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¡Abajo las Fronteras!

Simón Royo Hernández

(Comunicación en el II Congreso Internacional: Filosofía entre Fronteras. Celebrado del 3-6 de octubre de 2023 en Madrid. España. En las sedes de la Facultad de Filosofía de la UNED & CRUCE, Arte y Pensamiento Contemporáneo)1.

 

I. La nueva lucha de clases: Zizek, Debord, Naïr y el problema de los refugiados.

Para empezar, comencemos ilustrando el problema de ser Nadie. Nada hay mejor para ello que lanzarse a contar un chiste narrado por Zizek:

Dice éste: “HAY UN VIEJO CHISTE JUDÍO que le encantaba a Derrida, en el que un grupo de judíos que está en una sinagoga admite públicamente su nulidad a los ojos de Dios. Primero, un rabino se pone en pie y dice: «Dios mío, sé que no valgo nada. ¡No soy nada!». Cuando ha terminado, un rico hombre de negocios se pone en pie y dice, dándose golpes en el pecho: «Dios mío, yo tampoco valgo nada, siempre obsesionado con la riqueza material. ¡No soy nada!». Tras este espectáculo, un judío pobre, corriente y moliente, se pone en pie y proclama: «Dios mío, no soy nada». El rico hombre de negocios le da una patadita al rabino y le susurra al oído con desdén: «¡Menuda insolencia! ¿Quién es este tío que se atreve a afirmar que él tampoco es nada?»2”.

Lo mismo ocurre cuando los intelectuales decimos ser parias, plebeyos o subalternos, si se nos acerca un verdadero paria, plebeyo o subalterno, nos parecerá insolencia se pretenda con tan elevado título, una impostura. Pero lo cierto es que lo ideal, lo real, lo igualitario, es ser nadie, habitante de la tierra, perteneciente a todos los sitios que se desee y con los que entremos en vinculación, puesto que la tierra es de todos y sus frutos son de nadie. Aun a riesgo de caer en la impostura y sin igualarnos con ello a los verdaderos refugiados, sin pretender ser la voz de los sin voz, quizá sí que podamos al menos adoptar la actitud de parias conscientes en el mundo globalizado y estar a favor de la abolición de las fronteras.

El muro europeo que vemos hoy alzarse por muchas puertas de Europa es visible e invisible. El visible está formado por vallas, alambradas de espino, barreras físicas, policías; el invisible se caracteriza por la gestión exterior del flujo migratorio, la vergonzosa externalización del problema por parte de Europa. El conocido trato con Turquía, recibir a los refugiados sirios a cambio de dinero o el de España con Marruecos, comprometida a frenar el flujo de migrantes a cambio del Sahara, son dos pruebas de un espantoso negociado. Los campos de concentración y los campos de refugiados son la cara inhumana y humana de la misma matriz sociológica, que media entre el vertedero y el parque temático, un hacinamiento de inmigrantes por una administración biopolítica de lo colectivo. Las instituciones, oficinas, fabricas, talleres, escuelas, son módulos biopolíticos de cárceles abiertas con trabajos forzados para sumisas ovejas productoras, siendo la prisión cerrada de sus explotados países de origen lo que resta para pobres y desclasados.

No hay un plan razonable y una distribución sensata para quienes quieren venir a Europa, solamente cierres mayores o menores y muerte mayoritariamente en el mar Mediterráneo, convertido en cementerio de anónimos. Cada vez hay más acuerdos jurídicos para que las mercancías y el capital se muevan con total libertad y cada vez más impedimentos para que se puedan desplazar las personas. Con la excusa de detener el llamado tráfico ilegal de personas se intensifica la labor policiaca de criminalización del inmigrante. Las distinciones entre inmigrante ilegal y legal, inmigrante y refugiado, son falsas distinciones, pues remiten a una lucha de clases, el pobre es ilegal mientras que el que no lo es resulta ser legal.

