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REFLEXIONES ENTORNO A LA GUERRA EN AFGANISTÁN.

Por Simón Royo Hernández.

siroyo@rocketmail.com

 

I.

 

HISTORIA POLÍTICA DEL AFGANISTÁN MODERNO: DESDE LAS INVASIONES BRITÁNICAS HASTA LA GUERRA DEL SIGLO XXI.

 

El Afganistán moderno surgió, en 1747, al lograrse la unificación del país, cuando una Asamblea de jefes locales eligió Shah a Ahmad Durrani, jefe militar que había estado al servicio de los soberanos persas. El nuevo Shah tuvo que materializar esa unidad por medios militares, consolidando las fronteras nacionales. Durante los siglos XVIII y XIX la Rusia zarista estaba interesada en Afganistán como baluarte para contrarrestar al Imperio Otomano, ya en el siglo XIX los británicos lucharon contra los afganos al considerar su territorio como baluarte de insurrectos contra su dominación de la India, la primera guerra anglo-afgana (1839-1842), que el Reino Unido perdió, reafirmó la posición prorusa del entonces gobernante Dost Mohamed Shah. Este rey pretendió aumentar su influencia en el norte de la India, donde fomentó rebeliones antibritánicas. Al consolidarse su posición con su hijo Shere Alí Shah, los ingleses volvieron a invadir. Resultado de la segunda guerra anglo-afgana (1878-1880), fue el que la dinastía Durrani fuese depuesta y Afganistán despojado de los territorios situados al sur del Khyber (incluso el paso), que pasó a ser gobernado por un emir impuesto por los ingleses, con lo que ya no tuvo el dominio de su política exterior. Años después, Afganistán recibió de los ingleses la estrecha faja que prolonga su territorio hasta la frontera con China. Con esto se evitó que los dominios rusos e ingleses tuviesen una frontera común. Fue así convertido en Estado bisagra entre Rusia e Inglaterra o tapón entre dos Imperios, británico y zarista, trazándose demarcaciones territoriales de manera arbitraria, dividiendo a pueblos seminómadas que no las reconocían y que las cruzaban con sus rebaños.

 

El país consiguirá liberarse del protectorado británico en 1919, luego de una tercera guerra anglo-afgana, que duró cuatro meses. (De ahí que Robert Fisk haya denominado “cuarta guerra anglo-afgana” al ataque estadounidense de Afganistán del año 2001. En: La matanza de inocentes refuerza la opinión de que se trata de una guerra contra el Islam. The Independent 15-10-2001). El líder de la independencia fue Amanullah Kan, nieto del emir impuesto por los británicos. Desde el gobierno se propuso modernizar el país y fue el suyo el primero en el mundo en establecer relaciones diplomáticas con la Unión Soviética. Fue derrocado en 1929 por el clan de los Mohammedzai (descendientes de la dinastía destronada en 1879) que coronaron a Mohamed Nadir Sha. La Constitución de 1931 reconoció el poder de los jefes locales y creó un sistema que no fue impugnado hasta 1953.

 

Mohamed Daúd Kan (primo y cuñado del rey) fue designado primer ministro ese año. Nacionalizó servicios, construyó sistemas de riego, caminos, escuelas y presas hidroeléctricas (con ayuda financiera de los Estados Unidos), abolió la obligatoriedad del uso del chador (velo) para las mujeres, reorganizó las fuerzas armadas (con ayuda soviética) y se mantuvo neutral en la guerra fría. No tocó la estructura de la propiedad agraria y será obligado a dimitir en 1963. Durante el período siguiente, de predominio de las fuerzas tradicionalistas, fue fundado en la clandestinidad el Partido Democrático del Pueblo Afgano (PDPA), que en 1965 organizó las primeras manifestaciones antimonárquicas, mientras el rey Zahir Sha y los notables discutían una nueva Constitución. En poco tiempo el PDPA se dividió entre el grupo Jalq (compuesto por la etnia tadjik o afgano-persa) que preconizaba una revolución basada exclusivamente en la alianza obrero-campesina, y los adherentes del Parcham (de la etnia pushtu) que buscaban una amplia unión popular con participación de los intelectuales, la burguesía nacional, las clases medias urbanas y los militares. En 1973 derrocaron al rey Zahir Shah y llevaron a Mohamed Daúd a la presidencia. Con apoyo del PDPA se proclamó la República.

 

En 1964 se había desarrollado en Afganistán lo que para algunos era una especie de monarquía parlamentaria, reinando Mohammad Zahir desde 1933. Aprovechando la salida del rey a Roma, en 1973 se declararía la República de Afganistán (73-78), tendente a relacionarse con otros países árabes para mantenerse al margen de la dependencia ya de la URSS ya de los Estados Unidos; quedando el monarca exiliado en Italia, pero su dirigente Daud Khan, primo y cuñado del rey, tuvo un giro monarquico apoyándose en varios miembros de la familia real, lo que llevo a los dos partidos de izquierda mayoritarios a unirse para hacer frente a tal movimiento. Daud Khan y buena parte de la familia real, que fueron luego asesinados, permaneciendo el rey Zahir en el exilio; con lo que el 27 de abril de 1978 se proclamaría la República Democrática de Afganistán. M.Taraki fue elegido presidente del Consejo Revolucionario y secretario general del combinado de izquierda partido del pueblo y partido Banner que acabarían fundiéndose en el partido democrático del pueblo. Los líderes del nuevo gobierno insistieron en que no eran marionetas de la URSS y proclamaron su política basada en el nacionalismo, los principios islámicos, la justicia socioeconómica y el no alineamiento con los bloques ni la intromisión en asuntos extranjeros; de ahí que Taraki promulgara una serie de reformas que incluían la eliminación de la usura, la igualdad de derechos para las mujeres y el reparto de tierras. H.Amin sucedió a M.Taraki como primer ministro en 14 de septiembre de 1979. Amin introdujo cambios como la eliminación de la dote, la alfabetización sobre valores secularizantes o la reforma agraria, y conmovió la estructura de poder de los señores feudales y los dirigentes religiosos. En febrero de 1978 el embajador de Estados Unidos había sido secuestrado y asesinado; Estados Unidos interrumpió sus programas de ayuda económica y aumentó su hostilidad hacia un gobierno al que calificó de prosoviético, y el 24 de diciembre de 1979 comenzaba la invasión soviética, que llegaría a instalar 100.000 soldados en el país y la resistencia de los mujaidines, que se extendería a todo el país, contando además con voluntarios de otros países árabes (como Arabia Saudí, Irán y Pakistán, entre los que se encontraría Osama Ben Laden, preparado y financiado por la CIA estadounidense para hacer frente a los soviéticos) financiados por Arabia Saudí para “combatir a Satán”. El general Zia-Ul-Haq dictador de Pakistán, recibiría un sólido respaldo de Washington y Londres a lo largo de sus 11 años de dictadura. Durante su gobierno (1977-1989) se crearía una red de madrasas (escuelas coránicas e internados religiosos) financiadas por el régimen saudí de las que saldrían voluntarios para Afganistán, donde también aflorarían las madrasas como centros de islamización.

 

Del partido del pueblo y de la facción Banner saldrían, según algunos, la facción títere de los soviéticos que instaurarían un gobierno comunista satélite con el nombramiento del presidente Brabak Karmal primero, Sultan Ali Keshmant después, y finalmente, Mohammed Nahibullah (1987, con quien empezó el cese el fuego, la amnistía de prisioneros y las negociaciones para la retirada de las tropas soviéticas), mientras que para otros se trataría de unos gobiernos realmente comunistas y de una invasión soviética semejante a la de la Primavera de Praga. Por tanto, según una versión, el enfrentamiento se producía entre las guerrillas islámicas anticomunistas y el gobierno pro-soviético, según otra, entre el intento afgano de llevar adelante un comunismo autóctono y antitotalitario y los impedimentos de la URSS. Los demás, quienes no participaron en el nuevo gobierno, o fueron asesinados, como Taraki, o se sumarían a la resistencia hasta la expulsión de los soviéticos. Estados Unidos, Reino Unido y China proporcionarían armas a los rebeldes a través de Pakistan, y sobre todo los misiles Stinger, proporcionados por los Estados Unidos provocaron grandes reveses a las tropas soviéticas. El Politburo soviético aprobó una campaña de reconciliación en Afganistán en 1986. Una nueva Constitución de 1987 volvió a cambiar el nombre del país a República de Afganistán reafirmando su posición no-alineada dentro de la guerra fría. Los acuerdos de paz fueron finalmente firmados en abril de 1988, tras la mediación de la ONU, y con la participación de Estados Unidos, la Unión Soviética, Afganistán y Pakistan, se decidió devolverle al país el estatus de país no alineado. Se cambió el nombre PDPA por el de Partido Watan (Partido de la Patria). Ese mismo año Gorbachov ordena la paulatina retirada de las tropas soviéticas de Afganistán y el último soldado soviético abandonó el país el 15 de febrero de 1989. Sin embargo, la guerra civil siguió a la retirada de los soviéticos.

 

En 1992, tras la caída del gobierno comunista de Nahibullah, quien fue destituido y tuvo que refugiarse en la sede de la ONU, y tras la toma de Kabul por las guerrillas, una coalición de grupos islámicos, formada por ex rebeldes de las guerrillas, líderes religiosos e intelectuales, accedió al gobierno y proclamó un gobierno de transición: la República islámica; formado por cuatro vicepresidentes. Las autoridades anunciaron su disposición de negociar con los grupos rebeldes que no se apaciguaban y se entrevistaron, a las puertas de la capital, con el comandante Ahmed Sha Massud, del Jamiat-i-Islami, comandante de la futura Alianza Norte y que será asesinado por sicarios de Ben Laden antes del atentado de las Torres Gemelas del 2001 y de la guerra de Estados Unidos contra la nación.

 

Desde Pakistán, Gulbudin Hekhmatyar, jefe del grupo fundamentalista Hezb-i-Islami, amenazó con iniciar el bombardeo de la capital si no renunciaba Massud al gobierno. El presidente provisional Abdul Rahim Hatif dijo que el gobierno sería transferido a una coalición de todos los grupos rebeldes y en los días siguientes, fuerzas de Massud y de Hekhmatyar entraron en combate dentro mismo de Kabul. Un gobierno interino bajo el liderazgo de Sibgatullah Mojadidi asumió el poder, sobre fines de abril. La alianza de grupos musulmanes moderados encabezada por Ahmed Sha Massud, nombrado ministro de Defensa del nuevo gobierno, ganó el control de la capital, expulsando a los fundamentalistas islámicos encabezados por Gulbudin Hekhmatyar. Pakistán, Irán, Turquía y Rusia fueron los primeros países en reconocer al nuevo gobierno afgano. El 6 de mayo de 1992, el Consejo Interino disolvió formalmente al Partido Watan que había gobernado el país desde 1978.

 

Algunos cambios mostraban la intención del gobierno de introducir en el país la ley islámica: se prohibió la venta de alcohol y se intentó imponer nuevas reglamentaciones que obligaran a las mujeres a cubrirse la cabeza y a usar las ropas tradicionales del islamismo, comenzando el proceso de islamización al que acabarían oponiéndose otras facciones armadas. A fines de mayo, la mayoría de los grupos rebeldes afganos, el Hezb-i-Islami y el Jamiat-i-Islami inclusive, anunciaron un acuerdo de pacificación. El punto principal de convergencia fue la realización de elecciones en el plazo de un año y la salida de Kabul de las milicias del ministro de Defensa, Ahmed Sha Massud, y las uzbekas de Abdul Rashid Dostam. Pocos días después, el presidente Modjadidi escapó milagrosamente de un atentado. El 31 de mayo fue rota la tregua entre las dos principales facciones guerrilleras. En los primeros días de junio, la capital afgana se había convertido otra vez en campo de batalla entre las tropas de Hezb-i-Islami y Jamiat-i-Islami. En una semana de combates se registraron 5.000 muertos. Kabul presentaba el espectáculo de una ciudad devastada por la guerra. El 28 de junio Mojadidi dejó la presidencia en favor del líder de Jamiat-i-Islami, Buranuddin Rabbani. Hekhmatyar continuó la lucha contra Kabul, exigiendo el retiro de Massud y de las milicias de Abdel Rashid Dostam. Este había sido miembro del gobierno comunista, del cual defeccionó para unirse a las guerrillas musulmanas que tomaron el poder. En marzo de 1993, dirigentes de ocho facciones rivales anunciaron la firma de un acuerdo de paz en Islamabad, Pakistán. En el acuerdo -auspiciado por el primer ministro pakistaní, Nawaz Sharif- Rabbani y Hekhmatyar resolvieron compartir el poder por un lapso de 18 meses, hasta la celebración de elecciones. Rabbani mantendría su cargo de presidente y Hekhmatyar asumiría como primer ministro. El poderoso general Abdul Rashid Dostam, cuyas milicias controlaban gran parte del norte del país, no participó de la conferencia de paz. El 17 de junio Hekhmatyar asumió como primer ministro. Massud renunció al Ministerio de Defensa, y éste quedó en manos de una comisión multigrupal. El primer ministro fijó su residencia lejos de la capital. Pocos días después, tropas leales a Hekhmatyar bombardearon Kabul. En enero de 1994, las milicias de Dostam, aliadas con el primer ministro Hekhmatyar, iniciaron una ofensiva contra la capital. La lucha entre ambos grupos siguió desintegrando el Estado central. Kabul permaneció dividida en zonas controladas por grupos rivales. La violencia estaba generalizada y los Talibán se irían decantando como los únicos capaces de restaurar la calma.

 

La división de Afganistán es en parte el resultado de las rivalidades entre varios países de la región, como Irán, Arabia Saudita, Uzbekistán, Pakistán o Rusia, que intervienen directa o indirectamente en la guerra civil. Otros, menos implicados, ven sin embargo con preocupación el crecimiento del fundamentalismo islámico en el país por la influencia que podría tener en regiones musulmanas que controlan. Así, China teme que el islamismo se difunda en Sinkiang e India en Cachemira.

 

En 1995, el surgimiento del grupo armado Talibán (estudiantes, en persa) en el sur de Afganistán modificó el curso de la guerra. Estos guerrilleros, formados en Pakistán, tienen por objetivo crear un gobierno islámico unido en Afganistán y contarían con el apoyo de amplios sectores de la sociedad, en particular en las regiones habitadas por pushtus. Este apoyo y una ayuda exterior --que tal vez provenga de los servicios secretos pakistaníes-- les permitió conquistar Qandahar y algunas provincias vecinas. Cuando en 1996 los talibán conquitan la capital, castraron al expresidente comunista Mohamed Najibullah y luego lo colgaron de una señal de tráfico con la boca llena de billetes. Hasta los primeros meses de 1997 la situación permaneció incambiada, pero a fines de mayo Dostam intentó abandonar su alianza con el desplazado presidente Burhanuddin Rabbani y asociarse a las milicias del Talibán. Pero la nueva alianza duró apenas dos semanas y los avances realizados por las fuerzas de Kabul fueron rápidamente revertidos. Ahmed Shah Masud, ex jefe militar de Rabbani se convirtió en el eje de la nueva alianza anti Talibán.

 

A los nuevos dirigentes de la que fuese la República islámica de Afganistán, versión sunní del experimento chiíta que en 1979 derrocó al Sha de Persia e instauró la República islámica de Irán, se les acabó denominando como Los Talibanes (el credo talibán es una rama islámica ultrasectaria, inspirada por la secta wahabí que gobierna Arabia Saudita) cuyo celo religioso iría progresivamente en aumento, como muestran las mutilaciones públicas y a la prohibición de cualquier actividad laboral a la mujer, a la que se obligó a llevar el burka o velo con rejilla. La historia subsiguiente hasta el atentado perpetrado por la organización de Osama Ben Laden y la posterior guerra ya nos es más conocida.

 

 

II.

 

VIOLENCIA, TERRORISMO, REFORMA Y REVOLUCIÓN.

