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          LA LIBERTAD ¿ES POSIBLE? EL LIBRE ALBEDRÍO EN LA FILOSOFÍA Y EN LA CIENCIA

 Amanda Garma

 RESUMEN

                      El libre albedrío es la creencia de aquellas doctrinas filosóficas, que sostienen que  los humanos tienen el poder de elegir y tomar sus propias decisiones.

         El principio del libre albedrío tiene implicaciones religiosas, éticas, psicológicas y científicas Por ejemplo, en la ética supone que los individuos pueden ser responsables de sus propias acciones. En la psicología, implica que la mente controla algunas de las acciones del cuerpo, algunas de las cuales son conscientes En el ámbito científico, el libre albedrío se puede percibir en las acciones del cuerpo, incluyendo al cerebro, que no son determinadas enteramente por la causalidad física

        La existencia del libre albedrío ha sido un tema central a través de la historia de la filosofía y la ciencia. El propósito es considerar las perspectivas filosóficas sobre la libertad con sus variantes: el determinismo, de indeterminismo, la consiguiente cuestión de la responsabilidad  moral y su consideración en ciencia. También se considerará la decisión metodológica de aceptar una posición determinista con el fin de establecer regularidades en ciencia.

ABSTRACT

                    Philosophical positions that believe in Freedom stand for human beings have the power to choose and to take their own decisions.

                      Freedom has religious, ethical, psichological and scientifical importance. For example, Ethics supposes that the indiviuals may be responsabile from their own decisions. Phsichology involves that the mind control some physical actions, which of them are conscious. In the kingdom of Science, may be remarked that not al the physical actions that , also cerebral ones, are not completely determined by the physical causality.

                    Freedom existence has been an important subject  in History of Philosophy and Science. The purpose is to consider  philosophical perspectives on freedom from different points of views: determinism, indeterminism, the further discusion about moral responsability and as a subject in science. Also will be considered the methodological decision to accept a deterministic position in order to establish regularities in Science.

 

PALABRAS CLAVES

                               Libertad -  filosofía - ciencia – determinismo - indeterminismo

 

 

 

 

  •  

Perspectivas filosóficas sobre la libertad

Existen puntos de vista en el hecho de que si la libertad metafísica existe, eso es, dependiendo si las personas tienen el poder de elegir entre alternativas genuinas.[1]

El Determinismo es el punto de vista en el cual todos los eventos son resultados inevitables de causas previas, de que todo lo que pasa tiene una razón de ser. El determinismo duro rechaza la idea de que los humanos poseen un libre albedrío.[2]. El Determinismo es el punto de vista en el cual todos los eventos son resultados inevitables de causas previas, de que todo lo que pasa tiene una razón de ser. El determinismo duro rechaza la idea de que los humanos poseen un libre albedrío.

El determinismo sostiene que cada situación se condiciona íntegramente y así es determinada por las causas que la precedieron[3]. El indeterminismo considera que esta afirmación es incorrecta, ya que, hay acontecimientos que no son determinados enteramente por acontecimientos previos. El determinismo filosófico es ilustrado a veces por el experimento mental del demonio de Laplace, el cual conoce todos los hechos acerca del pasado y del presente, y todas las leyes naturales que gobiernan el mundo, y utilizan este conocimiento para prever el futuro, hasta el más mínimo detalle, pero Laplace no representa el pensamiento científico moderno acerca del tema[4]

. Incluso si el agente del albedrío espontáneamente se esfuerza en escoger entre las acciones disponibles, propiamente el agente no es el que origina la causa de la acción, porque nadie puede realizar las acciones que son imposibles, tal como volar con solo batir los brazos. Aplicado a estados interiores, esta perspectiva sugiere que uno puede escoger entre las opciones en que uno piensa, pero no puede escoger una opción inverosímil de realizar. Según esta opinión, las elecciones actuales pueden iniciar, determinar, o pueden limitar las elecciones futuras.

