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LAS CIENCIAS EN LA CRISIS ACTUAL

Martín Ruiz Calvente

Profesor de filosofía, IES. Los Cerros (Úbeda, Jaén)

martínruizcalvente@hotmail.com

 Publicado en Diciembre de 2011.

Resumen: De los tres momentos críticos que han padecido las ciencias en el siglo XX, nos centramos en cómo afecta la crisis económica a la investigación científica en España, y señalamos algunos de sus problemas. Finalmente proponemos algunas soluciones para la investigación y la enseñanza.

 

Palabras clave: crisis económica, ciencia, universidad, enseñanza

 

Summary: Science have suffered three different crisis in the 20th Century. We study the relationship between financial crisis and scientific investigations, and the public and private finance problems in Spain. Finally we recommend some solutions for the scientific investigation and teaching.

 

Key words: financial crisis, science, university, teaching.

 

 

 

 

 

 

1. De la ciencia en singular a la pluralidad de investigaciones científicas

Si atendemos a la historia de la ciencia[1] hemos de concluir que más que de ciencia en singular tenemos que pensar en una pluralidad heterogénea de investigaciones científicas. Se hablaba de ciencia en singular y en mayúscula en la época moderna porque se asumía como canon la física matemática instaurada desde Galileo y Newton. Sin embargo, pronto los escritores románticos como Hegel criticaron el reduccionismo de la física como ciencia fundamental y abrieron así otros ámbitos de investigación humana que dieron origen a las ciencias históricas, sociales, lingüísticas, etc. Pero, aunque no exista hoy una ciencia única sino más bien una pluralidad de investigaciones científicas, sigue siendo un ideal científico razonable el intentar reunir las distintas investigaciones (físicas, biológicas, sociales, culturales, etc.) en una explicación coherente y unificada. No obstante, surgen muchos problemas ontológicos y metodológicos cuando, como señalaba Ferrater Mora, intentamos explicar cómo emergen unos niveles de realidad de otros anteriores[2], p.e. cómo del cambio eléctrico-químico de las neuronas de áreas del cerebro surgen los pensamientos y las palabras. Es que el peligro del reduccionismo y de la simplificación puede reeditarse de muchas maneras.

A este pluralismo de las ciencias han contribuido también los sucesivos descubrimientos, tecnologías e inventos[3]. Las tecnologías de las distintas ramas industriales (metales, energías, alimentos, transportes, comunicaciones, etc.) han contribuido al aumento de la producción económica y han hecho posible el avance de las ciencias con la ayuda de instrumentos como los motores, reactores nucleares, satélites, los electrodomésticos, multitud de productos químicos, la informática e Internet, etc.

 

2. La filosofía se suscita dentro y fuera de las ciencias

Las ciencias nunca se han separaron de la filosofía. Es que dentro de las prácticas y teorías científico-tecnológicas se originan muchos debates filosóficos, que exigen que pensemos sobre los problemas aunque no podamos revolverlos con los métodos científicos. Esa realidad biológica llamada embrión del animal humano, ¿es simplemente un ser vivo o es de algún modo ya un ser humano? El mismo objeto de la embriología se constituye en problemático y los médicos, con todo su instrumental tecnológico, no pueden responder a esa pregunta desde el mero estudio natural del embrión. Los problemas de bioética[4] están plagados de cuestiones éticas, antropológicas, sociales, jurídicas, económicas y no se pueden resolver desde un planteamiento meramente positivista, reduciéndose a los hechos físicos y sociales, porque los hechos muchas veces son susceptibles de distintas interpretaciones.

También hallamos problemas filosóficos en los datos que se utilizan en las ciencias, si son relevantes, parciales o insuficientes, además de en los métodos. De igual modo se preocupa la filosofía por las consecuencias de las investigaciones y aplicaciones científicas. No es lo mismo aplicar la energía atómica para construir armas nucleares que construir centrales nucleares como industrial civil de electricidad. Es que hay que meditar, dialogar y asumir la responsabilidad ante las consecuencias[5].  

A lo largo del pasado siglo, en los estudios filosóficos de las ciencias naturales y sociales ha habido un giro que va desde la epistemología centrada en la ontología, la lógica y la metodología de la ciencia básica o pura[6], a la historia y sociología de las ciencias y sus cambios[7], y desde aquí a un enfoque ético y político de las ciencias[8]. Dentro de la pluralidad de investigaciones científicas surgen diversas cuestiones filosóficas, pero también existen otras que están antes y después de las ciencias, y que tienen que ver con los hondos asuntos de la existencia humana[9].

