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De diluyentes y diluidos

Gladys H. Azpeytía

azpeytia_haydee@hotmail.com

 

I.                  ¿Por qué diluyentes y diluidos?

El hombre es el que crea las circunstancias y no éstas a aquel. Por lo tanto, para que el hombre cambie, hay que trabajar adentro y afuera a la vez; dentro del hombre y en el mundo.

Lanza del Vasto[1]

A lo largo de la historia el hombre ha realizado diferentes elecciones. Cada alternativa derivó en un cambio. Cada transformación actuó como un diluyente, que a su paso dejó un producto: su diluido. Una nueva forma de plantarse el hombre en el mundo y de relacionarse consigo mismo.

Aclaremos ahora, qué es un diluyente y qué es un diluido.

Diluyente: El término significa diluente que quiere decir: desleír, que es, por un lado, expresar ideas, pensamientos, etc., con exceso de palabras, de manera que resulten fríos y sin viveza[2]. Pero, también significa disolver, que quiere decir: separar cosas unidas. Deshacer, destruir[3].

Diluido: es lo que queda de algo después de cruzarse con un diluyente o un disolvente. Nótese que he escrito “algo” porque por lo visto el poder de lo diluyente o disolvente no sólo puede corroer un “cuerpo” sino que, también, puede quebrantar un pensamiento o idea. Puede afectar la vida del hombre, la puede destruir[4].

El presente trabajo intentará dar cuenta de los diluyentes y los diluidos que componen la vida en este fin de milenio.

II.                La propuesta

Ventajas del teletrabajo [5]

Para el trabajador

Para la empresa

Para la sociedad

Mayor flexibilidad

Aumento de la productividad

Más oportunidades laborales

Mayor especialización

Más vida familiar

Más unificación familiar de objetivos

Posibilidad de compaginar con tareas domésticas

Menos estrés

Menos desplazamientos

Menos problema de convivencia con los empleados

Mayor productividad

Menos infraestructura

Más acceso a profesionales de alto nivel

Eliminación del control horario

Mejora en plazos de entrega

Posibilidad de ampliar horarios de trabajo

Eliminación de absentismo

Menor tráfico

Menor contaminación

Descongestión de los centros urbanos

Mejoras estructurales

Desarrollo de zonas rurales

Integración de grupos de difícil inserción

El cuadro precedente hace algo más que presentar las ventajas del Teletrabajo[6], plantea una posible forma de vida hacia la que se encamina el hombre. Junto con el planteo de una nueva forma de trabajo, se propone también la modificación del modo en que los hombres vivirán en el mundo y la relación que establecerá con otros.

Para empezar, el Teletrabajo piensa en un modelo de ciudad, denominada: ciudad telemática o informacional. Donde “la desmaterialización del cuerpo del trabajador propia del capitalismo postindutrial se da en el contexto de una ciudad también desmaterializada”[7].

En estas pocas líneas ya hemos tropezados con varias diluciones: 1)trabajador desmaterializado 2) fábrica desmaterializada. 3) ciudad desmaterializada.

Si a eso vamos, si cada vez más, nos adentramos en lo que lo que el cuadro nos propone: ¿Qué pasa (rá) con nosotros?.

III.                 Para el trabajador, para la empresa y para la sociedad

Cuando trabajáis sois una flauta en cuyo corazón el susurro de las horas se convierte en música.

 K. Gibran

El prototipo de hombre moderno es el trabajador. Continuamente, él se ha sometido a sí mismo y a los otros (hombres y naturaleza) a una rutina tendiente a afinar sus habilidades para producir cada vez más y mejor. Ello ha implicado múltiples renuncias, infinidad de sacrificios. Ha derivado en el triunfo de la razón instrumental, poderoso diluyente de la sensibilidad amante de lo imprevisto como es el sentimiento y la poesía.

En la lógica instrumental todo debe ser calculado, medido, previsible. Este pensamiento ha generado una tensión en el hombre, que irreducible a una cuantificación, se ha constreñido a la matemática para poder subsistir. El único hombre pronosticable es el trabajador, de ahí su preponderancia en el mundo. Cualquier modelo de hombre que no responda a una productividad calculable, cuantificable, al que se le pueda imponer un precio, es destinado a la desvalorización. Víctima de la monetarización, el individuo es un bien de cambio y nada más.

Pero, qué ocurre hoy, cuando la tecnología avanza dejando un tendal de personas sin trabajo. Ya no son necesarios los trabajadores (ironías del destino: el hombre se está haciendo innecesario a sí mismo). Qué ocurre con la identidad del hombre, cómo plantarse en el mundo si su único mérito es el ser “el primer trabajador”.

El proceso de dilución del modelo de trabajador moderno se desarrolla en la ciudad-autopista. La autopista es el medio necesario y previo para la ciudad informacional, que cuenta son sus propias autopistas: las informáticas. La autopista es el elemento de fuga y desintegración de la ciudad. Lleva de un punto a otro, convirtiendo a la urbe en trayecto, le ha reducido hasta tal punto que no es, ni siquiera, un obstáculo[8]. Su resultado es la dilución del espacio.

La ciudad surgió ligada a una forma de trabajo, entre otras: la fábrica. Apiñadas en torno a ella, el siglo XIX[9] vio surgir múltiples viviendas. Aglomeraciones de cuerpos y edificaciones constituyeron los cimientos de una nueva forma de vivir en el planeta. Imán irresistible, era acudir a ella o morir.

Amontonamiento insalubre, tanto social como políticamente, requirió una solución: la liberación del espacio. El Barón de Haussmann erigió el modelo a seguir entre 1850 y 1860. Con la remodelación de París, la ciudad burguesa nace en el mundo. Perfectamente planificada, ejemplar muestra de la racionalidad técnica. La ciudad se convirtió en un lugar saludable para vivir. La circulación[10], principio máximo a garantizar, permitió el aumento del comercio y la instauración de un modelo de control social: el panoptismo. Todo se hizo visible, todo se hizo controlable, todo se hizo pre-visible y, por ende, corregible.

Pero en la actualidad la fábrica desaparece y con ella se lleva la ciudad. Ya no es necesario cautivar[11]la mano de obra, Internet la encuentra donde sea. Ya no hace falta concentrar a un grupo de personas en un lugar para hacerlas trabajar. Del panóptico, que todo lo ve, pasamos a la sociedad de control[12], que todo lo in-forma[13]. Dos diluidos se presentan: la ciudad y la fábrica. Dos lugares donde los hombres recordaban, al menos, la existencia de otras almas cuando debían esquivarlas, apoyados en sus sentidos atrofiados[14]. Sin ciudad y sin fábrica, por causa de un diluyente implacable, la racionalidad técnica y su aliada: la tecnología, vemos surgir otro diluido: la convivencia[15].

IV.          Para el trabajador

“... en fin para, decirlo de una vez por todas,

aquella esperanza que cabía en un dedal

evidentemente no cabe en este sobre

con sucios papeles de tantas manos sucias

que me pagan, es lógico, cada veintinueve

por tener los libros rubricados al día

y dejar que la vida transcurra,

gotee simplemente

como un aceite rancio”.

“Sueldo”

Mario Benedetti[16]

El trabajo como lo conocemos, según André Gorz, es un invento de la modernidad[17]. Por lo tanto, el trabajador que conocemos nació con la modernidad.