Un "determinista duro", tal como d`Holbach, acepta el determinismo y rechaza el libre albedrío. Otros filósofos sostienen que el determinismo es compatible con el libre albedrío. Estas personas, tales como Hobbes, generalmente sostienen que una persona actúa con libertad sólo cuando se espera que la persona actúe de cierta manera y cometa otro acto por decisión propia. Articulando esta cláusula elemental, Hume escribe que “esta libertad hipotética se aplica universalmente a cualquiera que no sea un prisionero encadenado”.Algunos apuntan con frecuencia a casos en donde la libertad de alguien es negada — violaciones, asesinatos, asaltos, y la lista continúa. La clave para estos casos no consiste en que el pasado esté determinando por el futuro, sino en que el agresor está dominando sobre los deseos y preferencias de las acciones de la víctima. Además, se puede argumentar que el determinismo no es lo que importa, sino el hecho de que las acciones de los individuos son el resultado de sus propios deseos y preferencias, sin estar dominados por alguna fuerza externa o interna.  Esta posición permitiría compatibilizar determinismo con el libre albedrío.

Otro punto de vista es que el concepto “libre albedrío” es, como diría Hobbes, un “discurso absurdo”, porque la libertad es un poder definido en términos del albedrío, el cual es una cosa - y así la voluntad no es la clase de cosa que podría ser libre o no libre. John Locke, en su "Ensayo referente a la comprensión humana" indicó que eso de llamarse "libre" es comprometerse a un error de categoría: “¿Cuándo el albedrío de un hombre es libre o no lo es?  La pregunta en sí es impropia  y es insignificante preguntar si un hombre será libre así como preguntar si su sueño será rápido o si su virtud cuadrada: la libertad no es muy aplicable al albedrío, así como la rapidez del movimiento al sueño o el ser cuadrado a la virtud. Cada uno puede reírse de lo absurdo de la pregunta o de cualquiera  de las anteriores, porque  es obvio  que las modificaciones no pertenece al sueño, ni la virtud depende de su figura y cuando alguien lo considera, creo que su albedrío percibirá que la libertad, que es un poder, pertenece únicamente a los agentes y no puede atribuir o modificar el albedrío que también únicamente un poder.” [5]

 

 

 Responsabilidad moral

La sociedad, generalmente, hace a la gente responsable por sus acciones y dirá que merecen premios o castigos por lo que hagan. Sin embargo, muchos creen que la responsabilidad moral requiere libre albedrío, en otras palabras, la habilidad de tomar distintas alternativas. Además, otro tema de importancia es si los individuos siempre son moralmente responsables y, de ser así y en qué sentido.

. Los deterministas duros pueden decir “Muy mal para la Responsabilidad moral” y descartar el concepto — Clarence Darrow utilizó este argumento para defender a los asesinos Leopold y Loeb —mientras, controversialmente, los liberales podrían decir “Muy mal para el determinismo”. Este caso parece ser sólo porque las opciones de un agente no son coherentes, de acuerdo con los deterministas duros, no cambia el hecho de que el determinismo le quita la responsabilidad al agente.[6]

La sociedad no puede considerar a alguien responsable a menos que sus acciones fueran determinadas por algo. Este argumento fue utilizado por Hume y por el anarquista William Godwin. Después de todo, si el indeterminismo es cierto, entonces esos eventos no son determinados, sino que son al azar. Una de las preguntas formuladas es si es posible culpar o castigar a una persona por llevar a cabo una acción que saltó espontáneamente de su sistema nervioso. Argumentan que uno necesita mostrar cómo la acción proviene de los deseos y las preferencias — el carácter de las personas — antes que uno considere a la persona como responsable moral. Los liberales podrán responder que las acciones indeterminadas no tienen relación con el azar y que resultan de un sustantivo albedrío en que sus decisiones serán indeterminadas. Este argumento es ampliamente considerado como no satisfactorio, ya que sólo dificulta el problema e involucra a la metafísica, así como el concepto ex nihilo nihil fit

San Pablo, en su Epístola a los romanos, plantea la siguiente pregunta sobre responsabilidad moral:

¿Es qué el alfarero no es dueño de hacer de una misma masa unas vasijas para usos nobles y otras para usos despreciables? — (Romanos, 9:21).

Desde esta perspectiva, los individuos todavía pueden perder su honor por medio de sus actos, aún cuando tales fueran determinados completamente por Dios.

