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Jacques Derrida: Ontología y lingüística

 

Esther Zarzo

Resumen

            En el presente artículo profundizamos en la diseminación de Jacques Derrida. Ese “modo de estar” en la Metafísica onto-teológica de la presencia logo-fono-céntrica sin reducirse a ella, considerando el acontecimiento como presencio-ausencial.

            Derrida no contempla un afuera neutro al sistema de la Metafísica fonocéntrica, por lo que ni la eliminará ni planteará una doctrina alternativa, sino que constantemente retomará el doble gesto de “decir” y “no reducirse a lo dicho”, con el hábito de lectura-escritura des-sedimentante de la jerarquía de efectos de sentido vigente, abriendo una asimetría para la in-venida del otro, habitante asediante indecidible. ( ).

            Explicitamos los tambaleos de la Metafísica de la presencia por dimensiones.

            Comenzaré por la ontológica, donde estudiaré cómo desde el cuestionamiento de la polarización presencia originaria versus ausencia abre espacio a la huella- différance out of joint.

            Seguiré por la lingüística y la des-sedimentación del signo fonocéntrico, alumbrando el sistema de huellas de la Gramatología.

            Pasaré entonces a la epistemología, analizando la solicitación del pensamiento del origen y el espaciamiento al pensamiento de la diferencia como desplazamiento, y de la repetición como alteridad. Aquí trataré los zarandeos de la noción de libro, abriendo hueco al texto; la de archivo, aflorando el archi-archivo de lo por-venir; y la de conocimiento, asediando el testimonio teórico-práctico del sistema de huellas y la herencia.

            Por último, explicitaré cómo la dislocación de la noción sujeto-identidad sacude la dimensión ética, habitando la lógica de la visitación del sistema de huellas mismo-otro, y la relación de deuda infinita y amancia.

 

1. Introducción:

 

            En la década de los 70, surge en Francia un interés aparentemente general por las nociones de novedad, acontecimiento, ruptura, discontinuidad, alteridad, repetición, etc. dándose relecturas de autores como F. Nietzsche, S. Freud y M. Heidegger, quienes si percibían tales nociones, pero no podían explicarlas con sus sistemas.

            ¿Por qué no las podían explicar? ¿Qué no contemplaban? ¿Cómo se podía pensar lo que se les escapaba? 

            Varios autores intentarán, desde distintos puntos, atender a lo que escapa al sistema de la representación por su propio funcionamiento, a lo “más allá” de lo decible, de lo experimentable, o de lo recibible por él. Describirán lo que consideran el discurso representativo tradicional para después ver qué queda “más allá”. 

            Michel Foucault (1926 Francia- 1984) en Las palabras y las cosas: una arqueología de las Ciencias Humanas (1966), analiza el Pensamiento clásico y el moderno, considerando ese “más allá” del sistema con una arqueología de las discontinuidades en las sujeciones base de la autoproclamada “continua” Historia de la ratio occidental. 

            Gilles Deleuze (1925 Paris- 1995) en Mil Mesetas (1980), describe la imagen del Pensamiento dogmático como el espacio estriado o métrico de un ámbito doble indivisible del espacio liso u ocupación-sin-contar, inter-mantenidos en una Metafísica de flujos o fuerzas plurales en tensión, que producen efectos de identidades o sentidos excluyentes, permitiendo concebir la inter-contaminación del adentro y el afuera. 

            Emmanuel Lévinas, (1906 Lituania- 1995), expone lo que considera el sistema de la totalidad en Totalidad e infinito. Ensayo sobre la exterioridad (1961), y propone ir “más allá” de él, no con una operación del Pensamiento totalizante, sino como vacío respecto a tal: una Heterología pura en la que partiendo de la revelación del otro concreto infinito, se da la relación ética como otro modo que ser

            En cambio, Jacques Derrida (1930 Argelia- 2004), tras explicitar lo que llama la Metafísica de la presencia logo-fono-céntrica, considera imposible salir a un afuera de la representación, por lo que lo excluido de tal sistema habita asediantemente: una Heterología inter-contaminada. Su propuesta será el modo de abrir espacio a tales indecidibles.

           Lo que hará es, sin salir del sistema, estudiar las oposiciones base, supuestamente neutrales; cómo se articulan las fuerzas que las mantienen y en base a qué se estratifican. Irá detectando que tales polaridades no son naturales, sino resultado de realizar identificaciones excluyentes y jerarquizarlas arbitrariamente.

            En el momento en que las oposiciones base se desvelan no simétricas a la Realidad, se tambalea su supuesta omni-abarcabilidad, abriéndose un espacio dentro del sistema, propicio para la intervención activa de un pensar no limitado a sus categorías, pudiendo atender a la diferencia a través del valor por oposición, no sólo en función de identidades excluyentes.

            Si se concibiera la identidad como fruto de diferir de si misma, señalando que lo catalogado por el sistema como radicalmente otro está dentro, se podría pensar diferencialmente la diferencia como desplazamiento y la repetición, no como repetitividad tempo-lineal de una identidad, sino como repetición-acontecimiento singular irrepetible. 

            Estos autores no dicen lo mismo, ni hay linealidad entre ellos, pero todos intentan no partir del sistema de la identidad tempo-linealmente originaria, que limita toda comprensión a la representación de presencias.           

2. Contexto histórico y testimonio de Jacques Derrida 

            Derrida relata su experiencia como indecidible francés de origen judío argelino nacido en El-Biar, (Argelia, 1930), en El monolingüismo del otro (o del huésped) o la prótesis de origen (1996).