 

Respecto a la Comuna de París Trosky pensaba que su fracaso se debió a la carencia de un partido centralizado que dirigiese con voluntad de hierro a las masas proletarias. Eran otros tiempos y ni siquiera los socialistas creían en que los hombres (no sólo los proletarios) pudieran dirigir sus propias vidas directamente sin necesidad de intermediarios. La experiencia de los funcionarios de la URSS nos es de sobra conocida y se impone en la actualidad una visión igualitaria de conjunto, sin escisiones entre proletarios y burgueses, o entre las masas y el partido, entre dirigentes y dirigidos. Pero para eso lo mejor es que no haya jerarquías, que siempre entrañan corrupción y abuso de poder.

 

En la era de la globalización sólo la democracia directa resulta ya admisible para los individuos, pues la tecnología lo permite. El caso de Internet rompe con la principal objeción clásica a una democracia directa: el argumento de que no se podría reunir en asamblea a millones de personas. Y bobadas como El Gran Hermano muestran que igualmente podríamos estar conectados al Parlamento (¿mundial?) votando leyes y echando de sus cargos a los diputados incompetentes, que no a veinte desgraciados en busca de fama y dinero fácil. El pueblo no es borrego cuando tiene al alcance el no serlo, muestra de ello es también el uso de los ordenadores, que se ha extendido enormemente sin que nadie dijera que el pueblo era demasiado estúpido como para aprender a mandar un e-mail (si bien hay muchas gentes y países que se están quedando fuera, lo que agrandará la desigualdad). Lo que nos iguala con los demás seres humanos, nuestra común naturaleza, está rodeada de innumerables diferencias culturales, que algunos quieren irreconciliables.

 

Es por eso el momento de recordar a Samuel Huntington y su tesis sobre el choque de las civilizaciones, que viene a decir que en el futuro no habrá conflicto de proximidad y de soberanía, ya que las convulsiones actuales habrán acabado con los conflictos puramente nacionalistas. Iremos hacia una reagrupación de civilizaciones enteras, algunas de las cuales buscarán el enfrentamiento. El blanco principal será Occidente y sobre todo Estados Unidos. “Hace unos años, Enzensberger escribió en Perspectivas de guerra civil que los conflictos bélicos van siendo cada vez menos entre Estados y más entre tribus o bandas dentro del Megaestado global en el que ya vivimos. Porque ese es el verdadero intríngulis de la cacareada globalización: que hoy padecemos ya una sociedad planetariamente estatuida, un Estado mundial en el que faltan, sin embargo, leyes comunes, controles internacionales, tribunales a los que recurrir contra los abusos, garantías y derechos reconocidos a todos, protección social, instituciones democráticas de alcance similar a las ambiciones económicas de los grupos multinacionales. El Estado de bienestar no es un error que debe ser descartado para agilizar la especulación bursátil y la maximización de beneficios, sino un proyecto que tendría que aspirar a su verdadera escala planetaria” (Fernando Savater Armagedón. El País 13-9-2001). Según el italiano Giovanni Sartori diferentes religiones y culturas del mundo son más integrables que otras en nuestra sociedad occidental, en la “sociedad abierta”. La sociedad multiétnica, de Giovani Sartori es un libro que plantea una serie de cuestiones relativas a la inmigración, con reflexiones que debiera hacerse hoy en día todo el mundo. La obra analiza los casos en que el respeto a la cultura del inmigrante entra en conflicto no ya con las costumbres del país que le acoge, sino también con las leyes, con los derechos fundamentales de la persona y con la dignidad humana. El anti-islamismo de Sartori es meditado y juicioso, y aunque podamos no considerarlo de recibo, por diversas objeciones a sus tesis, sobre todo a la de la identidad preferente del anfitrión (Cfr.Entrevista a G. Sartori, El País 8 de abril de 2001); cuando, al contrario, la tradición republicana propuso siempre el espacio público como espacio de neutralidad en el que podrían convivir todas las tradiciones. Sartori arremete contra los defensores republicanos de la noción de ciudadanía: “Creo que los ciudadanistas, quienes siguen creyendo que la integración es una cuestión de mera concesión de la ciudadanía, están cometiendo un grave error. Los papeles no equivalen a integración. Conceder sin más la ciudadanía a personas que en gran parte vienen dispuestas a no integrarse y que acaban formando grupos o tribus de no integrables, y así fácilmente grupos de presión en contra precisamente de la sociedad abierta que aceptó acogerlos, es uno de los inmensos errores que se están cometiendo. Esos grupos que no quieren integrarse crean compartimentos estancos en la sociedad que rompen el principio de igualdad ante la ley que las sociedades que vivimos en pluralismo hemos creado durante siglos. Hay culturas que niegan los principios en los que nosotros vivimos y nosotros hemos de ser tolerantes, como antes dije, pero sólo ante la reciprocidad de la tolerancia. El respeto a la identidad del anfitrión debe ponerse como condición para una integración. La alternativa es la desintegración y el conflicto de culturas” (Sartori Ibid.). Sin embargo el espacio público se supone que es un espacio sin identidad, que la identidad del anfitrión sería tan privada como la del huésped. Resulta al menos sorprendente que buena parte del movimiento izquierdista, tras la caída del muro de Berlín, se haya volcado sobre la etnicidad, olvidando que el comunismo era la continuación del proyecto ilustrado, un camino usurpado por el liberalismo (o del que quizá éste sea una fase transitoria) y optando por un retorno rousseauniano a los orígenes tribales. Sin embargo nunca se vio a Marx reivindicar sus raíces, ni el judaísmo, ni mucho menos su pertenencia al Estado prusiano (primer Reich; imperialismo), sino que terminó viviendo como apátrida en Londres, tras ser privado de su nacionalidad alemana y luego expulsado de Francia.

 

Tras la desaparición de la URSS, los ciudadanos de la Federación Rusa retornaron al expediente cultural, los chechenos se acordaron que eran musulmanes y los rusos que había que realizarle honras fúnebres al Zar Nicolás II y potenciar la Iglesia cristiana ortodoxa. Resulta que durante 70 años se habían olvidado de sus filiaciones integristas y, tras la desmembración del poder y del proyecto soviético, retornaron a ellas como si fuesen el único reducto defensivo restante frente a la victoria y hegemonía total del capitalismo. Con ello el comunismo desaparecía y iba siendo paulatinamente sustituido por el comunitarismo étnico, el cual ha ido oscilando hacia el integrismo y el racismo, a pesar de partir de un republicanismo aristotélico.

En España el asunto se complica ya que nunca ha conseguido un grado de unificación semejante al de otros países, un espacio potente y neutro en el que convergiesen todas las divergencias, de ahí que sus fuerzas no hayan llegado nunca a confluir del todo en un espacio público común y generalizado. Si en el siglo pasado ya podía decirse lo de: Spain is different, todavía sigue el adagio vigente: “La monarquía absoluta en España, que sólo por encima se parece a las monarquías absolutas europeas en general, debe ser clasificada más bien entre las formas asiáticas de gobierno. España, como Turquía, siguió siendo una aglomeración de repúblicas mal administradas con un soberano nominal a la cabeza” (Marx, La Revolución en España, Progreso, Moscú, 1974, p.13. La España revolucionaria, New York Daily Tribune 9 de septiembre de 1854).

 

Para que pueda haber una ciudadanía contra la etnicidad, un espacio público que limite y acepte todos los espacios privados sin permitir ningún vestigio de exclusión en su seno, la ciudadanía habrá de desvincularse de su definición tribal por nacimiento, lengua, costumbres, y concebirse de acuerdo con el artículo 2º de la Declaración de Derechos del Hombre (1948): “1. Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”. Así, cuando los miembros de una religión africana realizan la ablación de clítoris en Francia, el gobierno los detiene y los juzga, pero no por pertenecer a una determinada etnia o religión, sino por el delito de mutilación. No importa si el delito lo comete un Yakuza japonés cortándose el dedo meñique, o un bestia rociando de gasolina y prendiéndole fuego a su ex mujer, o un talibán afgano, o un saudí que le corta la mano a un ladrón, no son las formas privadas de creencia o ideología lo que está (o debe estar) prohibido y perseguido por la Ley, sino los delitos, como la mutilación, la agresión o el asesinato; se persigue, entonces, el delito, y no la creencia que lo pudiera promover. Así, cuando alguien es detenido como terrorista, no es detenido en cuanto terrorista vasco, daría igual que fuese un terrorista islámico, el delito sería el mismo, ASESINATO. No es delito (o al menos no debería serlo en una sociedad de libertad de creencias) el profesar idearios nacionalistas (bíblicos, ufológicos, nazis, demócratas o de cualquier otra índole), como lo sería el que por esos u otros motivos cualesquiera se queme gente o se pongan bombas.

 

Más allá de las reflexiones críticas pero no insultantes de Huntington o Sartori tenemos a Berlusconi y a Oriana Fallaci, esta última una periodista de un feminismo rabioso donde los haya, siempre con ganas de patear la entrepierna del otro género, cuyo anti-islamismo es ya una sarta de injurias ad hominem que avergüenzan al bando desde el que se hacen, más que darle la razón. Sus insultos, producto de su ignorancia hacia tradiciones que nos son ajenas, llegan hasta hacer revivir el racismo militante hacia los portadores de una confesionalidad, cuya complejidad no llega a vislumbrar; y a creerse, esta italo-americana, la heredera por excelencia, ¡con su prosa vulgar y soez!, de gentes como Homero y Dante, al que considera superior a Omar Khayyam, como si fuera ella quién para juzgar sobre semejantes hombres. Pero juzga mucho O.Fallaci, no sólo a los grandes hombres y a lo que debemos considerar valioso o detestable de cada cultura, (tiempos perversos donde semejantes dictámenes son los periodistas quienes los hacen), sino que condena a todo el Islam, por ser algo así como perros asquerosos y pasa sin solución de continuidad del dudoso deber de matar a Osama Ben Laden a la sugerencia del dudosisimo deber de exterminar a toda una raza (sic) o confesionalidad, identificando al singular con el plural: “Porque la verdad es que lo pretenden. Osama Bin Laden afirma que todo el planeta Tierra debe ser musulmán, que tenemos que convertirnos al Islam, que por las buenas o por las malas él nos hará convertir, que para eso nos masacra y nos seguirá masacrando. Y esto no puede gustarnos, no. Debe darnos, por el contrario, razones más que suficientes para matarle a él. (…) Yo no voy a cantar padrenuestros y avemarías ante la tumba de Mahoma. Yo no voy a hacer pipí en el mármol de sus mezquitas ni a hacer caca a los pies de sus minaretes. (…) A veces, en vez de dichas imágenes, veía otras, para mí simbólicas (y por lo tanto, indignantes), de la gran tienda con la que, el verano pasado, los musulmanes somalíes hollaron, ensuciaron y ultrajaron durante tres meses la plaza del Duomo de Florencia. Mi ciudad. Una tienda levantada para censurar, condenar e insultar al Gobierno italiano que les albergaba, pero que no les concedía los visados necesarios para pasearse por Europa y no les dejaba introducir en Italia la horda de sus parientes: madres, abuelos, hermanos, hermanas, tíos, tías, primos, cuñadas encinta e, incluso, parientes de los parientes. Una tienda situada al lado del bello Palacio del Arzobispado, en cuyas escalinatas dejaban sus sandalias o las babuchas que, en sus países, alinean fuera de las mezquitas. Y junto a las sandalias y a las babuchas, las botellas vacías de agua con la que se lavaban los pies antes de la oración. Una tienda colocada frente a la catedral con la cúpula de Brunelleschi y al lado del Bautisterio con las puertas de oro de Ghiberti. (…)Gracias a una grabadora, los gritos de un vociferante muecín que puntualmente exhortaba a los fieles, ensordecía a los infieles y tapaba el sonido de las campanas. Y junto a todo esto, los amarillos regueros de orina que profanaban los mármoles del Bautisterio (¡qué asco! ¡Tienen la meada larga estos hijos de Alá! ¿Cómo hacían para llegar al objetivo, separado de la verja de protección y, por lo tanto, distante casi dos metros de su aparato urinario?). Junto a los regueros amarillos de orina, el hedor de la mierda que bloqueaba el portón de San Salvador del obispo, la exquisita iglesia románica (del año 1000) que se encuentra a la espalda de la plaza del Duomo y que los hijos de Alá habían transformado en un cagatorio. Lo sé de primera mano. (…) En el atrio de la iglesia de San Lorenzo, donde se emborrachan con vino, cerveza y licores, raza de hipócritas, y donde profieren todo tipo de obscenidades a las mujeres. (El verano pasado, en ese atrio, me las dijeron incluso a mí, que soy ya una mujer mayor. Y, como es lógico, les planté cara. Sí, sí les planté cara. Uno sigue todavía allí, doliéndole los genitales)” (Oriana Fallaci. La rabia y el orgullo II: Los hijos de Alá. Rehenes estadounidenses. El Mundo 1-10-2001). (Cfr. Oriana Fallaci. La rabia y el orgullo (I, II, III). El Mundo 30-9-2001; 1-10-2001 y 2-10-2001 respectivamente; originalmente publicado en Corriere de la Sera).

 

A Oriana Fallaci la han contestado adecuadamente varios intelectuales, como Rafael Sánchez Ferlosio, que ponía de manifiesto que a la italiana: “Sanchez Dragó le aplica el dicterio de ‘psicópata’; más ajustado habría sido, a mi entender; ver esta especie de ‘sermón escatológico’ como el producto de un ataque extremadamente virulento del más desaforado enyosamiento narcisista. Para rematar a la manera de mi amigo Fernando, que terminaba su artículo diciendo: ‘¡Viva Mussolini!’, diré a mi vez: ¡Allah akbar!” (Carta a El Mundo, 4-10-2001). También Umberto Eco contestaba (El País 14-10-2001: Pasión y razón. Originalmente publicado en La Republicca), quien no obstante descartar ligeramente a las invectivas de Fallaci o Berlusconi como algo “secundario” producto de “conclusiones pasionales dictadas por la emoción del momento” se muestra preocupado por el calado de ese discurso en los jóvenes y partidario de poder calificar a la cultura Occidental como ‘mejor’ hoy que otras, (en un análisis que no puede ser histórico, sino contemporáneo, ya que Occidente fue también Hitler y el fascismo), en virtud de que actualmente es la que más admite la autocrítica y la revisión de los propios presupuestos, es decir, en virtud de la “crítica de los parámetros, que Occidente persigue y anima”. Luego indica que a los niños se les miente al decirles que todos somos iguales, porque en realidad todos somos también diferentes, y por tanto, no sólo hay que aprender en la escuela lo que tenemos en común, sino también a conocer y así poder valorar y respetar cuando son respetables, las diferencias: “El maestro de una ciudad italiana debería ayudar a sus niños italianos a entender por qué otros niños rezan a una divinidad diferente, o tocan una música que no se parece al rock. Naturalmente, lo mismo debería hacer un educador chino con niños chinos que vivan junto a una comunidad cristiana. El paso siguiente será mostrar que hay algo en común entre nuestra música y la suya, y que también su Dios recomienda algunas cosas buenas. Objeción posible: nosotros lo haríamos en Florencia, ¿pero lo harán también en Kabul? Bien, esta objeción es lo más alejado que pueda haber de los valores de la civilización occidental. Nosotros somos una civilización pluralista, porque consentimos que en nuestro país se levanten mezquitas, y no podemos renunciar a ello sólo porque en Kabul encarcelan a los propagandistas cristianos. Si lo hiciéramos, nos convertiríamos también nosotros en talibán”.

