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¿OntologIa en el capital?

 

Pablo A. Martín Bosch, “Aritz”. Marzo de 2003.

aritz@irakasle.net

 

(Publicado en Boletín, Agerkaria, Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias del País Vasco, nº 19, Septiembre, 1989)

 

De todos es sabido que El Capital es una de las obras clave en la Economía Política contemporánea, y uno de los puntales de la filosofía marxista, a pesar de ser uno de los libros menos leídos en dicha literatura. Sin embargo no es la economía lo que aquí nos interesa, ni tampoco las filosofías que se hayan podido asentar SOBRE ésta obra, nuestra pregunta es otra, y se dirige a si verdaderamente se puede considerar que EN o BAJO la misma existe una metafísica u ontología, términos que aquí vamos a utilizar como sinónimos, y, en caso afirmativo, explicitar de qué tipo es ésta. Para ello hemos de revisar las tesis de la misma, de modo que partiremos de un somero resumen de la obra para, después, comprobar sus conclusiones y, más tarde, estudiar la existencia 'o no de dicha ontología.

 

El estudio de MARX, se centra en el proceso de acumulación de mercancías, base de la transformación del dinero. La mercancía es definida por éste como "objeto externo que, en virtud de sus propiedades satisface necesidades humanas de cualquier clase", no importando ni el origen de las necesidades ni su modo de satisfacción. Así pues, una cosa, para ser mercancía, ha de ser, en primer lugar, algo útil, un valor de uso, diferenciándose aquí la cantidad (una o varias) de la cualidad (un valor de uso por otro), estando en la cualidad aquello que les permite ser objetos de riqueza o materia de riqueza, soportes materiales del valor de cambio independientes de su forma social. En la cantidad, sin embargo, se muestra el valor de cambio. Esto lo vemos en el siguiente ejemplo: si se cambia una mesa por una silla, el intercambio lo es de cualidades distintas, pero éste varía si son, p. e. una mesa por dos sillas, donde ya interviene la cantidad. Eso que permite el cambio supone que ambas unidades pueden ser reducidas a otra esencial, que no puede ser algo material, pues sería volver al principio (una mesa sería igual a una mesa, y no se cambiaría por silla; lo que MARX resuelve en el gasto de la fuerza humana de trabajo, siendo indiferente el cómo haya sido gastada ésta. Este es el valor o "valor del trabajo humano materializado en él", pudiéndose medir en el tiempo de duración social o tiempo de trabajo necesario por término medio o también tiempo de trabajo socialmente necesario, es decir, el tiempo de trabajo necesario para la producción en una sociedad dada, por lo que es el quantum de trabajo el que da el valor a una cosa. Así pues, "un objeto puede ser un valor de uso sin ser un valor, basta que sea útil al hombre sin provenir de su trabajo"; pero para ser mercancía no basta con ser un valor de uso, ha de ser también un valor de uso para otros, es decir, valor de uso social, y ser entregado mediante un cambio.

 

Podemos entonces dividir la realidad en objetos naturales y artificiales; los primeros o no tienen valor para el hombre, en cuyo caso desaparecen (¿?), o sí lo tienen (aire tierra ... ); y los segundos pueden deberse a un trabajo inútil (que no interesa) o a uno útil; éste puede ser individual o social y ser destinado al cambio (valor de cambio) o no (valor de uso), pero, en cualquier caso, tienen valor. Esto llevará a la división del trabajo a la hora de producir valores de uso, siendo pues el valor, el trabajo, "el mediador de la circulación material entré la naturaleza y el hombre", ya que el trabajo crea tanto valores de uso con lo de cambio, es decir, valor.

