoría que tenga un solo modelo si estamos dispuestos a aceptar modelos matemáticos. Puede ocurrir que algunos de sus modelos sean extensiones de otros. Todos los modelos de una teoría son parecidos, a saber, se comportan como la teoría dice. Es el tipo de parecido digno a tener en cuenta en las teorías empíricas.

Hay muchas concepciones acerca de las teorías científicas .Aquí vamos a aceptar que una teoría es un conjunto de enunciados explicativos, en muchos casos de forma matemática, asociados a un modelo. De  hecho, lo esencial es el modelo y la teoría derivada del modelo. En este caso, con el término “modelo” designamos la estructura, entidades o procesos hipotéticos postulados por la teoría para dar cuenta de las leyes  y explicarlas en sentido fuerte. Los modelos teóricos pueden ser los matemáticos (mecanicísticos) de los que hablamos al referirnos a generalizaciones funcionales o, en algunos casos, no matemáticos. Pero en ambos casos aspiran a explicar y se postulan como una idealización de cómo son las cosas, una estructura de relaciones, procesos hipotéticos postulados por la teoría para dar cuenta de las leyes y explicarlas en un sentido fuerte. Pero en ambos casos aspiran a explicar y se postulan como una idealización de cómo son las cosas, una estructura de relaciones, procesos y entidades que, se admite, en “algo” se parece a la realidad que constituye una metáfora de la misma.

Los modelos se basan en analogías. Una cosa es análoga a otra cuando es en parte semejante y en parte diferente de aquella. Supongamos una analogía entre A y B. En un cierto sentido de analogía, A es análogo a B en cuanto a ciertas propiedades pero, para razonar analógicamente, hace falta que conozcamos las relaciones que dichas propiedades mantienen entre sí en A, es decir, hace falta que el término más conocido de la analogía (en nuestro ejemplo es A) sea conocido exhaustivamente y estemos familiarizados con las interrelaciones de los aspectos de A que luego comparemos con B. Entonces podemos suponer que algo parecido ocurre en B. Un sentido más débil de analogía lo tenemos cuando la relación entre A y B es simétrica, es decir, cuando ninguno de los dos términos es más conocido que el otro.

Las cosas se siguen complicando. Si la semejanza es entre las propiedades de A y de B, estamos  en presencia de una analogía material. Cuando la similitud es entre la estructura de relaciones de las propiedades, la analogía es formal. Por último, la analogía positiva es la suma de los aspectos en los que sabemos que difieren; la neutra, aquellos aspectos de los que no sabemos qué sucede.

Cuando intervienen los modelos y la analogía, en realidad estamos lidiando con tres entidades: la situación A, el modelo M y la situación B. En principio,  el modelo M es un modelo B (una idealización de la situación B).basada sobre la situación A. Por ejemplo, el modelo primitivo de Bohr (M) es un modelo del átomo B, concebido analógicamente a un modelo planetario (A). Lo similar es que tanto el modelo como el sistema planetario suponen la existencia de un núcleo pesado y partículas livianas orbitando en un sistema estable. A su vez, el modelo de Bohr es el fundamento de la teoría atómica de Bohr que describe cómo se comporta en determinadas condiciones.

La metáfora es al lenguaje poético lo que el modelo al lenguaje científico, el modelo es esencialmente un instrumento heurístico que, intenta romper, por medio de la ficción, una interpretación inadecuada y abrir el camino a otra más apropiada. Con palabras de Mary Hesse, el modelo es un instrumento de redescripción. El modelo pertenece no a la lógica de la prueba, sino a la del descubrimiento.