Ni siquiera el progresista y moralista Sami Naïr, que aboga por una escalada en los derechos de los inmigrantes a sabiendas de que en lo que se escala es en lo contrario, deja de ser “realista” al enfrentar la cuestión de la inmigración, pues plantea tres opciones descartando abrir las fronteras:

Tres opciones. (…). En primer lugar, abrir totalmente las fronteras, haciendo de la libertad de circulación la regla. Esta concepción (…) es posible pero peligrosa. Sus consecuencias pueden ser desastrosas para los poderes políticos, que no podrán gestionar ni los problemas de seguridad ni las cuestiones identitarias que surgirán inevitablemente, dando alas a la xenofobia y a los movimientos de extrema derecha. No lo creo posible ahora3”.

¡Increíble! Le parece posible, pero ve peligrar el gobierno socialdemócrata y dar alas a la extrema derecha si se abren las fronteras, no está por tanto en las consecuencias lejos de esa extrema derecha que tanto teme consiga hacerse con el poder.

Como segunda opción ve el cierre de fronteras, como hasta ahora y en aumento, al que se opone igualmente y su mediación progresista entre los que presenta como dos extremos, su tercera vía o vía intermedia, nos dice, consiste en “aumentar el número de entradas legales, pactar con países emisores, incentivar políticas de desarrollo social4”. Una retórica moderada, término medio, basada en la falacia de considerar que los flujos migratorios se pueden racionalizar, manejar y adaptar a lo que nos conviene.

En Occidente no soportamos la incertidumbre, lo incontrolable nos angustia y espanta. Ciencia, moral y religión han colaborado desde sus respectivos surgimientos para cumplir el sueño de racionalizar completamente la vida y la existencia. Estamos por tanto metidos en una tendencia hacia un totalitarismo que nos garantice la seguridad en detrimento de la libertad.

La libertad entraña incertidumbre y nadie sabe lo que pasaría si se abriesen las fronteras y se circulase libremente. La movilidad de las personas solamente se percibe como una amenaza por quienes quieren mantener las cosas como están o hablan del progreso como un aumento de lo mismo, homogeneización de la globalización, esos consideran que cualquier cambio distinto y sin control no es sino una posibilidad de ir a peor.

Al no soportar la incertidumbre Occidente da la espalda a la libertad de las personas y desea el imposible de racionalizar y regular todo, excepto mercancías y capitales para los que abogan por su libre tránsito, seguros de que con ello incrementarán sus riquezas por medio de la incesante explotación del capitalismo reinante y global.

Así, el liberalismo político, el ser liberal en las costumbres y en las formas de vida, aceptando la diversidad, la pluralidad y lo distinto, fue hace tiempo abandonado por un liberalismo económico que cada vez más se demuestra compatible con un sistema totalitario antes que democrático. Fuera del mundo Occidental también en China se aprecia ese camino.

Ni toda regulación es negativa, ni toda liberalización es positiva. El anarcocapitalismo yerra al prescindir de la noción de lo común y colectivo, prestando atención exclusivamente a un individualismo egotista. Dado un mundo con Estados el regular la sanidad universal resulta positiva, la desregulación del comercio negativo, sin Estados lo positivo de la medicina y lo negativo del enriquecimiento individual estaría dado por sentado en el colectivo de una comunidad nacida no solamente para sobrevivir sino para un vivir bien, autónomo y autogestionado.

Países desarrollados con natalidad decreciente y pueblos abandonados se niegan por puro racismo, enmascarado de diversas formas, a que los niños vengan de familias asentadas de otros lugares de la tierra y los pueblos vacíos volviesen a vivir. No se contempla ninguna política de repoblación y no se aprecia que cuando el tráfico es denso si se respetasen las señales y leyes de la conducción, sencillamente, no se podría circular. La metáfora del automóvil sirve de clarificación pues está muy claro que espontáneamente el flujo del tráfico acaba circulando, aunque no haya semáforos ni guardias que lo regulen, como ocurre en países asiáticos o africanos.

Europa por partes iguales, encierra y deporta inmigrantes, y les da la bienvenida, acogiendo un mínimo de refugiados. La tesis racista de la conspiración para el reemplazo de población blanca por poblaciones de color sobrevuela un planeta en el que la mayoría de la población mundial son de China e India.

