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Actividades en el Aula (Filosofía, Literatura e Historia):

Sobre El Nombre de la Rosa de Umberto Eco.

Simón Royo Hernández.

(siroyo@rocketmail.com)

                                                                    Febrero de 2010

Con el auge del inductivismo y el naturalismo aristotélicos en las postrimerías de la Edad Media las Abadías se confundían con las nuevas Universidades y las Summas acabarían por convertirse en La Enciclopedia. Desde las críticas a Santo Tomás de Aquino de Guillermo de Ockham hasta la sustitución cartesiana del alma por la mente y de Dios por la Razón pasarían al menos tres siglos y otros dos más serían necesarios para la llegada de la Revolución y de la Ilustración.

 

Resulta interesante la actividad de intentar desentrañar algunos gérmenes de la era moderna desde el remoto lugar de la Baja Edad Media. Vamos a ver una serie de materiales consagrados a tal fin y vinculados a la excelente versión cinematográfica del más célebre libro de Umberto Eco: “El Nombre de la Rosa”.

 

Desarrollo de la acción: (Contexto histórico del siglo XIV).

—La película se desarrolla en una Abadía de la Edad Media de la orden benedictina. El lugar es una zona imprecisa, situada en los montes Apeninos, entre Piamonte, Liguria y Francia.

—La época en la que se desarrolla la acción es a finales de noviembre de 1327, después de que Luis de Baviera (conocido como Luis IV o Ludovico) entrase en Italia para restaurar el Sacro Imperio Romano; acontecimientos que preceden al llamado Cisma de Aviñon*.

Poco después del nombramiento del segundo papa francés en Aviñon (1316), Jacques de Cahors (apodado Juan XXII), que era apoyado por Federico de Austria en sus pretensiones de dominar Italia, éste último, fue derrotado por Ludovico en 1322. El papa de Aviñon excomulgó a Ludovico en 1324 y continuó en la jefatura de la Iglesia hasta 1334. El poder papal se encuentra en esos momentos en una dura lucha con el poder temporal, el papa francés defiende la teocracia y el emperador alemán no la acepta, al mismo tiempo, el papado, tiene que hacer frente a las herejías.

En 1328 es cuando Luis de Baviera se hace coronar emperador en Roma, en nombre del pueblo, nombra un papa alternativo, el franciscano espiritual Pedro de Corvara, que tomó el nombre de Nicolás V, quien dos años después renunciaría y buscaría la reconciliación con Juan XXII.

—Año 1327: Los franciscanos por un lado y los delegados del papa francés por otro son esperados en la Abadía para tener un encuentro que solucione sus controversias. Corren el peligro de ser declarados heréticos por dos motivos: 1) su insistencia en la pobreza del clero y 2) su cercanía a las posturas que, en lugar de aceptar la subordinación del poder del emperador a la autoridad del papa (teocracia), abogaban por la separación de los dos poderes.

—Serán los espirituales franciscanos, llamados fraticelli, quienes finalmente (1328) acusarán al papa de Aviñon de herejía y se unirán a Luis de Baviera, quien nombrará a uno de ellos, como hemos dicho, como papa en Roma. Es la época en la que importantes figuras de la orden franciscana, como Guillermo de Ockham encontrarán refugio en la corte alemana. Pero tras dos años de duplicidad papal los franciscanos renunciarán a ella y volverán a reconciliarse con la Iglesia oficial.

