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Mónica Gómez Salazar

 

Título: La exclusión social como una de las probables causas de los fundamentalismos de finales del siglo XX y principios del XXI.

 

 


I

 

Si acaso fuera posible pensar la historia como una continuidad dividida en períodos, de manera que tras la Edad Antigua hubiera una escisión con la que se identificara la Edad Media y después de ella se estableciera de un momento a otro la Modernidad, y si realmente fuera viable decir que lo que divide una época de otra es sólo un instante, entonces podríamos suponer que estamos en la edad de la globalidad. No obstante, dicho punto de vista no parece enteramente válido si reparamos en que la vida humana no se construye desde la ruptura y discontinuidad de sus diferentes etapas sino por el contrario, se presenta como un conjunto de ciclos entremezclados que a la vez que van surgiendo, se desdoblan, haciendo del propio proceso un continuo extinguirse. Mismo caso el de la historia de la humanidad, no existe un real colofón de una época respecto a otra, en conjunto, se van entrelazando en una especie de deconstrucción.

Pese a ello, es de hacer notar, cómo la humanidad continúa identificando los cambios de años a modo de parte aguas aunque las condiciones muestren que el 31 de diciembre de 1999 no se diferencia radicalmente del 1 de enero del 2000. (En el fondo, la gran mayoría es consciente de ello, saben que su vida no se modificará drásticamente de un día a otro sólo por la variación de fecha, como digo, se considera que eso es sabido por la generalidad -al menos la que se juzgue medianamente prudente-.) Mas, las concepciones universales en su afán de dividir y hacer nombrar cada nuevo período, orillan a que terminemos por aceptar nuestra contemporaneidad como lo correspondiente a la nueva fase rotulada bajo el título de Globalización.

De entre las innumerables consecuencias de esta globalización -y que de hecho una gran cantidad todavía nos son desconocidas- la que nos trae a cuento, es la pertinente a la exclusión social,  destitución que en buena parte caracteriza nuestra dual y fracturada sociedad, al punto de percibirse como una de las principales causas del surgimiento de movimientos fundamentalistas que tan frecuentes se han hecho en la última década.

 

II

 

De acuerdo con datos extraídos de una de las exposiciones del Dr. Bilbeny[1], hoy por hoy nos enfrentamos a un globalismo neoliberal promotor del dominio de las grandes corporaciones económicas sobre las que no lo son. Una especie de neofeudalismo o cierta clase de neocolonización del siglo XXI, a partir de la cual, los tratados económicos, la ayuda para la estabilidad financiera de los países del tercer mundo -con su ineludible aumento de la deuda externa- y el mercado de armas, entre muchos más; vigorizan el control de unos países sobre otros; de tal suerte que las potencias se ven fortalecidas desde la dependencia que los países más pobres mantienen respecto de ellos.

Esta realidad social que en muchos casos cae en la falacia naturalista –las cosas existen de tal manera y así deben ser sin posibilidad de cambiarlas-  puede optar por dos caminos:

1)      Dado que el principio de realidad marca el destino de la sociedad de forma irremediable, entonces no hay nada que hacer –apoleticismo-.

2)      Ese mismo principio de realidad marca el destino de la sociedad que además de inevitable se adopta ya como fatal, entonces hay que actuar de inmediato para cambiar esa fatalidad –fundamentalismos, fanatismos religiosos, políticos y sociales-.

Pero ¿por qué esa tendencia a la falacia naturalista? Es posible que este “las cosas son como son y no hay nada que hacerles”, sea derivado de aquella concepción de la historia como proceso único en el que detrás de un acontecimiento viene otro y en el que frente a un hecho se encuentra su causa y consecuencia; en pocas palabras, una historia concebida como evolución coherente en la que reina el pensamiento disyuntivo. Si la historia ha sido entendida bajo esta perspectiva, no es de extrañar que tras la gran ilusión prometedora del siglo XIX en la ciencia y tecnología, se sucediera un sombrío pesimismo con un siglo XX plagado de terribles acontecimientos que desataban -más que un desencanto- la desesperanza de que el progreso había resultado inalcanzable. En efecto, las dos Guerras Mundiales, la destrucción del medio ambiente, la ciencia y tecnología a favor del armamento, las víctimas del Hitlerismo; entre otras muchas realidades, echaron por tierra esa concepción de estamos en camino hacia un mundo mejor, es decir, hacia un verdadero fin de la historia en el que los problemas cruciales habrían quedado resueltos.[2] A partir de esto, la humanidad (hasta ese momento convencida de un pensamiento excluyente del que se deduce que algo es bueno porque no es malo, algo progreso porque no es retroceso) tiene que enfrentarse a que lo entendido como progreso –la ciencia y tecnología- resultaba ser en buena parte tanto proceso como retroceso.

No desconcierta, luego, que en el siglo XX y XXI la pregunta sea: “Después de Hiroshima, Auschwitz, después de esos terribles acontecimientos, que ocurrieron en el corazón del mundo moderno, ilustrado, tecnológico, ¿puede todavía creerse tanto en el Dios del progreso necesario como en el Dios que manifiesta su poder mediante una Providencia controladora?”[3] En efecto, si la mejor carta fue tirada y resultó ser toda una decepción, ¿qué cabe esperar? ¿Un destino al que no se le puede hacer nada? No asombra que de cara a tal desengaño, el mundo se sienta abandonado a la suerte del hado. Fukuyama concreta: “Si los hombres del futuro buscan nuevas luchas y retos <<thymóticos>>[4], las consecuencias pueden ser todavía más horrendas porque ahora disponemos de armas que permiten la destrucción en masa instantáneamente”[5] Cabría añadir, que en nuestros días, contamos con los medios de comunicación que acercan los acontecimientos y potencian la realización de otros sin que importen las distancias físicas.

 

Es probable que una de las causas por las que surgen los movimientos fundamentalistas y sectas no sea sólo la desesperanza sino también la megalothymia (sobresalir de entre los otros) tan animada por el Capitalismo que vuelca a la gente en “ideales por los cuales vivir y morir.”[6]

Ahora se entiende o al menos se infiere, por qué Damián Thompson en el epílogo de su obra El Fin del tiempo[7], se pregunta si los suicidios colectivos están relacionados con los medios de comunicación y si éstos son detonadores de los primeros a través de sus series televisivas, las películas de Hollywood o las mismas noticias; a lo que habría que agregar que no es sólo hablar de medios de comunicación, sino más bien del sistema capitalista de nuestro tiempo, del que los medios son personajes principales en el proceso tecnológico -no social- de globalización.