Un punto de vista similar dice que la responsabilidad de la culpabilidad moral del individuo recae en el carácter individual. Eso significa que una persona con el carácter de un asesino no tiene otra alternativa más que matar, pero todavía puede ser castigado, porque es un derecho castigar a las personas con mal carácter.

Según José Luis Aranguren, a primera vista parece que el determinismo elimina el problema moral. Sin embargo, según este autor, no es así. Por lo pronto, el determinismo, aunque fuese cierto, es una “explicación” de nuestra conducta, un desenmascaramiento de una ilusión compatible con nuestra conciencia de la libertad. Por lo tanto, aunque ser buenos o malos resultase algo independiente de nuestra voluntad, la moralidad subsistiría como la lucha –inútil-  por hacer lo que nos dicta nuestra conciencia. El punto de vista de Kant – causalidad psicológica y libertad moral – podría ser tenido en cuenta aquí.

Por otra parte, el determinismo, aun aceptado, ¿es incompatible con la moral? El determinismo no afirma que nuestros actos sean determinados por causas extrínsecas, ajenas a nuestra voluntad (eso sería fatalismo). Lo que los deterministas sostienen es que, con las restricciones comunes al indeterminismo: circunstancias o situación, voluntad de los otros, etc.) uno mismo puede determinarse y hacer lo que quiere.[7]

La libertad humana

La Metafísica de las costumbres aborda la cuestión del libre arbitrio (Willenfreiheit) Éste constituye  la instancia  que, más allá del mero “sentimiento de valor”, determina la conducta  humana  frente a los valores: la mera captación de éstos no implica su “realización”. En esto reside la libertad humana con la que se conectan los valores morales. La libertad presenta dos “antinomias” fundamentales.  La primera es la  es la “antinomia causal”, esto es, la aparente incompatibilidad de la libertad con la determinación causal. Kant la resolvió parcialmente con su concepto positivo de libertad, es decir, entendiéndola como una forma especial de determinación  -precisamente, la forma teleológica, que estaría ausente en la determinación causal natural-, proveniente del mundo  inteligible. La libertad, según esto, constituiría toda una legalidad que marcha paralela a la realidad natural: al proponerse fines y tratar de realizarlos, el hombre introduce en el mundo empírico una determinación teleológica. Así, demuestra la “autonomía de la razón”; asegura la “libertad trascendental”, pero no la libertad de la persona moral, que se haya en el individuo humano real. Queda por explicar la libertad de la persona frente a la ley moral. Notamos así el doble problema libertad frente al ser y al deber ser. Kant resuelve el primer aspecto, pero complica el segundo, que constituye la segunda antinomia: “la antinomia del deber ser”. Si la voluntad estuviera forzada por el deber ser, ya no sería una voluntad moral, pues no sería responsable de su decisión, se trata de una antinomia entre el deber y el querer. Hartmann expone seis aporías propias de la libertad moral. Ellas permiten plantear todavía una tercera antinomia respecto de la libertad. En este antagonismo, que establece; entre los contenidos de las dos primeras: ambas exigen solución; pero al margen de las dificultades que cada una de ellas ofrece, para ser resuelta, ocurre que la solución de cualquiera de ellas es incompatible con la solución de la otra en este antagonismo cosiste, precisamente, la tercera antinomia. Hay, en definitiva, un residuo metafísico que no queda resuelto.

Hartmann sostiene que o bien hay libertad humana o no la hay. La responsabilidad moral implica libertad. Ningún fenómeno es probatorio de la libertad. No pueden constituir una solución, porque es un problema metafísica. Para Hartmann la determinación es progresiva, teleológica. En un primer momento, se postula un fin. Si consideráramos que en la naturaleza hay un fin entonces Dios intervendría, pero los hombres se proponen fines. El segundo momento no es progresivo, porque utilizamos medíos, es decir, sería una retrodeterminación. El tercer momento sería el que permite la realización del fin a través de los medios. Así, la libertad tiene un plus de determinación conferido por el nexo teleológico más el nexo causal.[8]

 

Concuerdo con William James, quien reclamó el derecho de cada hombre a elegir sus creencias, no solamente cuando tiene delante pruebas o hechos decisivos, sino también en ausencia de ellos. De un modo u otro, estamos obligados actuar; nuestras acciones, junto con sus consecuencias, de hecho cambian en función de las creencias que hayamos elegido.9 Pero agrega aún más. Puede suceder que, para descubrir las pruebas que constarían finalmente las creencias, por ejemplo, la creencia en la libertad, sea necesario comenzar a actuar de acuerdo con ellas.

