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Tres ensayos sobre Ideología y Sociedad (alumnos del IES Octavio Paz de Leganés., Madrid, mayo de 2000)

-Nazismo.Un ensayo de Victoria Casas (1º Bach., IES.Octavio Paz, Leganés).

-Inmigración.Un ensayo de Mariano Navarro (1º Bach., IES. Octavio Paz, Leganés).

-El comunismo.Un ensayo de Alejandro Alonso Muñoz (1º Bach., IES. Octavio Paz)

 

NAZISMO

 

Un ensayo de Victoria Casas (1º Bach., IES.Octavio Paz, Leganés)

 

 

 

Para adentrarnos en este tema tan complejo e impactante, voy a recalcar que, tanto durante el nazismo como después de su destrucción, se ha discutido si éste constituyó o no una filosofía o ideología en el estricto sentido de la expresión; y si, aún admitiendo que hubiera un cuerpo doctrinal, tuvo éste relevancia en el proceso de la acción transcurrida después de 1933.El movimiento era anti-intelectual y no estaba basado en un conjunto de normas razonadas y coherentes. Y tampoco las opiniones de los líderes nazis ofrecieron un programa detallado de la política a seguir una vez en el poder. Ello no basta para calificar estas ideas de simple propaganda, aunque tomaron esta función de una forma decisiva para el convencimiento de las masas. Las bases del nazismo son, el libro escrito por Hitler (el líder del movimiento) "Mi Lucha" y el pretencioso Mito del siglo XX de Alfred Rossemberg. No son libros científicos rigurosamente, sino que son tesis de otra obras a su conveniencia. Fue éste el caso de Nietzsche, cuyas ideas fueron consideradas como fundamento del nazismo y esta creencia, a su vez apoyada por los nazis, que sólo dejaban circular partes de la obra de Nietzsche entre sus súbditos; ya que él estaba en contra del nacionalismo, tenía una moderada actitud frente a los judíos, por tanto, estaba en discrepancia con las proclamas nazis. Otros nombres propios fueron: el Conde de Gobineau, H.S. Chamberlain y el mencionado ya, Rossemberg.

 

El propio nombre, nazismo o nacionalsocialismo es una mixtificación, pues nada tienen que ver con el nacionalismo o socialismo tal como estos son comprendidos.

 

Si abrimos un libro en una biblioteca, por ejemplo, y en las primeras libras leemos: "Treinta mil nazis alzaron el brazo para saludar a Adolf Hitler, su líder y nuevo canciller de Alemania a su paso ante el palacio Luitpold, en Nüremberg, en la mañana del 5 de septiembre de 1933". Si pensamos ebn el principio y en el final de esta historia, en la II Guerra Mundial, en los campos de concentración, en la masacre, ... Lo primero que pensamos es: ¿Cómo subió al poder?, ¿cómo convenció a las masas para que le siguieran a él y a su ideología que se caracterizaba por ser anti-intelectual?

 

Pues estoy convencida de que, si el nazismo triunfó en Alemania, fue por la coincidencia d varias situaciones históricas, junto a un gran populista como fue Hitler. El Tratado de Versalles después de la I Guerra Mundial, impuesto por los vencedores a Alemania, era incumplible en muchos aspectos y los que no, eran muy egoístas; se la consideraba culpable de la guerra, se le pidió el desarme unilateral, y también que pagara a las potencias vencedoras la reconstrucción de sus ciudades... Lo que se tomó en Alemania como una imposición, una marginación hacia ellos que creó un victimismo enorme y como consecuencia directa, un enorme sentimiento nacionalista. La crisis económica era inevitable después de la guerra en todos los países participantes, pero una crisis moral y política muy marcada fue aprovechada por estos líderes para movilizar a las masas. Pero, sin embargo, este movimiento sólo envaucó a Italia y Alemania. La explicación se encuentra en que el proceso de formación de la burguesía en ambos países se llevó a cabo de forma precipitada en el momento de la unificación, así como su escasa conciencia política. Las clases populares fueron las más afectadas, y populistas como Hitler, parecían la solución idónea al problema. Los grupos dominantes temían al proletariado, ya que la Revolución rusa estaba presente, luego, ante las ideas del nazismo, éstas también quedaron convencidas.