 

De acuerdo a Manuel Castells, la revolución de las tecnologías de la información ha reestructurado el capitalismo, induciendo a una nueva forma de sociedad, la cual, se expresa desafiante frente a la globalización y cosmopolitismo en nombre de la singularidad cultural[8] con lo que viene el surgimiento de movimientos reactivos, en nombre de Dios, de la Nación, de la etnia, de la familia o de la localidad.

Pero ¿por qué esta resistencia?

La época de globalización que vivimos, puede ser entendida y vista desde más de una perspectiva. Como ya hemos adelantado en otras líneas, la historia del hombre y sus procesos no pueden ni deben ser vistos bajo el cristal de una misma lupa, esto es: hablar de una era del desarrollo tecnológico en la información no implica tender hacia una postura idealizada en el optimismo extremo, pero tampoco es cuestión de condenarla al fatalismo rencoroso en que todo tiempo pasado fue preferible. En un intento de explicarme mejor, diré que no podemos afirmar que el fenómeno de la globalización, característico del Capitalismo Informacional, sea en entero progreso ni tampoco retroceso; del mismo modo que podemos hablar del valor de la diversidad, empujado por la globalización, lo hacemos de su contrario: la segregación cultural; o de la globalidad en sí misma contrapuesta a la exclusión social.

 

Con la creación y firmas de tratados internacionales de comercio da la impresión de que los países se van conformando en un bloque negociador en la búsqueda de una simetría global, no obstante, la realidad es otra. Ese intento de paridad se hace lejano cuando los tratados comerciales son de mayor beneficio para los países industrializados que para los subdesarrollados, quienes no sólo están en franca desventaja de cara a los primeros al momento de las comercializaciones según dichos acuerdos, sino que son precisamente éstos una de las tantas maneras de afianzar la dependencia de los débiles de cara a los pudientes. Lo anterior pudiera dar la sensación de desenvolverse bajo esquemas estrictamente abstractos y no es de esta forma; las condiciones cotidianas y concretas de los miembros de la sociedad de cada país son definitivamente trastocadas. Así como en el ámbito global se va haciendo cada vez más notoria la escisión entre ricos y pobres, entre los que están dentro del capitalismo y los excluidos; de igual manera, en las sociedades se presenta el mismo fenómeno sólo que a otra escala no menos preocupante. La sociedad cada vez más fragmentada en dos clases sociales, por un lado, los pudientes, informados, educados, los que se mantienen constantemente empapados de las nuevas tecnologías y los que son al fin y al cabo los manipuladores de esas tecnologías; por el otro, los que en consecuencia del aumento en el desempleo, subempleo o empleo de tiempo parcial, no tienen los medios para educarse en las actualidades de la era de la información quedando muy por debajo del nivel de conocimientos aplicables del primer grupo. Este grupo excluido, encontrándose impedido por las circunstancias de la globalización –no global- opta por tendencias que van desde la inactividad, el ser miembros de organismos no gubernamentales en pro de los derechos humanos, de las mujeres, de la ecología; hasta caer en la drogadicción, el crimen organizado y la violencia. Asimismo queda la vía de la pertenencia a movimientos en defensa de la singularidad olvidada a causa del boom de la tecnología cosmopolita, a la que ven no sólo como un rival contra quién luchar sino también -según sea el cariz de la ideología- la razón que justifique nacionalismos exacerbados y xenofóbicos que pongan en peligro la seguridad de extranjeros y la de la propia ciudadanía. 

Entre otros extremos a los que acceden los relegados, se cuentan las sectas milenaristas que encuentran en los medios de comunicación, el desempleo, las guerras, los desastres naturales y la exclusión social, una amenaza constante, no sólo física sino de connotaciones espirituales y necesidad de salvación eterna. Es pues que, a partir de la creación de nuevos grupos sociales -dentro de la misma sociedad que los ha excluido- se consigue “la exclusión de los exclusores por los excluidos.”[9]

Con todo, no se trata de exclusivo desafío, reducirlo a tal extremo sería simplista. Esa sociedad necesita encontrar el sentido de su posición, circunstancias y desventajas, el significado de su razón de existir y de padecer. Esa fuente de sentido es lo que Castells denomina identidad. Construida a partir de factores como la historia, geografía, biología, memoria colectiva, fantasías personales, revelaciones religiosas; los individuos, grupos sociales y comunidades los procesan reordenándolos en su sentido. Es verdad que las identidades puedan originarse en las instituciones dominantes, pero sólo si los actores sociales las interiorizan y construyen bajo su sentido podemos hablar de identidad.[10] Vb. gr: ¿Qué hizo que tantos alemanes fueran partidarios de Hitler? Si bien es cierto que gran parte de la sociedad fue víctima del terrible sistema, también sabemos que el régimen no era sólo Hitler sino en mucho, el resto de sus seguidores que encontraban en los argumentos Hitlerianos un sentido que terminaron por hacer suyo, de suerte que, las conductas terribles de villanía y absoluta falta de misericordia, lejos de condenarse, eran legitimadas. “La afirmación nazi de la superioridad racial germánica se debía demostrar activamente con el conflicto con otras culturas, la guerra era una condición normal y no patológica”[11] No sorprende esta concepción si recordamos que la Alemania de 1914 justificaba la guerra como un efecto moral purificador en el que el sacrificio era el valor moral absoluto de la fuerza interior.

 

Los fundamentalismos -intrínsecamente reactivos- que desde la resistencia construyen su identidad, son fértiles cuando encuentran el terreno dónde preñar de sentido su experiencia como individuos y como colectividad. 

 

El término fundamentalismo tuvo su origen en Estados Unidos cuando dos hermanos publicaron The Fundamentals donde reunían los textos sagrados editados por teólogos evangélicos conservadores. En 1992, cuando Bill Clinton fue elegido, el fundamentalismo llegó a las grandes ligas de la escena política en forma de coalición cristiana encabezada por Pat Robertson y Ralph Reed.[12] En los Estados Unidos de América de ese momento se distingue una sociedad en su mayoría religiosa, profundamente apegada a las creencias de la salvación espiritual y regreso de Cristo. ¿Por qué? La respuesta a este por qué, es de tal extensión, que responderla como si fuera algo exclusivo de la ciudadanía estadounidense sería tanto como reducir la humanidad a esta población. Las conductas de la sociedad contemporánea de las que ahora somos testigos no son en lo absoluto únicas de nuestra época, ya desde antes de la era cristiana encontramos fundamentalismos nombrados bajo otras designaciones. 