* Cisma de Aviñon: Fue el papa Clemente V (1305—1314) quien trasladó la corte papal de Roma a Aviñon, al ser un firme aliado del monarca francés Felipe IV. Con Juan XXII (1316—1334) se producen los conflictos contemporáneos de El Nombre de la Rosa, cinco papas más residirán en Aviñon, siendo Urbano VI (1378—1389) el primer italiano (que hace volver el papado a Roma) tras siete papas franceses en la citada ciudad. Sin embargo, su programa de reformas provocó que un grupo de cardenales eligieran un papa francés alternativo: Clemente VII, que tendría su sede simultánea en Aviñon. Desde ese momento y durante dos décadas la cristiandad occidental quedaría dividida (cisma) en dos obediencias: Roma y Aviñon, lugares donde se simultanearán los papas: Bonifacio IX, Inocencio VII y Gregorio XII serán papas en Roma; al mismo tiempo que, sin reconocer a los otros y viceversa, Clemente VII y Benedicto XIII serán papas en Aviñon. Los distintos reinos se mostrarían fieles a unos u otros dependiendo de sus intereses políticos. La escisión duraría desde 1378 hasta 1417, cuando, en el Concilio de Constanza se recuperó la unidad, nombrándose como único papa al cardenal romano Martin V (1417—1431).

Personajes:

Guillermo de Baskerville: Miembro de la orden franciscana. Perspicaz investigador, erudito, amante de los libros y de la filosofía, seguidor de Aristóteles y de la inteligencia lógica, que había tenido problemas en su pasado por contradecir un veredicto de la Inquisición. Este personaje es una copia o está inspirado en los pensadores ingleses Roger Bacon y, sobre todo, Guillermo de Ockham*, que existieron realmente y que con sus ideas, prepararon la llegada del Renacimiento.

Adso de Melk: Novicio franciscano puesto bajo la tutela de Guillermo de Baskerville, por su padre, el Barón de Melk, para recibir su educación.

Abad: Jefe de la congregación benedictina que vive en la Abadía.

Adelmo: Ilustrador de imágenes cómicas y humorísticas. Muere al caer de una alta ventana durante una tormenta de granizo.

Ubertino da Casale: Uno de los jefes espirituales de los franciscanos en el que se confunden el amor místico y el amor cortés. Impopular ante la jerarquía eclesiástica por haber escrito un libro titulado: Sobre la pobreza del clero.

Venancio: Traductor de griego dedicado a las obras de Aristóteles. Aparece muerto en una tinaja llena de sangre.

Salvatore y Remigio: Miembros de la Abadía que en pasado habían pertenecido a un movimiento herético, los dulcinistas, que, como los franciscanos, creían en la pobreza, pero a diferencia de estos, se dedicaban a matar a los obispos ricos y obesos.

Bernardo Guy: Miembro de la Santa Inquisición que llega con la delegación papal.

Berengario: Ayudante del Bibliotecario que aparece muerto en una cuba de agua.

Severino: Herbolario, que aparece muerto, pero de manera distinta a los otros.

Malaquías: Bibliotecario que aparece muerto finalmente, con los dedos negros y la lengua negra, como había previsto Guillermo ante el juicio inquisitorial que se les hace a los inocentes Salvatore, Remigio y la muchacha.

Jorge: el monje ciego enemigo de la Risa. Sostiene que el progreso no existe y que las bibliotecas están sólo para la preservación del saber y no para la investigación. Umberto Eco quiso homenajear a Jorge Luis Borges bajo esta caracterización.

2º Libro de la Poética de Aristóteles: Libro que mata o por el cual la gente mata. En realidad nunca llegó a ser escrito.

* Guillermo de Ockham (Condado de Surrey 1280— Munich 1349): Filósofo inglés perteneciente a la orden franciscana. Estudió en la universidad de Oxford. Luego enseñó lógica y teología en algunas escuelas de la orden, pero abandonó la enseñanza para comparecer ante la curia papal de Aviñon (1324), llamado a responder de la acusación de herejía, a causa de sus obras. Una acusación promovida por el ex canciller de la universidad de Oxford, G.Lutterell, un fanático que le odiaba profundamente. Huyó de Aviñon con un grupo de franciscanos críticos respecto de la política eclesiástica de Juan XXII (1328). Primero se dirigió a Italia, para seguir luego a Luis de Baviera a Munich, donde permaneció hasta su muerte.

