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El Alcibíades de Platón desde la perspectiva foucaultiana

Mariana Saely Ramírez Rosas

La conquista de sí mismo

es la mayor de las victorias.

Platón

 

Este diálogo tan famoso, el “Alcibíades”, que se le atribuye a Platón es un pilar para Michel Foucault en el tema del cuidado de sí. En el libro La Hermenéutica del sujeto, podemos encontrar un extenso análisis sobre esta obra. Foucault se mantiene en su postura crítica desde este diálogo de Platón hasta el helenismo, mientras recapitula el avance y desarrollo del tema del cuidado de sí.

 

Foucault prestó atención a la filosofía antigua para abrir nuevas sendas de pensamiento, buscó posibles vías para conformar al sujeto que se nos estuviera escapando en el presente; puesto que Foucault entiende cierta filosofía antigua como una estética de la existencia, un arte de sí mismo, así, era preciso volver a pensar esa tecnología de sí, tecnología que estaba ya dicha y estudiada con los griegos.

 

Releyendo a Platón, Foucault descubrirá que lo que se elabora allí es un sujeto de dominio de sí, el dominio sobre sí mismo y sobre los otros, pero nunca un sujeto del conocimiento de sí. Releyendo a Marco Aurelio, Epicteto y Séneca, Foucault muestra que en estos autores tampoco se inventa un sujeto del conocimiento de sí, sino un sujeto del cuidado de sí, de la concentración atlética sobre sí. En efecto cuidar de sí no es inclinarse sobre sí mismo para conocerse ni abandonarse a una introspección fascinada e hipocondríaca; es hacer de sí mismo un objeto de saber. Cuidar de sí es constituirse como sujeto de acción, capaz de responder con rectitud y firmeza ante los sucesos del mundo. Cuidar de sí no es desentenderse de los otros para ocuparse exclusivamente de sí, es dar una forma definida a la acción que uno emprende, al cometido que uno acepta, al rol social que uno cree desempeñar.[1]

 

En palabras de Frédéric Gros, acabamos de ver cuál era el objetivo del estudio del pensamiento griego para Foucault, el por qué es importante retomar ahora lo que ayer se escribió, y como Foucault traspasa la temporalidad para hacer algo del pasado funcional en el hoy.

La pregunta de los griegos que Foucault nos revela ya no es ¿quiénes somos? Ahora es ¿Qué debemos hacer de nosotros mismos? Esta es la interrogante que   Foucault soltó en el aire y uniremos las pistas que nos dejó en el pensamiento griego para responder.

 

Para Foucault  el cuidar de sí es preguntarse dónde está el propio bien, el propio interés: el yo.

En la lectura de el Alcibíades encontraremos que la manera de cuidar de uno mismo es siendo guiado por el maestro hasta poder dar una explicación de uno mismo.  No se trata de hacer una biografía  de nuestra vida.  Se trata de lograr probar  que se es capaz de  demostrar que hay una relación entre el discurso racional y el modo en el que se vive. En este diálogo se examina si este joven vive de acuerdo a lo que piensa y  si actúa en concordancia con lo que piensa.

Foucault nos adentra en este diálogo, nos explica de qué se trata, quién es el alumno y a quién le corresponde el papel de maestro y nos detalla la razón del rol de cada uno.

 Sócrates es el maestro que lleva al joven Alcibíades a descubrir que lo único que realmente poseemos es el conocimiento acerca de nosotros mismos y que debemos de ocuparnos en aquello que nos concierne a nosotros mismos; por su parte Alcibíades dice: “Aquello de lo que hay que ocuparse es del alma, de la propia alma”.[2]  Está empezando a comprender el alumno lo que su maestro quiere enseñarle, el ejemplo que utiliza Sócrates es el de un maestro de gimnasia:

¿Y podrías decirme (le cuestiona Sócrates a Alcibíades) con que intención el maestro de gimnasia aconsejaría con quienes conviene luchar y con quiénes no, cuándo y de qué manera? Quiero decir lo siguiente: ¿No se debe luchar contra quienes es mejor hacerlo, o no?[3]

 

En este punto lo que pretende Sócrates es demostrarle al joven Alcibíades que se debe estar a la altura de cada circunstancia, si Alcibíades  iba a gobernar tendría que estar preparado para afrontar cada situación de la manera mas eficiente.

Foucault toma este diálogo como punto de partida por ser el que habla totalmente del tema que nos incumbe: el cuidado de sí, es un análisis que va a conducirnos hacia nosotros mismos.

Alcibíades es un joven hermoso, no le preocupa nada puesto que su belleza le resuelve todas sus carencias y caprichos, hasta que llega Sócrates a informarle de su precaria situación. Este joven no sabía que su belleza tan efímera no podrá darle un soporte para el futuro, que su gracia le será útil tan solo en el presente y que después, cuando el irremediable paso del tiempo haga sus respectivos deterioros en el cuerpo de Alcibíades, éste no tendrá nada si no se percata que solo se tiene a él mismo hasta el fin.