            Los modelos teóricos introducen un lenguaje nuevo. Por ejemplo, la representación de Maxwell de un campo eléctrico en función de las propiedades de un fluido imaginario incomprensible. No se trata de saber si el modelo existe y cómo, sino cuáles son las reglas de interpretación del modelo teórico y, correlativamente, cuáles son los rasgos pertinentes. Lo importante es que el modelo sólo tiene propiedades que asigna la convención del lenguaje, independientemente de todo control real. En este sentido,  el recurso a la imaginación científica no indica un sometimiento de la razón. El isomorfismo funda la traducibilidad de un idioma a otro y proporciona así lo “racional” de la imaginación. Pero el isomorfismo ya no está entre el campo original y una cosa construida, sino entre este campo y una cosa “descrita”. Colocar el modelo fuera de la lógica del descubrimiento, o reducirlo a un recurso provisional, sustituido, a falta de algo mejor, por la deducción directa, es reducir la lógica del descubrimiento a un procedimiento deductivo.

            Otro aspecto destacado por Mary Hesse es que es necesario modificar y completar el modelo deductivo de la explicación teorética y concebir la explicación teorética como redescripción metafórica del campo del explanandum. Por tanto, hay que rechazar la idea de una estabilidad de significado del explanandum, y llegar hasta una visión “realista” de la teoría  de la interacción.  La predicción de nuevos enunciados de observación exige un desplazamiento de significaciones y extensión del lenguaje observacional primitivo. Se cuestiona no sólo nuestra concepción de la racionalidad, sino también de la realidad: “La racionalidad –dice Mary Hesse-  consiste en la adaptación continua de nuestro lenguaje a un mundo en constante expansión; la metáfora es uno de los principales medios de realizarlo.”[1]

 Ahora bien, un modelo útil se caracteriza, porque él mismo alberga la capacidad de sugerir cómo mejorarlo, de proponer cómo mejorarlo, de proponer de qué modo la teoría puede ser modificada para explicar más exactamente fenómenos conocidos o predecir nuevos  fenómenos  no contemplados originariamente. Estas sugerencias son extensiones del modelo dentro de los cuales pueden distinguirse los despliegues y desarrollos del mismo. Hablamos de despliegue cuando seleccionamos alguna propiedad de nuestro término de comparación  para añadir al modelo. En el desarrollo se le agrega algo. Uno de los mejores argumentos que un modelo proporciona una imagen razonable de la realidad es que pueda extenderse. El modelo consiste en una red compleja de enunciados. Su correspondiente exacto sería, pues, la metáfora continuada –la fábula, la alegoría-; lo que Toulmin llama la “desplegabilidad sistemática” del modelo tiene su equivalente en una metafórica conexión y no en una metáfora aislada. Una filosofía de la imaginación debe añadir ver “conexiones nuevas de una doble penetración en profundidad, mediante metáforas “radicales”, y en extensión mediante “metáforas-conectadas”

            Los criterios de justificación de una teoría son fundamentalmente de dos órdenes. Ante todo, está la adecuación empírica o la exactitud  predictiva de la teoría. Después está el poder explicativo de una teoría . Este  poder  explicativo puede ser puede ser desagregado en una serie de propiedades o virtudes de la teoría. Mc Mullin ha  insistido en esas virtudes  orientan la elección entre teorías en competencia no como  un conjunto de reglas sino como un conjunto de “valores” sobre los cuales los científicos están más o menos, pero cuya aplicación no es automática de acuerdo, es decir, puede dar lugar a decisiones diferentes. La meta de la ciencia es explicar, alcanzar el conocimiento teórico. El carácter de la teoría es hipotético, más aún, la evidencia empírica no siempre es suficiente para decidir entre teorías en competencia. A esto se lo conoce como el problema de la subdeterminación de teorías que es la cuestión central de la elección de teorías ¿Cuáles son esos criterios o valores utilizados para decidir entre teorías? La consistencia, la simplicidad, la coherencia externa de la teoría con el resto del conocimiento, el poder unificador de la teoría, la capacidad de explicar campos diversos, la fecundidad, es decir, la capacidad de revelar fenómenos nuevos inesperados.