 

En enero de 1919 surgió el Partido Obrero Alemán con un programa que pretendía, entre otras cuestiones, la revisión del Tratado de Versalles, la unión con Austria, la limitación de las libertades individuales, el rearme y la organización corporativa y centralizada del Reich. En agosto de 1920 éste se transforma en el Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes o Partido Nazi, con Hitler a la cabeza. Éste lo dota de unas secciones de asalto (SA), un periódico para difundir la ideología y el símbolo de la cruz gamada. En 1923 da un golpe de fuerza para intentar llegar al poder y fracasa, lo que le lleva a la cárcel, donde escribe su libro "Mi lucha" y cambia su estrategia política: quiere acceder al poder mediante el juego parlamentario. Se organizan entonces espectaculares manifestaciones en las que el Partido Nazi, presenta como responsable de la crisis económica a los demócratas, a los comunistas y sobre todo a los judíos. Sus ideas anticomunistas tranquilizan a las clases altas. Atrajo así, a campesinos, obreros, pequeños industriales, veteranos oficiales del ejército, y nacionalistas. Desde 1928 el número de afiliados comenzó a ascender.

 

Hitler forma un gobierno de coalición con los conservadores, así Von Papen fue nombrado vice-canciller y Hungenberg, ministro de economía. Sin embargo, el puesto clave de ministro del interior se lo guardó a Goering. Hitler no tardó en hacerse con el poder de forma progresiva, eliminando a toda la oposición. Las elecciones del 5 de marzo son preparadas con sumo cuidado. En defensa, supuestamente, del pueblo alemán, se suprimen las libertades fundamentales, reconocidas en la constitución del 4 de febrero de 1933. El 27 del mismo mes se produce el incendio del Reichstag por los propios nazis, que culpan del atentado al Partido Comunista. Un día más tarde se promulga el Decreto de Protección de la Nación y el Estado, que supone el comienzo de la dictadura. El 2 de agosto de 1933 Hitler asume la presidencia del III Reich, tras la muerte de Hundenberg, eliminando a todos los partidos de la oposición. Con los ideales de: la Weltanschawing o una actitud ante la vida, su lucha, al igual que su libro, la usa con frecuencia en sus discursos a sus súbditos.

 

La raza aria, como supremacía sobre las demás (la palabra raza empleada sin su sentido biológico estricto). Siendo ésta la única apta para crear cultura, adoptando también tesis de Chamberling y de Govineau y, sobre todo, de Rosemberg, quien era patético, desde mi punto de vista, que creyera en "su raza aria", que quedaba definida como: un hombre de pelo rubio, ojos azules, alto y de cráneo alargado, y, como características personales, incluía, el valor, el honor, el amor a la libertad y un espíritu de investigación científica. La antiraza y gran parte de la causa de lo que para Rosemberg era degenerado, era la raza judía. La inhumana persecución de los nazis a los judíos estaba firmemente basada en su actitud hacia la vida, ya mencionada. Rosemberg creía en su raza, firmemente, sin embargo Hitler sabía que, científicamente era imposible, aunque nunca la desprestigió como mito utilizable; de aceptar la comprensión de la historia como una lucha entre razas a la exaltación del Volk sólo había un paso y éste formaba el núcleo de la ideología de Hitler. Como el Estado era un organismo artificial destinado a preservar el Volk, se justificaron así los primeros ataques a la República de Weimar.

 

Otra era el principio del liderazgo, el Führer o líder en la personificación del espíritu del Volk, espíritu que podía estar dormido, pero que podía manifestarse en el líder, cuyas decisiones eran indiscutibles, y el seguimiento debía ser total.

 

Otra sería la teoría del espacio vital, que justificó la expansión territorial del III Reich. Rudolf Kjellen, teórico político sueco, elaboró un plan de expansión llamado Geopolitik, popularizado por los nazis. El elemento distintivo de la Geopolitik nazi fue tomado de la obra de un geógrafo inglés, Sir H.J. Mackinder. Sus teorías se resumían en quién gobernaba el centro de Europa y Asia Occidental dominaba la llamada World Island (formada por Europa, Asia y África) y quien mandaba aquí mandaba en el resto del mundo.

 

Otra característica del III Reich de Hitler fue el apoyo de una propaganda muy eficaz y única, y el temor va impuesto a través de las formas de seguridad (las temibles SS) y la policía secreta (la Gestapo). Hitler impone el Estado totalitario.

