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    PRESENTACION: DIA DE DIFUNTOS

La Muerte, compañera inseparable de su hermana menor, a quien vence sin remedio y de la que se nutre... La Muerte, jugadora imbatida por invencible en las artes del vivir... La Muerte, personaje temido por su presencia inesperada producida casi siempre a destiempo... La Muerte, motivo de danzas y juegos macabros derivados del que hacer medieval... La Muerte, sayo velado, raído y negro como la noche oscura que acoge en su seno a todos por igual, sombras y seres, alejados de la Luz celeste... LaMuerte, ser de cara pálida, cadavérico, lunar, pues es el satélite el puente entre lo propio y el más allá, y morada del primer difunto (en euskara, "ilargia", aunque más bien debería escribirse, o bien con la fatídica grafía muda que aquí encarna el silencio sepulcral, o bien si ella, más entonces la propia muerte debería desnudarse de tal atributo)... La Muerte, contrapartida obligada al Ser occidental... La Muerte,objeto de acumulación de festividades propias en su honor... por ser, junto a Nyx o la Noche los únicos seres verdaderamente evitados por la divinidad... La Muerte, en fin, postrero ritual de paso a un tipo de existencia ulterior...

Más, la Muerte no queda plasmada en un solo momento de nuestro existir, conlleva a su vez un conjunto de deberes y obligaciones de necesario cumplimiento si se pretende, de algún modo, una "vida cómoda" en el más allá. La "buena muerte" es incluso más importante que el "buen vivir", pues la vida acaba, la muerte nos perpetúa. La defunción deviene, además, en acto social, y no sólo en aspecto individual, pues mediante ésta,  un ser del grupo abandona su puesto, implicando una reestructuración.Tal reubicación de los diferentes miembros se plasma tradicionalmente, al menos en las circunstancias más relevantes, en la posición ocupada durante el funeral. El ritual mortuorio sirve entonces para indicar la nueva situación; así ha funcionado tanto la denominada Nomenclatura Soviética, como el protocolo de las culturas ágrafas.Por otro lado, el mismo ritual es aprovechado para reafirmar el cargo y actividad del difunto,cuyo nombre, por una extraña relación mágica, no puede o no debe utilizarse, quizás por el miedo a que el alma del ausente pueda volver a su antigua morada. Actividades de significado similar son el cerrar ojos y boca al innombrable, poner los espejos vueltos contra la pared, y otras semejantes que dificultan la retención del alma en el habitáculo.La familia y la vecindad en su conjunto queda enterada de la nueva situación.

El reparto de la herencia, el reconocimiento de derechos y deberes, el propio ritual realizado durante el crepúsculo,tiempo liminar como fronteriza es la propia Muerte, implica a su vez una despedida y un "buen venir",ya que quien marcha se integra en otra "sociedad"; no otra cosa es la impartición de los óleos, arreglo postrero para presentarse ante la divinidad, tampoco lo es su integración, misa solemne de acuerdo a la posición social del fallecido, ni la afirmación de su agregación desarrollada durante la "misa de salida",que más bien debiera entenderse como "entrada" en otra dimensión.Con la muerte acaba un sueño, pues comienza un despertar. Con la muerte concluye una actividad, pero deja su impronta en numerosas cuestiones, pues reordena el territorio, dispone desde el más allá, al abrirse el testamento, lo que debe ocurrir en el más acá , incidiendo en un futuro que ya no le pertenece, pero del que se adueña de alguna manera. Y no se limita a eso, vana gloria es el pretender que la gente se olvide, y, para subsanarlo, se recurre al cementerio, camposanto (Campo Santo en oposición al profano) en el que los nichos (en nueva referencia a Nyx: noche) reflejan la realidad mundana en que cada uno encuentra su espacio perfectamente delimitado. Otro tanto sucede con la temporalidad, repitiendo el adiós reiteradamente en las misas de salida, de recordatorio y, anualmente,en la festividad de difuntos, celebrada el 1 de Noviembre desde, al menos, los tiempos en que la cultura celta era dominante (por ejemplo "Samhain": cf. Claude Gaignebet, El Carnaval, ed. Alta Fulla, B.1984, p g. 77).

