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Figuras del profesor

José Mª Filgueiras Nodar

Universidad Autónoma del Estado de Morelos (México). Noviembre de 2004.

 

 

RESUMEN

Este artículo presenta una reflexión sobre la actividad docente, explorando diversas figuras (payaso, líder, vendedor, etc) que los profesores usan o pueden usar para dar sentido a su propia actuación.

 

 

En este texto, “figura” debe entenderse como un modelo, de naturaleza vagamente metafórica, que el profesor adopta como ideal y se propone realizar en su actividad diaria.

 

Si un profesor cree que su papel es semejante, por ejemplo, al de un domador, no es descabellado esperar que se comporte de manera diferente a la de otro cuyo ideal de actuación sea un jardinero. Así, donde uno aplique el cariño y el cuidado constante, incluso con un cierto sesgo paternalista, el otro intentará adiestrar a los alumnos con la mayor rudeza, y hasta con brutalidad. Estos comportamientos también se diferenciarían, por ejemplo, del de aquel profesor cuya figura ideal fuese la de un investigador (científico, o tal vez privado, como Sherlock Holmes). Creo que este hecho no se discutirá excesivamente, y podemos entenderlo, sin complicarnos demasiado, como una muestra más del poder de las metáforas.

 

Antes de comenzar la presentación y análisis de las figuras en sí, me gustaría efectuar una serie de llamadas de atención:

 

 

Después de estas precisiones, es importante que aclaremos en base a qué criterios he elegido nuestras figuras. Hay tres requisitos que  ayudan a limitar un poco el amplio conjunto de posibilidades a elegir. Estos son:

 

 

En cuanto a por qué elegí precisamente estas siete figuras concretas, y no otras, apelo en última instancia a una decisión personal, que, por tanto, puede (y debe) ser cuestionada. Cada uno debería pensar su propia lista. Desde luego, el número de figuras que se puede buscar es mucho mayor[iii].

 

Tras toda esta batería de avisos y precauciones, se puede pasar ya al análisis de las figuras en sí.

 

Para ordenarlas, no he seguido otro criterio que mi valoración personal (ya no repetiré que, por lo mismo, es un criterio altamente cuestionable) de las mismas. Las he colocado en orden ascendente: de las que menos me gustan y considero más negativas, a las más beneficiosas y útiles, como se puede ver en la siguiente tabla[iv].

 

 

NEGATIVAS
NEUTRAS
POSITIVAS

 

Ø      Carcelero

Ø      Juez

 

 

Ø      Líder

Ø      Sabio

 

Ø      Payaso

Ø      Actor

Ø      Vendedor

 

 

 

 

A continuación, analizaremos estas figuras una por una.

 

Carcelero

 

Lamentablemente, esta es una figura muy difundida. En determinados contextos, se considera que la principal tarea de los maestros es alejar a sus alumnos de las calles, evitando así peligros para la sociedad y para ellos mismos. Esto hace que los profesores se conviertan, voluntaria o involuntariamente, en una especie de carceleros.

 

Esta figura, de muy dudosa justificación moral, aun en las peores circunstancias, es adoptada por otros profesores, en contextos mucho menos exigentes, como modelo de comportamiento. Las consecuencias negativas de tal modelo no se hacen esperar.

 

Una de ellas es el estancarse en el carácter meramente custodial de la tarea docente,  algo por cierto secundario hoy en día y que obliga a dejar de lado muchos aspectos que sí son esenciales, desde la transmisión de conocimientos al desarrollo de la personalidad de los alumnos. Otra mala consecuencia es la excesiva atención a la disciplina. En general, si la disciplina tiene algo positivo, siempre será en cuanto medio para lograr algún otro fin. Un profesor-carcelero se quedaría en la disciplina por sí misma, y esto, una vez más, olvidaría algo importante, en este caso algo tan importante como la finalidad de toda la actividad educativa. Generalmente, un profesor así será demasiado severo, consiguiendo que los alumnos le pillen manía para siempre a su asignatura. Del mismo modo, esta atención a la disciplina muchas veces puede degenerar en la típica clase policíaca, donde se preste más atención a las apariencias que a la realidad.

 

No creo necesario seguir profundizando más en los aspectos negativos de esta figura. Baste decir, como conclusión, que se trata de una figura profundamente perniciosa para la actividad del profesor.