            Como colonizado, tiene la identidad y la lengua del colonizador (=hegemonía de lo homogéneo auto-proclamada la Ley del sentido, original, transparente y natural), con las que no se puede identificar ni sentir suyas, pues se las dan y se las quitan según el orden vigente.          

        “No tengo más que una lengua y no es la mía.”[1].                                                          

            Se encuentra en la supuesta dicotomía de aceptar la limitación al concepto impuesto y vivir protegido gregariamente con los demás excluidos, o intentar socializarse, sufriendo la inclasificabilidad y exclusión por ambas partes. 

            En 1952 comienza sus estudios de Filosofía en París, Francia, donde se perfilan dos matices indivisibles de su obra. 

            Por una parte, comienza su especialización en Edmund Husserl (1859 Alemania- 1938), y la fenomenología, publicando en 1962 Introducción a El origen de la geometría de Edmund Husserl, cuyos desbordamientos veremos más abajo.

            Por la otra, cuando llega a Francia, la metrópoli origen del sentido que había dominado Argelia a distancia, descubre que el origen justificador de su identidad no es presente en ningún punto, sino que en el lugar de la “supuesta pureza” hay identidades plurales no homogeneizables. Donde debería estar la tesis auto-mantenida, hay prótesis, es decir, el sentido originario se erige auto-justificador ocultando que no es presencia pura.

            Esta experiencia le da la distancia necesaria para tener identidad y lengua francesas, sin estar absolutamente identificado con ellas o limitado por ellas. 

            Consciente de que sólo puede hablar desde dentro de esa lengua, pues no hay afuera neutro al que salir para empezar de cero, ya que siempre se está hablando en alguna lengua y excluyendo su otro; pero también de que por su propio funcionamiento dice lo decible por ella, y se deja lo indecible por ella, hace siempre el doble gesto- double bind de “decir” y “no identificarse con lo dicho”, respetando la asimetría entre lo decible por las categorías de su lengua y lo indecible por ellas, que también se da. Tambalea, no elimina, lo dicho, manteniendo un espaciamiento en el sistema de lo dicho, que permita la in-venida de lo otro a lo decible por ese sistema en su forma propia.

            Por eso mantiene que la posibilidad de hablar una lengua es la imposibilidad de hablarla de forma pura, pues siempre está contaminada por su indecible que la habita como lo excluido que permite la vigencia del sentido del mismo

        “Nunca se habla una sola lengua, o más bien no hay idioma puro.” [2]

            En ese doble gesto, según Jacques, se es realmente “fiel” a la lengua, no hablando sólo lo presente, sino dando espacio a lo que la asedia, siendo “infiel” o negligente con la negligencia. 

        “Si se quiere afectar a la lengua de algún modo es necesario hacerlo de manera refinada, respetando en la irrespetuosidad su ley secreta. Es eso, la fidelidad infiel: cuando violento la lengua francesa, lo hago en el refinado respeto de lo que considero una inyunción de esa lengua, en su vida, en su evolución.” [3]                                                          

            Abre espacio al acontecimiento singular irrepetible de ser con lo otro que in-venga.            

            Nótese que, si ya el idioma “original”, al decir, se deja lo indecible; en la traducción, que es sólo de lo dicho, se traducirían las categorías lingüísticas dichas, no el acontecimiento de tratar con lo indecible. Sería la segunda reducción de lo indecible. Es por lo que la traducción no es un tema entre varios para Derrida, sino la preocupación de mantener el espacio a lo otro a lo decible. 

3. Hipóstasis: Diferir de la Metafísica de la presencia arje-onto-logo-fono-tecno-antropo-céntrica. 

            Si hemos entendido la prótesis en el origen, comprenderemos que Derrida no comience por una hipótesis plenamente presente a si misma, sino con un “diferir” respecto a la presencia plena, porque está tematizando el espaciamiento. De ahí el término hipóstasis: “Hipótesis” pero diferida de si, desplazada internamente de su identidad pura y simple, como un origen encentado. 

                                         “la presentación de la hipótesis no se presenta. La hipótesis o la tesis no se plantea. Si se planteara o se presentase lo haría, al menos, sin manifiesto ni automanifestación. Sin presentarse en el presente, toma, sin embargo, como suele decirse, posición -su «posición» o más bien su «suposición», a saber, la «responsabilidad» así considerada- como una transformación…” [4] 

 

3.1. La Metafísica de la presencia: 

            En 1967 Derrida publica De la Gramatología, La voz y el fenómeno y La escritura y la diferencia, en las que describe lo que considera el núcleo de la tradición filosófica occidental, explicitando sus oposiciones base, lo que él denomina: La Metafísica onto-teológica de la presencia logo-fonocéntrica. 

            Según Derrida, la Metafísica del discurso tradicional plantea la pregunta por el ser en la forma, “¿Qué es X?” y se proclama neutral, basándose en la supuesta cesura ontológica natural entre presencia y ausencia como entidades exclusivas y auto-mantenidas por relaciones económico-restitutivas de sus respectivas identidades. 

            -“Presencia” entendida como sustancia, punto de existencia “aquí y ahora”, con origen pleno tempo-lineal; quedando “ausencia” definida como la no-sustancia, no- existencia, final de la degeneración de la presencia, sólo contemplada como lo in-contemplable. 

            Se dan entonces las identificaciones de: 

            -Presencia, vida, origen pleno, sentido originario, lo conocido- cognoscible, lo dicho, el mismo, el sujeto versus ausencia, muerte, origen perdido, sinsentido, lo incognoscible, lo no-dicho, lo otro al mismo, lo no-sujeto. 

