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Jacques Derrida: Epistemología y ética

 

Esther Zarzo

 

C. Dimensión epistemológica:

Tambaleo del pensamiento del origen: Espaciamiento al pensamiento de la diferencia.

 

            Mónica Cragnolini utiliza en Derrida, la escritura y la muerte (2005), el término hantologie, homófona de ontologie en francés, para referirse a esa manera de estar en la ontología de la presencia difiriendo de su presencia plena, sin reducirse a ella, fluidificando las polarizaciones y abriendo espacio a lo que escapa y asedia a las categorías, a sus “fantasmas” o “espectros”.

            Derrida en Del Espíritu. Heidegger y la pregunta (1987) emplea el término revenants, traducido por “(re)aparecidos”, para referirse a los excluidos de las categorías. Primero, porque la aparición del excluido ya es diferida de si, por ser huella como todo acontecimiento. Segundo, porque aunque la presencia los intenta reducir, son infagocitables por ella, siempre re-aparecen de esa forma presente-ausente o asediante. Y tercero, porque estarán por-venir siempre a la presencia, son indecidibles fuera del quicio del tiempo lineal.              

        indecidibles, es decir, unidades de simulacro, 'falsas' propiedades verbales, nominales o semánticas, que ya no se dejan apresar en la oposición filosófica (binaria) y que, sin embargo, la habitan, resisten a ella, la desorganizan pero sin constituir jamás un tercer término” [xxi] 

            Abrir espacio a esos indecidibles es dejar que se dé la différance. 

            Différance: 

            En Márgenes de la Filosofía (1972) Derrida explicita que el movimiento difiriente de la huella originaria, inter-contaminación espectral entre mismo y otro cuya polarización constituye las diferencias presentes contrapuestas, es el modo de tener lugar el acontecer singular irrepetible. El mismo difiriendo de su presencia plena en su lanzamiento al otro a través de un auto- espaciamiento y temporización, como producción de intervalos espaciales y temporales que señalan al otro dentro del mismo.

            Por este movimientos se presentan, se relacionan y se fluidifican las diferencias presentes con sentido pleno, sobrepasándolas constantemente, ya que no hay nada al margen de él. Es a lo que Derrida llama différance

        el movimiento de juego que 'produce', por medio de lo que no es simplemente una actividad, esas diferencias, esos efectos de diferencia. (…) 

        Es preciso que un intervalo lo separe de lo que no es él para que sea él mismo, (…) lo que puede denominarse espaciamiento, devenir-espacio del tiempo o devenir-tiempo del espacio (temporización).” [xxii]                       

 

            Inapropiable e irreducible a la representación de presencias, porque es el juego de las diferencias presentes que abre abriéndose, por tanto, indecible e irreconocible desde la presencia.           

            *Indecible: 

            No se puede decir de ello que sea presente, porque es el diferimiento espaciamiento-temporización presencio-ausencial para el que ninguna inyucción es construcción simétrica.

            El otro se da abriendo la relación asimétrica con el mismo, pues el Don de su acontecer, que da dándose, es irreducible a presencia. Se ofrece a ser respondido por la presencia, pero es inrespondible de forma plena por ella, por lo que siempre está expuesto a la injusticia de que se lo reduzca. 

            No se puede decir una palabra simétrica a ello, porque siempre se habla en presencia y ello es huella presente-ausente, lo cual implica que tampoco es traducible, pues ya sería la reducción de presencia a la presencia de otro sistema de huellas, a otro idioma; la segunda reducción de la huella que no deja resto presente porque jamás fue presencia. Se debería traducir todo el sistema de huellas y éste es irrepetible por si, e irreducible al sentido del mismo. 

            *Irreconocible: 

            Es un acontecimiento otro al mismo, teórico-prácticamente irreducible al sistema de presencia o de lo pensado; es decir, impensable, inanticipable e improvocable desde él.  

        “El acontecimiento no se reduce al hecho de que algo acontezca. Es una singularidad absolutamente otra. (…)  para el que se Carece de horizonte de espera, (…) Y siempre cabe la posibilidad de que el arribante no llegue (…)” [xxiii]                                                          

            El acontecimiento es precisamente la experiencia de lo calificado como im-posible por la Metafísica de la presencia, que sólo tiene las categorías de ser o no ser y dejan fuera lo presente-ausente. 

                                               “el in- de lo im-posible es, sin duda, radical, implacable, innegable. Pero no es simplemente negativo o dialéctico, introduce a lo posible”. [xxiv]

            Vemos que lo predecible desde la Metafísica de la presencia no se puede considerar acontecimiento, sólo la explicitación de algo ya conocido. Es por lo que la calificación de algo como imposible según ella es la condición de posibilidad de que algo acontezca como inesperado al sistema. 

