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 ORDEN Y DESORDEN EN EL MUNDO

 

José María García-Mauriño

 

0.-Introducción: “Como Dios manda”

Es una frase que se repite con frecuencia. Hacer las cosas como Dios manda. Me pregunto, ¿es que acaso  Dios  manda actuar de una determinada manera?  Quiero reflexionar sobre el fundamento de ese contenido. Creo que se tiene la idea de que Dios quiere que se hagan las cosas de una forma concreta, que es la buena, la que vale, la correcta, y para acertar hay que atenerse a esa idea.  Qué se quiere decir con eso, cuál es la filosofía que subyace en esa frase. De dónde proviene esa mentalidad, es lo que quiero exponer.

 

1.- Existe un orden en este mundo:

Efectivamente,  hay un orden establecido en este mundo. Proviene de la filosofía griega. El dios de Aristóteles es el Motor Inmovilis (Metafísica Libro XII) Es un motor, una energía, un poder, que mantiene ese orden. Pero, al mismo tiempo es un  dios inmóvil, inmutable, un dios que no cambia. Y mantiene a la naturaleza siempre la misma, sin cambios posibles. Y los filósofos griegos ponen a los dioses dentro del mundo, formando parte de él. Los dioses griegos están situados dentro del mundo, son descendientes del Cielo y la Tierra, y se generan por obra y gracia del Eros como la primitiva fuerza omnigeneratriz. Los dioses de Hesíodo no crean el mundo "ex nihilo" (desde la nada, es un concepto posterior, tal vez s. XIII con Tomás de Aquino), no a partir de una materia preexistente, diferente de ellos, sino también porque están dentro del mundo (o son inmanentes a él). Se busca Lo Divino dentro del mundo, no fuera de éste, como en la teología judeo-cristiana. Esa teología, buscará en la naturaleza divina aquellas fuerzas por obra de las cuales se engendran todas las cosas. Santo Tomás de Aquino es seguidor de los griegos. Toda la tradición teológica escolástica es de la filosofía griega y  que no se compagina muy bien con el cristianismo. Pero ha tenido consecuencias muy fuertes, muy grandes. Es que la filosofía griega entiende el mundo como orden. Es un conjunto de diversas cosas que forman el orden permanente, constante. Y Dios es parte de ese orden del mundo. Entonces él está ahí en la cumbre, está manteniendo la unidad de todas esas cosas de forma ordenada. De tal modo que toda la actividad humana se inscribe dentro del orden.

 

2.- Dios forma parte de ese orden:

Ese dios griego, es un dios todopoderoso que ejerce el poder mandando. Los dioses, siempre con un Dios Supremo o el Sino a la cabeza de todos, dictaban las leyes, decidían lo que era bueno y malo, imponían a cada uno el premio o el castigo correspondiente. El mundo estaba creado, el destino estaba escrito, y la religión se encargaba de mantener el orden (o el desorden) establecido, para que todo siguiera su curso hasta el fin o hasta la eternidad. Esos dioses son los guardianes del Orden y los que mantienen ese orden. No quiere que se cambie nada, porque sería el “desorden”. Tiene un ejército de ejecutores que son los sacerdotes que se encargan de que todo siga igual. Dios no cambia, Dios no se muda. Querer cambiar las cosas es una rebelión contra Dios, crea un conflicto, es un pecado. Dios establece unas leyes que son inmutables y son las que mantienen ordenado y unido este mundo. Es el orden social, económico, y político. La misma naturaleza humana es siempre la misma, no cambia. En el fondo, ¿todo esto nos llevaría a plantearnos  una Ley Natural como emanada de Dios, y un rol natural en la humanidad? ¿Es que acaso se puede leer el Evangelio desde esta óptica de una ley natural divina?