Sami Naïr se hace eco del lema “Refugees Welcome” que surgió en Alemania y tuvo eco en España. Y dice haberla visto también en nuestro país: “En España, una iniciativa de las mismas características: el grupo de Facebook <Yo también quiero acoger refugiados sirios>, contaba con más de 4.700 miembros5”.

¡No le da vergüenza! Seguramente no tuvo noticia el afamado sociólogo de que en Cibeles se puso un gran cartel con el lema “Refugees Welcome”, toda una fachada por un gobierno que apenas recibió alguno. Un hipócrita lavado de cara. Respecto al grupo de Facebook que menciona, seguramente el famoso sociólogo no tuvo noticia tampoco de que el Grupo de Facebook “Salvar a Pecas” el perro de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, contó con 8.000 miembros. El Grupo pretendía que ese cuadrúpedo escapista fuese liberado de las garras de semejante dueña. Finalmente, acudí a la concentración en la plaza del 2 de mayo el día señalado, pero no había nadie, fui yo solo.

Así actúa la socialdemocracia, temiendo lo mismo que la extrema derecha, es decir, igualmente xenófoba, con la misma política de cierre, pero disfrazándola de retórica sobre el gran esfuerzo que habría que hacer para cumplir los Derechos Humanos y la Convención de Ginebra.

De 7 millones de desplazados sirios, España, desde 2016 a 2023, en siete años, solamente recibió unos 3.000, según las cifras más optimistas. Los países ricos de Europa recibieron el 3% de sirios mientras que como hemos dicho se pagó a Turquía para que acogiese al 97%.

¡Muy bonito! ¡Muy lindo! Pero no se pueden abrir las fronteras porque, aunque es posible es peligroso “para los poderes políticos”. Lo hemos visto en España, si se apalea con contundencia a los africanos que intentan pasar la valla de Melilla y muere uno de ellos, pues para el gobierno socialdemócrata no pasa nada si se demuestra que murió del lado de Marruecos, aunque es un crimen si muere en el lado español. Pagamos para que sean otros los que maten por nosotros y tener así buena conciencia, tal es la nueva política de Europa y Estados Unidos.

Los que dejan pasar a los inmigrantes, quienes les ayudan o procuran salvarles, son, a juicio de los gobiernos europeos de izquierdas y derechas, criminales, son mafias, tratantes de esclavos. Y ciertamente habrá mafias en esa área de la que dicen se gana más que con el narcotráfico. En ese sentido la legalización de la droga y la legalización de la libre circulación de personas se parecen, la mafia y el crimen desaparecerían si se permitiese, pero, por el contrario, cada vez se prohíbe y se persigue más y más.

Casos como el de 2007, como el de la ONG Arca de Zoé, el de unos héroes que trataron de sacar 103 niños del Chad fletando un avión para llevarlos a Francia, muestran, que los verdaderos héroes fuera de Facebook que intentan activa y efectivamente salvar niños de una muerte segura, son detenidos y juzgados como criminales6.

Habría que intentar reconstruir la sociedad global de tal modo que los inmigrantes, todos considerados refugiados, ya no se vieran obligados a vagar por el mundo. Sin duda nuevas guerras y el incremento del cambio climático generarán nuevos desplazamientos que chocarán con muros y barreras, a menos que se derrumben y se les deje libremente ir a vivir donde quieran.

Dentro de nuestras fronteras asistimos ya a actos de protesta violentos que no exigen nada, explosiones de ira colectiva entre los inmigrantes. Dada la segregación existente y la xenofobia reinante para ellos ya solamente cabe una rebelión ciega, estallidos violentos como pasajes al acto colectivos que señalan a la inhumanidad de Occidente, donde la pulsión de muerte predomina.