 

Se pueden realizar críticas a ciertos sectores islámicos, identificando si se trata de la teocrácia sunní de Arabia Saudí o la República confesional shiíta de Irán, si se trata de sudaneses o de indonesios, de pakistaníes o de afganos, de tunecinos o de egipcios, porque tratamos con una enorme pluralidad y variedad que se aglutina equivocadamente bajo un denominador común. También cuando se critica a Occidente se está cometiendo la simplificación de aglutinar a una variedad diversa de países, lenguas tradiciones y formas de vida bajo un denominador común. Por eso decimos que resulta mejor la crítica matizada que la generalizada. Sin embargo, Marx, Freud y Nietzsche criticaron la religión en general y el cristianismo en particular en bloque, sin distinguir entre judíos e islámicos, entre cristianos ortodoxos, protestantes o católicos, y otros, toda religión es opio del pueblo (Marx) entraña un odio contra la vida (Nietzsche) o proviene de un infantilismo crónico (Freud); con lo cual nos damos cuenta de que se puede realizar una crítica del movimiento fundamental que anima a una pluralidad en la dirección de una forma de vida común. La forma de vida estadounidense pugna por imponerse como forma de vida fundamental del mundo occidental, aunque afortunadamente no lo consiga por completo, está claro que el capitalismo, los MacDonalds y la Cocacola invaden todo el orbe. Del mismo modo el islamismo y la forma de vida que le va asociada pugna por imponerse en todo el mundo musulmán, aunque tampoco lo consiga por completo, pues está claro que el sometimiento de la mujer está presente en todo país musulmán si bien en unos en mayor grado que en otros. Por tanto condenar y criticar al Islam o condenar y criticar a Occidente significan condenar el elemento islamista e integrista del primero y el elemento capitalista y fundamentalista del segundo. Aunque habremos de repetir, entonces, que la crítica matizada de los elementos, puesto que la parte no es el todo, es la mejor opción pues con la critica generalizada se corre el riesgo de sugerir que la parte, si bien esencial o estructural, equivale al todo, con lo cual estaría siendo injusta con buena parte del bloque. El cristianismo ha acabado moderándose tras las críticas globales a las que se le sometió desde la Ilustración y el siglo XIX, aunque no sólo el racionalismo socavó la violencia de las guerras de religión sino que también el proceso de secularización, que arrebataría a la religión en el mundo occidental su vinculación directa con la política y el gobierno. Más allá del logro de la laicidad para el espacio público y político dudo mucho que se pueda llegar a erradicar la religiosidad, cuan superstición, como querían los ilustrados miembros de las luces; de modo que habremos de convivir con lo que consideramos alucinaciones, supersticiones, infantilismos y esperanzas ciegas, en mayor o menor grado, en nuestras sociedades del siglo XXI.

 

No creo que se le pueda objetar a nadie una confesionalidad mientras que se lleve a la práctica de forma moderada y conforme a las leyes de cada lugar, mientras que la intromisión de la religión islámica en la política me parece tan negativa como la de las Iglesias cristianas, ya católicas, protestantes u ortodoxas, con todas sus subdivisiones y peculiaridades. En tal caso de lo que se trata es de la polémica de las dos espadas, o de los dos reinos, y el problema reside en a quién se presta obediencia y conformidad, si al Estado o a la Iglesia, a la política o a la confesión. La mayoría de las religiones no han tenido problemas para moderarse y mantener las dos lealtades, la primera en el espacio público, la segunda en el espacio privado, pero en el Islam, los moderados, aunque no son pocos, son desbordados por los integristas, gracias a las ayudas de gobiernos como el de los Estados Unidos, país paladín de la democracia, que curiosamente la defiende instaurando teocrácias y dictaduras por todo el mundo. No tengo mayor animadversión contra un tipo que rece en dirección a la Meca cinco veces al día; un católico que rece todas las noches antes de acostarse, vaya todos los domingos a misa y se cargue en los hombros íconos enormes, por la calle, durante la semana santa; un judío que vaya a la sinagoga todos los sábados; un proletario que vaya al fútbol todos los domingos o un ufólogo que lea a Giménez del Oso y J.J.Benitez todas las noches antes de acostarse. Simplemente sus opciones espirituales me parecen peores que las que yo he elegido, o quizá peores porque no las han elegido, pero de ningún modo les podré impedir que en el ámbito privado se espiritualicen como deseen, ya que no deseo yo tampoco, que en mi ámbito privado, nadie me imponga una determinada forma de espiritualización. Hay formas de espiritualización mejores y peores, pero no pueden determinarse estrictamente ni con claridad y si se pretende imponer alguna, serán siempre las peores, con la máscara de ser las mejores, las que tiendan a imponerse. De manera que las más diversas formas de espiritualidad habrán de convivir en un espacio común, el espacio de vivir y desenvolverse, en el que habrá muchas formas grotescas, pero siempre también formas sublimes. En el ámbito público se imponen, por sí mismas, ciertas formas de espiritualización, ya que no hay manera de aprender ciencias, artes y letras, mediante la brujería, el horóscopo o la parapsicología. Las ciencias, las artes y la literatura son la espiritualidad que necesita un ciudadano crítico y el deber del Estado es proporcionar esa formación y no sólo la necesaria a los efectos de inserirse en el mercado laboral. Es a causa de ese defecto de la educación en Occidente que los trabajadores-consumidores, a falta de ser ciudadanos críticos, se lanzan hacia el ocultismo y el orientalismo, pues al no poder comprarse un alma en el Corte Inglés intentan comprar espiritualidad en el kiosko de la esquina, empaquetada en fascículos semanales. El problema, en este caso, no es que no haya una tensión entre ciudadano-material-público y persona-espiritual-privada, sino que hay una unidad de trabajador-consumidor-esotérico producto de un mercado que ha roto el equilibrio entre lo público y lo privado homogeneizando las subjetividades a medida que las diversifica e individualiza.

 

Con las religiones clásicas y establecidas, con tradición e infraestructuras, pasa otra cosa, hay un conflicto de espiritualidades o, como dijimos antes, de lealtades, entre el ciudadano y el religioso. La única solución que veo aquí, lo repito, y es la solución clásica, es la de separar el ámbito de la ciudadanía, de un espacio personal en el que se puedan detentar las más variadas ideologías, creencias o religiones; entre las que se encontrarán tanto las mejores como las peores. Mientras que en el caso de la unidad de trabajador-consumidor-esotérico la única solución que veo es la de estrellar aviones sobre las centrales nucleares, propagar enfermedades inoculándose virus mortíferos o envenenar los depósitos de agua potable, además de vandalismo, sabotaje e incendios. Pero no creo que se haya consumado la producción en serie de seres humanos, ya que yo no podría escribir esto si además de trabajadores-consumidores-esotéricos no hubiese muchos ciudadanos críticos con y sin conflictos de lealtades. Me basta entonces con que el porcentaje de los ciudadanos tienda a aumentar y el de los esotéricos a disminuir, no mediante medidas violentas, sino a través del proselitismo no militante con que cuenta el espacio lógico de las razones, del cual, una vez hollado, es muy difícil apartarse. Una vez que se aprende a leer es difícil olvidar el arte de la lectura, mientras que quien aprende el catecismo de niño muy fácilmente lo olvida de mayor. En el primer caso se ha aprendido una forma, en el segundo tan sólo un contenido. Pero Oriana Fallaci no sabe de formas, sólo de contenidos, y precisamente de los más superficiales, zafios y simplones contenidos que se puedan alcanzar: los del trabajador-consumidor-esotérico. Los del patriota ciego, sordo y engreído. Porque el fundamentalismo Occidental es el peor integrismo del planeta y no puede ser aceptado como réplica al fundamentalismo islámico. ¿Desde dónde luchar contra todos los fundamentalismos si no se acepta y se fomenta la construcción de un espacio de nadie? Sólo el espacio de lo universal, lo común, puede aunar y recibir coexistencias diversas y diferentes en su interior, lo múltiple requiere lo uno.

 

Hay que distinguir entre reformismo y revolución. Desde el terreno reformista, hablamos de transformaciones graduales y no traumáticas de la sociedad, y desde el terreno revolucionario, de cambio radical, rápido y violento de todas las estructuras sociales. Para que se dé un cambio revolucionario lo necesario es que el Estado y los demás poderes se encuentren debilitados. Ese es el principal contra-argumento a mi juicio de la antiglobalización. En Francia hizo falta que el Estado se debilitase al perder la guerra franco-prusiana (1870) para que pudiera darse la Comuna de París (1871); en Rusia hizo falta que el Estado zarista se debilitase con la 1ª Guerra Mundial para que pudiera darse la revolución bolchevique. En la situación actual, con Estados Unidos sin rival tras la caída de la Unión soviética, el camino reformista se impone, al menos hasta que pudiera surgir un poder paralelo al de los gringos (como la Unión Europea) cuyo enfrentamiento debilitase las estructuras de dominación imperantes. Si bien el atentado del 11 de septiembre despierta la corroboración de la posibilidad teórica propia del anarquismo o de la teoría del caos de que un pequeño poder haga frente, contrarreste o incluso haga mutar o derribe a un poder mayor.

 

La toma del poder equivale a la toma de las armas, si bien hoy en día bajo la denominación armas no entra tan sólo las que posee en exclusiva el ejército, sino toda una serie de estructuras que vertebran a la sociedad. De hecho muchas de ellas ya están en manos de los ciudadanos, pero éstos no se dan cuenta de ello. Por ejemplo, ¿acaso no son ciudadanos los que trabajan en los medios de comunicación de masas? Esas armas letales están manejadas por gentes de a pie, pero que consideran que deben servir a los propietarios o accionistas de dichos medios, dado que pagan sus salarios. En los Estados Unidos, dada una peculiaridad de su Constitución prevista para evitar la tiranía, la población puede tener armas, pero no tiene, sin embargo, el poder. La mayor arma es la toma de decisiones políticas (y económicas), seguida de los poderes económicos, mediáticos, financieros, legislativos, laborales, armamentísticos, etc. Por otra parte, ¿acaso no son ciudadanos de a pie quienes ejercen de soldados de la armada y policías? Otra vez vemos que el poder está en manos de una parte del pueblo, pero que es ejercido contra las otras partes en lugar de a favor de la liberación del conjunto. ¿Por qué? En este caso porque el sector armado y público del cuerpo social tiene la misión también pagada asalariadamente de mantener en buen orden al resto del pueblo. Las desigualdades económicas, además de las políticas, también enfrentan a unos ciudadanos contra otros en lugar de permitir su acción conjunta.

 

Una revolución requiere el apoyo del mayor número de poderes y hoy en los países poderosos ya no es suficiente contar exclusivamente con un amplio sector de las fuerzas armadas de un país para que pueda triunfar. Afortunadamente, diremos, pues el precio que hay que pagar al sector militar por el cambio ha sido a menudo el de un cambio hacia la dictadura militar, en lugar de un cambio hacia la igualdad y la libertad. Sin ese caldo de cultivo simultáneo en diversos ordenes la reforma podría acercarse paulatinamente a la situación deseada, sin necesidad de cambios traumáticos, pero entonces las transformaciones se realizarán necesariamente de manera mucho más lenta, si bien incruenta. ¿Qué reformas alentar para dirigirse hacia la toma del poder? Todas aquellas que aumenten la potencia de los individuos y permitan su máxima expresión y manifestación. Para ello hay que destruir las estructuras jerárquicas y crear al mismo tiempo estructuras horizontales.

 

Destruir la verticalidad en la mayor medida posible, solicitar que todo mando técnico sea electivo o por sorteo entre los implicados en una función y que sea en todo momento revocable. Conservar el privilegio de la acción o decisión política. Los jefes del ejército o de las empresas no son elegidos, ni propuestos por sorteo, tampoco los miembros de las Iglesias ni los miembros del poder judicial (excepto en Estados Unidos); pero el problema de la electividad y representatividad es que se delegan las decisiones políticas y con ello el principal poder. Los poderes saben como moverse para que la electividad les beneficie pues tienden a su conservación y sólo si la representatividad se separa de las decisiones políticas (quedando relegada a las decisiones técnicas) podrá el pueblo recuperar ese poder.

 

Es cierto que este discurso debe alejarse lo más posible del humanismo, ya que está claro que la filantropía burguesa no es sino una coartada para todas las dominaciones. Además, frente al decisionismo voluntarista, hay que darse cuenta de que las estructuras no cambian simplemente porque lo decidamos, no podemos decidir agitar los brazos y volar, ni podemos decidir no seguir las leyes de la gravedad. Pero las leyes económicas son leyes coyunturales y no leyes de la naturaleza, no son fijas sino mudables. La acción política puede influir en la transformación de las estructuras sociales tan sólo a partir de la configuración de unas estructuras sociales ya dadas, de modo que nuevamente, se plantea la acción política como orientación hacia la transformación de las estructuras sociales bien de manera revolucionaria como de manera reformista. No es lo mismo el decisionismo individual que las decisiones políticas, si un obrero decide no acudir una mañana al trabajo no por eso deja de ser obrero, sino que pasa a ser obrero en paro. Pero si tres millones de obreros decidiesen no acudir una mañana al trabajo se paralizaría la producción. La historia del movimiento obrero clásico muestra que su forma de forzar decisiones políticas fue la huelga, cuando no el terrorismo y el sabotaje. Hoy el extremo individualismo impide cualquier presión colectiva para forzar decisiones políticas y sólo la participación directa e individual parece una vía posible para recuperar el privilegio de la acción colectiva, entendida como algo más que la suma de todas las participaciones directas e individuales.

 

El Estado fuerte resulta una defensa para el colectivo de ciudadanos pero, al mismo tiempo, su mayor dominador. El peligro de la debilidad del Estado estriba en que signifique el fortalecimiento del mercado. El que el trabajo y el consumo estén garantizados a la ciudadanía, a una mayoría de la población, resulta un factor de estabilidad y calidad de vida inigualable por el momento; el problema de países como Colombia es que se está quedando sin la poca clase media que tenía, ya que a causa de la situación de guerra civil encubierta en la que viven, todos los que pueden, los profesionales, las clases medias, se marchan del país, quedando la sociedad cada vez más polarizada entre unos pocos riquisimos (políticos y narcotraficantes) que lo tienen todo, y una mayoría de pobrisimos que no tienen nada. Con lo cual el grado de conflicto alcanza cotas altísimas.

 

Hablo de dos caminos para que no ya la utopía, sino la mejora posible de un estado de cosas ya dado, llegue a producirse. Uno el reformista, más lento, el otro el revolucionario, más rápido. Pero desde luego, si pienso en las necesidades sociales de un país concreto, la búsqueda de un Estado fuerte resulta la única defensa de los ciudadanos y trabajadores frente a la utopía esclavista del neoliberalismo. Respecto a la Ley, ya se ha empezado ha hablar de la Renta Básica y a plantearse la Tasa Tobin. Desde luego que no es más que electoralismo, por el momento, pero ya es un avance que se empiece a hablar de ello. Respecto a una voluntad política férrea, deberá siempre precaverse de caer en la tiranía o la dictadura, sobre todo de ser la voluntad política férrea de unos pocos, y habrá que esperar que algún día la voluntad política se apodere de, sino todos, al menos una mayoría muy representativa de la población.

 

Volviendo al tema de la revolución, la mayoría de los intelectuales mantienen la tesis de que la violencia favorece a la reacción, pero la cosa no me parece tan simple. Proceso constituyente es el nombre institucional de la revolución. Y una revolución no es sino violencia regulada que aniquila el orden en curso. No hay proceso constituyente sin ruptura de legalidad. Yo estoy en contra de la violencia de unos pocos y poderosos sobre muchos débiles, pero comprendo la violencia inversa, la de unos muchos poderosos con la unión, o unos individuos aislados y sometidos, sobre unos pocos poderosos con la dominación. No veo contradicción entre manifestaciones pacifistas y los Black bloc, simplemente buscan fines semejantes con diferentes medios. “La violencia puede acabar con el movimiento sobre la globalización, que es una de las mejores esperanzas políticas de los últimos tiempos. (...) <no es revolucionario oponerse a medidas parciales (tasa Tobin, renta básica de ciudadanía) esperando el gran día del asalto al Palacio de Invierno>“ (Joaquín Estefanía Las flores venenosas. El País Opinión 26-6-2001. Cita de las declaraciones de Susan George, una de las líderes del movimiento antiglobalización, en Internet, estractada y citada por Joaquín Estefanía, al hilo de las reflexiones entorno a la violencia en las manifestaciones). En la película La Batalla de Árgel, el líder de los terroristas, cuando le preguntan cómo ha sido capaz de enviar una mujer suicida a un mercado con una bomba, responde: <si tuviésemos los aviones de combate y los misiles de los franceses no necesitaríamos luchar de esta manera>. Una respuesta que podrían dar hoy los palestinos ante la misma pregunta. Unánime dictado político: «Toda violencia es condenable», dicen los encargados del monopolio de la violencia. Todo el mundo practicamente «rechaza la violencia», dicen las encuestas políticamente correctas. Miremos el Diccionario de la Real Academia. Voz violencia: «Del latín violentia. 1. Cualidad de violento. 2. Acción y efecto de violentar». Violento: «Que obra con ímpetu y fuerza». Violentar: «Aplicar medios violentos a cosas o personas para vencer su resistencia». La etimología latina ayuda a comprender la categoría: violencia es sinónimo de fuerza aplicada a resistencia. El Diccionario de Autoridades de 1726 lo recoge en su primera acepción: «Fuerza o ímpetu en las acciones, especialmente en las que incluyen movimiento». En sentido literal, «condenar la violencia» es algo así como excomulgar a la mecánica.

