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 SOLIDARIDAD

Yago Márquez, Adriana Scialdone, María Martos(4º de ESO. IES Carlos Bousoño- Majadahonda, Madrid. Mayo de 2000)

La Real Academia Española define solidaridad como "adhesión circunstancial a la causa, empresa u opinión de otros". Ciñéndose simplemente a la definición se puede decir que una persona es solidaria con otra cuando le apoya y le ayuda en un momento determinado.

En nuestros tiempos la solidaridad va más allá de una adhesión circunstancial y ha pasado a convertirse en casi una moda, en algunos casos se ha explotado en exceso.

Como valor moral, la solidaridad se emplea la mayoría de las veces en el ámbito público aunque se puede ser solidario también en diferentes ámbitos.

Debido al tiempo en el que vivimos, lleno de guerras entre pueblos que siempre acaba cebándose con los más pobres y lleno también de catástrofes naturales probablemente provocadas por el calentamiento de la tierra, las instituciones de los países que tienen la suerte de no vivir éstas tragedias, a menudo se solidarizan con los países más pobres. La solidaridad es buena y tiene un fin muy claro, ayudar a aquel que lo necesita aunque ello conlleva prescindir de algo.

Durante estos últimos años las instituciones que llevan a cargo despertar el espíritu solidario han hecho labores muy buenas. Gracias a ellos se han conseguido cosas como crear colegios, hospitales, conseguir medicinas, reconstruir barrios y ciudades enteras, regalar regalos a niños pobres y multitud de acciones que seguramente serían difícil de escribir aquí.

 

Caminos para ser solidario

 

Decenas de organizaciones canalizan la ayuda de los países desarrollados al Tercer Mundo.

La necesidad de solidaridad con los más necesitados es un sentimiento que ha resurgido en nuestra conciencia en los últimos años. El altruismo, que también se podría  considerar un valor moral, vuelve a estar en alza. Olvidándose de las comodidades, del individualismo y la autocomplacencia, cada día son más los ciudadanos que se involucran en las distintas facetas de la cooperación internacional.

Pese a la falta de cifras oficiales, se calcula que España cuenta con un poco más de medio millón de voluntarios sociales. Dentro de esta catalogación se incluyen todas las personas que realizan acciones solidarias, ya sea en su país de origen o en el extranjero.

La ayuda a los países en vías de desarrollo se articula en torno de las Organizaciones no Gubernamentales (ONG), entidades que necesitan tanto aportaciones económicas como voluntarios. Las únicas trabas que encontrará el interesado en cooperar serán los requisitos que plantee cada ONG. Sólo en Cataluña (información de la Vanguardia) existen unas cuarenta. En ellas recae el mayor peso de la cooperación, ya que la crisis ha reducido la aportación de los estados.

 

Las ONG´s. Eficaces y solidarias

 

Su actividad es muy variada y abarca tanto campañas de emergencia en zonas de situación desesperada como proyectos a largo plazo.

(Editorial de EL PAIS)

Parece un signo de los tiempos: el Estado-nación, constructor del mundo tal como lo conocemos en Occidente, cada día sirve para menos cosas. No es ya eso tan sabido de que el Estado pierde poder, de que la economía se mundializa y de que la transnacionalidad es la marca que lleva en la frente la nueva sociedad posmoderna. Resultando pequeño ante lo grande, el Estado es también demasiado grande ante lo relativamente pequeño. Operaciones de urgencia como el socorro aportado a Ruanda están demostrando que son las ONG, las mejores capacitadas para llevarlas a cabo y no los Estados, engorrosos anticuados, burocratizados, llenos de papel timbrado y directivas de imposible cumplimiento.

La proliferación de las ONG es un fenómeno relativamente reciente. Hace ya más de medio siglo y medio que se fundó la Cruz Roja para aliviar a las víctimas de la guerra. Y siempre ha habido individuos cuya voluntad de ayudar al prójimo les llevó a puntos lejanos del mundo. Los misioneros, lejos de ser agentes del proselitismo religioso de siglos pasados, hacen una ingente labor de ayuda lejos de sus lugares de origen, que en miles de casos es España. Pero ha sido en los últimos años cuando grupos de personas, unidas por sus intereses vocacionales más que profesionales y por su espíritu de ayuda, han articulado organizaciones que acuden con agilidad, espíritu de sacrificio y eficacia allá donde las catástrofes hacen sufrir a la población.

La prosperidad occidental genera de manera permanente un excedente de recursos que en épocas pasadas se transformaba en una caridad privada bienintencionada, pero a menudo incoherente y caótica. Hoy se distribuye, en parte de manera directa por los Estados, en forma de ayuda a los sectores más desfavorecidos en sus propias sociedades y al Tercer Mundo. Contribuyen tanto a resolver algunos problemas concretos como a domesticar los remordimientos y a lucir una buena estadística de la caridad institucionalizada.

Las ONG son hoy la plasmación concreta de esa caridad abstracta, inmediata, efectiva, necesaria. Las ONG nacen de la iniciativa privada, de la sociedad. A sus miembros no los mueve únicamente el remordimiento de la riqueza, sino sentimientos de responsabilidad y solidaridad, directos, personales y admirables.

Y pese a ello, las organizaciones no gubernamentales no pueden ser totalmente independientes porque en gran parte de su financiación la aseguran los Estados; porque no pocos se sus grandes operadores han sido funcionarios de la Administración o se hallan muy vinculados a ella; y porque el Estado debe facilitar el marco adecuado para su desarrollo y su operatividad. Su independencia no tiene por qué dejar  lugar a dudas. Pero el Estado debe estar ahí, detrás de las ONG, y puede ser más habilidoso de lo que normalmente se le reconoce en subrogar su intervención, como vemos hoy en varias tragedias naturales y guerras.

El Estado clásico sufre graves asechanzas. Pero se multiplica, se desdobla, sabe llegar de otra forma a donde no le cabría con su rígido ser de antaño. Y en último término, no olvidemos que cuando había que enviar cascos azules a Bosnia, o era precisa una fuerza de intervención humanitaria en la torturada Ruanda, las ONG han de ser protegidas por los ejércitos, por los Estados. Las ONG son una expresión más de una sociedad moderna y estructurada. Hacen una labor encomiable. Pero no pueden convertirse en excusa de los Estados para hacer dejación de sus derechos.

 

Es muy complicado nombrar a las ONG al completo pero algunas de las más representativas, en España serían:

Anesvad, Cáritas, Médicos sin Frontera, Médicos del Mundo, Aldeas Infantiles, Manos Unidas, Plataforma del 0,7% y un largo etcétera.

Las ONG además se encargan de temas ecológicos, y relacionados con la sociedad en general, periodistas, animales, medio ambiente, reconstrucción de edificios emblemáticos, la tercera edad y todo aquello en dónde se necesite a gente con ganas de ayudar.

 

Solidaridad más cercana

 

Aunque la solidaridad se conoce sobre todo como antes hemos dicho por la ayuda a gente normalmente desconocida también es muy importante la solidaridad con el más cercano, quizás no necesite dinero o que le construyas una casa pero sí ayuda a la hora de estudiar o para contar algún problema.

En la familia quizás es donde más se necesite, repartir las tareas domésticas e intentar que haya una menor sobrecarga y mayor reparto de responsabilidades.

También en el amor hay que ser solidarios con la pareja y procurar darles lo que necesite y reclame.

Como se puede observar la solidaridad es un valor universal que casi siempre está presente en otros valores como la familia, la mistad el amor, la amistad…

 

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