Entre el 13 y el 16 de agosto de 1965, se levantó la población negra de Los Ángeles, como lo harán luego en otras ciudades de Estados Unidos y como ocurrirá numerosas veces en Francia. Guy Debord señalaba que la revuelta es contra la mercancía, contra el Capital, motivo de que no pueda tener una determinación y parezca vacía. De ahí que Debord sitúe esos estallidos a nivel de la revuelta rebelde:

Los «excesos» de Los Ángeles no son un error político de los negros, lo mismo que la resistencia armada del POUM en Barcelona, en mayo de 1937, no fue una traición a la guerra antifranquista. Una revuelta contra el espectáculo se sitúa en el nivel de la totalidad, porque es una protesta del hombre contra la vida inhumana, aunque no estalle más que en el barrio de Watts; porque empieza a nivel del individuo real y porque la comunidad, de la que el individuo rebelde está separado, es la verdadera naturaleza social del hombre, la naturaleza humana: la superación positiva del espectáculo7”.

Los demás estallidos en Estados Unidos y Francia y el lema “Black lives matter” obedecen a la misma política de apartheid que el mundo Occidental no deja de aplicar.

La libertad, la igualdad, los derechos humanos y la democracia son fachadas hipócritas a los ojos del emigrado que ocultan la dominación directa e indirecta. Las clases medias de los países desarrollados, colchones entre el conflicto entre ricos y pobres, temen de los excluidos acabar formando parte de esos mismos excluidos.

Tampoco Slavoj Zizek se suma a abatir las fronteras pese a reconocer la propia extranjeridad que nos habita, nuestra posibilidad de ser nadie. El prójimo es extraño e inquietante como lo somos para nosotros, nosotros mismos, en la extranjeridad reside la universalidad: “Cuando abordamos el tema de los extranjeros, deberíamos tener en cuenta la concisa fórmula de Hegel: los secretos de los antiguos egipcios también eran secretos para los egipcios mismos. Por eso, la manera más valida de llegar hasta el prójimo no es la empatía, intentar comprenderlo, sino una carcajada irrespetuosa que se burle tanto de él como de nosotros en nuestra mutua falta de (auto)comprensión (e incluyo los chistes «racistas»8”.

Frente a un Zizek que sigue a Lenin nos parece mejor y preferible la anarquía del abajo las fronteras que su propuesta de militarización de la gestión migratoria y vuelta al socialismo real renovado: “Nota 57. Por eso Lenin, internacionalista donde los haya, insistía en la importancia de las fronteras: «¿Qué significa el “método” de la revolución socialista bajo la consigna de “¡Abajo las fronteras”? Nosotros defendemos la necesidad del Estado, y el Estado presupone fronteras. El Estado puede, naturalmente, incluir un gobierno burgués, mientras que nosotros necesitamos los Soviets. Pero también a los Soviets se les plantea el problema de las fronteras. ¿Qué quiere decir “¡Abajo las fronteras”? Ahí comienza la anarquía... El “método” de la revolución socialista bajo la consigna de “¡Abajo las fronteras!” es un verdadero galimatías. Cuando madure la revolución socialista, cuando estalle, se extenderá también a otros países, y nosotros la ayudaremos, aunque no sepamos cómo. El “método de la revolución socialista” es una frase vacía.»9”. Una frase vacía que a nosotros nos parece bien llena.

El horizonte común de universalismo ético por compartir podría ser, por tanto, el socialismo-comunismo de Zizek, la socialdemocracia de Naïr, el neoliberalismo de Trump y bolsonaro, o la anarquía: “debemos proponer un proyecto universal positivo que compartan todos los participantes y luchar por él. No sólo debemos respetar a los otros, sino también ofrecerles una lucha común, pues hoy en día nuestros problemas son comunes10”. Zizek aboga por reinventar el comunismo, Naïr por la legislación moderada socialdemócrata, nosotros, más con Debord que con los otros, abogamos por la abolición de las fronteras, por la anarquía, temida como desorden por los poderes constituidos, aun sabiendo que ese programa de máximos no será atendido.

Asumimos de ese modo, una desobediencia civil al estilo de Thoreau, con la cual, esconder y ayudar a un inmigrante a cruzar las fronteras y establecerse donde desee, constituirá una posición tan arriesgada, peligrosa y criminalizada, como el esconder y ayudar a exiliarse a los judíos en tiempos de los nazis.

 


II. Anarcheología de dos filósofas apátridas: Hannah Arendt y María Zambrano. El “Nosotros, los refugiados” de Hannah Arendt y el “Para una historia de la Piedad” de María Zambrano.