 

La represión alcanzó a los judíos, elegidos como víctimas propiciatorias, sistemáticamente perseguidos desde 1933. A partir de 1935 las leyes de Nuremberg les privan de la ciudadanía alemana y se les prohibió casarse con arios. Su exterminio comenzó en la noche de los cristales rotos, en 1938 y alcanzó extremos inconcebibles durante la II Guerra Mundial.

 

En lo económico, como cualquier otra dictadura, tiende a eliminar el paro mediante la creación de infraestructuras, y desde 1936 se invirtió en industria bélica. Favoreció, también económicamente, a los grandes industriales, desfavoreció a los obreros, y a los artesanos mucho más por la proliferación de las empresas.

 

Después de conocer en qué consistió en Nazismo y Hitler, ¿se acabaron con la caída del III Reich?

 

Pues no, debemos subrayar que la ideología fascista no ha muerto, más bien al contrario, más bien estamos asistiendo a un importante resurgimiento de los llamados movimientos neofascistas.

 

Hay grupos ultraderechistas a nivel de calle, en tribus urbanas intolerantes, por ejemplo, con los inmigrantes, ... Como los cabezas rapadas y grupos de ese estilo, neonazis. Todos hemos visto la cruz granada escrita en alguna pared. También existen partidos pequeños o minoritarios en algunos países, como el último en España, el Partido Ultraderechista de Blas Piñar y Sainz de Inestrillas. O también, el Partido ultraderechista francés, hoy vigente. El último y, para mí, más importante resurgimiento del neonazismo más próximo al hitleriano, el de Haider con su Partido de la Libertad (FPÖ). Después de leer información sobre él, la situación se resume así, él, al igual que Hitler, al principio no se consideraba ultraderechista, pero que lo sea o no es importante, pero lo es más que esté a la altura de los demás líderes políticos de su país, Austria. Ante la alarma de su posible gobierno, aunque sea en coalición con algún partido, en pleno centro europeo, la UE comunicó su desacuerdo y total incompatibilidad con su posible gobierno, lo que creó en Austria lo mismo que en el Tratado de Versalles en Alemania, un sentimiento impositivo, de marginación, y se ha creado un ambiente de victimismo y, como consecuencia directa, un incremento del nacionalismo, como consiguió Hitler. De manera que estoy segura que si se convocaran elecciones hoy, aumentaría su porcentaje de votos considerablemente.

 

DECLARACIONES (El Mundo, domingo 30 de enero de 2000):

 

Jörg Haider asegura que su Partido de la Libertad (FPÖ) no defiende un ideario neonazi y que, por el contrario, es perfectamente homologable a otras formaciones democráticas europeas. Sin embargo, sus declaraciones parecen demostrar lo contrario.

 

-"Un aborto ideológico"- En 1988, a penas dos años después de su elección como presidente del FPÖ, aseguró: "La nación austriaca ha sido un aborto, un aborto ideológico".

 

Hitler y el empleo.- Junio de 1991. Afirma que "el III Reich tenía una buena política de empleo". La declaración le cuesta el cargo de gobernador de Carintia.

 

"Los inútiles del Sur".- En abril de 1994 exhibe su antieuropeísmo: "Si guardásemos el dinero que tenemos que pagar a Bruselas, podríamos bajar los impuestos y nuestras empresas serían más competitivas, mucho más que si tuviéramos que financiar a los inútiles del Sur".

 

Alabanza a las SS.- Corre el mesb de septiembre de 1995, durante un discurso ante antiguosintegrantes de las SS nazis, Haider califica a los veteranosde "hombres respetables y de carácter, que permanecieron fieles a sus convicciones, incluso cuando soplaban vientos contrarios".

 

La peligrosa inmigración.- Advierte a sus militantes, en 1997, de que le inquieta que "nuevos inmigrantes estén ocupando los puestos de trabajo de los austriacos". En las legislativas de octubre de 1999 retoma la cuestión, lo que le reporta buenos réditos electorales: "No necesitamos a los extranjeros, sino sólo una política familiar razonable".

 

DATOS:

 

En Austria y Alemania han aumentado un 11% los afiliados a los llamados grupos neonazis.