 

La forma que el valor adquiere para manifestarse es el dinero, que puede tomar diversas formas: a) la forma más simple es el cambiar una mercancía por otra, de modo que el valor adquiere la posición del término de comparación, ya que ambas mercancías se comparan en función de algo, "algo" que es el trabajo humano invertido en crearlas. Así, el valor de uso se convierte en valor, el trabajo concreto en trabajo humano abstracto y el privado en social. b) la forma total o desarrollada del valor, por la cual varias mercancías se hacen equivalentes, por lo que cada una de ellas se pone en relación social con las demás, siendo la cantidad de valor lo que regula las relaciones de cambio. Sin embargo esto nos lleva a que A = B = C = .... lo que hace que la serie no se acabe, por lo que necesitamos un paso más. c) la forma general del valor, que permite que todas las mercancías se expresen en una sola, de un modo único y general. Esto conlleva el que las diferencias entre las mercancías sean no sólo cualitativas, sino también cuantitativas, es decir, valores de uso y de cambio expresados en la "inversión de fuerza humana de trabajo". Esto ya nos acerca al dinero. d) la forma dinero permite que una mercancía pueda ser expresada en una cantidad de dinero, adquiriendo así éste la forma general del valor al transformarse en mercancía-dinero. Aquí es donde la esencia (valor) se materializa. Lo que se cambia ahora no es una mercancía por otra, sino las distintas cantidades de tiempo necesarias para crearlas, materializadas en dinero.

 

De todo lo visto podemos extraer las siguientes tesis:

A. 1.- Los objetos (realidad) pueden ser naturales o artificiales

B. 2.- Los objetos naturales pueden servir o no servir al hombre

3.- Los objetos naturales que sirven al hombre son útiles, tienen valor de uso.

4.- Los objetos naturales que no sirven al hombre desaparecen.

5.- Los objetos naturales son o no-valores o valores de uso.

C. 6.- Los objetos artificiales son producidos por el hombre (individual o social).

7.- Los objetos artificiales pueden servir o no servir al hombre.

8.- La producción de objetos que no sirven es un trabajo inútil.

9.- La producción de útiles es un trabajo útil y su producto puede servir a uno o varios. 10.- Los valores de uso no sólo provienen del trabajo humano.

11.- Todo objeto que sirve para otro puede ser cambiado, tiene entonces valor de cambio.

12.- Los valores de uso se distinguen por la cualidad, los de cambio, por la cantidad. 13.- Todo valor de cambio es valor de uso para otros.

14.- En el momento en que se cambia, el valor de cambio se convierte en mercancía.

D. 15.- Para que un valor de uso se cambie por otro ha de haber algo en común.

16.- Lo común no puede ser la cualidad (valor de uso), pues es lo diferente.

17.- Lo común ha de ser la cantidad (valor de cambio).

18.- El valor de cambio es determinación del valor: trabajo medio socialmente necesario para producir un valor de uso.

19.- Toda mercancía encierra un valor.

20.- Todo valor adquiere una forma, y hay un proceso de evolución:

a)  Forma simple o accidental: cambio de una mercancía por otra.

b)  Forma total o desarrollada: una mercancía se relaciona con varias.

c)  Forma general: varias mercancías equivalen a una.

d)  Forma dinero: en la forma general, la equivalencial se transforma en oro o plata.

 

A continuación se centra MARX en el sujeto poseedor de mercancías. Ya hemos visto que para que una mercancía sea tal ha de ser cambiada por otra, pero, para ello, ha de intervenir el hombre, ya que son éstos quienes intercambian sus productos, intercambio que ha de ser voluntario y basado en la necesidad de la mercancía como valor de uso para otros. Pero de hecho no se intercambian valores de uso, sino valores, donde el dinero cumple un papel importante (aunque a veces no manifiesto), de modo que éste sirve de forma o manifestación del valor de las mercancías o de material en que se expresan socialmente las magnitudes de valor de las mercancías.

 

Así pues, se ha recorrido el camino que lleva del objeto a la forma (dinero). La función primordial de la mercancía- dinero es el suministrar al mundo de las mercancías el material de expresión de su valor funcionando, por tanto, como medida general de los valores, y su expresión patente: el precio. El dinero, por su parte, toma una forma de manifestarse en el oro, que, por su utilización continuada, se transforma en patrón. Así, el oro puede funcionar como valor de uso (con sus cualidades) y como valor de cambio (forma del valor). Sin embargo, aunque el precio es el nombre en dinero del trabajo materializado en la mercancía, MARX ve la contradicción que puede darse al dotar de precio a algo que no tiene valor (la conciencia, el honor... ).