            Todo lo anterior queda ejemplificado en el propio término de différance.

            Dado que no hay jerarquización entre ejemplo y original, el propio caso de “différance”, ya es un acontecimiento singular irrepetible, lo más adecuado para referir un acontecimiento singular irrepetible. 

            La alteración de la “a” de différance marca un espaciamiento con la palabra aceptada como correcta en francés: différence.            

            Ya hemos visto varios casos como hantología y ontología, o hipóstasis e hipótesis, más adelante veremos hostipitalidad y hospitalidad, amancia y amistad, etc.

            La clave del recurso de la homofonía es que, sonando igual en francés, la escritura es diferente, es decir, se ha dado una variación que la foné no ha detectado, lo que implica que, por una parte, se ha abierto una asimetría entre la escritura y la foné. Hay algo más en la escritura que la voz no ve, luego aquella no es mera representación de esta. Y por otra, que ese algo no constituye un tercer término independiente, sino que habita el considerado correcto, haciendo a la palabra inclasificable por las categorías presentes. Différance no es nombre, ni verbo, ni hecho, ni acción; es una ordenación, un acto de ordenar, y un ordenamiento. Dice-desdice la escritura fonética clasificatoria de presencias, las fluidifica y da oportunidad a lo irreducible a presencia a darse de una forma no presente, asediante.   

        archi-escritura, movimiento de la différance, archi-síntesis irreductible, abriendo simultáneamente en una única y misma posibilidad la temporización, la relación con el otro y el lenguaje”. 

        “Archi-escritura, primera posibilidad del habla, luego de la “grafía” en un sentido estricto, lugar natal de la “usurpación” denunciada desde Platón hasta Saussure, esta huella es la apertura de la primera exterioridad en general, el vínculo enigmático del viviente con su otro y de un adentro con un afuera: el espaciamiento.” [xxv] 

 

Des-sedimentación o diseminación.

           

            -Deconstrucción:

 

            Entonces, Derrida dice en Papel Máquina (2003) que “la deconstrucción sería quizá ‘la experiencia de lo imposible‘” según la Metafísica de la presencia.           

            El  “quizá” refiere a que a lo imposible no se lo puede provocar, sólo se le puede abrir espacio a que in-venga. Asimetría dislocada por: 

                                               “un pensamiento del origen y de los límites de la pregunta '¿qué es...?', la pregunta que domina a toda la historia de la filosofía.” [xxvi] 

        Que “analiza y cuestiona parejas de conceptos que se aceptan normalmente como evidentes y naturales” [xxvii] 

        Al pensar la genealogía estructurada de sus conceptos de la manera más fiel, más interior pero al mismo tiempo, desde cierto afuera por ella incalificable, innombrable, determinar lo que esta historia ha podido disimular o prohibir, convirtiéndose en historia por medio de esta represión que de alguna manera es interesada”. [xxviii] 

            Sería la des-sedimentación desde dentro de la jerarquía de los sentidos plenos autoproclamados originarios.

            Se siguen los límites del concepto hasta que, por su propia lógica conflictual, revierte sobre si como su otro excluido, del que siempre dependió, mostrando la indecibilidad entre sentido y sinsentido, lo clasificado y lo inclasificable.

            El sentido originario se disemina señalando su diferición interna. Algo escapa a la construcción. 

        “Diseminación no quiere decir nada en última instancia (…) marca una multiplicidad irreductible y generativa. El suplemento y la turbulencia de una cierta ausencia fracturan el límite del texto, prohíben su formalización exhaustiva y clausurante (…)” [xxix] 

            Es, precisamente, lo que hemos estado haciendo con los sentidos vigentes de la Metafísica de la presencia. Podemos señalar qué es deconstruir observando cada deconstrucción concreta, cada acontecimiento singular de abrirse a lo otro excluido de cada definición; pero no extraer un método presente de la deconstrucción porque es esta forma espacializante de estar en el pensamiento de la presencia sin reducirse a él. 

        “Su futuro radica justamente en que la 'práctica' sea transformada, desfigurada. Es obvio que si se somete a una fórmula normalizada e identificable, reconocida ya en un momento dado, entonces no debería tener futuro.” [xxx] 

            Por eso, en Carta a un amigo japonés (1985) donde intenta explicar cuál sería la forma de no traducir “deconstrucción”, la clave es que la traducción simétrica es imposible por ser la reducción del otro al mismo por segunda vez. La palabra japonesa que quisiera mostrar el acontecimiento que señala y es “deconstrucción”, tendría que ser una palabra presente-ausente irrepetible, auto-horadada, diferida de si, pura-impura, intraducible, al modo de hipóstasis, différance, hostipitalidad, etc.

