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La ley de extranjería en España, y una... farsa de integración social. (Por Mónica Gómez ). Marzo de 2003

 

Érase una vez un estudiante extranjero que quiso venir a hacer cursos de doctorado en España. Mientras tuvo claro para consigo mismo ser eso, un extranjero en condición de estudiante en España, no tuvo problemas,  las sorpresas vinieron después, cuando pensó que podía ser un extranjero residente con permiso de trabajo en España. Y así comienza la historia.

 

El estudiante extranjero se dio a la tarea de buscar trabajo, pero como no tenía permiso de residencia laboral sólo podía argumentar en las entrevistas de trabajo que tenía un curriculum más a menos útil y que como estudiante extranjero tenía el derecho a trabajar medio tiempo.

 

Después de mucho buscar se encontró con una ecuación donde ‘x’ era siempre la constante de valor: si eres extranjero y no tienes permiso de trabajo no puedes solicitar uno porque sólo eres un candidato a un puesto de trabajo si ya tienes un permiso de trabajo. Pero no puedes tener  un permiso de trabajo si primero la empresa no te da una oferta real de trabajo, para la cual, (en el caso milagroso de que se diera tal situación) tendría que ser una empresa dispuesta a esperar por lo menos 10 meses de trámites a partir de que la solicitud del tal extranjero fuera admitida. Esta empresa también tendría que esperar a que el susodicho futuro empleado fuera a su país a recoger su visado y volviera felizmente a España deseando que al cabo de casi un año pudiera tener su empleo. Fecha para cual, evidentemente, ya  habría expirado su primer permiso de trabajo recién entregado; por lo que los trámites de renovación debían comenzar inmediatamente demostrando que el empleado seguía manteniendo vigente la oferta de trabajo de la empresa.

 

Suponiendo que esto ocurriera, que ya bastante vueltas a la cabeza nos hace pasar, y no conforme con ello, el extranjero afortunado tendrá que demostrar anualmente la vigencia de su oferta de trabajo hasta después de 5 años. Pero vayamos un poco atrás y dejémonos de cuentos del país de las maravillas para situarnos primero ahí donde nuestro estudiante extranjero tiene que legalizarse en España. Primero detengámonos en algunos de los documentos que tienen que ser presentados a Gobierno Civil por un estudiante para mantenerse legal en España.

 

Como es normal, este extranjero tendrá que demostrar con un pasaporte de dónde viene, tendrá que justificar que está inscrito en algún programa de cursos en la Universidad no inferior a 3 meses, pero sobre todo, tendrá que ser una persona o bien que tuvo la fortuna de ser becada para venir a estudiar, o bien haber nacido rica, porque lo que hace falta para probar a Gobierno Civil que se está en condiciones económicas para estudiar en España es una cuenta en el banco que tenga como mínimo la totalidad de dinero suficiente para que una persona se mantenga durante todo un año; aunque en muchos casos esto no es suficiente. El mío fue relativamente sencillo considerando que por suerte la cuenta de Banco que demuestra que tengo recursos para mantenerme aquí la abrí, por una cuestión de azar, a nombre de mi madre y mío y no a nombre de mi hermano por ejemplo. Porque ahora, la última novedad es que si la cuenta bancaria no pertenece a los padres del estudiante pues entonces puede que se tengan problemas para obtener el tal permiso. No estoy segura que este hecho sea del todo objetivo si consideramos que son  matices que dependen del funcionario que recibe los papeles y sobre todo de si el estudiante entra en la categoría de extranjero sospechoso. Con lo cual ya tenemos nuestra primera clasificación:

 

Tenemos que todos los que no seamos españoles somos extranjeros mientras estemos en cualquier suelo que no sea el nuestro. Dentro de estos extranjeros pueden estar los legales y los no regularizados. Dentro de los legales tenemos principalmente a los estudiantes y a los que tienen permiso de trabajo. Dentro de los legales a su vez tenemos una clasificación de sospechosamente extranjeros o apestados, y los extranjeros a secas. Los primeros se diferencian de los segundos porque suelen tener el color de la piel más obscura o rasgos autóctonos más pronunciados. Los extranjeros a secas son simplemente aquellos que mantienen un estándar acorde con la fisonomía propia del español. Vamos, que no desentonan con el promedio fisonómico de esta parte de Europa.

 

Pero decía, según si se es un extranjero a secas o un extranjero sospechoso es la manera como se es más o menos discriminado, o como dice el dicho ‘como te ven te tratan’. Así que como se supone que yo tuve la suerte de ser una persona sospechosa en mi tierra natal por desentonar con los rasgos característicos de la mayoría de los mexicanos, esto me ha servido al menos para no ser catalogada como sospechosa y apestada en territorio gubernamental, y a veces social, español. Todo un consuelo.

