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Javier Zúñiga Vega

Magister en Filosofía

Universidad de Concepción

Diciembre 1999.

 

 

E. M. Cioran: Nihilismo y porvenir.

 

"Une pensée qui n'est pas

secrètement marquée par la fatalité,

est interchangeable,

ne vaut rien, n'est que pensée...".

E. M. Cioran, De L'inconvenient d'être né.(1)

 

 

Al hablar de nihilismo y porvenir en E. M. Cioran, se habla de que en el hombre, el sentimiento asfixiado en el éxtasis místico, por eso mismo negador de la realidad de toda otra percepción, va a la par del violento nihilismo que emana de la frase "Dios ha muerto", que Nietzsche pone en términos teóricos, y que Dostoievsky expresa en un hermoso lirismo.

En Cioran pasamos desde Job y los cínicos, Pirronismo y gnosticismo, con Kierkegaard y Pascal, hacia la confirmación de que la esfera metafísica se revela al hombre como la expresión filosófica por excelencia, pero que a la vez, niega nihiliza la existencia cotidiana, pedestre, siempre que se trate de evadir u obliterar las contradicciones que atormentan a este ser de dos mundos.

Así, la condición humana sería un nihilismo que nos empuja hacia Dios... dejando a la metafísica como campo de batalla en la unificación entre el nihilista y el místico que habita en cada lúcido.

Siendo fieles a Cioran, se trata, al fin y al cabo de honradez, de permitir la entrada de la contradicción. La coherencia conlleva falsedad en lo que respecta de la vida.

La filosofía, o sus fragmentos, debe surgir de experiencias, aunque sean contradictorias, pues así se abarcan todos los aspectos de la vida y no se ciega el espíritu en un solo aspecto, como es el caso del sistema.

El hombre sufre la caída, en él opera el pecado original, entendiendo esto desde un punto de vista puramente antropológico. Así, si sólo desarrollamos el aspecto intelectual, es decir, si nos volcamos a la filosofía, no se levanta al hombre de la caída.

El nihilista socava y el místico eleva... ambos conocen y sienten esa caída, sólo que se resisten a ser consolados por la filosofía, y buscan en la metafísica, en último término, el despliegue absoluto de su ser.

Uno de los mejores ejemplos de esta comunión entre nihilismo y mística, está en el tratamiento que Cioran hace a la idea de suicidio: De estar agobiado y desesperado por un nihilismo absoluto, el suicidio se le presenta como una idea positiva, de liberación espiritual, de camino hacia el Absoluto. "La paradoja de mi naturaleza es que siento pasión por la existencia, pero, al mismo tiempo todos mis pensamientos son hostiles a la vida..."(2)

Èmil Cioran, problemático desde sus inicios en la filosofía. Mal interpretado por las doctrinas de la tardo-modernidad, vemos que la vitalidad anti-filosófica de Cioran se encuentra en la antípoda de la "falsa intelectualidad"(3). Aunque, como es evidente, los títulos de sus obras bastarían para encerrar una metáfora de nuestro mundo, Cioran está muy lejos de reduccionismos estridentes, muy lejos de la espectacularidad decadentista y del regodeo en la misma tenue autocompasión de todos nuestros días.

   Tachado de antisemita(4), recuperado como fundamento espiritual por ciertos grupos de extrema derecha en Rumania, y también en Francia(5), producto de una lectura tendenciosa como la polémica suscitada por su propia inspiración filosófica, F. Nietzsche, que cayó en el malentendido luego de que sus últimos escritos fueran editados o compaginados por su hermana, llevando su filosofía a ser un pilar de la espiritualidad nazista.

Nacido en Rasinari (Rumania) en 1911, hijo de un Pope Ortodoxo griego, pasó su niñez en el campo, hasta que en su adolescencia fue transplantado a la ciudad. Por eso se habla de que perdió su adolescencia y su religión en el mismo acto de trashumancia. Por años no durmió, sufría de un terrible insomnio que el más tarde calificaría del período de noches blancas, hasta que la bicicleta y sus largos paseos nocturnos por el Sena, una vez radicado en Francia (1937), le devolvieron el preciado sueño, descanso del alma, para tan febril maestro del aforismo, significando una o dos torsiones importantes en su filosofía.