 

Hay entonces muchos tipos de violencia, el diálogo no es sino la disminución de la violencia a niveles de convivencia pero no por ello deja de entrar dentro de la categoría, pues disminución no es eliminación; no se puede eliminar una propiedad de la naturaleza. Los desequilibrios de poder generan violencia porque sólo se dialoga con quienes, de un modo u otro, tienen la misma potencia. Por eso el diálogo es la violencia menor que se produce entre potencias semejantes y la justicia un equilibrio entre fuerzas.

 

Ciertamente, acciones como la de estrellar aviones contra las Torres Gemelas de New York y contra el Pentágono en Washington son terribles. Son fenómenos revolucionarios violentos y extremos de los que no se sabe si surgirán modificaciones perjudiciales o beneficiosas para la humanidad. Al tiempo que caía el World Trade Center (Centro de comercio mundial) se desplomaban las Bolsas de todo el mundo, subía el precio del petróleo y el euro mejoraba su cotización frente al dólar. ¿Es necesaria tanta violencia? ¿Es acaso esa violencia simplemente locura o acaso no será una reacción? La violencia bélica, armada o terrorista, es la reacción última, la opción final tras otros intentos de vencer las resistencias por otros medios y el producto de una situación sin más salida que esa; no es siempre, simplemente, la supuesta acción gratuita del desequilibrio mental. Vivimos en un mundo que causa efectos que generan violencia. El hambre genera violencia, la soledad y la frustración generan violencia, la explotación genera violencia, la enajenación mental genera violencia. El hambre, la frustración, la enajenación y la explotación no son fenómenos gratuitos sino efectos causados por una coyuntura determinada y gestados por la confluencia de los poderes vigentes. La paz mundial es un eufemismo para ocultar un mundo realmente sumido en la violencia, pero con islotes occidentales de cierta seguridad individual o disminución de la violencia. No podemos apesadumbrarnos por un atentado en las pequeñas parcelas del mundo donde se protegen las libertades y la seguridad individuales y no apesadumbrarnos por las consecuencias destructivas con altos costes en víctimas humanas de las políticas generadas por esos islotes de relativa paz y bienestar. Por un día sufrieron los ricos, por una vez han sabido lo que sentían los vietnamitas, los iraquíes o los serbios. Para españoles o colombianos los atentados terroristas son algo cotidiano y no digamos para israelíes y palestinos; ya que aunque no sean tan espectaculares y mortíferos son constantes y diarios.

 

En el momento del atentado no sólo los palestinos de Gaza festejaron el acontecimiento, seguramente los 40 millones de pobres de Estados Unidos no pudieron llorar por las almas de los bien vestidos habitantes de Manhattan ni por el desplome de las torres y de las acciones bursátiles. El FMLN salvadoreño festejó el atentado, lo que motivaría una inspección del aeropuerto de la capital salvadoreña por inspectores de EEUU una semana más tarde (Diario de Hoy, 23-9-2001: Web-elsalvador.com). Muchos países y ciudadanos que perciben sus miserias como inversamente proporcionales a la opulencia estadounidense recibieron la noticia con una sensación ambigua, mezcla de satisfacción y pena al mismo tiempo. Los iraquíes o los sudaneses, bombardeados por los Estados Unidos, bajo embargos que representan los modernos asedios bélicos a las ciudades transformados en asedios a naciones enteras a as que se quiere vencer provocando la miseria, la enfermedad y el hambre entre su población, no pudieron seguramente, ni siquiera sentir pena; todo debió ser satisfacción. “Nos conmueve la muerte de miles de inocentes en los atentados del 11 de setiembre. Tanto como la de millones de víctimas de un sistema injusto que empobrece, excluye y mata por hambre, por enfermedades curables, por represión, por bombardeos, por asesinatos (…). Y desde ya, cualquier ciudadano sensato de Washington, Aranjuez, Sonora, Rawalpindi, Catamarca, Valparaíso, Ciudad del Cabo, Cochabamba, Paysandú, Guatemala, Lahore, Sao Pablo, o la mas remota aldea del planeta, tiene derecho a no sentirse parte de ninguno de los dos trozos en los que Bush pretende partir al mundo. Si la emprende... será su guerra. NO la nuestra” (Eduardo Galeano El teatro del Bien y del Mal. SERPAL &  Web-eurosur.org, 22-9-2001). Nada cambio en las vidas de la mayoría de los habitantes del planeta. El cantante ciego del Brasil seguía tocando en el metro madrileño sin siquiera tener noticias de lo ocurrido, en Africa proseguía la hambruna y la enfermedad, en los arrabales de India, Filipinas, México o Los Angeles, una enorme cantidad de seres humanos siguieron rebuscando en la basura algo que comer. Dentro de los lugares privilegiados del Imperio, muchos ciudadanos cultos y con conocimientos especializados, en desacuerdo con la forma político-económica imperante, no reaccionaron con plena adhesión hacia las víctimas y se hicieron reflexiones como las antecedentes. Hollywood había preparado ya a medio mundo para recibir unas imágenes no menos impactantes por el hecho de no ser virtuales y el individualismo triunfante las recibía con preocupación pero también con inmutabilidad, pues en poco parecía afectar a la vida del televidente lejano, excepto en la subida de la gasolina o la bajada de sus acciones bursátiles. El acontecimiento tuvo el golpe de lo inesperado e inusual, pero se haría cotidiano si se volase un edificio a la semana y se habitaría esa barbarie con normalidad. Como normal es ya que los niños pidan limosna por las calles, que a las puertas de los bancos duerman los mendigos, que los africanos, asiáticos y suramericanos padezcan hambre, miseria y violencia generalizada. Como normal es ya la corrupción política y el desentendimiento mayoritario de los asuntos públicos. Como normal es ya combinar trabajo y consumo, trabajo y fútbol, trabajo y religión, trabajo y televisión, trabajo y drogadicción, como únicas y privilegiadas formas de existencia.

 

Tras el 11 de septiembre de 2001 el mundo entero se escandaliza de que haya Estados que alienten, protejan y financien el “terrorismo”, pero nadie recordó que el 11 de septiembre de 1973 los Estados Unidos promovieron el golpe de Estado de Pinochet y la muerte de Salvador Allende. Todos se escandalizan de que Osama Ben Laden viva en Afganistán pero nadie se escandaliza de que fuese formado por la CIA y financiado por Arabia Saudí, para luchar contra la invasión soviética del país de los mujaidines. Todos se escandalizan de que Irán financie a Hezbolá, o Siria a la Yihad Islámica, pero nadie se escandaliza de que los Estados Unidos formase y financiase a los sádicos de la Contra antisandinista nicaragüense o a los torturadores chilenos o argentinos. Nadie recuerda ya el Irangate, la financiación mediante el narcotráfico del aporte de armas de la administración Reagan a Irán cuando se hallaba en guerra con Irak. Todos se escandalizan ahora de que en Pakistán se adiestren y formen los “terroristas” islámicos dispuestos a actuar en Bosnia, Cachemira o Chechenia, pero nadie se escandaliza de que el “terrorista” (para el gobierno cubano) Mas Canosa, ahora hijo, sea financiado, protegido y alentado por los Estados Unidos, entrenando a sus milicias y planeando sus golpes desde campos en el suelo de Miami que nadie ha osado bombardear nunca. La llamada Escuela de las Américas, fue un centro de entrenamiento de torturadores latinoamericanos de la CIA, donde se graduaron con buena nota gentes luego caídas en desgracia como el general Noriega de Panamá. Nadie desconoce que el IRA recibe grandes aportaciones recaudando fondos en los Estados Unidos o que Arabia Saudí y sus petrodólares son la principal fuente de financiación del integrismo islámico en el mundo, pero nada se piensa hacer a esos respectos. Todo el mundo se indigna cuando viaja a Irán y no le dejan entrar en el país si en su pasaporte se refleja que ha estado en Israel, pero nadie se indigna porque no te dejen entrar en los Estados Unidos si perteneces o has pertenecido al partido comunista y eres tan imbécil como para declararlo.

 

Tras el atentado, todos los dirigentes de Estados enfrentados a los Estados Unidos, excepto los de Irak, mostraron las más exageradas condolencias y los más desmedidos ofrecimientos de apoyo. Desde Arafat donando sangre para las víctimas (como si no tuviera suficientes entre las de su pueblo para donar toda su sangre) hasta Gadafi diciendo que ha sido un crimen abominable, pasando por Fidel Castro, que ese sí, con su ironía peculiar latina dijo que estaba con Estados Unidos ya que habían padecido los cubanos mucho terrorismo: “El presidente cubano Fidel Castro, expresó hoy la posición de su país frente al dilema planteado por Washington de estar con el terrorismo o con Estados Unidos, con la moral que asiste a Cuba de haber sufrido más de 40 años de terrorismo” (Diario Granma Internacional Digital de Cuba. 22-9-2001). En España el antiamericanismo clásico se representa en una izquierda que condenaba a los Estados Unidos por no haber entrado los aliados en nuestro país, )a diferencia de otros países europeos que les tienen ligados a su liberación del nazismo: aunque sepamos que fueron los rusos con 20 millones de bajas en la 2ªGM, frente a los estadounidenses con 300 mil, quienes hicieron el esfuerzo de guerra de detener a los nazis); condenando a la Península Ibérica a la Dictadura como bastión anticomunista. Y una derecha antiamericana clásica que identificaba a los Estados Unidos con la pérdida de las últimas colonias y con el fin del Imperio español. Aunque luego fuese el PSOE quien dando un giro de 180º metiera al país en la OTAN. Desde la prensa actual, gentes tan dispares como Bernard Henry Levy (El Mundo, 25-10-2001; información como siempre copiada por Savater) y Gabriel Albiac (Pacifismo fascista, en: El Mundo 24-9-2001), recordaban que el antiamericanismo en Francia estuvo ligado a la extrema derecha, sugiriendo con ello que no apoyar unilateralmente los bombardeos de Afganistán supondría ser un neofascista. De ese modo se corroboraba la dicotomía maniquea de Bush y se descartaba la opción pacifista como un hacerle el juego a los poderes inconfesables. Sin embargo, hay que insistir en que el pensamiento crítico, cuando existe, no es partidista, dogmático, ni fiel a ninguna secta, Iglesia o doctrina, se revuelve contra la suciedad y la mentira allí donde éstas habiten e incluso se revuelve contra sí mismo, depurándose continuamente de sus propias excrecencias ideológicas. De ese modo se puede dudar de si el acto fue terrorismo o un acto de guerra, dilema que ha planteado Gustavo Bueno (cfr.www.filosofia.org) al proponer combatir el integrismo islámico deconstruyendo sus raíces con racionalismo crítico. Por eso no está tan claro ni que haya una guerra de civilizaciones, ni que el Estado afgano (y sobre todo el pueblo afgano) tenga que padecer necesariamente unos incesantes bombardeos.

 

La idea de que el enemigo se torne para el poder como algo difuso y difícil de combatir es una de las constataciones del evento de las Torres gemelas más aleccionadoras para quienes se involucran en luchas sociales y políticas. Lo importante, hoy, a mi juicio, de los movimientos reivindicativos del presente es, sobre todo, no ofrecer una cabeza visible que pueda ser represaliada por el poder, que cada militante sea una célula autónoma de acción política y no dependa de mandos ni jefes; se puede orientar, realizar acciones conjuntas, pero hoy resulta sumamente peligroso (en unos lugares más que en otros) el presentar una organización jerárquica tradicional frente a unas fuerzas del Estado y multinacionales enormemente poderosas y dispuestas a jugar sucio. Es una lástima que semejante enseñanza, la de no presentar un claro blanco de respuesta, nos la tengan que dar los terroristas islámicos. Por otra parte, en España siempre hemos tenido esa tradición, desde Viriato el guerrillero antiromano hasta los anarquistas de la guerra civil. Hablando Marx de la guerra de independencia contra la invasión napoleónica decía: “Los franceses se desconcertaron por completo al descubrir que el centro de la resistencia española estaba en todas partes y en ninguna” (p.21). “Entretanto, no había manera de atacar la raíz de una organización de esta índole” (p.34). Y hablando de los fueros medievales: “En las Vascongadas, las asambleas, completamente democráticas, no admitían ni al clero” (p.44). (Marx & Engels La revolución en España. Artículos del New York Daily Tribune. Editorial Progreso, Moscú 1974). Tras los atentados no era posible ninguna acción contra quienes los perpetraron, ya que quienes los ejecutaron murieron. Con los atentados suicidas no hay sanciones posibles contra los autores directos, puesto que se matan y los indirectos son muy difíciles de determinar. No cabe juzgar ni aplicar represalias a un suicida si tiene éxito en su empeño, pues no hay nadie ya a quien juzgar o sobre quien vengarse. Se gira entonces el punto de mira hacia quienes les instigaron o les dieron apoyo logístico. Pero cabría la posibilidad teórica de un grupo suicida independiente que desapareciera en la acción terrorista, al que no se podría vincular con ningún credo religioso o ideológico ni a ningún país o Estado. El problema está en los móviles, que siempre se vinculan a alguna causa que, sostenida por otros, justifica la inmolación de uno o varios en su nombre. Llegará el día de las inmolaciones nihilistas y el mundo quizá llegue a enfrentarse a acciones suicidas independientes, producto del malestar que genera la sociedad Occidental ya no sólo allende de sus fronteras sino en su propio seno. El peligro mayor para la sociedad de la industria, la tecnología y la opulencia, vendrá del descontento y la insatisfacción de hombres formados en su propio seno, con capacidad intelectual para acciones de verdadero peso, más allá del oficinista que, preso de un día de furia, estalla cogiendo un subfusil y entrando en un MacDonalds a matar a todo ser viviente en su interior y luego suicidarse. El atentado de las Torres Gemelas ha demostrado al mundo entero que la protesta brutal que supone la inmolación propia, a poco de formación que se tenga, puede llegar a ser de una magnitud semejante a la de una catástrofe de la naturaleza.

 

Por una vez un huracán pasó por un país rico en lugar de por un país pobre, lo cual es para éste incluso un buen negocio. “Sobre el impacto económico directo: la base productiva del país no se ha visto seriamente dañada (…). Nadie ha cifrado todavía los daños económicos, pero me sorprendería que las pérdidas fuesen superiores al 0,1% de la riqueza de Estados Unidos, algo comparable a los efectos materiales de un gran terremoto o huracán (…). ¿Huirán los inversores de las acciones y de las obligaciones empresariales en busca de activos más seguros? Dicha reacción no tendría mucho sentido; después de todo, los terroristas no van a volar el S&P 500. Es cierto que a veces los mercados reaccionan de manera irracional, y algunas bolsas extranjeras se desplomaron después del atentado (…).Y posiblemente habrá dos efectos favorables. En primer lugar, lo que ha motivado la ralentización económica ha sido una caída en la inversión empresarial. Ahora, de repente, necesitamos nuevos edificios para oficinas (…). En segundo lugar, el atentado abre las puertas a algunas medidas sensatas para luchar contra la recesión. En las últimas semanas ha tenido lugar un acalorado debate entre los liberales respecto a si defender o no la clásica respuesta keynesiana a la recesión económica, un aumento temporal del gasto público (…). Ahora parece que realmente conseguiremos un rápido aumento del gasto público, independientemente de lo trágicas que sean las razones (…).Ahora las malas noticias (…). Ya hay quien anima a vender deducciones fiscales para las empresas y una reducción del impuesto sobre plusvalías para responder al terrorismo” (Paul Krugman Después del horror. El País 15-9-2001). Excepto por lo innecesario de la recaudación de dinero para ayudar a los damnificados y a las víctimas, todos cubiertos por compañías de seguros, el acontecimiento se asemejaba a la acción de un fenómeno de la naturaleza. ¿No puede el hombre estar produciendo debido a sus vertidos contaminantes el llamado cambio climático y generando con ello fenómenos meteorológicos devastadores? La diferencia estriba en que la política económica de los Estados Unidos puede favorecer el surgimiento de un huracán o de lluvia ácida y no sufrir directamente sus consecuencias, mientras que en el caso de los atentados terroristas es quien siembra el odio el que cosecha tempestades.