Para hacer del hombre un trabajador se pusieron en marcha numerosos mecanismos que destrozaron la forma de vida a la que estaba acostumbrado.

IV.1.                   El cuerpo como engranaje

Se formateó el cuerpo y las costumbres para erigir a la mano de obra disciplinada y operativa que la industria requería. La fábrica concentró a los obreros, les impuso un tiempo mecánico[18] a su tiempo biológico y reguló sus movimientos.

Durante los primeros tiempos, el obrero pudo resistirse a la coacción mecánica parapetándose en el saber que poseían. Ese saber era el que les daba el poder para imponerse a los empresarios, e incluso doblegarlos, era el sostén de los sindicatos.

Pero, cuando cada acción fue fragmentada, el poder que se encerraba en el saber obrero se disolvió[19]. Cualquiera podía hacer el trabajo. Con el tiempo los hombres pasarán a ser engranajes, obligados a encadenar sus movimientos con los del compañero para no parar la producción. El fordismo fue la consagración de la mecanización[20].

Como consecuencia de la automatización de los movimientos, el hombre no sólo se vio despojado de un conocimiento que le otorgaba poder, sino que se encontró subyugado al ritmo de la máquina. O se adaptaba a él o se quedaba sin trabajo.

El ritmo mecánico funde a los movimientos del cuerpo y a los elementos a ensamblar en un proceso que cobra importancia sobre la fabricación de un bien, en este sentido el trabajador se transfigura en un animal laborans[21], según Hannah Arendt.

IV.2.                   ¿Por qué el hombre aceptó ser un trabajador?

Antes de la industrialización el hombre producía para autoabastecerse. Es decir, laboraba. Pero también generaba un excedente que servía para sustentar a otros, como en el caso de la esclavitud, o para vender en el mercado[22]. Sin embargo, con el tiempo prevaleció la producción para terceros sobre el consumo propio.

La urbanización, el ingreso a la fábrica que proveía dinero, sumado a la presión social[23] para el consumo de mercancías, fueron corroyendo la producción particular. Un papel fundamental lo jugó el dinero: “Las cualidades del dinero son mis –de su poseedor- cualidades y fuerzas esenciales. Lo que soy y lo que puedo no están determinados en modo alguno por mi individualidad”[24]. En el poder adquisitivo del dinero radica la medida del hombre. El dinero será el mediador en las relaciones entre los hombres y entre el hombre y los objetos[25].

Así, sin posibilidad de autoabastecerse, con la posibilidad de adquirir lo que quiera el hombre se convirtió en trabajador. Claro que esto ocultaba una realidad: el hombre estaba enajenado.

La enajenación es entendida por Marx como extrañamiento[26]. El hombre moderno fue despojado de los conocimientos necesarios para producir los suministros para subsistir. Carece, además, de los medios para crearlos. Todo esto llevó a la desvinculación del hombre con su producto. El desleimiento tanto más grande fue cuanto más grande fue la producción de las mercancías. Así el objeto surgido del trabajo se convirtió en ajeno a su productor.

El hombre con su trabajo construía un mundo objetivo que le era propio. Un mundo que habitaba, en el que las cosas “... tienen la función de estabilizar la vida humana... los hombres, a pesar de su siempre cambiante naturaleza, pueden recuperar su unicidad, es decir, su identidad, al relacionarla con la misma silla y con la misma mesa”[27]. Pero ahora, el trabajador construye un mundo que les es extraño. Además, en él, las cosas, debido a la uniformidad alcanzada por la intervención de la máquina, pierden su valor intrínseco, entonces, todo se vuelve bien de cambio[28].

IV.3.                   Mejor prevenir que curar

El trabajador moderno se gestó en la sociedad disciplinaria, como la llamó Foucault. Su sustento fue la “ortopedia social[29]”, constituida por instituciones de vigilancia, como la policía, y de corrección, como la clínica psiquiátrica, el hospital o la escuela, que instruían o medicaban los cuerpos, para que encuadraran en la sociedad[30]. Dichas instituciones ejercían un control social que Foucault denominó: “panoptismo”. Toda la conducta del hombre es vigilada para rectificar su virtual peligrosidad.

La ortopedia social construye una red de poder paralela al de la Justicia. Esta es la encargada de sancionar las transgresiones que no pudieron ser evitadas. Si bien existía un código que igualaba a todos, la justicia recurría a asesores que finalmente modificaban la ley acorde a la situación, según las atenuantes, contraponiendo los hechos a los derechos. Baudelaire lo ejemplifica en “El espejo”:

Un hombre horrible entra y se mira en el espejo.

“-¿Por qué se mira usted en el espejo, si únicamente podrá mirarse con disgusto?”

El hombre horrible me responde: “Señor, según los inmortales principios del ’89, todos los hombres son iguales ante la ley; así que yo tengo derecho a mirarme; si con placer o con disgusto, atañe a mi conciencia”.

Según el sentido común, indudablemente yo tenía razón; pero desde el punto de vista de la ley, él no estaba equivocado. [31]

Este sistema, que ha funcionado hasta ahora, está diluyéndose, dejando paso a la sociedad de control[32]. Esta última reemplaza los moldes construidos por los espacios de encierro por modulaciones, se vuelve flexible y adaptado a cada momento. En la sociedad de vigilancia el individuo se manejaba por variables independientes y empezaba de cero cada vez. El lenguaje que maneja es el analógico. En el caso de los aparatos de control, nos encontramos con variaciones inseparables y con un lenguaje numérico. Mientras que en la sociedad disciplinaria siempre se está empezando de nuevo, en la de control nunca se termina nada. La sociedad de vigilancia masifica (con un número de matrícula) en individualiza (con la firma) al sujeto. En la sociedad de control lo que importa es la contraseña. Ella no sólo se basa en el lenguaje numérico, sino que implica el acceso a la información. Los sujetos, ahora, son dividuos y las masas bases de datos.

IV.4.                   El trabajador: una especie en extinción

De lo dicho se deduce que el trabajador moderno está formado por estructuras rígidas y bajo un control férreo. Que ha sido sacado de su hogar para vender el producto total de su labor. Que para ser un trabajador tuvo que pasar muchas horas encerrado en una fábrica, mecanizando su movimientos. Este modelo de trabajador está desapareciendo.

La informatización y la automatización hacen posible el empleo de “los factores de producción de manera más eficaz posible”[33]. La eficacia va de la mano de economización de los factores de producción, por ejemplo: el hombre, el tiempo, etc.

La promesa de aumento de la productividad hecha por el Teletrabajo[34] se basa, en principio, en los siguientes factores:

Ø      Menos desplazamiento: si el hombre ya no debe recorrer más distancia que la de la cama al living de su casa para trabajar, o mejor dicho, si sólo debe recorrer la autopista informática, eso quiere decir que el tiempo del viaje a través del espacio se puede volcar al trabajo. Se trata de una nueva conquista del tiempo muerto que redundará en una jornada laboral más larga y más productiva[35].

