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¿Necesidad de Dolor y Sufrimiento?

Ensayo por Pablo Lozano , Junio de 2006

(Licenciado en Filosofía  . Universidad Autónoma de Ciudad Juárez,  Maestría en filosofía (Segundo Semestre) Historia de la filosofía contemporánea II. Cd. Juárez, Chihuahua, México)

 

            Hacía cincuenta minutos que habíamos terminado de caminar los ciento sesenta metros que separan la entrada del pequeño bosque (si así se le podía llamar a ese conjunto de árboles en las afueras del pueblo de mi abuela) y el gran portón de metal del cementerio que guardaba los restos de la gran mayoría de nuestros antepasados maternos. Había sido muy triste ver a la prima Lupe y a su esposo Juan desgarrase del dolor mientras caminaban detrás del pequeño féretro de su hijito Pedro de tan solo siete años. Era un sufrimiento, que a mis trece años, nunca había presenciado antes; podía sentirse en el cuerpo la pesadez del aire y el silencio absoluto que hasta las aves guardaban ante la tristeza que embargaba a esa joven madre que en su vientre cargaba un tercer hijo ya a punto de ver la luz de este mundo. Sólo su llanto quedaba atrapado en nuestros oídos, profundo, desesperado, amargo, lleno de rabia y coraje, un llanto que a veces parecía maldecir al mismísimo Dios por haber dejado que una serpiente de cascabel mordiera aquel pequeño pie sin que nadie se diera cuenta hasta doce horas después cuando lo encontraron ya muerto en el monte.

Hacía ya cincuenta minutos que estábamos ante aquel agujero que iba a guardar para siempre el cuerpecito de Pedrito, y mi prima Lupe no dejaba que nadie echara el primer puño de tierra, era como si supiera que eso acabaría finalmente con su esperanza de verlo despertar para acurrucarse en su pecho y decirle aunque fuera por una última vez “te quiero mamita”

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            Sentía un gran vacío en el estómago, me dolían el corazón y la cabeza; estaba confundido, por mas que lo pensaba no podía dar cabida en mi mente a tanto sufrimiento y solo repetía para mi mismo ¿Por qué?, ¿Por qué?, ¿Por qué? El tío Alejandro (el más ateo de todos mis tíos) me ha de haber entendido, ya que con una seriedad que jamás volví a ver en su rostro se me acercó y susurró “Hay que sufrir para merecer mijo, ¡Hay que sufrir para merecer!”. Dicho esto se dirigió a la fosa y contra los gritos de la prima, tomó un puño de tierra en sus callosas manos y lo aventó encima del ataúd manchando finalmente su blancura; la prima gimió un solo y largo lamento que se  mezcló con el crujir de los grandes pirules que rodeaban el panteón, Juan tuvo que detenerla para que no se aventara dentro mientras los presentes no nos decidíamos a seguir al tío para terminar así con el noble sentimiento de Lupe.

 

            Jamás he vuelto a presenciar un evento tan doloroso en mi vida, y las palabras de mi tío Alejandro han resonado en mi cabeza por muchos años, por temporadas se me olvidaban para luego volver con mas ímpetu a perseguirme  “Hay que sufrir para merecer”… ¿Merecer qué? Me preguntaba ¿Sufrir, Por qué? ¿Cuánto? ¿De que manera?. Tal vez, debido a todas estas interrogantes, desde mi juventud, desarrollé una afición por observar y tratar de entender la constante huída que el hombre intenta hacer del dolor y el sufrimiento. Como quien huye de una enfermedad terminal, o de un demonio, vi a muchos amigos refugiarse en falsos placeres, en burbujas sintéticas de felicidad que irremediablemente terminaban rompiéndose, hundiéndolos en una situación aún peor de la que originalmente huían. Por otro lado me ha tocado estar al lado de gente que absorbe el dolor de una manera diferente, podría decirse que con honor y entereza, como si se enfrentaran a un rival al que hubiera que vencer sobre un cuadrilátero, para luego bajar de él y seguir con los quehaceres “normales” de la vida.