 

3.- Este orden no cambia:

Hay que actuar para preservar el orden, para mantener el orden, e impedir a las fuerzas de disolución que hay, que no cometan el pecado de destruir el orden de este mundo. Dios es el encargado de mantener la armonía del universo. Ese universo no puede cambiar. El ser humano no cambia. La sociedad no cambia. Todo lo que vemos en la naturaleza es parte del orden. Por ejemplo hay esclavos y dueños de esclavos. Es parte del orden del mundo. Hay gente que nació para ser esclavo y hay gente que nació para ser dueño de esclavos. Eso es parte del mundo. Para los filósofos griegos es una evidencia. Eso no se discute. Tratar de alterar el orden ha sido en casi todas las épocas causa de molestias y dificultades cuando no de graves perjuicios. De aquí que la mayoría de la gente haya considerado siempre que lo más sensato sea seguir el orden establecido aunque eso signifique someterse al poder y aceptar calladamente las injusticias que este ejerce.

 

Esa es la filosofía que inspiró a la Iglesia católica desde el siglo XIII. Es decir, desde el momento en que el cristianismo adoptó la filosofía griega, sobre todo los grandes filósofos como, Aristóteles. Esto es lo que orienta gran parte del pensamiento  cristiano. De ahí que Dios sea parte de ese conjunto. Un conjunto, que no puede cambiar. Siempre es igual. Es decir,  nunca manifiesta sentimientos, tampoco manifiesta voluntades o presenta proyectos,  o cosas por el estilo. No, es siempre igual. Es lo que mantiene la unidad. Él mismo es uno. Él representa la garantía de todo lo que existe en este mundo. Esa es la idea de Dios que se instaló en la teología medieval. Ha sido  la teodicea de Aristóteles la que entró en la teología cristiana. Se puede decir que la enseñanza del cristianismo recogida por Tomás de Aquino,  empieza por la revelación de un Dios pagano.

 

4.- Algunas consecuencias:

Entonces, el hecho de que haya pobres y ricos es lo normal. Es lo bueno. Hay que mantener eso. Eso es parte del universo tal como Dios lo creó. Hay ricos y pobres porque Dios quiso que fuera así. Hay guerras porque Dios quiere que fuera así. O sea, todo lo que sucede, todo es parte del orden.  En toda la estructura medieval hay 3 órdenes: Primero, el Clero. Segundo, la nobleza. Y tercero, los trabajadores. Todos los privilegios pertenecen o a la nobleza, o al clero. ¿Y los otros? los otros que trabajen. Ahí están como esclavos para trabajar. Y nadie puede pretender cambiarlo. Eso es actuar contra la voluntad de Dios. Dios ha establecido las cosas así y no se pueden cambiar. Querer cambiar es una rebelión contra Dios. Es una impiedad.

Los roles de la mujer, por ejemplo, lo que a veces se nos presentan como algo natural, la maternidad. Así con la cuestión “hombre–mujer”. Una gran parte de la Iglesia se ha opuesto con frecuencia a los movimientos feministas. ¿por qué? Porque en la filosofía griega la mujer no es considerada como plenamente humana. O sea, como si fuera de una especie inferior. Porque, según dicen,  está viviendo demasiado la sexualidad, sobre todo la maternidad. Eso dijo santo Tomás de Aquino. Eso dijeron los grandes teólogos medievales. Y entra así a formar parte de este orden establecido. Aunque se ha corregido mucho y se van aceptando los derechos de la mujer como persona,  sigue estando excluida de grandes sectores de la sociedad. Porque se ve como normal que no llegue a la categoría a la que ha llegado el varón en la vida social, cultural, política de las sociedades modernas. Porque Dios lo ha querido así. Es el orden patriarcal.