Ø      Menos estrés: Simmel señalaba, ya a principio de siglo, que una de las características del urbanita era el incremento de la vida nerviosa “que tiene su origen en el rápido e ininterrumpido intercambio de impresiones internas y externas[36]. Frente a esto suena paradisíaco no tener que amoldarse a otros cuerpos en los transportes públicos para llegar al trabajo, ni tampoco, tener que seguir en procesión a los vehículos que se interponen entre mi objetivo y yo. Pero hay algo más, permanecer en el hogar implica no tener que amoldarse al genio de compañeros de trabajo, ni tener que soportar su presencia. Eliminando los conflictos de dicha naturaleza, se logra una mente despejada para el trabajo. Pero con la eliminación de dichos conflictos también se elimina la posibilidad de una construcción de una cultura obrera. Se potencia de otra forma la conducta funcional del empleado que “le impedirá vivir la ejecución de su tarea como una cooperación y una pertenencia a un grupo”[37].

Ø      Más oportunidades laborales: siempre y cuando se cuente con una PC y una conexión a Internet, cualquiera podrá realizar diferentes trabajos ya que no se requieren grandes conocimientos[38], se ha banalizado[39] el trabajo. Pero atención: no implica incorporación masiva de mano de obra. La automatización, imparable, la desecha cada vez más. Debido al paro creciente se desata una competencia entre quienes quieren pertenecer a la empresa[40] que contribuye a la desintegración de la posible unión entre los trabajadores.

Ø      Más especialización: la especialización ha convertido a cada hombre en una pieza en el proceso productivo. Lo que no lo hace indispensable, si una pieza no funciona se la cambia. Lo que la especialización está generando es una división en el terreno de lo laboral: por un lado los decisores y técnicos, que dan las directivas y que requieren de un grupo de ejecutores para la concreción de su trabajo[41]. Estos grupos deben justificar su sueldo, por lo que trabajan mucho. Al no quedarles tiempo para realizar las tareas domésticas compran artefactos que le facilitan la tarea y contratan a personas que las usan. Los individuos contratados son sujetos expulsados del sistema productivo y que no les queda más opción que cobrar por tareas que antes se hacían gratis, así se va conformando la servidumbre. La servidumbre lo que hace es generar tiempo libre para su patrón[42].

Por otro lado, la especialización genera conductas cada vez más funcionales. Gorz define como funcional a  “... una conducta que está racionalmente adaptada a un fin, con independencia de toda intención del agente para perseguir ese fin del que, en la práctica, ni siquiera tiene conocimiento”[43]. Se refrenda, por un lado, el total desligamiento entre el productor y su producto, por el otro, la desvinculación social. El trabajador de nuevo tipo, como lo llama Gorz, trabaja por la paga y por lo que puede comprar con ella, responde a reguladores incitativos[44] y se construye como un consumidor.

Ø      Mayor flexibilidad: tratándose de un trabajador funcional, éste debe poder adecuarse a las transformaciones técnicas. Se plantea flexibilidad en la forma de trabajar pero se trata de una flexibilización del trabajador.

En resumen, el trabajador del nuevo tipo requiere un control flexible, capaz de responder de forma inmediata a los cambios. Es, por otro lado, un cuerpo casi ausente en la producción concreta, ya que está siendo reemplazado por la máquina. El trabajador que se está gestando, carece del contacto con otros en términos de solidaridad. Se relaciona con ellos y con el mundo en términos comerciales, e Internet actúa como lugar de encuentros. Se adueña del mundo, de los otros y de sí mismo a través del dinero. En consecuencia se proclama amo y señor con derecho apoderarse de la fuerza de las cosas y usarlas en beneficio propio.

V.                 Para la empresa: del molde a lo moldeable

La holganza es madre de todos los vicios.

-El trabajo es el principal elemento de riqueza.

Cervantes

El hombre no nace trabajador se hace... continuamente.

V.1. La fábrica: el molde

La batalla librada contra las costumbres de los obreros requirió la coordinación de muchas acciones. Existieron decretos que impedían la emigración de los obreros de los lugares que habitaban. Los empresarios llegaron a pedir a los hospicios que les enviaran a huérfanos, porque al ser niños eran dóciles y se los podía ir adaptando al trabajo con menos dificultad que los mayores. Se construían verdaderos “viveros de obreros hábiles”[45].

La fábrica se convirtió en una máquina escribiente como la de Kafka: “No bien el hombre está amarrado, se pone en movimiento la cama... en nuestra cama todos los movimientos están exactamente calculados [...] Al condenado se le escribe en el cuerpo la disposición que ha quebrantado”[46]

Una vez que el obrero aprendió que el tiempo es oro[47], comenzó a luchar por él (ya vimos que el conocimiento del que eran poseedores los colocó, por un tiempo, en posición de imponerle al empresario sus condiciones). Pero, Taylor y después Ford, pusieron punto final a esa situación. Al dominar el conocimiento pudieron derrocar el poder de los sindicatos e incorporar a aquellos trabajadores que no tenían oficio y que por esto carecían de protección sindical.

La fábrica que construyó al trabajador moderno se caracterizó por un control estricto de él. El panoptismo se encarnó en el capataz, veedor de toda acción, tendiente a eliminar los derroches de tiempo y conflictos entre y con los empleados.

Con la incorporación del transportador en conjunto con la especialización en parte de la producción, el trabajo del obrero se fue despegando del producto final. Paradójicamente, cuanto más se procuraba la circulación del producto para ensamblar por la cinta, más quieto en el lugar se quedaba el trabajador realizando el mismo movimiento al compás de la máquina[48]. Movimiento que intentaba coordinarlo con los de los otros trabajadores para no producir una trombosis en la fabricación. Esto se logró porque los individuos que pertenecen a la fábrica están inmersos en la esfera de la heteronomía que, según Gorz, es el “conjunto de actividades especializadas que los individuos tienen que llevar a cabo como funciones coordinadas desde el exterior por una organización preestablecida”[49]. El mercado funciona como un regulador, que corresponde al tipo de la heterorregulación espontánea, que no produce la integración de los individuos, sino que, “lo que integra es la materialidad externa de las de las acciones que en tanto escapan a sus autores y, lejos de corresponder a una intención propia de los individuos, designan a estos como otros[50]. Pero, por otro lado, existe la heterorregulación programada constituida por los reguladores incitativos, que aseguran la integración funcional de los individuos, que lo impulsa a entregarse a la instrumentalización; y por los reguladores prescriptivos, que obligan a los individuos, bajo amenazas de castigos, a adoptar las conductas funcionales[51].

Para poder mantener el proceso productivo se requería la concentración para la producción y de propiedad[52]. El hombre convocado a esta forma de trabajo presentaba el problema de la reconstitución de las fuerzas de trabajo, era un productor discontinuo de energía[53]. Frente a esto el empresario se vio obligado a recurrir a diferentes métodos para que pudiera restaurarse.

El aumento del salario implicó mayor acceso a los artículos vinculados a la reproducción del hombre, no olvidemos que el trabajador moderno está impedido de crearlas el mismo. Pero, el aumento salarial significó, además, dos cosas: 1) mayor disposición por parte del obrero hacia su trabajo[54], 2) aumento del consumo que fomentaba a la industria.

La incorporación de mano de obra no calificada, el salario, y las medidas del welfare (marco jurídico-legal que regula la explotación, salario indirecto en beneficios mercantiles y no mercantiles que garantizan fuerza de trabajo barata y asistencia a los parados y accidentados[55]) otorgaron un marco nuevo en el que empresarios y empleados debieron negociar. Pero además aseguró la circulación necesaria de dinero para mantener el sistema. Se garantizaba el consumo y la producción masiva.