 

3. Las ciencias en la crisis actual

3. 1. La crisis de las ciencias europeas según Husserl

La crisis (quiebra o ruptura interna) de las ciencias europeas según Husserl consistía en un reduccionismo positivista, en reducir los ámbitos de la realidad plural a meros hechos físicos constatables y de este modo las ciencias dejaban de ser importantes y significativas para el mundo de la vida. A fuerza de simplificar la realidad y convertirla en objetos físicos representados, las ciencias naturales y sociales dejaban sin considerar lo más importante para la vida humana, las estructuras de la subjetividad trascendental, que Husserl entendía como intersubjetividad trascendental con base en la corporalidad[10]. “Meras ciencias de hechos hacen meros hombres de hechos”, escribía Husserl[11], es decir, que las ciencias que tratan solo de hechos físicos y constatables dejan a los hombres en un estado de inquietud, vacío y quiebra, porque no dan respuesta a las preguntas por el sentido del mundo de la vida. La fenomenología y la hermenéutica vendrían entonces a llenar ese vacío que el mundo científico, tecnológico e industrial originó tras las Guerras mundiales. El pluralismo de las ciencias, una conciencia actual de diálogo entre ellas, y la crítica filosófica a la ideología cientificista están permitiendo corregir esa primera crisis de las ciencias: su reduccionismo ontológico y metodológico.  

 

3.2. La crisis social de las ciencias.

Con el libro de Kuhn sobre los cambios de paradigmas en las ciencias se cuestionó la idea de ciencia pura, cuyo modelo era la física matemática newtoniana, porque esos cambios de paradigma –introducción de ideas clave en las investigaciones científicas- obedecían no siempre no a criterios lógicos o epistemológicos, internos a la ciencia pura, sino a criterios externos a la misma, por tanto los periodos de ciencia normal estaban afectados por intereses económicos y luchas de poder de los grupos de científicos, de empresas, industrias, políticos, etc. Aunque esta visión kuhniana de los cambios en las ciencias se aplica más a las ciencias sociales que a las naturales, ya que las naturales gozan de mayor objetividad en sus objetos y en sus métodos, las prácticas científicas pasaron por una crisis social: desenmascaramiento de la supuesta pureza de las ciencias, a las que se acusaba de hablar sido instrumento militar de los gobiernos en las Guerras mundiales[12], la fuerza productiva propia de la explotación industrial capitalista, la causa de la destrucción de la vida tradicional y del medio ambiente, etc. En este contexto aparecen las críticas de los francfortianos como Habermas acusando a las ciencias y las tecnologías de ideología, en la medida en que justificaban el dominio tecnocrático y político, el desarrollo del capitalismo industrial, la industria militar y el control social. La ciencia no era un saber puro, sino un conocimiento dirigido por el interés de dominación y explotación[13]. Sin embargo, el pesimismo de los críticos sobre las ciencias y las tecnologías[14] no debe sumirnos en la desazón, la indignación y el odio a las ciencias, sino que hemos de colaborar para que las investigaciones científicas puedan ser provechosas para la sociedad. En este sentido, la Conferencia Mundial sobre la Ciencia[15] esbozaba los buenos fines de las ciencias para el siglo XXI: la consecución de la paz, el desarrollo económico y social, la sostenibilidad del medio ambiente, la erradicación de la pobreza y demás problemas humanos.

 

3.3. Crisis económica y la investigación científica

La preocupación por las ciencias hoy día tiene como telón de fondo la crisis económica actual de los países ricos. Esta crisis comienza en 2007 como la explosión de la burbuja inmobiliaria en los Estados Unidos, que repercute en sus bancos y en sus capitales y que afecta a los bancos europeos que tenían comprados productos bancarios americanos de baja calidad y escasa seguridad; esto hace que las ofertas de créditos se endurezcan, lo que afecta a los recursos financieros de las empresas, que reducen sus inversiones y producciones; la consecuencia es una caída en las ventas y el consumo, especialmente ligadas a la industria de la construcción de viviendas, y el aumento del desempleo. La destrucción del mercado de trabajo y la reducción de las ventas e ingresos de empresas y familias provoca a la vez una reducción muy severa en los ingresos fiscales de las administraciones públicas, que se ven forzadas s contraer deuda, comprando dinero a otros bancos. Se origina así la deuda soberana de los Estados con otros bancos internacionales para ir refinanciando un déficit público cada vez mayor e insostenible[16].

En este contexto de crisis económica se publica en España la Ley 14/2011, de 1 de junio, de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación (BOE, 131), para intentar dar estabilidad, a pesar de los recortes y congelaciones presupuestarias, al personal investigador en nuestro país y hacer que las ciencias y las tecnologías activen el desarrollo industrial, económico y sociedad de nuestro país, el famoso I+D+i. Sin embargo, una ley que no trae una adecuada y duradera financiación pública para los centros de investigación puede quedarse en papel mojado.