5.- La doctrina social de la Iglesia:

Tenemos una doctrina social que es la mejor exposición  de ese sistema. El orden. Y sobre todo del orden social. La Jerarquía de la Iglesia tiene la misión de enseñar, es la maestra que enseña  (“Mater et magistra”, encíclica de Juan XXIII), y  sabe muy bien qué es el orden, cómo se estableció el orden. Los filósofos griegos habían explicado cuáles eran las condiciones. Hay que practicar la justicia. Hay que practicar la prudencia, la templanza. Todas esas virtudes que son las condiciones del orden del mundo. Con esa concepción del orden social se pueden hacer cambios menores dentro del sistema. La doctrina social de la Iglesia, al afrontar el problema de los pueblos empobrecidos parte de un planteamiento individual, no estructural de la pobreza. Según los documentos sociales de la Iglesia, la sociedad queda configurada como una suma de individuos. Por tanto, lo primero que hay que hacer es llamar a la conciencia moral de los ciudadanos en orden a cambiar la sociedad. Ese sería un cambio menor. El error está en considerar la sociedad como simple suma de individuos. Existe la tendencia en dicha doctrina a definir la sociedad como la suma de dos estratos o categorías sociales superpuestas los ricos y los pobres, siempre estimados como individuos, dentro del colectivo. Esto es muy importante, porque ello significa que aunque se hable de clases sociales no se consideran como tales porque no se las ve en relación estructural dialéctica, antagónica, sino, simplemente, como estratos superpuestos, categorías sociales. De ahí que se concluya que el orden en una buena sociedad consiste en la colaboración de las clases y así construir una sociedad mas justa en la que cada ciudadano se mantenga dentro de las categorías sociales existentes.

 

Es esto lo que está en el fondo de la Doctrina Social de la Iglesia. Es una visión de la sociedad en términos de estratos, no de autenticas clases en la que la paz y la armonía social reside en la aportación de cada uno, pero dentro de su rango social sin caer en la cuenta de que existen relaciones sociales antagónicas que son las que impiden la consecución de la justicia social y en consecuencia no basta con  hacer llamamientos a la conciencia moral. El juicio ético derivado de ese tipo de visión condena solo los efectos negativos e injustos del sistema que ha degenerado en capitalismo salvaje, pero no condena al sistema como tal generador de desigualdad. Así, no hay manera de justificar un cambio de sistema. Eso sería cambiar el mundo que Dios ha hecho. Eso no se puede  hacer, no se puede cambiar.

 

Por ejemplo, ¿por qué la Iglesia nunca, o sea, el Papa (porque al final quien habla en la Iglesia es el Papa, los demás obedecen) nunca ha condenado el capitalismo ni ha enseñado la necesidad de “otro orden social”? porque aprendió eso en la teología medieval de los filósofos griegos. Es impensable cambiar el orden. Entonces todas las virtudes cristianas se practican dentro del orden. Pero esa idea de cambiar, eso no tiene fundamento.

El Papa  se afirma siempre como una fuerza espiritual, pero también política. Y que aparece como procedente de Dios. Dios ha enviado a su hijo a la Tierra, su hijo en la Tierra ha dado todos los poderes a San Pedro. Hay un solo Dios que tuvo un solo hijo que vino a la Tierra y ese hijo de Dios que vino a la Tierra dio todo poder sobre el mundo al Papa. Todo. Sobre todas las naciones. Todo. Y el Papa, en su amor lleno de benignidad, ha dado esta parte del mundo a su hijo amado el rey de España. Es decir, el Papa en nombre de Dios es el que tiene un poder delegado para eso. Entonces ahí se explicó a los indígenas que el dueño de toda su tierra era el rey de España porque era él a quien el Papa había dado todo el poder. ¿Y qué podían decir los indios? Ah… no podían decir nada, se trata nada menos que de la voluntad de Dios mismo. Claro que algunos se rebelaron un poco. O sea, no aceptaron tan fácilmente esa revelación.