 

El libro de Hitler, Mi lucha, queda prohibido hasta el 2015.

 

Por lo tanto, y como conclusión, el fascismo supone una de las experiencias más dramáticas de la Historia contemporánea, cuyas consecuencias están presentes en la conciencia colectiva, y es más, porque como he intentado explicar, no murió con el III Reich de Hitler y, si recordamos una de las características más importantes de ésta ideología es el antisemitismo.

 

Con el problema del tercer mundo y los movimientos migratorios a Europa de África, o sin ir más lejos, de Marruecos a España en las famosas pateras, pueden fomentar más el antisemitismo, a veces expresado sin de verdad saber lo que se dice: la típica frase de "yo no soy racista pero los inmigrantes vienen a España y nos quitan el trabajo". Son situaciones como éstas, llámense Hitler o Haider, aprovechan para movilizar a las masas. Quizás España es un país ya escarmentado en dictaduras, pero recordemos que la emigración llega a toda Europa. Acabar con el III Reich costó cerca de 50 millones de vidas, incalculables pérdidas materiales, y sufrimientos humanos de toda índole.


 

 

Inmigración

 

Un ensayo de Mariano Navarro (1º Bach., IES. Octavio Paz, Leganés)

 

 

 

Es el término que designa los cambios de residencia mas o menos permanentes, generalmente debidos a factores económicos, laborales, políticos, sociológicos. Debe distinguirse emigración de inmigración. La emigración mira desde el fenómeno desde el país que abandona el emigrante para establecerse en otro y la inmigración contempla este proceso desde la perspectiva del país de acogida.

 

A partir del siglo XIX se ha considerado que la migración deriva del carácter del hombre de ser libre y racional.

 

El discurso que aparece tras los ataques a los inmigrantes en España, muy elemental, se basa en dos premisas mas o menos explicitas. Por un lado la definición por primera vez de los españoles como país rico con los mismos problemas que el resto de los países de la CE, que reacciona como ellos a la invasión de pobres. Por otro lado la consecuente necesidad de ignorar y borrar nuestro pasado de miseria y emigración. Frente a esto, la historia nos devuelve el contacto con la realidad que tantos quisieran olvidar, nuestro pasado tan reciente de pueblo pobre, emigrante y humillado también.

 

Históricamente, las emigraciones son el origen de las sociedades modernas en las que vivimos. Todas las transformaciones que relacionamos con el desarrollo industrial occidental son posibles gracias al crecimiento de las ciudades. El crecimiento de la población urbana puede producirse de dos maneras: por crecimiento vegetativo o por inmigración. Los demógrafos han demostrado que el crecimiento de las ciudades europeas de finales del XVIII se produjo de la segunda manera: mediante la llegada de hombres y mujeres de zonas rurales. Historiadores deducen que la población se urbaniza utilizando dos fuentes fundamentales: los censos y los libros de bautizo, matrimonio y entierros. En algunas ciudades como Madrid, este proceso es tan reciente que muchos de los adultos residentes en ellas no tienen que remontarse a varias generaciones para encontrar generaciones inmigrantes. Son ellos mismos.

 

En España la demanda de trabajadores por parte de la industria tardó en hacerse sentir, dado el retraso industrial. La mayor parte de la emigración fue temporal o estacionaria. Las escasas posibilidades de trabajo que habían en la mayoría de las ciudades españolas explican que la emigración se dirigiera fundamentalmente fuera de España. En 1853, Argentina abrió las puertas a la emigración europea, habiendo comprendido que era imprescindible para la explotación de las riquezas del país. Desde entonces la emigración europea se convirtió en riada.

 

La experiencia de la emigración es siempre, básicamente, la misma: una situación de pobreza que provoca hambre y falta de trabajo ( a menudo se complica por las guerras, carestía de algunos productos básicos, y a veces persecución política); la decisión de emprender la marcha, facilitada por familiares o amigos que ya han emigrado; búsqueda de dinero para poder realizar el viaje (principalmente si el viaje es transoceánico, ya que hay que comprar el billete); petición de un préstamo; endeudamiento de la familia; viaje; búsqueda de un trabajo. Una vez ya instalados, el emigrante tiene dos preocupaciones: la estabilidad y el ahorro para poder pagar las deudas.