 

III

 

Escogiendo las siguientes palabras de Castells: “el miedo a la muerte, el dolor de la vida, necesitan a Dios y la fe en Dios, sean cuales fueren sus manifestaciones, sólo para que la gente pueda continuar. Fuera de nosotros, Dios no tendría dónde vivir,[13]” es que me animo a relacionar los movimientos apocalípticos, milenaristas y escatologías de nuestro tiempo, con aquellas que datan desde siglos anteriores al nacimiento de Cristo. Uno de ellos es el Zoroastrismo, doctrina del siglo VI a.c. al VII d.c. basada en la creencia de un plan divino que supone una perfección eterna posterior a la consumación del tiempo limitado de este mundo. El Zoroastrismo, desarrollado principalmente en el este de Irán, establece la idea predominante de un orden cósmico en el que su dios –Ahura Mazda- es la causa primera de todo lo bueno, no obstante, dicho orden divino posee su antítesis: el mal, ese desorden que socava el cosmos orillándolo a la destrucción. Según la fe zoroástrica, la naturaleza de los gemelos –bien y mal, cosmos y caos, orden y desorden- los convierte en rivales irremediables; al final del tiempo se enfrentan en la gran batalla del mundo de la que el Orden sale triunfador comenzando así el inicio de la eterna felicidad. Los zoroástricos creían ser los salvadores del mundo, su participación activa e involucramiento desde su religión, impregnaba todos los aspectos de su vida fortaleciendo y preparando el mundo para su consumación y el desenlace perfecto; rasgo religioso que recuerda enormemente algunas de las tendencias de los judíos, quienes no sólo fueron los primeros en adorar a un sólo Dios otorgándole carácter universal -que posteriormente sería heredado por los cristianos-, sino que se sentían y, sobre todo, se sabían el pueblo elegido de Dios, pueblo de una tierra prometida que en el futuro sería la tierra de una sola religión:[14] la religión  universal. Pero también saltan las diferencias. Mientras en el Zoroastrismo, su profeta -que ahora podemos calificar de milenario- prometía -inspirado en el sufrimiento engendrador de la destrucción de un antiguo modo de vida- una transformación total de la existencia de todos aquellos que hubieran cumplido con el requisito ético[15]; en el Judaísmo encontramos a los israelitas viviendo en la incertidumbre de un resurgimiento repentino del caos a partir del cual puede venirles la muerte, esto es: aquel destino común de ricos, pobres, justos, pecadores; el sheol, el mundo subterráneo, el hoyo sin retorno, la tierra del olvido. Los israelitas en contraste con los zoroástricos, no vivían en un pensamiento milenarista, todo lo contrario, la muerte no les ofrecía ningún aliciente. Pese a esta diferencia, ambas creencias justifican y explican sus males a partir de un razonamiento divino. Para los judíos el dominio de los reyes de Asiria y Babilonia no era más que la prueba del poder divino; para los zoroástricos, la prueba de que el fin estaba cerca y el cosmos pronto volvería a reinar sobre el caos.

De la fe judía se desprende la fe judía cristiana, de la que nace lo que hoy conocemos como Cristianismo. Como es sabido, el Cristianismo se centra en la figura de Jesús, quien prometió a los suyos la liberación del pecado, de los trastornos físicos y mentales y la reconciliación e inmortalidad de sus cuerpos al lado de un padre misericordioso; pero esta promesa se la hizo a una minoría: los pobres, ignorantes, mujeres, niños, prostitutas. Quedaba muy claro que el reino no era para aquellos aferrados al poder, al prestigio o a la riqueza, sino para los que ayudaran a los pobres o fueran  uno de ellos.[16] No extraña que Jesús haya sido considerado como el Mesías de los pobres; Quien, en espera de la caída del régimen romano de Palestina, gobernaría como vicerregente de Dios. Pese a todo, el reino no llegó y Jesús fue crucificado, lo que al parecer anulaba el sentido de la fe. En efecto, eso hubiera ocurrido de no haber resucitado, fue la resurrección la que dio sentido al destino.

La variante de la resurrección originó por un lado, el inicio de la Iglesia Cristiana y por el otro el desconocimiento de Jesús como el Mesías por parte de la iglesia primitiva de Israel, lo que significaba que quienes heredarían la promesa divina de la salvación serían los cristianos.[17]

Paras los cristianos, la figura de Jesús no se limitaba al curandero, exorcista y predicador que vivía en Palestina, entenderlo así sería de connotaciones por demás elementales; Jesús era aquél cuya vida y muerte en este mundo conformaban el preludio de su resurrección y glorificación “¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?”[18] Lo que significa que nadie está exento de ser sometido a la prueba, ni siquiera Jesús mismo. Los nuevos judíos, que posteriormente se transformarían en los cristianos, proclamaban la crucifixión de Jesús y mantenían su creencia en un Juicio Final. Según la fe cristiana, las diferencias respecto al resto de los movimientos religiosos, los orillaban a hostilidades necesarias, pero era esa misma fe en el Padre la que los protegía de los infortunios. No es de asombrar que los cristianos encuentren en el dolor o privación, un sentido de ascetismo que los mantiene lejos de la mundanería; tampoco sorprende su convicción de ser ellos los únicos que podrán salvarse. Forman parte de una elite de pureza que recuerda a sectas de nuestros días como la de los Evangelistas o la de los fundamentalistas de la Rama Davidiana[19], en las que predomina la idea de que todo aquel que no pertenezca a la fe y ascesis particular de ese movimiento queda fuera de la salvación.

 

Se entrevé cómo la condición cultural, social pero sobre todo, religiosa del ser humano, tiende a establecer un sentido por el cual vivir, sufrir, pasar hambre, guerras, invasiones, destrucción, muerte. No sólo porque éstas sean circunstancias que le vengan sin ser pedidas sino porque en otros de los casos también son ellas las que son buscadas hasta alcanzarlas, incluyendo la propia muerte.

La historia humana muestra su constante justificadora del sufrimiento, el abuso de unas sociedades con otras y la misma guerra. Desde épocas anteriores hasta nuestros días, encontramos sociedades con razones de sobra para que Dios encuentre dónde vivir; a partir del Zoroastrismo con las conquistas árabe y alejandrina, el Judaísmo con la invasión de los babilonios, el Cristianismo con las persecuciones, hasta la sostenida vigencia de temas como guerras, enfermedades y pobreza; se definen como realidades que por sí mismas justifican el refugio místico. Verbigracia, el fundamentalismo islámico que encontró espacio gracias al fracaso de la modernización económica en los países musulmanes, que al no conseguir adoptar las nuevas condiciones de la competencia global y revolución tecnológica, hizo entrar en crisis a los Estados y con ello quebrantar la educación de una juventud ahora frustrada; el mismo malogro, provocó el empobrecimiento y expulsión de la gente rural a la ciudad como resultado de una modernización desequilibrada de la agricultura; lo anterior junto con la mezcla social, la crisis de la legitimidad del Estado-Nación y la pérdida de la fe en un proyecto nacionalista, conformaron sólo algunos de los elementos disparadores del fundamentalismo islámico que, no sorprende, asiente su reconstrucción de identidad en reacción contra la modernidad inalcanzable y -para ellos- causante de sus males.