La influencia de su pensamiento, expuesto a través de sus obras, fue fundamental para los estudiosos del siglo XIV y precedió a la renovación de las ideas que hicieron posible el surgimiento del pensamiento científico de Copérnico y Galileo Galilei, ya en el Renacimiento.

A la hora de buscar las causas del desplome de la Cristiandad Teocratica de la Edad Media —merma del poder pontificio, críticas a la filosofía y la teología de Santo Tomás de Aquino desde las universidades, movimientos de agitación social, etc— ocupa Guillermo de Ockham un lugar eminente. Contribuye a dicha caída desde un doble punto de vista: 1) con la crítica a la filosofía, la moral y la teología recibidas del siglo XIII; y 2) con la lucha directa contra el régimen personificado por el papado. Toda la vida de Ockham estará consagrada y dirigida a desmontar las bases doctrinales y políticas en que se sostenía el poder medieval del papado. Esta lucha directa tiene nombres propios: Juan XXII, Benedicto XII y Clemente VI, los tres papas de Aviñon entre 1316 y 1352, justo antes del Cisma o separación en dos bloques con dos papas de la Iglesia Occidental.

—Cuestionario 1:

1) Haz una redacción contando la película que incluya todo lo que recuerdes. (Puedes ayudarte recordando la película pues faltan datos y personajes que has de incluir tú).

2) Compara el personaje de la película, Guillermo de Baskerville (ficción), con el personaje real (Guillermo de Ockham) en el que está basado y señala aquellos aspectos en los que se parecen.

3) Explica por qué a Guillermo no le gustaba el papa Juan XXII.

4) Busca el pasaje de la Biblia, Nuevo testamento: Marcos capítulo 6. versículo 8; cópialo, y explica que relación puede tener con la película (tarea para casa).

—TEXTO PARA COMENTAR 1: del libro: “El Nombre de la Rosa”, de Umberto Eco.

—Dice Adso (ya anciano) que es el narrador de la historia, al comienzo de la misma: “Los hombres de antes eran grandes y hermosos (ahora son niños y enanos), pero ésta es sólo una de las muchas pruebas del estado lamentable en que se encuentra este mundo caduco. La juventud ya no quiere aprender nada, la ciencia está en decadencia, el mundo marcha patas arriba, los ciegos guían a otros ciegos y los despeñan en los abismos, los pájaros se arrojan antes de haber echado a volar, el asno toca la lira, los bueyes bailan (…). Todo está descarriado. Demos gracias a Dios de que en aquella época mi maestro supiera infundirme el deseo de aprender y el sentido de la recta vía, que no se pierde por tortuoso que sea el sendero” (Umberto Eco El Nombre de la Rosa. Lumen. Barcelona, 1982. Prólogo, p.22).

5) La situación que describe Adso, de la Edad Media, ¿te parece de actualidad? ¿por qué?.

—Cuestionario 2.

  1. ¿Quién era Jorge? ¿Por qué no le gustaba la risa?
  2. ¿De qué orden monástica eran los monjes de la abadía?
  3. ¿Quiénes y quién cree el Inquisidor que es el autor de los asesinatos?
  4. ¿Por qué los monjes al ver los asesinatos se creen que llega el fin del mundo?
  5. ¿Quién era Ubertino? ¿En qué se parece el amor místico al amor cortés?
  6. ¿De qué orden eran los monjes que consideraban que los clérigos tenían que ser pobres?
  7. ¿Qué “cosas malas” habían hecho Remigio y Salvatore en el pasado?
  8. ¿En qué situación crees que vivían: a) los nobles, b) los clérigos, c) el pueblo?
  9. ¿Quién era la Rosa? ¿Por qué el libro y la película se titulan El Nombre de la Rosa?
  10. ¿Qué sabes de Umberto Eco?

 

Respuesta a pregunta 4 del cuestionario 1.