 

Las semejanzas entre lo que los españoles vivimos hace no tanto tiempo y lo que hoy viven los emigrantes que llegan a nuestro país, las entiende cualquiera que quiera simplemente interrogar su propia memoria, o la de sus padres o abuelos.

 

Los emigrantes, no importa cual sea su cualificación real, aceptan los peores trabajos, precisamente los que los trabajadores de las ciudades no están dispuestos a desempeñar. Esto ayuda a alimentar esa imagen de desprecio que los habitantes de las ciudades tendrán de ellos. La pobreza, la falta de recursos y una vida muy distinta a la urbana, a la que luego es preciso adaptarse, son rasgos que comparten todos los emigrantes de todas las épocas y lugares.

 

La llegada de trabajadores de otros lugares ha dado lugar a reacciones diversas. La más común, que presupone una sociedad dual, nosotros / los de dentro y ellos / los de fuera, que degenera con facilidad en racismo al apoyarse en la idea de que los movimientos de población acaban con la pureza de las razas.

 

Es evidente que se trata de un artificio puesto que todas las sociedades son producto de las infinitas mezclas y movimientos de población.

 

La falsedad del problema migratorio queda de relieve cuando los propios gobiernos europeos proponen políticas de fomento de la natalidad al mismo tiempo que impiden la entrada de trabajadores de otras regiones. La población que llega no es del tipo <<adecuado>> para mantener la estructura social y política sobre la que estos gobiernos se asientan.

 

Es un temor que aparece una y otra vez en la historia: Sabino Arana, el teórico del nacionalismo vasco escribió a finales del siglo pasado sobre los perniciosos efectos que la llegada de trabajadores de fuera estaba causando sobre la pureza de la raza vasca. El mismo temor surgió en Cataluña a la descatalanización provocada por emigración de andaluces y murcianos.

 

El estado franquista insistió también hasta la saciedad en la expansión demográfica, la raza, como garantías del nuevo poder imperial que auguraban para España. La política natalista incluía la protección a las familias numerosas y era contraria a la emigración. La realidad de la miseria hizo que de nuevo los españoles tuvieran que emigrar a países de Europa y abandonar sus hogares a buscar el trabajo que no había en España. Los ahorros de quienes fueron a Francia, Alemania, Suiza no solo permitieron a ellos y a sus familias una vida mejor a pesar de las penalidades sino a pagar la educación de sus hijos o construirse una casa. Pero no solo los españoles inmigraron a Alemania, sino también lo hicieron gentes de otros países europeos tales como Turquía, Yugoslavia, Italia, España, Portugal, Francia, Suiza, y Austria en este orden según la gente que emigro de cada región. En 1974 Alemania alcanzó la población máxima de inmigrantes con un total de 4 millones que entonces era el 12% de la población de Alemania. De ahí en adelante esa cantidad fue disminuyendo.

 

Para España los ahorros de los inmigrantes, junto a los ingresos por turismo, era la única partida positiva de una balanza de pagos española, fueron una de las claves del desarrollo económico que empezaba a gestarse en España a finales de los 60.

 

El temor que declaran los partidarios de las purezas raciales y nacionales ante la llegada de trabajadores de otros lugares choca con el hecho de que estos trabajadores son imprescindibles para estas regiones.

 

En un país donde no ya generaciones recientes, sino la que ahora mismo dirige la política y la economía, esta formada por emigrantes, con padres que en muchos casos han trabajado duramente y han sufrido humillaciones en ricas ciudades españolas o europeas, esta violencia solo se explica como parte del discurso de una España moderna. Este rechazo es una pieza clave de la visión que la sociedad española quiere tener de sí misma: moderna, desarrollada y rica. Gracias a la emigración de cientos de miles de españoles y españolas, nuestra sociedad ha superado la miseria y el aislamiento. Deberíamos haber aprendido que incluso cuando la situación del país que acoge inmigrantes no es la mejor, la que deja el inmigrante es siempre mucho peor.

 

Europa se defiende de los que vienen exigiendo lo que, anteriormente les han robado. Probablemente su exigencia no es de forma consciente.

 

Europa tiene una tradición racista muy acentuada, que surge con bastante importancia en periodos de crisis importantes. Uno de los ejemplos fue el periodo entreguerras que dio paso al fascismo y al nazismo. Se puede decir que los brotes de xenofobia y violencia se nos presentan como elementos previos de una campaña bélica. El no reconocernos en el de enfrente y parecernos que es un enemigo hace que surjan estallidos como los existentes en España hacia los gitanos y la población emigrante como árabes y la negroafricana.