 

Tambaleo del libro-origen de sentido: Apertura al texto como sistema de huellas: 

            Si Deconstrucción es:  

                                               “Lo que llega o no llega a llegar, a ocurrir, es decir, una cierta dislocación que de hecho se repite con regularidad [...] en lo que se denomina clásicamente los textos de la filosofía clásica, por supuesto y por ejemplo, pero asimismo en cualquier texto (…)” [xxxi] 

            Ya no rige la lógica de la identidad de un sujeto frente a un escrito-objeto al que ataca cogitativamente para descubrir su sentido, sino una lógica de la contaminación del X sin X.

            De la contaminación debido a la indecibilidad de la huella del otro en el mismo como otro, no reducido al mismo, desbordamiento constante del mismo por el otro visitante.

            Y del “X sin X” dado que la posibilidad de que un X se dé es la imposibilidad de que lo haga de forma pura, pues la pureza era resultado de la polarización.

            Vemos que la sacudida de la presencia y del sentido ha tambaleado al libro como:

        una totalidad, finita o infinita, del significante; esta totalidad del significante no puede ser lo que es, salvo si una totalidad del significado constituida le preexiste, vigila su inscripción y sus signos, y es independiente de ella en su idealidad.” [xxxii]           

            Y ahora tenemos texto, entendido como una “red diferencial”, un “tejido de huellas” que remite indefinidamente a algo otro [xxxiii]. Sistema de huellas del que también forma parte el sujeto, ya no como el centro de la acción voluntaria, sino como el que se abre pasiva y activamente a lo otro.

                                               La encentadura de la deconstrucción, que no es una decisión voluntaria (…) arranca de acuerdo con unas líneas de fuerza y con unas fuerzas de ruptura localizables en el discurso que hay que deconstruir.” [xxxiv]          

            Toda lectura es escritura, espaciamientos a excluidos en el sistema de huellas.

                                               “Escribir quiere decir injertar. Es la misma palabra. El decir de la cosa es devuelto a su ser-injertado. El injerto no sobreviene a lo propio de la cosa. No hay cosa como tampoco hay texto original.” [xxxv]

            Aunque atención, no todo es un espaciamiento: 

        “El suplemento de lectura o de escritura debe ser rigurosa­mente prescrito pero por la necesidad de un juego, signo al que hay que conceder el sistema de todos sus poderes”. [xxxvi]                                 

            El hecho de que esta estrategia o hábito de lectura-escritura espacializante no salga del texto y no tenga solución dialéctica es porque no hay afuera del texto, todo es inter-contaminación. De aquí que Derrida lo llame Materialismo no dialéctico.            

            Si nos fijamos se ha tambaleado otra noción a la par que la de libro, que es la de archivo. 

Tambaleo del archivo de presencias: Apertura al archi-archivo. 

            En Mal de archivo (1997) Derrida señala que el archivo logo-fono-céntrico de la presencia, se erige como lugar de la Ley del sentido del mismo, instituyendo, conservando y garantizando la repetitibilidad idéntica de los efectos de sentido.

            Los instituye porque los medios de archivación determinan los acontecimientos archivables, y con ello su herencia. Si sólo se archiva la presencia y la ausencia no, por inclasificable por tal medio, transmitirá lo tematizado, la segunda parte del gesto de tambalearlo abriéndose a la ausencia no. Si además se mantiene que lo archivado es simétrico a lo que se da, lo excluido desaparece sin dejar rastro presente. 

            Vemos que no era neutral la técnica de transmisión y almacenamiento de conocimiento como proponía el sistema de la presencia.  

            Con la lectura-escritura que propone Derrida se atiende al archivo de forma no sólo presente, dejando la asimetría a lo que en él aparece como ausencia, como su excluido que permite la vigencia de los sentidos presentes. Ha abierto espacio al archi-archivo de huellas presente-ausentes, que también es out of joint, pues mantiene “archivado” el espaciamiento de lo que jamás ha sido presente y siempre estará por-venir a la presencia. Ese espaciamiento es la promesa emancipadora a lo excluido ya venida, el tiempo fuera de quicio de una memoria del por-venir, de lo jamás presente. Y, dado que siempre quedan excluidos en todo dicho, porque son lo irreducible a presencia, el archi-archivo es abierto y la tarea de atender al resto, singular e infinita: 

                                               "[...] sin regla general ni regulada, sin respuesta otra que aquella que va ligada singularmente, cada vez, al acontecimiento de una decisión sin regla y sin voluntad en el transcurso de una nueva prueba de lo indecidible" [xxxvii] 

            Por eso el lector se hace parte del corpus del archi-archivo. Al no haber jerarquía entre original y suplemento, su lectura-escritura es sistema de huellas indecidible con el texto, porque aconteció inseparable a él.