 

(Mc 6,7—8: “7 Y llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos: y les dio potestad sobre los espíritus inmundos. 8 Y les mandó que no llevaran nada para el camino, sino solamente báculo; no alforja, ni pan, ni dinero en la bolsa”. Justificación del Ideal de pobreza de los franciscanos).

Nuevo Testamento.

Libro del Apocalipsis. Las siete trompetas (Ap 8:2—11:19)

  1. La primera trompeta (desastres sobre la tierra)
  2. La segunda trompeta (desastres sobre el mar)
  3. La tercera trompeta (desastres sobre las aguas)
  4. La cuarta trompeta (desastres sobre el cielo)
  5. La quinta trompeta (el primer ¡Ay!)
  6. La sexta trompeta (el segundo ¡Ay!, que se prolonga durante los 3 excursos siguientes)
  7. La séptima trompeta (el tercer ¡Ay!, aclamación celestial, el Arca de la Alianza vuelve a verse).

Cuestionario 3.

1) ¿Qué es al Apocalipsis?

2) ¿Qué pensaban algunos monjes que significaban los asesinatos?

3) ¿Qué tenía que ver el Apocalipsis con los asesinatos de la Abadía?

4) ¿Qué labores o profesiones desempeñaban los monjes de la Abadía?

5) ¿Por qué crees que los libros tenían tanta importancia en aquella época?

6) ¿Qué significaba el incendio de una biblioteca?

7) ¿Se te ocurre algún acontecimiento de importancia semejante a la quema de esa biblioteca pero en la época actual?

8) ¿Cuál es tu opinión acerca del Papa de Roma actual (indica cómo se llama) y que piensas de la separación entre la religión, la política y la escuela?

 

—TEXTOS PARA COMENTAR 2.

SOBRE EL PELIGRO DE LA COMEDIA (LA RISA O LA ALEGRÍA) Y LA NECESIDAD DE SERIEDAD.

PLATÓN (s.V—IV a.C.)

“Queda, pues, terminado lo referente a tales danzas como se ha dicho que es menester que sean las de los cuerpos hermosos dotados de almas nobles. Y en cuanto a los cuerpos y almas deformes de los que se dedican a las comedias provocadoras de risa en que la imitación se produce por medio de la palabra o del canto o de la danza o en general de las facultades mímicas de todas esas gentes, fuerza es contemplar y apreciar todo esto. Porque si quiere ser uno persona inteligente, no es posible conocer lo serio sin lo cómico, como tampoco, en general, ninguna otra cosa sin su contraria; pero, en cambio, lo que no puede hacer quien haya de tener la más mínima participación en la virtud son las dos cosas a la vez  —antes bien, si por alguna razón es necesario conocerlas las dos es precisamente para que ninguna inadvertencia nos lleve a hacer ni decir sin necesidad nada ridículo—, sino que al contrario, se debe encomendar a esclavos o a extranjeros mercenarios la imitación de esta especie, sin que haya jamás el menor elemento serio en torno a ello; y que no se haga nunca público que ninguna de las personas libres sea varón o hembra, está aprendiendo estas cosas, ni que aparezcan constantemente novedades en las imitaciones de tal género. Queden, pues, así establecidas de palabra y de hecho todas las diversiones tendentes a la risa que generalmente llamamos comedias. Y en cuanto a nuestros poetas serios, como suele llamarse a los que se ocupan de la tragedia….” (Platón Leyes 816d—817a).

 

SAN AGUSTÍN (s.IV—V d.C.)

63. Hay algunas otras acciones que ya no parecen propias de los animales, pero que tampoco son en el hombre el exponente de su mayor perfección, v.gr. el bromear y el reír, actos propios del hombre, sí, pero que, a juicio de cualquiera que tenga un juicio cabal de la naturaleza humana son una de sus más ínfimas perfecciones” (San Agustín Del libre albedrío. OC. Vol.III. BAC.1982. Libro I.63 [PL. 32,1279]).

 

UMBERTO ECO (1932—)

“—La biblioteca es testimonio de la verdad y del error –dijo, pues, Jorge.