            ¿Por qué existen el dolor y el sufrimiento? ¿Debe el hombre considerarlos una maldición, un castigo? ¿Debemos prepararnos como luchadores para enfrentarlos como si fueran el más hostil de nuestros enemigos? ¿Debemos negarnos a su existencia y evitarlos a toda costa?

            Antes de tratar de responder a estas preguntas, tratemos de establecer las definiciones de dolor y sufrimiento; la Real Academia de la Lengua Española dice:

 

“Dolor. (Del lat. dolor, -ōris).

1. m. Sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo por causa interior o exterior.

2. m. Sentimiento de pena y congoja.

~ de corazón.

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1.m. Sentimiento, pena, aflicción de haber ofendido a Dios.

 

Sufrimiento.

1. m. Paciencia, conformidad, tolerancia con que se sufre algo.

2. m. Padecimiento, dolor, pena” (1)

 

            Si bien bajo estas definiciones pareciera que no hay mucha diferencia entre uno y otro concepto, quisiera establecer aquí ciertos puntos claves para el desarrollo de mi ensayo: El dolor, es una sensación física que afecta a nuestro cuerpo en forma localizada y definida. Es una aflicción (2) corporal puntual, que tiene un presente y que en sus características es similar a lo que le ocurre a otros individuos. Es en esencia, un fenómeno neurológico, en el cual intervienen nervios sensoriales, con fibras especializadas en la conducción, neurotransmisores, neuromoduladores ubicados en el tronco cerebral y en el encéfalo (3). La Asociación Internacional para el estudio del dolor lo ha definido como: "una experiencia sensorial y emocional desagradable, relacionada con el daño real o potencial de algún tejido, o que se describe en términos de algún daño (4). Por contraste, el sufrimiento, es un fenómeno psíquico, un sentimiento sin localización somática definida, es global y difuso. Es algo que nos afecta sentimentalmente y que no causa daño en los tejidos, es esencialmente espiritual y psicológico

Lo que esto presupone es que mientras el dolor es un mecanismo biológico del cuerpo necesario como respuesta (o alarma) a un daño físico en el mismo, el sufrimiento es una creación mental del individuo como respuesta de su carácter al medio social o realidad en la que se desenvuelve.

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El dolor es siempre algo que se nos incorpora penosamente, que nos embarga, que nos invade y nos domina y por lo tanto, queremos sacarlo de nuestro cuerpo. A la inversa, el sufrimiento tiene un sentido de trascendencia y de profundidad psíquica; mientras el primero se traduce como un sentimiento de apropiación corporal, el sufrimiento se caracteriza por una sensación de vacío o de ausencia. En nuestro diario vivir, el sufrimiento representa carencia, mientras el dolor, como ya lo mencionamos, es adición.

 

Así mismo, el sufrimiento es siempre individual; si hay dolores que se asemejan en sus características en distintos individuos, esto no ocurre en el sufrimiento. Este último es siempre propio, único e irrepetible. Forma parte de nuestra personalidad y asume un significado trascendente. El sufrimiento, es nuestro y exclusivamente nuestro; Yo tengo un dolor que puede ser parecido en otros hombres, pero sufro de una manera única y solo mía. Decimos “me duele la cabeza” pero no decimos “me sufre la cabeza”, “tengo un dolor” pero no “tengo un sufrimiento”.  Sufro Yo, toda mi persona… todo yo soy mi sufrimiento

El primero nos alarma a pensar en nuestro cuerpo; el segundo suscita preguntas más profundas y existenciales; podría decirse que el sufrimiento nos abre algunas puertas para el conocimiento fundamental de la vida.

Sin embargo, no debe olvidarse que existen amplias relaciones entre ambos. Así es común que el dolor, especialmente el dolor crónico, genere habitualmente sufrimiento, bajo la forma de angustia, ansiedad o depresión. A su vez, el sufrimiento anímico suele asociarse con síndromes dolorosos en una combinación típicamente psicosomática (5). Dolor y sufrimiento son sólo facetas de una sola unidad.

 

Dolor y Sufrimiento a través de la historia

Tratando de captar la esencia de nuestro comportamiento con respecto al dolor y al sufrimiento, busquemos en las bases de nuestra cultura occidental judeocristiana las definiciones primeras de los mismos.

