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LA PUBLICIDAD: ¿UN CRIMEN CONTRA LA HUMANIDAD?. (por José Luis Alonso Márquez. Madrid)

Quien menos posee menos es poseído. 

Sören Kierkegaard.

Se les llama creativos pero en realidad nunca se había desperdiciado tan inútil ni nocivamente tanto talento y medios como los que se derrochan en la publicidad. La estupidez manifiesta de la mayoría de los mensajes publicitarios sugiere un indicador sociológico tremendamente deprimente: la mayor parte de los consumidores de los países desarrollados son oligofrénicos profundos. Pero no debieran confundirse las causas con los efectos, ya que no es que la publicidad sea para idiotas porque la gente sea tonta sino que puede que la gente se entontezca a causa de la publicidad y no sea ésta efecto sino motivo de la disminución de la inteligencia del conjunto de una nación.

Cuando en muchas publicidades se nos dice: "¡Sé libre!, ¡haz lo que quieras! ¡compra X!", notoria es la contradicción, ya que si lo que quiero es no comprar ¿cómo voy a ser libre comprando? ¿Es que no se puede ser libre para no comprar?. El instinto de acumulación de propiedades, fruto de la penuria psicológica de quien tiene que conseguir la seguridad y la autoestima apoyándose en la acumulación ilimitada de objetos inanimados, y que procede, sin duda, de la fase oral insuperada, en la cual el niño veía su propia mierda como un tesoro a guardar y admirar; lo que luego dará lugar al llamado fetichismo de la mercancía, y al ahorro, a los Bancos y los Seguros de Jubilación como intentos de administrar la muerte, es una de las claves para comprender el complejo fenómeno que nos ocupa. La acumulación de dinero no es diferente de la acumulación de libros, discos, Cd's, en cantidades inmanejables de por vida. No es excusa el que se acumule algo a lo que se puede llamar cultura en las estanterías, ya que la cultura se acumula en la cabeza, y se adquiere con dedicación, no se adquiere en la librería y se acumula en la estantería.

Otra de las absurdidades de todas las publicidades es que juegan con la asociación entre un producto y la adquisición inmediata de una cualidad o virtud. Pues las publicidades sugieren que una cualidad o virtud que requiere para obtenerse de años de esfuerzo y aprendizaje puede ser comprada inmediatamente por un imbécil. Pero determinadas bebidas alcohólicas no nos hacen más inteligentes, más bellos ni más simpáticos, determinados productos de limpieza no hacen los matrimonios más cordiales, afables y amorosos, determinados coches no hacen que un gañan se convierta en un hombre digno de respeto, sino que un gañan es un gañan aunque se ponga al volante de un Mierdoen Tára, aunque la mona se vista de seda mona se queda. Mientras en los centros educativos sólo hay jóvenes, los adultos son masivamente bombardeados con productos de consumo que les hagan olvidar que la formación de un hombre nunca termina y que su estancamiento en el ciclo de la producción laboral, con su correlato de hipotecas y letras, le lanza al consumo conspicuo como sucedáneo ilusorio de la adquisición de nuevas capacidades.

Parece que la incitación al consumo de la máquina publicitaria es una actividad inicua, una simple oferta en el mundo de la oferta y la demanda, donde sujetos libres hacen lo que quieren, como quieren y cuando quieren, pero nada más falso que semejante apariencia de normalidad. No se es libre de comprar o no comprar, en los países desarrollados quien no compra en exceso es un bicho raro, mientras que según el Banco Mundial más de la mitad de la población mundial vive con menos de tres dólares diarios. La igualdad del justo medio brilla por su ausencia y los extremos aumentan. Las clases medias de los países desarrollados ya no representan el medio, sino que han sido incorporadas al exceso. «¿Cómo puede un individuo controlarse a sí mismo cuando se le está instando desde por la mañana hasta por la noche para que compre cosas que no necesita? Hice un experimento por mi cuenta. Un día en París, en invierno, salí a las 7 de la mañana y volví a casa a las 7 de la tarde. Tenía un contador. Cada vez que algún anuncio me invitaba a comprar algo que no necesitase, pulsaba un botón. En total 183 veces al final del día. ¿Cómo puede uno controlarse cuando a cada momento le están machacando con el mensaje: 'Compre esto y las mujeres caerán en sus brazos'? Disculpo al pobre tipo que se compra todas esas cosas que no necesita. ¿Cómo puede resistirse? Es una obligación de la sociedad, no de la persona como individuo, controlar este consumismo destructivo». (El País: 26-06-97. Seccion Sociedad: «El sistema de mercado es el más dañino». Extracto de una de las últimas entrevistas ofrecidas por el oceanógrafo Jacques Cousteau antes de su muerte).