 

La mercancía, entonces, por lo que hemos visto, pasa de ser un valor de uso a ser un valor de cambio, y de ahí vuelve a ser un valor de uso para otro (M-D-M), proceso diferente al simple intercambio (M-M) por la intervención del dinero (D). Este cada vez se encuentra en un lugar más alejado de su punto original (M-D-M-D-M-D-...), de modo que la cantidad de monedas en circulación depende de su velocidad de rotación, es la ley de la velocidad del curso del dinero.

 

Por otro lado, el dinero ha quedado configurado como forma, de modo que es indiferente su materialización, por lo que la aparición de billetes, etc. es inesencial: basta con que el dinero exista simbólicamente, ya que su existencia funcional absorbe la material. Su reconocimiento de representante del valor se la da el Estado al acuñarlo. Por último, la circulación corre un triple peligro: 1) por el atesoramiento, que inmoviliza dinero, 2) por el medio de pago a largo plazo, que supone la movilidad, pero también la falta de dinero líquido, 3) el dinero mundial, que obliga a salirse de la órbita interna de circulación, la que se solventa con la utilización de una doble medida del valor: el oro y la plata.

 

Repasando lo visto hasta ahora, el proceso de circulación M-D-M hace, por un lado, que el dinero cumpla el papel de mediador abstracto materializado en el precio, y, por otro, permite la descomposición del proceso en dos momentos: la venta (M-D) y la compra (D-M). Sin embargo existe otra forma de circulación: la que se plasma en D-M-D, la compra- venta, siendo el resultado el intercambio D-D. Lo común que existe entre ambos procesos es que se desdoblan en las mismas fases contrapuestas. Entre las diferencias contamos: 1) el orden inverso en que se desarrollan las mismas fases contrapuestas. 2) en M-D-M la misma pieza de dinero cambia de sitio dos veces, lo que ocurre con M en la segunda fórmula. 3) M-D-M concluye en un valor de uso, y D-M-D en uno de cambio. 4) en M-D-M son las cualidades distintas, en D-M-D son cantidades distintas, expresadas ahora en D-M-D', donde D' es el incremento de D, es decir, la plusvalía. 5) el proceso M-D-M es finito, acabando en M, pero D-M-D' es infinito. La conclusión a la que llega MARX es que la plusvalía no puede crearse ni en la circulación M-D- M ni fuera de ella, tiene necesariamente que brotar en ella y fuera de ella al mismo tiempo, de la mercancía como valor de uso y de consumo. Para eso el valor de uso ha de ser, a la vez, creador de valor; y ésta mercancía es la capacidad o fuerza de trabajo (conjunto de las condiciones físicas y espirituales que se dan en la corporeidad, en la persona viviente de un hombre y que éste pone en acción al producir valores de uso de cualquier clase). Es la fuerza de trabajo la única fuente de valor, luego ha de encontrarse aquí la clave que explique la creación del plusvalor o capital.

 

Para que la fuerza de trabajo aparezca como mercancía han de darse ciertas condiciones: 1) la fuerza de trabajo sólo puede aparecer en el mercado como mercancía cuando es ofrecida y vendida como una mercancía por su propio poseedor, por la persona a quien pertenece. 2) éste ha de ser libre propietario de su capacidad de trabajo, de su persona. 3) comprador y vendedor han de ser personas jurídicamente iguales. 4) han de venderla por cierto tiempo, sin renunciar a su propiedad. 5) su poseedor ha de verse obligado a vender como mercancía su propia fuerza de trabajo, identificada con su corporeidad viva, y 6) necesita, además, los medios de producción y de vida.

 