 

Realismo e instrumentalismo

            Es posible distinguir dos interpretaciones respecto de las teorías científicas. Por un lado el realismo científico, que sostiene que el poder de explicación de una teoría, su fertilidad, es tan importante como su adecuación empírica o la capacidad predictiva: Más aún estos autores afirman que la capacidad de explicar que tiene una teoría es el mejor argumento para sostener que las teorías,  que las estructuras, entidades y procesos hipotéticos que postula el modelo asociado a la misma son, en algún grado, reales (de ahí el nombre de esta posición). Se trata de la “inferencia de la mejor explicación”: a mayor poder explicativo, mayor probabilidad de que la teoría proporcione una imagen adecuada del mundo.

            Por otro lado, está el instrumentalismo. Esta postura es la de aquellos que defienden que lo único importante en una teoría es la adecuación empírica, es decir, que sus consecuencias observacionales se ajusten a la experiencia y que proporcione predicciones exactas. Estos autores no  consideran relevante la cuestión de la realidad de las entidades y procesos postulados por la teoría, ya que para ellos las teorías son algo así como formalismos con alto poder de predicción. Para el instumentalismo las teorías son como herramientas de cálculo, no modelos que proporcionan una imagen metafórica del universo. Según este punto de vista, la explicación no es una instancia importante en una teoría. En todo caso, cumple con una función pragmática, es decir, depende del contexto, de la pregunta  “por qué” que se efectúe.

            Los defensores del realismo científico continúan de algún modo la tradición de la explicación causal de los fenómenos, la idea de que para entender el universo hay que postular un mecanismo o entidades como, por ejemplo,  la imagen de las esferas celestes que explican cómo los planetas siguen determinadas trayectorias. Los instrumentalistas son asimilables a la tradición de “salvar los fenómenos”, es decir, poder dar cuenta de algo mediante formalismos matemáticos, sin preocuparse en explicar, pues la explicación no tiene más valor que lo pragmático, en otras palabras, las hipótesis no tienen por qué ser creídas: las teorías son instrumentos de predicción..Entonces ninguna de las entidades o estructuras postuladas pueden aspirar a un valor de verdad.

              En el caso de la inferencia deductiva la garantía de nuestras conclusiones se deriva del mismo mecanismo de deducción con el evidente problema de sostener la legitimidad de los primeros principios de dicha deducción. En el caso de la ciencia predictiva y la interpretación instrumentalista de las teorías, la garantía es la adecuación  empírica o exactitud de las predicciones. Hay que tener en cuenta que en este tipo de inferencia no es posible ”razonar hacia atrás”, es decir, la predicción no me garantiza la verdad de la teoría (pues es una ley lógica que un enunciado verdadero puede devenirse de uno falso)

El otro tipo de inferencia es la retroducción. o “inferencia a la mejor explicación posible”, que consiste en postular a partir de nuestra evidencia del modelo hipotético explicativo que dé cuenta de la misma. Aquí ya pasamos de la generalización empírica del mismo como su poder explicativo, el cual consisten la serie de “virtudes” a las que recién pasamos revista –en particular, la fertilidad de una teoría-.

La adecuación de las consecuencias observacionales de nuestra teoría es lo que se pone a prueba con el método hipotético deductivo. Para algunos autores, si una teoría no pasa la prueba de la experiencia, la consideran una teoría fracasada. Raramente sucede esto en la práctica.

Si estamos tratando no con una generalización empírica, sino con una teoría más compleja, entonces las estrategias ante la refutación de sus consecuencias observacionales tienen que ver con la extensión del modelo o con la modificación de hipótesis auxiliares que actúan como “fusibles” en el proceso de contrastación, pues son las primeras que se descartan para salvar la teoría. Si nuestra predicción no es apoyada por los hechos algo está andando mal en alguna parte: se puede negar la observación inconveniente, dudar del conocimiento presupuesto, de alguna hipótesis auxiliar, de las hipótesis centrales, de los instrumentos, e inclusive de las matemáticas.

Hay que tener en cuenta la frase de Quine: “las teorías no se presentan solas ante el tribunal de la experiencia”. Es decir, cuando contrastamos las consecuencias observacionales de una hipótesis con la experiencia en realidad estamos poniendo a prueba una complicada red de hipótesis.