La crisis económica afecta a las investigaciones científicas porque siguen sin tener la suficiente financiación pública, que ha sido una constante de nuestro país. En el informe del historiador Luis Enrique Otero, “La ciencia en España. Un balance del siglo XX”[17], el panorama de las ciencias sigue siendo poco alentador. Antes de la Guerra Civil hubo un apogeo de las ciencias bajo la dirección de la Junta de Ampliación de Estudios, donde destacaron distintos científicos, con Ramón y Cajal a la cabeza, como único premio Nobel, y bajo su influencia se crearon diversos institutos de investigación. La Guerra Civil y la Dictadura franquista destruyeron ese incipiente grupo de científicos, aunque se crearon otros centros como el CSIC. Señala también este historiador que tampoco la época de la transición a la democracia se interesó especialmente por el establecimiento de un sistema de ciencia en España, siendo ya a partir de los años 80 cuando las universidades comienzan a crecer y a incorporar nuevos y jóvenes investigadores con la Ley de la Ciencia de 1986. A la altura del año 2000 el sistema científico español de investigación y desarrollo (I+D) vivía en precario dada la escasa inversión pública que recibía, menos del 1% del PIB. En 2009 la inversión del gobierno español en I+D suponía el 1’38 % del PIB frente a la media de los 27 países de la EU que era del 2’01 %.

La crisis económica de la investigación científica también se agudiza por otros problemas culturales: la rigidez y la astucia en el acceso a las plazas en las universidades y centros de investigación, que potencia la endogamia y el candidato mediocre local, el relax de la vida investigadora al convertirse el científico en funcionario; la sujeción de los grupos de investigación al criterio de autoridad del investigador principal; la titulitis, el repetir y acumular publicaciones de escasa originalidad para las agencias evaluadoras, la precariedad laboral de los jóvenes científicos[18], pues no están bien pagados, realizan muchos años de formación, compiten fuertemente entre sí y, para colmo, como señala el químico y periodista Carlos Elías, la imagen de las ciencias duras (física, química, matemáticas) y de los científicos en los medios de comunicación cada día es más negativa, pues la difunden los de letras con aversión a ellas; estas y otras circunstancias culturales explicarían la disminución de los estudiantes de ciencias naturales y el aumento de los de periodismo y ciencias sociales, que son carreras más fáciles y más remuneradas[19]

Precisamente, la actual Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación de 2011 convierte a los becarios en contratados, con las ventajas del régimen general de trabajadores e intenta mejorar el sistema de la investigación en nuestro país a través de un diseño de la carrera investigadora, la movilidad de científicos, los nuevos contratos predoctorales, doctorales y de científicos de prestigio; los organismos políticos para promocionar la investigación y la innovación tecnológica. Sin embargo, en 2009 hubo recortes para la investigación y en 2010 la ministra Cristina Garmendia, discípula de la bióloga Margarita Salas, congeló el presupuesto para I+D para este 2011[20].

Otro aspecto importante de la financiación de la investigación en nuestro país es su control político. Los políticos del gobierno y los científicos elegidos por ellos controlan la financiación de las ciencias a través del Consejo de Política Científica, el Consejo Asesor de Ciencia, el Comité Español de Ética de la Investigación, con sus estrategias de planificación científica. Es normal que los estudiantes no quieran ser científicos, puesto que las ciencias se ven atrapadas entre la economía de mercado muy competitiva, las arbitrariedades de los políticos de la ciencia –la mayoría de ellos no científicos-, y la imagen negativa que dan los medios de comunicación de las ciencias, cuyos periodistas carecen de formación científica como sostiene Carlos Elías. Una propuesta sería dotar a los centros prestigiosos de nuestro país[21] (CSIC, Instituto nacional de Técnica Aeroespacial, Instituto de Salud Carlos III, Instituto Geológico y Minero, Instituto Español de oceanografía, Centro de Investigaciones energéticas, medioambientales y tecnológicas, Instituto Nacional de investigación y tecnología agraria y alimentaria, Instituto de Astrofísica de Canarias, etc.) de financiación suficiente y que fueran los mismos científicos quienes administrasen el dinero según sus líneas de investigación. Más autonomía en el gasto de las investigaciones científicas, pero desde la relevancia social de las mismas. Esta idea la defendió Carlos Martínez, presidente del CSIC, que sostenía que la investigación y su financiación han de recaer sobre instituciones científicas y no únicamente sobre el investigador principal de los proyectos de investigación[22].