Sócrates se preocupa por la manera en que Alcibíades se ocupa de sí mismo, podemos decir que Sócrates guía al joven a que descubra la inquietud de sí:

Para conocerse hay que replegarse en sí mismo; para conocerse hay que apartarse de las sensaciones que nos engañan; para conocerse hay que fijar en el alma una inmovilidad que no permita la influencia de los acontecimientos exteriores, etcétera. Todo eso debe y puede hacerse, a la vez, para conocerse y en la medida en que uno se conoce a sí mismo.[4]

 

Lo que nos expone Platón  en este diálogo es un discurso elaborado que da Sócrates a Alcibíades para que este joven cuide de sí, que deje su vida superflua y enfoque su atención a sí mismo y ya no vea tan solo el exterior. Sócrates le expone al joven que afortunadamente aún está a tiempo de involucrarse consigo mismo, para remediar la falta de atención que tuvo para sí durante tanto tiempo.

Foucault se cuestiona si es necesario ser joven para enfocarse en uno. Se pregunta si acaso de viejos no podremos tener la inquietud de sí,  ¿podremos trabajar en nosotros mismos, aún siendo mayores?  La respuesta la va dando conforme estudiamos el análisis que hace de la filosofía antigua.

Durante el recorrido que hace Foucault de los griegos se percata que hay varias maneras de repensarnos a nosotros mismos. Estos pensadores del pasado indicaban como una posibilidad el conformarnos a nosotros mismos en nuestra juventud, pero aunque no hubiésemos empezado desde temprana edad a enfocarnos en nosotros mismos, nunca es tarde para comenzar el viaje hacia el interior de uno, hasta que la muerte nos alcanza estamos a tiempo de vislumbrarnos como sujetos éticos.

   Esta inquietud de sí está presente en la cultura griega y lo que Foucault pretende recuperar es esa historia de la inquietud de sí y retoma la lectura del Alcibíades como el  punto clave de partida para este tema en particular.

Sócrates se dirige al Alcibíades al anunciarle que, ahora que es adulto y aspira a desempeñar funciones políticas, es tiempo de que se inquiete, al fin, por él mismo. Así pues el principio de inquietud de sí está planteado en condiciones estrictas. Su pertinencia aparece en una edad crítica (tránsito del estado  de joven al de adulto). Sócrates recuerda también a Alcibíades la pobre educación que ha recibido siempre: la urgencia de la inquietud de sí se precipita en un déficit pedagógico. Sócrates afirma que, cuando se pretende gobernar a los demás, primero hay que haber aprendido  a gobernarse a sí mismo.[5]

      La inquietud será pensada cada vez más como una exigencia incondicional. Uno debería inquietarse de sí toda su vida. La inquietud de sí pasa a ser una obligación permanente que concierne a todos: jóvenes, viejos, hombres maduros. La forma mayor de la inquietud de sí ya no está dada por la figura del joven ambicioso, sino por la del anciano, que encuentra en la ociosidad del retiro  y en la liberación respecto de los deseos, el modo de llevar la inquietud de sí a su perfección. La inquietud de sí experimentará una intensificación  y será una obligación vigente a lo largo de toda la existencia.

Debemos tener siempre presente que somos seres finitos, el tiempo se agota y debemos conocernos: El stultus es quien no piensa en la temporalidad de su vida, tal como ésta debe polarizarse en la consumación de sí en la vejez.

Foucault toma el texto de El Alcibíades como una guía básica para la introspección de sí mismo. Solo aquél que quiera realmente rendirse un culto sincero debe ante todo poner la mirada en sí mismo, el que busca sabiduría y conocimiento debe empezar por conocerse a sí mismo para poder entenderse y cuidar de sí.

Este diálogo es el principio de toda la filosofía, como lo es en la misma medida el conocimiento de nosotros mismos, (así como el conocimiento de nosotros mismos – el gnothi seauton*- es la condición para poder comenzar a filosofar, de la misma manera El Alcibíades es el principio  mismo de la filosofía). Por eso en él se diseminan y transmiten como tradición varias consideraciones lógicas, encuentran su esclarecimiento varias consideraciones morales que contribuyen a nuestra investigación sobre la eudemonía y se exponen de manera sumaria varias doctrinas aptas para llevarnos al estudio de la naturaleza e incluso a la verdad  en lo tocante a los propios seres divinos, a fin de que en ese diálogo se contenga como modelo un único bosquejo general y total de toda la filosofía, bosquejo que se nos revela gracias, precisamente, a ese primer  retorno a nosotros mismos[6].

 

Foucault expresa tajantemente cuál es el pilar de la filosofía del cuidado sí, en dónde pues debemos de situarnos para comenzar esta travesía en donde el objetivo es alcanzar la condición propia de un sujeto ético.