            -Un mismo como sujeto, centralización de atributos propios, núcleo de la actividad autónoma, voluntaria, responsable y racional. Y un otro, como el Mundo extra-humano, inevitable, y objetivado. 

            Surge así, un Pensamiento del tacto de un sujeto frente a un Mundo, en el que el sujeto es el origen del sentido, ya que su voz (foné), presentifica plenamente la conciencia a si misma, haciéndose consciente del sentido transparente del decir y del querer decir. La voz emitiría significantes fónicos representantes de unos significados presentes en la conciencia, cuya referencia directa al Mundo fenoménico (onto), por lógica de la identidad (logo), fundamenta una noción de Verdad como correspondencia entre significante fónico y significado interior, posibilitando el ataque cogitativo a la Realidad objetivada, buscando la presencia original (arjé), garante del valor veritativo.

            Posteriormente, los significantes fónicos pueden ser representados por los signos gráficos de la escritura fonético-alfabética, técnica auxiliar acumuladora de información, que por estar sometida al cambio empírico del afuera al sentido interno, y ser susceptible de perderse en interpretaciones, carecerá de valor de verdad. 

            Esta primacía de la voz (foné), por su supuesta relación directa con el sentido interior inteligible (lógos), es a lo que Derrida llamará Logo-fono-centrismo. Pensamiento antropo-teológico, erigido sobre la premisa metafísica de que el Hombre es el centro de presencia del sentido originario o Lógos absoluto. Lo que justifica la acción expansiva desde el interior, y el trato imparcial, científico y académico de los propios límites, asimilándolos constantemente, en vistas a alcanzar un sistema enciclopédico omni-explicativo/predictivo como traducción simétrica de la Realidad, del que se puedan deducir la ética (antropo) y la política (tecno).

            Es decir, una ética que relaciona identidades excluyentes económico-restitutivamente; y una política con una democracia de la hospitalidad condicional y economía restitutiva, mantenidas por el Estado soberano y convenciones internacionales, cuya justicia, reducida a hacer cumplir la Ley del derecho, está amparada en el uso autorizado de la fuerza, por un supuesto privilegio ontológico. 

            Pero, esta supuesta coexistencia pacifica y jerarquización neutral de “presencia versus ausencia”, “interior versus exterior”, “sentido originario versus sinsentido empírico”, ¿es natural? 

3.2. Tambaleo de la Metafísica de la presencia.            

            Derrida sospechará de cualquier jerarquía que se planteé natural.  

            Hemos visto que en la onto-teología logo-fono-céntrica, la cesura ontológica (presencia/ ausencia), la lingüística (voz/ escritura) y la epistemológica (verdad interior inteligible/ pluralidad exterior sensible) se inter-justifican por una supuesta naturalidad. Si se da algún “tambaleo”, la “sacudida” será simultánea en todas las dimensiones. 

Dimensiones:            

A. Onto-teológica:

Tambaleo de presencia original versus ausencia: Espaciamiento a la huella presente-ausente out of joint. 

            Cuestionamiento de la pregunta autoproclamada neutral: “¿Qué es X?” 

            - Dimensión ontológica: La huella. 

            Es en De la Gramatología (1967) donde Derrida señala que en esta pregunta se está atendiendo al ser del ente en tanto que presencia. Reducción, que al auto-proclamarse pregunta neutral por el ser, ha eliminado todo espacio a imaginar otro tipo de pregunta y por tanto, de respuesta.

            Si nos fijamos, la definición de presencia es exactamente la relegación de la ausencia. No es que se hayan formalizado imparcialmente dos opuestos coexistentes, sino que de una doblez indivisible se ha definido una dualidad, resultado de polarizar una presencia-ausencia que por si era indecidible. Oposición en la que el sujeto, creador de tales efectos de sentido, se ha identificado con la presencia, y se ha auto-elegido, oponiéndose a la ausencia, relegando teológicamente a la muerte, definida como paso del existir al no-existir, analítico-existencial bio-ántropo-tánato-teológica, es decir, como lo otro-fuera del sistema. Jerarquización valorativa que, según Derrida, fundamenta del Pensamiento del origen. 

            En un ejemplo. Es como si de una huella, marca o traza, se polarizarán la marca y la presencia origen de tal marca, y se implantara “la subordinación de la huella a la presencia plena”[5]; siendo que la huella “no se deja resumir en la simplicidad de un presente”, precisamente la presencia-ausencia de la huella, es aquello que no tendría que llamarse su ambigüedad sino su juego” [6]. 

        “La huella, donde se marca la relación con lo otro, articula su posibilidad sobre todo el campo del ente, que la metafísica ha determinado como ente-presente a partir del movimiento ocultado de la huella. Es necesario pensar la huella antes que el ente. Pero el movimiento de la huella está necesariamente ocultado, se produce como ocultación de sí.” 

        “la huella es la différance que abre el aparecer y la significación.” [7]

            Por tanto, los sentidos opuestos son resultado de un proceso de exclusión, en el que partiendo de la percepción de un otro respecto a un mismo, o de un movimiento de ida y vuelta de lo mismo conocido hacia lo otro incognoscible; una polarización de ese movimiento de diferición originario entre presencia y ausencia inseparables, dando dos definiciones-diferencias enfrentadas, exclusivas y estáticas; y una jerarquización moral por el deseo de la presencia plena, disfrazada de jerarquía ontológica. 