Es un escritor, al mismo tiempo, de la soledad y de la subjetividad. Ambivalente y coherente en la contradicción.

Nihilista y místico.

Critica duramente la tibieza, la indecisión, aunque con un afán lejos de ser moralizante, es más bien existencial.

El lirismo en el filósofo (léase la vida estética) es el dormir, la supresión de la subjetividad. La subjetividad es el estado de lucha de quien está vivo en el tiempo: insomne.

El insomnio físico de Cioran le impide la fácil manera de redimirse, de contentarse con el mundo... lo necesita para mantenerse vivo.

Cioran vive la Gran Guerra desde la melancolía, único sentimiento que redime este universo y, a la vez, el que aún nos separa de éste.

La violencia de la obra de Cioran, su verbosidad y arrogancia, son resultado de una lucha contra el inevitable positivismo. El uso de aforismos nace de esta realidad. Su necesidad de oponerse. Es decir, que no tiene sentido oponerse, o argumentar, o explicar... siempre se nos vuelve a presentar el mismo cielo... El mismo infierno.

Así como Nietzsche deseaba transmitir su soledad moral, Cioran desea transmitir lo difícil, es decir, el pesimismo, el desencanto, la melancolía, como estados ineluctables de la existencia que parten y vuelven al ámbito de las pasiones, eludiendo siempre a la razón. No se trata de que sus ensayos sean de difícil lectura, pero su moraleja, por así decir, es la interminable revelación de la dificultad. El argumento de un ensayo típico de Cioran se podría describir como un entramado de proposiciones para pensar... junto con la pulverización de las razones que inducirían a seguir sustentando semejantes ideas y, cómo no, de las razones para actuar guiándose por ella. Mediante su compleja formulación intelectual de atascamientos intelectuales, Cioran construye un universo cerrado -de lo difícil, lo inaccesible a la razón- que es el tema de su lirismo.

Cioran habla de ser leal al propio fracaso... de ser una mente que pueda elegir entre la literatura y la real oscuridad del alma, que así enfrente a nuestra alma a su subjetividad, a su soledad... a no escribir.

Lo anterior sólo es posible en el insomnio, en las blancas noches en que se siente el paso de los segundos como eternos, en la enfermedad, considerada como la total coincidencia con uno mismo.

La nobleza se deja al silencio y a lo invisible.

Claramente sostiene que el exceso de autocompasión preserva la razón, nos pone en un estado de alarma, el estado elegiaco de nuestro instinto de conservación.

El camino es de una lógica impecable: la enfermedad (léase insomnio) aumenta la compasión que nos provoca nuestra situación, y ésta nos lleva inevitablemente a la razón, a la lucidez; por lo tanto hay instinto de compasión. Esto es lo que nos mantiene vivos, aún después de estar obsesionados con el suicidio. Es el camino de la tensión de los contrarios. La lucidez, la razón, nos significan la imposibilidad de retornar a la inocencia. No nos queda otra opción que seguir hasta el final del pensamiento para intentar recuperar la inocencia y la gracia en la conciencia plena del yo.

Contradicción, paradoja. Pensar el pensar, la metafísica.

 

Reivindicación de la inactividad

 

No hacer nada, Cioran reivindica la inactividad. Ya en su primera obra “Sobre las Cimas de la Desesperación”, el trabajo se rechaza “...este absurdo despliegue de energía...”(6) Peor aún, el trabajo es en sí mismo una maldición: “...El trabajo: una maldición que el hombre ha transformado en voluptuosidad”(7). Que le impide al hombre realizarse.

Esta adynamia (a, sin y dynamis, movimiento, usado aquí en un sentido más amplio, a saber, en el lenguaje médico, como una debilidad muscular que acompaña a ciertas enfermedades), característica en Cioran, a la vez como pensador y como hombre(8), no es la norma en la sociedad.