 

Desde luego que el dilema no viene dado por la alternativa entre capitalismo demócrata-representativo y los islamismos. La mayoría del planeta no escogeríamos la segunda opción aunque fuese la única alternativa, pues entre dos males de sabios es escoger el mal menor. Pero siempre tendrá el intelectual independiente y el ciudadano crítico que negarse a aceptar las dicotomías maniqueas del estilo: “Quien no está con nosotros está contra nosotros”, que dijeran Bush-Blair. Se puede estar ni con unos ni con otros, ya que ni las dos únicas opciones son blanco y negro, ni las alternativas tienen que contarse entre las dos partes de un conflicto. Bien puede apostarse por Europa, por ejemplo, que no es ni los USA ni Afganistán, aunque esté más cercana del primero. El problema se define por el malestar generalizado de quienes nos beneficiamos y vivimos en la primera opción sin saber aún cómo crear una forma nueva o reformar drásticamente la vigente. Por eso todos los acontecimientos que hacen mella en el sistema actual no pueden ser recibidos del todo con pánico, ya que si bien podrían suponer un mal mayor, también presentan la posibilidad de una transformación radical o del comienzo de una serie de transformaciones que llevasen a poder estar más seguros de que la opción Occidental es la mejor entre las posibles.

 

Volviendo al tema de la revolución, la mayoría de los intelectuales mantienen la tesis de que la violencia favorece a la reacción, pero la cosa no me parece tan simple. Proceso constituyente es el nombre institucional de la revolución. Y una revolución no es sino violencia regulada que aniquila el orden en curso. No hay proceso constituyente sin ruptura de legalidad. Yo estoy en contra de la violencia de unos pocos y poderosos sobre muchos débiles, pero comprendo la violencia inversa, la de unos muchos poderosos por la unión (revolucionaria), o la de unos individuos aislados y sometidos (anarquista), sobre unos pocos poderosos con la dominación. No veo contradicción entre manifestaciones pacifistas y los Black bloc, simplemente buscan fines semejantes con diferentes medios. “La violencia puede acabar con el movimiento sobre la globalización, que es una de las mejores esperanzas políticas de los últimos tiempos. (...) «no es revolucionario oponerse a medidas parciales (tasa Tobin, renta básica de ciudadanía) esperando el gran día del asalto al Palacio de Invierno»” (Joaquín Estefanía Las flores venenosas. El País Opinión 26-6-2001). Estefanía cita de las declaraciones de Susan George, una de los líderes del movimiento antiglobalización, tomadas de Internet, extractadas y citadas por Joaquín Estefanía, al hilo de las reflexiones entorno a la violencia en las manifestaciones de Génova. Pero sobre la imposibilidad de distinguir netamente entre heroísmo y terrorismo. Sobre este asunto cabe resaltar los magníficos artículos sobre la guerra en Afganistán de: Eqbal Ahmad El terrorismo de ellos y el nuestro. Masiosare-Rebelión 21-10-2001; Tariq Ali Sí, existe una alternativa efectiva al bombardeo de Afganistán. The Independent-Rebelión 15-10-2001; Ted Grant & Alan Woods Y cuando ellos crearon el desierto, le llamaron paz. Rebelión-El Militante 17-9-2001, en: http://www.eurosur.org/rebelion/imperio.htm. El primero y los dos últimos, sin embargo, consideran que hay un terror gratuito anarquizante, el de la víctima que responde ciegamente, y un terror revolucionario comedido y de objetivos claros. Stepan, personaje de Los justos de Camus, representaría al terrorista víctima que responde al maltrato recibido, mientras que Kaliayev sería el personaje que representaría el terror revolucionario. De modo que, a la manera del marxismo clásico, se sigue queriendo diferenciar entre el terrorismo de Estado y el terrorismo revolucionario, por un lado, y el terrorismo de corte anarquizante por otro, al que culpan de servir a la reacción. Un esquema tradicional que no es ya valedero en nuestros días. Sobre el particular media la posición de Noam Chomsky: “Pregunta: Tal vez a los estados árabes les da lo mismo si los palestinos desaparecen, pero está claro que los palestinos no van a desaparecer (…). Respuesta de Noam Chomsky: Ojalá estuviera de acuerdo con usted. Pero no lo creo. Creo que tendemos a subestimar la eficacia de la violencia. Si usted contempla la historia, la violencia generalmente tiene éxito (…). Es cierto que hay un grado de resistencia que no complace a EE.UU. e Israel, pero tienen numerosos medios violentos que pueden utilizar para reprimirla y hay un límite de lo que resiste la carne y la sangre. Hay verdaderamente un límite. Es lo que los gobernantes han comprendido a través de toda la historia. Y usualmente funciona (…). El hecho desagradable es que la violencia generalmente funciona, a menos que sea limitada desde el interior. No hay fuerza fuera de Estados Unidos que pueda limitarla. Hay una fuerza dentro de Estados Unidos que puede limitarla”.  (Noam Chomsky en su escrito: Perspectivas de Paz en Oriente Próximo, Znet: conferencias Maryse Mikhail. Universidad de Toledo 4-10-2001: http://www.zmag.org/Spanish/0701cho1.htm). La historia nos enseña que muchos pueblos han perecido y desaparecido a lo largo del tiempo, sin que apenas queden vestigios de su existencia. Chomsky nos habla de la eficacia de la violencia de los poderes más fuertes, cuando no tienen otros que los contrarresten, pero habría que preguntarse sobre la eficacia de la reacción terrorista, es decir, la respuesta violenta del débil frente a su confrontación contra una potencia mayor. Desde el punto de vista hegeliano continuaríamos en el Fin de la Historia, como ha insistido Fukuyama recientemente, ya que no habría alternativa al macropoder estadounidense, no existiría un contrapeso ni equilibrio entre poderes; de modo que si bien es necesario en el interior del Estado la separación de poderes para que se vigilen los unos a los otros, no existiría ya semejante cosa respecto al poder de la globalización. Ahora bien, desde una perspectiva no hegeliana, el todo no sería ya siempre mayor que la suma de las partes, ni siquiera mayor que una pequeña parte, y el atentado del 11 de septiembre habría demostrado que un pequeño poder puede poner en jaque al máximo poder, en una línea que, hasta llegar a la teoría del caos y la micropolítica foucaultiana, hunde sus raíces en el intuitivo romanticismo del culto al genio y en la esperanzadora idea de que no hay poema que deje intacto al mundo, por recoger un corolario de contrarrestación del Gran poder por un pequeño poder que no pase por la violencia terrorista que hace uso de aviones y bombas o de aviones-bomba y hombres-bomba. En ese sentido ya Nietzsche decía de sí mismo “soy dinamita” refiriéndose a sus escritos y su teoría del genio de inspiración romántica era portadora de la idea tanto aristocrática como anarquista, pero hoy contemplada como neoliberal, y desde luego absolutamente antihegeliana, de que un individuo particular y excepcional  podía variar la historia universal.

 

Es lamentable el terrorismo, la violencia más descarnada súbita y revolucionaria, pero se olvida en ese caso que el Estado se define como el monopolio de la violencia, como un centro de ejercicio del poder a través de medios coactivos constantes. Los ciudadanos pueden ser víctimas de un grupo terrorista y también víctimas del centro de poder que tiene la misión de protegerles. Pero no basta el permiso de portar armas o la recuperación de la autodefensa para que se pueda considerar que los individuos de un Estado dejan de estar sometidos a éste, como el ejemplo de los Estados Unidos manifiesta con claridad. El derecho a portar armas supone el derecho a defender directamente la propia propiedad privada, no es una devolución de poder sino un permiso para ejercer el poder del Estado, individual y únicamente en la dirección en que el Estado lo consiente y lo alienta.

 

El principio del pueblo armado como precaución contra la dictadura resulta ya anacrónico y quedó obsoleto ante el enorme grado de desarrollo de los medios de destrucción y coacción estatales, del mismo modo que la idea épica de la guerra tuvo su canto de cisne en la carga de la caballería polaca contra los tanques alemanes durante la primera guerra mundial. Hoy en día, cuando vemos los pueblos armados, o se trata de los Estados Unidos de Norteamérica, caso singular en el que la industria del armamento toma parte y que puede garantizar una relativa seguridad de las personas para ciertos sectores sociales, a pesar de las armas del pueblo que sumen a las clases desfavorecidas en ghettos de violencia generalizada, dada su estructura federal y su enorme potencia represora; o bien se trata de casos en los que no existe Estado más que nominalmente y la situación es de guerra civil encubierta, como en Colombia; o también de casos en que no puede el Estado cumplir con la defensa de la seguridad e inviolabilidad de las personas y pasa entonces a manos privadas e individuales, como en México; o bien casos no existe prácticamente nada a lo que se pudiera denominar Estado, como en algunas partes de Africa o Asia. Sin contar los casos de dictaduras basadas en la militarización y adoctrinamiento de la población como Afganistán.

 

Palestinos e Israelíes son pueblos armados porque se encuentran en situación de guerra constante. Se les otorga armas contra el vecino pero si acabasen con el vecino se les desarmaría para que no se pudieran volverse contra, ni retar, al Estado. Los pueblos casi no participan en el poder sino que lo sufren, lo padecen cuando están desarmados y lo ejercen contra sí mismos cuando están armados. Lamentable son las casi 6000 víctimas civiles de los atentados de New York, pero lo peor que ha coincidido con nuestra vida, para los que somos aún jóvenes, fueron los entre millón y millón y medio de muertos en Ruanda a lo raíz de los enfrentamientos entre hutus y tutsis. Pero los medios no se ocuparon tanto como ahora, no hubo respuesta de nadie, estamos tan acostumbrados a la muerte de africanos en masa que no nos inmutamos con ello, además no afecta a nuestra economía; pero si los estadounidenses sufren entonces el mundo tiene que ponerse de luto. El 11 de septiembre de 2001 mucha gente estaba de luto, pero por los 35615 niños que murieron ese día de hambre en el mundo (Fuente: FAO) y que no tuvieron ninguna cobertura mediática. Muchos, incluso en Occidente, no compartimos las decisiones de M.Albright, que respondía afirmativamente ante la pregunta de si la muerte de medio millón de niños irakies valía la pena: “Es una decisión difícil, pero sí, vale la pena”. La masacre de civiles inocentes nunca nos parecerá sostenible. («Nous ne partageons pas l'attitude de Mme Albright qui, lorsqu 'on lui demande si la mort d'un demi million d'enfants irakiens " vaut la peine " répond : " c'est un choix difficile, mais oui, cela en vaut la peine ". Le massacre de civils innocents ne nous paraît jamais souhaitable». Jean Bricmont La fin de ‘la fin de l`histoire’, versión española en Znet. La posición de la Secretaria de Estado de los USA también fue recordada por Noam Chomsky en su escrito: Perspectivas de Paz en Oriente Próximo, Znet: conferencias Maryse Mikhail.  http://www.zmag.org/Spanish/0701cho1.htm. Universidad de Toledo 4-10-2001: Donde se nos recordaba la responsabilidad occidental en los conflictos de Irak, Palestina y el genocidio del pueblo kurdo).

 

III.

 

EL MONOPOLIO DE LA INFORMACIÓN Y LOS MEDIOS DE COMBATIRLA.

 

La información que llega a los ciudadanos de Occidente, falseada y distorsionada, de todas partes y a todas partes, monopolizada por siete grandes multinacionales de los medios de comunicación a nivel mundial es algo que es necesario contrarrestar. Internet por ahora sigue siendo un buen medio de contrainformación y hay que trabajar en que lo siga siendo. Sobre el tema de la Información es recomendable el interesante trabajo de Pierre Bourdieu Sur la télévision. Allí se nos dice que los medios trabajan por dar una información inane e idílica con la que evadir los auténticos problemas. Recuerdo cuando la OTAN bombardeó la televisión serbia. No me extrañó en absoluto, desde luego era un objetivo militar, ya que la televisión es un arma poderosísima, junto a la publicidad, con las que se nos bombardea diaria e insistentemente.

 

Las informaciones contradictorias llevan a no saber qué creer ni qué pensar. Respecto a las imágenes de la CNN del festejo del atentado sobre las Torres y el Pentágono entre los Palestinos se difundió la noticia por Internet de que eran falsas. Mediante Internet se puede combatir en cierta medida esa terrible desinformación y llevar a cabo una labor de contrainformación, el problema es que la CNN se apresuró a desmentir (El País 19-9-2001) las informaciones como la realizada por quienes difundieron la noticia de que “Las imágenes de palestinos celebrando los ataques procedían de 1991, cuando Irak invadió Kuwait. Luego la CNN manipula la información sobre los atentados”, diciendo que se filmaron el mismo día del atentado a las 11:00 a.m. Al final, con las noticias contradictorias, bulos, falsedades y desmentidos, no sabes muchas veces qué creer, ni qué pensar. La contrainformación contratacó con la noticia de que efectivamente, la CNN había grabado las imágenes en Gaza el mismo día, pero que: “La TV alemana transmitió ayer jueves un reportaje con evidencias indesmentibles que muestra cómo las imágenes de CNN fueron falsificadas, preparadas y enviadas a todo el mundo. El reportaje muestra una entrevista a una mujer que aparece en las imágenes de CNN y que declara que le pidieron que celebrara frente a la cámara con el típico grito de las mujeres nómades y que lo hizo porque le ofrecieron un trozo de pastel dulce” (Alvaro Rojas Director de El Chileno: Manipulación de la CNN. Aldesur-REDH & Web-eurosur.org, 22-9-2001). Pero ya parece que se trata de emponzoñar la labor periodística de la CNN por el mero hecho de ser una multinacional estadounidense, pues al fallar la primera contrainformación es cuando ha salido la segunda.