Hasta aquí, la industria con la que hemos crecido. Todo lo dicho se realizó en el marco de la concentración, encierro y vigilancia de un grupo de personas en un mismo lugar. Pero la incorporación de la tecnología ha permitido a la fábrica ingresar en otra etapa: la empresa.

V.2. La empresa: lo moldeable

La automatización y la informática, al incorporarse a la empresa han expulsado a mucha mano de obra. Por otro lado, para invertir el aspecto desdichado del trabajo, se recurrió a equipos semiautónomos que permitían vivirlo como actividad y cooperación[56], tendiente a reducir el absentismo y la posibilidad de huelga.

Debido a la nueva situación, “las empresas practican una estrategia de la flexibilización en dos planos a la vez: el núcleo estable del personal perteneciente a la firma debe tener una flexibilidad funcional; la mano de obra periférica, por su parte, debe presentar una flexibilidad numérica[57]. Los problemas con el personal, junto con todo el control que implica la producción recae en las empresas contratadas, las que varían su cantidad de personal en función de la demanda. Esta forma de trabajo genera una fractura entre los trabajadores, erigiendo a un grupo de elegidos, caracterizados por ser “los más capaces profesionalmente, los más productivos económicamente, los más trabajadores individualmente”[58], y el resto, reducido a una variable económica, empleado según la demanda del mercado, y sin garantía alguna.

 La nueva empresa, inserta un capitalismo de superproducción[59] no produce por sí misma sino que compra productos terminados o vende servicios, lo que le permite: menos problemas de convivencia con los empleados, menos infraestructura, mayor productividad, mejora en los plazos de entrega, eliminación del absentismo, posibilidad de ampliar horarios de trabajo, eliminación del control horario, más acceso a profesionales de alto nivel[60].

La ideología de la empresa es la del “recurso humano”[61] que busca instrumentalizar aquellas aspiraciones que no son económicas pero que son productivas. Por eso, es que la empresa se vuelve un lugar de integración social y desarrollo personal. Para ello, la empresa aprovecha la crisis, la exacerbación de la competencia y los cambios tecnológicos. Otras de las características de las empresas es la introducción de la rivalidad entre los individuos[62]. Se controla a la élite de privilegiados, se los desvincula de los menos afortunados. Además, se los incentiva a trabajar cada vez más con la excusa de que es el mejor aporte para la comunidad y para sí mismo[63].

La industria de nuevo tipo adquiere las características de fluidez de los aparatos de control. Totalmente disociado el trabajador de su producto, e inmerso en un proceso, adquiere un carácter ondulatorio[64], su trabajo se basa, sobre todo, en la circulación de información. Incluso la capacidad de adaptación a las demandas del mercado, refleja las características propias de la sociedad de control.

En esta etapa que está surgiendo, se va perdiendo el espacio donde la concentración permitía la posibilidad de identificación entre trabajadores. Se instituye, en su lugar, una disputa feroz entre los que quieren acceder a un puesto de trabajo, hecho que favorece a los empresarios que pueden escoger a los profesionales que mejor se adecuen a la empresa sin importar la distancia. No hay que olvidar que en la situación de desempleo creciente tienen mucho de donde escoger.

VI.              Para la sociedad: camino a la disolución del otro

Multitud, solitud: términos iguales y convertibles para el poeta activo y fecundo. Quien no sabe poblar su soledad, tampoco sabe estar solo en medio de una muchedumbre atareada.

Charles Baudelaire[65]

La ciudad actual es la solución a los inconvenientes que afrontaba la urbe a principio de siglo, pero no sólo se modificó el aspecto de la ciudad, también se transformó al ciudadano.

VI.1.                   La ciudad burguesa: donde todo se ve

Entre 1850 y 1860 Haussmann remodeló París, para hacerlo, se destruyeron los barrios pobres que ocupaban el espacio. Eran lugares lúgubres e insalubres. Pero, además, debido a su improvisada disposición facilitaba el levantamiento de barricadas. Forma de resistencia que asolaba la ciudad en cada revuelta.

Por lo tanto, la nueva París no sólo significó un lugar saludable para vivir, sino que sus anchas avenida impedían la construcción de las tan temidas barreras[66], además de permitir el ingreso de las tropas.

La amplitud de las avenidas y el macadam, facilitaron enormemente la circulación de todo. No sólo el transporte de mercancías[67] se incrementó, sino también la movilidad de las personas.

La ciudad se abría a todos los que quisieran recorrerla. Como consecuencia, se produjo algo inédito, el lujo y la miseria estuvieron frente a frente[68]. El burgués, mientras se divertía, tuvo que soportar los ojos de los pobres que decían: “¡Qué hermoso! ¡Qué hermoso!. Es como si todo el oro del pobre mundo estuviera en estas paredes” o “¡Qué hermoso!. Pero es una casa a la que sólo pueden entrar los que no son como nosotros”[69].

El nuevo París respondía perfectamente al modelo del panoptismo: todo se podía controlar, todo se podía observar, incluso lo que no se quería ver.

La ciudad burguesa también recibió el nombre de ciudad teatral[70]. El espacio se transformó en un escenario donde el individuo representaba en él un papel[71] y se reservaba su auténtica personalidad para el ámbito privado. En la masa en movimiento el hombre pudo experimentar la posibilidad de “buscar olvido en el gentío”[72]. Estar solo en la multitud.

El habitante de la ciudad burguesa se denomina urbanita. Debido a la presión bajo la cual se encuentra, por el ritmo citadino, antepone el entendimiento a la sensibilidad para preservar su subjetividad.[73].

La predominancia de la razón se relaciona con la concepción monetaria de la vida. En un mundo donde el dinero todo lo puede comprar, todo tiene su precio, incluso las relaciones interpersonales. El espíritu calculador embebe todo tipo de vínculo y la constitución anímica intelectualista y la economía monetaria son sus sostenes. Como consecuencia, los hombres se relacionan entre sí de manera individual y con un interés objetivamente estipulable.

La indolencia con la que reacciona el urbanita ante el mundo, le impide valorar las particularidades de su mundo. La igualación de las cosas y de los hombres se ve acompañada por la aversión al otro. Frente a otros sujetos el urbanita reacciona con reserva, como consecuencia se aísla del entorno. La disociación es una de las formas elementales de socialización de la ciudad moderna[74].

Dicha disociación se ve acompañada por el embotamiento de los sentidos, que incapacitados de percibir particularidades se vuelven radares que identifican los objetivos que hay que esquivar. Esta atrofia alcanza también a la inteligencia, que como vimos, en vez de “percibir la belleza, el bien y la verdad, se convierte en órgano de lucha y defensa, ocupado en eludir peligros y en acrecentar las reservas de pequeñas ventajas acumulativas”[75]­ ­­.

El modelo de ciudad de Haussmann, que puso en movimiento a la sociedad comenzó a agotarse a principio de siglo. La ciudad comenzó a embotarse en todos los aspectos.

VI.2.                   La ciudad autopista: la disolución del espacio

El “caos movedizo en que la muerte llega al galope por todos los costados a la vez”[76] fue reemplazado por la velocidad del automóvil.