En las tragedias griegas las divinidades se complacían del sufrimiento humano y algunas de ellas estaban expresamente encargadas de castigar a los mortales, uno de los episodios más significativos es el Mito de Sísifo: Los dioses condenan a Sísifo a empujar una gran roca hasta la cima de una montaña de la cual rodará cuesta abajo obligando a Sísifo a emprender incesantemente la dura tarea... (6)

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Si bien hubo una amplia cantidad de pensamientos diversos respecto al sufrimiento en la antigua Grecia, podemos decir que la gran mayoría veía al sufrimiento como una condición inherente y azarosa de la vida humana.

 

En la concepción homérica, el hombre mortal es el ser desdichado por excelencia; por ejemplo en la Ilíada, los héroes griegos y troyanos, sufrían terribles heridas en combate, y morían sin una queja, enfrentaban la muerte con enorme valentía. (7)

Para los griegos los dioses no eran moralmente superiores a los mortales, de hecho se parecían en sus vicios y virtudes, su supremacía sólo radicaba en su poder y eterna juventud. Aún así, estos son causa del bien y del mal, los hombres son títeres que las divinidades manejan a su capricho y el sufrimiento puede suceder a pesar de que se sigan los designios divinos. La creencia era que estos coexistían en la naturaleza, la cual era venerada por el hombre; al alterarse esta simbiosis naturaleza-divinidades, podía producirse el dolor y el sufrimiento, por eso ni aun el hombre justo se escapaba de padecer el infortunio. En este contexto, el hombre está expuesto a una necesidad azarosa, en cierto modo el sufrir o tener dolor es un problema de mala suerte, que sucede por simple azar.

            Otras grandes vertientes dentro de la antigua Grecia, fueron las escuelas estoica y epicúrea que destacaron, por primera vez, el concepto de que la voluntad humana era capaz de resistir a las pasiones (entendidas como emociones desenfrenadas) y ser así indiferente al dolor y sufrimiento:

“La felicidad radica en liberarse de las pasiones, en el sosiego del alma, en la indiferencia. Sólo los ignorantes son esclavos de sus propios placeres, de sus pasiones y de la insatisfacción que les produce no poder alcanzarlas” (8)

 

El fin del hombre, según los epicúreos, el bien máximo en esta vida, era la felicidad entendida como ataraxia (indiferencia y serenidad del alma ante las adversidades, dolores físicos, temores, etc.).

“Cuando se haya eliminado el dolor físico  y el mental, entonces se ha alcanzado el placer. Este placer se basa en la evitación del dolor y en la automoderación de los deseos” (9)

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Fue intento racional para anular el dolor y el sufrimiento

 

Siglos después, el cristianismo rescata el dolor y sufrimiento como elementos de superación anímica, para el cristiano ningún dolor carece de significado. Hay un sentido de prueba a que somos sometidos en esta tierra como preparación para la vida eterna. El dolor y el sufrimiento nos enriquecen espiritualmente recordándonos el martirio de Cristo por nuestra salvación. La Biblia está llena de episodios dolorosos, destacando en el antiguo Testamento el desgarrador libro de Job (10) y en el Nuevo Testamento, los dramáticos relatos del martirio de Jesús en la cruz (11).

El cristianismo dominó innegablemente el largo periodo de la Edad Media, fue una etapa profundamente espiritual. El hombre vivía obsesionado por el concepto del pecado, con la amenaza de un próximo fin del mundo y con el consecuente juicio final. El demonio estaba siempre acechando las almas para arrastrarlas a los horrores del Infierno. El hombre interpretó el dolor y el sufrimiento como pruebas y expiación, se auto flagelaba  buscando una redención y un perdón de los pecados mediante el tormento físico. Es en este ambiente que nacen las cruzadas y los señores feudales se lanzan a luchar por la fe, porque esta es el arma fundamental para derrotar el dolor y el mal.

A diferencia de la antigua Grecia donde el dolor y el sufrimiento eran causados azarosamente por los dioses (que podían ser a veces buenos y a veces malos), la tradición judeocristiana nos presenta un Dios siempre justo y bueno e introduce un ente externo al hombre, Satanás, causante potencial del mal en el mundo. Y digo potencial porque finalmente queda a decisión del hombre mismo el camino que ha de seguir y como consecuencia se tiene también control, en cierta manera, sobre el dolor y el sufrimiento. Dios no me castiga, me castigo yo mismo al elegir el mal que no debo hacer.