 

Manuel Vázquez Montalbán recordaba, sin embargo, la falsedad de las imágenes de los pelícanos de Alaska ennegrecidos por el petróleo, que fueron utilizadas por la CNN como si perteneciesen a pelícanos del golfo Pérsico. La empatía animal serviría para justificar los bombardeos y el embargo a Irak. En las imágenes de las Torres Gemelas no había cuerpos destrozados, como era de suponer, pues los medios se confabularon para no verter imágenes escabrosas con la excusa de evitar el morbo o no herir la sensibilidad de los espectadores (como si a algún televidente le quedase un ápice de sensibilidad). Pero la finalidad de dicha censura bien podría haber sido muy otra: “Supongo que no vivimos días como para comprobar con precisión la veracidad de los mensajes recibidos (…). Frecuentemente he oído o leído justificaciones de la manipulación televisiva aséptica sobre lo ocurrido en Nueva York, a partir del dato de que la crudeza con la que se vivió la retransmisión de la guerra del Vietnam desmoralizó a la población. No. Lo que hizo fue movilizar la conciencia antibelicista y por eso no volveremos a ver cadáveres en las guerras, ni pelícanos o palestinos en su sitio y a su tiempo” (M.V.Montalbán Pelícanos. El País 24-9-2001). La guerra es un gran horror, pero la filmografía y la épica que desde Homero cantan sus alabanzas, a excepción del cine de guerra antibelicista como Apocalipsis Now, nos hacen ver que las guerras son cosas honorables en las que sólo los malos pierden y los buenos salen ganando. Ya no quedan en Occidente muchas personas que vivieran y recuerden la Segunda Guerra Mundial por lo que la posibilidad de poder asesinar impunemente sin medir las consecuencias habría llevado a miles de jóvenes estadounidenses a alistarse en la armada tras el atentado de las Torres. La información sobre la guerra no es veraz. Hollywood forma ya parte de la construcción de la subjetividad. Por eso resulta grotesco la reminiscencia de alguno de sus films de acción y propaganda. En la película Rambo III (1988) el personaje interpretado por Sylvester Stallone acude a Afganistán para liberar al coronel Trautman, hecho prisionero por los invasores soviéticos cuando se disponía a entregar misiles Stinger a los rebeldes afganos. Algunos parlamentos de los personajes de la película son memorables: Habla el coronel Trautman: “Los afganos combaten casi sin armas y mal equipados y lo cierto es que ustedes (los soviéticos) subestiman al enemigo. Si conocieran su historia sabrían que esa gente jamás se ha rendido ante nadie. Prefieren morir antes que ser esclavos de un ejército invasor. Nosotros ya tuvimos nuestro Vietnam. Ahora ustedes tienen el suyo”. Habla Rambo: “Esta es ahora nuestra guerra. Inshalá”.

 

Y ya reflexionando sobre la guerra de los Balcanes se llegaba a las mismas conclusiones: “El periodista estadounidense David Rieff hace una descripción similar en su libro Matadero, Bosnia, el fracaso de Occidente. «Tanto en Sarajevo como en Tuzla o en Mostar se podían ver jóvenes vestidos con ropas de Rambo repantingados en cafés o paseando a las muchachas en los pocos coches civiles que quedaban en cualquier zona en concreto. El grado en el que se habían esculpido a imagen y semejanza de los personajes que habían visto en películas como Rambo o Mad Max llevó al director teatral de Sarajevo Haris Pasovic a confesarme en una ocasión que cuando volviera la paz confiaba en que se haría un juicio por crimenes de guerra. Cuando dije que no debía imaginar que la ONU hablaba en serio al respecto, que la gente que negociaba con Karadzic y el general Mladic no intentarían encerrarlos, negó con la cabeza impaciente. -No, no -me dijo, riendo-. -No me refiero a ellos. Me refiero a Sylvester Stallone. ¡Es responsable de gran parte de lo que pasa aquí!»” (Guillermo Altares Esto es un infierno. Los personajes del cine bélico. Alianza Editorial. Madrid 1999, p.227).

 

Otra información contradictoria es la que afirmaba, por un lado, que tras el ataque a las Torres el presidente Bush había forzado a Ariel Sharon a apaciguar sus incursiones contra los palestinos, y por otro, que tras el atentado el presidente israelí había intensificado la masacre del pueblo palestino. Lo primero se manifestaba al hilo de una entrevista a Gema Martín Muñoz: “Ayer, israelíes y palestinos acordaban un alto el fuego después de casi un año de violencia sin diálogo” (Entrevista Digital a Gema Martín Muñoz. El País 19-9-2001. Así como el titular y los artículos siguientes de la primera página del periódico: “Bush refuerza el alto el fuego en Palestina para ganarse a los árabes”). Y lo segundo lo manifestaba el mismo día  y en el mismo periódico, en la sección de Opinión, Edward Said: “Israel explota ahora cínicamente la catástrofe estadounidense intensificando su ocupación militar y la opresión de los palestinos. Desde el 11 de septiembre, fuerzas militares israelíes han invadido Jenin y Jericó, y han bombardeado repetidas veces Gaza, Ramala, Beit Sahur y Beit Jala, causando grandes bajas entre los civiles y enormes daños materiales” (Edward Said Pasión colectiva. El País 19-9-2001). Incluso las noticias alternativas y críticas daban por bueno el alto el fuego: “El inesperado cese al fuego asumido por Ariel Sharon en su guerra contra Palestina, luego de dejar tantos muertos en el camino, hace dudar que se trate de una actitud de buena voluntad, y lleva a pensar que se prepara para los días de la Justicia Infinita, que han de llegar al Golfo Pérsico con los soldados y las armas de Estados Unidos” (Kinnto Lucas ¿Justicia infinita contra quién?. Web-eurosur, 22-9-2001). Sin embargo algún editorial ya había corroborado las informaciones de Said: “El conflicto entre Israel y los palestinos es un vivero de terroristas, en un caldo de injusticia que se debe rectificar. Justo lo contrario de lo que hicieron ayer los israelíes con nuevos ataques con tanques en Gaza, que causaron la muerte de al menos 12 palestinos” (Respuesta a un enemigo difuso. Editorial de El País 13-9-2001). ¿El ataque a Estados Unidos provocó el cese de las hostilidades entre palestinos e israelíes o al contrario, su recrudecimiento? Las informaciones contradictorias llevan a no saber qué creer ni qué pensar, pero en este caso me inclinaría por creer lo segundo, ya que de un día para otro no creo que se pase de la guerra a la paz en Palestina.

 

Después estaban las recomendaciones. Mientras que el presidente Bush recomendaba a los estadounidenses que salieran a consumir: “Las autoridades estadounidenses piden a los ciudadanos que demuestren su patriotismo llenando las tiendas, yendo al cine, comprando todo lo que necesiten o haciendo viajes de vacaciones. El consumo es el motor de la economía y, en estos tiempos de crisis y guerra, es necesario mantenerlo a pleno rendimiento” (La Vanguardia Bush pide a los americanos que consuman más. 26-9-2001), al mismo tiempo y por razones opuestas, Dario Fo, el premio Nobel de literatura italiano y su familia, recomendaban consumir menos y elegir bien lo que se consume como vía para luchar contra las desigualdades: “En estos años hemos trabajado con éxito para demostrar que es posible hacer compatibles nuestros consumos, ahorrar, tener mejores productos y, al mismo tiempo, boicotear el mercado de la muerte rehusándonos llevar nuestro dinero a su molino. Hoy estas elecciones ya no son solamente justas y convenientes, son también urgentes e impostergables. Te pedimos hacer este gesto, inmediatamente, ahora mismo. Ya no hay tiempo para pensarlo más. La locomotora del capitalismo salvaje está acelerando su velocidad, apunta con determinación absoluta hacia la guerra y la destrucción del planeta. La única posibilidad es cortarle el abastecimiento de carburante. Enseguida. (…). Votas cada vez que haces compras”. (WebIslam nº140. 21 de septiembre de 2001. Dario Fo, Franca Rame y Jacopo Fo. Una guerra disimulada. www.lainsignia.org).

IV.

 

LA APUESTA POR EL PENSAMIENTO CRÍTICO.

 

Desde luego que yo me defino como anticapitalista, si bien no soy de los que están dispuestos a cambiar el sistema vigente por cualquier otro, sino que propongo un cambio hacia mejor, de modo que no lo cambiaría por un modelo de sociedad como el islamismo afgano, por ejemplo… El capitalismo tiene muchas desventajas pero algunas ventajas, si bien la mayoría de los países con deuda externa sólo sufren sus desventajas y no disfrutan de sus ventajas… Por cierto, a ese respecto no estoy de acuerdo con la condonación de la Deuda, sino que preferiría que los deudores se negasen a pagar (podrían hacerlo en concepto de reparación por los daños causados por 500 años de imperialismo, colonialismo y expoliación)…

 

Desde luego el pensamiento crítico es una necesidad y la insistencia en ahogarlo a lo largo de la historia por todos los medios del poder revela que los dominadores siempre lo han visto como una amenaza. La racionalidad del capitalismo, la racionalidad de la ley de la oferta y la demanda, del pensamiento técnico, instrumental o mercantilista, no me parece tal, sino profundamente irracional. Puede que sea lógico el que haya que tirar fruta y verdura al mar para mantener los precios, pero desde luego no me parece racional. Y eso porque incluyo dentro de lo que puede llamarse racional algo más que lo meramente eficiente o instrumental. El pensamiento crítico se caracteriza por no adoptar posturas unilaterales, esto es, no estar ni totalmente a favor del islamismo ni del capitalismo, ni totalmente a favor de los palestinos ni de los judíos, sino levantar acta de las atrocidades y corruptelas cometidas por ambos bandos afín de luchar por retormar la dirección hacia una tercera vía entre los dogmatismos tendiendo hacia el cumplimiento del verdadero proyecto ilustrado nacido en Grecia y caracterizado por la Igualdad y por el Gobierno de la Razón.

 

La posibilidad tecnológica de la Web podría suponer la desmaterialización de las grandes ciudades, aberrantes conglomerados de millones de personas con cinturones de pobreza alrededor, sería algo muy positivo y nos permitiría a muchos repoblar las zonas rurales, hoy abandonadas. En las ciudades se oculta el dolor y la muerte en los grandes Hospitales, en las cárceles y en los sanatorios mentales (en este sentido haces bien al retomar a Foucault). Su paz es sólo aparente. No creo que se pueda retornar a formas de vida anteriores, para recuperar lo destruido por la mecanicación del trabajo el camino es hacia delante, no hacia atrás.

 

Lo que ya señalaba Deleuze, el paso de la sociedad disciplinaria a la sociedad de control (Gilles Deleuze «Posdata sobre las sociedades de control», en Revista Babel, nº 21. Buenos Aires, diciembre de 1990: “Son las sociedades de control las que están reemplazando a las sociedades disciplinarias”. [Deleuze Pourparles. Paris Minuit 1990]. Cfr. Michael Hardt & Antonio Negri Empire. Harvard University Press 4ª, 2001; 1.2. Biopolitical production: «Biopower in the Society of Control», p.22 ss.), soluciona una objeción que se le ha hecho al Foucault de Vigilar y Castigar: un investigador pretendió desmentir a Foucault al analizar la situación de las cárceles norteamericanas en la actualidad y verificar que no hay ningún disciplinariamiento del recluso, que hoy en día, simplemente, se les encierra dentro y se impide que salgan, de modo que lo que ocurre en el interior está muy poco regulado y reglamentado. Ello nos llevaría a la idea de que tan sólo se controla el encierro, mientras que ya no se gasta energía en la represión interior, pues casi es mejor dejar que surja por sí sola. El control funciona también con la inmigración, ya que África está abandonada, simplemente se intenta que no entren en otros países, pero ya no se explota ni coloniza como antaño (aunque aún existen compañías extractoras de diamantes y petróleo a cambio de armas), sencillamente, una vez dejada una zona en condiciones lamentables, se aísla como un ghetto sumido en la violencia (suburbios estadounidenses o parisinos) y se controla que la violencia no salga de allí.

 

Por otra parte, respecto a la vigilancia ocular en las ciudades, hay una organización fomentada por el cantante Peter Gabriel, dedicada a realizar el contrapanópticon, es decir, dedicada a proporcionar cámaras de video a las comunidades para que puedan filmar los abusos de la policía y presentarlos como prueba ante un jurado. Luego vemos que algunas veces las armas del enemigo pueden ser utilizadas en su contra.

 

Habitar poéticamente el mundo, la pretensión del último Heidegger, denostador de la técnica como imposición, a mi juicio es siempre posible cuando se adquieren suficientes márgenes respecto al dominio exclusivamente laboral. Esos márgenes, yo los llamo ocio, (siempre que no se colonizan por el consumo dirigido de artículos inútiles), y se convierten en centros de creatividad. Y mejor quizá que la creatividad no se institucionalice estatalmente, ya que reglamentarla, burocratizarla y asalariarla supone destruirla. En el aspecto de la creatividad es en el único que soy liberal, el Estado que asegure las condiciones necesarias (cierta igualdad económica) para que todos puedan desarrollar, cultivar y expresar su creatividad (libertad de pensamiento y de acción).

 

 

 

ESTRACTOS DE PRENSA SOBRE EL ATAQUE TERRORISTA A EEUU Y LA SUBSIGUIENTE GUERRA EN AFGANISTÁN.

 Sobre el ataque terrorista a Estados Unidos decía Alain Touraine: “Nadie espera ver flotas aéreas o marítimas enfrentarse masivamente; nadie puede localizar y describir con detalle la organización militar, los recursos económicos, el sistema de información que permiten al bando antiamericano llevar a cabo esta guerra (…). El mundo puede transformarse en un gigantesco País Vasco (…). Todos tenemos la responsiblidad de evitar un enfrentamiento cada vez más catastrófico entre un poder absoluto y unos desarraigados sin esperanza” (Alain Touraine La hegemonía de EE UU y la guerra islamista. El País 13-9-2001).

 

 

“El orden internacional post muro de Berlín, en términos de seguridad, con sus implicaciones económico-sociales, no sólo de defensa ante las amenazas, no está definido -mucho menos articulado- porque ni siquiera están identificadas las verdaderas amenazas (…) ¿Es posible avanzar por el camino de la gobernabilidad -no hablo del gobierno- de esta nueva realidad planetaria inducida por el fenómeno de la globalización de la información, la economía, las finanzas, y... ahora el terror? (…). La información es el 85% de la lucha por la erradicación de esté fenómeno. El 15% restante serían las operaciones derivadas para capturar y destruir las tramas. Lo más dramático es que la información a la que me refiero está disponible en su casi totalidad, y llegaría al máximo de eficacia si se pusiera en común por una docena de países que se consideran amigos y aliados. Pero esto no ocurre” (Felipe González Globalización del terror. El País 15-9-2001).

 

 

“¿Qué les lleva a hacerlo? Cuando la vida sólo ofrece dolor y humillación, la desesperación empuja a la venganza y a la muerte. La miseria puede convertir la vida en un infierno. En Occidente lo sabemos, pero no lo tomamos en serio. La vida también puede volverse un infierno por otras causas que los occidentales hemos olvidado: vivir bajo ocupación militar, sufrir bombardeos de castigo, padecer humillaciones diarias, ver cómo desaparece lo que daba sentido a las cosas. Esas cosas empujan a la desesperación, que es otro nombre del infierno. Para quienes hoy viven desesperados, la historia reciente viene siendo un enfrentamiento entre los occidentales poderosos y ricos, dispuestos a matar pero no a morir, y los pobres impotentes a quienes sólo cabe morir matando. Piensan que en Palestina, en Irak, en África y en otros sitios los poderosos llevamos años matando sin morir. Creen que el pasado martes, por una vez, los desesperados se tomaron la revancha al precio de morir matando. El martes también cambió nuestra visión del mundo en que vivimos. Descubrimos que los impotentes e ignorantes saben y pueden más de lo que nos habían dicho, y que quienes nos protegen saben y pueden menos de lo que pretenden (…). Occidente no va a lanzarse a un combate épico contra no se sabe muy bien quién, y, si se enfrenta con una denominación religiosa con mil millones de seguidores, cometerá un error espantoso. La vía hacia nuestra seguridad consiste en reducir el número de otros dispuestos a morir. Lograrlo no requiere resolver previamente todos los conflictos y dramas del mundo. Lo que sí exige es recrear la esperanza de que las injusticias pueden llegar a repararse. Sólo el desesperado muere matando, el que tiene esperanza prefiere vivir luchando. El gran reto de Occidente no es matar a unos centenares de asesinos suicidas; si eso es todo lo que hacemos, aparecerán otros. El reto consiste en poner fin a las situaciones que hacen surgir miles de desesperados dispuestos a morir matando. Algo que en los últimos 10 años no hemos hecho. Quizá tras el 11 de septiembre de 2001 empecemos a hacerlo” (Carlos Alonso Zaldivar Morir matando. El País 16-9-2001).

