Portada

Artículos y fuentes Actividades-aula

Arte y Filosofía

Hª de la filosofía

Imaginario filosófico

Libros- reseñas

Entrevistas, links,noticias,...

 

 

Introducción al artículo de Cossío, Bartolomé: La enseñanza de la Historía en la Institución. (Por Simón Royo). Madrid. Junio de 2003.

 ENLACE AL TEXTO

Manuel Bartolomé Cossío (1857-1935) forma parte de los más eminentes miembros de la Institución Libre de Enseñanza. Nunca perteneció a ningún partido político si bien sus inclinaciones ideológicas oscilaban entre el republicanismo, el liberalismo, el progresismo y, por el contrario, también el regeneracionismo. A diferencia de otros institucionistas la concepción laica de la enseñanza, que preconizaba la institución, nunca fue de su agrado. Ya en su tiempo anhelaba Cossío esa disminución de ratio en la escuela que hiciera posible una enseñanza provechosa y de calidad, una disminución del número de los alumnos por clase que veía como una utopía alcanzable: “hasta un maestro por cada 20 discípulos” (Antología Op.cit. Escuelas y escuela, pág.39).

 

Luces y sombras rodean la figura de Cossío, quien en 1903 fue nombrado profesor de la Escuela de Criminología. No hay más que recordar el libro Vigilar y Castigar de Foucault para poder situar a nuestro profesor muy en el interior de ese poder disciplinario decimonónico que unía eugenesia, criminología y ciencias naturales en un nuevo modo de dominación teorizado por Beccaria y por Bentham y aplicado por los gobiernos europeos del momento. Sus labores de gestor y organizador hubieron de hacerse cargo de tareas disciplinarias desagradables, pero también de otras que suponían un gran avance y una puesta a nivel europeo de asuntos tan prosaicos pero tan importantes como el sueldo y valoración de los profesores. Consideraciones que entroncarían a la Institución con el movimiento feminista: “Según todas estas consideraciones, parece equitativo fijar un mínimum de 4.000 pesetas a todo profesor (…). Dicho se está que todo esto debe referirse por entero, igualmente, al profesorado de sexo femenino” (Antología Op.cit. Número y sueldo de los profesores de las Escuelas Normales, III, pág.220). Equidades y propuestas muy por encima de la realidad del país, por lo que comparando lo que se gastaba en el resto de Europa y los muy inferiores recursos materiales para la enseñanza en España, Cossío escribía en la prensa en el año 1899: “Mientras no haya maestros, pero muchos maestros, (…) y locales, pero muchos locales (…): y no se gaste en ello muchísimo más dinero del que ahora se gasta, todo quedará lo mismo que está, aunque sigamos recreándonos con la música celestial de la enseñanza obligatoria. Bonito recurso, sobre todo práctico y positivo, para regenerar la educación del pueblo, cuando tenemos 800 maestros con menos de 125 pesetas de sueldo (¡los hay con 75!); más de 2000 que cobran sólo 250; 8000 que no pasan de 500 y… ¿a qué seguir? (…). He aquí ahora las cifras, para juzgar del fundamento. Maestros en España, 30.000 para unos 18 millones de habitantes; en Inglaterra y Gales (sin Escocia, ni Irlanda), 130.000 para otros tantos; alumnos 1.100.000 por 5.500.000” (Antología Op.cit. Idilio pedagógico, págs.254-255 & 256-257). La escuela obligatoria se llegará a alcanzar y España alcanzará niveles europeos en nuestros días, pero ¿no es hoy de la mayor preocupación el descenso en toda Europa de la calidad de la enseñanza pública? ¿no sigue siendo una determinada política la que decide dedicar más recursos al armamento (defensa) que a educación? ¿no sigue siendo una utopía la disminución de la ratio a 20 alumnos?

 

Mucho hizo la Institución Libre de Enseñanza por mejorar la medieval situación española y orientarla hacia Europa, mucho se estancó el proceso durante la etapa dictatorial de 40 años, y la LODE y luego la LOGSE, perpetuaron algunas de las trabas que ya reconocieron los institucionistas a principios del siglo XX.

 

Comentario del artículo ( Por Simón Royo).Madrid. Junio de 2003.

 

La educación del “sentido histórico” debe empezar según Cossío en la niñez mediante el contacto empírico con los materiales del pasado. Se recomienda entonces una enseñanza activa con visitas a Museos y contacto directo con las fuentes. La enseñanza infantil se compone de fragmentos y era por tanto, la preconizada por nuestro profesor, la enseñanza de la historia real, la postmoderna, la que aprendían esos niños; a los que luego se adoctrinaría con esa Historia mítica, progresiva, lineal y con ese sentido eurocéntrico que dominaría los metarrelatos decimonónicos en la que Cossío ya no creía fervientemente: “Acúdese al propio tiempo a los resultados de la prehistoria, para despertar con todo ello la idea del proceso evolutivo de la cultura; la de que toda nueva etapa no se verifica sino sobre antecedentes necesarios que le sirven de base; la de que el progreso no se realiza en línea recta y continua y la de la relatividad del concepto de civilización”.

