Portada

Artículos y fuentes Actividades-aula

Arte y Filosofía

Hª de la filosofía

Imaginario filosófico

Libros- reseñas

Entrevistas, links,noticias,...

 

¿Qué es disfrutar de la vida? (Por Ricardo T Ricci. S.M.de Tucumán, 08/02/00 )

 

Pregunta si la hay, difícil de contestar. Las respuestas son innumerables y están relacionadas con lo que cada uno entiende cómo debe ser la vida para cada quien. Lo que sucede es que en general las personas entienden que hay o debe haber un concepto standard acerca de cómo disfrutar la vida.

Según Heidegger una pregunta bien formulada consta de tres aspectos. El primero es ¿Quién pregunta?, el siguiente es ¿Qué pregunta?, en el aspecto de desentrañar el sentido de lo que pregunta y finalmente es ¿A qué o mejor a quien va dirigida la pregunta?, es decir de dónde se espera que provenga una respuesta. De hecho el filósofo alemán no considera este tipo de preguntas como preguntas esenciales o importantes. La estructura de “la pregunta” apunta a la cuestión del “ser” que fue la preocupación obsesivamente sana de Heidegger.

Evidentemente quién pregunta es un hombre, cualquiera de nosotros. La cuestión se nos puede presentar por que carecemos de la sensación de disfrute o por el temor a perderla;  también y sobre todo cuando otros cuestionan y juzgan acerca de nuestros procederes al respecto. No es raro que se nos censure diciendo que estamos dejando pasar la vida sin ocupar adecuadamente el tiempo o que no nos divertimos lo suficiente. En estos casos “ocupación del tiempo” y  “diversión” como otras tantas palabras están siendo homologadas a disfrute. El hecho que los preguntantes sean distintas personas, cada una con su concepción actual de la vida hace que las respuestas sean múltiples. Ocupar el tiempo tiene que ver generalmente con la acción, con la permanente intención de llenar los minutos de manera “útil” con un claro contenido pragmático, lo que de ninguna manera debe ser considerado desatinado, aunque tampoco excluyente. Divertirse, en tanto es una cuestión altamente subjetiva, es posible que haya tantas maneras de hacerlo como personas hay en el planeta. En general la diversión se homologa al escape de la situación vital habitual; algunos buscan el aire libre, otros los deportes, otros el ambiente estruendoso de una disco, otros en fin, para citar sólo algunos ejemplos buscan los ambientes altamente contaminados de las casas de juego.

¿Qué es disfrutar de la vida? La respuesta sigue siendo subjetiva e imposible de generalizar. Sin embargo es común que cada ser humano censure al otro por la manera de encarar ese disfrute, a veces tan tajantemente que el interpelado aparece como un aburrido o como un hiperquinético, un obsesivo y otros tantos apelativos de desconfirmación. Hace falta una estructura de personalidad suficientemente arraigada como para hacer oídos sordos o selectivos a las críticas. El problema es que la mayoría de las personas piensan que el disfrute de la vida “debe hacerse” de tal o cual manera. Así es cómo aparecen los “se”, es decir: se usa salir de vacaciones al Brasil, “se” usa bailar mientras “se” bebe una determinada gaseosa, la gente “se” divierte haciendo tal o cual cosa. Habitamos de esa manera el reino del “se”, es decir el reino de la moda. Me pregunto ¿Puede la moda marcar el modo de disfrute de la vida de todos los seres humanos? Evidentemente no. Por lo tanto hay maneras innumerables de disfrutar de la vida que no se encuentran incluidas dentro de lo que se usa.

 

Respecto del sentido del disfrute es conveniente identificar qué injerencia tiene en nuestra vida el hecho de poder disfrutarla o no. Disfrutar de la vida puede resultar una permanente extrañeza una añoranza de cosas y realidades mejores. La vida puede transformarse en la permanente sensación de vacío y de repulsa persistente de lo que nos sucede, negación,  frustración, opción por la nada.

El sentido de preguntarnos por el disfrute apunta a estrujarle a la vida su sentido. A moler el grano de la vida a fin de rescatar el jugo de un sentido que permanece oculto. El sentido en fin está en la vida que nos toca vivir y no en la añoranza. Si la pregunta sobre el sentido de la vida se hace desde la moda desde lo que “se” hace o “se” usa es posible que nos encontremos con respuestas poco sustanciosas, carentes de esencialidad, que no nos soportan. Preguntar desde algún aspecto más autentico puede que nos abra una gama de posibles respuestas que por lo menos nos resulten más satisfactorias y edificantes. Estamos siendo interpelados constantemente por la vida.