 

 

Juez

 

Juzgar, en el sentido de evaluar, es una parte de la actividad docente. Para muchos, se trata de una parte especialmente desagradable. Sin embargo, hay o puede haber colegas que le otorguen una importancia primordial dentro de su actividad, hasta el punto de considerar el modelo del juez como figura ideal de acuerdo a la cual articular todo su comportamiento.

 

Al igual que en la figura anterior, encontramos que se trata de una figura que olvida muchos aspectos importantes, al concentrarse exclusivamente en una parte de la misma. El profesor atento sobre todo a evaluar, a juzgar, olvidará  aspectos muy importantes. La situación del juez, un poco por encima del bien y del mal, y basada fundamentalmente en la imparcialidad[v], va a tener que pasar por alto numerosas particularidades individuales de los alumnos, así como todo tipo de consideraciones que podríamos llamar del cuidado.

 

Igualmente, la analogía se cae si pensamos en que un juez está juzgando a un acusado, y los alumnos, en principio, no están acusados de nada. El que acusa es el fiscal, y en este caso no hay fiscal, a no ser que el propio profesor se dedique a poner trampas a sus alumnos, a fin de dejarlos en mala situación (algo que resulta inadmisible). Mucho más fundamental, en la relación entre alumno-acusado y profesor-juez, es el hecho de que el alumno no tiene un abogado allí presente para defenderlo. Se trata, pues de una mala analogía. Y esto, junto con sus consecuencias negativas, hace que recomendemos su erradicación.

 

Líder

 

He aquí una figura, por un lado, irreal y autoritaria. Irreal, porque raramente el profesor es el líder de la clase. Generalmente cada clase tiene sus propios líderes internos, y estos son siempre alumnos. Autoritaria, porque a veces las connotaciones de la palabra “líder” tienden hacia el militarismo o la dictadura. Y además, porque casi cualquier liderazgo que pueda ejercer el profesor sobre el alumno es claramente coercitivo.

 

Sin embargo, desde otro ángulo, la figura de líder también tiene elementos muy positivos. Entender al profesor como líder, esto es, como vector capaz de canalizar dinámicamente los deseos y las aspiraciones de la clase, o como inspirador del trabajo de los alumnos, tiene una fuerza que no se puede desdeñar. Desde luego, hace falta que los profesores asuman sus responsabilidades de liderazgo. Este hecho podría contribuir a llevar esta figura definitivamente hacia el terreno de las positivas.

 

No obstante, si he decidido dejarla como neutral, no es porque tenga rasgos positivos y negativos. El principal motivo para situarla ahí es su indefinición. Es muy difícil concretar esta figura de líder en un comportamiento definido. ¿Qué comportamiento podría representarla mejor? Tal vez alguien encuentre ejemplos que le sean útiles, pero por mi parte, he preferido dejarla como una figura neutral.

 

Sabio

 

Esta figura es una de las más respaldadas por la tradición. Los profesores son sabios, y los sabios (aunque también haya otras profesiones con igual derecho), generalmente son profesores. Además de este aval histórico, el propio sistema educativo tiende a premiar en muchos casos la erudición en perjuicio de la enseñanza.

 

Saber es una condición necesaria, pero no suficiente, para ser un buen profesor. Las razones me parece que son palmarias. Los mejores profesores  no son siempre los que más saben. Hay excelentes profesores que no son, ni mucho menos, eruditos. Y a la inversa, hay eruditos que son pésimos profesores. Desde luego que se dan casos en que ambas calidades coinciden, pero esto es cien por cien contingente. Así pues, parece muy arriesgado dar el salto, y pasar a considerar la figura de sabio como guía para el profesor.

 

Además, se nos presenta enseguida el problema de cómo concretar la figura de sabio. ¿A qué nos referimos exactamente? ¿Se trata de adoptar una serie de manierismos, en el aspecto más puramente externo, desde la tópica pipa hasta una determinada forma de vestir? ¿O bien de ponernos en la actitud mental del sabio, y centrarnos de modo exclusivo en la investigación? En este último caso, lo coherente sería abandonar la enseñanza...

 

Por todo ello, he considerado a la figura de sabio como neutral. Es que, si bien no tiene rasgos totalmente positivos, tampoco los tiene esencialmente negativos. Un profesor podría mantenerla, podría ajustar su vida con respecto a ella, como sea que la entienda, y los alumnos apenas se resentirían por ello, al contrario de lo que sucede con las figuras francamente negativas.