 

“La CNN estaba claramente cumpliendo con su deber patriótico: nuestros medios de comunicación de masas se han erigido en Ministerio de Propaganda y manipulan la rabia, la ansiedad, la credulidad, la ignorancia y la autocompasión de la opinión pública para fabricar un consenso nacional de extraordinaria crudeza, y enormes contradicciones. Fuimos atacados por ser tan buenos y generosos, además de tan ricos y poderosos (…). Por encima de todo, casi nadie ha pedido a la opinión pública que reflexione acerca de por qué la política estadounidense ha engendrado odio en otras partes del mundo (…). Aquel predecesor histórico de Estados Unidos, Roma, fue también un imperio multicultural. Su dependencia espiritual de Atenas desapareció cuando los atenienses se resignaron a la insignificancia. ¿Están renunciando los atenienses contemporáneos, los europeos occidentales, a su propia cultura política? (…). La palabra 'terrorismo' se ampliará para abarcar todo tipo de movimiento y disidencia. Pronto veremos columnistas que comparen a los manifestantes contra la globalización con la yihad islámica (…). Por el momento, ésta parece muy limitada. Sólo un miembro del Congreso, Barbara Lee (que representa a la ciudad negra de Oakland y la ciudad universitaria de Berkeley), tuvo el valor para votar en contra de otorgar poderes extraordinarios al presidente. Hay más que estarían dispuestos a manifestar su oposición y sus críticas si pudieran referirse a iniciativas europeas para formar otro tipo diferente de coalición antiterrorista, una que aspirara a poner fin a los odios etnocéntricos, la pobreza desesperada y la subyugación permanente a un mercado mundial. Nadie en Washington ha sugerido que los perpetradores de los atentados se sometan a la nueva jurisprudencia internacional que se ha iniciado en La Haya, aunque la idea parezca evidente. Los europeos podrían también hacer propuestas serias para integrar una coalición antiterrorista con la labor de las Naciones Unidas (…). Por encima de todo, ha sido escandaloso que el 89% de los encuestados respondiera 'sí' en una encuesta nacional a la pregunta de si se debían emprender acciones militares, aunque supusieran la muerte de miles de civiles inocentes” (Norman Birnbaum Atenas y Roma ¿Otra Vez?. El País 21-9-2001).

 

“¿Se puede invocar, como el presidente Bush, la defensa legítima de la civilización, la libertad y la democracia contra quienes siembran el terror y la muerte cuando el mismo Bush se niega a ratificar el acuerdo para la prohibición de las mortíferas minas antipersona, fomenta la busca de nuevas formas de guerra bacteriológica y destina la parte del león de su colosal presupuesto militar a la creación del escudo antimisiles -la famosa guerra de las galaxias- que, tras la carnicería organizada y perpetrada a partir del territorio norteamericano sin que la CIA, FBI y demás organismos de seguridad se enteraran, resulta tan ilusorio como un espejismo? (…). El castigo impuesto desde hace diez años al inocente pueblo de Irak -desnutrición, miseria, alta mortalidad infantil- por los crímenes y aventuras bélicas de su dictador -un dictador al que nunca eligió, del que fue su primera víctima y que para colmo sigue en su puesto- ¿va a repetirse contra otros pueblos sospechosos de albergar terroristas en virtud de la fatal ecuación musulmán = islamista? La distinción entre vasco, abertzale y etarra ¿no debería inducirnos a afinar los conceptos con respecto al Islam y los árabes? En la coalición de países defensores de la libertad y democracia justamente reclamada por Bush para acabar con el terror que hoy sacude a la sociedad norteamericana, ¿caben Estados supuestamente moderados -a menos que ser moderado equivalga a ser un buen socio económico- como Arabia Saudí, en donde la condición de la mujer no es mejor que en Afganistán, y cuya teocracia no sólo apoya al régimen talibán sino que difunde por el mundo, gracias a la renta petrolera y al control de los Santos Lugares del Islam, una versión fundamentalista de éste, por obra de imanes wahabíes de la índole del que se distinguió en Marbella por su manual de suaves consejos correctivos a las esposas desobedientes? ¿Se puede seguir guardando silencio y mirar al otro lado ante el brutal sistema de apartheid en Gaza y Cisjordania, la política de tierra quemada de Sharon, la humillación y acoso del pueblo palestino reducido en guetos infames sin comprender que ese estado de cosas prolonga sine die al conflicto y convierte a decenas de millones de jóvenes sin esperanza de futuro ni de vida decente en candidatos a la inmolación en criminales atentados suicidas? La mejor manera de derrotar al terrorismo anti-israelí ¿no sería la de eliminar las razones objetivas que favorecen la conversión de un joven en un kamikaze terrorista? La palabra terrorismo aplicada a realidades muy distintas ¿no permite todo tipo de comparaciones oportunistas como las de Piqué entre ETA y los radicales palestinos y las de Putin entre aquella y los independentistas chechenos? Desmemoriados como somos, volvamos la vista atrás: ¿no recurrieron al arma del terror los nacionalistas argelinos durante su lucha por la independencia y los fundadores del Estado de Israel hasta el día en que plasmaron su proyecto de Hogar nacional judío? Pisamos arenas movedizas y todas las precauciones que tomemos en el empleo del lenguaje serán siempre pocas” (Juan Goytisolo Preguntas, preguntas, preguntas. El País 20-9-2001).

 

“Ésta es una guerra contra el terrorismo, según todo el mundo, pero ¿dónde, en qué frentes, para qué fines concretos? Nadie da respuestas, excepto la vaga insinuación de que a lo que 'nos' enfrentamos es a Oriente Próximo y el Islam, y que el terrorismo tiene que ser destruido. Sin embargo, lo más deprimente es ver el poco tiempo que se emplea en intentar comprender el papel de Estados Unidos en el mundo y su implicación directa en la compleja realidad que hay más allá de las dos costas, que durante tanto tiempo han mantenido al resto del mundo extremadamente lejano y en la práctica fuera de la mente del estadounidense medio. Se podría pensar que 'América' era un gigante dormido en vez de una superpotencia casi constantemente en guerra, o en algún tipo de conflicto, en todos los dominios del Islam. El nombre y el rostro de Osama Ben Laden se han vuelto alucinantemente familiares para los estadounidenses, hasta el punto de borrar cualquier historia que él y sus tétricos seguidores puedan haber tenido (por ejemplo, como útiles reclutas en la yihad lanzada hace 20 años por Estados Unidos contra la Unión Soviética en Afganistán) antes de que se convirtieran en símbolos trillados de todo lo que resulta odioso y repulsivo para la imaginación colectiva. De forma también inevitable, las pasiones colectivas están siendo canalizadas hacia una campaña a favor de la guerra que se parece extraordinariamente a la persecución de Moby Dick por el Capitán Ahab, en vez de lo que está pasando en realidad, una potencia imperialista que ha sido herida en casa por primera vez y que persigue sistemáticamente sus intereses en lo que de pronto se ha convertido en una nueva geografía del conflicto, sin claras fronteras ni actores visibles. Se barajan símbolos maniqueos y escenarios apocalípticos, mientras a las futuras consecuencias y a la moderación retórica se las lleva el viento (…). Sin embargo, la responsabilidad intelectual exige un sentido aún más crítico de la actualidad. Naturalmente, ha habido terrorismo, y casi todos los movimientos de lucha modernos se han basado en el terror en alguna de sus etapas. Esto fue tan cierto en el caso del Congreso Nacional Africano de Mandela como en todos los demás, sionismo incluido. Y aun así, bombardear a ciudadanos indefensos con F-16 y helicópteros de guerra tiene la misma estructura y los mismos efectos que el terrorismo nacionalista más convencional. Lo especialmente malo en todo terrorismo es cuando se vincula a abstracciones religiosas y políticas, y a mitos que lo reducen todo y que se apartan de la historia y del sentido común. Es aquí donde la conciencia seglar tiene que dar un paso adelante y hacerse sentir, tanto en Estados Unidos como en Oriente Próximo. Ninguna causa, ningún Dios, ninguna idea abstracta pueden justificar la matanza en masa de inocentes, y muy especialmente cuando sólo un pequeño grupo de personas están al cargo de estas acciones y sienten que representan una causa sin haber sido elegidas o tener un auténtico mandato para hacerlo. Además, con tanto como se ha discutido sobre los musulmanes, no hay un solo Islam: hay varios Islam, igual que hay varios Estados Unidos. La diversidad es cierta en todas las tradiciones, religiones o naciones, aunque algunos de sus seguidores hayan intentado inútilmente trazar fronteras alrededor de sí mismos y definir claramente sus credos (…). Los atacantes suicidas de Nueva York y de Washington parecen haber sido de clase media, personas con estudios, no pobres refugiados. En lugar de conseguir unos líderes sabios que resalten la importancia de la educación, la movilización de masas y la organización paciente al servicio de una causa, los pobres y los desesperados a menudo se ven embaucados por el pensamiento mágico y las soluciones rápidas y sangrientas que ofrecen tan espantosos modelos, todo ello envuelto en paparruchadas religiosas llenas de mentiras (…). La satanización del Otro no es una base suficiente para ninguna clase de política decente, y mucho menos ahora que el enraizamiento del terrorismo en la injusticia y la miseria se pueden reconducir, y los terroristas pueden ser aislados o disuadidos con facilidad, o, si no, puestos fuera de combate. Hace falta paciencia y educación, pero la inversión compensa más que los niveles aún mayores de violencia y sufrimiento a gran escala. Las perspectivas inmediatas son de destrucción y de sufrimiento en una escala muy grande, con los artífices de la política estadounidense exprimiendo los miedos y aprensiones de sus votantes con la cínica certeza de que muy pocos intentarán una campaña contra el patriotismo inflamado y las beligerantes incitaciones a la guerra, que durante un tiempo han logrado que se pospongan la comprensión, la reflexión y hasta el sentido común. A pesar de ello, aquellos de nosotros que tenemos la posibilidad de llegar a la gente que está dispuesta a escuchar -y hay mucha gente así en Estados Unidos, en Europa y en Oriente Próximo-, por lo menos debemos intentarlo tan racional y pacientemente como sea posible” (Edward Said Pasión colectiva. El País 19-9-2001).

 

TERRORISMOS.

 

“En los años treinta y cuarenta los judíos clandestinos en Palestina eran descritos como ‘terroristas’. Después, nuevas cosas acontecieron. Para 1942, el Holocausto estaba en marcha, y cierta simpatía liberal con los judíos se había expandido en el mundo occidental. En los años 1944-1945, los terroristas de Palestina -quienes eran sionistas- comenzaron a ser descritos como ‘luchadores por la libertad’. Se pueden encontrar, en libros y carteles, las fotografías de al menos dos primeros ministros israelíes, incluyendo a Menajem Begin, con la frase: ‘terroristas, recompensa tanto’. La recompensa más elevada que he encontrado es por 100 mil libras esterlinas por la cabeza de Menajem Begin, el terrorista (…). En 1985, el presidente Ronald Reagan recibió a un grupo de hombres barbudos. Estos barbudos de los cuales yo estaba escribiendo en The New Yorker eran hombres de aspecto feroz, con turbantes, y parecían haber llegado de otro siglo. El presidente Reagan los invitó a la Casa Blanca. Tras recibirlos habló ante la prensa. Los señaló y dijo: ‘Estos son el equivalente moral de los padres fundadores de Estados Unidos’. ‘Estos’ eran los mujaidines afganos. Estaban, en aquel momento, con pistola en mano, luchando contra el ‘Imperio del Mal’ (…). El asunto del terrorismo es bastante complicado. Los terroristas cambian. El terrorista de ayer es el héroe de hoy, y el héroe de ayer se vuelve el terrorista de hoy (…). Históricamente, la experiencia de la violencia ejercida por el oponente fuerte ha hecho de las víctimas terroristas. Se sabe que los niños maltratados muchas veces se vuelven padres abusivos y adultos violentos. Eso es lo que pasa con los pueblos y las naciones. Cuando son maltratados, pegan de regreso. El terror estatal muchas veces cultiva terror colectivo. Se sabe que los judíos no cometieron terror excepto durante y después del Holocausto. Los estudios demuestran que la mayoría de los miembros de los peores grupos terroristas en Israel, Palestina, las bandas Stern e Irgun, fueron inmigrantes de los países más antisemitas de Europa del Este. Del mismo modo, los jóvenes chiítas de Líbano o los palestinos de los campos de refugiados son gente maltratada. Se vuelven muy violentos. Los ghettos se tornan violentos en su interior. Se vuelven violentos hacia el exterior cuando tienen un claro e identificado blanco externo (…). La ausencia de ideología revolucionaria es central para el terrorismo de las víctimas. Los revolucionarios no cometen terror no pensado. Aquellos que estén familiarizados con la teoría revolucionaria se saben los debates y las disputas dentro de los grupos revolucionarios en Europa, la lucha entre anarquistas y marxistas, por ejemplo. Pero los marxistas siempre han argumentado que el terror revolucionario, si alguna vez se utiliza, debe ser sociológica y psicológicamente selectivo (…). Así que la ausencia de ideología revolucionaria que se inicia más o menos en el periodo posterior a la segunda Guerra Mundial ha sido central en este fenómeno” (Eqbal Ahmad Masiosare-Rebelión El terrorismo de ellos y el nuestro. 21-10-2001: www.eurosur.org).

 

“Este acto terrorista tiene un carácter completamente criminal y hay que condenarlo, aunque no por razones hipócritas como hacen Blair y Bush. Los marxistas nos oponemos al terrorismo individual porque es contraproductivo y sólo es un arma que sirve a los sectores más reaccionarios de la clase dominante. Y este es un claro ejemplo: esta atrocidad sangrienta sólo será útil para las grandes empresas y el imperialismo estadounidense. Dará a Bush mano libre para hacer todo lo que quiera en Oriente Próximo y en todo el mundo. La opinión pública estadounidense ahora estará dispuesta a aceptar una política reaccionaria, dentro y fuera de sus fronteras (…). Una cosa es cierta. La consecuencia del ataque será fortalecer el imperialismo y el ala de derechas en EEUU. Una vez más vemos las consecuencias reaccionarias del terrorismo individual, que los marxistas condenamos incondicionalmente (…). El saqueo del planeta por parte de las grandes empresas ha creado una enorme miseria, guerra y caos, que ahora ha impactado en el corazón del imperialismo mundial. Esta es la verdadera causa de la actual atrocidad. El terrorismo del hambre mundial, la enfermedad, la miseria, la explotación y la opresión que atormenta a millones de hombres, mujeres y niños durante todos los días de sus vidas, es la verdadera causa de la agitación e inestabilidad que recorre el planeta al principio del siglo XXI” (Ted Grant & Alan Woods Rebelión-El Militante: Y cuando ellos crearon el desierto, le llamaron paz. 17-9-2001: www.eurosur.org).

 

“Entiendo la expresión ‘terrorismo’ exactamente en el sentido definido en los documentos oficiales de EE.UU: ‘el uso calculado de la violencia o de la amenaza de la violencia para obtener objetivos que son de naturaleza política, religiosa, o ideológica. Esto es realizado a través de la intimidación, la coerción, o infundiendo miedo’.

Según esta definición -enteramente apropiada-, el reciente ataque contra EE.UU. es ciertamente un acto de terrorismo, en todo caso, un horrendo crimen terrorista. En todo el mundo es difícil encontrar algún desacuerdo al respecto, ni debiera haberlo.

Pero fuera del significado literal del término, como acabo de citar de documentos oficiales de EE.UU., también hay un uso propagandístico, que por desgracia es el habitual el término ‘terrorismo’ es utilizado para referirse a actos terroristas cometidos por enemigos contra nosotros o nuestros aliados. El politólogo Michael Stohl tiene toda la razón cuando escribe que ‘debemos reconocer que por convención -y hay que subrayar que es sólo por convención- se describe normalmente el gran uso de poder y la amenaza del uso de la fuerza como diplomacia coercitiva y no como una forma de terrorismo’, aunque comúnmente implica ‘la amenaza y a menudo el uso de violencia para lograr lo que se describiría como propósitos terroristas, si no fuera porque las grandes potencias siguen exactamente la misma táctica’ (…).