 

Este proyecto fundamentalista islámico construye una nueva identidad donde las masas desposeídas, los intelectuales desafectos y todos aquellos pertenecientes a la clase marginada, pueden reconstruir su sentido en una alternativa al orden global exclusionista.[20] Escribe Khosrokhavar: “Cuando el proyecto de constituir individuos que participen plenamente en la modernidad revela su absurdo en la experiencia real de la vida cotidiana, la violencia se convierte en la única forma de autoafirmación del nuevo sujeto [...] La neocomunidad se convierte entonces en una necrocomunidad. La exclusión de la modernidad adquiere un significado religioso: de este modo, la autoinmolación se convierte en la vía para luchar contra la exclusión.”[21]

 

El mundo de hoy, tan lleno de tecnología, de globalización y regido por las leyes, ya no políticas sino económicas, se olvida que la semilla que va sembrando no cae necesariamente en terreno donde pueda dar fruto, todo lo contrario, lejos de ser semilla se convierte en aguijón que fortalece no sólo el terrible esquema de una sociedad global dual sino que acentúa la tendencia desesperada a la recuperación del sentido, que si bien puede canalizarse en aras del provecho social en forma de organismos no gubernamentales, igual se encauza hacia el crimen, la violencia o como sabemos, hacia fundamentalismos que cada día cobran más fuerza.

 

IV

 

De acuerdo a datos publicados en el libro de Damián Thompson, El Fin del Tiempo Fe y temor a la sombra del Milenio; el crecimiento evangélico actual[22] supera al de cualquier religión incluyendo el fundamentalismo islámico.[23] Y ¿por qué este incremento? Ciertamente no podemos ni culpar ni responsabilizar directamente al Capitalismo Informacional -y todo lo que éste implica- de ser la única razón de los dramáticos cambios sociales, sin embargo, sí es en buena medida un factor importante para la formación de aquellos. Ya lo hemos esquematizado según las condiciones del pueblo musulmán entretanto que el caso de los estadounidenses es ciertamente distinto.

Hablemos de los sectores de estadounidenses privilegiados que no son enteramente excluidos a causa del desempleo, de la raza o de la falta de educación informacional y tecnológica, y que sin embargo se ven en la necesidad de buscar algo que dote de significado y estabilidad al continuo dinamismo del que son parte y víctimas. No se trata de un sector de la sociedad que necesite encontrar un sentido a causa de haber sido excluido por, y en el mundo de la globalidad del nuevo Capitalismo; paradójicamente es éste y el constante cambio que lo caracteriza, lo que siembra la vacilación y perplejidad del hombre de esa realidad que continuamente es refundamentada. Es pues, una capa de la sociedad que en su tesón por conservarse a la vanguardia, en sostenida novedad; paga el precio de mantenerse en un sistemático “situándose”; que lo enfrenta a problemas como: crisis familiares, falta de identidad, crisis personales, inseguridad, etc.

Ante circunstancias como las descritas, los seguidores del fundamentalismo cristiano estadounidense ven en la globalización, una amenaza que los llena de incertidumbre[24] sobre quién controlará el destino de la nación que para ellos es la elegida, el remedio lo convienen en la seguridad y estabilidad de los valores e instituciones asentados en la verdad de Dios. Como más arriba señalábamos, de una u otra manera, el hombre necesita creer en algo que le dé sentido para continuar y más si el camino se torna incierto y tambaleante[25]. La religión y las creencias hacen que las sociedades “recuperen” el control de su vida.

 

Si a todo lo anterior le añadimos el factor tiempo y la fe -no sabemos si obsesión- escatológica y apocalíptica de estas esferas sociales, puede que entendamos mejor el origen de la urgencia de “conseguir tantas almas para Cristo como sea humanamente posible”[26]

Los cristianos (evangélicos) relacionan la expansión del Evangelio, con el fin y sugieren que, al predicar la fe, el cristiano renacido trae realmente el fin del tiempo junto con sus terribles tribulaciones, pero los salvados no tienen nada que temer pues confían en que ascenderán para reunirse con Cristo en el momento que comience la mortificación.[27] No asombra en lo absoluto que grupos de personas se vuelquen en conductas suicidas convencidos de:

-          O antes de que sufran las pesares serán llevados junto al Señor.

-          O tienen que redimirse con el sufrimiento terreno para poder alcanzar la salvación. Una especie de autoflagelación pero llevada al extremo.

 

De acuerdo a datos recogidos en el libro de Charles Berlitz Fin del Mundo Año 1999[28], los cristianos del diciembre de 999 creyeron que el fin del mundo sería con el cambio de milenio, las buenas actitudes de unos con otros fueron tan evidentes, como los suicidios de quienes se castigaban a sí mismos anticipando su propio fin o, los asesinatos a mercaderes ricos con la visible procuración de que en el Juicio Final la Tierra estuviera libre de impíos.[29]

Como se ve, los actos suicidas en la búsqueda de una salvación eterna o de una huída terrenal no son exclusivos de la época del año 2000. Tampoco podemos explicar fenómenos de este perfil únicamente desde conceptos psicológicos y matemáticos; influyen también muy diversos agentes externos, aquellos que se perciben en la vida diaria y de los que hemos hablado brevemente.

 

En otras épocas las señales de un probable fin del mundo solían identificarse con las invasiones, destrucción del templo (en el caso del pueblo judío) y otros factores. En nuestros días ¿qué es lo que exactamente nos hace creer, y si no, al menos pensar en la probabilidad de que el fin del tiempo está cerca?

 

“Some contemporary observers have argued, echoing  generations of religious apologists, that the resurgence of religious expression testifies to the spiritual sterility of technological rationality, that religious belief is now being renewed as a necessary complement to instrumental reason because it provides the spiritual sustenance that technology lacks”.[30]  “Perhaps nowhere is the intimate connection between religion and technology more manifest than in the United States, where an unrivalled popular enchantment with technological advance is matched by an equally earnest popular expectation of Jesus Christ’s return.”[31]

 

Las predicciones del fin del mundo pueden ir desde la lectura del libro del Apocalipsis, Daniel, la lectura de las culturas antiguas, las contemporáneas y sus creencias escatológicas, la consulta de los periódicos hasta sencillamente querer encontrar en las noticias diarias las connotaciones apocalípticas que puedan tener, ya sean sobre Astronomía, Geología, Meteorología, Economía, Ecología, o cualquier otra. Es decir, ante las variaciones mundiales que vivimos, no es difícil hacer lecturas apocalípticas ni dar al tercer milenio connotaciones de destrucción, muerte, redención, entre muchas otras que ya son entendidas más como antonomasias que como segundas lecturas del significante. Menos improbable es que esta época se perciba como el preludio del fin si se viven en carne propia desgracias causadas -en alguna medida- por el “progreso del humano del siglo XXI.”