            Un heredero que no fagocite al otro en el mismo, es lo que Derrida llama ser fielmente infiel al texto o ser fiel a los varios que componen el sistema de huellas del texto, no limitándose a la presencia que dice, quitando obstáculos a que se dé otro respecto a las categorías presentes de ese texto, abriendo espacio a la experiencia de lo imposible desde ahí, al acontecimiento impensable. 

            Esta es quizás la clave de Derrida: 

         "Más vale la apertura del porvenir: éste es el axioma de la deconstrucción, aquello a partir de lo cual siempre se ha puesto en movimiento, y lo que la liga, como el porvenir mismo, con la alteridad, con la dignidad sin precio de la alteridad, es decir, con la justicia. (…) Lo indeconstructible, si lo hay, sería la justicia.” [xxxviii] 

        «La justicia como relación con el otro ¿acaso no supone, por el contrario, el irreducti­ble exceso de una dis-yunción o de una anacronía, cierto Un-Fuge, cierta dislocación out of joint en el ser y en el tiempo mismo, una dis-yunción que, por afrontar siempre el riesgo del mal, de la expropiación y de la injusticia?” [xxxix] 

            Es decir, la justicia como el espaciamiento mismo a lo que escapa a la construcción, a la de-construcción. 

 

El por-venir de la deconstrucción: 

            Decíamos que la deconstrucción es el hábito de lectura-escritura interminable de atender constantemente a lo excluido de lo dicho, así que no se da un “tras la deconstrucción”, no se llega a la trasgresión definitiva porque no hay linealidad temporal, ni afuera neutro al que salir y empezar de cero; ni análisis final del elemento presente último; ni sistema alternativo, nueva jerarquización de una presencia de lo dicho.

            Si hay constante fluidificar petrificaciones presentes. Es imposible desanudar la huella originaria, siempre hay lanzamiento a lo indecible. 

            Lo que proponía Derrida era una Filosofía de lo indecible como forma de escritura que fuera registrando constantemente mutaciones paradigmáticas en la presencia, ya que la definición siempre es asimétrica y tambaleable.

            No hay complacencia intelectual, hay dialéctica ininterrumpida, experiencia singular de la no omni-abarcabilidad de la categorización constante y re-in-vención (=apertura constante a la in-venida de lo otro) singular de la respuesta a cada arribante irrepetible en constante dislocar el centro y descentrar el texto. 

            Se podría decir que sigue los a-principios de: 

            -Razón insuficiente: Dado que la asimetría entre explicación y hecho, acto y regla, es irreducible.

            -No indiferencia: Respetando lo irreducible, y abriendo espaciamiento en el sistema de la presencia al acontecimiento, espacios de trasgresión, incomodidad, inconformismo, con hostipitalidad incondicional.

            -Tratamiento igualitario a los accidentes y a lo excluido. 

            Para: 

            -Detectar aporías observando la heterogeneidad constitutiva de los conceptos.

            -Comprender las antitesis posibles, con compromiso moral absoluto por la elección ética ante lo indecidible y la incompletud sistémica.

            -Transgredir la experiencia esperable, desencadenar efectos de sentido: reenvíos inter-textuales, erráncia de significado, injertos, suplementos, gestos desapercibidos, elementos marginales, distintos encadenamientos discursivos que envíen al texto a lo catalogado por él como “el afuera” y descubrirle su afuera dentro.

            - Auto-sacrificio continuado de la infalibilidad constrictora de la presencia, sin capacidad de anticipación, sin posibilidad de inmunidad. Un antídoto contra el dogmatismo. 

            Esto hace que un texto des-sedimentante del sentido autoproclamado vigente, al final se fantasmice como un límite, pues diga el concepto que diga pertenecerá a lo dicho; lo no dicho siempre resta irreducible a la presencia de lo dicho.

            No se termina con un punto de vista, sino que enseña a ser punto de fuga.

            Cada deconstrucción es un acontecer singular irrepetible, una estrategia singular de lectura-escritura, en la que lector y texto son indecidible sistema de huellas, abriendo espacio a que lo otro in-venga, y si in-viene, que no es algo seguro, ser con lo a-categorizable.

            De aquí que, de la deconstrucción no haya conocimiento teórico de una presencia, sino teórico-practico del sistema de huellas que se es con el texto, conocimiento testimonial.