—Sin duda, Apuleyo de Madaura tuvo fama de mago –dijo Guillermo—. Pero, tras el velo de la fantasía, esta fábula también contiene una valiosa moraleja, porque enseña lo caro que se pagan las faltas cometidas. Además, creo que la historia del hombre transformado en asno alude claramente a la metamorfosis del alma que cae en el pecado.

—Quizá –dijo Jorge.

—Y ahora también comprendo por qué, durante la conversación que mencionaron ayer, Venancio se interesó tanto por los problemas de la comedia. En efecto: también este tipo de fábulas puede asimilarse a las comedias de los antiguos. A diferencia de las tragedias, no narran hechos ocurridos a hombres que han existido en realidad. Como dice Isidoro, son ficciones: «Fabulae poetae a fando nominaverunt quia non sunt res factae sed tantum loquendo fictae»”.

En un primer momento no comprendí por qué Guillermo se había metido en aquella discusión erudita, y justo con un hombre que no parecía tener mayor predilección por esos temas. Pero la respuesta de Jorge me demostró lo sutil que había estado mi maestro.

—Aquel día el tema de discusión no eran las comedias, sino sólo la licitud de la risa –dijo frunciendo el ceño.

Yo recordaba muy bien que, justo el día anterior, cuando Venancio se había referido a aquella discusión, Jorge había dicho que no recordaba sobre qué había versado.

—¡Ah! –dijo Guillermo como al descuido—. Creí que habíais hablado de las mentiras de los poetas y de los enigmas ingeniosos…

—Se habló de la risa –dijo secamente Jorge—. Los paganos escribían comedias para hacer reír a los espectadores, y hacían mal. Nuestro señor Jesucristo nunca contó comedias ni fábulas, sino parábolas transparentes que nos enseñan alegóricamente cómo ganarnos el paraíso, amén.

—Me pregunto –dijo Guillermo—, por qué rechazáis tanto la idea de que Jesús pudiera haber reído. Creo que, como los baños, la risa es una buena medicina para curar los humores y otras afecciones del cuerpo, sobre todo la melancolía.

—Los baños son buenos, y el propio Aquinate los aconseja para quitar la tristeza, que puede ser una pasión mala  cuando no corresponde a un mal susceptible de eliminarse a través de la audacia, y restablecen el equilibrio de los humores. La risa sacude el cuerpo, deforma los rasgos de la cara, hace que el hombre parezca un mono.

—Los monos no ríen, la risa es propia del hombre, es signo de su racionalidad.

—También la palabra es signo de la racionalidad humana, y con la palabra puede insultarse a Dios. No todo lo que es propio del hombre es necesariamente bueno. La risa es signo de estulticia. El que ríe no cree en aquello de lo que ríe, pero tampoco lo odia. Por tanto, reírse del mal significa no estar dispuesto a combatirlo, y reírse del bien significa desconocer la fuerza del bien, que se difunde por sí solo. Por eso la Regla dice: «Decimus humilitatis gradus est si non sit facilis ac promptus in risu, quia scriptum est: stultum in risu exaltat vocem suam».

—Quintiliano –interrumpió mi maestro— dice que la risa debe reprimirse en el caso del panegírico, por dignidad, pero que en otras muchas circunstancias hay que estimularla. Tácito alaba la ironía de Calpurnio Pisón. Plinio el Joven escribió: «Aliquando praetera rideo, jocor, ludo, homo sum».

—Eran paganos –replicó Jorge—. La Regla dice: «Scurrilitates vero vel verba otiosa et risum moventia aeterna clausura in ómnibus loquis damnamus, et ad talia eloquia discipulum aperire os non permittimus».