No es que las personas se inventen esquemas psicológicos, sólo responden a escenarios como:

-          Saqueo y destrucción del potencial del planeta a favor de la industrialización.

-          Hambres universales.

-          Crisis de Estado.

-          Variaciones climáticas e inundaciones, calentamiento de la Tierra.

-          Agujeros en la atmósfera.

-          Escasez de agua.

-          Aumento en el índice de criminalidad.

 

Son realidades que difícilmente pueden ser enfocadas bajo un ángulo optimista, verdades tan brutales como la del pasado 21 de marzo cuando CNN publicó que en la mayor reunión gubernamental sobre política hídrica, se abordaba el tema de los 1000 millones de personas que carecen de agua potable en el mundo y de los 2000 millones que viven en condiciones insalubres, sin que el problema encuentre todavía un freno.[32]

No resulta extraño que para muchos, religión y ciencia sean rivales. La primera, intenta responder, orientar o simplemente contrarrestar el poder avasallador de la segunda y en gran medida el mundo se pregunta si toda la ciencia tecnológica de nuestros días ha servido para un progreso o es más bien la evidencia de la llegada del fin. ¿Realmente este es un problema de la ciencia, de la religión? ¿No será que al ser humano le conviene confundirse y así eludir su responsabilidad al hacer mal uso de esos avances técnicos? Vb.gr: se dice que en la actualidad hay un peligro indiscutible de que las armas de guerra sean controladas a través de la computadora al ser interferidas por cibercriminales[33]. No sólo es que cibercriminales quieran actuar conforme a delito, también es que el ser humano no detuvo la fabricación de armamento, no conforme, ahora es tan “avanzado” que depende de la tecnología de la informática para controlar sus pertrechos.

Desde esta perspectiva, parece que no es tanto a la tecnología a quien debe condenarse como al ser humano que la orienta en el peor de los caminos, haciéndola pretexto de homicidios y suicidios masivos en nombre de Dios y de un mundo mejor.

 

Berlitz apunta que el mundo tiene una nueva caja de Pandora en cuyo contenido está “el potencial de la moderna tecnología que, si se deja en libertad demasiado pronto y sin control, producirá un desastre inducido por nosotros mismos.”[34] Y al final resulte –irónicamente- que no haga falta que el fin del mundo nos caiga del cielo si ya lo tendremos en casa.

 

Se crea que el fin del mundo llegará por mandato divino o por indiferencia humana, los hechos son que, ante la realidad actual, los miembros de sectas y movimientos fundamentalistas encuentran la verdad profetizada en diversos pasajes, ya sean de la Biblia o de cualquier otro libro que sustente la fe de un pueblo.[35]

 

Los resultados de los fundamentalismos, como es de esperarse, están tan relacionados con la idea de un fin y salvación próximos como con la muerte “justificada” de innumerables personas, tal es el caso de la secta Aum Shinrikyo que en 1995 atacó a usuarios del metro en Tokio causando la muerte de 12 y la hospitalización de 5500 de ellos. Los asesinatos cometidos por Aum Shinrikyo no tenían límite, pues había desarrollado una teología de la muerte en la que el acto de arrebatar la vida aportaría gracia espiritual tanto al asesino como a la víctima.[36] Como es manifiesto, no hace falta volver a la época Hitleriana en la que se asesinaba gente en honor de un mundo habitado por una sola raza o una sola religión[37] ni tampoco hace falta ir al año 999 -en el que los ricos eran asesinados para dejar este mundo limpio de injuria- para encontrarnos con este tipo de crímenes.

 

Da la impresión de que el ser humano sigue siendo el mismo, con la diferencia que ahora cuenta con eficaces y mayor número de recursos inmediatos, eso sin mencionar la difusión de las ideas fundamentalistas a través de los medios de comunicación con el riesgo de que al usarlos, sea un patrón de conducta mundial, una especie de peligrosa moda tácitamente aceptada de la que a menudo nos enteramos después de ocurridas las tragedias.

 

El último caso fue el registrado en Kanungu cerca de Kampala, Uganda, el pasado 17 de marzo cuando un grupo de alrededor de 230 personas pertenecientes a la secta apocalíptica ugandesa Movimiento para la Restauración de los Diez Mandamientos de Dios se prendió fuego causando la presunta muerte de entre 100 y 230 miembros. Para el 19 de marzo se pensaba que el número de víctimas podía haberse duplicado. El caso era considerado tanto como suicidio masivo -asentado en la creencia de que el fin del mundo llegaría en el año 2000 y ellos debían prepararse para ir al cielo- como asesinato al encontrar cuerpos de niños que categóricamente fueron llevados ahí por sus propios padres. Hacia el 24 de marzo fueron descubiertos 153 cadáveres en una fosa común utilizada por la misma secta que una semana antes se había prendido fuego. El 2 de abril se anunciaba que fueron más de 900 personas que murieron a manos de los dirigentes de la secta apocalíptica y se pide ayuda para su captura pues se cree que continúan vivos.[38]

 

Como se ha visto, movimientos de este orden no tienen raíces ni frágiles ni fútiles; por un lado está la creencia apocalíptica de una secta y por el otro la tierra fértil dónde sembrarla. Cómo no ser vulnerable a tales credos si se vive -como el caso de los habitantes de Kanungu- en uno de los distritos más pobres de Uganda, con el impacto del sida, inestabilidad regional y guerra multinacional con el Congo.[39]

 

V

 

Los casos de los fundamentalismos, sectas apocalípticas y movimientos milenaristas actuales, son de una complejidad tan axiomática que, reducirlos a meros productos del cambio numérico del milenio sería de una ingenuidad excesiva. Sin la pretensión de someter fenómenos de tal magnitud a un esquema académico, ni mucho menos querer establecer esbozos de ideas como verdades comprobadas, me atrevo a señalar algunos factores que  a mi juicio influyen o propician situaciones de este tipo.

La sociedad mundial del siglo XXI se enfrenta a realidades inminentes como la pobreza extrema[40], la degradación ambiental, el aumento en el crimen organizado, guerras; en otras palabras, una realidad deleznable e incierta. Y no sólo porque lo parezca sino porque efectivamente es una sociedad que en sus fragmentos vive bajo unas u otras condiciones o incluso todas.