No hacer nada: He aquí, en alguna parte, la idea que todo el mundo debería aullar y que, por lo tanto, no hay ninguna persona que ose afirmarla alto y fuerte. No agitar, no perpetrar acto alguno: esta renuncia debe igualmente corresponder al mayor desprendimiento posible, allí, en el absoluto, casi en la estupidez. Las emociones no serán más dominantes. Así, más encolerizado, más sublevado o indignado, esta sensación debe ser anulada, se debe perseguir la indiferencia por todos los medios. “Me apegué a las apariencias cuando comprendí que sólo había algo absoluto en la renuncia”(9). “Todo es frívolo, incluido lo Último. Cuando se ha llegado ahí, toda interrogación capital avergüenza”(10).

 

 

Absurdo e Irrealidad de la vida

 

¿Cuáles son las razones que llevan a predicar este estado de inactividad? 

El percibir que nada tiene importancia, que nada vale la pena, porque no podemos hacer nada, más algún acto de diferente carácter, que nos hace ver la misma perspectiva de nuestros amigos parecer superflua.

¿Por qué nada tiene importancia? Al parecer, nada es: “Todo es posible, y nada no lo es; todo está permitido, y nada”(11). Muchas cosas permanecen sin respuesta, muchos problemas están irresueltos, muchas aporías nos  atormentan.

Los mismos devienen un verdadero genio que tratamos de eliminar, en todo caso, los cuales nos interesan más bien poco: nuestra propia tragedia es más grande, y cada uno se inclina sobre su propio sufrimiento, sin preocuparse del de los otros. Ser indiferente y al mismo tiempo no dejar aparecer para nada el sufrimiento interior.

Pero no es que los otros sean rechazados; el mundo y, finalmente la existencia misma, devienen difíciles de soportarse. La vida no posee realidad alguna, Cioran nos dice que la menor  sospecha de realidad viene del sentimiento de no-realidad. Podríamos plantear la postura de  Cioran desde la perspectiva de una distinción por ser “in-contento”, si es que esta palabra existiera. Y es que es extranjero a todo resentimiento, a toda razón para querer a alguna persona o ser particulares. Se trata de una inadherencia total, balanceándose entre la cólera contra la existencia y la resignación. Otra vez, nihilismo y misticismo juntos, en la misma descarga de fuerza...

El mundo es totalmente absurdo, es decir, que no solamente la vida carece de sentido, ni siquiera podría buscársele uno(12).

Ésta es, para Cioran una certeza superior, desde entonces que él comprende, el paso de cada minuto de la existencia  en su conciencia y que no consigue nada con tratar de apuntalarse con pruebas o demostraciones. Por ejemplo, en IEN, libro posterior al período rumano (hasta 1937), sostiene que  todo está privado de consistencia, de fundamento, de justificación.

Un poco donde encontrar la justificación de la vida sería el planteamiento de su primera obra(13), donde dice que se ven tantas razones para rechazarle el sentido a la vida que sería vano enumerarlos, la desesperación, el infinito y la muerte no son más que los de mayor evidencia.

Por lo tanto, los individuos, por no morir, simplemente por continuar viviendo, la mayor parte de las veces, en un nivel particular encuentran el sentido: ya que los datos íntimos le determinan todo en igual proporción a negar totalmente el sentido de la vida. Enfrentar la existencia, la verdad y la falsedad no le contentan más, solamente su reacción personal.

 

 

El insomnio

 

El sueño como ruptura, como fractura en lo que se tenía por seguro. En la vida de un individuo, la finalidad del sueño es simple: provoca una ruptura entre los períodos de vela, de conciencia y le permite al cuerpo reposar. Le entrega al hombre la posibilidad de evitar vivir como que toda su existencia no fuera más que "un solo período ininterrumpido de vela, sin discontinuidad"(14). Este periodo de reposo permite también olvidar, a la vez, el mundo y las cosas, pero también es un olvido del tiempo y de su principio demoníaco.