No nos gusta que nos llamen refugiados. Nosotros mismos nos llamamos los unos a los otros recién llegados o inmigrantes11”, comienza diciendo Hannah Arendt, identificando refugiado e inmigrante.

La noción de recién llegado coincidiría con la de recién nacido y podría vincularse al concepto arendtiano de natalidad. El refugiado es un nasciturus, un embrión de nacido a otra vida distinta de la que deja atrás. La filósofa no gusta de la noción de refugiado porque le parece aplicable a quien habría cometido un acto contra su sociedad de origen o sostenido una opinión política radical, dos cosas que la mayoría de los huidos de Hitler no llegaron nunca a realizar. Los refugiados a partir de entonces son aquellos, inocentes y sin medios, que arriban a otro lugar huyendo de un terror, inmigrantes ordinarios.

El hecho de que se solicite para dar el estatuto de refugiado el haber sido perseguido elevaría a todos los que huyen de un terror a la categoría de resistentes, pero la resistencia es la que se queda y lucha, no son resistentes quienes huyen porque ni siquiera pueden oponerse a lo que ocurre.

Ya con anterioridad a la guerra se llamó refugiados a los que simplemente querían “rehacer sus vidas” que a menudo se iban “por razones puramente económicas12”. Y añade que: “para rehacer la vida hace falta ser muy fuerte y optimista13”. Así que poco que ver la inmigración normal, llamada legal, con el dolorido refugiado, inmigrante debilitado y pesimista, que huye tras una derrota después de haber luchado. Pero ese optimismo del que habla Arendt es un tanto irónico ante la magnitud de las pérdidas que entraña el desplazamiento. Ese optimismo es una actitud que se les exige antes que una disposición con la que se llegue y que se tenga.

Al inmigrante se le exige el olvido y la asimilación. Olvido de su hogar, familia, entorno, amigos, lengua, costumbres y adaptación a otro mundo, lengua, leyes y costumbres.

Resulta que Europa se convirtió para los judíos en un lugar inhabitable, donde hay quienes fueron recluidos en campos de concentración por los enemigos y en campos de internamiento por los amigos -dice Arendt14- en alusión a Alemania y Francia, enemigos y amigos, respectivamente. Hoy vemos que se los llama, más cínicamente, centros de acogida.

La ironía del optimismo judío en tal diáspora aflora cuando se dan casos de suicidio. “Nuestro proverbial buen humor se basa en una peligrosa predisposición a la muerte15”. El chiste, en su vertiente de unido a lo siniestro (umheimlich), se toca con la muerte, con la ausencia de miedo a la muerte. La broma o la muerte ponen fin al sufrimiento, la primera, momentáneamente, la segunda, permanentemente. “Insensato optimismo que es la antesala de la desesperación16”.

El suicidio entre los recién llegados, inmigrantes-refugiados, alcanzó según la pensadora, una elevada cifra entre las ya abultadas cifras de suicidio en las sociedades desarrolladas. Los inmigrantes judíos suicidas no responden como el suicida habitual: “el hombre que se da muerte afirma que no merece la pena vivir la vida y que el mundo no es digno de albergarlo17”. Hay en esa clase de suicidios una denuncia, una protesta y una alta estimación de uno mismo tras una vida truncada por un mundo hostil que no reconoce la valía que en verdad se tiene.

Entre los inmigrantes judíos suicidas, “la suya es una manera silenciosa y modesta de esfumarse18” y “parecen disculparse de la violenta solución que han hallado19”. La debacle social de quienes eran alguien en su país natal y se tornan lumpenproletariado en la nueva nación, es señalada por Arendt. Esos suicidios no se dan como denuncia y protesta sino como un quitarse de en medio por parte de quien considera que no vale ya nada.

Desclasamiento demasiado frecuente, un taxista en Nueva York que era juez en Egipto, un Doctor en Teología de Turquía poniéndole un kebab al turista rico con pasaporte y visado permanente. Hoy en día en España (y otros países europeos) se otorga la residencia a quien compre una propiedad inmobiliaria de más de medio millón de euros20.