            - Mismo/ otro.

            - Presencia/ ausencia.

            - Vida/ muerte.           

            Con estos efectos de sentido trabaja el sistema. No son erróneos, pero no son neutrales, ya que al limitarse a presencia, dejan fuera del sistema, por irreducible a las categorías de presencia o ausencia, al propio movimiento de la diferición entre ellas, y puesto que el sistema se pretende omni-abarcante, queda catalogado como subproducto de la Realidad, siendo que si se da.

            - El mismo es el diferir de su identidad plena, su propio lanzamiento al otro. Es el otro diferido o diferente.

            - La presencia es la ausencia diferida o diferente y viceversa.

            - La vida es la muerte diferida o diferente, y al revés pues la muerte ya aconteció al aparecer la vida. Son indecidibles por inter-contaminación.  

            Creer que los conceptos presentes son neutrales o naturales, es ser presa de la llamada en Márgenes de la Filosofía (1972), Mitología blanca, identificándose con los límites de un sistema parcial, que no soluciona todos los problemas, anula la posibilidad de imaginar lo que no soluciona y por tanto el abrir nuevas soluciones, dándole a lo no conceptualizable impunidad en la práctica. 

            Derrida no anula el Pensamiento de la presencia planteando otra jerarquización alternativa, con su consecuente limitación a esa nueva presencia; sino que muestra la no omni-abarcabilidad de las categorías de la presencia y cómo tratarlas con cierta distancia, para seguir el movimiento de diferición y las sendas cuya exclusión ha llevado a la vigencia de esos efectos de sentido. O lo que es lo mismo, abre desde dentro la asimetría entre la huella presente-ausente y la Metafísica de la presencia, permitiendo que lo excluido se dé.  

        “un modo de habitar las estructuras metafísicas para llevarlas hasta su límite: solicitación (en el sentido etimológico de “hacer temblar”) que permitirá que dichas estructuras muestren sus “fisuras””.[8] 

            Sería la forma de atender a lo que la Metafísica de la presencia conceptúa y a lo que excluye por su propio funcionamiento, pues la primera reducción obliga a un doble gesto constante de decir y no reducirse a lo dicho, en un corrimiento general del sistema, ya que de la huella presente-ausente siempre resta lo irreducible a presencia.                                              

                  

* Resto:         

            -Este resto irreducible a presencia es inasimilable, inapropiable e im-provocable por incognoscible desde tal sistema. Es, precisamente, lo que hace trascender la noción de mismo, lo que no es “ser mismidad”.

            Nunca va a ser presente, por tanto, se puede decir que siempre va a estar por-venir a la presencia, pero nunca llegará. Es un indecidible. 

        “El resto no 'es', porque no es lo que permanece,(…) una iterabilidad más bien, que ya no se anuncia sólo a partir del ser o de la enticidad.(…) lo que puede desaparecer.” [9]           

            Es lo que, sin ser presente, se da asediando el discurso de la presencia como el excluido, que, por un lado, posibilita el sentido pleno de las diferencias; y por otro, resta clamando sentido, aunque sea irreducible a cualquier sentido que el mismo intente darle. 

            Por tal modo de ser presencio-ausencial, siempre está amenazado por la presencia fagocitadora a ser reducido a ella, pudiendo desaparecer sin dejar rastro presente, pues jamás ha sido presencia.  

            La preocupación de Derrida es precisamente no fagocitar al resto manteniendo su espacio: la asimetría irreducible a la presencia. 

            Vemos que este movimiento de ir y volver ha tambaleado la noción de tiempo logo-fono-céntrica, lo que nos permite pasar a la dimensión teológica.  

            -Dimensión teológica: Out of joint (=fuera de quicio).           

            *Out of joint temporal: 

        “La huella no es sólo la desaparición del origen; quiere decir aquí ― (…) ― que el origen ni siquiera ha desaparecido, que nunca ha sido consti­tuido más que después por un no-origen…” [10] 

            La huella presente-ausente, no se rige por el tiempo lineal de la presencia plena que iba degenerando hacia la ausencia plena, sino que es un tiempo “fuera del quicio” de estas polarizaciones. No parte de un origen, ni se reduce a un presente, se da, va y vuelve, asedia, es indecidible. Es acontecimiento presente-ausente difiriente del propio darse, auto- espaciamiento y temporalización

            Para referir a ese tiempo inclasificable por las categorías de la presencia, Derrida recurre a “out of joint”, término auto-horadado que el dramaturgo y poeta William Shakespeare (1564 Inglaterra- 1616) utiliza en Hamlet (1600) para referirse: 

                                               “al hecho de que todo no se puede reunir en un presente homogéneo. (…) el tiempo está out of joint, designando de este modo, a la vez, la temporalidad y ese tiempo, ese mundo fuera de sus goznes y, por lo tanto, disyunto. Se trata aquí de hacer que algo suceda al/en el presente, cambiando el orden y el tiempo.” [11] 

            El comentario de Jacques sobre El instante de mi muerte (1994) de Maurice Blanchot (1907 Francia- 2003), lo aclara meridianamente.

            Cuenta que el protagonista, el propio Blanchot, está frente al pelotón de fusilamiento y en el último momento es liberado:

“el instante de mi muerte desde entonces siempre pendiente.” [12]

            El que va y vuelve a su muerte se encuentra con que su muerte ya ha acontecido. A partir de entonces, está en un contratiempo en el que, siendo presente la vida, la ausencia plena también está asediando a la presencia de una forma no presente, sino constantemente diferida.