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El sufrimiento tiene bajo esta perspectiva, un sentido, un por qué, y automáticamente se vuelve el vínculo mediante el cual se pagan los errores cometidos.  Maldad y sufrimiento quedan así ligados como causa y consecuencia.  Desde el punto de vista bíblico, el dolor y el sufrimiento no son una represalia divina, un castigo, sino una oportunidad para reconstruir el bien en el sujeto que sufre (12).

 

Entonces… ¿Para que el dolor y el sufrimiento?

El hombre ha existido siempre bajo una gran incógnita, arrojado a esta vida sin pedirlo, ha nacido para morir; pero, entre este principio dado sin participación propia y su final irremediable se encuentra su existencia, la cual debe vivir con todos sus temores y pasiones, angustias y deseos, amores y desilusiones. Venimos a este mundo a través de un proceso de dolor de nuestras madres y quedamos enfrentados irremediablemente a la realidad de vivir; debemos escoger desde una temprana edad, los caminos, los procesos, las acciones y las decisiones que se nos van presentando día con día; en este transcurrir, el dolor y el sufrimiento son contingencias inherentes al proceso de existir.

No creo en la idea de “dioses” jugando a los dados para decidir mi presente y mi futuro, ni tampoco en el vínculo maldad-castigo. Creo más bien en la relación causa y consecuencia y aún esta sé que no es al cien por ciento verdadera. A esta causalidad debo agregarle la idea de tiempo para tener una ecuación con mayor validez:

Si pongo la mano sobre el sartén caliente sé con toda seguridad que voy a sentir inmediatamente un dolor

            Causa                                    Poner la mano en el sartén caliente

            Consecuencia           Dolor al quemarme la mano

            Certidumbre            100%

            Tiempo                     Inmediatamente

 

Si ingiero tres botellas de 750 ml cada una de vino tinto de las ocho de la noche a las tres de la madrugada sé con cierto nivel de seguridad que esto me generará un malestar enorme al día siguiente

            Causa                                    Ingerir licor en mayor cantidad de la acostumbrada

            Consecuencia           Malestar al día siguiente  (“cruda”)

            Certidumbre            95%  (depende de cómo reaccione mi cuerpo)

            Tiempo                     Digamos 6 horas después

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Si fumo 2 cajetillas de cigarros diarias por diez años probablemente me genere un cáncer de pulmón dentro de 25 años 

            Causa                                    Fumar 2 cajetillas de cigarros diarias durante 10 años

            Consecuencia           Cáncer de pulmón

            Certidumbre            50% de acuerdo a las últimas investigaciones.

Aproximadamente el 87% de las muertes de cáncer del pulmón

son a causa del hábito de fumar (13)

Tiempo                     Digamos 15 años después

 

Con esto, fácilmente podemos apreciar la relación existente entre nuestros actos conscientes y las consecuencias de los mismos a través del tiempo, así como de la

intensidad en el dolor que estos pueden generar.

 

De esta misma manera podemos analizar las relaciones causa-consecuencia-tiempo-intensidad sobre situaciones de sufrimiento: si maltrato a mi pareja constantemente va a acabar dejándome después de algún tiempo, lo cual me hará sufrir.  Si continuamente ofendo a las personas que me rodean acabaré por quedarme solo etcétera. También podríamos agregar algunas otras variables a nuestra ecuación original para tratar de hacerla aún más certera en el pronóstico de nuestro dolor y sufrimiento; variables como cultura (europeo, americano, asiático) condición física del individuo, situación socioeconómica, etc. Lo cual haría muy complejo el entendimiento de lo que quiero aquí explicar, por eso voy a tratar de resumirlo de la siguiente manera:

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Creo que todo ser humano tiene una realidad actual que lo hace mantener su condición de persona y determina su manera de existir en este mundo; creo que esta realidad es tridimensional, esto es, que está compuesta por un vector de realidad física, uno de realidad espiritual y uno de realidad histórica:

 

 

Realidad Física: Todo lo material que nos rodea, casa, carro, estructura física (alto, moreno, etc.), condición económica (rico, pobre) habilidades físicas (correr, saltar, cantar)

Realidad Espiritual: Creencias, conocimientos, aspiraciones, fantasías, anhelos, habilidades intelectuales, etc.