Sócrates logra alcanzar su objetivo: que Alcibíades tenga en él mismo y por él mismo el deseo de “cambiar”, de experimentarse a sí mismo como otra cosa, ser una gama de posibilidades, poder pensarse de otra forma. Al final el maestro logra ejercer su influencia en el alumno, ahora ambos pueden hablar en la misma línea, ya pueden entenderse, y  no es necesario que el profesor atosigue al discípulo pues éste ya puede comenzar a observarse a sí mismo con la debida atención que se merece.

Sócrates atribuirá a Alcibíades el deseo de “cambiar" el maestro conduce al iniciado hasta que, por fin, éste es capaz de concebir la totalidad de la belleza como un vasto océano, cuyos elementos son diminutas gotas, indistinguibles cualitativamente: y dirigiendo su mirada hacia esta vasta cantidad de belleza no será, en lo sucesivo, hombre indigno y vil por servir a la belleza que reside en un solo ser, contentándose, como un criado, con la belleza de un muchacho, de un hombre o de una norma de conducta, sino que, vuelto hacia el vasto mar de la belleza y su contemplación, engendrará numerosos, bellos y magníficos discursos y razonamientos en su amor inagotable a la sabiduría.[7]

 

Ahora Alcibíades puede contemplarse de manera distinta, Sócrates logró inculcarle el amor hacia sí mismo. Que el joven pudiera ver que existen muchos tipos de belleza y la mayoría residen en su interior, que descubriera sus capacidades de razonamiento que hasta el momento parecían escondidas.

SÓC.- ¿Qué manera de actuar la tuya! Si dices algo que no es cierto y se da la posibilidad de demostrártelo por el mismo procedimiento que en el razonamiento anterior, tú sigues creyendo que hace falta oír de nuevo otras demostraciones, como si las anteriores fueran como ropa usada que no te querrías poner, si no te presenta alguien una prueba limpia e inmaculada. Pero yo voy a prescindir de preámbulos discursivos y te seguiré preguntando, a pesar de todo, de donde aprendiste a conocer lo útil, quién fue tu maestro, y resumiré en una sola pregunta todo lo que te pregunté con anterioridad. Porque es evidente que irás a parar a lo miso y no podrás demostrar ni que conoces lo útil por haberlo averiguado tú mismo ni que lo aprendiste alguna vez. Y como eres tan delicado que no te gustaría que te repitiera el mismo razonamiento, prescindo de examinar si sabes o ignoras lo que es útil a los atenienses. Pero ¿acaso es o mismo lo justo y lo útil, o son diferentes? ¿Por qué no lo demostraste? Si lo deseas hazlo, preguntándome como yo te pregunté, o desarrolla tú mismo tu propio razonamiento.[8]

 

Alcibíades tenia que comenzar a razonar por sí mismo todas las cuestiones del buen gobernar, Sócrates de adjudicó el papel de su maestro al ver que por su juventud e inexperiencia este joven aun no estaba listo para dirigir al pueblo. Lo importante para Sócrates era lograr que Alcibíades tuviera un juicio claro que le ayudara en el arte de gobernar, que fuese sabio y respetado por meritos propios atributos que sólo adquiriría si lograse razonar correctamente aun en las circunstancias mas adversas.

A pesar de que los griegos ya manejaban este tema de la inquietud de sí, se puede demostrar que es un asunto atemporal, que ha sobrepasado de importancia a la brecha del tiempo; la idea del cuidado  de sí por sí mismo no está referida a ninguna problemática de existencia de un más allá o de cierta inmortalidad del alma: el cumplimiento de la relación consigo mismo se efectúa en la estricta inminencia del presente. No aspiramos una recompensa de tipo espiritual por conocernos a nosotros mismos, el beneficio del cuidado de sí es meramente personal e inmanente, el talante debe ser el vivir en el presente de la mejor manera posible.

 

 

 


 

[1] Gros, Frédéric y Lévy, Carlos. Foucault y la filosofía antigua, París, Perfiles, 2001, pp. 8-9.

[2] Foucault, Michel. La Hermenéutica del Sujeto, México, FCE, 2006, P.  68

[3] Platón, Diálogos VIII Dudosos, Apócrifos, Cartas. Madrid, GREDOS, 2008, p. 30

[4]Ibidem, P.  78.

[5] Gros, Frédéric. Michel Foucault, Buenos Aires, Amorrortu-editores. 2007, P.  146.

[6] Foucault, Michel. La Hermenéutica del Sujeto, México, FCE, 2006, P.  171

[7] Noussbaum, Martha. Fragilidad del bien,  España, La balsa de la Medusa-Visor,1995, P. 247.

[8] Platón. Diálogos VIII Dudosos, Apócrifos, Cartas, Madrid, GREDOS, 2008, pp.. 42,43

 

 

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