De ahí se saca una consecuencia. Esa concepción del mundo es muy convincente para explicar, para racionalizar el poder del Papa. ¿Por qué el Papa puede justificar su poder sobre el mundo entero, sobre todos los países del mundo? Él tiene autoridad sobre todo, sobre todas las regiones sean cristianas o no. ¿De dónde le viene ese poder? Sencillamente, porque representa esa autoridad de Dios. De ahí viene la designación del papa como “Vicario de Dios”, el que hace las veces de Dios en la tierra. Esa filosofía se compagina muy bien con las pretensiones de los Papas. Las pretensiones de la curia romana que fue construyendo ese poder y que continúa. Porque, claro que las naciones modernas han rechazado el dominio del Papa. Pero se quedó con los católicos, con la “católica España”, los que aceptaron la religión cristiana y que no se rebelaron como lo hicieron los protestantes. Y todas las guerras de la religión no lograron eliminar a los protestantes.

 

 El padre Calvez, experto en el pensamiento de Marx,  en su último libro sobre “los silencios de la doctrina social de la Iglesia”, pregunta con sinceridad, “por qué la Iglesia nunca se dispone a condenar  el capitalismo”. Hay un silencio prolongado. Aún hoy, en medio de esta crisis tan inmensa, que está produciendo tantas víctimas,  lo único que dice la Jerarquía de la Iglesia es que hay que adaptarla un poco, imponer algunas normas para los bancos, un poquito de disciplina para el mercado. Pero es impensable que se pueda ofrecer otra forma de orden social. Esto no cabe dentro del sistema teológico. Eso es lo que han aprendido los obispos, lo que han aprendido los sacerdotes, y lo que se transmitió a los laicos que estaban interesados.  Lógicamente,  esa doctrina está toda basada en una filosofía que no tiene ningún fundamento cristiano y ninguna raíz cristiana.

 

6.- La Biblia quiere el cambio:

Si examinamos la concepción del mundo que tiene Marx, que era judío, y no se olvidó de todas sus raíces judaicas, él tiene una visión del mundo que tiene inspiraciones bíblicas. Pero, Marx dice que en la Biblia,  la historia de la humanidad es la búsqueda de un cambio. Es decir, es la historia de una lucha entre una parte de la humanidad, que es esclavizada, dominada, explotada y otra parte que domina, que explota. Es la historia de un conflicto permanente. En la Biblia se llama pecado, algo que no representa la voluntad de Dios. La situación actual es el pecado del mundo. Eso es lo que Dios no quiere. Entonces en la Biblia, es  Dios  el que quiere cambiar. No es el que garantiza el orden. Es el que considera que lo que existe es desorden. Eso es lo que hay que cambiar, transformar. Y toda la historia de la Biblia  es también la historia del pueblo de Israel que quiere cambiar. El pueblo de Israel en contra de los pueblos vecinos que eran paganos y no eran el pueblo escogido. Dentro del pueblo de Israel, los profetas contra los sacerdotes, contra los doctores, contra los reyes, las autoridades. Y los profetas... pocos. Pocos frente a un poder enorme, el poder de la costumbre, el poder de las “infiltraciones”, de la dominación, el poder de los sacerdotes. Se establece una relación dialéctica. Es decir, por una parte los que quieren mantener la situación de pecado que es la situación contemporánea, actual, y por otra,  los que quieren cambiar.  O lo que es lo mismo,  establecer “otra” sociedad humana. “Otro mundo es posible”. Otra concepción de la vida humana distinta. Toda la historia del antiguo testamento es la historia de ese conflicto.

 

7.- Jesús predica el cambio:

Cuando llega Jesús el conflicto alcanza su punto culminante. Jesús representa la voz de los pobres galileos. Los que no son esclavos son tratados casi como  esclavos. La tierra pertenece a grandes latifundistas. Los barcos para pescar en el lago pertenecen a los grandes propietarios. Cuando Jesús dijo a Pedro y a Andrés y a Juan... “iVenid conmigo y  se fueron con él. ¿Y el barco? Si el barco fuera de ellos no lo habrían dejado así, por las buenas. Pero como el barco era del propietario no les importó y se fueron. Sencillamente,  no eran propietarios. Eran pescadores. Eran trabajadores al servido de un patrón. Ahí Jesús no buscó al patrón. Jesús buscó a los empleados del patrón. Y los demás, igual. Otro era un guerrillero. El otro un cobrador de impuestos. O sea, un gran pecador. Está claro que lo que Jesús fue a buscar en el fondo era a los que representaban el pueblo oprimido para anunciarles que la cosa va a cambiar. Existe, pues,  una contraposición de las categorías griegas y evangélicas, donde las griegas son demasiado estáticas y la lectura evangélica, las categorías evangélicas, por el contrario,  son cambio, son movimiento.

 

Esto es el Reino de Dios, es decir, que aquí el concepto fundamental es el concepto de cambio. Esta es la novedad del Reino: otro sistema, otra forma de sociedad. Ese es el tema básico fundamental. Entonces lo que Jesús viene a anunciar es justamente un mundo diferente. Y se opone frontalmente a los que defienden, los que representan el desorden tradicional, O sea, el imperio romano y la religión judaica. Al final Jesús fue condenado como terrorista y subversivo por el representante del imperio romano. Jesús sabía bien lo que hacía, era ese tipo de hombre que es peligroso para el sistema. Era peligroso para la tranquilidad de la dominación romana. Después, los sacerdotes que son la principal fuerza económica de la religión. Porque el templo de Jerusalén es un gran negocio. Ahí toda la carne de  los corderos  se va al templo. Porque hay que ofrecer muchos sacrificios. Y entonces los grandes vendedores de carne son los sacerdotes. Y hacen una gran fortuna. Es verdad que no son iguales todos los sacerdotes. No. Hay algunos que son más importantes que  otros. Incluso había un jefe de los sacerdotes. Y estaba previsto que se renovarían cada año. Estaba permitido que el sumo sacerdote podría robar durante un año. Lo mismo que les era permitido a los procónsules romanos. Un procónsul era nombrado por un año. Es decir, permiso para robar durante un año. Porque habían otros que estaban esperando también. Para poder entrar también en la misma función. Pero en el caso del templo de Jerusalén ejercía Caifás que ya estaba ahí hacía 21 años. O sea, la ley prohíbe que se quede 2 años. Y habría aprendido muy bien el arte de la corrupción,  y logró permanecer 21 años. Podía robar durante 21 años de todo el comercio de la carne y de todos los objetos ofrecidos, las limosnas ofrecidas al templo, etc. De todo.

 

8.- Jesús se opone a la Ley:

Entonces, Jesús se opone a los doctores de la ley. A todo el sistema legal. ¿Por qué? Porque si se toma globalmente el sistema de las leyes, es un sistema que garantiza la dominación sobre los pobres. En eso no se ha cambiado mucho a pesar de la democracia. Las constituciones y las leyes son las que justifican la dominación de la clase dominante sobre las otras. Con palabras bonitas, con discursos bonitos, de igualdad, de libertad, pero al final si se examina el contenido se ve que se trata de justificar la situación establecida. Es decir, la desigualdad: mantener lo de siempre, que haya ricos y pobres. Toda la concentración del poder en algunas pocas manos y después una gran masa que está ahí nada más que para servir a los demás.  Entonces comienza con Jesús la oposición antigua entre los profetas y los dominadores. Eso, con él alcanza su punto culminante. Ahí viene la oposición total, la oposición radical. Y entonces, Jesús representa la oposición: por un lado, todos los poderes concentrados, y  por otro lado, un hombre que sólo tiene su palabra. Una palabra peligrosa. Porque justamente va anunciando a los pobres que todo eso va a cambiar. Que se va a hacer una transformación total de esa sociedad. Un hombre peligroso. Pero mantiene su mensaje. Mantiene ese anuncio contra todas las autoridades. Y lo matan por dar ese mensaje. Porque con su mensaje destruye los fundamentos de los poderes establecidos. Entonces lo matan y él mantiene su testimonio hasta el final.