La realidad por sí misma puede rebasar cualquier intento de búsqueda de sentido que se quiera encontrar en la vida individual y colectiva, de tal suerte que si el sentido, -la razón de ser- de una persona no está ya en su propia realidad deberá buscarla más allá de ella, de ahí, la fuerte tendencia en los últimos tiempos a recuperar y fomentar la espiritualidad, ya sea desde uno de tantos grupos excluidos o bien desde alguno de los grupos exclusores.

Encuentro en la memoria histórica y religiosa el segundo factor. La historia humana recuerda sus decepciones cuando mira hacia atrás y se encuentra con Dos Guerras Mundiales, Nazismo, la Bomba Atómica, la lucha de los israelitas, el surgimiento del SIDA, el desgaste de la Capa Superior de Ozono, la automatización de armamento, la persecución judía. Ante hechos como éstos, como muchos otros, el ser humano tiende a ver las catástrofes pasadas como causas o profecías de otras que podrían surgir, su legitimación la descubre en los textos sagrados -que en sí mismos son considerados como verdades absolutas, como bases sobre las cuales la inconstancia humana encuentra un punto de dónde partir y hacia dónde volver-. Frente a lo inevitable de poder hacer lo que se debe en esta sociedad dominada por el Capitalismo, los grupos sociales no tienen más remedio que: o sumirse en la indiferencia o reaccionar en contra del sistema o fabricarse una mejor realidad: la ideal       -que por si fuera poco les ha sido prometida desde tiempos vetustos-. Si a estos factores les agregamos la intervención de los medios informativos, encontramos que esa fragmentación social se ve unida virtualmente por la tecnología, que por desgracia también conlleva su aspecto negativo: el de hacer de la realidad de unos la posible de otros -homicidios masivos- y mostrar a otros -los excluidos- la realidad de la que no forman parte      -la de las minorías enriquecidas-. En otras palabras y aplicando el caso al aspecto fundamentalista. Si una secta en África -como en el caso de Uganda- da muerte a 900 personas, ese contexto local se torna internacional a través de los medios de comunicación potenciando que en otra parte del mundo no sólo se tenga la idea de un suicidio-homicidio masivo a largo plazo sino que origine en corto tiempo un efecto dominó en el que los grupos sociales encuentren en los crímenes de otros, los indicios precisos que detonen nuevas masacres masivas.

Con lo anterior no se pretende situar a los medios de comunicación como los causantes de la destrucción o responsables de la inestabilidad social, estas realidades son las que el propio hombre se ha creado y son las que él mismo deberá comenzar a darles solución si quiere sobrevivir. La tecnología es un medio -como tantos- por la cual el hombre puede ir en favor de su conservación o hacia su exterminio.[41]

  

 


Bibliografía.

 

BERLITZ, CHARLES., Fin del Mundo 1999; Tr. M.R., Barcelona, Planeta,1981.

 

CASTELLS, MANUEL., La Era de la Información: Economía, Sociedad y Cultura; Tr. Carmen Martínez Gimeno, Madrid, Alianza, 1998. Vol. 2 El Poder de la Identidad.

 

COHN NORMAN., El Cosmos, El Caos y el Mundo Venidero; Tr. Bettina Blanch, Barcelona, Grijalbo, 1995.

 

FUKUYAMA, FRANCIS., El Fin de la Historia y el último hombre; Tr. P. Elías, Barcelona, Planeta, 1992.

 

NOBLE F., DAVID., The Religion of Technology: The Divinity of Man and the spirit of invention; Alfred A. Knopf  New York 1997.

 

Santa Biblia. CLIE, Barcelona,1977.

 

THOMPSON, DAMIAN., El Fin del tiempo fe y temor a la sombra del milenio;. Tr. Jordi Fibla, Madrid, Taurus,1996.

 

VARGAS LLOSA, MARIO., La Guerra del Fin del Mundo; Barcelona-Caracas-México, Seix Barral, 1981.

 

Página web www.cnn.com

 

 

 


Apéndice.

 

 

La Espiritualidad en la Década de 1990.

 

Indígenas se suicidan con un cóctel mortal en el suroeste del Brasil.

 

La OMS advierte sobre salud de 300 millones de indígenas.

 

Masacres ocurridas en EE.UU.

 

 

 

 



[1] Dr. Bilbeny, curso de Crisis del Estado impartido en la Universidad de Barcelona Marzo del año 2000.

[2] “La capacidad de la tecnología de mejorar la vida humana depende en alto grado de un progreso moral paralelo del hombre.” Fukuyama, Francis, El Fin de la Historia y el último hombre; Tr. P. Elías, Barcelona, Planeta, 1992. P.33. Fukuyama cree en la posibilidad de que la humanidad pueda encaminarse hacia una democracia liberal a pesar del pesimismo que prevalece en Occidente.

[3] Ibidem., p.29; Fackenheim, Emile.

[4] El Thymos es el ánimo, coraje, respeto de sí mismo que Platón señala en la República.

[5] Fukuyama, ob.cit., p.444.

[6] Ibidem., p. 419.

[7] Thompson, Damián, El Fin del tiempo fe y temor a la sombra del milenio;. Tr. Jordi Fibla, Madrid, Taurus,1996.

[8] Castells, Manuel, La Era de la Información: Economía, Sociedad y Cultura; Tr. Carmen Martínez Gimeno, Madrid, Alianza, 1998. Vol. 2 El Poder de la Identidad. P.24.

[9] Ibidem., p.31.

[10] Ibidem., p.29

[11] Fukuyama, ob. cit., p.46

[12] Castells, ob.cit., p. 44.

[13] Ibidem.,p. 34

[14] “Porque Yahvé ha elegido a Sión; la quiso por habitación para sí. Éste es para siempre el lugar de mi reposo; Aquí habitaré, porque la he preferido.” Santa Biblia. CLIE, Barcelona,1977. Salmo132:13-14

[15] “El destino de cada persona se decidía en un puente suspendido sobre un abismo; sólo las almas de unos pocos privilegiados podrían cruzarlo, mientras que el resto se precipitaría de inmediato al desolado e incómodo mundo inferior” Cohn, Norman., El Cosmos, El Caos y el Mundo Venidero; Tr. Bettina Blanch, Barcelona, Grijalbo, 1995. P.113.

[16] Ver Mateo 25:35, Marcos 10:21, Lucas 14:13-14.

[17] La palabra ‘Mesías’ significa ‘el Ungido’, años después de la muerte de Jesús, la comunidad judeocristiana grecohablante ingresó el término ‘cristiano’ pues ‘Christos’ es el equivalente griego de ‘el Ungido’.

