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CUENTO DE LA EDAD DEL BRONCE.

( Sobre una lectura de “Temor y temblor” de Soren Kierkegaard, y “Dar (la) muerte” de J. Derrida. Por no hablar de Ifigenia en Aulide…)

 

( Por Héctor Solsona Quilis. Profesor de “Sociedad, cultura y religión”. Colegio Cooperativa Martí Sorolla II ). Abril de 2004

 

Un día tomó un padre a su amado hijo adolescente y partieron solos hacia el monte del Destino. Caminaron durante cinco días en silencio, llegado el sexto, iniciaron el ascenso de la montaña. Y al mediodía del séptimo, alcanzando la cima, el padre cogió al hijo del cabello y, echándoselo hacia atrás hasta tenerlo de rodillas, le puso un afilado y reluciente cuchillo en el cuello. “Sí vuelves a desobedecerme, te rajaré la garganta igual que has visto que hago con los corderos”, dijo el padre con fríos ojos criminales al estupor de su hijo en la soledad de aquella montaña. Soltó al muchacho, guardo el cuchillo y tomaron el camino de regreso en silencio.

 

Tuvo suerte Abraham, que iba delante, no así su hijo Isaac, que iba detrás, cuando éste sintió el terrible deseo de coger un pedrusco del camino y aplastar con él la cabeza de su amado padre, pero el muy infeliz no lo hizo, porque desde la cima de aquella montaña tenía el corazón encogido para el resto de su vida. Dijo Abraham que vio un ángel, pero Isaac no vio a nadie.

 

Murió Abraham, e Isaac, el del corazón encogido, fue engañado por su esposa y por sus hijos…y el engaño se repitió, con Dios Padre y Dios Hijo cuando este confesó: Padre, Padre, ¿por qué me has abandonado?.

 

Y se repitió muchas veces más este cuento tan popular, en el nombre del Dios, o del Padre, o de la Patria, o de la Libertad, o del Honor y la Honra, y cuantas cosas queráis, incluso del mismísimo pan de comer todos los días; y se repitió en los campos de Europa donde los hijos fueron mutilados en nombre de…entre 1914 y 1918, y otra vez entre 1936 y 1945, y entre…a gran escala, y también a pequeña escala, en gran y pequeño formato, a todas horas y todos los días.

Y la esencia de este cuento ( mito fundacional del monoteísmo del que se alimenta el politiqueísmo ) se prolonga ya demasiado, desde la edad del Bronce hasta el S. XXI. Donde (¿todavía? ¿aún estamos ahí?  ¿con esas?) alguien ordena el sacrificio por el bien de todos…¡¡¡¡¡ sin preguntar a los demás !!!!! El muy infeliz, no tuvo fuerza, para levantar un pedrusco. Hizo y no hizo lo que vio hacer ( sin razón ) a su padre, pero no vio el ángel por ninguna parte. Se levanta en medio de la noche, empapado en sangre y sudor, frío, tapándose el tajo en la garganta, mientras observa a su padre echándole paladas de tierra con la conciencia del deber cumplido satisfecha. ¿Un imbécil o un loco?. Ése es el dilema de Isaac en su tumba. No el mío. Freud y J. Morrison lo tenían más claro. Salud y anarquía. Amén.

 

Hector Solsona Quilis. Profesor de “Sociedad, cultura y religión”. Colegio Cooperativa Martí Sorolla II.

 

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