 Considerando estas convenciones, incluso la misma gente y sus acciones pueden pasar rápidamente de ser ‘terroristas’ a ser ‘combatientes por la libertad’ y viceversa. Esto ha estado sucediendo justo al lado de Grecia en los últimos años. El ELK-UCK fue oficialmente condenado por EE.UU. como ‘terrorista’ en 1998, por sus ataques contra la policía y los civiles serbios, en un esfuerzo por provocar una reacción desproporcionada y brutal de Serbia, como declararon abiertamente. Todavía en enero de 1999, los británicos -el elemento más agresivo en la OTAN al respecto- pensaban que el ELK- UCK era responsable por más muertes que Serbia, lo que es difícil de creer, pero por lo menos nos dice algo sobre las percepciones a los niveles superiores de la OTAN. Si uno puede confiarse en la voluminosa documentación suministrada por el Departamento de Estado, la OTAN, la OECD, y otras fuentes occidentales, nada cambió en la práctica en el terreno hasta el retiro de los inspectores del KVM (Misión de Verificación OSCE para Kosovo) y los bombardeos de fines de marzo de 1999. Pero las políticas cambiaron: EE.UU. y Gran Bretaña decidieron lanzar un ataque contra Serbia, y los ‘terroristas’ se convirtieron instantáneamente en ‘combatientes por la libertad’. Después de la guerra, se volvieron ‘terroristas’, ‘bandidos’ y ‘asesinos’, cuando realizaron acciones similares en Macedonia, un aliado de EE.UU (…).

Debiera ser innecesario señalar que el terrorismo masivo es un instrumento habitual de los estados poderosos, como indica Stohl. Algunos casos no son ni siquiera controvertidos. Tomemos la guerra de EE.UU. contra Nicaragua, que dejó decenas de miles de muertos y el país en ruinas. Nicaragua apeló a la Corte Internacional de Justicia, la que condenó a EE.UU. por terrorismo internacional (‘el uso ilegal de la fuerza’), ordenando que desistiera y que pagara considerables reparaciones. EE.UU. respondió a la decisión de la Corte escalando considerablemente la guerra, y vetando una resolución del Consejo de Seguridad llamando a todos los estados a respetar la ley internacional. La escalada incluyó órdenes oficiales de atacar ‘objetivos blandos’, objetivos civiles indefensos, como colectivos agrícolas y clínicas sanitarias- y de evitar el ejército nicaragüense. Los terroristas pudieron implementar esas instrucciones, gracias al control total del espacio aéreo nicaragüense por EE.UU. y al moderno equipo de comunicación que les fue suministrado por sus supervisores (…).

Pero la guerra terrorista de EE.UU. no fue ‘terrorismo’, fue ‘contraterrorismo’ según los estándares doctrinarios. Y los estándares de EE.UU. dominan en gran parte del mundo (…).

12. ¿Está usted de acuerdo con la opinión de que el mundo cambió el 11 de septiembre de 2001?

Sin duda alguna. La historia de Europa y de su vástago estadounidense está jalonada por la realización de crímenes atroces contra otros - o de matanzas mutuas, como en la guerra civil de EE.UU. o en las guerras europeas. Es la primera vez que los cañones han apuntado en la dirección opuesta, o por lo menos de alguna manera importante. Congo no atacó a Bélgica, o India a Inglaterra, o Argelia a Francia, o México o Filipinas a Estados Unidos. Las atrocidades del 11 de septiembre fueron únicas, no -por desgracia- por su dimensión, sino por el objetivo (…).

14. ¿Es peligroso el Islam para la civilización occidental o constituye el modo de vida occidental una amenaza para la humanidad?

La pregunta es demasiado amplia y vaga para que pueda responderla. Debiera quedar en claro, sin embargo, que EE.UU. no considera al Islam como un enemigo, o viceversa. El estado musulmán más poblado del mundo, Indonesia, ha sido un favorito de EE.UU. desde que el ejército tomó el poder en 1965, organizando una matanza que la CIA comparó con los crímenes de Hitler, Stalin y Mao, y provocando con ella una euforia ilimitada en Occidente, que continuó apoyando al asesino masivo a cargo, mientras acumulaba crímenes contra los derechos humanos que superaban todo lo ocurrido a fines del siglo XX. El estado islámico más extremo, fuera de su retoño talibán, es Arabia Saudita, un cliente de EE.UU. desde su concepción. En los Balcanes, por razones que no podemos analizar ahora, EE.UU. decidió apoyar a los musulmanes contra los cristianos. En los años 80, un objetivo primordial de las guerras terroristas de EE.UU. en América Central, que causó cientos de miles de muertos y dejó a cuatro países en ruinas, fue la iglesia católica, que había cometido el terrible pecado de adoptar "la opción preferencial por los pobres." El "modo de vida occidental" incluye una gran variedad de elementos, muchos altamente admirables, muchos adoptados con entusiasmo por el mundo islámico, muchos criminales, y que constituyen incluso una amenaza para la supervivencia humana.

En lo que respecta a la "civilización occidental," tal vez podríamos adherirnos a las palabras atribuidas a Gandhi cuando se le preguntó qué pensaba de la "civilización occidental": dijo que podría ser una buena idea” (Noam Chomsky Entrevista nº5. Zmagazine 11-10-2001, www.eurosur.org. Título original: Chomsky interview 5. Link: http://www.zmag.org./chomsky_interview_5.htm. Traductor: Germán Leyens).

 

 

LA YIHAD ISLÁMICA.

 

“La jihad, que ha sido traducida miles de veces como ‘la guerra santa’, no es precisamente eso. Jihad es una palabra árabe que significa "luchar". Podría ser luchar con violencia o luchar con medios no violentos. Hay dos maneras, la pequeña jihad y la gran jihad. La pequeña jihad implica violencia. La gran jihad implica las luchas con el ser. En términos prácticos, en la historia islámica, la jihad, como un fenómeno violento internacional, había desaparecido desde hace 400 años. De pronto fue revivida con ayuda estadunidense en los ochenta. Cuando la Unión Soviética intervino en Afganistán, Zia ul-Haq, el dictador militar de Pakistán, vio una oportunidad y lanzó una jihad contra el comunismo sin Dios. Estados Unidos vio una oportunidad enviada del cielo para movilizar a mil millones de musulmanes contra ‘el Imperio del Mal’. El dinero comenzó a fluir. Los agentes de la CIA comenzaron a recorrer el mundo musulmán reclutando personas para luchar en la gran jihad. Bin Laden fue uno de los primeros reclutas. No sólo era árabe. También era saudita. No sólo era saudita. También era un multimillonario, dispuesto a aportar dinero. Bin Laden anduvo reclutando gente para la jihad” (Eqbal Ahmad Masiosare-Rebelión El terrorismo de ellos y el nuestro. 21-10-2001: www.eurosur.org).

 

DOBLE RASERO O DOBLE VERDAD DE LOS USA Y OCCIDENTE.

 

“Por lo tanto, ¿cuál es mi recomendación para Estados Unidos? Primero, evita los extremos de los dobles estándares. Si vas a practicar dobles estándares, te pueden pagar con dobles estándares. No consientas el terror israelí, el paquistaní, el nicaragüense, el salvadoreño, por un lado, y después te quejes del terror afgano o del palestino. No funciona. Trata de ser justo. Un superpoder no puede promover el terror en un lugar y razonablemente esperar desincentivar el terrorismo en otro lugar. No funcionará en este encogido mundo. No consientas el terror de tus aliados. Condénalos. Lucha contra ellos. Castígalos. Por favor evita las operaciones encubiertas y la guerra de baja intensidad. Estos son campos de cultivo del terror y las drogas. Donde sea que ha habido operaciones encubiertas, ha habido un problema central de drogas. Evítalo. Déjalo. Por favor enfócate en las causas y ayuda a aminorarlas. No te concentres en las soluciones militares. El terrorismo es un problema político. Busca soluciones políticas. Tomemos el ejemplo del último ataque sobre Bin Laden. No sabes qué estás atacando. Ellos dicen que saben, pero no saben. Estaban tratando de matar a Kadafi. Mataron a su hija de cuatro años. La pobre niña no había hecho nada. Kadafi está vivo. Trataron de matar a Saddam Hussein. Mataron a Laila Bin Attar, una celebrada artista, una mujer inocente. Trataron de matar a Bin Laden y sus hombres. No una, sino 25 personas murieron. Trataron de destruir una fábrica de armas químicas en Sudán. Ahora admiten que destruyeron una inocente fábrica. La mitad de la pro- ducción de medicinas de Sudán fue destruida, no una fábrica de armas químicas. No sabes. Piensas que sabes. Cuatro de tus misiles cayeron en Pakistán. Uno estaba ligeramente dañado, dos completamente dañados y uno intacto. Durante 10 años, el gobierno estadunidense ha mantenido un embargo tecnológico sobre Pakistán porque mi país intenta construir armas nucleares y misiles. ¿Qué creen que le dijo un funcionario paquistaní al Washington Post? Dijo que era un regalo de Alá. Queríamos tecnología estadunidense. Ahora la tenemos, y nuestros científicos están examinando este misil muy cuidadosamente. Cayó en las manos equivocadas. Así que no hagan eso. Por favor ayuden a fortalecer el marco de la legislación internacional. Había una corte criminal en Roma. ¿Por qué no acudieron a ella primero para obtener su orden judicial contra Bin Laden, si tienen evidencia? Obtengan una orden judicial y después persíganlo. Respeten a la Corte Internacional de Justicia de las Naciones Unidas”. (Eqbal Ahmad Masiosare-Rebelión El terrorismo de ellos y el nuestro. 21-10-2001: www.eurosur.org).

 

“Y también está Irak. Ninguno de los argumentos normalmente utilizados para el continuo bombardeo y bloqueo de Irak tienen validez. La noción de que las crueldades de Sadam sean únicas, es una ficción abyecta. Los generales turcos, estimados miembros de la OTAN, han matado 30.000 kurdos en la última década y les han denegado el uso de su propio idioma. ¿Modernidad responsable? Sadam nunca intentó una semejante aniquilación cultural. El reino saudí ni siquiera pretende respetar los derechos humanos, su trato de las mujeres no hubiera sido aceptable ni siquiera en la Rusia medieval. Y en lo que se refiere a las armas nucleares, el agresivo inspector de Unscom, Scott Ritter, insiste en que no pueden ser toleradas. Israel, sin embargo, posee armas nucleares, sin sanción alguna. Dobleces de este tipo y a una semejante escala, llevan a los jóvenes a la desesperación” (Tariq Ali The Independent-Rebelión Sí, existe una alternativa efectiva al bombardeo de Afganistán. 15-10-2001: www.eurosur.org).

 

 

 

(ENTREVISTA A G. SARTORI, EL PAÍS 8 DE ABRIL DE 2001).

 

“En todo caso, si usted habla de religión, hay diferencias. La comunidad pluralista es para mí esa 'buena sociedad' que se caracteriza por que, dentro de la diversidad, genera consenso e integración. Si nuestra civilización, la democrática liberal, se basa en convicciones realistas que preceden a las construcciones constitucionales y que son, por medio de la tolerancia, la columna vertebral de nuestro sistema de creencias. Este sistema es hoy perfectamente ajeno a las creencias religiosas. Con esta premisa, digo que las dos cuestiones están en plantearse si los inmigrantes que llegan desde el sur a Italia y España son gentes fáciles de integrar y, sobre todo, si tienen la voluntad de integrarse. Yo creo que no tienen ningún deseo de integrarse salvo excepciones. E incluso si desearan hacerlo serían los más difíciles de integrar, ya que su sistema de creencias y de valores difiere totalmente del nuestro” (Entrevista a G. SARTORI, El País 8 de abril de 2001).

 

“No hago nunca consideraciones étnicas. Si las hiciera, daría igual que fueran chinos, indios u otros. Son tan diferentes como los otros y, sin embargo, no crean reacciones xenófobas. Se trata de un problema cultural, político y ético. Si fuera étnico serían rechazados todos por igual. Pero el rechazo y la reacción la genera culturalmente el islam, que es una religión pública, no privada, una religión muy fuerte y autoafirmativa. Las religiones sincretistas son privadas y no afectan a la cosa pública. Pero el islam, que pasa ahora con un fuerte renacimiento, es, yo diría hoy que absolutamente, al cien por cien, incompatible con la sociedad pluralista y abierta en Occidente. Aunque los islamistas son muy diferentes entre sí, ellos tienen un concepto del mundo propio que nada tiene que ver con el colectivo de individuos con una base común, como somos las sociedades occidentales. Los principios de las dos culturas son antagónicas y son ellos los que nos consideran a nosotros los infieles aunque estén aquí (en Europa), no nosotros a ellos” (Sartori Ibid.).

 

“No es fragmentación, es algo mucho peor, es la disolución balcánica de nuestras cualidades pluralistas. Lo que es muy posible. La sociedad abierta, como contraposición a la cerrada, ya no es la que nos conceptuaba Popper. Se trata de establecer cuán abierta puede ser una sociedad abierta para seguir siéndolo. Se trata de poder definir el valor de la diversidad, la solidez del pluralismo, la importancia de la tolerancia. El pluralismo tiene una larga historia en Occidente. Comienza al final de las guerras religiosas del XVII. Entonces comienza a cuajar el concepto de que la diversidad no es dañina, sino un valor añadido, y a partir de ahí se desarrollan la tolerancia, el consenso y el pluralismo, sobre estas piezas se ha de basar la sociedad abierta para que no se colapse. Estas nociones no son infinitamente elásticas. La apertura total que supone la entrada indiscriminada de todo aquel que quiera hacerlo nos deja sin espacio ni para respirar, pero además supone la entrada de fuerzas culturales ajenas y enemigas al sistema pluralista nuestro” (Sartori Ibid.).

 

“Hay tres criterios para establecer la supervivencia en diversidad. El primero es la negación del dogmatismo, es decir, precisamente todo lo contrario que predica el islam. Cualquier cosa que uno haga tiene que ser explicada por argumentos racionales. Todo acto tiene que ser explicado. No vale eso de que Dios lo dice, o que es así. El segundo es que ninguna sociedad puede dejar de imponer el principio de impedir el daño y esto supone que todas nuestras libertades siempre acaban donde supondrían un daño o peligro de daño al prójimo. Y el tercero y quizás más importante es el de la reciprocidad. La reciprocidad dentro de la doctrina de la tolerancia supone que no podemos ser tolerantes con la intolerancia. Yo soy tolerante como anfitrión, pero tú tienes que serlo asimismo desde tu papel de huésped. La religión católica ha sido durante mucho tiempo muy intolerante, hoy no se lo puede permitir. Aunque muchas veces quisiera. Ya ha perdido para siempre la ocasión de serlo. Pero el islam sigue pensando en el poder de la espada. Y la obligación en estas religiones es distinta. A la Iglesia católica no le gusta que se vayan sus creyentes, pero se tiene que aguantar. La islámica no te lo permite” (Sartori Ibid.)..

 

Sartori afirma que el pluralismo, por medio de una integración voluntaria y racional, suma valores, mientras el multiculturalismo fracciona y fragmenta, crea pequeñas sociedades cerradas, de necesidad identitaria en las que ya se disuelve la premisa de que todos los ciudadanos son iguales y liquida así la ciudadanía, balcaniza.

 

“La reciprocidad supone que, si entras en un país que no es el tuyo y te beneficias de ello, considerando que no se te ha obligado a acudir al mismo, entonces debes atenerte a los valores básicos de la sociedad que te acoge. Si no lo aceptas, no es que yo te vaya a echar, pero no te hago ciudadano con los mismos derechos de un país cuyas reglas no aceptas” (Sartori Ibid.).

 

El lugar principal de la integración habría de ser la escuela pública: “En la escuela. Es ahí donde la segunda generación debe completar una integración que para la primera es imposible por su procedencia y nivel cultural” (Sartori Ibid.).

 

“Creo que hay mucho militante antirracista que genera mucho racismo. Y creo que mucho político debería tener más en cuenta la ética de la responsabilidad frente a la fácil ética de los principios. Cualquiera puede ser bueno en sus intenciones. Pero quien no sea responsable en el ejercicio público y político, quien no tenga en cuenta cuáles pueden ser las consecuencias de sus propias acciones, es un irresponsable ante sus votantes, ante la sociedad entera y finalmente también ante los propios inmigrantes” (Sartori Ibid.).

 

 

 

 

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