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¡Gol de Kant!
EL FÚTBOL EN LAS CLASES DE FILOSOFÍA

                                                                    (Enero de 2003)

José Mª Filgueiras Nodar jofilg@aol.com

Universidad Autónoma del Estado de Morelos (México)- www.uaem.mx

 

Este artículo está escrito para profesores de Filosofía, principalmente de Enseñanza Secundaria, aunque fácilmente se puede aplicar a otras áreas de conocimiento y con alumnos de diferentes edades, desde Primaria hasta la Universidad[i]. Del mismo modo, el texto habla de fútbol, pero es sencillo adaptarlo a numerosos deportes. A pesar de su estilo, que imita las maneras de una cierta filosofía más o menos analítica, el único objetivo del texto es incitar a los docentes a seguir usando, o si es el caso comenzar a usar, el humor y la  imaginación. Creo que la carga irónica del texto no escapará a la consideración de los lectores, pero de todas maneras prefiero explicitarla al inicio del mismo.

 

Partiré de un hecho muy difícil de negar: el fútbol se gana la atención de los estudiantes en un grado imposible de alcanzar por los educadores. No creo estar diciendo nada sorprendente ni especialmente revelador. Este es un hecho más o menos asumido por todos. Si alguien alberga dudas al respecto, que pruebe a poner un examen la mañana siguiente a un partido especialmente señalado, y analice cuidadosamente los resultados. Se sorprenderá.

 

Un estudio, por superficial que fuese, de las causas de este fenómeno, nos introduciría en una problemática totalmente distinta. A pesar del evidente interés que posee, creo que su tratamiento desborda el ámbito de este texto. Nos es suficiente con aceptar el hecho como tal.

 

A partir de esta asunción inicial, podemos protestar, y también podemos tratar de luchar contra esta tendencia. Ambas opciones son inútiles. Las quejas, por sí solas, no solucionan nada, mientras que luchar frontalmente contra la tendencia es lo mismo que nadar contra la corriente: la gente se ahoga cuando trata de hacerlo. Parece mucho más apropiado tratar de aprovechar este hecho para nuestros propios fines, o sea, canalizar este interés futbolero en beneficio de la formación de los estudiantes.

 

Algunos podrán pensar (y no estarán muy descaminados) que esto es una versión del viejo “si no puedes con tu enemigo, únete a él”. Algo que, por otra parte, siempre se ha hecho. Veamos un ejemplo, sacado de mi experiencia personal.

 

Geografía, 2º de BUP. El profesor se ayudaba a menudo de equipos de fútbol, para hacer más agradable la tarea de aprender las principales ciudades de Europa. Liverpool, Manchester, Roma, Milán, Frankfurt...No se trata tanto de que el método fuese infalible, ni siquiera de que existiese un método propiamente dicho, pero sí constituye una buena ilustración: existen maneras a priori poco ortodoxas, pero que se ganan la atención, y me atrevería a decir que la confianza, de los alumnos.

 

Probablemente, con poco que pensásemos en ello, encontraríamos más ejemplos. Nuevas posibilidades de uso del fútbol en la enseñanza, como elemento capaz de atraer el interés de los estudiantes. A continuación presentaré una de estas posibilidades. Una entre muchas, ya que es fácil encontrar más.

 

Un ejemplo: Dream Teams

 

La expresión Dream Team, cuya traducción viene a ser “equipo de ensueño” o “equipo de los sueños”, no proviene del fútbol, sino del baloncesto. En concreto, se refiere a la selección estadounidense de este deporte que participó en las Olimpíadas de Barcelona 92[ii]. Sin embargo, es un giro que ha entrado con mucho éxito en el lenguaje cotidiano, y aparece regularmente en numerosos discursos, incluido el del fútbol.

 

En este ejemplo, se va a presentar el Dream Team de la Filosofía. Para ello, habrá que seleccionar a los 11 filósofos más grandes de todos los tiempos, y colocarlos alineados a modo de equipo de fútbol. Antes de ponernos manos a la obra, me gustaría hacer un par de precisiones.

 

La primera es tan evidente que a lo mejor resulta superflua: cualquier selección de este tipo será arbitraria -¿Cómo seleccionar a los 11 mejores filósofos? ¿ Por qué declarar a un filósofo mejor que otro? Una vez más, hay que recordar que se trata de un ejemplo.

 

En segundo lugar, quisiera advertir al lector de la naturaleza metafórica de este modo de operar. I. A. Richards[iii] utiliza las palabras vehículo y tenor para referirse a una de las especies o dimensiones en que se muestra la vitalidad del lenguaje. Así, el vehículo serían “las imágenes o la situación concreta que se describe” mientras que el tenor vendría a ser “el significado ulterior que sugieren a la imaginación que a ellas responde”

 

Eneste caso, el vehículo sería el equipo de fútbol, y el tenor la Historia de la Filosofía. Se trata de presentar una realidad menos accesible a partir de algo tan cotidiano para los estudiantes como el fútbol.  Así, si decimos que Guillermo de Ockham es un defensa central marrullero, que no deja pasar una bola, el tenor correspondiente a este vehículo es, por supuesto, la “navaja de Ockham” y sus implicaciones para la teoría del conocimiento.