No puede entenderse, por tanto, la festividad de todos los santos sólo en un sentido cristiano, ya que implica cuestiones previas de civilizaciones actualmente desaparecidas. La cuestión que se nos plantea, entonces, es: ¿Por qué el 1 de Noviembre? y, junto a ésta: ¿Qué relación encontramos entre incineraciones, festividad y ritual?Con el ánimo de contestar a esta última cuestión hemos propuesto desde el Departamento de Filosofía del Instituto Txorierri de Derio realizar un trabajo de campo sobre la significación de la Muerteen el valle, sus celebraciones, ubicación de las tumbas respondiendo al estatuto social del finado, etc. lo que, pensamos, pudiera ofrecer alguna luz tanto acerca del simbolismo cuanto del ritual y de la estructura social que les origina. Las respuestas, como se ver a continuación, no son concluyentes pero aventuran hipótesis de investigación que, presuponemos, pueden ser fructíferas. Todas ellas deberán tenerse en cuenta para posteriores trabajos, ya que se basan en una recogida de datos imparcial. En esto estriba la importancia de los trabajos que a continuación ofrecemos.

Pablo A. Martín Bosch,Doctor en Filosofía por la UPV-EHU. Licenciado en Antropología Social y Cultural por la U.D.Especialista en Ciencia, Tecnología y Sociedad por la U.N.E.D. Profesor de Filosofía en el Instituto Txorierri (Derio)DNI. 16033306

 

SONDIKA: LA APERTURA DEL VALLE A LA SOCIEDAD INDUSTRIALIZADA REFLEJADA EN SUS RITUALES FUNERARIOS.Erika Sangroniz,  Lucía Peña,  Mónica García.

DERIO, SU CEMENTERIO Y SU RELACION CON LAS SOCIEDADES MODERNAS.Marta Blanco,Natalia Villares,Vanesa De Diego.

LEZAMA: LA OPOSICIÓN DE UN PUEBLO A TRASLADAR A SUS DIFUNTOS.Judith De Prado, Verónica Ramos,   Brenda Otaola.

GOIKOLEXEA: LA MUERTE EN LA CABEZA DE VALLE DEL TXORIERRI. Nerea Barrena, Aitor Bermudez, Unai Goiri, Yolanda Mateos, Maider Olalde, Ainara Ruiz.

 

 

 


SONDIKA: LA APERTURA DEL VALLE A LA SOCIEDAD INDUSTRIALIZADA REFLEJADA EN SUS RITUALES FUNERARIOS.

Con el propósito de adentrarnos un poco más al mundo de los muertos y a su relación con el de los vivos nos hemos acercado al cementerio de Sondika (Mónica García, Erika Sangroniz y Lucía Peña, alumnas del Instituto Txorierri de Derio, bajo la dirección del profesor de Filosofía, Aritz Martín). Nuestra intención se centraba en comprobar si existe algún tipo de relación entre las posiciones de las tumbas y la sociedad, línea de investigación comenzada, según nos informó nuestro tutor, hace algunos años, y que dieron lugar a la publicación de un artículo en forma de Cartas al Director, y que ansiamos continuar desde aquí aportando nuestra experiencia en el asunto.

Así, después de haber recopilado información diversa sobre la historia de la población y de sus lugares de enterramiento, nos hemos encontrado con que no se conserva ningún cementerio que pueda considerarse como tradicional y sí, en cambio, un camposanto levantado en la campa de San Juan, a las afueras del pueblo.

Hemos de decir también que antiguamente el núcleo de la población se encontraba situada en el lugar ocupado actualmente por el aeropuerto, de manera que su iglesia ocupaba un lugar privilegiado, y en su interior se enterraban los difuntos. Ya antes de la creación del campo de aviación la necrópolis se construyó en el exterior y, al dictaminarse las obras del primero el camposanto pasó a ubicarse en las afueras de Sondika, lugar que actualmente ocupa.

Podemos comprobar, entonces, tres momentos de gran relevancia en la historia del cementerio de Sondika, momentos que, por otro lado, parecen coincidir con las descripciones de otras poblaciones del Txorierri vizcaino, tal y como han investigado otras compañeras nuestras. Así, en un primer lugar, los difuntos eran enterrados en el interior de la iglesia, más, con el paso del tiempo, los huesos se extraen del recinto sagrado, dándoles sepultura en sus aledaños. Es un tiempo en el que, podemos suponer, el lugar ocupado por los túmulos tuviera alguna relación con las clases sociales, las actividades o creencias de sus moradores, u otro tipo de lógica que, por lo que a nuestros tiempos corresponde, se ha perdido definitivamente. Decimos esto ante la referencia que tenemos de prácticas similares en otras regiones, e incluso en el artículo anteriormente citado relativo al cementerio de Vista Alegre (Derio).