En las conferencias sobre pragmatismo publicadas en 1907 James se refiere al monismo y al pluralismo. Allí muestra cómo el monismo equivale a un universo rígido en el que cada cosa está fijada y permanece inmutablemente unida a las demás, y donde la indeterminación , la libre elección, la novedad y lo imprevisto en la experiencia;  un universo que exige sacrificarla concreta y compleja diversidad de las cosas a la nobleza y simplicidad de una estructura arquitectónica por lo que respecta a nuestras creencias,  el monismo exige un temperamento racionalista que lleva una actitud fija y dogmática. El pluralismo, por su parte, deja sitio a la contingencia, a la libertad y a la novedad, y concede completa libertad de acción.[9]

 

El libre albedrío y la ciencia

Cuando se desea acceder a hipótesis o leyes interesantes buscamos regularidades entre fenómenos diferentes con, al menos, una significación estadística. Aquí se nos  presenta como un inconveniente la capacidad autónoma de decisión que tiene cada persona si creemos en el libre albedrío, salvo que seamos deterministas. 

Se puede por decisión metodológica, hasta donde sea posible y no se produzcan deformaciones en lo resultados de las investigaciones, dejar de lado la idea del libre albedrío y aceptar un determinismo metodológico para poder advertir una conducta. Tal decisión metodológica y determinista podrá abandonarse cuando los resultados de las investigaciones se distancien demasiado de las situaciones reales. Desde luego, esta decisión metodológica no supone ningún compromiso ontológico.

En 1892 el filósofo norteamericano C. S. Peirce propuso “examinar la común creencia de que todo hecho particular del universo  está determinado por leyes”[10]

Inevitablemente comparamos a Peirce con Laplace, autor de la clásica enunciación de la necesidad. “Todos los sucesos, hasta aquellos que a causa de su insignificancia no parecen seguir las grandes leyes de la naturaleza, son el resultado de ellas tan exacta y necesariamente como las revoluciones de sol” [11]

Los filósofos  estaban de acuerdo con el gran físico y: Kant, Hume, Locke. Xavier Bichat postulaba un dominio de materia orgánica viva. La concepción de Laplace sólo se aplicaba a la concepción  de las ciencias físicas y a la materia inorgánica.

Muchos años después, Compte era  adverso a toda teoría de las probabilidades.

 El azar gradualmente logró hacerse camino e introducirse  por las fisuras de la ley física.

Novalis había escrito en 1797 que el azar manifiesta lo milagroso. El individuo está “individualizado por un solo acto fortuito que es su nacimiento”.[12]

En Así habló Zarathustra, esta idea continuó presente: “Estar por encima de toda cosa como su redondo techo, como su azul campana. Sobre todas las cosas está el accidente celeste, la travesura celeste.”[13]

Hay importantes aspectos  por los que por los que Nietzsche y Peirce fueron dos grandes filósofos complementarios del siglo IX. Su concepción de la creación, del azar y de la necesidad fue curiosamente similar. Ninguno de ellos pensó que la presencia de la ley en el universo hace por eso que el universo sea menos fortuito.

 

La versión atómica de Bohr y el azar

         ¿Cómo conciliar el inquieto universo del interior atómico –donde se originan todas las manifestaciones del universo- con el previsible mundo macroscópico? ¿Cómo es que el azar puede generar un orden? Bohr propuso el principio de complementariedad para responder a esta inquietante cuestión filosófica. Desde ese principio, los fenómenos macrocósmicos son vistos como gigantescas acumulaciones cuánticas. Y si en ellas se cumplen las predicciones de la física clásica es porque también se cumplen, en el mundo cuántico, las predicciones probabilísticas, sólo que asintóticamente. Son de utilidad las lógicas paraconsistentes para tratar de comprender fenómenos que se nos aparecen, tal es expuesto en el principio de complementariedad, como aparentemente excluyentes.

