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KANT: LA PASIÓN DE LA RAZÓN, por Julián Jesús Martínez López (prof. del IES Carlos Bousoño, Majadahonda)

Cuando Kant toma distancias tanto del escepticismo empirista como del dogmatismo racionalista, está construyendo una de las claves para entender los derroteros de toda la filosofía posterior.

El idealismo trascendental de Kant siempre se ha mencionado como el pensamiento que ha permitido crear una ciencia segura en virtud de los principios puros del entendimiento. Desde el punto de vista ético, se ha considerado el formalismo kantiano como la teoría que sitúa definitivamente a la moral en el individuo autónomo.

Evidentemente, tanto lo primero como lo segundo son cosas ciertas. Kant desarrolla una labor de fijación de límites y, al trazar esos límites, permite el rigor en el interior del área delimitada. Lo vemos de un modo magistral en toda su teoría del conocimiento. Pero la cuestión que a mí más me interesa no es la de detallar escrupulosamente la topografía de esas regiones ya demarcadas (tarea en todo caso necesaria y que tantos estudiosos llevan a cabo). La cuestión que más me preocupa es la siguiente: ¿dónde está la fuente de los límites?, ¿desde dónde se trazan esos límites?, ¿cuál es el punto a partir del cual se generan los límites?.

Cuando filosofamos desde la perspectiva de lo que hay más allá del límite corremos el riesgo de caer en el misticismo. Por supuesto, si tuvieramos que citar a filósofos que deploraron el fanatismo o/y el misticismo encontraríamos a Kant entre los primeros. Eso es algo que debemos alabar. Pero, ¿es de verdad inevitable caer en el misticismo si queremos hablar de lo que está más allá de los límites?,¿hay algún modo de hacer un discurso comprensible, humano, sobre lo que sobrepasa?. En la filosofía del siglo XX varios discursos lo han intentado llevados por lo que se ha considerado como el estancamiento de la razón moderna, aunque no se puede decir que estos intentos hayan satisfecho plenamente. Desde luego no voy a hablar ahora de la "Geviert" heideggeriana o de la "cifra" en Jaspers, entre otros. Me propongo, desde la lectura de Kant, rastrear el modo que él tiene de tratar lo que podríamos llamar "el origen de los límites, que está más allá de los límites". Kant elige el que a nuestro parecer es el único modo de hacer esto: mantenerse en el umbral, en la región fronteriza.

La obra de Kant es el desarrollo de un sistema coherente, un sistema de la razón en su uso teórico y en su uso práctico; pero a los pies de ese sistema hay un torbellino, una tensión que hace posible las categorías, por un lado,y por otro, el imperativo moral.

En varios lugares Kant subraya el carácter singular de la vivencia del tiempo en el ser humano. A parte de la indudable importancia del tiempo como forma a priori de la sensibilidad, Kant afirma la importancia de la conciencia temporal en sus reflexiones antropológicas. Existe una apertura, una estructura abierta en el ser humano. Las reglas de su comportamiento surgen de la propia vivencia de la indefinición humana:

"El tercer paso de la razón-tras haberse entremezclado con las necesidades primarias sentidas de un modo inmediato- fue la reflexiva expectativa de futuro. Esta capacidad de gozar no sólo del momento actual, sino también del venidero, esta capacidad de hacerse presente un tiempo por venir, a menudo muy remoto, es el rasgo decisivo del privilegio humano, aquello que le permite trabajar en pro de los fines más remotos con arreglo a su destino -pero al mismo tiempo es asimismo una fuente inagotable de preocupaciones y aflicciones que suscita el futuro incierto, cuitas de las que se hallan exentos todos los animales (Génesis, III, 13-19)."[Probable inicio de la historia humana,in Ideas para una historia universal en clave cosmopolita y otros escritos... ;pág. 63].

Esta vivencia del tiempo impone una tensión al individuo humano. Nuestra conjetura es que en Kant la razón es el equilibrio inestable a partir del discurrir temporal.

Y bien, ¿dónde están los conceptos o claves interpretativas para apoyar este planteamiento?. Creo que en la razón teórica podemos escoger un abanico de términos que nos serán muy útiles: La idea como concepto limitativo en la Dialéctica trascendental o la noción de noúmeno como concepto negativo en la Analítica trascendental.