Así, el capitalista lo que paga es el valor de la fuerza de trabajo, el tiempo necesario para su producción (reproducción, necesidades naturales y cultura), pudiendo, a continuación, utilizarla, de modo que, como es la única capaz de crear valor, acrecienta el que se ha pagado por ella. Hace uso de la fuerza de trabajo que ha adquirido como valor de uso, y ese uso de la fuerza de trabajo es el trabajo mismo, pero el comprador de la fuerza de trabajo no consume ésta trabajando él mismo, sino haciendo trabajar a su vendedor, haciéndole crear valores de uso u objetos aptos para la satisfacción de necesidades de cualquier clase. El trabajo cumple, así, la función de intermediario entre el hombre y la naturaleza, interrelacionándose ambos (hombre y naturaleza). El hombre se encuentra con la naturaleza u objeto general sobre el que versa su trabajo, y se enfrenta a ella, creando la materia prima por medio de una serie de instrumentos: los medios de trabajo, prolongación de los órganos del propio obrero, donde se incluyen también las condiciones materiales (tierra, locales, canales, calles, etc.) necesarias para que el proceso de trabajo se efectúe. Así, el proceso es la actividad racional encaminada a la producción de valores de uso. Pero el capitalista, al hacer uso de la mercancía que ha comprado (fuerza de trabajo) no busca sólo la creación de valores de uso que sean valores de cambio (M-D-M), sino el producir una mercancía cuyo valor cubra y rebase la suma de los valores de las mercancías invertidas en su producción. Por eso al pagar el valor de un día de fuerza de trabajo ésta y lo que ella produce le pertenece.

 

Por un lado, pues, encontramos los valores de los medios de producción absorbidos en el producto, y por otro, el valor que le da el obrero, que se puede aumentar al acrecentar la cantidad de trabajo. De aquí la división en capital constante y variable, siendo el último el creador de plusvalía.

 

A la vez, el tiempo de trabajo empleado por la fuerza de trabajo se descompone en la cantidad de trabajo necesario (valor de la fuerza de trabajo), y el tiempo de trabajo excedente, creador de plusvalía. El capitalista, así, paga el valor de la mercancía, y con eso cumple, pero una de éstas es la fuerza creadora de valor, de producto excedente. Aquí es donde se patentiza la lucha de clases, que ha sufrido sus variaciones a lo largo de la historia: la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases.

 

Esta explicación o apropiación de la plusvalía tiene un límite absoluto en la jornada de trabajo. Pero eso no evita que: 1) el capital se convierta en el puesto de mando del trabajo. 2) se convierta en un régimen coactivo, 3) no cambie directamente el régimen de producción, 4) sean los medios de producción los que utilicen al obrero, y 5) se sienta legitimado el capitalista a reclamar de los demás trabajo y creación de plusvalía.

 

Ya hemos visto el cómo MARX encuentra en la venta de la fuerza del trabajo por parte del proletario libre el lugar generador de plusvalía; sin embargo el dinero no aumentaría si se pagara al obrero el valor absoluto de lo que produce, de donde se deduce que a éste lo que se le abona es el precio de la venta de su fuerza de trabajo como mercancía, es decir, los medios para mantenerlo vivo. Pero al obrero se le obliga a trabajar más de lo que necesita para su subsistencia, de él se extrae la plusvalía o capital, que es absoluta si se consigue haciéndole aumentar el tiempo de trabajo excedente sobre el necesario, y relativa si lo que varía es la división de trabajo necesario y excedente, bien sea cambiando los instrumentos o los métodos de trabajo, o aprovechando la ventaja que le da la cooperación entre los obreros, ya que ésta hace surgir una nueva fuerza, diferente de la simple unión de las fuerzas individuales: es la fuerza de masa, además de ahorrarse en maquinaria, locales, etc. Por eso al obrero se le explota una vez más al pagarle por su fuerza de trabajo individual, y no por la social que es la que realmente utiliza. Su modelo de explotación clásico es la manufactura, en la que se da, además de la automatización del obrero, una jerarquización de éstos y de sus salarios, parecido a lo que ocurre en la sociedad civil.

 

