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Las imágenes y las palabras

Gustavo Jozami

 

Ein Bild sagt mehr als 1000 Worte

(Una imagen dice más que mil palabras)

Kart Tucholsky

 

Introducción

Este trabajo se propone empezar a cuestionar el axioma o frase referido ut supra. Una imagen dice más que mil palabras. Otra forma de expresar dicho enunciado es: Una imagen vale más que mil palabras.

Intentaremos demostrar que las imágenes dicen poco o nada si no cuentan con la estructura discursiva previa que les permita encontrar alguna significación operativa para el sujeto que ve dichas imágenes.

Utilizaremos algunas imágenes del régimen nacional socialista en Alemania durante la segunda guerra mundial.

 

Desarrollo

¿Qué es una imagen? Una imagen es una representación de la realidad que puede ser confeccionada por diversos medios. Podemos realizar imágenes mediante la representación pictórica, las caricaturas, la fotografía, el cinematógrafo, y, sobre todo hoy en día, la tecnología de computadoras que trabajan con imágenes (software como photoshop o corel Draw, entre otros).

Tradicionalmente las imágenes han sido vistas como una copia imperfecta de una realidad trascendente y mucho más plena. Esta es una explicación harto sintetizada de las ideas platónicas con respecto al valor de las imágenes.

Poco a poco, principalmente con la llegada de la fotografía y, más tarde, con la aparición del cine; las imágenes han ido ganando terreno en el desenvolvimiento social. En nuestro presente, podríamos decir, si temor a equivocarnos, que las figuras pasaron de representar a dominar la escena mundial. Las representaciones lo son todo en la actualidad.  No obstante el éxito presente de las mismas, el uso de las imágenes como documento histórico tuvieron que pasar por un período de menosprecio o de falta de interés por parte de los especialistas. Con respecto al valor del uso de la imagen como documento histórico, dice Peter Burke: ´´ Más o menos durante la última generación, los historiadores han ampliado considerablemente sus intereses, hasta incluir en ellos no sólo los acontecimientos políticos, las tendencias económicas y las estructuras sociales, sino también la historia de las mentalidades, la historia de la vida cotidiana, la historia de la cultura material,…´´[1]  la intención del autor resulta explicita en este pasaje mediante el cual se propone revalorizar o, mejor dicho, darle un lugar a las imágenes dentro del contexto de la especulación histórica. Siguiendo con el mismo texto, encontramos lo siguiente: ´´ De hecho sería muy difícil escribir cualquier cosa acerca de la prehistoria europea, por ejemplo, sin el testimonio de las pinturas de Altamira y Lascaux …´´[2] este hecho nos parece llamativo, sobre todo teniendo en cuenta la antigüedad de las figuras rupestres que se encuentran en los yacimientos antes mencionados. El hecho de que las primeras civilizaciones humanas hayan podido representar pictóricamente sus periplos por la caza en la antigüedad y, que lo hicieran con una mirada estética, es realmente ponderable. No obstante lo anterior, no consideramos que sea un hecho concluyente a favor del argumento de que las imágenes son antes que las palabras; muy por el contrario el hombre de hace 40.000 años, ya contaba con una serie de artefactos que le eran útiles principalmente para la caza; pero, previo a la manufacturación de los mismos, debieron contar con algún tipo de forma de comunicación entre ellos. Recordemos que los primeros grupos humanos pudieron hacer frente a las bestias de la época (como el tigre diente de sable) a través del trabajo en equipo, es decir, algunos cazaban, otros cultivaban, etc. Continuando con esta idea, cabe recordar que no hay acuerdo entre los lingüistas para fechar con precisión el surgimiento del lenguaje en el ámbito humano, tal es la situación de ignorancia al respecto que, en muchas ocasiones tenemos que zanjar la cuestión refiriéndonos al relato bíblico de la torre de Babel.

De pequeños, nuestros maestros de los primeros años de escuela, nos enseñaba una serie de figuras convencionales denominadas letras que componen un alfabeto. Estos símbolos son los que nos permitirán escribir en un futuro; pero hete aquí que antes de ese proceso ya estamos en posesión del lenguaje. Lo que hacemos en la clase de lengua y literatura, no es más que aprehender reglas gramaticales que fueron elaboradas con posterioridad al surgimiento del habla. El momento de cambio o de pasaje  de la vocalización animal a la humana, será, quizá, el misterio que nunca podamos resolver.    