 

Conocimiento testimonial de la deconstrucción:

 

            Vimos que el uso indecidible del lenguaje testimonial era adecuado para señalar la huella. Por una parte, porque en él, el sujeto o el uno, que es el otro diferido, aunque utiliza un lenguaje de presencias, al hablar de si, habla de su remitencia al otro. Se afirma sustrayéndose, haciendo patente la alteridad inapropiable que es, consiguiendo señalar la huella sin reducirla a presencia. 

            En el nombre propio tenemos un ejemplo. Este debe funcionar en ausencia del referente, la posibilidad de ausencia del referente es intrínseca, es decir, apropia y desapropia en el mismo movimiento.  

            Lo mismo ocurre con la firma, que pretende ser un intento de dar validez “aquí y ahora” al nombre propio, avalándolo por la presencia plena del firmante. Pero, si el nombre propio de la presencia ya está constituido de ausencia, la firma también. Es una apertura a otra contrafirma, un sistema de huellas inter-contaminado desde el principio.  

            Por otra parte, lo testimoniado no es una verdad objetiva constatable, es algo indecidible entre creencia y verdad. 

        “dar testimonio en tu nombre, hablar de lo que es “tuyo” y de lo que no lo es, no me queda más que creer en tu palabra. (…) No se puede dar testimonio más que de lo increíble. (…) Increíble por ser solamente “acreditable”.” [xl] 

                               

            Y por último, es un pensamiento que no quiere-decir nada, sólo la confesión de la relación del existente con su posibilidad de desaparición, la dilución de la propia vida presente. Abre espacio al sujeto como sistema de huellas, como diferir vida-muerte en contaminación. Se acaba de tambalear la ética logocéntrica.

 

D. Ética:

Tambaleo del sujeto-mismo: Apertura al Mundo mismo-otro. 

         La Metafísica de la presencia generaba un sistema omni-explicativo del que se podían deducir una ética y una política.  

            En el caso de la ética se da una retroalimentación con la ontología indisociable.           Recordemos que la presencia plena era jerarquizada por encima de la ausencia plena por el deseo de presencia o de vida sobre la ausencia o muerte; deseo sólo formalizable una vez se ha polarizado el diferir del acontecimiento vida-muerte indecidible, el sujeto se ha identificado con la presencia, y cree poder elegir entre los efectos de sentido opuestos.

            En este sistema, la ética se concebía en términos de uno versus otro, relacionados por una lógica de la identidad económico-restitutiva de sus respectivas identidades excluyentes.

 

 

         La muerte del mismo:

 

            Observamos que al identificarse el sujeto con la presencia plena, o con su conciencia de si como reflexión continua-fragmentadora, tempo-lineal y acumulativa, queda definido lo otro como lo de afuera de ese sistema, el fin de la continuidad del tiempo lineal acumulativo. De manera que, al desear la presencia plena se desea no morir psicológicamente y esto es el sistema optando por si mismo.

 

            La ética logofonocéntrica es el sistema de la no comprensión de la ausencia-muerte, pues se basa precisamente en su exclusión, en catalogarla de sinsentido; quedando la asimetría originaria, que es el darse del acontecimiento, invisibilizada.

            Intentar usar esta ética para comprender la muerte significaría ser presa de la polarización vida versus muerte y querer extrapolar el sentido a lo que el propio sistema acaba de catalogar de sinsentido.

            Por eso la pregunta: “¿Cómo afrontar la muerte del mismo?”, no puede ser respondida, porque se está preguntando desde el sistema de la presencia, por algo que no se rige por tales categorías.

            Pero una vez tambaleada la presencia y vista la inter-contaminación de que la vida-muerte es un darse inelegible, out of joint, se abre espacio al Aprender por fin a vivir (2005).

            “Aprender” ya no es un aprender teórico de un sujeto respecto a un objeto, sino el testimonio teórico-práctico del acontecer- huella.

            “Por fin”, no respecto a linealidad, sino desde la ida y vuelta del diferimiento.

            Y “vivir”, ya no como un esfuerzo versus muerte, que ya no es vida desgastada, sino el asediante que permite el sentido del Mismo. A lo que se aprende es a supervivir más allá de las categorías vida/muerte, a ser el diferir que no responde a “¿Qué es?”. El saber-habérselas-con particular de un Hombre hiper-complejo sin origen ni destino, out of joint, fluidificador de las nociones petrificadas para aprender a ser con lo impensable cada vez.

 

         La muerte del otro:

            La muerte del otro tampoco es pensable por el método de la presencia, es la experiencia de lo imposible según este sistema. Si se intenta da contradicción, pues lo que se ha hecho es polarizar el diferir en una presencia calificable como lo otro, creando una idea de muerte petrificada como desaparición analítica de una presencia y el conflicto interno del deseo de continuidad.