La maquinaria no crea por sí misma valor; son valores de uso que hacen posible la creación de valor mediante la utilización por el hombre. El desarrollo de éstas, además, hace innecesaria la utilización de la fuerza bruta humana, por lo que permite la incorporación al trabajo de mujeres y niños, aumentando así el proletariado activo potencial. Pero conllevando también el cambio de los contratos, el aumento de la mortandad infantil y la depauperación moral e intelectual; por otro lado, prolonga la jornada de trabajo mediante turnos. De este modo la plusvalía crece. Sin embargo la prolongación desmedida de la jornada de trabajo provocó la reacción de la sociedad, que acabó imponiendo la jornada normal de trabajo limitada por la ley. La nueva forma de obtener plusvalía será que el obrero tenga que vigilar más maquinarias, o el aumento de la velocidad de éstas. Así, el obrero pasa de servirse de la máquina a servir a ésta. Pero, al aumentar las máquinas, aumenta el número de obreros innecesarios en la producción (los que actualmente estamos en el paro); éstos pueden seguir uno de los siguientes caminos: o hundirse en la lucha desigual de la manufactura contra la industria mecanizada, o inundar todas las ramas industriales, abarrotando el mercado de trabajo de mano de obra y haciendo, así, que la fuerza de trabajo descienda por debajo de su valor, y convirtiéndose en poderosa arma para "reprimir las sublevaciones obreras periódicas, las huelgas y demás movimientos desatados contra la autocracia del capital", como comprobamos actualmente día a día. Esto dio lugar a las grandes migraciones y colonizaciones.

 

A continuación MARX repasa la teoría sobre la plusvalía (absoluta y relativa), ve las formas de adquisición del salario (a destajo, etc.) y, por último, estudia el proceso de acumulación. Sin embargo lo dicho hasta ahora ya nos da una idea de la obra capital a la que nos estamos refiriendo. Hemos visto cómo ésta trata sobre economía y, poco más o menos, qué es lo que dice acerca de ésta. La pregunta, por tanto, que ha abierto nuestro artículo queda aún en el aire: ¿hay una metafísica en El Capital? y, si la hay, ¿cuál es?

Ya desde el momento en que nos preguntamos por la metafísica u ontología que pueda encerrar ésta obra, hemos de actuar con suma cautela, ya que nuestra respuesta dependerá del sentido que le demos a la misma pregunta, según lo que entendamos nosotros mismos por metafísica. Esta, a lo largo de la historia, ha revestido, al menos, las formas siguientes:

 

1.- Lo que está más allá de la física en su ordenación, aplicable, sensu stricto, sólo a la obra de ARISTOTELES.

 

2.- Lo que estudia aquello que está más allá de la física en su sentido trascendente, el Ser en cuanto Ser y el ente en cuanto ente. Esta concepción se nos muestra problemática.

 

3.- En términos más modernos, es una cosmovisión (weltangschauung): si entendemos ésta como determinada cosmovisión, entonces no sólo aquí, sino siempre que exista un mensaje, por podérsele buscar siempre un punto de vista coherente (incluso en su incoherencia), habrá metafísica, no siendo, pues, un estudio particular. Esto es una extensión excesiva del término (concepto), ya que, según esto, cualquier opinión (proposición) pertenecería a su corpus. Dejemos esto aquí por ahora, y volvemos al segundo punto.

 

Este se nos muestra problemático, puesto que MARX, al menos directamente, no se pregunta por el Ser, sino, prima facie, por el ente concreto. A pesar de que en nuestro intento por formalizar una parte de El Capital partiéramos de la proposición que nos parecía más general y que, por tanto, debería englobar a las subsiguientes. Ahora hemos de anotar dos cuestiones acerca de esto:

 

1) Dicha proposición no es de MARX, por lo que le quita autoridad; 2) seguidas a dicha proposición encontramos todo el desglose del valor y la utilidad que nos lleva, como hemos visto, desde la mercancía hasta el capital y sus formas o modos de aplicación. ¿Cumple, entonces, en MARX el valor el mismo papel que el Ser en ARISTOTELES? ¿Hay una ontología aunque sea del valor?

 

Esta es la idea que mantiene G. D. H. COLE (Historia del Pensamiento Socialista, FCE, 1953, vol. II), al decir, por ejemplo, que "llamar a una estructura teórica semejante “científica", realmente carece de fundamento. Es en verdad una construcción metafísica gigantesca", o "MARX, en la formulación última de su teoría del valor, hacía metafísica y no ciencia". R. BANFI, en cambio, se opone, y en su Significado del Valor de Uso en El Capital (redondo ed. Barcelona, 1973) dice que "no comienza con una teoría de valor, sino con un análisis de la mercancía", excluye que los valores de cambio se reduzcan a valores, siendo, por tanto, "una investigación sobre la dirección en la cual se desarrolla el sistema económico capitalista". Así pues, la pregunta sigue en el aire. Volvamos a la pregunta aristotélica por el Ser. A ella responde que "es imposible que una misma cosa convenga y no convenga al mismo tiempo a una misma cosa y bajo la misma relación" (Met. IV, 3, 1005). Es decir, contesta con el principio de identidad. Veamos lo que sucede en MARX. .