 

La xenofobia se traduce en la Ley de Extranjería de 1985 que restringe el derecho a la emigración. Es una ley discriminatoria de pobres, a la que se le podría aplicar lo que el Parlamento Europeo llama racismo o discriminación institucionalizada. Una ley que actúa de frontera xenófoba europea entre África y Latinoamérica. La nueva ley de extranjería permite a los inmigrantes empadronados gozar de los mismos derechos y libertades que los españoles; participar en las elecciones; acceder a la seguridad social, acceder a la enseñanza; a la atención sanitaria publica hasta ser dados de alta, entre otras cosas.

 

Concluyendo, digo que las sociedades europeas ven a los inmigrantes como gente de menor estatus social y por ello los margina. Los gobiernos europeos tampoco se salvan. Sus políticas promoviendo la natalidad e impidiendo la entrada de Inmigrantes intentan borrar sus pasados emigratorios a otros países de Europa donde, sin haber una muy buena situación económica, iban en busca de trabajo. Entre los más tardíos se encuentra España, que hasta hace 30 años, era un país pobre, emigrante y en el cual no había trabajo para los obreros que tenían que emigrar a otros países europeos. Decir que los inmigrantes quitan el trabajo a los españoles es algo sorprendente cuando este sector realiza aquellos trabajos que los españoles no quieren realizar. Es necesario recalcar, también, que la emigración a Europa nos sacó de la miseria en la que entonces estábamos inmersos.

 


El comunismo

 

Un ensayo de Alejandro Alonso Muñoz (1º Bach., IES. Octavio Paz)

 

 

 

El comunismo se basa en los postulados del filósofo alemán del siglo XIX Karl Marx, pero no es posible entender este pensamiento sin el conocimiento de la situación política del momento.

 

En pleno siglo XIX el liberalismo económico propugnado y propulsado por los estados "industrializados", favoreció el proceso de la industrialización, la acumulación de capitales y el surgimiento de empresas gigantescas; pero separó, más si cabe, la ética de la economía y se despreocupó de los problemas sociales de la industrialización. Se llegó a tal extremo de avaricia y vileza que el economista inglés Malthus llegó a condenar la asistencia a los desvalidos por ser perjudicial, según él, para la sociedad: "La felicidad general no sería posible si el principio motor de la conducta fuera la benevolencia".

 

El liberalismo condujo paradójicamente a la formación de monopolios. Un claro ejemplo es el del archimillonario John Davison Rockefeller, que consiguió concentrar en sus manos todo el monopolio del sector petrolífero. Otros tipos de asociaciones de empresas fueron los "kartell" y los "konzern". Los "kartell" son acuerdos entre fábricas de un mismo producto sobre los precios. Un claro ejemplo lo podemos observar en las gasolineras de nuestro país, que a pesar de liberalizar el Estado los precios hará unos años, las potencia petrolíferas que operan en España han llegado a acuerdos nunca sacados a la luz pero sobradamente sabidos por todos sobre los precios de la gasolina, cuyos únicos perjudicados son, como siempre, los usuarios. Los "konzern" son fusiones de varias sociedades por acciones con la finalidad de desembocar en el monopolio de un sector, tipo BBVA o BSCH en España. Pero estas fusiones no se quedan aquí, sino que pueden llegar a dominar varios sectores como es el caso del polémico acuerdo entre BBVA y Telefónica, que llega a dominar sectores como la banca, las televisiones, la prensa, Internet o las telecomunicaciones. Estos tipos de "trusts" llegaron y llegan a tener más poder que algunos gobiernos.

 

Aparte de esto, está sobradamente probado que el capitalismo conlleva crisis periódicas de depresión, paro y hambre. Tan sólo en el siglo XIX se llegó a contabilizar períodos de crisis que se sucedieron en los años 1825, 36, 47, 66, 73, 82 y 90. Y qué decir del famoso crack de 1929, que provocó, aparte de hambre y paro, el recrudecimiento de los nacionalismos, como el fascismo italiano o el nazismo alemán.