 

Payaso

 

¿Por qué no? Tal vez  el exceso de gravedad nos vaya a tirar al suelo (si es que nos estamos ya en él). Puestos a elegir entre el exceso de seriedad o el exceso de humor, yo me quedaría con el último. Desde luego, aquí tengo que exponer claramente cuál es mi situación en cuanto a prejuicios.

 

Yo me dedico a la Filosofía. Y todos los que trabajamos en este negocio de las preguntas sin respuesta, estamos amonestados por Wittgenstein, uno de los grandes gurús de la profesión, acerca de que podría escribirse una obra filosófica buena y seria compuesta enteramente por chistes[vi]. Esta recomendación, que viene de una de las personalidades más respetadas de la Filosofía del Siglo XX, nos obliga, como se suele decir, a tomarnos muy en serio esto del humor.

 

Desde luego, el humor es una de las armas más poderosas a la hora de hacer entrar la Filosofía en la cabeza de los alumnos. En otro texto, publicado en este mismo espacio, he explorado una de las muchas posibilidades que esta estrategia nos ofrece[vii], pero lo cierto es que a poco que pensemos en ello, se nos ocurrirán muchas más. Y estoy seguro de que a cada docente se le ocurrirán muchas maneras de hacer más humorísticas sus clases.

 

Pero adoptar la figura de payaso no significa que a veces utilicemos el humor, o introduzcamos algún elemento humorístico, cosa que pocos se resisten a hacer, sino que lo pongamos siempre como centro de nuestro estilo docente. Esto requiere un determinado enfoque de toda la actividad, y me atrevería a decir que un tipo bastante definido de personalidad. En este sentido, no todo el mundo podría hacerlo bien.

 

 

Actor

 

Esta fructífera figura nos permite extender la analogía en una medida superior a las anteriores. Como verán, se va a hacer patente que estoy pensando más en los actores de teatro que en los de cine o televisión.

 

 

Fácilmente nos damos cuenta de las semejanzas que existen entre ambas figuras. Partiendo de esto, debemos preguntarnos, por una parte, qué gana el profesor al tomar el actor como modelo de actuación. Por otra parte, también debemos pensar, una vez más, en una estrategia que concrete este modelo de comportamiento en una guía real y concreta de nuestra actuación. Para responder a la primera pregunta, probablemente todos sacaríamos a relucir conceptos como la persuasión, el atractivo y demás, logrando un cierto consenso. Consenso que apenas podría darse en la respuesta a la segunda pregunta, que pide en cada caso concreto una solución individual.

 

 

Vendedor

 

Esta es la figura más cercana a mi propia concepción de la actividad docente. Se trata de vender. Vender ideas, métodos, problemas, preguntas, respuestas, hábitos...Y hacerlo con el dinamismo, la energía y la capacidad de convencimiento de los buenos vendedores.

 

Entender al profesor como vendedor tiene una serie de consecuencias ventajosas. La primera es que obliga a considerar al alumno como un cliente. Podemos pensar que, en cierta medida, el alumno ya lo es. Pero no es este sentido al que me estoy refiriendo, sino otro mucho más directo. Tenemos que convencer al alumno de que compre lo que nosotros ofrecemos, sea Psicología, Química Orgánica o, en nuestro caso, Historia de la Filosofía. Desde luego la noción de compra va a tener que ser adaptada un poco, a partir de la usual, para que se ajuste a este sentido. No podremos referirnos tanto a un intercambio de dinero por bienes, sino de tiempo por conocimientos o algo similar a esto. En cualquier caso, “cerrar la venta” nos va a obligar a dar lo mejor de nosotros.

 

Otra consecuencia es la referente al enfoque, mucho más técnico y orientado a objetivos. Esto facilita la planificación de cursos y clases, así como la coordinación entre grupos, equipos o departamentos. Incluso la propia actuación del profesor, a nivel individual, sale ganando al adoptar este enfoque.

 

Una tercera consecuencia se hace patente si nos damos cuenta de que las figuras rara vez van solas, sino conectadas en redes de sentido[ix]. En este caso, la red con la que iría coherente la figura del vendedor incluiría cosas como el Marketing, los anuncios publicitarios, la promoción, las marcas, etc. En pocas palabras, esta red nos permitiría entender la actividad docente de un modo distinto, atendiendo a las lecciones que puede sacar del mundo de las ventas[x].