 

Esa es la visión fundamental y fundamentalista del mensaje cristiano. Entonces, ¿cuál es la filosofía que sirve mejor para expresar esa doctrina en forma filosófica, racional? Es naturalmente una filosofía que enseña que la humanidad está cambiando en un proceso constante de cambio, en la búsqueda de cambio. Se rechaza la idea de una humanidad estable, siempre la misma, obedeciendo siempre al mismo orden en que acepta las estructuras establecidas. Y necesita una filosofía justamente contraria que quiere una transformación total. Una transformación radical. Y entonces, se ve en la historia de la filosofía europea que quien enunció una filosofía semejante, fue Marx. Es el primer filósofo cristiano. Fue el primero que de hecho tuvo una visión de la humanidad como un proceso de lucha. Como un proceso de emancipación. Como un proceso de transformación de todo el orden universal. De todo el orden de la sociedad. Él entonces proporciona conceptos mucho más interesantes que todos los filósofos griegos que han desviado sistemáticamente la actitud de los cristianos que se han mostrado tantas veces opuestos a las trasformaciones. Dicho claramente,  no faltaron revolucionarios en la historia cristiana. Pero siempre aplastados por los poderosos. Por los poderes de la Iglesia que contaban con una filosofía que los condenaba. Muchos fueron sacrificados, silenciados, asesinados. Muchos fueron quemados. Muchos. A partir de una filosofía que no se compaginaba con el cristianismo. Primera cosa.

 

Segunda cosa. Es que el mensaje cristiano es materialista. Es laico, nada sagrado. Y desde el principio, desde Constantino, rápidamente el cristianismo, orientado por las filosofías griegas, se hizo espiritualista. Es decir, que la tarea básica del cristiano, del ser humano, es salvar su alma. Hasta hace poco la gran preocupación de los curas era “salva tu alma”. Eso es como el deber. Y todas las preocupaciones del cristiano consistían en cómo salvar su alma. ¿Cómo está su alma? ¿Está en el camino de la salvación o está en el camino de la perdición?  Eso viene naturalmente de la filosofía griega de nuevo. Que es una filosofía hecha para las elites. Para los propietarios. Para los que tienen su vida material más o menos garantizada. Y que algunos explotan a los demás. Durante todo el siglo pasado y ahora, gracias a otra Teología, la Teología d la Liberación, las preocupaciones van en la línea de una concepción integral del ser humano, no dividida en alma-cuerpo, sino la Vida humana en su totalidad. Todo lo que sucede en el mundo material, lo básico para vivir, como es la comida,  la vivienda,  la sanidad,  la educación, el trabajo. Y el mundo de la  economía. Eso es lo que importa a los cristianos, además de  importarle su alma. Todavía quedan restos de esa mentalidad espiritualista que esquiva el compromiso sociopolítico. Una vida de cosas espirituales. Y estiman que lo material es algo indigno. Y el orden lo que requiere es mantener lo espiritual siempre por encima de lo material. La Iglesia por encima del Estado. La Iglesia al lado del poder para establecer su orden. El Estado al lado de la Iglesia para legitimar su función política.

 

Ultima conclusión:

Esa frase de “como Dios manda”, como se puede deducir de este escrito, es la expresión de una filosofía estática que quiere mantener un determinado orden. Este orden establecido hace siglos. Repetirla significa mantener ese orden  establecido. Un Dios que tiene poder para colocar cada cosa, cada persona, cada situación, cada estructura, en su sitio. La economía, la política, el poder, los ricos, los pobres, los pueblos, la familia, la educación, los valores éticos, la naturaleza. Un sitio para cada cosa, que él ha determinado, como piezas de un puzzle, para que todo encajara bien. Para que no haya convulsiones, para que no haya ni pueda haber revoluciones, para mantener el orden establecido, y así vivamos todas y todos  en armonía y en paz.

 

 

 

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