        Una lógica es paraconsistente y, como las polivalentes, admiten el principio del tercero excluído, si puede fundamentar sistemas deductivos inconsistentes (o sea, que admitan tesis contradictorias y en particular una contradicción) pero, que no sean triviales, en el sentido de que no todas las fórmulas (expresiones bien formadas del lenguaje) sean teoremas del sistema. Es decir, en un sistema deductivo S basado en una lógica paraconsistente, puede haber dos teoremas contradictorios, sin que con eso toda fórmula del lenguaje S sea derivada como teorema del sistema.

A pesar de ser el creador de las lógicas paraconsistentes, Newton da Costa no asevera que éstas sean las únicas válidas, sino que pueden ser utilizadas cuando resulten convenientes para alcanzar un mejor entendimiento o tratamiento de ciertos fenómenos o áreas del saber.

 

   El principio de incertidumbre de Heisenberg

        Entre las ideas centrales de Heisenberg figura su crítica a las  nociones tradicionales para comprender el comportamiento de las partículas. Hablar de velocidad  y posición exactas del electrón en un momento dado, o de la amplitud de onda en un instante preciso, o de órbitas que escapan a la observación, es usar un lenguaje inadecuado para el microcosmos. En sus matrices, tablas numéricas para el cálculo, se asigna un significado preciso a cada propiedad de la partícula (estado estacionario, posición, impulso, transición, por ejemplo). Las matrices de la posición y del impulso no son conmutables. Ya que no es posible medir ambas a la vez. La determinación de una magnitud trae consigo la indeterminación de la otra.

        La imposibilidad de medir las condiciones iniciales (posición y velocidad) significa que tampoco podemos  predecir el estado futuro del sistema. La fe en el determinismo estaba recibiendo un duro golpe con el principio de Heisenberg. El mismo determinismo macroscópico es estadístico, como un efecto global del comportamiento visto ahora sólo como un resultado estadístico, como un efecto global del comportamiento indeterminado de las partículas. A juicio de Heisenberg, el indeterminismo preside los fenómenos microcósmicos. Frente al observador y el objeto se levanta una barrera infranqueable que ninguna tecnología podrá superar jamás  Quizá no sea casual que este principio de incertidumbre haya surgido en el seno del pensamiento alemán, marcado éste por la filosofía kantiana que juzga inaccesible al objeto en sí mismo e interpreta al conocimiento como una organización que hace el sujeto de los datos sensoriales.   Una polémica que persiste en torno del principio de incertidumbre es si debemos colocarlo en el plano objetivo o sólo en el orden de nuestras limitaciones como observadores. Heisenberg era partidario de lo primero. En cambio, Einstein y Born eran partidarios del determinismo.

        Prigogine: ¿Hay leyes del caos?

¿Acaso no es el caos imprevisible? Según Prigogine, no es así, sino que la noción de caos nos obliga a reconsiderar la noción de “leyes de la naturaleza”. En la perspectiva clásica, una ley de la naturaleza estaba asociada a una descripción determinista y reversible del tiempo. Futuro y pasado desempeñaban en ella el mismo papel. “La introducción del caos  nos obliga a generalizar la noción de la ley de la naturaleza y a introducir en ella los conceptos de probabilidad e irreversibilidad.  Es un cambio radical, ya que desde esta perspectiva el caos nos obliga a considerar de nuevo nuestra descripción fundamental de la naturaleza.”[14]

La ciencia no puede escapar al condicionamiento cultural. Desde hace unos treinta años ha surgido un interés particular por una nueva línea de investigación que privilegia un objeto de estudio interdisciplinar: los sistemas complejos. Se trata de una respuesta al cambio cultural frente a conceptos como los de desorden y caos que estaban desplazados del ámbito de la ciencia clásica, por ser considerarlos informes y vacíos de significación. Hoy hay toda una revalorización de los mismos. Los sistemas complejos se ubican entre la categoría de orden entendida como sinónimo de determinismo y previsibilidad total de la naturaleza y el caos, concebido como azar y desorden total, donde nada puede ser previsto. La complejidad, en cambio, extrae de la nueva información, una enorme riqueza de posibilidades para hacer crecer la ciencia, porque supone irreversibilidad, temporalidad, no-linealidad, aleatoriedad, fluctuaciones, bifurcaciones, autoorganización.