 

Pues bien, con todo y mi primer obstáculo salvado, para renovar mis papeles de estudiante no sólo hace falta que yo demuestre a Gobierno Civil mis recursos económicos mediante una carta original del Banco donde tengo mi cuenta. Todo parece indicar que, una carta original, de un banco de mi país, firmada por su gerente avalando una fuerte cantidad de dinero que es enviada a España desde una tarjeta de débito que además tengo físicamente en mi poder, no sirve para nada. Por si fuera poco, esa carta tiene que ser llevada al Consulado o Embajada de mi país en España para ser compulsada con un documento que diga, otra vez, que la tal carta es válida y el banco en cuestión también. Finalmente, los documentos son presentados después de todo este infierno de trámites y al cabo de 3 meses se tiene otra vez la tarjeta de estudiante vigente por 12 meses aunque en la práctica sean sólo 9. Así tenemos que el Gobierno Civil Español se inventa unas leyes de extranjería, o bien para marcianos o bien para fascistas. Al final todo parece ser una prueba de resistencia de quién aguanta más. Quien logra quedarse aquí es porque tuvo suerte, fue muy ingenioso y tuvo una gran capacidad de resistencia.

 

También tendría que agregar que si por casualidad la ley de Extranjería del Estado Español no fuera para marcianos o fascistas, entonces seguramente que es para artistas doctorados en el arte de la parodia y la ficción. Volviendo al caso del permiso de trabajo, para poder sacar un permiso de trabajo en España, estando ya en España, habrá que encontrar un modo. Está claro que ninguna empresa esperará a nadie para que tras un año de arreglar papeles conserve un puesto u oferta de trabajo. Pues bien, el camino habrá que emprenderlo, los más desesperados necesitan tener un amigo en España que quiera pasar como su empleador de servicios domésticos. Sin embargo, este trámite lo hacen personas o muy desesperadas o muy reacias a volver a su país precisamente por la misma desesperación que viven allá y que les ha traído a España.  Una persona puede iniciar estos trámites, pero eso no significa que vayan a resultar favorables y mucho menos que vayan a tardar poco. Conozco un par de personas chilenas que no pudieron salir de España en casi 3 tres años porque, aunque ya habían ingresado sus papeles, todavía estaban a la espera de una resolución, tuvieron suerte y después de tres años les dieron el permiso de trabajo, que como es de suponer tenía que ser renovado en un año. Tuvieron, se supone, 12 meses para encontrar una verdadera oferta de empleo o resignarse a que la espera había sido una pérdida de tiempo con 3 años de su vida tirados a la basura. Como es de esperar no les fue sencillo encontrar trabajo, de hecho no lo encontraron, pero sí tuvieron la suerte de tener otro amigo que se hizo pasar, otra vez, por su empleador. Y así será su círculo de renovación anual al menos hasta el quinto año de residencia legal en España. Con esto ya tenemos al menos 8 años de dos vidas concentradas sólo en la manera de mantenerse aquí. ¿Es para tanto? Según si lo que tienen que soportar aquí es mejor, por malo que sea, a lo que tendrían que enfrentarse en sus países de origen, o según si el plan no obedece a intereses suyos sino sobre todo del futuro de sus hijos, en el que ellos opten por otra calidad de vida mejor.

 

Pero todavía ellos son afortunados, como yo, se trata de extranjeros no sospechosos, no son el tipo de extranjeros que detienen por la calle para pedirles los papeles. Porque entre las últimas curiosidades de la policía está la de detener -sin causa real de delito cometido- a los extranjeros que por su fisonomía les parezcan sospechosos, y en los que terminan descubriendo su condición de residentes no regularizados. La primera vez los detienen un día y los registran en su base de datos. Según información de la ONG SODEPAU la segunda vez normalmente son llevados a prisión, donde pueden estar hasta 40 días y 40 noches sin haber cometido ninguna falta a la ley. Así, se convierten en la tercera clasificación del extranjero, esto es, el extranjero sospechoso condenado. Un extranjero que al tener orden de expulsión y devolución queda condenado a jamás adquirir un estado legal dentro de España, pero como no tiene dinero para volver a su país, y el Gobierno Español tampoco lo tiene, pues está formalmente expulsado convirtiéndose de hecho en una persona más de la calle en España, sin medios para vivir ni forma de encontrarlos, como no sea de la economía sumergida, o en el peor de los casos de la delincuencia.