 

4. Soluciones: financiación, interdisciplinariedad, enseñanza

A) La inversión, pública, privada y mixta, de las investigaciones ha de hacerse sobre centros y proyectos de gran relevancia científica y social. Esto es lo que se dice en un informe sobre la investigación universitaria en el Reino Unido, Research that matters[23], que hay que aprender a priorizar el gasto público en la docencia universitaria, en la investigación científica, en las dotaciones de material, etc.; el orden de prioridad viene dado por los problemas diarios de las sociedades actuales: residuos urbanos e industriales, energías, contaminación, desempleo, enfermedades, vida de los ancianos, fracaso escolar, la delincuencia y drogadicción, etc. P.e. la Universidad del Este de Londres ha desarrollado unos sistemas para la localización y prevención del crimen que utiliza con éxito la policía urbana.

   Las ciencias físicas fueron muy financiadas por los Estados hasta después de la 2ª Guerra Mundial; tras el descubrimiento del ADN en 1953 se potenciaron las inversiones en las ciencias bio-médicas[24], con mayor potencial comercial. Sin embargo, desde estudios sociológicos[25] se denuncia que las investigaciones científicas de centros públicos no deben estar dirigidas por el mercado; se critica las demandas de los mercados y se apuesta por las políticas de evaluación científica. Las investigaciones científicas deben estar abiertas tanto a los problemas de los Estados y los ciudadanos como a los de las empresas y necesitan recibir financiación tanto pública como privada.

 

B) Otro problema de las ciencias es su parcelación en especialidades. Por ejemplo, los problemas de la familia (separaciones de padres, desatención de los hijos, fracaso escolar, abandono de mayores, etc.) tienen que ser tratados desde cuantas más perspectivas mejor para llegar a soluciones certeras. Es que ya hace décadas Ortega y Gasset hablaba de superar la “barbarie de los especialismos” para originar una cultura de la integración de perspectivas distintas[26]. Carlos Elías habla de pasar de las dos culturas (letras/ciencias) a una tercera cultura donde haya interrelación (o.c. 243). Sánchez Ron habla de “interdisciplinariedad”[27], que ya se viene dando en científicos eminentes y díscolos, que saltaron sobre los convencionalismos de sus especialidades llegando a nuevos descubrimientos. P.e., Helmholtz fue un médico que hizo estudios de termodinámica; Galvani un médico muy interesado en la física que estudió los efectos de la electricidad en el cuerpo. Pasteur, que comenzó como físico, llegó a realizar estudios sobre bacterias, la fermentación del vino y la leche. Pero muchos ejemplos de científicos interdisciplinares lo fueron en la mayoría de los casos de forma vocacional y espontánea, sin ninguna ayuda institucional planificada, lo que demuestra la efectividad de la casualidad (serendipia)[28] en las investigaciones científicas. Los obstáculos para la cultura de la interdisciplinariedad  los encuentra Sánchez Ron en la rigidez de los planes de estudios de las universidades y en su estructura departamental (o.c., 160 y 206), lo que exige también muchos cambios en el sistema educativo (o.c., 206).[29]

C) Otra solución para mejorar la situación de las ciencias tiene que ver con la vinculación de la educación de los niños y jóvenes con sus vocaciones personales, y por otro lado, con la mejora en las enseñanzas de las ciencias y las letras. Para reducir el 30 % de fracaso escolar en Educación secundaria los políticos tienen que financiar la diversificación de las enseñanzas y de los tipos de centros educativos, de tal manera que los centros puedan ofertar una variedad de enseñanzas teóricas, técnicas, artísticas, desde la interdisciplinariedad, así alumnos, con sus padres, podrían elegir lo mejor para su educación y poder desarrollar sus aptitudes naturales según sus vocaciones profesionales y laborales[30]. En segundo lugar, habría que mejorar los modos de enseñanza en las ciencias naturales y sociales, para que las enseñanzas fueran más activas y prácticas, realistas, usando los laboratorios y los métodos científicos. Carlos Elías se queja de que cada vez hay menos estudiantes que quieran estudiar ciencias naturales duras (física, química, matemáticas), pero en su libro no se pregunta si esa desbandada de estudiantes de las ciencias se debe en parte al aburrimiento padecido en sus enseñanzas: mucha pizarra, mucha abstracción, mucha demostración matemática, poca concreción en experimentos y trabajos de laboratorio que tengan que ver con los problemas de la realidad diaria. Ayudando a las ciencias, ayudamos a la filosofía.

NOTAS


 

[1] Solís, C. y Sellés, M., Historia de la ciencia, Espasa, Madrid 2005.