—Sin embargo, cuando ya el verbo Cristo había triunfado en la tierra, Sinesio de Cirene dijo que la divinidad había sabido combinar armoniosamente lo cómico y lo trágico, y Elio Sparziano dice que el emperador Adriano, hombre de elevadas costumbres y de ánimo naturaliter cristiano, supo mezclar los momentos de alegría con los de gravedad. Por último, Ausonio recomienda dosificar con moderación lo serio y lo jocoso.

—Pero Paulino da Nola y Clemente de Alejandría nos advirtieron del peligro que encierran esas tonterías, y Sulpicio Severo dice que San Martín nunca se mostró arrebatado por la ira ni presa de la hilaridad.

—Sin embargo, menciona algunas respuestas del santo spiritualiter salsa –dijo Guillermo.

—Eran respuestas rápidas y sabias, no risibles. San Efraín escribió una parénesis contra la risa de los monjes, ¡y en De habitu et conversatione monachorum, se recomienda evitar las obscenidades y los chistes como si fuesen veneno de áspid!

—Pero Hildeberto dijo: «Admittenda tibi joca sunt post seria quaedam, sed tamen et dignis ipsa gerenda modis». Y Juan de Salisbury autoriza una hilaridad moderada. Por último, el Eclesiástico, que citabais hace un momento al mencionar vuestra Regla, si bien dice, en efecto, que la risa es propia del necio, admite al menos una risa silenciosa, la del ánimo sereno.

—El ánimo sólo esta sereno cuando contempla la verdad y se deleita con el bien que ha realizado, y la verdad y el bien no mueven a risa. Por eso Cristo no reía. La risa fomenta la duda.

—Pero a veces es justo dudar.

—No veo por qué debiera serlo. Cuando se duda hay que acudir a una autoridad, a las palabras de un padre o de un doctor, y entonces desaparece todo motivo de duda. Me  parece que estáis impregnado de doctrinas discutibles, como las de los lógicos de Paris. Pero San Bernardo, con su es así y no es así, supo oponerse al castrado Abelardo, que quería someter todos los problemas al examen frío y sin vida de una razón no iluminada por las Escrituras. Sin duda, el que acepta esas ideas peligrosísimas también puede valorar el juego del necio que ríe de aquello cuya verdad, enunciada ya de una vez para siempre, sólo debe ser objeto único de nuestro saber. Y así, al reír, el necio dice implícitamente: «Deus non est».

—Venerable Jorge –dijo Guillermo—, creo que sois injusto cuando tratáis de castrado a Abelardo, porque sabéis que fue la iniquidad ajena la que lo sumió en esa triste condición.

—Fueron sus pecados. Fue la soberbia de su confianza en la razón humana. Así la fe de los simples fue escarnecida, los misterios de Dios desentrañados (mejor dicho, se intentó desentrañarlos, ¡necios quienes lo intentaron!), abordadas con temeridad cuestiones relativas a las cosas más altas, escarnecidos los padres por haber considerado que no eran respuestas  sino consuelo lo que esas cuestiones requerían.

—No estoy de acuerdo, venerable Jorge. Dios quiere que ejerzamos nuestra razón a propósito de muchas cosas oscuras sobre las que la escritura nos ha dejado en libertad de decidir. Y cuando alguien os incita a creer en determinada proposición, lo primero que debéis hacer es considerar si la misma es o no aceptable, porque nuestra razón ha sido creada por Dios, y lo que agrada a nuestra razón no puede no agradar a la razón divina, sobre la cual, por otra parte, sólo sabemos lo que, por analogía y a menudo por negación, inferimos basándonos en las operaciones de nuestra propia razón. Y ahora fijaos en que, a veces, para minar la falsa autoridad de una proposición absurda, que repugna a la razón, también la risa puede ser un instrumento idóneo. A menudo la risa sirve para confundir a los malvados y para poner en evidencia su necedad. Cuentan que cuando los paganos sumergieron a San Mauro en agua hirviente, éste se quejó de que el baño estuviese tan frío; el gobernador pagano puso estúpidamente la mano en el agua para probarla, y se escaldó. Bello acto de aquel santo mártir, que ridiculizó así a los enemigos de la fe.