 

Así podría seguir contando situaciones en las que los extranjeros, en cualquiera de nuestras clasificaciones, solemos encontrarnos en algún momento de nuestra estadía aquí. Situaciones que pueden ir desde cómo encontrar un piso para alquilar siendo latinoamericano, no digamos marroquí, siguiendo por cómo sobrellevar ser un latinoamericano que habla Castellano y no Catalán, y terminando por agradecer a la benevolencia de este sistema democrático para la integración social que al menos la fortuna histórica hizo que a los mexicanos y españoles nos uniera un lazo mucho más común que nos permite ser menos vulnerables a la discriminación que, por ejemplo, colombianos, ecuatorianos y peruanos son expuestos con mayor frecuencia. Supongo que ya olvidaron que Argentina fue también uno de los países que asiló a gran cantidad de españoles durante la Guerra Civil y el Franquismo.

 

Antes de terminar tendríamos que ir a una cuarta clasificación del extranjero: el extranjero sospechoso legalmente esclavizado. Donde no sólo los que reparten bombonas de butano, son paletas o cuidan niños son discriminados por los mismos que los emplean en negro, y que evidentemente sin ellos -la servidumbre- no podría haber madres o padres trabajando, no habría agua caliente para ducharse en muchas partes y la fruta se estropearía por no ser recogida. Pero para que estos pobres no se quejaran más de su condición irregular, la ley de Extranjería les dio la oportunidad de por ejemplo, regularizar a los ecuatorianos, quienes felizmente podrán venir a recoger fruta legalmente en condiciones que por supuesto ninguna persona de aquí aceptaría, y como necesitan el dinero, la ley de Extranjería bondadosamente les ofrece la posibilidad de venir a hacer el trabajo sucio en las condiciones más precarias, no sin contar con el beneficio económico que supone el envío de dinero a su país, al punto que comienza a plantearse como un servicio más dentro de bancos importantes por la fuerte liquidez que supone.

 

Lo bueno es que el sistema democrático funciona y casi ni para qué hacernos la pregunta del millón de dólares, ¿para qué tanta porquería legal en extranjería, para qué tanta xenofobia por parte de algunos de sus habitantes? ¿Al final no se han informado que en el caso de Cataluña fue el lugar de todo el mundo con menor índice de natalidad? ¿No conocen las estadísticas?

 

Se estima que para el año 2050 la sociedad española - siguiendo la actual tasa de natalidad- tenga 12 millones de jubilados frente a sólo dieciocho millones de personas ente los 16 y los 65 años. Lo que significa que serán necesarios 14 millones de inmigrantes para mantener el sistema público de pensiones. Esto conducirá a una transición demográfica que comenzará hacia el año 2020, cuando la generación nacida en el año 1955 empiece a cumplir 65 años, engrosando con ello las filas de los jubilados.

 

El impacto social y económico registrado en la evolución demográfica de Europa, y especialmente de España, es de tal importancia que deben comenzar a estudiarse posibles soluciones para la integración de los inmigrantes en el país. Según las estadísticas si se mantienen las tendencias actuales, el número de personas mayores de 65 años habrá aumentado en España en 3 millones en el año 2030, lo que implica un incremento del 50% sobre la cifra del año 2001. Sin embargo, la población total, como consecuencia de la baja natalidad de los dos últimos años, se habrá reducido en 2 millones y medio de personas. Esto significa que habrá 2 millones y medio menos de jóvenes.

 

Según datos obtenidos en el Centro Superior de Investigaciones Científicas se estima que para el 2050 haya 34 millones de habitantes, 6 millones menos que en la actualidad, de los cuales 11 millones y medio serán mayores de 65 años. Actualmente existen 6,8 millones de personas mayores de 65 años frente a 27 millones de ciudadanos en edad laborable, mientras que en el 2050 se pronostica que serán tan sólo 18 millones de ciudadanos entre los 16 y los 65 años frente a los 11 millones y medio de jubilados ya mencionados.

 

Finalmente, según un informe presentado por el Instituto Europeo de Prospectiva Tecnológica y Social, tan sólo en  7 años la población europea en edad de trabajar empezará a decrecer, cuando hasta el momento se mantenía un ingreso al mercado laboral de un millón de jóvenes por año.

 

De acuerdo con estas cifras España necesita como mínimo un flujo de aproximadamente 120 mil nuevos inmigrantes cada año para mantener la relación jubilados/población activa  actual, y de esta manera poder garantizar el futuro de las pensiones. Por tanto, para el 2050 harán falta un promedio de 14 millones de inmigrantes, no conozco otro modo como se pueda dar continuidad al sistema público de pensiones y de servicios sanitarios.

 

 

Pregunta: ¿Para qué tanto teatro si de todos modos nos necesitan y los necesitamos? Respuesta: El sistema democrático español es místico. Otra respuesta, no la sé.

 

 

Mónica Gómez

 

 


 

 

 

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