[2] Ferrater Mora, J., De la materia a la razón, Alianza, Madrid 1979.

[3] Van Dulken, S., Inventos de un siglo que cambiaron el mundo, Océano, Barcelona 2002.

[4]  Gracia, D., Como arqueros al blanco. Estudios de bioética, Triacastela, Madrid 2004,  “17. El estatuto de las células embrionarias”, 369 ss.

[5] Jonas, H., El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica, Herder, Barcelona 1995 (ed. orig.1979).

[6] Popper, K., Conjectures and Refutations. The Growth of Scientific Knowledge, Routledge 2002.

[7] Kuhn, Th., The Structure of Scientific Revolutions, University of Chicago Press, 1962.

[8] Valero Lumbreras, A., El giro político de la epistemología, Biblioteca Nueva, Madrid 2009.

[9] Las distintas declaraciones a favor de la filosofía difundidas por la UNESCO nos ratifica en la necesidad de la reflexión filosófica en la era de las ciencias y las tecnologías.

[10] Ruiz Calvente, M., “Cuerpo, realidad, expresión”, en Paideia, 86, (2009), 375-391.

[11] Husserl, E., La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental, Crítica, Barcelona 1991, § 2.

[12] Sánchez Ron, J.M., El poder de la ciencia. Historia social, política y económica de la ciencia (siglos XIX y XX), Crítica, Barcelona 2011.

[13] Habermas, J., Ciencia y técnica como ideología (1968), Tecnos, Madrid 1989, 53 ss.

[14] Ruiz Calvente, M., “Piedad del mundo”, en A Parte Rei. Revista de filosofía, 66, 2009, pp. 1-10.

[15] Unesco, World Conference on Science. Science for the Twenty First Century, 1999.

[16] Recarte, A., El desmoronamiento de España. La salida de la crisis y la política de reformas, La Esfera de los Libros, Madrid 2010.

[17] Otero Carvajal, L.E., “La ciencia en España.Un balance del siglo XX”, en Cuadernos de Historia Contemporánea, 22, Universidad Complutense, Madrid, 2000, 183-224.

[18] Álvarez Pérez, X.A., “La precariedad en la investigación española”, vid. xalvarez@usc.es.

[19] Elías, C., La razón estrangulada. La crisis de la ciencia en la sociedad contemporánea, Debate, Barcelona 2008, “3. Un sistema económico que estrangula la ciencia”, 83 ss.

[20] Margarita Salas, “Con la financiación que tenemos en España se hacen milagros en ciencia”, La Gaceta, 03-07-2011, www. Intereconomia.com/noticas-gaceta/sociedad.

[21] En www.investigacion.universia.net se relacionan los centros de investigación en España.

[22] Martínez, C., “La financiación de la ciencia”, El País, 06-12-2006.

[23] Research that matters, en www.millionplus.ac.uk, mayo 2011, fundación universitaria inglesa dirigida por el profesor Les Ebdon.

[24] Bonvillian, W.B., “Science and the Economy”, en Colloquium on Science and Technology Policy, Washington, 2000, 113-121.

[25] Garcia, J.L. y Martins, H., “El ethos de la ciencia y sus transformaciones contemporáneas, con especial atención a la biotecnología”, en González de la Fe, T. y López Peláez, A., Innovación, conocimiento científico y cambio social, CIS. Ministerio de la Presidencia, Madrid 2011, 19-36.

[26] Ortega en El tema de nuestro tiempo (1923) hizo una defensa de la necesidad de ver las cosas en sus múltiples caras y aspectos, visiones distintas, y que es enriquecedor complementar unas perspectivas con otras, pero también puede haber un conflicto de las perspectivas.

[27] Sánchez Ron, J.M., La Nueva Ilustración. Ciencia, tecnología y Humanidades en un mundo interdisciplinar, Eds. Nobel, Oviedo 2011.

[28] Roberts, R.M., Serendipia. Descubrimientos accidentales en la ciencia, Alianza, Madrid 1992.

[29] Sánchez Ron, que realizó estudios de historia de la ciencia en el Instituto de Filosofía del CSIC, quiere suprimir la enseñanza de la filosofía en nuestro país y sus facultades, y vuelve a la tesis de M. Sacristán para dejar la filosofía sólo como estudio interdisciplinar de doctorado (La nueva Ilustración, o.c. 286 ss). Esta misma receta podría aplicarse también a otras muchas licenciaturas y estudios universitarios. Es llamativa la nula referencia que hace Sánchez Ron en este libro a la filosofía como un saber interdisciplinar.

[30] Ruiz Calvente, M., “Aptitudes para la libertad”, Alfa, 19-20 (2007), 173-186.

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