También en la razón práctica rastreamos algunos términos que apoyan nuestra conjetura: el juicio moral entendido como una ascética negativa; el juicio moral entendido como tensión y la vivencia de la culpa unida a la noción de mal radical.

Empecemos por la razón en su uso práctico. Podemos observar- el propio Kant lo hace- los vaivenes de la experiencia moral: cómo la voluntad se ve empujada por una violencia que es la de los apetitos. Ello refleja una violencia más profunda, a nuestro parecer, que proviene del umbral desde donde se imponen los límites, comprometida con la infinitud originaria del tiempo.

Kant expresa en La fundamentación de la Metafísica de las costumbres varias veces la experiencia moral como rechazo de lo que excita a las inclinaciones. Por supuesto, eso no quiere decir que Kant proponga una existencia desposeída de bienestar y de felicidad, pero cuando se trata de hablar de la libertad como eje de lo moral no ve otro modo de hacerlo que presentando una pugna con la corriente de los apetitos, sujetos a la causalidad sensible:

" La razón práctica no traspasa sus límites por pensarse en un mundo inteligible; los traspasa cuando quiere intuirse, sentirse en ese mundo. Lo primero es solamente un pensamiento negativo con respecto al mundo sensible, el cual no da ninguna ley a la razón en determinación de la voluntad; sólo en un punto es positivo, esto es, en que esa libertad, como determinación negativa, va unida al mismo tiempo con una (positiva) facultad y aún con una causalidad de la razón, que llamamos voluntad y que es la facultad de obrar de tal suerte que el principio de las acciones sea conforme a la esencial propiedad de una causa racional, esto es, a la condición de la validez universal de la máxima, como una ley. Pero si además fuera en busca de un objeto de la voluntad, esto es, de una causa motora tomada del mundo inteligible, entonces traspasaría sus límites y pretendería conocer algo de que nada sabe.[Fundamentación de la Metafísica de las costumbres,págs. 129-130].

"Contemplar la virtud en su verdadera figura no significa otra cosa que representar la moralidad despejada de todo lo sensible y de todo adorno, recompensa o egoísmo".../../..."...oscurece la moralidad todo lo que aparece a las inclinaciones como excitante."

[Fundamentación de la Metafísica de las costumbres,pág. 80].

Desde esta perspectiva, ser moral es manifestarse libre en un universo que tira de nuestros sentidos. Esto es, una ascética que busca la realización moral por la negativa continua a caer en el egoismo propiciado por los apetitos. El ser humano vive un debate en su fuero interno. Un conflicto que el propio Kant llama "dialéctica natural":

"De aquí se origina una dialéctica natural, esto es, una tendencia a discutir esas estrechas leyes del deber, a poner en duda su validez, o al menos su pureza y severidad estricta, a acomodarlas en lo posible a nuestros deseos y a nuestras inclinaciones."[Fundamentación de la Metafísica de las costumbres, pág. 46].

"Igualmente, como en ese mundo es él, como mera inteligencia, el propio yo (mientras que como hombre no es más que el fenómeno de sí mismo), refiérense esas leyes a él inmediata y categóricamente de suerte que las excitaciones de sus apetitos e impulsos (y, por tanto, la naturaleza en el mundo sensible) no pueden menoscabar las leyes de su querer, como inteligencia, hasta el punto de que él no responde de esos apetitos e impulsos y no los atribuye a su propio yo, esto es, a su voluntad, aunque sí es responsable de la complacencia que pueda manifestarles si les concede influjo sobre sus máximas, con perjuicio de las leyes racionales de la voluntad."[Fundamentación de la Metafísica de las costumbres, págs. 128-129].

"La acción, que es objetivamente práctica según esa ley, con exclusión de todos los fundamentos de determinación por inclinación, se llama deber, el cual, por esa exclusión, encierra en su concepto compulsión (Nötingung) práctica, es decir, determinación a acciones por muy a disgusto que estas ocurran."[Crítica de la razón práctica, pág. 118].