            Las preguntas del pensamiento de la presencia son: “¿Qué puedo hacer? ¿Cómo puedo aprender a morir?”

            La forma de mantener la economía y la estabilidad del mismo es enterrar al otro, hacer duelo, neutralizarlo y asimilarlo, eliminando su hueco lo antes posible.

                                               “el trabajo del duelo, después de un trauma, la conjuración debería asegurarse de que el muerto no volverá: deprisa, hacer todo lo necesario para que su cadáver permanezca localizado, en lugar seguro, en descomposición allí mismo donde ha sido inhumado…” [xli]

        Pero, la muerte del otro es un acontecimiento singular que se es, no un objeto teórico que un sujeto pueda asimilar voluntariamente con su sistema del mismo. El otro siempre habita como lo excluido, como “una fantasmal reaparición de la que no consigue deshacerse el trabajo del duelo”. [xlii]

 

El mismo-otro indecidible:

         Para comprender esta relación de habitabilidad hay que entender que el otro, como explica Derrida en Políticas de la amistad (1998), es una singularidad que no ha estado ahí siempre y no lo estará. Inasimilable, asimétrico, irreducible, jamás presente por ser huella presente-ausente, otro origen del Mundo, otra entame, otro arranque diferente. No se puede hablar de él, sólo se puede hablar con él, ya que no es un objeto en frente, es sistema de huellas con el mismo desbordando su sentido. La relación con él es la asimetría. Hace trascender el concepto del mismo haciendo valer la Ley del otro. Por el otro se es el sistema de huellas o Mundo mismo-otro, la supervida no visible sólo desde el mismo (suponiendo que el mismo pudiera ser independiente).

            Vemos la lógica inter-contaminada, sin identidades estructuralmente centradas.

            Ya no es lógica de la invitación logocéntrica del uno fuerte hacia el otro débil o al menos no desordenador del orden del uno, sino de la visitación del otro dándose, desbordando la capacidad de acogimiento del mismo, haciéndole trascender en mismo-otro inter-contaminado.

 

            De aquí que Derrida utilice el término hostipitalidad, (“hostes” significa tanto rehén como anfitrión) porque el mismo se abre (=anfitrión) a la Ley del otro, al cálculo de lo incalculable, a la venida del otro como otro, a lo excluido inasimilable, para él desordenador (=rehén). 

        “Dentro de su pasividad sin arché de la identidad, la ipseidad es rehén. La palabra “Yo” significa “heme aquí”, respondiendo de todo y de todos.” [xliii] 

        “fantasma o (re)aparecido, sensible insensible, visible invisible, el espectro primero nos ve. (…) Sobre todo —y éste es el acontecimiento—, porque el espectro es acontecimiento, nos ve durante una visita.” [xliv]                                                                                

            Es una relación ya inclasificable en las categorías de amigo o enemigo, que serían diferencias polarizadas de la diferición; el amigo fraternal, viril y virtuoso versus el enemigo despreciable, la simple inversión del mismo. 

            Este indecidible entre amor y amistad es lo que Derrida llama diferidamente amancia:

        “Un amor de amistad (amancia) atraviesa la posible (imposible) comunidad de ultrahombres, un amor sin deseos de posesión y apropiación del otro, que experimenta “la condición de abrirse temblando al quizás”.” [xlv] 

            La relación de asimetría es que uno de los dos sobrevivirá al otro. Cuando se sobrevive al otro, se experimenta, por un lado, la falibilidad del sistema de presencia, pues ya no hay presencias entre las que hacer valer la razón económica, sino sinrespuesta absoluta y lo irrestituible; algo no presente an-económico. Momento en que se percibe la asimetría que unía al otro desde el principio, la incolmabilidad de cualquier respuesta, el hueco insaturable que estaba dando en su darse, el trascender el mismo, el Don irrestituible, la deuda infinita.

            Y por otro, al ver que el mismo es el otro diferido o diferente y viceversa, se comprende que el mismo sólo vive psicológicamente la muerte del otro; muere en el indecidible de él que es otro, allí donde él es otro.

            Es decir, el vivir la muerte del otro, es la singular desaparición del sistema de huellas que se es, del Mundo irrepetible que se formó entre mismo y otro, y que hizo trascender la noción de mismo, configurando un indecidible, sin poder dividirlo en sus partes componentes.