Se hizo imposible la coexistencia de hombres y vehículos. La calle amenazaba el transeúnte. Pero, había otro peligro: “la protesta revolucionaria que transforma una multitud de soledades urbanas en un pueblo, y reclama las calles de la ciudad para la vida humana”[77]. La calle debía ser para el tráfico.

Le Corbusier era consiente de que en la calle podían estallar las contradicciones sociales y psíquicas que se enfrentaban en la modernidad y se propuso eliminarla. Hacerla desaparecer era eliminar la posibilidad de revolución[78]. Ese fue el vector para imaginar “un mundo totalmente integrado de altas torres rodeadas de amplias áreas de césped y espacio abierto - <<la torre en el parque>>- unidas por superautopistas aéreas y provistas de garajes subterráneos y arcadas con tiendas”[79].

El modelo de Le Corbusier nunca se concretó en su totalidad, pero de sus ideas rigieron la construcción urbana del siglo XX. Tales ideas son las autopistas y la zonificación. Las autopistas conectarían las diversas zonas de la ciudad, así el lugar para vivir y el lugar para trabajar separadas pero conectadas[80].

La ciudad- autopista debía simular el funcionamiento de la fábrica moderna “completamente automatizada: no hay personas, excepto las que manejan las máquinas; no hay peatones no mecanizados y desprotegidos que entorpezcan la circulación”[81].

El resultado fue la descongestión de los centros urbanos, objetivo que propone alcanzar, también, el Teletrabajo.

El hombre del coche, modelo de ciudadano de este último tipo urbano, es una persona que carece de la experiencia de compartir el espacio con otros, éste es el actor de la descongestión. La descongestión implica la eliminación del espacio público, la desaparición del otro y la posibilidad de crear una comunión con él.

El modelo urbano actual, caracterizado por la fluidez del movimiento, exige una nueva forma de vigilancia, esa es: el control. Mecanismo, que como ya vimos, se caracteriza por su versatilidad y que se basa en la acumulación de información. “Sonría, lo estamos filmando”: la ciudad ha multiplicado sus ojos. Cámaras en las autopistas que filman patentes, de infractores o no; cámaras en los locales que registran compradores o ladrones. Bases de datos, en las que nos asignaron un número, y saben cuál fue el último de número de teléfono que se marcó. Toda información, todo in-forme,  ningún individuo.

Resumiendo, menos tráfico, menos contaminación descongestión de los centros urbanos, mejoras estructurales, desarrollo de zonas rurales e integración de grupos de difícil inserción laboral[82], no son más que la consagración de la socialización asocial[83].

VII.           De diluyentes y diluidos

La vida actual se ha desleído, es fría y sin viveza. El hombre no convive con otros ni para otros, no experimenta el espacio como un lugar para desarrollarse y sentir. Ya no habita de forma poiética en el mundo. Amo y señor, establece una relación provocante[84] con la naturaleza y con otros hombres.

Habitar es preservar las cosas en su ser[85]. Es atender y cuidar lo que crece y erigir lo que no[86]. Sin embargo, el ciudadano, dueño del dinero, piensa al mundo como a su servicio, lo mismo que a los otros seres. Todo lo puede comprar y tiene derecho a dominarlo.

Bajo la impronta económica, el hombre ya ni siquiera construye su lugar para habitar, en el cual dejar su marca, sino que se aloja en casas fabricadas por otros para él.[87]

Hoy la humanidad se desenvuelve en un mundo completamente ajeno a ella, del que no se siente, ni se hace parte, por el que pasa sin dejar huella y al que somete a sus deseos.

VII.1.                Tres posturas

El desarrollo de la modernidad generó dos posturas contrapuestas.

Por un lado, la modernolatría[88] que apuesta a la tecnología para resolver las contradicciones sociales y personales. La contracara la conforma la desesperación cultural[89] que ve a la modernidad como hueca, infructuoso, uniforme.

Berman señala que Baudelaire pudo ser el gestor de las dos posturas, pero que en él se halla lo ausente en las otras dos: “la voluntad de luchar hasta agotar sus energías con las complejidades y contradicciones de la vida moderna, de encontrarse y crearse en medio de la angustia y la belleza de su caos en movimiento”[90].

En la etapa que se inicia, con sus diluyentes y diluidos, puede resultar tentador adoptar alguna de las dos primeras posturas, aunque, quizás, sea bueno tener presente a Baudelaire.

 


Ya quisiera yo


Ya quisiera yo ser libre pensador
no oír el rugir de tripas de tantos

ni su llanto ni su dolor
establecerme correcto

filósofo neutral independiente
manejarme bien con toda la gente

 

ya me gustaría a mí

alinearme con los no violentos
regalar flores descalzo arrancadas de algún tiesto
sin tener que poner la otra mejilla para nadie
al no ser amenazado por ningún indeseable

 

el caso es que me afectan las cotidianas tristezas
la de los supermercados la del metro y las aceras
también las que me quedan lejos
las de los secos desiertos

las de las verdes selvas

 

el caso es que me parecen buena gente
algunos luchadores del ocaso
que se parten el pecho por ser escuchados
que morirán en alguna esquina tiroteados

 

quisiera ser más listo pasar de largo
saberme libre de culpa

y limpio de pecado
y ser alma caritativa María Goretti[91] o santa
sufrir sólo un poquito

sólo lo que dios manda

 

no entender de política

ni de sus actualidades
convencerme que es red de araña

nido de alacranes
y mutilar mi alma y mi esencia de animal social
saberme superior a tanta frivolidad

 

el caso es que me afectan demasiado
la tristeza de los suburbios el drama urbano
saber que seremos caníbales dentro de poco
y que no habrá carne suficiente para todos

 

el caso es que me afecta quizá más de lo normal
tener tanto miedo al cruzar mi portal
ver que arde mi ciudad o que sangra el asfalto
quizá debería ver menos el telediario

 

quisiera ser más listo

adoptar bien la pose
librarme de etiquetas hasta la de hombre
y entender que sólo yo me entiendo
y que no me entiende nadie
ser un buen ciudadano formal y respetable

 

omitir de mis canciones
palabras como compañero obrero
justicia guerrilla paz hambre o miedo
y hablar del amor de cosas bonitas

de mis recuerdos
contar alguna anécdota graciosa
de cuando era quinceañero

 

el caso es que me afectan las cotidianas tristezas
la de los supermercados la del metro y las aceras
también las que me quedan lejos
las de los secos desiertos

las de las verdes selvas

 

el caso es que me parecen buena gente
algunos luchadores del ocaso
que se parten el pecho por ser escuchados
que morirán en alguna esquina tiroteados.

 

Cantautor: Ismael Serrano
Música: Ismael Serrano

CD: La Memoria De Los Peces (1998)


Bibliografía

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Verdier, Carlos “Teletrabajo en Parques Nacionales” en Revista @rroba nº 34. Málaga octubre 2000.

 



[1] Lanza del Vasto, (1901-1981) poeta y místico cristiano contemporáneo, se esforzó, durante toda su vida, en hacer prevalecer la idea de una civilización del Amor sobre los desórdenes sociales. Discípulo cristiano de Gandhi, fundó en los años cuarenta El Arca (Communautés de l'Arche, comunidades campesinas y espirituales, en Francia, etc.). Gandhi le dio un nuevo nombre: Shantidas, "Servidor de la Paz".