 

No obstante, el metarrelato del que Cossío se hace eco no es la historia clásica de las gestas de los héroes y personajes relevantes, no es ya la Historia tal y como la entendían Plutarco o Shakespeare, como obra de personalidades excelsas y virtuosas, sino que comienza a verse como la historia de los pueblos, una historia de personajes colectivos que vendría ligada tanto a las ideas socialistas de la reciente doctrina del materialismo histórico como al auge de los nacionalismos decimonónicos. El individuo de la aristocracia se perdería en la masa revolucionaria hasta desaparecer y sólo perduraría plenamente en el anarquismo y en el liberalismo, hasta que, en nuestros días, lleguemos a la convicción de que la Historia la hacen tanto los pueblos como los individuos, que hay que defender al Estado del mercado, que es el Estado quien defiende al individuo del mercado, pero que hay igualmente que proteger al individuo del propio Estado.

 

En lo relativo a la distinción entre salvajes y civilizados Cossío también es heredero de su tiempo. En sus comienzos, la antropología europea fue marcadamente etnocéntrica y coetánea del colonialismo imperialista decimonónico, denominando a las demás culturas como “bárbaras” (L.H.Morgan) “sociedades analfabetas” (Radcliffe-Brown), “primitivos” o “salvajes” (Malinowski), “sociedades simples” (Evans-Pritchard) e identificándolas con los “niños” (Frazer) e incluso con los “enfermos mentales” (Freud), e incluso sugiriendo que carecerían de racionalidad “culturas sin pensamiento lógico” (Levy-Bruhl); frente a la autodenominación de “civilizados” para nosotros mismos. Algunos de estos términos pueden no estar cargados de una connotación peyorativa pero el hecho de que en la actualidad la mayor parte de los antropólogos eviten cuidadosamente términos como bárbaros o salvajes es buena prueba de que éstos y otros vocablos semejantes estaban cargados de juicios de valor y un cierto desprecio o minusvaloración de las culturas ajenas. Es en Cossío “el pueblo entero, cuyo trabajo de conjunto produce la civilización” (p.170) el que cuenta, y en la enseñanza se han de notar “aquellos contrastes más salientes que ofrecen entre sí los distintos grados de cultura de los pueblos, muy especialmente, los dos extremos de la serie; (…) nuestro estado de cultura (…) con los que ofrecen (…) los pueblos salvajes” (p.171).

 

Hoy en día, quizá la palabra indígena o nativo sea la más adecuada para denominar al hombre que estudia el antropólogo, puesto que este puede estudiarse a sí mismo en cuanto indígena de Occidente, con lo cual, todos los hombres resultan igualmente sujetos de la investigación etnológica; lo cual, no implica ningún signo de retraso o anormalidad respecto a un grupo que supuestamente quedase fuera del campo de estudio por haber aparentemente “superado” ciertas prácticas o rituales considerados peyorativamente. Pero es la división en estadios ascendentes y progresivos una tradición tan arraigada que resulta muy difícil de vencer y perdura aún en nuestros días.

 

Veamos algunas clasificaciones de estadios o etapas de la Historia: En Comte se nos ofrece el tránsito en tres estadios: teológico (o mágico-mítico) – metafísico – positivo. La geología dividirá en estadios los procesos de desarrollo de la naturaleza mineral; la paleontología dividirá en estadios biológicos la prehistoria, atendiendo a los fósiles vegetales y animales, una historia natural. Ya en Darwin los estadios se acompañan del motor del cambio: especies biológicas - vegetales - animales - humana (cambio por selección natural; introducción del azar -mutaciones- y eliminación de la teleología). En Freud es simplemente la necesidad (ananké) la que a su juicio rige el cambio cultural y social; estadios sociales: animismo – totemismo – politeísmo – monoteísmo –ciencia. El antropólogo evolucionista L.H.Morgan (a quien seguirá Engels en su tardía Dialéctica de la naturaleza) reproduciría el esquema positivista comtiano-freudiano: salvajismo – barbarie – civilización (el que parece asumir Cossío); al igual que el sociólogo T.Parsons: sociedad primitiva – primitiva avanzada – industrializada, que añadiría la noción de universales evolutivos, como elementos presentes en todo el proceso. Al llegar a Marx vemos que la división en edades o estadios o etapas, se realizará a tenor de la economía y del concepto de modo de producción: comunista – asiático – esclavo – feudal – capitalista – comunista. Proceso en el que la lucha de clases en sociedad (y la contradicción dialéctica en la teoría), se nos ofrecerá como motor de la historia, pero de una Historia circular. También en pensadores contemporáneos, como Habermas, existe una teleología de herencia hegeliana al presuponerse el entendimiento como el télos de la comunicación; si bien hay que distinguir entre teleología y finalidad u objetivo, puesto que lo primero, en la tradición filosófica se tiene por necesario, mientras que lo segundo es contingente y bien podría no darse.