Pierre Duhem concebía a las teorías como un grupo de enunciados abstractos formulados en términos de la matemática que no aspiraban a dar una imagen del mundo físico, sino a servir como aparato de predicción. En su libro La théorie physique (1914) decía: “una teoría verdadera no es una teoría que proporciona una explicación de las apariencias físicas conforme a la realidad; es una teoría que representa satisfactoriamente un grupo de leyes experimentales”. En 1920 Norman Campbell desafió esta concepción y defendió que si bien las teorías físicas son un conjunto de enunciados con términos teóricos y un “diccionario” que sirve de puente entre dichos términos teóricos y el nivel empírico, lo más importante de una teoría es el modelo explicativo basado sobre la analogía. En su libro Physics: The Elements (1921). “No puedo entender  cómo alguien puede interesarse en la ciencia, si piensa que su tarea está terminada en el descubrimiento de leyes”. La polémica actual entre filósofos de la ciencia instrumentalistas y realistas puede entenderse mejor en términos de Pierre Duhem y Norman Campbell, respectivamente.

Nagel, en La estructura de la ciencia, afirma que en el fondo la discusión entre realismo e instrumentalismo es una cuestión filosófica pero no científica. Para poder dirimirse científicamente debería producirse una experiencia crucial, una observación que permitiera decidir a favor de una de las dos posiciones y en contra de la otra. Es evidente que esto nunca sucederá, pues la controversia concierne al significado de los términos teóricos. Pero en lo que respecta al uso de tales términos, éste es el mismo en ambas escuelas y, por lo tanto, las contrastaciones de la teoría valdrán lo mismo para ambos casos. Para el instrumentalismo y, también para el realismo, siempre es lícito usar términos teóricos porque sí, si no figuran en las hipótesis, o bien si figurando en ellas, no aumentan el contenido científico de la teoría, al punto de que nada cambia cuando se los elimina. Por consiguiente, para Nagel, ser instrumentalista o realista es una cuestión filosófica. Como se ve, éste es un poderoso argumento. El realismo es una posición  muy respetada en filosofía, política y ciencias sociales, donde siempre es importante salvar la noción de realidad como algo independiente de la experiencia, aunque vinculada con ella y a la que podemos conocer y transformar.

Para aclarar la importancia del argumento de Nagel, consideremos el término “infinito”. La posición instrumentalista afirma: “No me interesa lo que signifique la palabra ¨ïnfinito`, sino si puedo o no maniobrar con ella” Se puede: hay maneras de calcular, es útil para prever y predecir cosas. Pero en el ejemplo del infinito falla una cosa previa: no se advierte la utilidad de emplearlo en las ciencias fácticas, sean naturales o sociales. Supongamos que alguien descubre tal utilidad; entonces el instrumentalista diría lo siguiente: si se descubre que el uso de la  palabra ‘infinito’ es útil, eso no lleva a decir que significa algo especial, sino que podría ser un instrumento matemático de cálculo, útil para pasar de datos conocidos a nuevos “datos”. Lo cual, tal vez, sea cierto: Pero un realista podría advertir: “No,  lo interesante es que realmente puede existir algo que se llame  ¨ïnfinito`. A lo que Nagel respondería “si no hay otra diferencia, científicamente no se podrá decidir entre ambas posiciones, pero  filosóficamente el asunto será interesante, así que dejémoslos que sigan especulando”

Sin embargo, el argumento de Nagel no advierte que, en la historia de la ciencia, la posición instrumentalista no ha sido tan fecunda como la posición realista.  Tomemos un ejemplo de la historia de la biología. En el siglo pasado, Mendel formuló la hipótesis de que ciencias particulares presentes en algún lugar del cuerpo, llamadas “genes”, son los portadores y determinantes de la herencia y enunció hipótesis sobre su funcionamiento. Entre los instrumentalistas de las décadas de 1920- 1930, reinaba la moda de interpretar de manera instrumentalista la palabra “gen”. Para ellos cuando hacemos mención  de los genes no estamos hablando de “entidades”, sino que empleamos una manera cómoda de hacer deducciones y, en particular, de deducir datos sobre qué clase de descendientes obtendremos al provocar un cruzamiento. La teoría genética sería sólo un cómodo instrumento para hacer predicciones sobre la herencia.