 

A éste no le interesa el Ser en cuanto a Ser, es decir, el hacer una metafísica general que únicamente interprete el mundo, de lo que se trata es de cambiarlo, como apunta en la tesis 11 sobre FEUERBACH, "los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo. Pero no sólo eso, también el principio de identidad deja de tener sentido: un mismo objeto puede actuar como valor de uso, de cambio (valor), medio de cambio (dinero), objeto sin valor, etc. dependiendo únicamente de su posición con respecto a los demás objetos. Así pues, a partir de MARX se podrá decir A = B, pero no que A = A, ya que la mercancía A expresa su valor en la mercancía B, pero no en sí misma, sino sólo en la relación. Así pues, se hace relativista; pero ARISTOTELES habla del Ser que dice, relata o relaciona de muchas maneras. F. MARTINEZ MARZOA vuelve a decirnos que sí hay una metafísica, puesto que "la riqueza es aquello que se tiene en cuanto que uno es rico. Y rico» es aquél que tiene la, riqueza, es, pues, lo que se tiene, lo que hay, y, lo que hay es lo que es, o sea: lo ente" (La Filosofía del Capital, Taurus, Madrid, 1983); o también, "al proponerse MARX analizar en qué consiste la mercancía corno tal la cuestión que MARX se plantea es la de una ontología. Como se ve, continuamos con la pregunta en el aire, a pesar de que hemos visto que no hay una metafísica general, y que el principio de identidad se ha rechazado.

 

ARISTOTELES continua determinando el Ser corno esencia/existencia, acto/potencia, y forma/materia; pero si trasladamos estas categorías a El Capital, veremos que cada cosa es lo que es, no por una esencia ideal (que el Estagirita hace primordial), sino por su relación concreta, por su existencia. Es la existencia en relación con las otras lo que determinará su esencia, lo que le permitirá ser "definida" como valor de uso, de cambio, etc. La materialidad debe ser considerada en nuestro caso como utilidad, a la vez que la forma son sus distintas maneras de manifestarse; pero, de nuevo, lo que cambia ahora no es la materia, sino la forma, pasando de ser un valor de uso a serlo de cambio, etc.

 

En definitiva, MARX da la vuelta a la filosofía clásica que había llegado a su cúlmen en el desarrollo hegeliano de la Idea, como demuestra A. KOJEVE en La Dialéctica de la Real y la Idea de la Muerte en Hegel (La Pléyade, B. A. 1972): "como su descripción no puede ser modificada, ni completada, ni refutada, puede decirse que la descripción HEGEL es el enunciado de la verdad absoluta o universal y eternamente (necesariamente) válidas".

 

Así, la historia, de la metafísica, iniciada por PARMENIDES y estructurado por ARISTOTELES, culmina en HEGEL; a partir de él la filosofía se dispersa, no siendo posible una metafísica general, siendo el tiempo de buscar otras salidas al pensamiento, como el psicoanálisis, el existencialismo, la filosofía del lenguaje, etc. y, entre ellas, la teoría de MARX. Pero, si ésta no es metafísica, ¿Qué es?

 

Realmente a lo que hemos llegado no es a que no sea metafísica, sino a que no se amolda a la clásica aristotélica, invirtiéndola. Pero, ¿acaso es ésta la única forma de hacer metafísica? Quizás hallemos la respuesta al tratarla como cosmovisión, o mejor como interpretación de la realidad, resolviéndose como teoría o plasmación de la praxis cognoscitiva, de la realidad socio-económica y no ya como teoría del Ser, ya que, por un lado, MARX no habla de éste, y por otro, ni siquiera el valor puede identificarse con toda la realidad, siempre hay un "más allá", algo parecido a lo que le ocurre a WITTGENSTEIN con el "misterio".

           


 

 

 

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