 

Desde luego, la adopción de la figura de vendedor requiere un esfuerzo. Un esfuerzo personal, y también organizativo, como hemos apuntado. Pero no es un esfuerzo sobrehumano, ni mucho menos. Al contrario, es muy fácil aplicar algunos sencillos principios, al alcance de cualquiera, y mejorar en gran medida la calidad docente. Los beneficios, nunca mejor dicho, no se harán esperar.

 

CONCLUSIONES

 

Como conclusiones tentativas de este artículo, me gustaría señalar las siguientes:

 

Por último, sólo me resta decir que, igual que usted, yo también veo muchos cabos sueltos en el artículo. Hay cosas que merecerían una mayor discusión, así como bastantes puntos un tanto traídos por los pelos, que necesitan más tratamiento. Sin embargo, me pareció interesante “presentar en sociedad” el texto lo más pronto posible, y esperar al posterior debate para tratar los puntos conflictivos.

 


 

[i] Quedarían fuera, eso sí, los modelos o ejemplos personales: personas concretas que tienen influencia en el estilo docente de determinados profesores.

[ii] El análisis icónico es una metodología de análisis del texto filosófico, creada por el Prof. Carlos A. Baliñas, de la Universidad de Santiago de Compostela. La idea básica es que la vida cotidiana influye en la creación del texto filosófico, y que esta influencia se puede detectar mediante un análisis de las metáforas que aparecen en el mismo. Evidentemente, esto es una simplificación excesiva. Un texto muy introductorio acerca de esto es mi  “Análisis icónico de los textos filosóficos”, publicado en  Sincronía, Revista electrónica de Estudios Culturales del Departamento de Letras de la Universidad de Guadalajara (México) [http://fuentes.csh.udg.mx/CUCSH/Sincronia/filqueiras.htm] Sin embargo, el que de verdad quiera conocer el Análisis Icónico deberá leer directamente los textos del  Prof. Baliñas, mucho más  interesantes y completos. Algunos de estos son: “Análisis icónico de la Filosofía”, en Letras de Deusto, Vol. 24, nº 62. Enero-Marzo 1994, pp.61-86; “Pensamiento icónico”, en ÁGORA, Vol. IV, 1984, pp. 169-181; “La vida cotidiana, plataforma de despegue de la filosofía”. En: Pensar la vida cotidiana. Actas de los III Encuentros Internacionales de Filosofía en el Camino de Santiago, 1997, pp.91-108; “Renato Descartes, el buen conductor de su razón” En: Retorno crítico a los orígenes de la modernidad. ed. J.F.Ortega Muñoz y M.Parmeggiani. Suplemento 2 (1997) de Contrastes (ISSN:1136-9922), pp. 13-31. Este último artículo es fundamental para comprender la noción de “ortofigura”.

[iii] Mucho mayor en cuanto a la cantidad, y, en lo que se refiere a la calidad, mucho más variado. Hacer una lista exhaustiva es un ejercicio que nos daría la oportunidad de ejercitarr la imaginación, la ironía, y demás.

[iv] Nunca está de más señalar que el hecho de que las figuras estén escritas es masculino singular se debe simplemente a razones gramaticales. No hay nada sexista en ello, o al menos nada intencionalmente sexista.

[v] En el caso de los jueces “decentes”, claro está, porque si además se trata de un juez corrupto, entonces la cosa se pone peor.

[vi] Citado en ALLEN PAULOS, John: Pienso, luego río. Ed. Cátedra. Madrid, 1994

[vii] FILGUEIRAS NODAR, José María: “¡Gol de Kant!El fútbol en las clases de Filosofía” La Caverna de Platón, Espacio de Filosofía, Enero 2003[http://www.lacavernadeplaton.com/articulosbis/goldekant0203.htm]

[viii] Hoy en día, con la aplicación de las Nuevas Tecnologías a la educación, puede darse el caso de que el profesor también dependa de los trucos de cámara , de los montajes, y de “efectos especiales” como la multimedia...

[ix] Cualquiera de los artículos ya citados de Análisis Icónico nos debería convencer de este hecho.

[x] Esta red es el tema de un artículo en el que estoy trabajando.

 

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