[2] Lectum Nuevo Diccionario Enciclopédico Ilustrado para América Latina. Tomo II. Lectum Editores Argentina, S.A. Primera Edición. Buenos Aires, 1965.

[3] Diccionario Enciclopédico Mayor de la Lengua Castellana. Tomo I 1968

[4]Quitar la vida no implica eliminar la existencia biológica, el término vida se refiere a lo característicamente humano, a la capacidad del hombre de crear cosas inútiles con el sólo fin de expresarse, por ejemplo.

[5] Verdier, Carlos “Teletrabajo en Parques Naturales. Las nuevas tecnologías desembarcan en las comarcas”en Parques Nacionales” en Revista @rroba nº 34. Málaga octubre 2000. (Se adjunta artículo)

[6] Trabajo realizado a distancia empleando Internet.

[7] Kozak, Claudia: Teórico nº 12. 6 de Noviembre de 2000

[8] “A medida que el espacio urbano se convierte en una mera función del movimiento, también se hace menos estimulante. El conductor desea atravesar el espacio, no que éste atraiga su atención” Sennett, Richard:  “EL cuerpo y la ciudad” en Carne y piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental. Ed. Alianza. Madrid, 1997. Pg. 20

[9] “El industrialismo, la principal fuerza creadora del siglo XIX, produjo el medio urbano más degradado que el mundo hubiera visto hasta entonces, pues hasta los barrios habitados por las clases dominantes estaban ensuciados y congestionados” Mumford, Lewis “Paraíso paleotécnico: Villa Carbón”, en La ciudad en la historia. Ediciones Infinito, Buenos Aires, 1966.Pg. 598

[10] “La imagen médica de la circulación vital dio un nuevo significado al movimiento barroco. En lugar de planificar calles a fin de que pudieran celebrarse ceremonias de movimiento hacia un objeto, como el planificador barroco, el de la Ilustración convirtió el movimiento en un fin en sí mismo. [...] los planificadores se guiaron por la mecánica sanguínea: pensaban que si el movimiento se bloqueaba en algún punto de la ciudad, el cuerpo colectivo sufría una crisis circulatoria como la que experimenta el cuerpo individual durante un ataque en el que se obtura una arteria” Sennett, Richard:  “Cuerpos en movimiento” en Carne y piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental. Ed. Alianza. Madrid, 1997. Pg. 20

[11] En el comienzo de la industrialización era muy difícil concentrar mano de obra con pericia, por lo que los empresarios se esforzaban por retenerlos en el lugar. Se apelaba, por ejemplo, a una serie de decretos que impedían la emigración de la comarca a los trabajadores, aún cuando esta no les podía proveer el trabajo para su subsistencia. Ver: Coriat, Benjamin: “La manufactura y el oficio” en El taller y el cronómetro. Ed. Siglo XXI, México, 1987.

[12] “ Son las sociedades de control las que están reemplazando a las sociedades disciplinarias”.Deleuze, Gilles: “Posdata sobre las sociedades de control”, en Revista Babel, nº 21. buenos Aires, diciembre de 1990.

[13] Ferrer, Christian: Teórico nº5, 2º cuatrimestre.

[14] “... (vista y oído) en la ciudad tienen una función táctil, como herramientas que se aplican directamente a las cosas. Anticipan el impacto y repelen los objetos o buscan los senderos expeditos en la maraña de obstáculos móviles”. Martínez Estrada, Ezequiel: “Vista”, en  La cabeza de Goliat. Buenos Aires, VVEE. Pg.107

[15] Convivir: Vivir en buena armonía con otros. Diccionario Oriente

[16] Benedetti, Mario “Sueldo” en Poemas y cuentos breves. Editorial Espasa Calpe Argentina. Buenos Aires. 1993

[17] Gorz, André “La invención del trabajo” en Metamorfosis del trabajo. Editorial Sistema. Madrid. 1991. Pg.27

[18] “ Era precisamente en las industrias –las fábricas textiles y talleres mecánicos- en que la nueva disciplina de tiempo se imponía más rigurosamente...” Thompson, E. P.: “Tiempo, disciplina de trabajo y capitalismo industrial” en Tradición, revuelta y conciencia de clase. Editorial Crítica, Barcelona, 1979. Pg. 278.

[19] “Descomponiendo el saber obrero, << desmenuzándolo>> en gestos elementales – por medio del <<time and motion study>>- haciéndose su dueño y poseedor, el capital efectúa una <<transferencia de poder>> en todas las cuestiones concernientes al desarrollo y la marcha de la fabricación. De esta forma, Taylor, hace posible la entrada masiva de los trabajadores no especializados en la producción” Coriat, Benjamin: “La norma y el cronómetro” en El taller y el cronómetro. Ed. Siglo XXI. México, 1987. Pg. 31

[20]“... ahí reside la terrible eficacia del fordismo, pues, al inaugurar al despotismo tranquilo y absoluto de los tiempos y los movimientos va aún más lejos que el taylorismo...” Coriat, Benjamin: “La cadena” en El taller y el cronómetro. Ed. Siglo XXI. México, 1987. Pg. 43

[21] “Lo que domina al proceso de la labor y a todos los procesos del trabajo que se realizan a la manera del laborar, no es el esfuerzo con propósito determinado del hombre, ni el producto que desea, sino la noción del proceso mismo y el ritmo que impone a los laborantes”. Arendt, Hannah: “Trabajo” en La condición humana. Ed. Piados, Barcelona, 1996. Pg. 165.

[22] “...la productividad del poder de la labor produce objetos de manera incidental y fundamentalmente, se interesa por los medios de su propia reproducción; puesto que su poder no se agota una vez asegurada su propia reproducción, puede usarse para la reproducción de más de un proceso de vida, si bien no <<produce>> más que vida. Mediante la operación violenta en una sociedad de esclavos o de explotación en la sociedad capitalista de la época de Marx, puede canalizarse de tal modo que la labor de unos baste para la vida de todos”. Arendt, Hannah “Labor” en  La condición humana Ed. Piados, Barcelona, 1996. Pg. 103

[23] “... el amontonamiento de la urbanización destruye las condiciones bajo las que era posible el viejo estilo de vida... el ingreso ofrecido por el empleo hace posible el dinero necesario para comprar los medios de subsistencia de la industria... la presión de la costumbre social en la forma en que es ejercida, especialmente sobre cada joven generación en turno... la transformación de la sociedad en un mercado gigantesco de trabajo y productos, dado que la fuente del status ya no es la capacidad de hacer muchas cosas sino simplemente la capacidad de comprarlas”. Baverman, Harry  Trabajo y capital monopolista. Editorial Nuestro Tiempo, México, 1974.

[24] Marx, Karl “Dinero” en Manuscritos económico-filosóficos. Ed. FCE. México, VVEE. Pg. 178

[25]“... el dinero es el alcahuete entre la necesidad y el objeto, entre la vida y los medios de vida del hombre. Pero lo que me sirve de mediador para mi vida, me sirve de mediador también para la existencia de los otros hombres para mí...” Marx, Karl “Dinero” en Manuscritos económico-filosóficos. Ed. FCE. México, VVEE. Pg. 177

[26] Marx, Karl “El trabajo enajenado” en Manuscritos económico-filosóficos. Ed. FCE. México, VVEE.