En efecto, la memoria es el verdadero sostén de la causa del dolor. En efecto, el estado absoluto de bienestar, la vida en el paraíso, sería una existencia privada de toda capacidad de memoria. No somos, de hecho, a los ojos de Cioran, más que remordimientos ambulantes.

Pero el sueño no es forzosamente, en Cioran, este pasaje positivo. En el "Précis de Decomposition escribe un texto titulado "Surmenage par les rêves": "Si pudiéramos conservar la energía que nos prodiga esta sucesión de sueños alcanzados en la noche, la profundidad y la sutilidad del espíritu alcanzaría proporciones insospechadas. El calentamiento de una pesadilla exige un gasto nervioso más extenuante que la articulación de la mejor construcción teórica"(...)"Nos hace recuperar, bajo la mediocridad del día, el repasar los problemas incoloros, sin que nos ayude ningún fantasma de la noche"(...)"Después de cada noche estamos más vacíos"(15).

El sueño se aparece como una experimentación insospechada, donde las imágenes nefastas oscilan y dejan marcas indelebles en el despertar.

Sólo sería aceptable el sueño sin soñar, el sueño reparador.

 

 

La lucidez

 

La lucidez es, entonces, la consecuencia directa del insomnio y de la fatiga que éste destila, en estrecha relación con la soledad: ella es "el resultado del mal uso que hemos hecho de nuestra vigilia"(16). Es una disminución de la fuerza de ser y de la vitalidad, la cual está tocada por una conciencia de las cosas más que otros estados, conciencia de su conciencia. Todo es inútil, nada es necesario... esto deviene una evidencia. La lucidez toma el lugar de la posibilidad de olvidar y de conducirse a través de la desesperación, porque muestra al mundo y a la existencia tal cual ellos son.

El lúcido, en su toma de conciencia, de ahora en adelante endemoniado en una "inaptitud para la ilusión"(17).

La lucidez es la conciencia de una pérdida, pérdida de la inocencia, de la perfección de antes de haber nacido. Ella no puede -nos dice el filósofo en su Crepúsculo del Pensamiento- acercarnos a Dios o a la Nada; dicho de otro modo, de los extremos, de los absolutos. Ellos "llevan la lucidez irremediablemente a lo impropio de la vida"(18).

La conciencia es "una herida abierta en el corazón de la vida"(19). Tanto que en el vivir en la inconsciencia del mundo y de su realidad, puede estar una oportunidad de lograr soportar la vida y de encontrar reposo.

Mirar sin comprender, el paraíso... por el contrario, el infierno sería comprenderlo todo. Cioran compara la lucidez con la caída, que como le sucedió a Adán, en nuestro caso perdemos también la inocencia y el bienestar que nos proporcionaba.

 

 

El nihilismo

 

Es fácil, y quizás apresurado el clasificar el pensamiento de Cioran en la categoría de nihilismo. Ciertamente, el afirmar que nada tiene importancia, y que no hay realidad alguna, lo que le aproxima bastante a la tesis de Gorgias. Pero el nihilismo, entendido como una doctrina en la cual no existe una verdad moral ni una posibilidad de jerarquizar los valores, no parece corresponder a Cioran. El nihilista destruye los valores y en su lugar pone la pregunta ¿qué es lo bueno? sin dar una respuesta a eso. Es exactamente lo qué le reprocha Cioran: Echar todo por tierra, y nada proponer para después.

De ahí que muchas veces él rechace esta apelación. "Haber amado siempre las lágrimas, la inocencia y el nihilismo. Los seres que lo saben todo y los que no saben nada. Los fracasados y los niños"(20). Y aunque que él siempre escriba como para tener esta posición filosófica, él lo rechaza con fuerza como una aproximación finalmente falta de calor(21) y de exaltación.

La palabra de Nietzsche perturba en más de una de manera y podría aplicarse fácilmente al Cioran del período rumano, antes de las escrituras que predican cierto regreso a las ilusiones, se identifica a algún alcance con este nihilismo cansado, en este abatimiento primero que alcanza el lúcido, cuando se enfrenta con las ilusiones que constituyen el universo.