La importancia de las imágenes como herramienta de análisis histórico cobra mayor vigor si se toma en consideración fenómenos sociales complejos, como el surgimiento de los estados nacionales y los movimientos nacionalistas e imperialistas. Tomás Pérez Vejo, profesor e investigador de la universidad autónoma de Morelos, México, considera que las imágenes tienen más valor como constructoras de realidades o de imaginarios sociales que como representantes fieles de la realidad que nos toca vivir cada día. Dice el autor:´´ Un imaginario no es un discurso abstracto articulado, sino una sucesión de imágenes, lo que explica, entre otras cosas, que los imaginarios no tengan por qué ser coherentes…´´[3]

¿Cómo se construye una nación?, naturalmente el peso del discurso es menor en el diseño de una nación comparada con el imaginario visual interviniente en la confección de un estado nacional. Pensemos por un momento en el libro Mein Kampf, de Adolf Hitler. En dicho libro lo que encontramos son frases y exaltaciones de viejos mitos germánicos que mueven más a la acción que a la reflexión. El régimen nazi estuvo plagado de imágenes que recordaban viejas glorias más la construcción de un vestuario que nos hacia recordar al imperio romano. Dice Pérez Vejo: ´´ Uno de los rasgos más llamativos de esta hegemonía de la nación en el pensamiento moderno es su endeblez conceptual.´´[4]

Un capítulo particular dentro de la historia de las naciones es el referido por el papel de la pintura histórica. Dentro del ámbito de la historia de la Republica Argentina, que recientemente cumplió doscientos años de vida; podemos nombrar los casos emblemáticos, desde el punto de vista de la pintura histórica, ´´ del caballo blanco del general José de San Martín y, la representación del sargento Cabral.´´ Traemos estos ejemplos a colación porque reflejen claramente el valor de las imágenes en la construcción de un imaginario popular o nacional. San martín, difícilmente hubiera usado un caballo para cruzar los Andes, quizás su elección debiera haber estado más cerca del uso de una mula por la firmeza de sus piernas y el acostumbramiento al paso de montañas. En el caso del sargento Cabral, el uso ex profeso de una frase para exaltar una acción heroica en orden a construir un imaginario es, pensamos, más clara aún. ¿Quien de nosotros podría pronunciar palabra con un sable que se encuentra incrustado en nuestro estómago? Creo que sería casi un milagro poder hablar en tal situación, no obstante esto, podemos tomarlo como ejemplo para convencer a otros de que ciertas personas se interesaron profundamente por la construcción de lo que hoy conocemos como nación-argentina. Lo que está detrás de estos relatos, es, justamente, el relato de los orígenes de una nación y de los hombres-héroes que lo hicieron posible.

Creemos que la mayor importancia de la imagen, al menos en sus comienzos, estuvo dada por el uso a modo de testigo, de observador de la realidad. Quizás el ejemplo más emblemático de esta funcionalidad de las figuras a través del tiempo sea, el de la fotografía.

Existe una relación íntima entre fotografía e historia. La historia puede hacer uso de las imágenes fotográficas en orden a establecer interpretaciones más fieles acerca de hechos ocurridos lejos en el tiempo. La fotografía nos sitúa de lleno en la realidad histórica que estamos presenciados a través suyo. El crítico Stephen Bann comenta: ´´ al situarnos frente a una imagen nos situamos << frente a la historia>>.´´[5]

Entonces podemos decir que las imágenes, al igual que lo textos o los relatos orales, pueden ser utilizadas como documentos históricos. No está de mas recordar que, a pesar de que las representaciones pictóricas, los filmes y las fotografías históricas, que son representaciones bastante fieles de una pasado del cual ya no disponemos, justamente, el historiador que ve o que realiza una pintura, una película, lo que hace es dar su propia interpretación de un hecho de nuestro pasado. Debemos escapar a la tentación del impacto visual, es decir, concluir que lo que vemos o, mejor dicho, que lo que interpretamos a partir de lo que estamos viendo, sea la realidad per se.

La fotografía, creemos, ha logrado cautivar el espíritu de millones debido a la creación de una falsa sensación de captura de lo real. Lo real es lo imposible, dijo alguna vez el encumbrado psicoanalista Jacques Lacan. El fluir de lo real no puede ser capturado ni por las placas fotográficas, ni por el cine, o la representación pictórica. Es una noble intención, incluso podríamos decir casi infantil, el hecho de querer detener lo que sucede para atesóralo mediante la tecnología disponible. La mayoría de nosotros posee en la actualidad cámaras digitales, celulares con cámara de varios mega píxeles, etc., intentamos con estos dispositivos, tomar, extraer algo que nos resulte placentero de aquellos que, por definición, por esencia, es inasible. No sólo existen imágenes placenteras, también las hay de las que nos producen pavor o terror al contemplarlas. Ejemplos de este tipo de documento social son, las cuatro imágenes arrebatas al infierno expuestas por Geroges Didi-Huberman, en su libro Imágenes pese a todo, memoria visual del holocausto.

Dice Didi-Huberman: ´´ La imagen fotográfica que surge en la unión de la desaparición próxima del testigo y la irrepresentatibilidad del testimonio: arrebatar una imagen a esta realidad.´´[6]

Las fotografías del exterminio por parte de los nazis contra todas las razas por ellos consideradas como inferiores, han buscado poder ser testigos de una realidad aterradora, para demostrarle al mundo lo que sucedía en los campos de concentración como el de Auschwitz.