Si aberrante es la publicidad para los adultos y nociva para la humanidad, no digamos para los niños, si el adulto se encuentra casi indefenso ante la maquinaria bélica de los mass media y sus incesante bombardeos mediáticos, que será de los pobres niños indefensos, crecidos en el hábito del fomento de todo instinto de posesión de cosas. "Que la publicidad infantil no esté incluida en un subapartado del código penal como forma específica (y con agravante) de corrupción de menor, es para mí uno de los signos más notorios de barbarie extrema del mundo en que vivimos" (Gabriel Albiac, Pedofilias navideñas. El Mundo, 27/12/99).

El mito del flautista de Hamelín ha sido utilizado en una publicidad de desodorante. Un hombre al que siguen todas las ratas al son de su flauta libera a la ciudad de esa plaga, luego va a cobrar el servicio y, como sólo le quieren pagar un billete y no una maleta llena de dinero, se rocía del desodorante en cuestión y todas las mujeres de la ciudad le siguen como antes las ratas. Vemos semejante banalidad, insultante para todo el género femenino y nos quedamos tan anchos. ¿Qué se puede hacer? ¡Es difícil defenderse de la contínua y porosa agresión publicitaria! Una de las medidas importantes habría de ser la de apagar el televisor, no verlo, coger un libro (no una revista llena de publicidad) y leer en un parque bajo un árbol, luego buscar a quienes lo hayan leído y hablar sobre ello en lugar de sobre productos de limpieza o sobre coches y fútbol, relacionarnos con las personas más que con las cosas, y buscar las vías para encaminarnos al disfrute de la mayor cantidad de ocio no consumista, ni adictivo, para lo que habrá que orientarse hacia una dieta (palabra que, en griego clásico, significaba: forma de vida), austera y equilibrada.

ESBOZO DE UN MENSAJE PUBLICITARIO (SIN OCULTAR SUS MEDIOS):

EL CORTE INFLEX.

¡El Corte inflex!, siéntase habitante de ¡El Corte inflex!, cuna del capitalismo, ¡Vaya!, ¡Consuma!, sumérjase en un mundo de ilusiones y precios donde todo puede comprarse!&En la Planta Joven, Ideologías de colores y de todos los sabores a precios de vértigo!, gris, verde, negro y arco-iris, también gran surtido de rojos con sabor a plátano, blancos, rosas, y el famoso azul con estrellitas de sabor hamburguesa!, lo que rompe en América!; y si ninguna le convence, le llenamos la cabeza de grillos, fútbol y bakalao, por solo 4.999 ptas, un auténtico regalo!... ¡Abónese a: Lobotomía Digital! Lo más Plus en pérdida de tiempo: olvídese rápidamente y sin esfuerzo que su futuro es la muerte y pase la vida como si fuese eterno, lamentando el haber nacido& Le libramos de ver caer los granos del reloj de arena y prometemos que no tendrá tiempo de pensar con sólo que sea uno de los afortunados en adquirir el PacK-29, compuesto de Consola Megaestulsión y veintiocho descuentos para sus próximos nuevos modelos& 



¡El Corte inflex! presenta, su: ¡semana de la política!, en la Segunda Planta, no se la pierda!, donde compran los más grandes!, los que saben!. Principios éticos rebajados hasta el estremecimiento!, llévese dos por el precio de uno!; también máximas, reglas morales, creencias religiosas y costumbres primitivas!; todo rebajado!, puede llevar una por la mañana y cambiársela por la tarde, las tenemos para cada momento y ocasión, preparadas por expertos sólo para los triunfadores!, no pierda un momento, le esperamos!... También en la Segunda planta: ¡semana de la amistad!, ¡llévese unos bonitos amigos con los que adornar su casa y asombrar a sus vecinos!; y no se preocupe, no tiene que pagarlos en el acto, tiene toda la vida para hacerlo confortablemente gracias a nuestro ¡Credicompra!, el bonito préstamo que hará que usted nunca nos olvide, ¡acuda de inmediato!, ¡sabemos lo que le conviene!... ¡Apresúrese!, no deje para mañana lo que pueda comprar hoy... 

Mensajes como el antecedente son los que nos machacan a diario. Un mínimo análisis de cualquier publicidad sacará a la luz los medios infames y las asociaciones delictivas de las que se valen los llamados creativos, a quienes habría que llamar, más bien, destructivos. A quienes resta un poco de capacidad analítica les resulta fácil darse cuenta de que la publicidad es uno de los mayores crímenes contra la humanidad. Ciertamente para gozar de una vida buena son necesarias unas básicas y mínimas condiciones dignas de existencia, pero a parte de ellas, una vez que se vive con cierta dignidad material hay que decir: que quien menos posee menos es poseído.

 

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