 

 

El pesimismo

 

Cioran es considerado como un continuador de Schopenhauer. Los temas que recurren en los dos de pensamientos, a saber, el del spleen (o la melancolía y la tristeza), el del dolor universal y su interés común por las religiones Orientales, particularmente el budismo.

En Schopenhauer, la existencia del hombre está cerrada en la ilusión de felicidad, balanceándose incesantemente entre el sufrimiento y el aburrimiento, y dirigiéndose constantemente hacia el descontento. Su antropología pesimista necesariamente conduce a una vida ascética y al renunciamiento, en particular al rechazo, a la repulsa final para transmitir en la procreación esta ilusión de felicidad.

Pero lo qué lo separa más es el rechazo categórico de establecer la existencia de algo más allá de las ilusiones, que justamente Schopenhauer incita a pensar. Como lo que sostiene de sí mismo en LS: "Schopenhauer tiene razón sostener que la vida no es más que un sueño. Pero incurre en una inconsecuencia grave cuando, en lugar de estimular las ilusiones, las desenmascara haciendo creer que existe algo fuera de ellas..."(22)

Seguramente, Cioran tiene una visión más bien pesimista de la vida: la historia es la historia del mal, mal que reina y rige verdaderamente la existencia del hombre; asimismo, mejor habría que no nacer, y una vez nacidos, perdimos y caímos de un estado de perfección a otro de inexactitud y sinsentido. Y más aún, terminar en un pesimismo absoluto.

Se aleja de sí mismo por esta humorada: "Cuanto más leo a los pesimistas, más aprecio la vida"(23). Sus escrituras muestran esta trampa de distancia, especialmente allí en el período Francés, y particularmente en AA, su último trabajo. En el aconsejado retorno a las ilusiones, él rechazo definitivo de llevar a cabo el pesimismo existe y es afirmado: hay algunos comparten alguna razón de ser, o por lo menos alguna satisfacción de ser.

 

 

 

La sabiduría como horizonte

 

La pregunta que se plantea entonces es la siguiente: ¿Cómo vivir aún en el mundo cuando se perdió toda ilusión sobre él a causa de la lucidez?

La duda universal eleva un modo de vida que conduce a un callejón sin salida. Inicialmente, hay la contradicción primera entre el hecho de vivir y la voluntad de hacer nada: ¿Cómo reconciliar una calma absoluta y una vida en una sociedad? De un lado está la necesidad que no adherir y por otro la necesidad misma de comer, de tener un techo, una necesidad así muy material.

Si ciertas civilizaciones pudieron aceptar tales individuos, las sociedades modernas excluyen, de hecho, este tipo de comportamiento: Ser lúcido, quizás terminar en sabio, y llegar a ser vagabundo. Además, la lucidez absoluta no puede existir. "La lucidez absoluta es incompatible con la realidad de los órganos"(24). El que  rechaza totalmente el mundo como suma de ilusiones, como el disparate absoluto y que pueda ser que al fin este rechazo no tenga mucha elección: allí permanece único el suicida. La sabiduría representa entonces un factor de esterilidad. Ella es "el enemigo que hace reprimirnos en nosotros si quisiéramos creer"(25), porque ella no es, en definitiva, más que la aporía erigida en disciplina.

 

 

 

Notas

 

 

1) E. M. Cioran: De L'inconvenient d'être né (IEN). Éd.

Gallimard, París, 1973. P. 241. Fr. 4.

2) E. M. Cioran: Conversaciones, Conversación con Helga Perz, p. 28.

3) Roldós, Santiago: “Las Piedras no hablan. En torno a Savater”. Artículo de la Revista de Filosofía de la Universidad de Quito; Ecuador. 1996.