A través de estas imágenes asistimos a lo increíble, a lo inimaginable de lo real. Quien podría haberse imaginado toda la extraordinaria y precisa máquina montada por los alemanes para terminar de manera eficiente con otros seres humanos. Por ese el título del libro Imágenes pese a todo, es muy sugestivo. Imágenes pese al horror de lo reflejado en ellas. Estas representaciones no entendidas como que el que las tomo gozaba con ellas, no, al contrario, fueran tomadas por personas que estaban encerradas con sus compatriotas, esperando para ser exterminadas. El testimonio de dichas imágenes, el testimonio del horror, también forman parte de la historia de la humanidad. Dice el autor: ´´ Las cuatro fotografías arrebatas por los miembros del Sonderkomando[7]al crematorio V de Auschwitz están dirigidas a lo inimaginable, y lo refutan de la manera más desgarradora que existe. Para refutar lo inimaginable, varios hombres se arriesgaron colectivamente a morir y, lo que es peor todavía, a sufrir la suerte reservada a este tipo de tentativas: la tortura, por ejemplo,…´´[8]

Pensamos que ante hechos abominables o muy repudiables como los perpretados por el régimen Nazi o similar, las imágenes pueden ser más elocuentes que las palabras. Se pueden escribir centenares de páginas detallando los días en cautiverio, esperando por la solución final; pero un par de imágenes de los campos de concentración o de los elementos allí utilizados pueden, especialmente a los que sobrevivieron a ese holocausto, causar una impresión demasiado fuerte. No obstante lo anterior, debemos confesar que dichas imágenes no nos han causado consternación, principalmente porque no fuimos victimas del dominio nacional-socialista, tampoco vivimos hechos de particular violencia que pueda sensibilizarnos a la hora de presenciar fotografías de guerra. Pero la razón más importante es que, si no supiéramos de antemano quienes fueron  los Nazis, por qué se eligió a la pueblo judío como grupo humano destacado para el exterminio, por qué fue Adolfo Hitler el principal ideólogo de dicho proceso; no podríamos extraer absolutamente nada de las fotografías antes mencionadas. Es más, las mismas no pasarían por ser unas fotos más en un libro sobre historia de Europa.

Adolf el superhombre: se traga el oro y escupe la chatarra (John Heartfield, 1932)

Esta imagen, nos muestra a un personaje nefasta para la historia mundial. Nos referimos al líder del movimiento nacional socialista en Alemania durante la segunda guerra mundial, Adolf Hitler. Las palabras que rodean la composición o placa montada, podrían traducirse por: Adolfo el superhombre (es el encabezado), mas abajo (golondrinas de oro y las placas de las conversaciones). Al margen de las traducciones que podamos hacer, lo que queremos destacar es, que dicha imagen no representaría nada para nosotros si no tuviéramos conocimientos previos de la historia reciente de Europa. Otro obstáculo importante seria la falta de aprendizaje de idioma extranjero, en este caso el alemán, un lenguaje bastante difícil por cierto.

 

CONCLUSIÓN

Nuestra intención con este trabajo partió del enunciado una imagen dice más que mil palabras; para intentar ponerlo en cuestión. Para ello empezamos refiriéndonos al surgimiento de las figuras desde los primeros humanos con sus representaciones pictóricas, pasando por la fotografía, siguiendo, luego, con la construcción de los estados nacionales y del imaginario a tal efecto. En todos esos momentos, mostramos, creemos, que si bien las imágenes son de gran valor desde el punto de vista del testigo, como de aquel ojo omnisciente que todo lo ve, no llegan a ser concluyentes si no se encuentran o, mejor dicho, si no son interpretadas por sujetos dotados de lenguaje.

Titulamos este escrito como las imágenes y las palabras en el mismo se refleja nuestra posición frente a ambas. Las imágenes y las palabras se complementan. Las figuras del mundo son un estímulo para razonar, no sólo acerca de lo que vemos, sino también sobre realidades suprasensibles. Los hombres tenemos ojos que ven, que son un medio para captar lo que esta fuera de nosotros; pero ellos no son suficientes para decodificar lo abrumador de lo real. Pensamos que no es correcto caer en las exageraciones y los fanatismos propios de todos los ismos. Decir que una imagen dice más que mil palabras es desconocer la realidad discursiva que hizo posible el surgimiento de dicha expresión.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Las imágenes y la historia. Un acercamiento a las fuentes visuales a través de la fotografía y la caricatura. Dra. Fausta Gantús (México). Curso de posgrado. 

 

 

[1] Burke Peter, Visto y no visto, el uso de la imagen como documento histórico. Pág. 11 (selección de textos de la profesora Gantús).

[2] Burke Peter, Visto y no visto, el uso de la imagen como documento histórico. Pág.12

[3] Pérez Tomás, Vejo, Nacionalismo e imperialismo en el siglo XIX: Dos ejemplos de uso de las imágenes como herramienta de análisis histórico. Pág. 51.

[4] Pérez Tomás, Vejo, Op.cit, Pág. 52.

[5] Burke Peter, Visto y no visto, el uso de la imagen como documento histórico. Pág.17

[6] Georges Didi- Huberman, Imágenes pese a todo, Memoria visual del holocausto. Sumario.

[7] Grupo de judíos destinados a trabajar en las cámaras de gas y en los crematorios.

[8] Georges Didi- Huberman, Imágenes pese a todo, Memoria visual del holocausto. Pág.37

 

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