Estas tres etapas nos llevan a la conclusión de que la sociedad ha ido alejando paulatinamente a los muertos de los vivos, datando el último cambio, que ha supuesto la ubicación de las inhumaciones en los lindes más apartados bajo la advocación de San Juan, en las fechas de construcción del aeropuerto, es decir, con la expansión del Gran Bilbao y su industria. Sondika, al ser la población más próxima a la capital vizcaina y la más abierta en el valle, ha perdido más rápidamente su relación personal con sus difuntos, al menos así lo vemos nosotras. La lógica que otrora pudiera haber tenido ha quedado en el olvido y si podemos establecer algún tipo de distinción es únicamente en la calidad de las lápidas utilizadas.

Erika Sangroniz. DNI. 1461156-R

Lucía Peña. DNI. 78901550-G

Mónica García. DNI. 78918226-M

Instituto Txorierri. Derio.

 

 

DERIO, SU CEMENTERIO Y SU RELACION CON LAS SOCIEDADES MODERNAS.

A principios del presente curso lectivo, nuestro profesor deFilosofía, Aritz Martín, nos propuso realizar algún tipo de trabajo de investigación, entre los que se ofertaba uno referente a la posición de las tumbas en un camposanto previamente determinado. El tema parecía sugerente, máxime cuando se nos decía que se trataba de un terreno sino inexplorado sí al menos poco analizado en nuestro entorno geográfico. Nos juntamos, entonces, personas de diversa procedencia bajo su dirección y se repartio el trabajo a explorar, unos dedicar¡an su tiempo a los panteones de Sondika,otros a Lezama, etc. con la pretensión de comprobar las diferencias a la hora de comprender la muerte, sus rituales y sus asociaciones con cuestiones de tipo social, económico, o deotra índole que pudiéramos considerar relevantes. Nosotras (Marta Blanco, Natalia Villares y Vanesa De Diego) hemos optado por el cementerio propio de los habitantes de Derio, toda vez que el de Vista Alegre, el que pertenece a Bilbo, fue analizado hace unos años por otro grupo de investigadoras del Instituto.Así pues, con el propósito de corroborar o refutar las hipótesis más arriba señaladas nos hemos acercado a la parroquia, por considerar que era el lugar más adecuado para iniciar nuestras pesquisas. Hablamos con el párroco del que conseguimos una información que consideramos de gran valía, como por ejemplo, el comprobar que la  ubicación actual del camposanto estuvo precedida por inhumaciones en el interior del templo, mas, al estar estos mal vistos por cuestiones de higiene o deotra índole, se decidió extraer los huesos y darles sepultura en el cementerio actual, alejados del lugar inicial. En este caso se opta por orientar las tumbas hacia el Sur, o al menos así hemos sido informadas, lo que, creemos, pudiera tener relación con el predominio de la posición del astro diurno, lo que asociamos a la figura de Jesucristo, tal y como diversos autores vinculan. Por otro lado, nos hemos interesado en la estructura social que pudiera aparecer en éste siguiendo la hipótesis de que elcamposanto fuera un fiel reflejo de la posición ocupada entre los vivos, hecho que, segun se nos ha indicado, se corresponde en diversas poblaciones.Por nuestra parte hemos visto cómo las personas que poseían un cierto nivel económico compraban un panteón donde enterrar a sus difuntos, mientras las menos pudientes alquilaban y alquilan aún hoy nichos, en los que el difunto se mantiene hasta que, por orden riguroso,le toca dejar su lugar al siguiente. No importa para la ocasi¢n que el cuerpo se haya corrompido o no, el orden de sucesión y el alquiler del nicho se mantiene rigurosamente.Concluyendo, y contrastando con las opiniones de otras investigadoras e investigadores que se han fijado en poblaciones diversas del mismo valle, podemos afirmar que no se trata de un lugar de enterramiento centrado en el caserío o en el concepto de "Pueblo", pero tampoco refleja la sociedad mercantil del deVista Alegre, sino más bien resalta la importancia del capital (panteón frente a nicho) situándolo, por tanto, en un lugar intermedio a los anteriormente citados.

Marta Blanco

Natalia Villares.

Vanesa De Diego.

 

LEZAMA: LA OPOSICIÓN DE UN PUEBLO A TRASLADAR A SUS DIFUNTOS.