        “Por que cada vez, y cada vez singularmente, cada vez irremplazablemente, cada vez infinitamente, la muerte no es nada menos que un fin del mundo” [xlvi] 

            Aunque una de las partes del Mundo de huellas falte, era indecidible; no se puede separar qué partes eran del mismo y cuáles del otro. Por eso, cada sistema mantiene la ausencia que habitaba la presencia del otro, pues el mismo también es lo inasimilable del otro.

“Mi firma también está cortada, antes del da. Lo que se separa -cae por la borda- es también un pedazo del nombre del otro (da)” [xlvii]                                 

            En una frase de Paul Celan que Derrida solía citar:

“El mundo se ha ido, te tengo que portar.” [xlviii]

Por tanto, el “se” de Esperar(se) en la llegada (1992), que leído desde la presencia plena sería reflexivo, al no tener punto de presencia al que reflexionar sino sistema de huellas, remitiría al Mundo mismo-otro. Y como ya no tenemos un sujeto centro de la acción que realice el verbo, sería el darse.

 Al morir el otro, muere el mismo allí donde era otro, es decir, a ese “lugar” no presente, totalmente otro para el mismo, a donde ha llegado el mismo como otro, es donde se da que el mismo se espera a si como otro. Es la apertura del acontecer fuera de quicio

            De esto no hay escritura logo-fono-céntrica, sino testimonio inseparable del acontecimiento singular que retuerce el lenguaje sin distinguir géneros, valores de verdad o categorías por estar ante lo a-categorizable.

            Es el Don irrestituible de una escritura intraducible entregada a la des-sedimentación.

            Si lo tratamos sólo con la presencia se pierde su doblez, sin dejar rastro presente, pues jamás ha sido presente, siempre ha sido huella presente-ausente. 

            La imposibilidad de controlar ese “objeto” con la presencia, ha dado la asimetría para trascender la noción de mismo, abriéndolo a lo inasimilable.

            El abrirse a lo otro no acaba con el Hombre, sino que sacude la noción de Hombre-mismo que regía en ese sistema de la presencia, haciéndola trascender de si. 

            Derrida escribe en testimonio, en escritura de la diferencia. Por una parte, crea un archi-archivo de huellas; memoria de lo que nunca ha sido, ni será presencia; apertura interna a lo excluido por el sistema presente, “creadora” de lo incognoscible por éste. Y por otra, introduce al otro en el mismo (sin dirigirse singularmente al otro, pues hacerlo significaría predecir al lector desde el mismo, no siendo un otro improvocable entonces) desestabilizando el marco divisor entre dentro y fuera (=parergon) desplegando escenas teatrales singulares.

            Ha dejado su acontecimiento al alcance de cualquier lector, el cual intentará dar contrafirma simétrica a la firma de Derrida, pero no podrá, pues lo dado es la asimetría irreducible que su método de presencia no puede tratar, el desbordamiento de su sistema del mismo y la posibilidad de trascenderlo.

            Para responder justamente debe ser sistema de huellas con él, tambalear las presencias dichas; y seguir quitando obstáculos, manteniendo el espaciamiento otro dentro del sistema presente. Dar una contrafirma asimétrica e infinitamente exigente. Firma de otra contrafirma, dejando espacio a que llegue otro irreducible a las categorías de ahora, ya que siempre estamos dentro de lo dicho, y en su tambaleo concreto, abriendo al acontecer vírico de la des-sedimentación del sentido originario, la pluralidad del efecto, el espacializamiento: Doble gesto de decir ven a otro. 

        “Hay que proceder usando un doble gesto, según una unidad a la vez sistemática y como apartada de sí misma, una doble escritura, es decir, una escritura que es en sí misma múltiple” En este sentido es en el que se habla de la desconstrucción como una “doble ciencia”. [xlix]

 

 

Notas:

 

[xxi] Posiciones, Ed. cit., Pg. 56-59

[xxii] Márgenes  de la filosofía, Ed. cit., Pg. 47-49

[xxiii] La deconstrucción de la Actualidad. Ed. cit.

[xxiv] Como si fuese posible. Ed. cit.

[xxv] De la Gramatología. El afuera es el adentro. Ed. cit.

[xxvi] "Qu'est-ce que la déconstruction?", en Le Monde, 12           octobre 2004. Propos recueillis par R.-P. D. Edición digital Derrida en castellano.

[xxvii] No escribo sin luz artificial, Ed. cit., Pg. 136.

[xxviii] Posiciones, Ed. cit., Pg. 15.

[xxix] Posiciones. Ed. cit.

[xxx] No escribo sin luz artificial, Ed. cit., Pg. 178-179.

[xxxi] (El resto, entre Nietzsche y Derrida. Mónica Cragnolini. “Une ‘folie’ doit veiller sur la pensée”, en Points de suspension. Entretiens. Paris, Galilée, 1992, p. 367-368.