[18] Santa Biblia., ob. cit.  Lucas 24:26

[19] La secta fundamentalista poco conocida hasta la tragedia de Waco, era dirigida por David Koresh, quien se autonombraba como el  Mesías. Prescribía un amor libre para sí mismo pero la castidad estricta para todos los demás y se afirmaba en la creencia de que los acontecimientos descritos en la Biblia volverían a ser representados con actores contemporáneos. Dado que los davidianos identificaban al gobierno estadounidense con las fuerzas de la destrucción, todo aquel asalto violento se convertía en una adaptación exacta  del marco hipotético de la llegada del fin que tenían los davidianos; esto explica por qué las acciones violentas del gobierno lejos de resolver el problema lo intensificaron; luego entonces, los seguidores de Koresh veían en aquellas condiciones más una afirmación de las enseñanzas davidianas que su negación.

El 11 de marzo de 1993, James Dunn, del Comité Mancomunado Baptista, y Dean Kelley, del Consejo Nacional de las Iglesias, escribieron al presidente Clinton rogándole que desmilitarizara el conflicto de Waco. La carta decía: <<Las amenazas de venganza y la concentración de tropas y tanques no son más que una prueba para los ‘fieles’ de que los poderes del mundo están formados contra ellos, lo cual demuestra su importancia en la lucha cósmica, confirma sus peores temores y valida sus profecías más apreciadas. El nivel de su compromiso con el credo que sostienen es superior al que tiene la mayoría de la gente hacia cualquier cosa y, por lo tanto, es muy amenazante para los demás>>. Se deduce pues, que los protagonistas de Waco recibieron el conflicto como un acontecimiento escatológico: una terrible experiencia purificadora que, tanto si sobrevivían físicamente a ella como si no, les aseguraría la salvación. Thompson, ob. cit., p.330-348; Carta de James Dunn y Dean M. Kelley al presidente Clinton, en From the Ashes, p.237.

[20] Castells, ob.cit., p.43; Tibi,1992 a,b; Gole, 1995.

[21] Ibidem ; Khosrokhavar,1995. P.249-250.

[22] Ver Apéndice. KENNEDY, BRUCE., La Espiritualidad en la década de 1990. www.cnn.com Sección Especiales.

[23] Thompson, ob. cit., p.171.

[24] Según Castells, la tecnología puede llegar a comprimir el tiempo en unos pocos instantes aleatorios,  con lo cual la sociedad pierde el sentido de secuencia y la historia termina deshistorizándose.

[25] El hombre necesita reconstruir el sentido atendiendo a un sistema de valores y creencias completamente diferente. Siguiendo lo expresado por Castells, el nacionalismo, el localismo, el separatismo étnico y las comunas culturales rompen con la sociedad en general y reconstruyen sus instituciones desde dentro hacia fuera.

[26] Thompson, ob.cit., p.181

[27] Ibidem.

[28] Berlitz, Charles., Fin del Mundo 1999; Tr. M.R., Barcelona, Planeta,1981.

[29] “Había, pues, que prepararse. Había que restaurar la iglesia y el cementerio, la más importante construcción después de la casa del Señor, pues era antesala del cielo o del infierno, y había que destinar el tiempo restante a lo esencial: el alma. ¿Acaso partirían el hombre o la mujer allá con sayas, vestidos, sombreros de fieltro, zapatos de cordón y todos esos lujos de lana y de seda que no vistió nunca el Buen Jesús?” Vargas Llosa, Mario., La Guerra del Fin del Mundo; Barcelona-Caracas-México, Seix Barral, 1981. P.17

[30] Noble F., David., The Religion of Technology: The Divinity of Man and the spirit of invention; Alfred A. Knopf  New York 1997. P. 4

[31] Ibidem P. 5

[32] 21 de marzo del 2000. www.cnn.com Página principal.

[33] Ibidem. Sección Tecnología y Ciencia.

[34] Berlitz, ob. cit., p.97

[35] “Al ver el Señor que en la tierra crecía la maldad del hombre y que toda su actitud era siempre perversa, se arrepintió de haber creado al hombre en la tierra.” Ob. cit.,Génesis 6: 5-6.

[36] Thompson, ob.cit., p. 294.

[37] A Hitler se le puede muy bien comparar con el dirigente de la secta Aum Shinrikyo “siguiendo la teoría de Norman Cohn sobre las atrocidades cometidas por el totalitarismo del siglo XX, que era el producto de una mentalidad milenarista en la que uno puede tener la sensación de que meter niños pequeños en los hornos crematorios o hacer que millones de personas mueran de hambre y frío es una buena acción. Lo mismo puede decirse de la liberación de gas venenoso en el metro”. Thompson, ob.cit., p. 296-297.

[38] Página web www.cnn.com Sección Mundo. Año 2000.

[39] “Algunos testigos han indicado que un gran número de los miembros del culto provenía de Ruanda, donde unos 800.000 tutsis y hutus moderados fueron masacrados en 1994. Por otra parte, desde hace un año y medio se libra una guerra multinacional en el Congo, donde se baten tropas de diversos países africanos en un complicado y variable juego de alianzas y rivalidades. "Este lugar es muy remoto. Es muy fácil confundirse, ser llevado a un lugar como este y escuchar que el mundo está por acabar", dijo Kazibwe."¿Qué otro consuelo podemos dar a la gente cuando niños, mujeres y hombres crédulos fueron asesinados?", se preguntó. A los seguidores de la secta se les instruyó vender sus posesiones y donar lo recaudado a la iglesia. Pero cuando el Apocalipsis no advino el 31 de diciembre de 1999 --como habían predicho los líderes de la secta-- aparentemente algunos miembros pidieron que se les devolviera el dinero, lo que desató las matanzas.

Cientos de residentes locales, muchos de ellos parientes de las víctimas, se reunieron el domingo para un servicio multirreligioso en la aldea donde comenzó la odisea dos semanas atrás, cuando fueron encontrados los 500 cuerpos entre los restos incendiados del templo.

La policía describió inicialmente el episodio como un suicidio colectivo, pero tras descubrir tres tumbas colectivas con los cuerpos de otras casi 400 personas --con evidencias de que fueron estranguladas, envenenadas o muertas a hachazos-- comenzó a tratar el hecho como un asesinato en masa. Líderes católicos, musulmanes y protestantes junto con funcionarios de gobierno, entre ellos Kazibwe, depositaron el domingo en Kanungu flores en la iglesia quemada, seguido de una oración.