 

Asume Cossío el materialismo histórico marxista y el hegelianismo, de ahí que el progresismo lineal y ascendente, del que ya se vislumbra la necesidad de su relativización, lleve a la enseñanza de la fragmentariedad a “los elementos de orden y de sistema en la enseñanza de la Historia” (p.170). A una enseñanza en la que “se procura iniciar un cierto ensayo de sistema” (p.171) que consistirá en el tránsito del salvaje (niño) al civilizado (adulto). El racismo decimonónico hace mella en Cossío que pide contrastar también las “razas” y culturas o civilizaciones (concepto hoy eliminado del vocabulario científico), como: “la oriental, de raza amarilla, y la occidental, de la blanca” (p.171). Hoy ya no se emplea el concepto de “raza”, tras el nazismo, pero la actitud frente a los inmigrantes continúa siendo racista, no pervive el concepto pero perduran las acciones que le dieron nacimiento, siendo ahora preferible la palabra “xenofobia” (odio al extranjero) para designar los comportamientos racistas.

 

La civilización griega y la cristiana son las más importantes para Cossío, habiendo de pasar en la enseñanza de la Historia Universal del Partenón a la catedral gótica como línea culminante de la civilización. Lo greco-cristiano desplaza en la enseñanza hasta nuestros días a lo Oriental (dentro de lo cual se mete desde lo africano hasta lo americano o lo árabe –considerado antecedente de la civilización), que queda como el estadio salvaje previo al civilizatorio: “Las orientales, como precedentes necesarios de la griega” (p.172). Se trata de que el estudiante pueda “percibir la continuidad de la evolución de la cultura” (p.172) para lo cual las imágenes y el alimento estético de la fantasía se consideran, de un modo muy del puritanismo platónico, necesarios. El cristianismo y la civilización cristiana es la cúspide de la Historia y la finalidad de la humanidad será su universalización.

 

Cossío complica hegelianamente su comprensión de la historia mediante la separación de forma y contenido, para poder conciliar una cierta sincronía con una cierta diacronía: “En el Arte, como en ninguna otra manifestación, puede hacerse sensible al niño que todo cambio tiene sus antecedentes necesarios en lo que le ha precedido, que las ideas mudan más rápidamente que las formas; que el proceso de perfeccionamiento consiste en encontrar formas adecuadas a las ideas; y que en unas y otras queda siempre un fondo sustancial homogéneo con todo lo anterior, aunque las manifestaciones parezcan diversas” (p.172). En ello se muestra muy perspicaz pues detecta la contradicción entre Ser y Devenir que anida en el materialismo histórico, cuestionando, de nuevo, una progresividad lineal que, sin embargo, suscribe, e intentando resolver entonces el problema de forma neoaristotélica con una suerte de hylemorfismo; al postular un fondo sustancial homogéneo (una materia sincrónica) que soportaría todos los cambios de forma a lo largo de la Historia. Ello nos llevaría a tener que declarar que todos los seres humanos son sustancialmente lo mismo, aunque puedan adoptar diversas formas y sobre ellas se puedan construir diversas ideas, consecuencia de la que no estamos seguros que Cossío fuese muy consciente.

 

Las relaciones que establece al final entre sistemas políticos y movimientos artísticos a modo de ejemplo no dejan de ser audaces, más hegelianas que marxianas. Si en el marxismo clásico era la infraestructura la que determinaba a la superestructura, condicionando la Economía: a la Política, el Derecho, el Arte, la Religión o la Filosofía, en Cossío se nos presentan una serie de relaciones entre dos esferas supraestructurales, la Política y la Estética, pero entendidas de modo muy materialista, en cuanto instituciones y monumentos. Y no es que el determinismo y reduccionismo economicista del marxismo clásico fuese acertado, que no lo es, sino que en las relaciones entre las estructuras Política y Estética bajo la guía del “arte monumental”, parece apuntarse una prioridad de lo estético sobre lo político que mostraría una preferencia propia de ese Cossío y los institucionistas, embarcados en la construcción de una Institución de enseñanza como artistas que se empeñan en la confección de una obra de arte.

 

Queda entonces la enseñanza, finalmente, comprendida entre las artes y no entre las ciencias.

 ENLACE AL TEXTO

 

VOLVER A PORTADA