Tras tener noticia de que ciertos investigadores están interesados en la posición que ocupan las tumbas en los cementerios y su posible relación con la sociedad, un grupo de alumnas del Instituto Txorierri de Derio (Judith De Prado, Verónica Ramos y Brenda Otaola, bajo la dirección de nuestro profesor de Filosofía, Aritz Martín) nos hemos acercado al cementerio de Lezama con intención de comprobar si la misma existe o no. Para ello lo primero que hemos hecho ha sido obtener información de manos de los ancianos del pueblo sobre el camposanto, dándonos a conocer que en Lezama existen dos lugares de enterramiento, uno de los cuales no se ha llegado nunca a utilizar como tal. La razón que se esgrime habla de los planes urbanísticos de un alcalde de la etapa franquista que, previendo la posible expansión del pueblo hacia el Sur, planteó la necesidad de construir un nuevo camposanto más alejado que el actual. Así, el ayuntamiento llegó a comprar los terrenos imprescindibles para llevar a cabo la reubicación y ordenó el inicio de las obras. Sin embargo los ciudadanos mostraron su oposición a cambiar de lugar a sus difuntos, posiblemente guiados más por intereses de tipo político o sentimental que de conveniencia razonada. El hecho es que Lezama cuenta oficialmente con dos camposantos, pero que sólo uno de ellos es utilizado en la actualidad, y no es precisamente el de más reciente creación, sino aquél otro que podemos tildar de tradicional. Es en éste en el que nos hemos centrado a la hora de investigar la lógica subyacente a los enterramientos, toda vez que el otro ha quedado en un intento abortado.

Con ésta información en la mano, pues, hemos ido al lugar de estudio, situado en las inmediaciones de la iglesia de santa María de Lezama, bajo cuya advocación se encuentra todo el pueblo, de manera que para acceder a éste hemos de adentrarnos por su pórtico, dato que nos parece de suma importancia, ya que nos da a entender que se trata de una población rural, donde aún no ha entrado, al menos en lo que al simbolismo de la muerte corresponde, la influencia de la industrialización tal y como sucede en localidades cercanas (Vista Alegre en Derio, o en Sondika, tal y como se refiere en otros artículos publicados o por publicar por compañeras nuestras). En el caso de Lezama comprobamos, entonces, que tras una época en la que los difuntos se enterraban en el interior de la iglesia, los restos se han extraído y ubicado en las cercanías del templo, no dándose aún el paso, propuesto eso sí por el citado alcalde, de alejar la muerte hasta los límites del grupo social. Se trata, por tanto, de un cementerio a caballo entre lo más antiguo y las prácticas derivadas de la imposición de la sociedad industrializada.

Una vez dentro del recinto funerario nos encontramos con que las sepulturas quedan separadas por un camino central, cabeza con cabeza, o lápida con lápida. Este dato nos obliga a revisar otra de las hipótesis con las que habíamos comenzado nuestra investigación y que se fijaba en la posibilidad de que las mismas tuvieran alguna relación con orientaciones astronómicas, de las que tenemos constancia que existen en otras edificaciones sepulcrales. En nuestro caso tal hipótesis queda, por el momento al menos, en suspenso.

Otro hecho de gran relevancia es, a nuestro entender, la carencia de una relación socioeconómica entre los mausoleos. La ubicación de éstos no parece seguir ningún patrón clasista.

Sin embargo hemos constatado que en el cementerio no existe un lugar propio para los comunistas, socialistas o los Testigos de Jehová (por poner algún ejemplo), tal y como sucede en el de Vista Alegre de Derio; es decir, no hay un lugar propio que pudiéramos decir que fuera un "cementerio civil", ya que éstos eran inhumados en otro camposanto localizado en dirección a Mungia.

Por último, y antes de concluir, debemos indicar que a causa de la renovación de la iglesia fueron hallados huesos en su interior, restos que, suponemos, debieron pertenecer a gente importante o con algún tipo de atribución que les permitiera ser enterrados allí. Esto nos indica la práctica de inhumar los cadáveres en el recinto sagrado, que posteriormente se ha transformado en la creación de un cementerio cercano al campo (o lugar) santo (o templo).

Concluyendo, pues, no hemos encontrado una lógica propia en la ubicación de las tumbas, pero sí una práctica asociada a la historia de la localidad, amén de incidir en la importancia de la tradición y la negación a cambiarla (encarnada en la oposición a la creación de la nueva necrópolis) y, por último, la importancia del concepto de "Pueblo" frente a otras categorías (industrialización, capital...) subrayadas en otras poblaciones próximas.

Judith De Prado. DNI. 78919806-X

Verónica Ramos. DNI. 78918783-X

Brenda Otaola. DNI. 78909478

Instituto Txorierri. Derio.

 

GOIKOLEXEA: LA MUERTE EN LA CABEZA DE VALLE DEL TXORIERRI.

Para confirmar si los cementerios siguen o no un orden concreto nos hemos acerado (Nerea Barrena, Aitor Bermudez, Unai Goiri, Yolanda Mateos, Maider Olalde y Ainara Ruiz, bajo la supervisión del trabajo de nuestro profesor de Filosofía en el Instituto Txorierri de Derio, Aritz Martín) específicamente al barrio de Goikolexea - Larrabetzu.