 

Podemos aprovechar este carácter metafórico, y utilizarlo a la hora de establecer nuestro propio Dream Team. En mi ejemplo, yo colocaría a los filósofos en el campo de acuerdo a indicadores de naturaleza metafórica. Así, las tres líneas de juego (defensa, media y delantera) quedarían organizadas de acuerdo con los siguientes criterios:

 

-Defensa: Epistemólogos y metodólogos. Autores que se han preocupado principalmente por los problemas del conocimiento, como Descartes, Hume, Ockham, etc.

 

-Media: Los creadores de juego, como Kant, Aristóteles, Platón, Hegel...

 

-Delantera: Filósofos “aplicados”, que consiguen goles en el mundo real. Algunos ejemplos serían Marx, Epicuro, Comte...      

 

-Para el puesto de portero, mi candidato es Tales. Es una figura simbólica de la Filosofía, que nos ayuda a entender la diferencia con otras formas de conocimiento. En ese sentido, defiende bien la portería. Además, como buen guardameta, lleva el número 1, por ser el primer filósofo.

 

Dos cosas me han llamado la atención en este sencillo esquema. La primera es que, si queremos que funcione, debemos darle un sentido determinado, y esto nos obliga a elegir unos criterios de significatividad. Tal y como hemos visto, el colocar a los filósofos de la manera anterior puede interesar a los estudiantes, pero a la vez nos está obligando a limitarnos. Tiene, pues, un grado de arbitrariedad, como ya indiqué: una de las preguntas que la gente se debería de hacer constantemente es: ¿ dónde sitúo a ... ?

 

Creo que este no es un problema que nos deba preocupar en exceso. Cada docente debe elegir, ni más ni menos, lo que le resulte de mayor utilidad en cada caso concreto. No es necesario complicarse más.

 

El segundo punto interesante es que el esquema se puede refinar mucho. Arriba he señalado unos criterios bastante simples, pero es fácil pensar en nuevas combinaciones, que le diesen a los alumnos un mayor número de claves interpretativas. Podemos pensar en añadir algún eje temporal (los defensas más antiguos que los mediocampistas, y éstos a su vez que los delanteros), u organizarlos según criterios de racionalismo/empirismo o realismo/idealismo, por ejemplo, para dar cuenta de algunos de los grandes debates de fondo que han estado presentes durante toda la Historia de la Filosofía[iv].

 

Finalizando

 

Después de haber visto este ejemplo del Dream Team de la Filosofía, creo que los lectores ya se ha dado cuenta del sentido de todo esto. Resumiendo: se trata de animarse a ser creativos, a usar la imaginación, el humor... De cualquier manera, aunque sea tan chabacana como la que he presentado aquí. En ese sentido, no todo vale, pero sí casi todo...

 

Como nota final, creo que será útil enmarcar este artículo dentro de mi visión general de la Pedagogía. Según esta visión, que no es ni especialmente original, ni, hay que advertirlo, ha sido demasiado exhaustivamente trabajada, las lecciones más útiles para la docencia están, hoy por hoy, en la Publicidad y el Marketing, más que en la Filosofía o la Psicología. Asimismo, según este punto de vista, la actividad del educador se parece más a la de un actor, un vendedor, o incluso un payaso, que a la del erudito o el investigador. Esto, entendido en el sentido de que que hay que estar más de parte del pathos que del logos[v].

 NOTAS:


 

[i] Estoy pensando en contextos muy determinados. A lo mejor , las iniciativas de este estilo  pueden funcionar bien con alumnos de los primeros cursos, especialmente en carreras que tienen un tronco común, cuyos contenidos pueden no ser interesantes para todos los alumnos. En la Facultad donde trabajo, hay un tronco común de dos años, y posteriormente otros dos años de especialización en Antropología, Historia, Letras y Filosofía. Los alumnos con una vocación clara hacia una de las áreas de especialización pueden encontrar aburridas las asignaturas de las otras áreas.

[ii] Estas Olimpiadas fueron las primeras en admitir jugadores de la NBA, después de que la FIBA aboliese en 1989 el Estatuto del Jugador, un documento que diferenciaba a los aficionados de los profesionales y que mantenía a los jugadores de la NBA fuera de las selecciones nacionales. Los Estados Unidos, que hasta entonces habían enviado a los Juegos Olímpicos selecciones compuestas de jugadores universitarios-igualmente muy exitosas, eso también hay que decirlo-, confeccionaron un equipo con los mejores jugadores de la NBA (Larry Bird, Michael Jordan, Pat Ewing, etc), un verdadero equipo de ensueño, probablemente el mejor de todos los tiempos. Los resultados fueron los que se esperaban: ganaron de calle las Olimpiadas, sin perder un solo encuentro, dando palizas tremendas a sus rivales (122-81 a España) , y provocando el mayor de los revuelos: los propios jugadores de otros equipos iban a pedir autógrafos a las estrellas de la NBA...

[iii] Citado en WHEELWRIGHT, Philip: Metáfora y realidad. Espasa Calpe. Madrid, 1979. Pág. 57

[iv] Incluso podríamos extender esta idea y organizar alineaciones de empiristas y racionalistas, por ejemplo, de modo que cada “jugador” tuviese enfrente a su principal “marcador”. Así, en este uno contra uno, Parménides se situaría frente a Heráclito, Platón frente a Aristóteles, etc.

[v] No quisiera que estas afirmaciones se tomasen en sentido absoluto, pues no es esa su intención. Soy consciente de que así expresadas pueden resultar un tanto chocantes y que, por tanto, necesitan ser matizadas. El artículo que actualmente estoy escribiendo está dedicado, precisamente, a esa tarea.

 

 

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