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PODEMOS: LOS ORÍGENES REPRESENTATIVOS DEL PODER POPULAR, FORMAS DE ORGANIZACIÓN Y SITUACIÓN SOCIOPOLÍTICA, O CÓMO ORGANIZARSE PARA GOBERNAR


Javier Fisac Seco


    Un fantasma vuelve a recorrer no sólo España sino toda Europa. Los movimientos sociales de las últimas elecciones han provocado un terremoto político al dejar en evidencia y debilitar la tradicional alianza de socialistas y derecha demócratacristiana. La más ilusionante lección que podemos sacar, de momento, es que la burocracia europea instalada en Bruselas parecía intocable e inaccesible, petrificada, en el sistema cerrado de la democracia parlamentaria de partidos, atrofiada y sin salida. En Europa este sistema burocrático y oligárquico ha empezado a quebrarse ante la presencia y presión de los ciudadanos de todos los países contra este aparato Imperial con el que se nos representa la imagen de un poder burocrático y bonapartista que parecía no tener pies de barro. Hemos aprendido que los tiene y que algo que puede sonar a tópico, el desplome de Goliat frente al insignificante David, ha empezado a funcionar. Porque en Europa es posible un nuevo rumbo.

Existen dos políticas económicas que se repelen: el neoliberalismo económico, cuyo objetivo es el enriquecimiento de los propietarios de los medios de producción y de la oligarquía bancaria, que ya su nombre indica que está en los orígenes del capitalismo, allá por los comienzos del siglo XIX, y estamos en los comienzos del XXI, y la planificación indicativa con intervención del Estado potenciando los servicios públicos porque tiene como objetivo el bienestar de los ciudadanos. La riqueza privada de las oligarquías, esto es, el neoliberalismo, contra la propiedad pública de los servicios y medios de producción de riqueza. A este antagonismo, antes, se le llamó “lucha de clases”.

La defensa y ampliación del bienestar social está en quiebra por voluntad del neoliberalismo. Ha creado éste una situación social que se vuelve contra la estabilidad social que tanto necesitan para controlarnos. Están desestabilizando la paz social. Y como no están dispuestos a soltar su presa, la privatización de lo público, la crisis social será permanente. Y sobre ésta se construye y manifiesta el cabreo popular. De manera que la base social de la movilización popular contra el neoliberalismo garantiza la existencia de este movimiento.

El problema es que los límites de este movimiento se engendrarán a la hora de encontrar formas de organización social, permanentes, dinámicas, flexibles, representativas, lejos de la petrificación en organizaciones autoritarias y patriarcales, como son los partidos políticos de izquierdas o derechas. Lejos de la institucionalización del movimiento, porque entonces empezará su decadencia.

A lo largo de la Historia de las revoluciones sociales, los oprimidos siempre se han organizado en diferentes modelos asamblearios frente a los opresores. Las asambleas en el mundo grecorromano, los clubs en la revolución francesa, la comuna o los soviets. Pero, también el parlamento y los municipios son formas de organizarse dentro del Poder contra el Poder. Es una de esas paradojas que sirven a la causa de los oprimidos.

Social y económicamente es posible mantener la movilización popular y el pluripartidismo -su consecuencia-, porque el neoliberalismo crea las condiciones socioeconómicas causadas por su propia naturaleza: la necesidad de acumular capital constantemente. La contradicción que provoca la voracidad de esta acumulación “neoliberal” es que arroja a una parte de la sociedad a la miseria, reduce el poder adquisitivo y nivel de vida de otra parte, y proletariza a la pequeña y mediana burguesía, de la que forman parte funcionarios y profesionales con formación universitaria. Esta es una ley de la acumulación del capital. Sin esa dinámica éste no podría crecer. Se estancaría. Hablo del capital privado por oposición al público.

Otra forma de explicarlo es que el capital, para seguir acumulando, necesita crear un ejército de parados como reserva estratégica para mantener bajos los salarios, dividir a la clase obrera y enfrentarla contra sí misma; necesita aumentar las horas de trabajo y reducir los salarios, y necesita apropiarse de la propiedad pública, educación, sanidad, infraestructuras… Lo necesita porque necesita saciar su voracidad. Claro que esta voracidad desencadena una movilización social en toda Europa.