El protagonista ya no es clasificable por el tiempo de la presencia, es un presente-ausente indecidible con otros presente-ausentes out of joint.

* Out of joint Espacial:

            Como podemos ver, también se ha tambaleado la noción de espacio.

            En La palabra soplada y El teatro de la crueldad y la clausura de la representación, de La Escritura y La Diferencia, o en Sacrificio (1993), Derrida tambalea la noción de espacio limitado a la representación de la presencia con la puesta en escena de la dislocación que ve en el teatro de Antonin Artaud (1896 Francia -1948).

Aquel que apuesta por el impacto violento en el espectador. Para ello, las acciones, casi siempre violentas, se anteponen a las palabras, liberando así el inconsciente en contra de la razón y la lógica”.[13]

La experiencia de Antonin, según Derrida, fue llegar al im-poder seguir pensando en presencia plena y tener que tratar con lo borroso-indecible que habita entre las palabras, que ahora parecen auto-erosionadas en su centro.

Llegó a donde la inspiración falla, a donde no hay musa que sople las palabras del sentido originario en presencia plena y se comprende que ésta era un efecto de polarización de un origen diferido de si o encentado (=entame). Cosa que se experimenta como el auto-horadarse del sentido o como el robo de una presencia que, en realidad, nunca se ha tenido. A lo que Antonin llama: Crueldad. 

De ahí que en el Teatro de la crueldad intentara afirmar esa necesidad ineluctable, y producir espacio, no limitado a las nociones del Hombre logo-fono-céntrico, ni a la palabra transparente, articulada y lineal, liberándolo de ser la ilustración de un discurso de sentido.

Aprovechaba el out of joint del teatro y la indecidible actitud del público de creer y no creer lo que acontece, abriendo espacio a un darse de la obra sin autor original, sin director tempo-espacial, sin actor instrumental, sin público consumidor pasivo; sólo la puesta en escena de la dislocación. Generar efectos de sentido al espaciar, sin necesidad de origen, ni destino presentes, posibilitando un espacio para que in-viniera lo otro, donde saber-habérselas-con lo inasimilable e inconsumible.  

A pesar de todo, Artaud no consigue tambalear el deseo de presencia plena, pues lo que pretendía era precisamente “provocar” lo que se escapa, lo otro, lo atematizable con un gesto absoluto como diferencia pura, sin dejar presencia detrás, restaurando la integridad de lo dislocado, irrepetible, ilegible, del acontecimiento asistemático, im-provocable e irrestaurable. Intento abortado desde el principio, pues no se puede conflagrar la huella presente-ausente, ya que no se da de una vez en un punto presente, es un sistema de huellas de huellas, lanzamiento al otro constante, nunca simétrico. Lo que no deja presencia detrás es la ausencia y ésta habita. Es lo impensable desde la presencia y por tanto, improvocable desde ella, sólo se le puede abrir espacio y dejar que in-venga como otro. 

Aún así, Derrida hereda el no limitarse al tiempo-espacio logo-fono-céntrico de la presencia plena y el partir de la huella diferida con su espaciamiento out of joint a lo no contemplado por el sistema de la presencia.  

        “El arte del contratiempo es también un arte de lo político, un arte de lo teatral, el arte de dar la palabra a contratiempo a aquellos que, en los tiempos que corren, no tienen derecho a la palabra.” [14] 

    Estas sacudidas de las nociones de tiempo-espacio en las que transcurría linealmente la presencia plena, va a hacer temblar todo el edificio de la Metafísica de la presencia. Como veremos en La juntura de De la Gramatología, la linealidad de presencia a ausencia es lo que une la Metafísica y su técnica; la noción lineal de la voz y su escritura, significantes de naturaleza auditiva limitados a la sucesión lineal.

 

B. Lingüística:

Tambaleo del signo logo-fono-céntrico: Espaciamiento al sistema de huellas. 

            En De la Gramatología y en La voz y el fenómeno es donde trata el signo logofonocéntrico.

            Esta vez explicitará las oposiciones base de la lingüística, para dislocar su proclamada simetría explicativa.           

             Analiza el signo desde el Estructuralismo y la Fenomenología con F. Saussure y E. Husserl. 

            El lingüista Ferdinand de Saussure (1857 Suiza- 1913) consideraba que la lingüística del Siglo XIX no cuestionaba el funcionamiento del lenguaje, así que propuso analizarlo estructuralmente.

            En su Curso de Lingüística General (1917) define “lenguaje” como un sistema formal de diferencias y oposiciones entre signos sincrónicos, cuya significación es fruto de la diferición con el resto de los elementos del sistema.

            En el signo se podrían distinguir un componente material o imagen acústica (=significante) y otro mental o idea (=significado), inseparables pero jerarquizados. El primero es arbitrario respecto al segundo, que estaría unido de forma natural al sentido. 

            Como podemos observar, esta jerarquizazión es presa de la Metafísica de la presencia y las dicotomías de interior/exterior, motivo por el cual considera al habla expresión directa del sentido, y único objeto de la lingüística, quedando la escritura como mera representación de aquella.            

            Por eso, Derrida, en La fenomenología y la clausura de la metafísica.
Introducción al pensamiento de Husserl
y en La escritura y la diferencia atiende a Edmund Husserl (1859 Alemania- 1938) y la Fenomenología que:       

intenta sin cesar conciliar la exigencia estructuralista que conduce a la descripción comprensiva de una totalidad, de una forma o de una función organizada según una legalidad interna, y en la que los elementos no tienen sentido sino en la solidaridad de su correlación o de su oposición, con la existencia genetista, es decir, el requerimiento del origen y del fundamento de la estructura.” 