 

Sin lugar a dudas el capitalismo creó una deshumanización del pueblo por los salarios bajos, el paro, los horarios excesivos, la explotación infantil, las fábricas carentes de higiene y seguridad, el hacinamiento de gente en casas infrahumanas y, sobre todo, ha acrecentado las diferencias entre ricos y pobres.

 

Esta situación provocó radicalizaciones como el anarquismo, una corriente ideológica con bases similares a las del marxismo pero con claras discrepancias como ocurre con los llamados socialismos utópicos. Ideológicamente hablando, podría enclavarse al comunismo a la derecha del anarquismo y a la izquierda de los socialismo utópicos, que declaraban que era mejor la evolución que la revolución. Este tipo de socialismo fue fuertemente criticado por Marx, que rechazaba su tufo bucólico-idílico, ya que estos propugnaban una sociedad perfecta, sin ricos ni pobres, con asambleas populares, con total igualdad de derechos, con las mismas posesiones que los demás, donde no cabrían ni la avaricia ni el egoísmo, una sociedad donde incluso el trabajo sería un placer realizarlo porque cada persona trabajaría en el puesto que más le gusta; y todo esto sin derramar ni una sola gota de sangre, lo que le valió a estos socialismos el sobrenombre de utópicos.

 

Marx basaba su ideología en cuatro puntos esenciales:

 

* Lucha de clases: Declaraba que desde la ruptura con la comunidad primitiva, la hostilidad entre clases ha sido constante. Que los individuos son desinteresados, pero las clases no, ya que de la defensa de sus intereses depende su supervivencia como grupo. Daba tres formas de lucha: económica (con reformas parciales en salarios y viviendas), política (armas legales e ilegales) e ideológica ("la lucha se hace constante al adquirir el proletariado conciencia de clase.

 

* Dictadura del proletariado: Sin lugar a dudas el punto más discutido y criticado. Marx la defendía alegando que todas las formas del Estado se basan en la dictadura de la burguesía, y que el paso del capitalismo al comunismo se basaría siempre en la dictadura del proletariado, en lo que sería una fase transitoria: "Período de transición hacia la total supresión de las clases".

 

* Sociedad sin clases: Pensaba que, una vez colectivizados, la relación con los medios de producción sería la misma para todos los individuos.

 

* Plusvalía: Para la creación de un producto se necesita un gasto de energía por parte de los trabajadores. Marx rechazaba reconocer el valor final de producto con la demanda, tal y donde se apoyaba el capitalismo; el valor final de una mercancía depende del trabajo realizado para su producción. Pero existe una mercancía muy singular: la fuerza de trabajo del obrero, que se mediría por su coste de producción, por la labor que ha sido necesaria para producir los alimentos, ropa y habitación del obrero. El capitalista compra esta fuerza, pero la capacidad de trabajo es extensible y el empresario la emplea más horas de las que luego remunera al obrero. La diferencia entre el precio al que compra la fuerza de trabajo y el precio al que la vende es la plusvalía. Toda plusvalía es la materialización de un trabajo no abonado. Si el obrero percibiese por su trabajo exactamente el valor de las mercancías por él producidas no se comprendería la prosperidad del capitalismo. Es decir, que la plusvalía es una fuente de lucro que por acumulación suscita los capitales. El aumento de valor de un producto no puede proceder de la mercancía. Por ello el aumento del valor procede del proceso productivo, de la consecución de un rendimiento de la fuerza de trabajo por encima de su importe.

 

El referente histórico comunista es, sin lugar a dudas, la URSS; pero a pesar de que en un principio así era, con el paso del tiempo la URSS se distanció de Marx. Al comienzo se abandonó el comunismo y se aceptó el capitalismo como palanca inevitable para el desarrollo de una nación atrasada. Fue la llamada economía de paz (NEP). Los trotskistas la criticaron y exigieron la pluralidad de opciones dentro del partido comunista. Y es que un proceso que se había iniciado para combatir el poder absoluto del zar de la familia Romanov terminaría desembocando en el tiránico poder de otro hombre, el a veces denominado zar rojo. En 1922 se creó el puesto de secretario del partido, confiado a Stalin, que comenzó a atesorar poder en sus manos, lo que desembocó en las famosas purgas para evitar desidencias. Las notas del estalinismo fueron: terror en masa, caída del partido como movimiento, economía al servicio del poder militar, fin del impulso revolucionario y dictadura personal. Stalin fue un jefe y un dictador en el sentido fascista contemporáneo de la palabra. El estalinismo, como otros movimientos totalitarios, fue la estocada de la carrera profesional de una generación, provocó entusiasmo en sectores de la población y tiene defensores mucho después de su muerte. Pero para el país en general fue un cataclismo a pesar de la industrialización y de las victorias militares. La medida cabal del desastre salió a la luz sólo después de la muerte de Stalin.