Dado que la oligarquía financiera no tiene patria y está protegida por el imperialismo y diferentes organizaciones militares -como la OTAN-, parece no preocuparse por lo que pueda ocurrirle a los partidos políticos, a través de los cuales gobierna. Y esta es una de sus debilidades, que cuanto más neoliberal es un gobierno, más debilita a los partidos políticos tradicionales y más fortalece los movimientos sociales.

La otra gran debilidad de esta oligarquía y de los partidos e instituciones, como la Unión Europea, que se han puesto a su servicio, es que ya no representan a la pequeña y mediana burguesía, porque también la están machacando o proletarizando. De ahí que estos partidos, socialistas o demócratacristianos, estén perdiendo base social y debilitando su potencial electoral. Toda esta dinámica neoliberal garantiza la pluralidad política y liquida el bipartidismo en beneficio del pluripartidismo.

La consecuencia en términos políticos es que, para el caso de España, el pluripartidismo reduce al Partido Popular y al PSOE a la impotencia para poder gobernar con mayorías absolutas. De manera que mantener el pluripartidismo es, en sí mismo, un objetivo estratégico de Podemos porque su propia existencia y su fuerza estarían garantizados mientras sean capaces de mantener esa situación sociopolítica, generada por la política neoliberal.

Llegados hasta aquí, la pregunta es, según diría Norberto Bobbio, ¿cómo gobernar en público lo público? En mi opinión, tal vez la eficacia de Podemos no consista en conquistar el Poder, sino en controlarlo desde el movimiento asambleario para presionar sobre los partidos y sobre los políticos. Procurar que sólo puedan gobernar minorías en coalición o con consentimiento. Las coaliciones contra Podemos desgastan a los partidos, porque la sociedad crea sus órganos especiales destinados a velar por sus intereses individuales y comunales.

Sobre las bases del movimiento reivindicativo asambleario, como forma natural de organización social, junto a sus órganos directivos y asesores permanentes, el movimiento social conocido como “Podemos” y otras denominaciones vinculantes asociadas, nunca deberían integrarse en las estructuras del Poder del Estado, excepto en los parlamentos y municipios, cuyos delegados siempre permanecerían bajo mandato imperativo de los miembros de las asambleas y organismo de los que procedan, sean locales, comunales o nacionales.

Especialmente nunca debería integrarse orgánicamente en ningún gobierno ni municipal, ni autonómico, ni nacional porque integrándose el movimiento asambleario y reivindicativo queda automáticamente prisionero en los límites del programa pactado con las fuerzas políticas con las que gobierne, paralizando el movimiento asambleario, su razón de existir. Ese marco de compromiso programático descafeinaría el movimiento, lo burocratizaría, lo vaciaría de contenido y lo desmovilizaría. Hasta, tal vez, generar dentro de Podemos su propia negación para volver a empezar impulsando el movimiento desde la base asamblearia.

La ley del movimiento es que este se mantiene mientras se mantiene en movimiento. Gobernar no es, necesariamente, lo mismo que formar parte integral del gobierno, excepto cuando se crea un gobierno nacional provisional con un solo objetivo revolucionario, en cuyo caso estaríamos en otra situación. Gobernar es tener capacidad para dirigir, y se puede tener esa capacidad sin formar parte del gobierno cuando éste necesita apoyos parlamentarios o municipales para gobernar.

Tenemos, por suerte, una experiencia ejemplar en Cataluña donde la Esquerra tiene capacidad de dirección gubernativa sin estar integrada orgánicamente en el Gobierno de Mas, porque tiene capacidad para controlarlo y marcarle la orientación e imponerle una determinada política sin necesidad de pactar nada. Sólo ejerciendo el voto de sus parlamentarios en una u otra dirección. Esos votos son los que determinan la capacidad de dirigir de un gobierno. Sin compromisos previos ni programa acordado.

Evidentemente, la clave para poder tener esta capacidad de dirección desde la oposición está en que los otros partidos con voluntad de gobernar necesitan gobernar para consolidar sus propias posiciones y existencia, pero no pueden gobernar por mayoría absoluta porque ésta ya no la van a poder tener mientras sigan aplicando políticas neoliberales.