Lista de víctimas
Mientras tanto, la policía dijo que ordenó compilar una lista de las víctimas cuyos cadáveres fueron descubiertos en diversos sitios, todos vinculados con la secta. Las excavaciones en busca de más fosas comunes fueron suspendidas el fin de semana para permitir que la pobremente equipada fuerza --la policía de Uganda solo incluye a un patólogo-- incremente sus recursos con ayuda externa. Otras unidades de la policía aún registraban las zonas rurales aledañas, examinando las casas y sitios empleados por la secta que encabezaba el ex católico romano Joseph Kibwetere. 
La ex esposa de Kibwetere, Theresa, dijo que había sido un buen esposo y un hombre profundamente religioso hasta que cayó bajo la influencia de la ex prostituta Gredonia Mwerinda, quien decía hablar con la Virgen María. 
Sin embargo, otros ex allegados han descrito a Kibwetere como un hombre violento con tendencia a raptos de locura, quien estuvo brevemente hospitalizado en una institución mental por depresión maníaca en 1998. En sus declaraciones desde la granja de la familia el sábado, Theresa dijo que había abandonado el culto junto con sus hijos porque no estaba de acuerdo con algunas prácticas extrañas, entre ellas la prohibición de conversar, de atención médica o de emplear jabón." 2 de abril del 2000. www.cnn.com Mundo.

V

 

Los casos de los fundamentalismos, sectas apocalípticas y movimientos milenaristas actuales, son de una complejidad tan axiomática que, reducirlos a meros productos del cambio numérico del milenio sería de una ingenuidad excesiva. Sin la pretensión de someter fenómenos de tal magnitud a un esquema académico, ni mucho menos querer establecer esbozos de ideas como verdades comprobadas, me atrevo a señalar algunos factores que  a mi juicio influyen o propician situaciones de este tipo.

La sociedad mundial del siglo XXI se enfrenta a realidades inminentes como la pobreza extrema[1], la degradación ambiental, el aumento en el crimen organizado, guerras; en otras palabras, una realidad deleznable e incierta. Y no sólo porque lo parezca sino porque efectivamente es una sociedad que en sus fragmentos vive bajo unas u otras condiciones o incluso todas.

La realidad por sí misma puede rebasar cualquier intento de búsqueda de sentido que se quiera encontrar en la vida individual y colectiva, de tal suerte que si el sentido, -la razón de ser- de una persona no está ya en su propia realidad deberá buscarla más allá de ella, de ahí, la fuerte tendencia en los últimos tiempos a recuperar y fomentar la espiritualidad, ya sea desde uno de tantos grupos excluidos o bien desde alguno de los grupos exclusores.

Encuentro en la memoria histórica y religiosa el segundo factor. La historia humana recuerda sus decepciones cuando mira hacia atrás y se encuentra con Dos Guerras Mundiales, Nazismo, la Bomba Atómica, la lucha de los israelitas, el surgimiento del SIDA, el desgaste de la Capa Superior de Ozono, la automatización de armamento, la persecución judía. Ante hechos como éstos, como muchos otros, el ser humano tiende a ver las catástrofes pasadas como causas o profecías de otras que podrían surgir, su legitimación la descubre en los textos sagrados -que en sí mismos son considerados como verdades absolutas, como bases sobre las cuales la inconstancia humana encuentra un punto de dónde partir y hacia dónde volver-. Frente a lo inevitable de poder hacer lo que se debe en esta sociedad dominada por el Capitalismo, los grupos sociales no tienen más remedio que: o sumirse en la indiferencia o reaccionar en contra del sistema o fabricarse una mejor realidad: la ideal       -que por si fuera poco les ha sido prometida desde tiempos vetustos-. Si a estos factores les agregamos la intervención de los medios informativos, encontramos que esa fragmentación social se ve unida virtualmente por la tecnología, que por desgracia también conlleva su aspecto negativo: el de hacer de la realidad de unos la posible de otros -homicidios masivos- y mostrar a otros -los excluidos- la realidad de la que no forman parte      -la de las minorías enriquecidas-. En otras palabras y aplicando el caso al aspecto fundamentalista. Si una secta en África -como en el caso de Uganda- da muerte a 900 personas, ese contexto local se torna internacional a través de los medios de comunicación potenciando que en otra parte del mundo no sólo se tenga la idea de un suicidio-homicidio masivo a largo plazo sino que origine en corto tiempo un efecto dominó en el que los grupos sociales encuentren en los crímenes de otros, los indicios precisos que detonen nuevas masacres masivas.

Con lo anterior no se pretende situar a los medios de comunicación como los causantes de la destrucción o responsables de la inestabilidad social, estas realidades son las que el propio hombre se ha creado y son las que él mismo deberá comenzar a darles solución si quiere sobrevivir. La tecnología es un medio -como tantos- por la cual el hombre puede ir en favor de su conservación o hacia su exterminio.[2]

  

 


Bibliografía.

 

BERLITZ, CHARLES., Fin del Mundo 1999; Tr. M.R., Barcelona, Planeta,1981.

 

CASTELLS, MANUEL., La Era de la Información: Economía, Sociedad y Cultura; Tr. Carmen Martínez Gimeno, Madrid, Alianza, 1998. Vol. 2 El Poder de la Identidad.

 

COHN NORMAN., El Cosmos, El Caos y el Mundo Venidero; Tr. Bettina Blanch, Barcelona, Grijalbo, 1995.

 

FUKUYAMA, FRANCIS., El Fin de la Historia y el último hombre; Tr. P. Elías, Barcelona, Planeta, 1992.

 

NOBLE F., DAVID., The Religion of Technology: The Divinity of Man and the spirit of invention; Alfred A. Knopf  New York 1997.

 

Santa Biblia. CLIE, Barcelona,1977.

 

THOMPSON, DAMIAN., El Fin del tiempo fe y temor a la sombra del milenio;. Tr. Jordi Fibla, Madrid, Taurus,1996.

 

VARGAS LLOSA, MARIO., La Guerra del Fin del Mundo; Barcelona-Caracas-México, Seix Barral, 1981.

 

Página web www.cnn.com

 

 

 


Apéndice.

 

 

La Espiritualidad en la Década de 1990.

 

Indígenas se suicidan con un cóctel mortal en el suroeste del Brasil.

 

La OMS advierte sobre salud de 300 millones de indígenas.

 

Masacres ocurridas en EE.UU.

 

 

 

 



[1] Ver Apéndice. Noticias: La OMS advierte sobre salud de 300 millones de indígenas. Indígenas se suicidan con un cóctel mortal en el suroeste del Brasil.

[2] Lo mismo puede servir la tecnología para la cura de enfermedades que para la creación de armas biológicas.

 

 

 

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