Jorge sonrió con malignidad y dijo:

—También en los episodios que cuentan los predicadores hay muchas patrañas. Un santo sumergido en agua hirviendo sufre por Cristo y se contiene para no gritar, ¡no tiende trampas infantiles a los paganos!

—¿Veis? ¡Esta historia os parece inaceptable para la razón y la acusáis de ser ridícula! Aunque tácitamente, y dominando vuestros labios, os estáis riendo de algo y queréis que tampoco yo lo tome en serio. Reís de la risa, pero reís.

Jorge hizo un gesto de fastidio:

—Jugando con la risa me estáis arrastrando a hablar de frivolidades. Pero sabéis bien que Cristo no reía.

—No estoy muy seguro. Cuando invita a los fariseos a que arrojen la primera piedra, cuando pregunta de quién es la efigie estampada en la moneda con que ha de pagarse el tributo, cuando juega con las palabras y dice «Tu es petrus», creo que dice cosas ingeniosas, para confundir a los pecadores, para alentar a los suyos. También habla con ingenio cuando dice a Caifás: «Tú lo has dicho». Y Jerónimo cuando comenta el pasaje de Jeremías en que Dios dice a Jerusalén «nudavi femora contra faciem tuam», explica: «Sive nudazo et relevabo femora et posteriora tua». De modo que hasta Dios se expresa mediante agudezas para confundir a los que quiere castigar. Y bien sabéis que, en el momento más vivo de la disputa entre cluniacenses y cistercienses, los primeros acusaron a los segundos, para ridiculizarlos, de no llevar calzones. Y en el Speculum stultorum, el asno Brunillo se pregunta qué sucedería si por la noche el viento levantase las mantas y el monje viera sus partes pudendas…

Los monjes que estaban alrededor rompieron a reír, y Jorge montó en cólera:

—Estáis arrebatándome a estos hermanos para arrastrarlos a una fiesta de locos. Ya sé que es común entre los franciscanos conquistarse las simpatías del pueblo con este tipo de tonterías, pero sobre estos ludi os diré lo que dice un verso que en cierta ocasión oí en boca de uno de vuestros predicadores: «Tum podex carmen extulit horridulum».

La reprimenda era un poco excesiva: Guillermo había estado impertinente, pero ahora Jorge lo acusaba de emitir pedos por la boca. Me pregunté si con la severidad de su respuesta el anciano no estaría invitándonos a salir del scriptorium. Pero vi que Guillermo tan combativo hacía un momento, adoptaba la más dócil de las actitudes.

—Os pido perdón, venerable Jorge –dijo—. Mi boca no ha sabido ser fiel a mi pensamiento; no quise faltaros al respecto. Quizás lo que decís sea justo, y quizás yo esté equivocado”.

(Umberto Eco El Nombre de la Rosa. Capítulo: Segundo Día. TERCIA).

 

 

BIBLIOGRAFIA FUNDAMENTAL:

 

Umberto Eco

El Nombre de la Rosa. (1ª edición, en italiano, Valentino Bompiani 1980) Barcelona, Editorial Lumen, 1982.

Apostillas a El Nombre de la Rosa. Barcelona Lumen 1985.

—Beato de Liébana: Miniaturas del “Beato” de Fernándo I y Sancha (Manuscrito B.N. Madrid Vit.14—2): texto y comentario a las tablas de Umberto Eco / introducción y notas bibliográficas de Luis Vázquez de Parga Iglesias. Milano: F.M.RICCI, cop.1983.

J.Valdeón, V.Alvarez, M.Cortés El cisma de Aviñon. Cuadernos de Historia 16, nº291. Madrid 1985. 

También puede verse información apropiada en artículos de la Wikipedia:

http://es.wikipedia.org/wiki/El_nombre_de_la_rosa

http://es.wikipedia.org/wiki/Guillermo_de_Ockham

 

 

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