Antes que nada hemos de indicar que Goikolexea es un barrio de Larrabetzu (Bizkaia), pero que mantiene sus especificidades con su centro neurálgico, como lo demuestra el heco de que cada uno de ellos posee su propio lugar de enterramiento. Así, los de Larrabetzu inhuman sus difuntos en el cementerio del mismo nombre, y los de los barrios periféricos hacen lo propio en el que aquí vamos a tratar.

Al acercarnos al camposanto hemos observado que se encuentra al lado de la iglesia de San Emeterio y San Celedonio, de forma que nos obliga a pasar junto al templo. Esto, comprobado, o al menos indicado en otros trabajos, parece indicar que es propio de las sociedades rurales, en las que aún no se ha ubicado el camposanto en los lindes del municipio, tal y como sucediera en las industrializadas, lo que convierte nuestro caso en un buen ejemplo para comprender la mentalidad del valle y su desarrollo histórico.

También hemos podido comprobar que a lo largo del tiempo las costumbres han ido cambiando; así sabemos que antaño los cuerpos eran enterrados en el subsuelo del templo (práctica de la que se tiene constancia en todo el valle, tal y como hemos podido contrastar con nuestras compañeras en otros trabajos), más, aduciendo cuestiones de índole sanitaria, se tomó la decisión de construir un cementerio junto al templo en el que inhumar los cadáveres.

Hace aproximadamente diez años, según hemos recogido en nuestras encuestas, los túmulos fueron cambiados por nichos excavados en los muros con la excusa de que no había tierra suficiente para tanto difunto. El problema del espacio, así, se solventaba mediante la economía de la utilización del suelo, y, además, se le daba al cementerio un aspecto más moderno. Vemos, por tanto y en primer lugar, que el Pueblo ha asumido la muerte de diferentes maneras (J.M. Barandiarán informa de la práctica de enterrar a los no bautizados bajo el alero del caserío, lo que implica vivir junto a los muertos, práctica que en otros países llega al extremo de lavar y cuidar las calaveras de los ancestros, o lo que es lo mismo, vivir junto a los muertos; en otros lugares, como en nuestro caso, se rezaba sobre los cuerpos; más tarde se les entierra.... y, por fin, se crean nichos en paredes bendecidas a fin de preservar el lugar sagrado... más tarde aún, como nos han informado otras compañeras que han realizado trabajos similares en otras poblaciones del Txorierri, el camposanto se sitúa a las afueras del municipio, llegando incluso a ubicarlos en otras localidades, como pasa con el cementerio de Vista Alegre de Derio, que pertenece a Bilbo).

Volviendo a nuestro tema, cada nicho posee el nombre del caserío, de donde extraemos una conclusión que creemos de especial relevancia: no es el dinero, ni la posición social, ni tan siquiera el pueblo o la familia la que cobra importancia, sino el caserío, la tierra y quien la trabaja. Nos encontramos, por tanto ante una sociedad centrada en la tierra. Un caso que nos ha llamado la atención, y que por lo tanto queremos resaltar consiste en lo siguiente: en el barrio de Gaztelumendi existía el caserío Mendieta, que estaba dividido, a su vez, en dos familias, la Barrena Ozerrijauregi y Olivares. Al morir los miembros de cada familia sus cuerpos no se agrupaban en función de la familia a la que pertenecían, sino por el caserío raíz, de manera que, aunque no fueran de la misma parentela se les enterraba juntos por ser del mismo caserío.

Por otro lado, en el cementerio sólo se puede dar tierra a la gente del barrio y sus alrededores, y esto se lleva a rajatabla y con barrios concretos, a nadie más, incluyendo en dicha exclusión al propio párroco que, normalmente venido de afuera no puede encontrar sepultura en "su" cementerio. Tal costumbre se nos antoja tan antigua que realizar el mínimo cambio debería suponer una revolución en el pensar de sus moradores.

Concluyendo, la costumbre o tradición es la que ha imperado hasta el momento, y sólo ha variado en sus formas que ha llevado del enterramiento a la construcción de nichos, subrayando en todo caso la importancia del caserío frente a otras categorías.

Nerea Barrena.

Aitor Bermudez.

Unai Goiri.

Yolanda Mateos.

Maider Olalde.

Ainara Ruiz.

Instituto Txorierri, Derio.

 

 

Dirección:

Aritz Martín Bosch.

DNI. 16033306

Doctor en Filosofía por la UPV.

Licenciado en Antropología por la UD.

Especialista en Ciencia, Tecnología y Sociedad por la UNED.

 

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