[27] Arendt, Hannah: “Trabajo” en La condición humana. Ed. Piados, Barcelona, 1996. Pg. 158.

[28] Arendt, Hannah: “Trabajo” en La condición humana. Ed. Piados, Barcelona, 1996. Pg. 181.

[29] Foucault, Michel: “La verdad y las formas jurídicas”, Conferencia 4º. Ed. Gedisa, Barcelona, 1980.

[30]“... ahí reside la terrible eficacia del fordismo, pues, al inaugurar al despotismo tranquilo y absoluto de los tiempos y los movimientos va aún más lejos que el taylorismo...” Coriat, Benjamin: “La cadena” en El taller y el cronómetro. Ed. Siglo XXI. México, 1987. Pg. 43

[31] Baudelaire, Charles: “El espejo” en El spleen de París. Editorial El Aleph. Buenos Aires. 1999

[32] Deleuze, Gilles: “Posdata a las sociedades de control” en Revista Babel nº 21. Buenos Aires, diciembre, 1990.

[33] Gorz, André: “Introducción” a Metamorfosis del trabajo. Editorial Sistema. Madrid, 1991. Pg. 13.

[34] EL “Teletrabajo en Parques Naturales. Las nuevas tecnologías desembarcan en las comarcas”es un ejemplo extremo de lo que permite la tecnología.

[35] Benjamin Coriat señala que con la incorporación del transportador se eliminan los tiempos muertos dando como resultado “... una brutal prolongación de la duración efectiva de la jornada de trabajo”. Coriat, “La cadena” en El taller y el cronómetro. Ed. Siglo XXI. México, 1987. Pg. 44.

[36] Simmel, Georg: “Las grandes urbes y la vida del espíritu”, en El individuo y la libertad. Ensayos de crítica de la cultura. Ed. Península, Barcelona, 1986. Pg. 155.

[37] Gorz, André: “De la integración funcional a la desintegración social (y de los consumos compensatorios al todo-para-el-Estado)” en  Metamorfosis del trabajo. Pg. 6 4

[38] “Sólo son necesarios conocimientos básicos de las herramientas telemáticas que se vayan a utilizar...” Verdier, Carlos “Teletrabajo en Parques Naturales. Las nuevas tecnologías desembarcan en las comarcas”en Parques Nacionales” en Revista @rroba nº 34. Málaga octubre 2000. Pg. 4

[39] Gorz, André: “Búsqueda de sentido ( I ). Últimas transformaciones del trabajo” en  Metamorfosis del trabajador, Editorial Sistema, Madrid, 1991. Pg. 107

[40] “La empresa madre puede así, siempre según el modelo japonés, no conservar más que un núcleo de trabajadores estables elegidos por su calificación, su aptitud para aprender y para adaptarse a los cambios técnicos, su espíritu de cooperación y su apego a la firma”. Gorz, André: “El fin del humanismo del trabajo” en  Metamorfosis del trabajador, Editorial Sistema, Madrid, 1991. Pg. 86

[41] Gorz, André: “Introducción” a Metamorfosis del trabajador, Editorial Sistema, Madrid, 1991. Pg. 18

[42] “La escisión de la sociedad en dos clases hiperactivas en la esfera económica, por una parte, y una masa excluida o marginada con relación a esa esfera, por otra, permite, pues, el desarrollo de un subsistema en cuyo seno la élite económica compre tiempo libre haciendo trabajar en su lugar a terceros, a bajo precio, para su beneficio privado” Gorz, André: “Introducción” a Metamorfosis del trabajador, Editorial Sistema, Madrid, 1991. Pp. 16-17.

Resulta curioso, los esclavos en la Antigüedad cumplían la misma función: liberar a sus amos de las actividades de reproducción para que tengan libertad de actuar en la vida pública.

[43] Gorz, André: “La integración funcional o la escisión del trabajo y de la vida” en  Metamorfosis del trabajador, Editorial Sistema, Madrid, 1991. Pg. 50

[44] Gorz, André: “De la integración funcional a la desintegración social (y de los consumos compensatorios al todo-para-el-Estado)” en  Metamorfosis del trabajador, Editorial Sistema, Madrid, 1991. Pg. 65

[45] Coriat, Benjamin: “La manufactura y el oficio” en El taller y el cronómetro. Ed. Siglo XXI, México, 1987. Pg. 19. La cursiva es mía.

[46] Kafka, Franz: “En la colonia penitenciaria” en Relatos Breves. Buró Editor s. a. Buenos Aires, 1998.

[47] “Los patronos enseñaron a la primera generación de obreros industriales la importancia del tiempo; la segunda generación formó comités de jornada corta en el movimiento por las diez horas; la tercera hizo huelgas para conseguir horas extra y jornada y media. Habían aceptado las categorías de sus patronos y aprendido a luchar con ellas. Habían aprendido la lección que el tiempo es oro demasiado bien” Thompson, E. P.: “Tiempo, disciplina de trabajo y capitalismo industrial” en Tradición, revuelta y conciencia de clase. Editorial Crítica, Barcelona, 1979. Pp. 279 y 280

[48] “[Con la incorporación de la línea transportadora] La libertad – y la posibilidad- de desplazarse es reducida al mínimo... Se enseñan los gestos requeridos y los trabajadores se ven obligados a repetirlos ejecutándolos lo más rápidamente posible [...]con la cadena,  los mismos tiempos quedan incorporados al maquinismo y se imponen <<objetivamente>> al trabajador”. Coriat, Benjamin: “El salario” en El taller y el cronómetro. Ed. Siglo XXI, México, 1987. Pg. 58-59.

[49] Gorz, André: “La integración funcional o la escisión del trabajo y de la vida” en  Metamorfosis del trabajador, Editorial Sistema, Madrid, 1991. Pg. 51.

[50] Gorz, André: “La integración funcional o la escisión del trabajo y de la vida” en  Metamorfosis del trabajador, Editorial Sistema, Madrid, 1991. Pg. 53-54.

[51] [51] Gorz, André: “La integración funcional o la escisión del trabajo y de la vida” en  Metamorfosis del trabajador, Editorial Sistema, Madrid, 1991. Pg. 55.

[52] Deleuze, Gilles: “Posdata a las sociedades de control” en Revista Babel nº 21. Buenos Aires, diciembre, 1990. Pg. 151

[53] Deleuze, Gilles: “Posdata a las sociedades de control” en Revista Babel nº 21. Buenos Aires, diciembre, 1990. Pg. 150

[54]“En 1914, Ford anuncia un <<acuerdo general sobre los salarios>>... Causas inmediatas del five dollars day: ante todo la preocupación por asegurar un aprovisionamiento continuo de fuerzas de trabajo [...]el trabajador se ve libre de la preocupación  (y de la necesidad para reconstituir su fuerza de trabajo) de realizar su  <<prima>> y queda así enteramente disponible para poner en funcionamiento su fuerza de trabajo allí donde la producción lo requiera...” Coriat, Benjamin: “El salario” en El taller y el cronómetro. Ed. Siglo XXI, México, 1987. Pg.59. La cursiva es de Coriat

[55] Coriat, Benjamin: “Los <<tiempos modernos>>” en El taller y el cronómetro. Ed. Siglo XXI, México, 1987. Pg.99.

