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DE LA POBREZA DE LA EXPERIENCIA A SU IMPOSIBILIDAD
Luis Fernández-Castañeda
Me encontré ayer con un amigo que me dio un pequeño escrito para esta Caverna, algo que recibí agradecido. Cuando más tarde lo leí en casa, me invadió una incomodidad creciente. El caso es que, por mucha razón que tenga en lo que dice, algo tiene que estar mal en su planteamiento que no soy capaz de descubrir. Quizá vosotras, o vosotros, podáis hacerlo, en cuyo caso espero ansioso vuestra respuesta.
"Walter Benjamin señaló en un escrito que los soldados de la Primera Guerra Mundial volvían mudos a casa, incapaces de expresar lo que habían vivido. Pero la causa de ello no era -añado yo- que hubieran experimentado algo tan complejo que no pudieran formular con palabras. Todo lo contrario, volvían mudos -es mi hipótesis, apoyándome en Benjamin- porque no se puede hablar de lo que no se ha vivido, y su experiencia en la guerra fue invivible o, en otras palabras, no tuvieron una experiencia de la misma, fueron incapaces de hacer una experiencia de ello. Solo detonaciones, ruidos atronadores, fuego, balas silenciosas, metralla, nubes de gas, luces, estallidos, gritos. De día y de noche, despiertos y dormidos, en invierno y en verano. A partir de ahí indagaba Benjamin en la idea de que en el mundo de hoy la experiencia se ha empobrecido y lleva camino de empobrecerse aún más.Hacer una experiencia, tener una experiencia, vivir algo, se ha hecho cada vez más difícil. El que fue campo fértil de la vida humana, la tierra en la que florecimos, esa textura multiforme de ratos, conversaciones, ojeadas, movimientos corporales propios y ajenos, caminos entrecruzados y solapados, es cada vez más estrecho. En muchos ámbitos, es ya imposible hacer una experiencia. El intercambio humano de toda la vida ha quedado sustituido por el whatsapp.
¿Se puede vivir sin hacer experiencias, sin tenerlas? Sí pero mal. Aumenta el aislamiento, la soledad, el narcisismo. Cunden las enfermedades mentales. Ya no se cantan coplas mientras se trabaja, se pone unolos auriculares enchufados al podcast o a la radio. No hay trabajos colectivos donde se cuenten historias mientras se preparan productos. Y de hecho ya ni nos interesa conocer a gente porque serán tan pobres de experiencia como nosotros.
La tecnología tiene su parte en esto, y el capitalismo, quién lo duda, pero también hay que tener en cuenta nuestra situación histórica. ¿Con qué futuro nos vamos a emocionar, qué retos nos vamos a proponer porque lo merecen, a qué aspiraremos? La respuesta a esto es NADA, excepto las series de distopías. Estamos yendo hacia la imposibilidad de reproducirnos como humanos desde el momento en que se vuelve imposible hacer/tener experiencias. El cuerpo podrá reproducirse, pero lo que verdaderamente nos hace humanos va camino de desaparecer. Esos padres que sacan a pasear a sus niños en el carrito y en lugar de hablar y de interaccionar con ellos se quedan media hora en silencio mirando el móvil son la avanzadilla que acabará produciendo unos seres que ya no serán humanos como nosotros lo hemos sido. No serán el superhombre nietzscheano tampoco, serán unas criaturas que desde nuestro punto de vista solo podemos calificar de pobres monstruos. ¿Frankenstein?"