 

Hubo un momento en que la economía capitalista se encontró con la ruina y el paro como resultado de la bonanza, lo que provocó una fuerte propagación del comunismo entre los países ocupados por Rusia tras la Segunda Guerra Mundial. Aunque en contradicción con los postulados teóricos del marxismo defendidos por Lenin, que preveían la desaparición del Estado por ser siempre un instrumento represivo, en las naciones de la órbita soviética se produce un reforzamiento, justificado como una fase transitoria en la lucha contra el capitalismo y la cimentación del comunismo. Un caso, completamente diferente al de países como Polonia, Albania, Checoslovaquia o Hungría, fue el de Yugoslavia que, a pesar de ser comunista, Tito la apartó decididamente del modelo centralista y autoritario del estalinismo, que consideraba emponzoñado por la burocracia. Se produjo la separación total de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial), lo que causó la exclusión por parte de la URSS de Yugoslavia y se convirtió en un clarísimo ejemplo de país no alineado durante la Guerra Fría. Y es que la disciplina que la URSS impuso a las otras naciones se trató de un imperialismo tan deplorable como el de EEUU, enmascarado con la excusa de "dictadura del proletariado", aunque se convirtió en una dictadura del partido, el PCUS.

 

Mientras, en China, tras un principio renqueante, se dieron cuenta de que el poder había pasado de quienes poseían los instrumentos de producción (capitalistas) a quienes lo administraban (burócratas del partido). La paradójica constatación de un Estado omnipotente en Rusia, en vez de su desaparición, inclinó a los dirigentes chinos a ensayar el modelo de comunas, lo que relanzó su economía. Deng Xiaoping, el sucesor de Mao, continuó con su legado, aunque le imprimió cierto aperturismo y democratización.

 

La situación de Cuba es otra historia. Castro tuvo que adoptar la postura comunista para evitar la colonización a la que se veía sometida Cuba por parte de los yankees durante las últimas décadas. Lo de Cuba podría calificarse de "comunismo light" dictatorial al margen de la URSS pero recibiendo ayudas económicas de ella, sin las cuales, no hubiera podido sobrevivir. Cabe destacar que la crisis de los ahora ex países socialistas son el mejor argumento para los castristas, que defienden que el capitalismo no les ha llenado la despensa a los polacos o a los rumanos.

 

El hundimiento del comunismo tras la caída del muro de Berlín en 1989 representa una catástrofe ideológica, pero resulta incierto que la Unión Soviética se definiera como la pauta a seguir del socialismo, ya que ha sido otra forma de capitalismo, un capitalismo de Estado, en el cual el grupo empresarial habría sido reemplazado por un empresario único, el Estado, sin que por ello se reformara sustancialmente la atroz situación de la clase obrera. El Estado sería un capitalista colectivo, que monopolizaba mercado, riqueza y poder. Más probable es que se trate de un modelo nuevo, ni capitalista ni socialista, y el error haya radicado en asignarle esta segunda condición.

 

Esto indica que no se puede afirmar que el comunismo sea un fracaso y una utopía por la desaparición de la URSS, ya que ésta no es el mejor ejemplo de socialismo, sino de dictadura de un partido. Tampoco se puede asegurar que el capitalismo haya triunfado sobre el comunismo al derrotarle durante la Guerra Fría, porque han sido demostrados sus puntos débiles: el crecimiento de la diferencia entre ricos y pobres, las crisis cíclicas que provoca y la deshumanización de los obreros. Sin lugar a dudas la verdadera pugna entre comunismo y capitalismo no ha llegado todavía, llegará cuando un pueblo adopte los verdaderos postulados de Marx y no los adapte para su propio provecho tal y como ha ocurrido hasta ahora.

 

Alejandro Alonso Muñoz

 

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