 

Estadística y posible decisión metodológica

Cuando se desea acceder a hipótesis o leyes interesantes buscamos regularidades entre fenómenos diferentes con, al menos, una significación estadística. Aquí se nos presenta como un inconveniente la capacidad autónoma de decisión que tiene cada persona si creemos en el libre albedrío, salvo que seamos deterministas. 

Se puede por decisión metodológica, hasta donde sea posible y no se produzcan deformaciones en lo resultados de las investigaciones, dejar de lado la idea del libre albedrío y aceptar un determinismo metodológico para poder advertir una conducta Tal decisión metodológica y determinista podrá abandonarse cuando los resultados de las investigaciones se distancien demasiado de las situaciones reales. Desde luego, esta decisión metodológica no supone ningún compromiso ontológico.

Conclusión

El libre albedrío es la creencia de aquellas doctrinas filosóficas que sostienen que los humanos  tienen el poder de elegir y tomar sus propias decisiones.

La existencia del libre albedrío ha sido un tema central a través de la filosofía y la ciencia.

El determinismo sostiene que cada situación se condiciona íntegramente por las causas que la precedieron.

El indeterminismo considera que esta afirmación es incorrecta, ya que  hay acontecimientos que no son determinados enteramente por acontecimientos previos.

Hay filósofos que sostienen que el determinismo es compatible con el libre albedrío.  Se puede argumentar que el determinismo no es lo que importa, sino el hecho de que las acciones de los individuos son el resultado de sus propios deseos y preferencias sin estar dominados por alguna fuerza externa o interna Muchos creen que sostienen que la responsabilidad moral requiere libre albedrío, es decir, la facultad de tomar distintas alternativas. Otra cuestión importante es si los individuos siempre son moralmente responsables y de ser así y en qué sentido. Según José Luis Aranguren, aunque ser buenos o malos resultase independiente de nuestra voluntad, la voluntad, la moralidad subsistiría como la lucha inútil por hacer lo que nos dicta nuestra conciencia.

   Concuerdo con Hartmann en que la responsabilidad moral implica libertad, pero ningún fenómeno es probatorio de la libertad. No pueden constituir una solución, porque es un problema de metafísica. Para este filósofo tienen una sobredeterminación, porque el fin se realiza a través de los medios. Es decir, el plus de determinación está conferido por el nexo teleológico más el nexo causal.

  Como dije, suscribo la idea de William James, quien reclamó el derecho de cada persona a elegir sus creencias con las acciones y consecuencias que conllevan. De todos modos, no considero -a diferencia de James- que actuar de acuerdo con la creencia en la libertad, constituya una prueba de tal creencia. Desde mi punto de vista, sería más una expresión de deseo que una argumentación aceptable.

  Ante la ausencia de pruebas, por lo menos, preferiría un punto de vista compatibilista entre determinismo y libre albedrío.

  En el ámbito de  la ciencia, cuando se desea acceder a hipótesis o leyes interesantes buscamos regularidades entre fenómenos diferentes con, al menos, una significación estadística. En el caso de que se trate de personas, suponemos la capacidad autónoma  de decisión  si creemos en el libre albedrío, salvo que seamos deterministas. Se puede aceptar un determinismo metodológico, hasta donde sea posible y no se produzcan deformaciones en los resultados de las investigaciones  sin que exista una decisión ontólogica.

  En ciencia y en filosofía tanto el determinismo  como el indeterminismo tuvieron sus defensores y detractores.

  Poco a poco el azar logró introducirse por las fisuras de la física.

  Bohr propuso el principio de complementariedad. Los fenómenos macrocósmicos son vistos como gigantescas acumulaciones cuánticas. En ellas se cumplen las predicciones probabilísticas asintóticamente. Las lógicas paraconsistentes son útiles para tratar de comprender fenómenos, como el principio de complementariedad, como aparentemente excluyentes.

De acuerdo con el principio de incertidumbre, la determinación de una magnitud trae consigo la indeterminación de otro.