Ya los previamente asimilados detestan a los recién llegados y un racismo redoblado interno, silencioso y no escrito, sería el que: “ha impedido nuestro mestizaje con la sociedad judía nativa21”. Racismo de los que se odian a sí mismos y que se percibe hoy en los Estados Unidos cuando muchos de los latinoamericanos allí residentes y nacionalizados se muestran contrarios a que vengan más gentes de América del sur.

El hombre es un animal social y la vida no es fácil para él cuando los lazos sociales se cortan22”. En este punto podríamos generalizar el estatuto de inmigrantes o refugiados en una Tierra devastada para gran parte de la población mundial dado el deterioro de los lazos sociales en todas partes ante el avance del individualismo neoliberal y las separantes mal llamadas redes-sociales, que más bien son asociales y antisociales.

Pocos pueden conservar la integridad en una condición social difusa, dice Arendt. Pero pensamos nosotros, de nuevo generalizando, que ese sería el reto general ante la biopolítica, mantenernos en una condición social difusa repudiando así las asignaciones políticas, sociales y jurídicas en las que habitamos. De ese modo, claro que, con la seguridad que aportan esas asignaciones, el ciudadano podría manifestarse en contra de las fronteras, extranjerizarse y poner en entredicho el mundo neoliberal vigente. Así, puede haber un ciudadano, paria, plebeyo o subalterno, que haga suya la extranjeridad, por difusión de su estatuto de ciudadanía; pero desde luego el verdadero paria, plebeyo o subalterno, como dijimos al principio, le verá como un impostor y nunca podrá estar seguro de si su solidarizarse así con la canción de los que sobran, llegue a rebasar el ámbito de la impostura, de la pose de quien no se juega la vida con ello. A menos que se juegue la vida con ello, claro.

Ejemplo magno fue el de considerar a Sócrates, el mejor ciudadano, como extranjero en Atenas, condenado a muerte por lo que tenía de ajeno, de alien, de extraño y extranjero, de no asimilable; pidiendo irónicamente como castigo alternativo a su quehacer político la renta básica como benefactor de la ciudad.

Nos sorprende por tanto la terca judeidad de Arendt y que considere que la identidad ni se puede ni se debe perder. Tal nacionalismo contradice sus ideas sobre el nacimiento y natalidad, contradice que se pueda volver a nacer o ser lo que se quiera ser, en cualquier parte del mundo.

Nosotros, más optimistas y suicidas que Arendt, no queremos ni naciones ni patrias, ni identidad alguna. Arendt se ve confrontada a elegir entre una patria adoptiva o una nación propia y considera que toda patria adoptiva es una traición a la nación propia, el asimilarse es para ella como un perder las raíces.

Judaísmo empecinado que no llega siquiera a un cosmopolitismo universalista ilustrado. Más tan quimérico, hipócrita y falso es el cosmopolitismo ilustrado universalista, que nosotros, proponemos superarlo, incluso proponiendo devenir realmente otra cosa que humanos, tras pasar por la nada, por el rechazo de una humanidad cainita y malévola. La posthumanidad o transhumanidad se revela entonces como el caso, ser nadie, otro, un alien, un extranjero extraño en y para un mundo que devasta la tierra: considerarse y ser-terráneo es ya ser-extranjero en la propia tierra.

Se alaba la arraigada judeidad superviviente a los campos de exterminio y las persecuciones pretéritas mientras se condenan los nacionalismos excluyentes y los patriotismos racistas: el Estado de Israel y su historia revela lo errada que es esa postura, de la que da testimonio el pueblo palestino.

Los judíos de la diáspora tuvieron la oportunidad de ser y lo fueron, habitantes de la tierra, por pertenecer a todas partes y ninguna. Su no saber ni poder abandonar del todo, no solo su adscripción, sino toda adscripción identitaria, destruyó la posibilidad de que fuesen la avanzadilla, no ya de un cosmopolitismo universalista fallido, sino de un habitar una tierra común de todos y de nadie. Las persecuciones a que fueron sometidos y el intento de genocidio contra ellos por los nazis destrozaron esa posibilidad de metaevolución.