        “es una filosofía de las esencias consideradas siempre en su objetividad, su intangibilidad, su aprioridad; pero, en el mismo gesto, es una filosofía de la experiencia, del devenir, del flujo temporal de la vivencia, que es la última referencia.” [15]

            Husserl siguió varias etapas en su definición de la dialéctica que, según él, mediaba entre historia y estructura buscando el origen de la idealidad.

            Finalmente, intentando no caer en génesis psicologistas o fácticas, ni en estructuralismos a lo Dilthey o del tipo Gestalt, recurrió a la reducción eidética como neutralización de concreciones. Tal epojé permitiría atender a lo que llamó las cosas mismas previas a la especulación, tanto sensibles como inteligibles; consideradas intuiciones de las esencias a priori necesarias, fenómenos de la conciencia no empírica; estructura originaria de la intencionalidad trascendental como unidad entre pasividad y actividad y base de toda posible exactitud.

            Que la Fenomenología no fuera una ciencia exacta clausurable, demostraba que era la propia apertura: la hyle o pasividad no intencional de la vivencia y el contener el noema, la objetividad de un objeto, pero que no le pertenece.

            La relación pensamiento-lenguaje es que el lenguaje es la expresión de un adentro consciente, de un sentido originario por intuicionismo trascendental, a través del signo (=intermedio entre significante y significado) que le permite separarse totalmente de la contingencia que lo constituye, haciéndolo transmisible.

            Pero fijémonos en las preguntas iniciales de Husserl.

            -¿Cómo se relacionan la génesis material y la estructura ideal?

            -¿Cuál es la relación entre objetos ideales y transmisión histórica?

            -¿Cuál es el vínculo entre individualidad y universalidad?           

            Sólo son formulables si previamente se ha definido ese sentido absoluto y la jerarquización entre inteligible y sensible; si ya se ha reducido el problema desde el inicio a “dialéctica” entre trascendental/ empírico, interior/ exterior, dentro/ fuera, presencia/ ausencia, voz y fenómeno. 

            Abierta esta asimetría, hace notar Derrida que la génesis y la estructura, el pensamiento y la técnica que lo transmite, no se jerarquizan; sino que se inter-influencian y retroalimentan. La “dialéctica” es complementariedad o “diferencia”; lo empírico es lo trascendental diferido o diferente y viceversa.  

            La voz y el fenómeno mantiene entonces que el funcionamiento de un signo no se basa en que remita a una presencia plena, a una intuición plenamente presente a si misma, sino en que lo habita la ausencia, ya que debe seguir significando en ausencia de emisor, receptor, referencia, intención, etc. 

        “Esta conclusión la sacamos, pues, de la idea de gramática pura lógica: de la distinción rigurosa entre la intención del querer-decir (…) que puede siempre funcionar «en vacío» y su cumplimiento «eventual» por la intuición del objeto. Esta conclusión es reforzada encima por la distinción suplementaria, también ella rigurosa, entre el cumplimiento por medio del «sentido» y el cumplimiento por medio del «objeto». Aquel no exige éste…”[16]           

            Ese poder separarse de su presencia plena y funcionar en ausencia es lo que constituye su idealidad, el que pueda ser repetible. Repetición no de la misma identidad plena cada vez, sino repetición con diferencia, el ser citable o injertable sin original. La iterabilidad indefinida en alteridad sería la posibilidad de la repetición y por tanto de la idealidad.

            Se sigue que la supuesta presencia plena es interior e ideal, pero la idealidad es iterabilidad, presencia plena diferida de si. Lo que permite que se dé presencia plena imposibilita que sea de forma pura.  

            De modo que, en Husserl la presencia ideal trasciende la caducidad empírica, y en Derrida, la imposibilidad de la presencia plena suscita la necesidad de la idealidad que la constituye. 

             Ahora se puede abrir espacio a la hipótesis de Saussure del significar diferencial, pues aunque su Teoría del signo seguía presa del Lógos absoluto, abrió una asimetría en el Logo-fono-centrismo al definir el signo como arbitrario, y acto seguido, afirmar que la relación entre habla y sentido era natural.

            Si en un sistema diferencial los signos, gráficos o fónicos, significan por cuanto difieren de los demás, la identidad de un signo está compuesta de su remitencia a los otros o de la huella presente-ausente que los otros han dejado en él. La identidad ya no es una presencia plena, por tanto todo significado es ya un significante. No hay un sentido supuesto natural que justifique ninguna jerarquía. No hay palabra plena, que se adecue a la Realidad simétricamente.

            En esta tesitura, la escritura ya no tiene que reducirse a ser fonético-alfabética y lineal, alegando que representa un sentido natural de la voz; pues ésta es sólo una de sus posibles formas: 

        “"escritura" significa inscripción y ante todo institución durable de un signo.” [17] 

            Acaba de liberar a la Gramme

        “Se lo puede llamar grama o différance. El juego de las diferencias (…) cada 'elemento' ―fonema o grafema― se constituya a partir de la huella en él de los otros elementos de la cadena o del sistema.” [18]

                                       Donde ya no hay jerarquía entre presencia/ ausencia, porque el sentido se basa en el juego de la huella presente-ausente.  

                                               “La diferencia suplementaria sustituye la presencia en su falta originaria a ella misma”. 

           “se des-presenta para re-presentarse como tal, si la    fuerza de repetición del presente viviente que se re-presenta en un suplemento porque no ha sido jamás presente a sí mismo.”[19] 

            De esta forma, llegamos a El suplemento de origen.