El mismo determinismo macroscópico es estadístico, como un efecto global del comportamiento visto ahora sólo como resultado estadístico, como un efecto global del comportamiento de las partículas. Según Heisenberg, el indeterminismo preside los fenómenos microcósmicos. Como se señaló, la polémica en torno al principio de incertidumbre radica en que si debemos ponerlo en el plano objetivo o sólo en el ámbito de nuestros límites como observadores.

De acuerdo con Prigogine, la introducción del caos nos obliga a generalizar la noción de ley de la naturaleza y a introducir en ella los conceptos reprobabilidad e irreversibilidad, temporalidad, no-linealidad, fluctuaciones, autoorganización.

Aunque se acepte el determinismo epistemológico, aun con el riesgo de una simplificación de los problemas, creo que el reconocimiento del azar en los objetos de estudio de las ciencias naturales, aunque no constituya una prueba, puede, analógicamente, extenderse a las sociales y por ende a las acciones de las personas.

        

Bibliografía general

               Aranguren, José Luis, Propuestas morales, Ediciones                  .        Atalaya, Madrid, 1999

      Bischof, Michael H. Kann ein Konzept der Willensfreiheit auf das Prinzip der alternativen Möglichkeiten verzichten? Harry G. Frankfurts Kritik am Prinzip der alternativen Möglichkeiten (PAP). In: Zeitschrift für philosophische Forschung (ZphF), Heft 4, 200

Dennett, Daniel, Sweet Dreams: Philosophical Obstacles to a Science of Consciousness,Jean Nicod Lecture, Bradford Books. 2005.

Hume, David, Tratado de la naturaleza humana, Editora Nacional, Madrid,  1981.

Klimovsky, Gregorio, Desventuras del conocimiento científico, A/Z, Buenos Aires, 1996.

Lawhead, Willaim F. The Philosophical Journey: An Interactive Approach   McGraw-Hill Humanities/Social Sciences/Languages, Willaim F. The Philosophical Journey: An Interactive Approach McGraw-Hill Humanities/Social Sciences/Languages .

Locke, Ensayo referente a la comprensión humana, Alianza, Madrid, 1991.

Papp, Desiderio y Estrella Jorge, Breve historia de las ciencias, Claridad, Buenos Aires, 1996.

Prigogine,Ilya, Las leyes del caos, Crítica, Barcelona, 2004.

Suppes, P. “Thanscendental Character of Determinism,” Midwest Studies ini Philosophy, 1993.

Spinoza, Baruch, Ethica, FCE, México-Buenos Aires, 1977.

 

Amanda Garma

Universidad de Buenos Aires.

 

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

 

 

 

 

 


 

[1] Lauhead, William, F., The Philosophical Journey. An interactive Approached, McGraw-Hill Humanities/social Sciences/Languages, 1994, p.252.

[2] Ibid.,p254

[3] Ibid., p255

[4] Ibid,  p.252

[5] Locke, John , Ensayo referente ala comprensión humana, Alianza, Madrid, 1991, Cap. XXI, parágrafo 1

[6] Lawhead, Wiliam, op.cit.,p254

[7] Aranguren, José Luis, Propuestas morales, Ediciones Atalaya, Madrid, 1999, pp.32-33

[8] Hartmann, Nicolai, Introducción a la Filosofía, UNAM, segunda edición en castellano, 1969, México, pp.171-179

 

[9] Citado por Dewey, J., La miseria de la epistemología. Ensayos sobre el pragmatismo, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, 2000.

[10] Peirce, Ch., S., “The Doctrine of Necessity Examined” en The Monist 2(1892), Collected Papers of Charles Sanders Peirce ,Cambridge, Mas., 1931-1958p.28. Citados por Hacking I., La domesticación del azar, Gredos, Barcelona, 1995, p.31

[11] Laplace, Pierre, Mecánica celeste, Seuil, Paris, p.17

[12] Novalis, Werke, XX, 3, p.441, nº901

[13] Nieztsche, Morgenröte (nº130), p.131

[14] Prigogine, Ilia,  Las leyes del caos, Crítica, Barcelona, cap.1, p.11

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