Tener por nación, patria y matria, la Tierra, excluye determinarse a una parte del mundo y permite asimilemos lo que queramos de todas las tradiciones terrestres y todos los mundos posibles.

Arendt habla del destino de “los seres humanos que, sin la protección de ninguna ley o convención política concreta, no son nada más que seres humanos23”, actitud que considera “peligrosa” visto lo que se ha podido hacer con aquellos que solamente eran seres humanos. Pero quizá y con mayor razón si se tiene protección haya que adoptar ese punto de vista de procurar ser, solamente, seres humanos, y no españoles, franceses o ingleses, o, como dijimos, incluso algo que ya no fuese ya un ser humano dado que tal cosa significa la destrucción del planeta. Cuando la libertad les parece a tantos tan peligrosa quizá sea el momento de abrazar con mayor ímpetu la libertad.

Termina Arendt su famoso texto hablando de los “parias conscientes24”. Podríamos asumir esa noción si no la tildase de estar trufada de “buenas cualidades judías25”, sino que la considerase propia de las buenas cualidades, humanas y posthumanas.

Somos los ciudadanos de Occidente, los únicos con cierta protección a cambio de papeles, quienes tenemos que dar ejemplo y situarnos en la condición de parias conscientes, excluyéndonos conscientemente de todo patriotismo y todo nacionalismo, rechazando toda identidad por lugar de nacimiento y aceptando la multiplicidad de seres humanos libres e iguales ante todo y contra todo.

La posición de “paria consciente” entre los humanos o de anarcántropo superando la condición humana, no tiene un vocablo adecuado, porque es lo propio de algo an-arché (anárquico). María Zambrano lo denominó “piedad”, advirtiéndonos sobre su significado:

Si confundimos la Piedad con el hecho de tratar con delicadeza a los prójimos, a los animales, a las plantas, puede parecer que no. Mas la Piedad no es la filantropía, ni la compasión por los animales y las plantas. Es algo más: es lo que permite que nos comuniquemos con ellos, en suma, el sentimiento difuso, gigantesco que nos sitúa entre todos los planos del ser, entre los diferentes seres de un modo adecuado. Piedad es saber tratar con lo diferente, con lo que es radicalmente otro que nosotros26”.

Yerra Zambrano dada su cripto-religiosidad al empañar su buena intuición ontológica considerando que la piedad, que no se da en el mundo moderno, pero sugerir que se daba en la Edad Media, dándole un estatuto histórico más que ontológico.

No se trata de oponer una teoría del conocimiento racionalista a una teoría del conocimiento sentimentalista. La apelación al sentimiento frente a la razón de Zambrano, su razón poética, se nos antoja un tanto ñoña e ingenua, propia de una monja poetisa más que de una filósofa.

Sin embargo, su intuición sobre la piedad es buena, sobre todo cuando prosigue diciendo: “Mientras que el racionalista, aparte de que crea que la realidad se le da en una idea o pensamiento, cree también que solo reduciendo la realidad a pensamiento puede entenderse con ella. Piedad es sentimiento de la heterogeneidad del ser, de la cualidad del ser, y es anhelo por tanto de encontrar los tratos y modos de entenderse con cada una de esas maneras múltiples de realidad27”.

El trato múltiple con las realidades en aceptación de la heterogeneidad del ser es algo tan racional como intuitivo, pues las múltiples maneras de ser han de ser tratadas por las múltiples maneras de conocer, asimismo, procurando, que lo imprevisible y desconocido no quede oculto ni subyugado.

Las oposiciones binarias entre historia y poesía, razón y sentimiento, ciencia e intuición, o en términos éticos, piedad frente a justicia, o cooperación o filantropía, constituyen un error de una dialéctica, siempre maniquea, que reduce a dos polos opuestos lo que de por sí ya es múltiple, co-junto y heterogéneo.

Ser paria consciente y piadoso, ya posthumano y terráneo, proponemos, adoptando una disposición fronteriza28: lo que equivale a ser anarcántropo, un ser-múltiple, sin identidad, nación, patria, ni ningún otro principio; un alien que armonice con la heterogeneidad del ser y que así quizá pueda encontrar modos de entenderse con todas las otras realidades múltiples y diversas de la tierra. Esos seres brotan del rechazo del espectáculo y la hipocresía y su lema en este caso, será, sin duda: ¡Abajo las fronteras!