Realidad Histórica: Pasado y antepasados, nacionalidad, costumbres.

 

Estos tres “vectores realidad” conforman el total de la realidad actual que cada hombre vive en un momento determinado y definen el porqué y para qué de su existir. Es por tanto fundamental que cada ser humano tenga el mayor conocimiento y aceptación posibles de sus tres realidades, para que pueda establecer el curso de su vida.

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El dolor y sufrimiento desde mi perspectiva son “herramientas” que nos ayudan a descubrirnos y entender quienes somos, con respecto a nuestra realidad actual y al mundo que nos rodea; nos avisan de sucesos importantes que suceden dentro y fuera de nuestra realidad y nos permiten establecerles límites de supervivencia a nuestras conductas y comportamientos. Límites que no necesariamente deben ser fijos, (¡de hecho en su gran mayoría no deberían serlo!) sino que conforme existimos y modificamos nuestra realidad, avanzando en el mejoramiento de nuestro “YO”, vamos reajustando estas fronteras en el delicioso camino de existir.

 

Tratando de explicarme un poco mejor quisiera ejemplificar (tal vez de una manera un poco simple) el por qué del dolor y el sufrimiento: Si alguna vez han empezado una rutina de ejercicio, recordarán el dolor muscular que aparece durante los primeros días, pareciera como si el cuerpo se estuviera defendiendo de la nueva realidad a la que queremos movernos ¡a veces nos duelen músculos que ni siquiera sabíamos que existían! Ante esto pudiéramos pensar “tal vez el cuerpo me está avisando que debo parar, que esto no está bien para mi salud” y efectivamente así puede ser si desde el primer día de nuestra rutina, quisimos correr un maratón o levantar todas las pesas del gimnasio. La verdad es que a través del dolor en cierta manera nuestra humanidad nos está avisando qué tan efectivo o dañino es la actividad que estamos haciendo. Un cierto nivel de dolor es inevitable, estamos haciendo que nuestro cuerpo se desoxide, desintoxique, se haga más flexible, mas resistente, estamos creando, porque así lo decidimos conscientemente, una nueva realidad y moviéndonos hacia ella, por tanto generando un cambio y éste para el ser humano será siempre algo perturbador (no necesariamente doloroso). Por otro lado, un dolor en demasía es una alarma para indicarnos que estamos extralimitándonos y podríamos efectivamente causarnos daño. ¿Dónde está entonces la línea para determinar cuánto dolor es el correcto? Está en la cantidad de conocimiento que cada individuo tenga de su realidad actual única: enfermedades, capacidad corporal, desde cuándo no hacía ejercicio, alimentación, etc.

De la misma manera podríamos extrapolar esta idea al sufrimiento: el joven que se va a estudiar a un país extranjero, sufre al desprenderse de su familia, al estar lejos de lo amigos, tal vez al perder las comodidades que ya tenía aseguradas, en pocas palabras sufre al modificar su realidad actual, y este sufrimiento le ayuda a valorar lo que tenía, a reflexionar sobre lo que está haciendo y a disfrutar los nuevos logros que esté alcanzando.

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El dolor y el sufrimiento son inevitables en nuestro paso por esta vida, nacimos a través de un proceso doloroso y continuamente nos enfrentamos a la batalla de la existencia, pero esto no debe implicar que los busquemos continuamente como una manera de desarrollar nuestra humanidad, el masoquismo tanto físico como espiritual es una desviación, una enfermedad del ser humano que debe ser evitada:

 

masoquismo. (De L. von Sacher-Masoch, 1836-1895, novelista austriaco).

1. m. Perversión sexual de quien goza con verse humillado o maltratado por otra persona.

2. m. Cualquier otra complacencia en sentirse maltratado o humillado (14).