            En el origen no tenemos presencia plena, sino suplemento, indecidible que Derrida ha heredado infielmente de la Teoría de la suplementariedad de la escritura de Jacques Rousseau (1712 Suiza- 1778). 

            Rousseau también subordinaba la escritura a la foné, afirmando que aquella era un suplemento de la voz del sentido originario, un complemento añadido y secundario. Pero Derrida, sacará partido de la doblez de ser suplemento, pues un suplemento puede ser añadido (com-plemento) y puede ser suplente (su-plemento).

            Si el suplemento puede tanto ser un suplente, una presencia plena, como un añadido a otra presencia plena, es decir, ausencia de tal; es una huella presente-ausente cuya doblez ha sido reducida a uno de sus posibles efectos de sentido, precisamente al que queda relegado a la voz. Se desvela la jerarquía valorativa encubierta de la Metafísica de la presencia. 

            Lo que hace Derrida es mostrar que la archi-escritura-huella ha podido ser relegada a segundo lugar en este sistema de la presencia, porque por principio arbitrario se la definió de forma reducida y secundaria, definición que se proclamaba natural.

            Definir la escritura como escritura fonética, alfabética y lineal es jerarquizarla por debajo de la voz, reduciendo el acontecimiento presente-ausente de la escritura a la noción vulgar que ha progresado en occidente, sin dejar espacio.

            “Vulgar” u “ordinaria” ya que en otros ámbitos también occidentales, como el científico o el artístico, no es utilizado ese tipo de escritura.  

            Desvela que se ha erigido como el sentido absoluto una definición etnocéntrica, como leemos en La violencia de la letra, en De la Gramatología, donde analiza el estudio antropológico de Claude Lévi-Strauss (1908 Bruselas- 2009 París) sobre la tribu de los Nambikwara. 

            Lévi-Strauss mantenía la distinción neutra y universal entre naturaleza/ cultura. Naturaleza como sentido plenamente presente a si mismo, quebrado desde el comienzo de la escritura que da lugar a la cultura.

            Al plantearse universal, el etnólogo mantiene su jerarquía arbitraria como si fuera natural, posibilitando clasificaciones, favorables para occidente, del tipo: Pueblos con historia/ pueblos sin historia; pueblos con escritura/ pueblos sin escritura, etc. siendo que si tenían escritura, pero no fonético-alfabético-lineal. 

        “la energía del grafein como borradura originaria del nombre propio. Existe escritura desde que se tacha el nombre propio dentro de un sistema…” 

        “lenguaje que consiste en inscribir en una diferencia, en clasificar, en suspender el vocativo absoluto. Pensar lo único dentro del sistema, inscribirlo en él, tal es el gesto de la archiescritura: archi-violencia, pérdida de lo propio, de la proximidad absoluta, de la presencia consigo, pérdida en verdad de lo que nunca ha tenido lugar…” [20]

            Derrida ha abierto espacio a una noción de escritura no sometida a la voz del sentido originario, una archi-escritura como juego de la diferencia, (autoespaciamiento-temporalización), condición de la significación, posibilidad del lenguaje en general, anterior (no tempo-linealmente) a la distinción entre la palabra hablada y la escritura fonético-alfabética sin ser tercer término, sino el mantenimiento del espaciamiento para que lo presente-ausente, irreducible a presencia, in-venga.      

 

Tambaleo del lenguaje logofonocéntrico: Espaciamiento al testimonio.           

            Recapitulando. Si ya no tenemos una presencia plena originaria, Lógos absoluto exteriorizado por la foné que justifique jerarquías de origen; las distinciones fijas logo-fono-céntricas de un lenguaje veritativo versus cualquier otro también se tambalearán, abriendo espacio a un lenguaje de huellas sin origen tempo-lineal.  

            En El tiempo de una tesis: puntuaciones (1980) y en La deconstrucción en las fronteras de la filosofía (1989) Derrida cuestiona las cesuras en el uso del lenguaje.

            La jerarquización de lenguaje logocéntrico versus lenguaje literario, fundamentada en que el lenguaje de la presencia decía el sentido y el literario no, es de nuevo una polarización y relegación arbitraria que tendremos que tambalear para abrir espacio al excluido asediante. De hecho, el lenguaje literario lo que hace es trabajar con la metáfora, cuyo significado más exacto es “inexactitud”; lo que no se puede sustituir por un significado más exacto (=catacresis). Es decir, lo indecidible entre propio e impropio, lo que escapa y habita a las categorías polarizadas.           

            Si nos damos cuenta, una metáfora sólo puede darse en un marco de pensamiento donde ya rija la distinción sentido propio/ sentido impropio, pero esta polarización es formalizable si se da la inter-contaminación de lo propio y lo impropio; así que la metaforicidad sería la condición de posibilidad de cualquier efecto de sentido polarizado. Es el espaciamiento.  

            Ya no se puede desenmascarar la metáfora buscando el sentido original que oculta, porque el sentido pleno es un efecto de polarización y la metaforicidad es la condición del juego entre presencia y ausencia. 

            Tal indecibilidad permitirá utilizar el lenguaje con el doble gesto de “decir” y “tambalear lo dicho” abriendo espacio a que in-venga lo in-decible sin reducirse a la forma de lo decible; asumiendo por principio su forma de habitar asediante, la unidad disjunta, la pluralidad de interpretaciones y la irreductibilidad al uno. 