 

Bibliografía:

Guy Debord La decadencia y la caída de la economía espectacular-mercantil. Revista Internacional Situacionista, marzo de 1966.

Hannah Arendt Escritos judíos. “Nosotros, los refugiados”, pp.353-365. Editorial Paidós, Barcelona 2016.

María Zambrano Para una historia de la Piedad. Editorial Torre de las Palomas, Málaga, 1989. [Cfr. María Zambrano El hombre y lo divino. FCE. México, 2012. II. «El trato con lo divino: la piedad. Sinopsis de la piedad. ¿Qué es la piedad? La tragedia, oficio de la piedad»].

Sami Naïr Refugiados. Frente a la catástrofe humanitaria una solución real. Editorial Crítica. Barcelona 2016.

Slavoj Zizek La nueva lucha de clases. Los refugiados y el terror. Editorial Anagrama. Barcelona 2016.

Slavoj Zizek The Monstrosity of Christ: Paradox or Dialectic? Cambridge, Massachusetts: MIT Press, 2009.

VVAA Fronteras. CoEncuentros. Revista Digital de Pensamiento, Arte y Cultura, nº3, 2018: https://coencuentros.es/numero/tres/ Simón Royo Hernández La disposición fronteriza: https://coencuentros.es/la-disposicion-fronteriza/



 

NOTAS

 

1 Enlace al programa del Congreso: http://filosofiaentrefron.wixsite.com/filosofiafronteras/programa

2 Slavoj Zizek The Monstrosity of Christ: Paradox or Dialectic? Cambridge, Massachusetts: MIT Press, 2009, p.42.

3 Sami Naïr Refugiados. Frente a la catástrofe humanitaria una solución real. Editorial Crítica. Barcelona 2016, p.59.

4 Sami Naïr Refugiados. Ibid., p.59.

5 Sami Naïr Refugiados. Ibid., p.62.

6 Un buen resumen del caso de la ONG Arca de Zoé puede encontrarse en: https://www.revistadelauniversidad.mx/download/1a340718-4c5a-4ec9-b97f-26ad63a5dbfa?filename=el-arca-de-zoe&fbclid=IwAR0mBtIbjAzOo5UA4f82nrlyt7zRThQjZ5tluXHUv4QkEEIM2Y0qTveERqw

7 Guy Debord La decadencia y la caída de la economía espectacular-mercantil. Revista Internacional Situacionista, marzo de 1966

8 Slavoj Zizek La nueva lucha de clases. Los refugiados y el terror. Editorial Anagrama. Barcelona 2016, p.91.

9 Zizek La nueva lucha de clases, op.cit: Nota 57, (Lenin citado).

10 Zizek La nueva lucha de clases, Ibid. p.115.

11 Hannah Arendt Escritos judíos. Editorial Paidós, Barcelona 2016. “Nosotros, los refugiados”, p.353.

12 Hannah Arendt, Ibid.

13 Hannah Arendt, Ibid.

14 Hannah Arendt, Ibid., p.354.

15 Hannah Arendt, Ibid., p.356.

16 Hannah Arendt Ibid., p.357.

17 Hannah Arendt Ibid., p.358.

18 Hannah Arendt Ibid.

19 Hannah Arendt Ibid.

20 Véase en: https://www.immigrationspain.es/residencia-por-compra-vivienda/

21 Hannah Arendt Ibid., p.361.

22 Hannah Arendt Ibid.

23 Hannah Arendt Ibid., p.364.

24 Hannah Arendt Ibid., p.364.

25 Hannah Arendt Ibid.

26 María Zambrano Para una historia de la Piedad. Editorial Torre de las Palomas, Málaga, 1989, p.68.

27 María Zambrano Ibid., p.69.

28 Cfr. Simón Royo Hernández La disposición fronteriza. Revista Coencuentros – Pensamiento, Arte y Cultura, 2018: https://coencuentros.es/la-disposicion-fronteriza/

 

 

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