[56] Gorz, André: “El fin del humanismo del trabajo” en  Metamorfosis del trabajador, Editorial Sistema, Madrid, 1991. Pg. 85.

[57] Gorz, André: “Una última transformación de la ideología del trabajo” en  Metamorfosis del trabajador, Editorial Sistema, Madrid, 1991. Pg. 94.

[58] Gorz, André: “Una última transformación de la ideología del trabajo” en  Metamorfosis del trabajador, Editorial Sistema, Madrid, 1991. Pg. 97.

[59] Deleuze, Gilles: “Posdata a las sociedades de control” en Revista Babel nº 21. Buenos Aires, diciembre, 1990. Pg. 151.

[60] Ver cuadro de Teletrabajo.

[61] Gorz, André: “El fin del humanismo del trabajo” en  Metamorfosis del trabajador, Editorial Sistema, Madrid, 1991. Pg. 86.

[62] Deleuze, Gilles: “Posdata a las sociedades de control” en Revista Babel nº 21. Buenos Aires, diciembre, 1990. Pg. 149.

[63] Gorz, André: “Una última transformación de la ideología del trabajo” en  Metamorfosis del trabajador, Editorial Sistema, Madrid, 1991. Pg. 97.

[64] “El control es a corto plazo y de rotación rápida, pero también continuo e ilimitado” Deleuze, Gilles: “Posdata a las sociedades de control” en Revista Babel nº 21. Buenos Aires, diciembre, 1990. Pg. 151

[65] Baudelaire, Charles: “Las multitudes” en El spleen de París. Ed. El Aleph. Buenos Aires. 1999

[66] “La verdadera finalidad de los trabajos haussmannianos era asegurar la ciudad contra la guerra civil. Quería imposibilitar en cualquier futuro el levantamiento de barricadas en París” Benjamin, Walter: “París capital del siglo XIX”, en Iluminaciones II. Ed. Taurus, Madrid, 1980. Pg. 188.

[67] “(La remodelación de París) Estimularían una enorme expansión del comercio local a todos los niveles...” Berman, Marshall “Baudelaire: el modernismo en la calle”, en  Todo lo sólido se disuelve en el aire. La experiencia de la modernidad. Ed. Siglo XXI, Buenos Aires, 1989.Pg. 150

[68]“ Haussmann, al destruir los viejos barrios medievales, rompió inadvertidamente el mundo herméticamente sellado y auto excluido de la pobreza tradicional urbana... los bulevares de Haussmann transforman lo exótico en inmediato; la miseria, que había sido un misterio, es ahora un hecho” Berman, Marshall “Baudelaire: el modernismo en la calle”, en  Todo lo sólido se disuelve en el aire. La experiencia de la modernidad. Ed. Siglo XXI, Buenos Aires, 1989.Pg. 153

[69] Baudelaire, Charles “Los ojos de los pobres” en El spleen de París  Ed. El Aleph. Buenos Aires, 1999

[70] Kozak, Claudia: Teórico nº 12. 6 de Noviembre de 2000

[71] “Cuando el dominio público se oscureció, los términos referidos al modo en que la sociedad extendía la expresividad humana se trasladaron de la presentación hacia la representación” Sennett, Richard: “El problema público”, en  El declive del hombre público. Editorial Península, Barcelona, 1978. Pg. 57

[72] Baudelaire, Charles “La soledad” en El spleen de París  Ed. El Aleph. Buenos Aires, 1999

[73] Simmel, Georg: “Las grandes urbes y la vida del espíritu”, en El individuo y la libertad. Ensayos de crítica de la cultura. Ed. Península, Barcelona, 1986. Pg. 156

[74] Simmel, Georg: “Las grandes urbes y la vida del espíritu”, en El individuo y la libertad. Ensayos de crítica de la cultura. Ed. Península, Barcelona, 1986. Pg. 162

[75] Martínez Estrada, Ezequiel: “Vista”, en  La cabeza de Goliat. Buenos Aires, VVEE. Pg.108

[76]Baudelaire, Charles “Perder la aureola” en El spleen de París  Ed. El Aleph. Buenos Aires, 1999

[77] Berman, Marshall “Baudelaire: el modernismo en la calle”, en  Todo lo sólido se disuelve en el aire. La experiencia de la modernidad. Ed. Siglo XXI, Buenos Aires, 1989.Pg. 166

[78]<<Arquitectura o Revolución. La Revolución puede ser evitada>> [...] –Le Corbusier lo dijo muy claramente en 1929: ¡Debemos acabar con la calle!- quizá estas contradicciones nunca estallarían” Berman, Marshall “Baudelaire: el modernismo en la calle”, en  Todo lo sólido se disuelve en el aire. La experiencia de la modernidad. Ed. Siglo XXI, Buenos Aires, 1989.Pg. 168

[79] Berman, Marshall “Baudelaire: el modernismo en la calle”, en  Todo lo sólido se disuelve en el aire. La experiencia de la modernidad. Ed. Siglo XXI, Buenos Aires, 1989.Pg. 168

[80]  Kozak, Claudia: Teórico nº 12. 6 de Noviembre de 2000

[81]Berman, Marshall “Baudelaire: el modernismo en la calle”, en  Todo lo sólido se disuelve en el aire. La experiencia de la modernidad. Ed. Siglo XXI, Buenos Aires, 1989.Pg. 168.

[82] Ver cuadro de Teletrabajo

[83] Gorz, André: “De la integración funcional a la desintegración social (y de los consumos compensatorios al todo-para-el-Estado)” en  Metamorfosis del trabajador, Editorial Sistema, Madrid, 1991. Pg. 69.

[84] “El desocultar imperante en la técnica moderna es un provocar que pone a la naturaleza en la exigencia de liberar energías, que en cuanto tales puedan ser explotadas y acumuladas” Heidegger, Martín: “La pregunta por la técnica”, en  Ciencia y técnica. Ed. Universitaria, Santiago de Chile, 1983. Pg. 81

[85] Heidegger, Martín: “Construir, habitar, pensar”, en conferencia y artículos. Ediciones del Serbal, Barcelona, 1996. Pg.23

[86] Heidegger, Martín: “Construir, habitar, pensar”, en conferencia y artículos. Ediciones del Serbal, Barcelona, 1996. Pg.29

[87] Illich, Iván: “La reivindicación de la casa”, en Alternativas II. Editorial Joaquín Mortz, México, 1988. Pg. 48

[88] Berman, Marshall “Baudelaire: el modernismo en la calle”, en  Todo lo sólido se disuelve en el aire. La experiencia de la modernidad. Ed. Siglo XXI, Buenos Aires, 1989.Pg. 170.

[89] Berman, Marshall “Baudelaire: el modernismo en la calle”, en  Todo lo sólido se disuelve en el aire. La experiencia de la modernidad. Ed. Siglo XXI, Buenos Aires, 1989.Pg. 170.

[90] Berman, Marshall “Baudelaire: el modernismo en la calle”, en  Todo lo sólido se disuelve en el aire. La experiencia de la modernidad. Ed. Siglo XXI, Buenos Aires, 1989.Pg. 171.

 

[91]Goretti, María: sta. (6 de julio) 1890 – 1902. Campesina italiana, mártir de pureza. Canonizada en 1950.

 

 

 

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