Por supuesto, un realista no se contentaría con ello, y advertiría que es oportuno conocer esas partículas, ya que conociendo sus propiedades químicas podríamos actuar sobre ellas. La diferencia fundamental con el instrumentalismo, ante el mismo hecho, es que un realista formula la hipótesis de que la partícula existe y anhela que ello suceda. Además, cuando en otro ámbito de la biología, la citología, se descubrieron los cromosomas, que se comportan de manera similar a los genes, los realistas que creían en la existencia de los genes pensaron que si los cromosomas se comportan de manera similar a los genes, aunque éstos no se vean, debemos suponer que están en los cromosomas. Entonces, pueden proponerse investigar los cromosomas.

En cambio, un instrumentalista, que no cree en la existencia de los genes, especularía sin hacer progresar el conocimiento. Por esta razón, los realistas se unieron con los citólogos e hicieron formidables descubrimientos acerca de los genes, que terminaron en lo que conocemos hoy como “ingeniería genética” Por consiguiente la propia discusión científica, y no ya la filosófica, no deja a las dos posiciones en igualdad de condiciones, pues quien es realista puede encontrarse en situaciones donde su posición lo ayude a realizar nuevos descubrimientos, cosa que no ocurrirá con el instrumentalista.

 

Conclusiones

Las teorías y modelos son los instrumentos conceptuales por los cuales se intenta articular de manera sistemática el conocimiento que se obtiene de la experiencia mediante  la investigación. Son indispensables para describir, comprender, explicar y predecir los acontecimientos que suceden en diferentes ámbitos de la realidad.

Se distingue entre los modelos puramente empíricos o fenomenológicos y los modelos teóricos o mecanicísticos- matemáticos o no matemáticos- . En  ambos casos aspiran a explicar y postulan una estructura de relaciones, procesos y entidades que, se admite, “en algo” se parece a la realidad, que constituye una imagen aproximada o una metáfora de la misma. El modelo sólo tiene las propiedades que asigna la convención del lenguaje, independientemente de todo control real. El isomorfismo entre el campo original y una cosa “descrita” funda la traducibilidad de un idioma a otro y proporciona así lo “racional” a la imaginación.

Según Mary Hesse es necesario modificar y completar el modelo deductivo de explicación teorética y concebir la explicación teorética como redescripción metafórica del campo del explanandum. La predicción  de nuevos enunciados de observación exige un desplazamiento de significaciones y extensión del lenguaje observacional primitivo. Se cuestiona no sólo nuestra concepción de la racionalidad, sino también de la realidad.

Es posible distinguir dos interpretaciones respecto de las teorías científicas. Para el realismo científico la capacidad de explicar que tiene una teoría es el mejor argumento para sostener que las teorías, que las estructuras, entidades y procesos hipotéticos que postula el modelo asociado a la misma son en algún grado reales. Para el instrumentalismo no es relevante la cuestión de la realidad de las entidades y procesos postulados por la teoría, ya que para ellos las teorías son algo así como formalismos con alto poder de predicción.

Nagel afirma que en el fondo la discusión entre realismo e instrumentalismo es una cuestión filosófica, pero no científica. Sin embargo, los realistas que creen en la existencia de las teorías pueden proponerse investigar esas entidades haciendo progresar el conocimiento.

 

Bibliografía

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Ricoeur, Paul, La metáfora viva, traducción de Agustín Neira, Editorial Trottta, 2001.

Van Frassen, Bas, The Scientific Image, Oxford, Clarendon Press,  1980.

  


[1] Hesse, Mary, “The explanatory function ofmetaphor, en Logic,  Metodology and Philosophy of Science (Amasterdam 1965),p.259

 

 

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