En La religión dentro de los límites de la mera razón Kant alude a la noción de culpa y su relación con la experiencia moral. Evidentemente nos movemos en un terreno resbaladizo ya que podemos caer en alusiones emotivo-religiosas poco explicativas, podemos caer en el misticismo, cosa que Kant ciertamente trataba de evitar. Nuestra opinión es que cuando Kant habla de la culpa lo hace en los estrictos límites de la razón. La culpa queda ligada a la noción de responsabilidad.

"...,y sin embargo nos resignaremos a que no lleva la naturaleza la culpa (si el hombre es malo) o el mérito (si es bueno), sino que es el hombre mismo autor de ello".[La religión dentro de los límites de la mera razón, pág.32].

La experiencia moral surge en la conciencia de que debemos seguir el imperativo categórico resistiendo la fuerza de una posible transgresión. Esto unido al hecho de que el hombre no es perfecto, no es santo, lo cual lo hace ya culpable.

"Que el concepto de la libertad de albedrío no precede a la conciencia de la ley moral en nosotros, sino que sólamente se deduce de la determinabilidad de nuestro albedrío mediante esta ley como mandamiento incondicionado, de eso puede uno convencerse pronto si uno se pregunta si es consciente de modo seguro e inmediato de una facultad de poder vencer mediante un firme propósito todos los motivos- por grandes que sean- que impulsan a la transgresión ('Phalaris licet imperet, ut sis falsus, et admoto dictet perjuria tauro'). Todo el mundo tendrá que confesar que no sabe si, llegado el caso, no vacilaría en su propósito. Sin embargo, el deber le manda incondicionadamente, a saber: que él debe permanecer fiel a aquel propósito; y de ello concluye él con razón que tiene que poder también y que por lo tanto su albedrío es libre."[La religión dentro de los límites de la mera razón,pág.208, nota de Kant nº 18].

Dado que nos esta vedado el conocimiento absoluto de nuestra pureza de intención, dado que desde nuestra existencia sensible no se puede realizar la santidad (moral, en términos kantianos), hemos de vivir nuestra experiencia moral con "temor y temblor".

"...(incluso la experiencia interna del hombre en él mismo no le permite penetrar las profundidades de su corazón de modo que pudiese alcanzar por autoobservación un conocimiento totalmente seguro acerca del fundamento de las máximas que reconoce como suyas y acerca de la pureza y firmeza de las mismas)."[ La religión dentro de los límites de la mera razón, pág. 69].

"...: quien posee una intención tan pura como es preciso sentirá ya por sí mismo que no puede nunca caer tan bajo que vuelva a amar el mal; pero con tales supuestos sentimientos de origen suprasensible la cosa está sólo precariamente dispuesta; en nada se engaña uno más fácilmente que en aquello que favorece la buena opinión acerca de sí mismo. Tampoco parece que sea siquiera conveniente ser estimulado a una confianza tal, sino que parece más provechoso (para la moralidad) 'crear la propia beatitud con temor y temblor' (palabra dura que, mal entendida, puede empujar al más tenebroso fanatismo); pero sin ninguna confianza en la propia intención una vez adoptada difícilmente sería posible una constancia para continuar en esa intención." [La religión dentro de los límites de la mera razón, pág. 73].

La razón en su uso teórico, al especular desde su tendencia natural sobre lo incondicionado, desarrolla las antinomias de la razón. Kant habla de la metáfora del combate entre guerreros:

"Como jueces imparciales debemos prescindir de si los combatientes luchan por una buena o por una mala causa, dejando que decidan la cuestión entre ellos. Acaso vean por sí mismos, una vez que estén más agotados que heridos, la nulidad de su lucha y se separen como buenos amigos."[Crítica de la razón pura,pág.393, B 451].

La aclaración de lo que es la antitética nos permite también ver que se trata de provocar a partir de un conflicto (Widerstreit), un equilibrio.

"La antitética no se ocupa, pues, de afirmaciones unilaterales, sino que considera los conocimientos generales de la razón teniendo sólo en cuenta el conflicto que los enfrenta entre si y las causas del mismo."[Crítica de la razón pura, pág.391. A 421].

Ante esta situación de la razón debemos adoptar una actitud crítica, que se caracteriza por su antidogmatismo, por la moderación en los resolución de los juicios. Es conciencia de finitud, humildad científica que creemos pareja a lo que supone en la ética la imperfección humana, y la conciencia de la misma: la culpa.