 

El dolor y el sufrimiento son parte de nuestro existir, y si bien no debemos negarlos ni huirles  (¡es imposible!), tampoco debemos buscarlos como alimento preciado, como medicina espiritual. El ser humano debe conocer y aceptar su realidad al máximo, no de una manera conformista sino como un medio para saber en dónde está parado y así poder determinar cómo y hacia dónde va a poder dar el siguiente paso o brinco; sobre qué bases se encuentra sostenido para cuando arrecie el viento no lo tumbe o lo mangoneé como hoja seca. Al dolor y al sufrimiento no hay que buscarlos, ellos llegarán a cada persona dependiendo de la realidad que haya decidido vivir (15)

Se hace ejercicio para mejorar la salud y como una de varias consecuencias a esta actividad aparece el dolor, que entonces debe usarse como una herramienta. Pero no se hace ejercicio buscando el dolor ni tampoco se le ignora. Se desprende uno de su familia para lograr una mejor educación, no para sufrir. 

No creo en la idea de que las injusticias o maldades cometidas, deban ser purgadas a través de sufrimiento así como tampoco comulgo con la idea de Nietzsche de que el sufrimiento sea una condición necesaria para que el hombre pueda llegar a ser

el superhombre:
            “Me encuentro ante mi montaña más alta y ante mi más larga caminata: por eso tengo que descender más bajo de lo que nunca descendí:

- ¡Descender al dolor más de lo que nunca descendí, hasta su más negro oleaje! Así lo quiere mi destino: ¡Bien! Estoy dispuesto” (16)

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“- ¿O qué quiero prepararos para lo sucesivo un lecho más cómodo a vosotros los que sufrís? ¿O mostraros senderos nuevos y más fáciles a vosotros los errantes,

extraviados, perdidos en vuestras escaladas?
            ¡No! ¡No! ¡Tres veces no! Deben perecer cada vez más, cada vez mejores de vuestra especie, - pues vosotros debéis tener una vida siempre peor y más dura. Sólo así – sólo así crece el hombre hasta aquella altura en que el rayo cae sobre él y lo hace pedazos: ¡suficientemente alto para el rayo!” (17)

 

Se crece también a través del amor, del conocimiento, de la compasión, y ninguna de estas  situaciones es tampoco individualmente condición necesaria.

Se sufre cuando hay un desconecte, una desviación entre realidad actual y realidad proyectada, esto es, cuando la idea de lo que el hombre quiere para si mismo en un futuro cercano o lejano, termina por ser diferente a la realidad actual que tiene cuando ese futuro se ha vuelto presente: Yo pensaba ser esto, tener esto, alcanzar esto y resultó que no lo soy, no lo tengo, no lo alcancé, entonces sufro ¿Porque sucede esto?... Múltiples razones he aquí algunas de las que considero más importantes:

- Desconocimiento de mi realidad actual: Vivo sin creencias sólidas, sin valores (espiritual), no sé quien soy realmente (histórica), me dedico a gozar de la vida en cualquier oportunidad que se me presenta, bajo cualquier medio disponible (física), de hecho no tengo idea de lo que quiero lograr en el futuro. Estoy vacío, cualquier situación difícil que la vida me presente me hará sufrir.

- Negación de mi realidad actual: Tengo una abuela que tiene 95 años y me niego a la idea de que pronto va a morir. Cuando esto sucede, sufro

- Proyección de una realidad futura sumamente diferente a mi realidad actual en un tiempo irrazonable: Soy delgado, no he hecho ejercicio en los últimos 5 años y quiero ganar una medalla olímpica dentro de 6 meses. No lo logro, entonces sufro

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- Desequilibrio entre los tres vectores de nuestra realidad actual: Soy completamente materialista, solo vivo para el dinero, cuando éste falta no tengo nada más en que sostenerme, entonces sufro. O sólo vivo para mis ideas y mis creencias, niego la vida que tengo, rechazo mi humanidad a tal grado que termino por considerarla penosa. O vivo de mi pasado, de mi apellido, de mi abolengo, espero que todo se me de en la vida por quien soy.