4) Esto se refiere a su relación con ciertos partidos  neofascistas, rumanos y franceses, y la colaboración con revistas de este tipo como: “Vremea”, “Gandirea”, “Calendarul”, “Buna Vestire”, “Floarea de foc”, de Rumania. Y, además por su participación con el plan cultural del Gobierno Nacional Legionario de Rumania (1940).

5) Garde de Fer, Legione dell'Arcangelo Michele (Guardia di Ferro) de una fuerte impregnación religiosa, el odio de la civilización moderna y urbana, el respeto por la tradición y la voluntad de rearmar moralmente la nación, se transforman en componentes netamente fascistas (...) el antisemitismo de Codreanu se verifica en una violenta crítica del sistema capitalista,  S. Bernstein y P. Milza, Diccionario Histórico de los Fascismos y del Nazismo, éd. Complexe, París, 1992.pp 318-319 y pp 165-166 .

6) E.M. Cioran, Sur les Cimes du Désespoir (SCD), traduit par André Vornic et revue par Christiane Frémont.  Éditions de L’Herne, Paris, 1990. ”Apocalypse” p. 57. “...cet absurde gaspillage d’energie si étranger à tout avancement spirituel.”

7) E.M. Cioran, Op cit., p. 108, “Le travail: une malédiction, que l’homme a transformée en volupté”.

8) Es importante resaltar que aquí, y en toda la obra de Cioran, es imposible separar al hombre del filósofo.

9) E.M. Cioran, De Lágrimas y de Santos (LS), Traducción de Rafael Panizo, Tusquets Editores, Barcelona, España, 1ª edición, 1988. Pág. 36, fr. 1.

10) E.M. Cioran, Op. Cit. Pág. 89, aforisno 4.

11) E.M. Cioran, SCD, “Qu’importe!” p. 118."Tout est possible et rien ne l'est; tout est permis, et rien”.

12) E.M. Cioran, SCD, op.cit. “Le Sens de L’ultime” p. 112. “Non seulement la vie n’a aucun sens , mais elle ne peut pas en avoir un”.

13) E.M. Cioran, Ídem.

14) E.M. Cioran, SCD. “L'Homme, animal insomniaque", pp 77-78.

15) E.M. Cioran, P, p. 630.

16) E.M. Cioran, IEN, p16. Af 4.

17) E.M. Cioran, IEN, IV, p 85, af. 1.

18) E.M. Cioran, IEN, P 202, af 1.

19) E.M. Cioran, SCD, L'insatisfaction totale.

20) E.M. Cioran, LS, p. 94, fr. 2.

21) E.M. Cioran, SA, El estafador de abismos, p 23, fr. 1.

22) E.M. Cioran, LS, p. 98 fr. 2.

23) E.M. Cioran, Ídem.

24) E.M. Cioran, TE, "Rages et résignations, A la recherche d'un non-homme", p. 945.

25) E.M. Cioran, CT, Les dangers de la sagesse, p. 143.

 
 
 
 
Bibliografía

 

 

-       Cioran, E. M.  :

 

“Conversaciones”. Traducción de

Carlos Manzano.Tusquets Editores, Barcelona, España, 1ª edición, 1988.

 

“De L’Inconvenient D’être Né” (IEN). Gallimard. París, 1988.

 

“De Lágrimas y de Santos” (LS), Traducción de Rafael Panizo, Tusquets Editores, Barcelona, España, 1ª edición, 1988.

 

“La Tentation D’Exister” (TE). Gallimard. París, 1956.

 

“Prècis de Decomposition” (P). Gallimard. París, 1949.

 

Silogismos de la Amargura” (SA), Editorial Laia. Traducción de Rafael Panizo, Barcelona, 1986, 1ª edición, Gallimard, París, Francia, 1952.

 

“La Chute dans le Temps” (CT). Gallimard. Paris, 1964.

 

“Sur les Cimes du Désespoir” (SCD), traduit par André Vornic et revue par Christiane Frémont. Éditions de L’Herne, París, 1990.”

 

 

- S. Bernstein y P. Milza : Diccionario Histórico de los

Fascismos y del Nazismo, Editorial Complexe, París, 1992.

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