[xxxii] La Gramatología: El fin del libro y el comienzo de la escritura. Ed. cit.

[xxxiii] Deconstrucción. Cristina de Peretti. Entrada. Diccionario de Hermeneutica. Ed. cit.

[xxxiv] Posiciones. Ed. cit. Pg. 109.

[xxxv] Se ruega insertar. Ed. cit.

[xxxvi] La diseminación. Pg. 93-94.

[xxxvii] Pasiones, Ed. cit., Pg. 41.

[xxxviii] La deconstrucción de la Actualidad. Ed. cit., Pg. 70.

[xxxix] Espectros de Marx, Ed. cit., Pg. 41-42.

[xl] El monolingüismo del otro. Ed. cit.

[xli] Marx e hijos. Ed. cit.

[xlii] Marx e hijos. Ed. cit.

[xliii] "Palabra de acogida", en Adiós a Emmanuel Lévinas. Palabra de acogida. Madrid, Trotta, 1998, p. 77. Se trata de una cita recogida por Derrida de E. Lévinas, Humanismo del otro hombre. Madrid, Caparrós, 1977, p. 183.

[xliv] Marx e hijos. Ed. cit

 

Bibliografía:

 

         DERRIDA, J. El monolingüismo del otro o la prótesis de origen. Traducción de Horatio Pons. Manantial, 1997.

            DERRIDA, J. De la gramatología. México: Siglo XXI, 1998.

            DERRIDA, J. Márgenes de la Filosofía. Traducción de Carmen González Marín. Madrid: Cátedra, 1998. 

            DERRIDA, J. No escribo sin luz artificial. Traducción de R. Ibáñez y M. Pozo, Valladolid: Cuatro ediciones, 1999.

            DERRIDA, J. Posiciones. Traducción de M. Arranz. Valencia: Pre-textos, 1977.

            DERRIDA, J. Mal de archivo. Una impresión freudiana. Paris: Galilée, 1995.  

           DERRIDA, J. Aprender por fin a vivir. Entrevista con Jean Birnbaum. Buenos Aires. Madrid: Amorrortu Editores, 2006.

            DERRIDA, J. Esperar(se) en la llegada. Traduccción de Cristina de Peretti, en Aporías. Morir -esperarse (en) los «límites de la verdad», Paidós, Barcelona, 1998, pp. 77-130. Edición digital de Derrida en castellano.

            DERRIDA, J. El libro por venir. Traducción de Cristina de Peretti y Paco Vidarte. Edición digital de Derrida en castellano.

            DERRIDA, J. Espectros de Marx: El estado de la deuda, el trabajo del duelo y la nueva internacional. Traducción de José Miguel Alarcón y Cristina de Peretti. Valladolid, 1998. Edición digital Derrida en castellano.

            DERRIDA, J. Marx e hijos. Texto de 1998, en «Demarcaciones espectrales. En torno a expectros de Marx, de Jacques Derrida», Michael Spinker (ed.), Trad. de Malo de Molina, A. Riesco y R. Sánchez Cedillo. Trad. de Malo de Molina, A. Riesco y R. Sánchez Cedillo. AKAL, Madrid, 2002, pp. 247-306. Edición digital de Derrida en castellano.

            DERRIDA, J. Pasiones. (“La ofrenda oblicua”). Traducción de Jorge Panesi. Universidad de Buenos Aires. Edición digital: Derrida en castellano.

            DERRIDA, J. Como si fuese posible. Revue Internationale de Philosophie 3 (1998), «Derrida with his Replies». Traducción de C. Peretti y P. Vidarte. Edición digital de Derrida en castellano

           - PERETTI, C. Deconstrucción. Entrada del Diccionario de Hemenéutica dirigido por A. Ortiz-Osés y P. Lanceros, Universidad de Deusto, Bilbao, 1998. Edición digital de Derrida en Castellano

           - VIDARTE, P. (Se ruega insertar) Prière d´insérer. Publicado en: Volubilis. Revista de Pensamiento. nº 3, Marzo 1996. UNED. Melilla. 

            - Deconstruir la actualidad. Entrevista con Jacques Derrida (Passages, n° 57, septiembre de 1993, pp. 60- 75). Palabras recogidas por Stéphane Douailler, Émile Malet, Cristina de Peretti, Brigitte Sohm y Patrice Vermeren. Trad. C. de Peretti. El Ojo Mocho. Revista de Crítica Cultural (Buenos Aires) 5 (Primavera 1994). Edición digital de Derrida en castellano.

 

 

 

 

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