 

- Situaciones azarosas de la vida: accidentes, enfermedades. Hay que tener mucho cuidado con este punto, porque muchas situaciones que normalmente consideramos azarosas son realmente mucho menos de lo que queremos nosotros considerar:  Choque en carretera - ¿En que condiciones estaba el carro en que viajabas? ¿Lo llevaste a revisión antes de empezar el viaje? ¿A qué velocidad viajabas?.  Cáncer en el pulmón - ¿Qué tanto fumabas? Ataque cardiaco - ¿Cómo te alimentabas? ¿Hacías ejercicio? Decepción amorosa - ¿Qué tan seriamente te comprometiste con la otra persona? ¿Qué tanto tiempo le invertiste a la relación?

 

Cristo sufrió no porque este fuera su objetivo en sí, de acuerdo a la teología de nuestra religión católica era primero su muerte lo que Él buscaba para alcanzar el perdón de nuestros pecados y luego su Resurrección para mostrarnos que estaba por encima de la muerte misma. Pero en el proceso de lograr esto pasó por el sufrimiento, no porque fuera necesario para su objetivo sino porque, para su parte humana, era inevitable, porque el dolor y el sufrimiento son contingencias inherentes de nuestra existencia como seres humanos.

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Bajo esta perspectiva, ambos deben sernos útiles para el desarrollo de nuestra existencia, y debemos vivirlos bajo el pleno conocimiento de nuestra realidad, tanto actual como proyectada, para que en lugar de que nos distorsionen la vida nos ayuden a mejorarla. En ocasiones sólo a través de eventos vivenciales fuertes, el hombre reflexiona sobre sus actos y se vuelca sobre sí mismo para ser más humano. Debemos ver en ellos el sentido positivo de humanizar y dar mayor apertura a la conciencia del hombre.

 

El dolor y sufrimiento no pueden jamás ser ignorados porque forman parte esencial de la naturaleza humana, de lo que el hombre es, de su esencia más fundamental.

 

            Mi prima Lupe tuvo otros dos hijos después de la muerte de Pedrito, ella y Juan siguen juntos y por lo que sé igual de enamorados que cuando se conocieron por primera vez. Sus tres hijos, a diferencia de muchos de mis otros primos, salieron como solía decir mi abuela “de buena cimiente” los tres son profesionistas exitosos y bastante felices. Creo yo que si bien la muerte de su segundo hijo, jugó un papel importante en la formación del carácter de Lupe y Juan, no fue necesario que esto hubiera sucedido para que los tres hermanos fueran lo que son hoy. De lo que sí estoy seguro es que gracias a que ambos afrontaron su sufrimiento con un pleno conocimiento de su realidad, pudieron sacar el mejor provecho de ello para el beneficio de su existencia.

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Con todo el debido respeto, mi tío Alejandro estaba jodido, no hay “que sufrir para merecer” hay que vivir, vivir y volver a vivir para merecer lo que nosotros queramos alcanzar. Hay que disfrutar al máximo de nuestra existencia desde el pleno conocimiento de nuestra realidad y cuando el dolor y el sufrimiento se presenten (¡porque van a presentarse!) hay que darles la debida atención y sacarles el mayor provecho.

 

 

 

(1) Real Academia Española  http://www.rae.es/

(2) Del lat. afflictĭo, -ōnis : Efecto de afligir o afligirse, Causar molestia o sufrimiento físico.

(3) Current medical diagnosis and treatment 2005, página 76

(4) UNAM Revista Ciencias 75, Sep 2004

(5) Current medical diagnosis and treatment 2005, pagina 78

(6) Odisea, XI, Evocación de los muertos

(7) Ilíada, III, 95-97  Ilíada, VII, 54-91

(8) Lógica de los Estoicos  Benson Mates

(9) Ibid

(10)  Job 1, 20-22,  Job 3, 7-13,  Job 6, 4-30

(11)  Lucas 22, 44-45,  Juan 19, 1-37

(12)  Salmo 30 y 31,  Lucas 15, 11-32

(13) American Cancer Society (www.cancer.org)

(14) Real Academia Española  http://www.rae.es/

(15) The Art of Happiness Dalai Lama, página 103

(16) Así habló Zaratustra, El caminante  Friederich Nietzsche

(17)  Así habló Zaratustra, Del hombre superior Friederich Nietzsche

 

 

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