Y volviendo a la pregunta de Bobbio ¿cómo gobernar lo público en público? O, como me pregunto yo, ¿cómo organizar el movimiento para gobernar? La razón de ser de “Podemos”, porque son sus raíces y orígenes, es el movimiento asambleario y representativo con delegados elegidos por sufragio individual y directo sometidos a mandato imperativo. Esto significa que cada delegado está bajo control por cada miembro de cada asamblea u organismo representativo en todo momento y puede ser sustituido en todo momento. Todo lo contrario de lo que ocurre con los parlamentarios de los partidos políticos, ya que no quieren ser responsables de sus actos ante los mismos ciudadanos que los han votado. Un gesto, no democrático, con el que los partidos, de izquierdas y derechas, manifestaron su voluntad de constituirse a sí mismos en casta partitocrática. Ya desde sus orígenes, cuando redactaron y aprobaron su Constitución.

La capacidad y experiencia debe acumularse en la conciencia colectiva, pero también debe garantizarse en la permanencia individual de sus delegados que, aunque pierdan capacidad para tomar decisiones, deberían formar parte de un equipo asesor permanente, sin capacidad para tomar decisiones, pero con capacidad para exponer sus puntos de vista e incluso representar a todo el movimiento en cuanto portavoces de las reivindicaciones y programas del movimiento.

La organización está en el movimiento asambleario en sí mismo, pero la representación del movimiento requiere, para ser operativa y responsable, permanencia y continuidad en unos organismos electivos de dirección programática, social y política del movimiento. Se requiere la existencia de unos organismos de dirección, que son los que toman las decisiones, y de unos organismos permanentes de asesoramiento, integrado por ex – delegados con experiencia en la dirección y capacidad en la formación y difusión de las experiencias del movimiento.

Los órganos de dirección pueden emanar de cada comunidad municipal, provincial, autonómica, en función del número de miembros de cada asamblea, y en una dirección federal central que represente a las direcciones comunitarias. Y todos ellos bajo mandato imperativo. El movimiento se organiza en torno a reivindicaciones concretas de colectivos concretos o comunes, y estos pueden ser de todo tipo, como viene siendo. Pero yo llamaría la atención sobre la necesidad de incorporar, si es que no existen, otro tipo de colectivos vinculados no sólo con reivindicaciones sociales y económicas sino con reivindicaciones morales y de derechos individuales.

Y estoy pensando en colectivos relacionados con las libertades y derechos individuales que afectan a las libertades morales, de conciencia, de imprenta, de pensamiento… como pueden ser colectivos de jóvenes y estudiantes que reivindiquen el derecho a la mayoría de edad a los 16 años, de colectivos feministas, abortistas, lesbianas, gays, republicanos, laicos, profesores, actores, escritores, universitarios…

Estos colectivos tienen una importancia estratégica fundamental en la defensa de las libertades individuales, porque al no limitarse a reivindicaciones económicas y sociales que podrían, en algunos casos y transitoriamente, satisfacerse, provocando la desmovilización y vaciando de contenido el movimiento reivindicativo, mantendrían permanentemente la movilización en torno a la defensa de las libertades, porque éstas siempre están y estarán amenazadas por todas las religiones. De manera muy especial y contundente por la Iglesia católica y el Islam, dispuestas a impedir que las sociedades conserven las libertades conquistadas imponiendo su dictadura moral.

Es irrenunciable, por parte de estas religiones, su voluntad de imponer su dictadura moral, porque de ello depende su Poder para dominar a los ciudadanos y, por tanto, su propia existencia. Sin Poder dejan de existir, pero ocurre que el neoliberalismo, en la medida en la que el socialismo va perdiendo su función social integradora de las clases populares en el Estado capitalista, necesita de las religiones, y especialmente del catolicismo y del islamismo, para mantener el control sobre los ciudadanos mediante la dictadura moral. No es ninguna tontería que el “neoliberalismo” se asocie con el catolicismo y el islamismo con las mismas finalidades. De ahí que Podemos se asocie, también, con la defensa de las libertades y potencie en su estructura asamblearia y organismos de dirección y asesoramiento la formación de estos colectivos y su representación en esos organismos.

El movimiento debe y puede crecer expansionándose en un proceso dialéctico en el que va incorporando a sí mismo todos estos y otros colectivos sociales; pudiendo llegar a ser atractivo, incluso, al sindicalismo, atrayendo hacia su órbita gravitatoria colectivos obreros. En la propia dialéctica del movimiento de los colectivos sociales está su razón de ser y su permanencia. En el movimiento de colectivos reivindicativos y asamblearios de masas reside su Poder.


 

Javier Fisac Seco

Historiador, analista y caricaturista político, diseñador y creador artístico

 

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