Así reconoce Kant la "debilidad" del científico:

"Sin embargo, es conveniente que un ser que reflexiona e investiga dedique algún tiempo exclusivamente al examen de su razón, evitando toda parcialidad, exponiendo abiertamente a otros las propias observaciones con el fin de que estos den su opinión sobre ellas. Si tenemos en cuenta esa conveniencia, a nadie se puede reprochar, ni menos prohibir, que presente argumentos y contraargumentos tal como se pueden defender, sin temor de ninguna amenaza, ante un tribunal que esté constituido por miembros pertenecientes al mismo estamento que el de quien los presenta, es decir, ante hombres débiles."[Crítica de la razón pura,pág. 428. A 476 - B 504].

La suprema unidad de la razón como fuerza reguladora hace posible que la ciencia, manteniéndose en sus márgenes, se arriesgue hacia su continua ampliación con éxito. El uso recurrente de la hipótesis, bajo la garantía de lo empírico, es propiciado por esta unidad de la razón.

Considerando esto, se plantea una pregunta: ¿Sobre qué se asienta dicha unidad de la razón?.¿Cuál es su fundamento último?. Kant responde con una incógnita. Es algo incognoscible. Pero al hablar del límite hablamos oblicuamente de este elemento insondable.

"El objeto trascendental que sirve de base a los fenómenos, así como la razón de que nuestra sensibilidad este sometida a tales condiciones supremas, en lugar de estarlo a otras, son y permanecen para nosotros inescrutables; aunque la cosa misma esté dada, no es comprendida."[Crítica de la razón pura, pág. 513. A 614 - B 642].

Podemos decir que hay una agonística de la razón en Kant que ocupa el espacio de desarrollo de lo que después será una Lógica de las ilusiones (La Dialéctica trascendental). Así es como Kant habla del límite. Ningún resultado del conflicto es definitivo. Si así se dice se incurre en una apariencia ilusoria.

Apuntamos para un próximo estudio la pertinencia de ahondar en las consideraciones de Kant sobre el tiempo como elemento importante para entender el camino agonístico que da lugar a las ilusiones de la Dialéctica trascendental. La razón, como facultad puramente inteligible, no esta sometida al tiempo, pero el único modo de poder hablar de ella como tal es desde la tensión donde se halla la frontera del tiempo, frontera que es ella misma tiempo.

"En cuanto facultad puramente inteligible, la razón pura no se halla sometida a la forma del tiempo, como no lo está, consiguientemente, a las condiciones de la serie temporal."[Crítica de la razón pura, pág. 475. A 552 - B 580].

Terminamos con una cita de Kant que expresa la tarea de la filosofía como un saber de límites, pero quizá lo difícil sea, una vez en el "limes", aguantar el vértigo de los acantilados:

"Sólo esa crítica puede confinar todas nuestras pretensiones especulativas al campo de la experiencia posible, no con insípidas burlas sobre las tentativas, una y otra vez fallidas, de nuestra razón, o con piadosos lamentos sobre las limitaciones de la misma, sino señalando sus fronteras con precisión, según principios seguros, y fijando con la mayor confianza, el 'nihil ulterius' en las columnas de Hércules que la misma naturaleza ha levantado con el fin de que el viaje de nuestra razón sólo llegara hasta donde alcanzan las permanentes y continuas costas de la experiencia. No podemos abandonar estas costas, si no queremos aventurarnos en un océano que carece de orillas y que, con sus horizontes siempre engañosos, nos obliga, al final, a dar por perdido todo el penoso y prolongado esfuerzo."[Crítica de la razón pura, pág. 360. A 396].

 

OBRAS DE KANT CITADAS

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-Crítica de la razón pura.Ed. Alfaguara. Madrid, 1978.

-Crítica de la razón práctica.Ed. Espasa-Calpe. Madrid, 1984.

-Fundamentación de la metafísica de las costumbres.Ed. Espasa-Calpe. Madrid, 1983.

-La religión dentro de los límites de la mera razón. Ed. Alianza Editorial. Madrid, 1986.

-Ideas para una historia universal en clave cosmopolita y otros escritos sobre Filosofía de la Historia. Ed. Tecnos. Madrid, 1987.

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