Es importante en este punto destacar que el origen del significado de la palabra disfrutar evoca etimológicamente a  aprovechar el fruto de a dos. Teniendo en cuenta este aspecto que será de suma importancia en nuestro razonamiento a partir de ahora nos podemos percatar de la necesidad de por lo menos dos para emplear la palabra disfrute. Esto nos plantea la posibilidad de una respuesta de índole relacional a la pregunta que motiva el presente. De hecho si en lo relacional nos limitamos a las relaciones que entablamos sólo con los seres humanos el espectro de posibilidades se achica enormemente y dejamos de lado necesariamente innumerables motivos de disfrute que cotidianamente pueden acontecernos.

Planteo entonces que lo relacional se extienda a nuestra experiencia de encuentro con todos los seres vivos y no vivos. Podemos disfrutar de la compañía de algún animal doméstico, del cuidado de las plantas del balcón o del jardín, esto para hacer referencia a otros seres vivos. Pero también podemos disfrutar de la visión de una montaña, del rumoroso sonido del océano, de un atardecer, de la contemplación del cielo estrellado. También el disfrutar que planteo se extiende a lo relacional con lo trascendente mediante la contemplación silenciosa y eventualmente mediante arrestos místicos.

 

Desde esta nueva perspectiva se abre una riquísima respuesta a la tercera condición de la pregunta que habíamos considerado originalmente. El sentido del disfrute si bien está dentro de nosotros también se encuentra fuera de nosotros. Allí tomaremos en consideración la delgada y móvil frontera entre lo subjetivo y lo objetivo. Qué es adentro y qué afuera. ¿Hasta qué punto se puede considerar que la belleza de un atardecer en los cerros es externa a nosotros? Mientras yo puedo mirar extasiado ese panorama puede haber alguien a mi lado que distraídamente corta el césped y una madre da de mamar a su hijo haciendo caso omiso de la hora y del espectáculo deslumbrantemente placentero que a mi juicio esta ocurriendo a su alrededor. ¿Es el atardecer objetivo o el ocaso que ocurre en mí lo que hace que experimente el disfrute? Evidentemente es la relación en la cual el sujeto y el objeto se difuminan tanto hasta casi desaparecer siendo una misma cosa.

 

Llegamos entonces al punto en donde puede decirse que el disfrute depende de la relación y si el mismo reconoce esa característica nos adentramos en el mundo de la relatividad.

Surge la pregunta: ¿Es posible que alguien disfrute delinquiendo, cometiendo las mayores atrocidades? La respuesta es lamentablemente si. Hay un desorden valorativo, cuando no de índole psíquica que hace que un disvalor sea interpretado como un valor superior que justifique cualquier conducta.

 

¿Cuál es entonces la respuesta a la pregunta original? No sé, o lo sé parcialmente. A veces las respuestas no son necesarias, alcanza sólo con la pregunta para movilizar la apreciación que cada uno tiene sobre un tema en particular.

Si sé que la respuesta tiene que ver con lo relacional tanto que según lo dicho la tercera condición aseveraba ¿a qué o a quién efectúo la pregunta?

Disfrutar de la vida tiene que ver con lo que hemos venido diciendo además de estar íntimamente relacionado con la concepción que cada uno tiene de la vida. En la respuesta a esta pregunta intervienen contenidos éticos, estéticos, axiológicos, epistemológicos, todos ellos referenciados en la relación. Cuál relación, la que a cada uno le sirva de sostén afectivo y esencial de su propia vida.

La crítica poca trascendencia tiene en este tema. Quizás sirva como premisa mínima la de que mi disfrutar de la vida termina allí en donde entorpezco el disfrutar de la vida del otro, y como premisa máxima, disfruto de la vida de la manera en que facilito de la mejor manera posible el disfrute del otro siempre que ello no produzca daño en el propio disfrute y en el de los otros en general.

No puedo eludir decir que este es un tema ríspido, más próximo a la reflexión individual que a esta pretensión de generalización.

Queda por lo tanto a la consideración del lector.

¿Qué es disfrutar de su vida?

  Ricardo T Ricci. S.M.de Tucumán, 08/02/00  

VOLVER A LA PORTADA