            Se daría una escritura diferida con textos no idénticos a si mismos, susceptibles de lecturas diseminantes, con movimientos omni-direccionales más allá de la conciencia voluntaria del mismo; desvío retroalimentado que abre espacio a lo inesperable.

            Cada lectura es una lectura-escritura, porque no sólo lee lo escrito en presencia, sino que abre espacio a lo asediante, tambaleando las categorías, viendo el ir-volver-excluir que las constituye, quitando obstáculos a que se produzcan contrasentidos según ellas, dejando al otro, im-provocable por irreconocible, in-venir.  

            Así el mismo se deja decir y se hace cargo del síntoma-acontecimiento singular imprevisible de lo que cae. Ha abierto espacio a un lenguaje sintomático incontrolable, un sistema de huellas que da dándose.

            Será el lenguaje de envíos, irreducible e indecidible entre el logocéntrico y el literario, que utilizará en el testimonio

Nótese que Derrida ha podido tambalear las cesuras logo-fono-céntricas de lenguaje y espacio porque no se ha limitado a ellas. Trataba tanto el tiempo lineal como el fuera de quicio; el lenguaje logocéntrico como el literario-testimonial; el espacio representativo y el escénico, y al notar intraducibles entre ellos, se abría una asimetría en el sistema omni-abarcante, posibilitando la venida de lo indecidible. Está constantemente hablando más de una lengua, o la misma lengua pero considerando la doblez de lo que excluye del sentido.                 

            Si atendiéramos a otras sendas del acontecimiento que han sido excluidas del sentido (literatura, arquitectura, teatro, etc.) veríamos que lo invisibilizado en un polo de la dualidad se ve desde otro y en el sobrevuelo de los dos. Notaríamos la necesidad de un lenguaje no limitado a decir lo dicho y de la apertura de espacialización.

            Hablar más de una lengua. Tambalear la única lengua que se tiene para hablar doblemente, decir lo decible y abrir espacio a lo indecible. 

 

Bibliografía:

 

-         DERRIDA, J. El monolingüismo del otro o la prótesis de origen. Traducción Horatio Pons. Manantial, 1997.

-         DERRIDA, J. De la gramatología. México: Siglo XXI, 1998.

-         DERRIDA, J. La escritura y la diferencia. Barcelona: Anthropos, 1989.

-         DERRIDA, J. La voz y el fenómeno. Valencia: Pre-textos, 1985.

-         DERRIDA, J. Márgenes de la filosofía. Traducción de Carmen González Marín. Madrid: Cátedra, 1998.

-         DERRIDA, J. El tiempo de una tesis. Barcelona: Proyecto A ediciones, 1997.

 

-         BIRNBAUM, J. “Estoy en guerra contra mi mismo”. Le Monde 19 de agosto de 2004. Traducción: Simón Royo. Corregida por Horacio Potel. Edición digital: Derrida en castellano.

-         CRAGNOLINI, M. Derrida: Deconstrucción y pensar en las fisuras. Conferencia en la Alianza Francesa, Ciclo “El pensamiento francés contemporáneo, su impronta en el siglo”, Buenos Aires, 30 de septiembre de 1999. Edición digital: Derrida en castellano.

-                                            Temblores del pensar. Nietzsche, Blanchot, Derrida. Publicado en «Pensamiento de los Confines», Buenos Aires, número 12, junio de 2003, pp. 11-119. Edición digital de Derrida en Castellano.

-         NEGRI, A. La sonrisa del espectro. En: Michael Sprinker (ed.), Demarcaciones espectrales. En torno a Espectros de Marx, de Jacques Derrida, Akal, Madrid, 2002, pp. 11-22. Edición digital de Derrida en Castellano.

-         PERETTI, C. (Ed.): Espectografías (Desde Marx y Derrida). Madrid: Trotta, 2003.

 

 

 

NOTAS

[1] El monolingüismo del otro. Ed. cit. Pg. 1.

[2] El monolingüismo del otro. Ed. cit. Pg. 20.

[3] Estoy en guerra contra mi mismo. Ed. cit.

[4] Marx e hijos. «Demarcaciones espectrales. En torno a espectros de Marx» Ed. cit.

[5] De la Gramatología: El afuera es el adentro. Ed. cit.

[6] O.c. El afuera es el adentro.

[7] O.c. El afuera es el adentro.

[8] Deconstrucción y pensar en las “fisuras”. Mónica Cragnolini.  Ed. cit.

[9] El resto, entre Nietzsche y Derrida. Mónica B. Cragnolini. Ed. cit.

[10] De la Gramatología: El afuera es el adentro. Ed. cit.

[11] Marx no es un Don nadie. Ed. cit.

[12] El instante de mi muerte. Trad. J. Jiménez. Textos, Ed. Nacional, Madrid, 2002. Ed. digital. D. en cast

[13] El Teatro de la crueldad. Primer Manifiesto. 1932. http://www.dementioteka.com/web1/teatro%20de%20la%20crueldad.htm

[14] Marx no es un Don nadie. Ed. cit

[15] La escritura y la diferencia: “Génesis y estructura” y Fenomenología. Ed. cit

[16] La voz y el Fenómeno: El suplemento de origen. Ed. cit.

[17] De la Gramatología: El afuera es el adentro. Ed. cit.

[18] Semiología y gramatología. Entrevista con J. Kristeva. Ed. digital. D. en cast.

[19] La voz y el fenómeno: El suplemento de origen. Ed. cit

[20] De la Gramatología: La Violencia de la Letra. Ed. cit.

 

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